«Ich Brech Aus» (Fic de Heiligtkt483)
CAPITULO 14
Narra Tom
—Hola mi vida —dije mientras apoyaba mi guitarra en mi cama.
—Me gusta mucho esa melodía —dijo mi prima mientras me miraba con esos ojos tan expresivos— ¿La puedes volver a tocar?
—Claro que sí, mi niña —dije mientras cogí mi guitarra de nuevo y empiezo a entonar la melodía.
Veo como mi prima cierra sus ojos y como atentamente se pone a escuchar lo que tocó con la guitarra, también veo como unas lagrimillas caen por sus mejillas sonrosadas, paró de tocar y apoyo la guitarra en mi cama. Después atraigo a mi prima hacia mis brazos, la acuné suavemente, quiero que se sienta protegida, que se sienta querida.
—Es muy bonita —dijo mi prima mientras empieza a llorar a moco tendido.
—Venga no llores —dije mientras la sigo abrazando— Además después te vas a poner muy fea, si sigues llorando así.
—^^ —mi prima sonríe por primera vez en este mes, las otras veces había sido una sonrisa muy tímida— Te quiero mucho, Tomi.
—Yo también te quiero mucho, mi princesa —dije mientras la abrazó, en este mes nos hemos hecho como uña y carne, y doy gracias a dios haberla podido conocer, aunque fuera la triste consecuencia de la muerte de mis tíos.
—Enserio — me pregunta mi prima con un brillo en sus ojos que antes no había visto.
—De verdad —le dije mientras le beso en la mejilla varias veces.
—Venía a decirte buenas noches —dijo mi prima después de un rato.
—Buenas noches, pequeña —dije mientras le tocaba cariñosamente la nariz— Hasta mañana.
—Hasta mañana, Tomi —dijo mi prima mientras se dirigía hacia la puerta.
Mi prima salió por la puerta, y yo me quedé solo en mi habitación anotando las notas de aquella melodía, que minutos antes había tocado y que mi prima había escuchado, sin saber que esa canción era dedicada completamente a ella. Después dejé mi guitarra en el pie, que tenía para apoyarla y me desvestí quedándome en bóxers para dormir, me metí en mi cama y apague la luz esperando a que llegase un nuevo día…
Me desperté repentinamente, con una sed increíble tenía la boca seca, así que encendí la luz de mi habitación y busque mis zapatillas, para después ir a la cocina a coger un vaso de agua para calmar mi sed. Estaba pasando por la puerta del baño, cuando escuché una especie de arcadas, si alguien estaba vomitando y vaciando todo el contenido de su estómago. Abrí lentamente la puerta y me encontré a mi prima de rodillas sobre el retrete haciendo fuerza para vomitar, me acerque a ella y con cuidado le puse mi mano en su frente, para poder agarrar su cabeza mientras ella echaba vomitaba.
Pude notar como su frente ardía, si mi prima tenía fiebre seguramente le había sentado mal el helado que había comido por la tarde, ya le había dicho yo que era mucho para que se lo comiera todo, pero no me hizo caso. Cuando acabó, la agarre por la cintura y la guíe hasta el lavabo, para que se enjuague la boca y se refresque un poco la cara. Después la cogí entre mis brazos y la lleve a la cocina, para prepararle una infusión, de esas que sirven para cuando tienes el estómago mal. Mientras le estaba preparando la infusión, mi prima se quejaba cada dos por tres de que le dolía la barriga, y no me extraña después de la zampada que se metió.
Una vez que hirvió el agua la eche una taza con el sobre de la infusión, para que se la tomará, cuando mi prima se tomó el primer sorbo puso una cara de asco impresionante, vale no le gustaba las infusión pero tenía que tomarla si quería que su estómago se pusiera bien. Al cabo de 10 minutos apareció mi madre por la puerta de la cocina, había oído unos ruidos y se despertó.
—¿Qué ha pasado aquí? —dijo mi madre cuando nos vio a mí y Dani en la cocina.
—Dani ha estado vomitando —respondí rápidamente— Y por eso estamos aquí, le he dado una infusión.
—A ver —dijo mí madre mientras le ponía la mano en la frente— Está ardiendo, hay que bajarle la fiebre.
—Me duele mucho la barriga, tía Simone —dijo mi prima llorosa.
—Eso seguramente es algo que te ha sentado mal —dijo mi madre mientras le acariciaba la tripa a Dani.
—Vamos a tu cuarto a acostarte —dijo mi madre mientras cogía a Dani de la mano— Tom puedes coger un cubo con agua fría y unos paños, hay que bajarle la fiebre.
—Sí, mamá —dije mientras buscaba un cubo y varios paños— Ahora te los subo.
Mi madre se llevó a Dani hasta la habitación de esta, yo me quedé cogiendo el agua y los paños. Diez minutos más tarde ya estaba en la habitación de mi prima con el cubo, mi madre comenzó a aplicarles los paños de agua fría sobre la frente, para conseguir que le bajara la temperatura. No me despegue ni un minuto de mi madre, quería ver con mis propios ojos que Dani se ponía bien. Después observé como mi prima dormía plácidamente del cansancio que había acumulado.
—Tom hijo, ¿Qué ha tomado tu prima aparte de la cena? —dijo mi madre preguntándome seriamente.
—Bueno, antes de venirnos a casa después de salir del psicólogo pues le compre un helado —dije mientras me sentía culpable— Se comió un helado muy grande, pero yo le regañe y le dije que no lo cogiera tan grande pero no me hizo caso…
—Tranquilo hijo, si mañana sigue igual la llevo al pediatra —dijo mi madre mientras me miraba— Además quiero que la revise bien, para evitarnos imprevistos y estar preparados.
—¿A qué te refieres a evitarnos imprevistos? —pregunte a mi madre un poco asustado.
—Cariño, tu prima ya está en una edad en que sus hormonas empiezan a funcionar para darle las características que la convertirán en mujer —dijo mi madre explicándome— Mira, muchas niñas empiezan a desarrollar a los 8 años, tu prima aún no ha desarrollado, pero no creo que tarde mucho y me gustaría si ya está en proceso pues saberlo, para irle preparando para cuando le venga su primera menarquía.
—¿Su qué? —pregunte a mi madre, nunca había oído esa palabra.
—Su primera menstruación —dijo mi madre finalmente.
—Ahh… —dije mientras miraba a mi prima dormir, me costaba creer que dentro de poco dejará de ser una niña— Bueno, me voy a acostar.
—Vale, hijo —dijo mi madre mientras me besaba mi mejilla izquierda— Descansa y que tengas dulces sueños.
Narrador Omnisciente
Después de que Tom se fuera a su habitación, Simone se quedo observando un poco a Dani mientras dormía. Ella dormía plácidamente, así que no creía que se despertará hasta el día siguiente. Minutos después salió de la habitación apagando la luz, mañana sería otro día, y si su sobrina seguía mal pues la llevaría al pediatra para que le recetara algo y de paso que le hiciera unos controles rutinarios.
Además ya estábamos en el mes de diciembre y tenía que hacer las compras navideñas, estos días Simone había estado pensando una sugerencia que le había hecho el psicólogo de su sobrina, le había dicho un día que fue hablar con él que le podían regalar un cachorro de perro. Simone sabía que sus hijos habían estado durante años pidiéndole un perrito, pero ella siempre se negaba porque tener un perro es adquirir ciertas responsabilidades, que en aquella época sus hijos no eran capaces de cumplir. Pero ahora veía que sus hijos se habían vuelto muy responsables así que ahora se podrían permitir tener un perro, y también todo era por el bien de su sobrina, si el psicólogo se lo había sugerido, era porque lo consideraba un bien para la curación de su sobrina.
Los rayos de sol inundaban toda la casa, avisando que un nuevo día había comenzado. Simone junto con Gordon fueron los primeros en levantarse en esa mañana de invierno, que aunque el sol había salido era fría, ya que en esos días habían bajado considerablemente las temperaturas. Simone preparo un rico desayuno a su novio, ya que no se habían casado aun, pero compartían casa. Después de que este se fuera a su trabajo temprano, Simone se puso a preparar los desayunos de los chicos, y no es que Tom y Bill no supieran hacerlo porque normalmente lo hacían, ya que últimamente no había pasado mucho tiempo en casa también por motivos de trabajo y entonces quería mimar a sus hijos y a su sobrina.
El primero en bajar a la cocina fue Bill con cara de sueño y todo despeinado, había dormido bien pero madrugar no le sentaba nada bien, porque era una persona que le gustaba dormir y cuanto más mejor. Pero ese día tenía que madrugar, porque tenían que ir a la discográfica, a preparar unos detalles de unas canciones a petición de David Jost su manager y productor, así que no le quedó más remedio. Se acercó lentamente a su madre y le dio un beso en la mejilla, Bill por ser el pequeño era mucho más mimado por su madre que por Tom, aunque Simone siempre trato por igual a sus dos hijos, y ahora con la llegada de la pequeña Daniela tenía que repartir ese cariño entre tres.
—Buenos días, mamá —dijo Bill mientras le daba un sonoro beso en la mejilla.
—Bueno días, hijo —dijo Simone mientras le daba otro beso— ¿Qué tal has dormido?
—Bien, de hecho que no me importaría quedarme toda la mañana en la cama —dijo Bill mientras estiraba los brazos para desperezarse— Se estaba tan bien.
—Ya lo sé hijo, pero un deber es un deber —dijo Simone a su hijo— Además después del vacaciones de Navidad tenéis que volver al instituto.
—Ya lo sé mamá, aunque no lo estoy echando de menos —dijo Bill con tristeza.
—Hijo, esos salvajes siguen metiéndose contigo —dijo Simone seriamente— Voy a tener que ir hablar con el director.
—Mamá no, si lo haces ellos lo tomarán peor conmigo —dijo Bill con preocupación.
—Bueno hijo, ya veremos a ver como sale lo del grupo e igual ya no tendréis que volver a instituto —dijo Simone mientras le sonreía a su hijo para animarlo.
—Ojala tengas razón mamá —dijo Bill susurrando.
A los pocos minutos, apareció Tom por la puerta también con cara de dormido, vale era herencia de familia, tanto a Bill como a Tom les encantaban dormir. Pero Tom no había dormido bien esa noche, ya que estuvo toda la noche pensado en su prima como se sentiría por la mañana cuando despertará de su estómago. Un rato más tarde hizo acto de presencia en la cocina, la pequeña Daniela, la verdad es que estaba mucho mejor que ayer por la noche, es que los niños de hoy en día se reponen muy fácilmente de sus dolencias.
—Buenos días, princesa —dijo Tom mientras se acercaba a su prima y le besaba en la mejilla.
—Buenos días, Tomi —dijo Dani bastante risueña.
—Cariño, ¿Cómo te encuentras, mejor? —dijo Simone mientras se acercaba a su sobrina para tomarle la temperatura con la mano poniéndosela en la frente.
—Sí, ya me encuentro mejor —dijo Dani mientras dejaba a su tía tomarle la temperatura.
—No obstante hoy te voy a llevar al pediatra —corroboró Simone— Quiero que te revise mejor por si acaso.
—Pero ya no me duele la tripa —dijo Dani poniendo morros.
—No te pongas toda enfadada porque vamos a ir al médico —dijo Simone con voz autoritaria— Hijos, ¿A qué hora os vais a la discográfica? —se dirigió Simone a sus hijos.
—Pues nos iremos en cuanto nos preparemos —dijo Tom mientras daba un sorbo a su taza— Y Bill no se entretenga en el baño…
—Oye… —dijo Bill mientras le pegaba una colleja a su hermano— No tardó tanto…
—Hijos, no peléis —dijo Simone poniendo un poco de orden en la cocina.
—Dani, vete a vestirte —dijo Simone mientras ponía las tazas en el fregadero— Que ya nos vamos.
—Está bien… —dijo Dani arrastrando los pies mientras se dirigía a la puerta de la cocina.
—Después si queréis —dijo Simone a sus hijos— Podéis llamarme para que os vaya a buscar a la discográfica.
—No hace falta mamá —dijo Tom— Ya nos venimos nosotros solos.
—Es que… quiero que vengáis a ayudarme a elegir un regalo para vosotros y para vuestra prima —dijo Simone con algo de misterio.
—Bueno pues entonces cuando acabemos, te llamamos para que vengas —dijo Bill mientras se dirigía hacia la puerta de la cocina para ir a su habitación.
La cocina se quedó vacía, todos se fueron a sus respectivas habitaciones para arreglarse para después irse. Al cabo de media hora, todos estaban saliendo por la puerta de la casa, ese día había amanecido frío de hecho que el jardín tenía gran cantidad de nieve acumulada, y que seguiría así mientras durará el invierno. Simone se dirigió hacia el coche para irse con Dani al centro de la ciudad, que es donde estaba situada la consulta del médico, también le dijo a Bill y a Tom que se montaran en el coche que los acercaba en unos minutos a la discográfica.
Después de unos 10 minutos en caravana, Simone consiguió aparcar enfrente de la discográfica, donde sus hijos se iban a reunir con David Jost para ver los detalles de las canciones que sacarían en el CD a finales del año que viene. Tom y Bill salieron del coche, sin antes despedirse de su madre y su prima.
—Adiós mamá —dijo Bill mientras abría la puerta apresuradamente.
—Adiós hijo —dijo Simone con cara sonriente.
—Hasta luego, princesa —dijo Tom a Dani mientras le daba un beso en su mejilla.
—Hasta luego, Tomi —dijo Dani con su voz inocente.
Después los chicos se dirigieron hacia la entrada del edificio de la discográfica, encontrándose con David Jost, Gustav y Georg hablando animadamente en recepción. Siendo saludados por sus amigos y por su manager…
Continúa…