«Ich Brech Aus» Temporada II
CAPITULO 13
Narra Bill
Estaba quedándome medio dormido, cuando de repente escuchó como la pared de mi habitación es golpeada bruscamente, y como se escuchaban gemidos de fondo. La verdad es que mi hermano Tom es muy bestia, pobre de mi prima creo que mañana no se va a poder sentar en todo el día, del dolor de piernas que va a tener. La cama de Tom seguía haciendo ruido contra mi pared, hasta que un gran gemido se escuchó salir de la garganta de mi hermano, creo que había llegado al clímax y ahora se había quedado todo silencioso, momento que tengo que aprovechar para intentar quedarme dormido.
Estuve bastante rato dando vueltas en mi cama, hasta que conseguí por fin quedarme dormido de nuevo. Una luz intensa hizo que me despertará de repente, era el sol que se colaba por las rendijas de la persiana de mi ventana. Me levante para dirigirme al baño y darme una ducha para espabilarme y relajarme, cuando me vi en el espejo tenía un aspecto desastroso, tenía unas grandes ojeras en mis ojos y creo que ni el mejor maquillaje del mundo conseguiría taparme todo eso, todo ha sido por culpa de mi hermano que es un adicto al sexo y solo piensa con la parte baja en vez de con el cerebro. Me metí en la ducha y deje que el agua recorriera cada centímetro de mi cuerpo, cuando note que cada músculo de mi cuerpo se había relajado di por finalizada la ducha. Salí de ella y me seque con la toalla para luego ir a vestirme y bajar a desayunar.
Entre por la puerta de la cocina, y me encontré con mi prima y mi hermano que ya estaban desayunando. Me los quede mirando un poco extrañado, ya que después de la fiesta, que habían tenido por la noche mi prima pues estaría reventada, y se estaba tomando su bol de cereales y leche muy alegremente. Me acerque al mueble para coger mi taza, y me eche un poco de café para a ver si con eso conseguía despertar de una buena vez. Después me dirigí hacia la mesa y me senté en la silla de enfrente de mi hermano, que no paraba de mirarme a la cara, si tengo ojeras.
—Veo que esta noche no has dormido bien –dijo mi hermano dándose cuenta que tenía unas tremendas ojeras.
—Noo, ¡Qué va! –dije contestándole en plan irónico– Será porque alguien no dejaba de gemir y su cama golpeaba continuamente la pared de mi habitación.
—Yo no fui el único –dijo mi hermano mirando a nuestra prima, mientras sus mejillas se tornaban coloradas.
Después se formó un silencio en toda la cocina, durante todo el desayuno mi prima estuvo toda sonrojada y jugando con su tazón de cereales, la miraba nerviosa… Al poco rato mi hermano dejo su taza en el fregadero, y se acercó a nuestra prima.
—Dani… nos tenemos que ir –dijo mi hermano mirando su reloj– Tienes cita con el ginecólogo.
Al decir mi hermano eso mi prima, se puso más roja todavía. Vale, que estaba bien que la revisarán sobre todo ahora que su vida sexual empezaba a ser activa.
—Está bien –dijo mi prima muy avergonzada por la situación embarazosa que estaba viviendo.
—Volveremos para la hora de la comida –dijo mi hermano informándome.
Al poco rato, mi hermano salía con las llaves de su coche en las manos y mi prima detrás de él, quedándome solo en la cocina, sumido en mis pensamientos… necesito una novia, ¡ya!.
Narra Tom
Después de la nochecita que pasamos mi prima y yo, conseguimos levantarnos temprano, ya que tenía cita con su ginecólogo. Así que bajamos a desayunar temprano, hasta que vimos llegar a mi hermano Bill, tenía un aspecto desastroso y creo que los culpables éramos mi prima y yo, creo que hemos sido muy escandalosos.
Después de despedirnos de mi hermano, nos dirigimos a mi coche, teníamos que ir a una calle céntrica de Hamburgo, ya que era el mismo ginecólogo que iba mi madre, y está en Hamburgo. Durante el primero trayecto del viaje, observé como mi prima miraba entretenida el paisaje y en silencio, la notaba nerviosa, tensa…
—Dani… —dije mientras posaba mi mano en su pierna, para hacer que fijara su atención en mí.
—¿Qué? –dijo mi prima mirándome con sus ojos verdes que tanto me hipnotizan.
—¿Qué te pasa? –dije mirando preocupado a mi prima.
—Nada… —dijo con voz pensativa.
—Algo te pasa –dije aprovechando para levantarle la cara para que me mirara, ya que estábamos parados en un semáforo– Te noto tensa, nerviosa.
—Es que… —dijo mi prima indecisa– No sé que me va hacer el ginecólogo… ¿Me mirara ahí abajo?
—Cariño, supongo que tiene que hacer su trabajo bien –dije mirando a mi prima inculcándole tranquilidad– Y te tendrá que revisar.
—Pero… ¿Y si me mete una cosa por ahí? –dijo mi prima abriendo sus ojos desmesuradamente– Me va a doler…
—Cielo… —dije mirando a mi prima pícaramente y una sonrisa en mi labios– Ambos sabemos que otra cosa ha entrado por ahí antes, y por eso no te dolerá…
—Tom… —dijo mi prima cuando se dio cuenta de lo que había dicho.
—Es verdad… tesoro –dije a mi prima– Ahora ya estás más dilatada, y no te dolerá tanto…
—Pero me mirará ahí abajo y me dará vergüenza –dijo Dani avergonzada.
—No tienes porque tener vergüenza –dije mirando a mi prima– Es un profesional.
—Pero me da vergüenza Tomi… –dijo Dani poniendo voz de niña pequeña.
—Bueno si no quieres ir no vamos, pero deberías hacerlo… no soy experto ni nada de eso, pero una revisión tienes que hacerte —le expliqué a mi prima intentado convencerla y quitarle algo de miedo.
—Bueno está bien –dijo Dani con cara de resignación.
Narrador Omnisciente
Llegaron a la calle donde se suponía donde estaba la consulta del ginecólogo, y Tom aparcó el coche, pero antes de bajar del coche observó como su prima seguía pensativa y preocupada.
—Dani… mi niña –dijo Tom levantando la cara de su prima para que esta la viera– No va a pasar nada…
—Ya lo sé… —dijo Dani susurrando– Pero no puedo evitar estar nerviosa.
—Venga vamos –dijo Tom con una sonrisa que hizo que su prima le sonriera.
—Vale… —dijo Dani mientras se quitaba el cinturón de seguridad y abría la puerta.
Tom y Daniela bajaron del coche, previamente le pusieron el seguro del coche, y se dirigieron al gran edificio que se erigía en la gran ciudad de Hamburgo. Subieron ambos primos en el ascensor para subir a la planta tercera que era donde se encontraba el consultorio. Cuando salieron del ascensor se encontraron con una sala de espera enorme, donde había muchas pacientes mayores y jóvenes, que esperaban a su turno para ser revisadas. Daniela y Tom se sentaron en unos asientos para hacer la espera más llevadera, cuando llego una chica que se sentó justo al lado de Daniela, dejando un asiento de por medio. Aquella chica estaba embarazada por lo menos de unos 6 meses, ya que su barriga era bastante evidente y la acariciaba con suma ternura, creando así un vínculo con su pequeño retoño que se encontraba en el interior de su vientre. Daniela no puedo evitar mirar esa acción y una sonrisa se dibujó en sus labios imaginándose a ella misma dentro de unos años, con un hijo de Tom en su vientre.
Al cabo de uno minutos, salió una enfermara llamando por Daniela que la miraba con nerviosismo, Tom agarro a su prima por la cintura para hacerla caminar hacia el interior de la consulta donde se encontraba el ginecólogo. Cuando entraron dentro de la consulta, se encontraron a un hombre de edad madura, que miraba con ternura a la pequeña Daniela, ya que en varias ocasiones había revisado a la niña, cuando Simone la llevo algunas veces.
—¡¡Dios mío, Daniela!! ¿Cómo has crecido? –dijo el ginecólogo– Hace como unos 10 meses que no te veo.
—Sii –dijo Daniela un poco avergonzada.
—¿Y tu tía que tal está? –dijo el hombre interesándose por la madre de Tom.
—Pues está de viaje –contestó Daniela rápidamente.
—¿Y tú? –dijo el hombre refiriéndose al Tom mientras ponía cara pensativa.
—Es mi primo, Tom –dijo Daniela para que el hombre no se pensará que era su novio.
—Dios mío, estás hecho todo un hombre –dijo el ginecólogo– Aún me acuerdo cuando tu madre venía a hacerse las ecografías cuando tú y tu hermano estabais en el vientre de tu madre.
—¿Qué? –dijo Tom sorprendido.
—Yo fui quien atendió el parto de tu madre –dijo mirando a Tom con ternura– Yo te traje al mundo a ti y a tu hermano, Bill…
—Woow –dijo Tom sorprendido.
—Bueno a lo que íbamos –dijo el hombre centrando su miraba en la pequeña Daniela— ¿A qué se debe tu visita en la consulta?
—Verás… —dijo Daniela un poco cohibida– Quiero empezar a tomar pastillas anticonceptivas.
—¿Has mantenido ya relaciones sexuales? –dijo el hombre sintiendo como Daniela se ponía nerviosa– Pequeña, no tengas miedo a decírmelo, mantener relaciones sexuales con la persona que amas, es lo más sano del mundo, siempre que te cuides…
—Sii –dijo Daniela en un susurro casi inaudible.
—En todo caso, te tengo que revisar –dijo el ginecólogo notando como Daniela se ponía más nerviosa todavía– Iré con cuidado, te lo prometo. Pasa a esa puerta que está allí, yo voy ahora mismo.
Daniela entro en esa puerta que le había dicho el ginecólogo dejando a este con Tom en la sala.
Narra Daniela
¿Nervios…? Muchos, ya lo creo. Estoy en la sala que mi ginecólogo me ha dicho que entrara, en ella puedo ver que hay láminas con dibujos del aparato reproductor femenino y también dibujos de las fases del embarazo de una mujer. Al fondo hay un biombo donde supongo que me tendré que quitar mis pantalones y mi ropa interior, para luego ponerme en una camilla que hay a la izquierda, en la cual me tengo que abrir simplemente de piernas, para que mi ginecólogo me examine, Tengo miedo de que descubra algo o alguna enfermedad o infección, ya lo sé soy muy paranoica pero he leído acerca de las enfermedades de transmisión sexual, y tengo miedo de que tenga alguna. Vale, que eso será casi imposible, ya que Tom siempre ha utilizado conmigo condón, las dos únicas veces que he estado con él, y no creo que si él tuviera alguna enfermedad de ese tipo, pues hubiera evitado por todos medios acostarse conmigo.
Escuchó como la puerta se abre, y observó a mi ginecólogo de pie mirando, me indica que vaya a ese biombo que está al fondo y que me quite mis pantalones y mis braguitas, dándome para que me cubra una sábana blanca de hospital. Una vez que hice todo eso, me dirigí hacia la camilla y subí mis piernas mostrando mi sexo, mi ginecólogo se pone unos guantes del látex, y entierra su cabeza entre mis piernas para observar mejor, después de un rato me mete un aparato dentro de mi sexo, que hace que cierre los ojos con fuerza mostrándome por una pantalla monitorizara el interior de mi útero explicándome cada cosa, después quita con cuidado esa cosa de mi interior, y me dice que ya hemos acabado.
—Todo está perfecto –dijo mi ginecólogo– Pero… la próxima vez que tengas relaciones con tu chico, te recomiendo que utilices un tipo de aceite o lubricante.
—¿Por…? –pregunte asustada.
—Porque aun no está completamente dilatado y sentirás molestias –dijo el ginecólogo mirándome– Solo será un par de veces, después ya no te dolerá…
—Ah –dije mientras me levantaba.
—Te voy a dejar para que te vistas tranquila –dijo el ginecólogo mientras salía de la sala para ir a su despacho.
Me vestí tranquilamente en la sala, y después salí para volver al despacho de mi ginecólogo, entre por la puerta estaba hablando muy animadamente con mi primo Tom, que me sonrió al verme entrar y me senté en la silla que estaba al lado de él.
—Bueno tu prima está perfecta –dijo el ginecólogo– No tiene nada malo, así que te voy a dar una muestra de pastillas, pero para la próxima vez, vas al médico de cabecera para que te haga una receta.
—Si –dije cogiendo la caja de pastillas.
—¿Alguna duda? –dijo el ginecólogo a Daniela.
—No –dije en un susurro.
—Bueno entonces ya os podéis ir –dijo el ginecólogo extendiéndole a Tom a mano para que se la diera en modo de apretón de manos– No te olvides de tomarlas todos los días.
—Ok —dije mientras salía del despacho seguido de Tom.
Salimos del edificio encaminándonos hacia donde tenía aparcado el coche, mi primo Tom. Tom abrió el coche con la llave a distancia, y yo entró y me sentó en el asiento del copiloto, Tom bordeó el coche y abrió la puerta poniéndose al volante del coche. Empezó a conducir, pero no tomo dirección hacia la casa, yo me di cuenta del desvío que había tomado mi primo Tom.
—Tom… —dije con voz susurrante— ¿A dónde vamos?
—Tengo que ir a buscar una cosa –dijo Tom despreocupadamente mientras seguía conduciendo.
—¿Qué cosa? –pregunté intentando averiguar que era lo que su primo se traía entre manos.
—Estás muy preguntona hoy –dijo Tom mientras se acercaba a su prima y le daba un leve beso en los labios.
Tom conduzco hasta el centro de Hamburgo, donde aparcó el coche y entro en una joyería bajo la mirada atenta de su prima que lo miraba sin comprender nada. A los pocos segundos Tom volvió a montar en el coche, y arrancándolo de nuevo para seguir su ruta hacia un destino. A la media hora se encontraban en una zona frondosa con árboles y vegetación variada, donde se escuchaba los sonidos de las aves diversas que estaban en ese lugar, yo miraba sin entender a mi primo porque estaba en ese lugar.
—Tomi… —dije con voz dulce— ¿Qué hacemos aquí?
—Solo quiero dar un vuelta contigo, antes de volver a casa –dijo Tom mientras una sonrisa se dibujaba en sus labios.
—Pero… —dije confundida sintiendo el brazo de su primo posarse en su hombro, mientras comenzaban a andar contemplando el paisaje.
Silenciosamente recorrimos el lugar, hasta que Tom llegó a un sitio hermosísimo donde había una cascada de agua cayendo, mientras en el agua había unos flamencos rosados. Haciendo que todo en su conjunto fuera una estampa preciosa.
—Dani… —dijo Tom un poco nervioso mientras rebuscaba algo en sus bolsillos.
—Si… Tomi –dije fijando mis ojos verdes en los ojos color miel de su primo.
—Cierra los ojos, mi amor –dijo Tom mirando a su prima que se ponía nerviosa.
—¿Por qué? –pregunté intrigada.
—Ciérralos –dijo Tom– Ya verás…
Narrador Omnisciente
Daniela cerró los ojos, y Tom se puso detrás de ella y saco de su bolsillo una cajita donde saco una cadenita muy bonita de oro, con una placa que tenía un grabado en ella. Con cuidado se la puso en el cuello de su prima, y después de darle un beso en la mejilla derecha le dijo que abriera los ojos.
—Ya puedes abrir los ojos –dijo Tom abrazando a su prima por la cintura.
Daniela abrió lentamente los ojos y lo primero que hizo fue ver que era lo que estaba colgando de su cuello, cuando lo vio sus ojos se empezaron a empañar de una lágrimas al ver lo que tenía la placa que tenía la cadena, en letras muy bonitas una frase muy significativa para Daniela, ya que con esa frase Tom estaba renovando una promesa que hizo hace casi ya 4 años.
“SIEMPRE CONTIGO”
Giro la placa por detrás y vio que había una fecha y esa fecha de nacimiento suya.
“22 /11/ 1993“
—Esta cadenita te la quería dar para el día de tu cumpleaños –dijo Tom mirando a su prima– De tus 15 años… pero no llegamos a tiempo y la he encargado estos días.
—Oh Tomi… –dijo Dani abrazándose a su primo– Es muy bonita, es el mejor regalo que me has hecho en toda mi vida.
—No… el mejor regala me lo has hecho tú –dijo Tom mirando a su prima– Por dejarme estar en tu vida, y hacerme el hombre más feliz de todo el mundo…
—Tom… por favor –dijo Daniela ruborizándose completamente.
—Me encanta cuando te sonrojas –dijo Tom besando con ternura a su prima.
—Nos van a ver –dijo Dani dándose cuenta que estaban en un lugar público a la vista de cualquier persona.
Después de ese paseo tan atípico y romántico, los dos primos se dirigieron al coche para irse para casa, ya que habían dicho a Bill que llegarían para la hora de la comida, y esa hora ya se estaba acercando.
Cuando llegaron a la casa, se podía percibir el olor de la comida que Bill estaba cocinando sorprendentemente, entraron en la cocina y Bill estaba preparando unas patatas al horno, en la mesa ya había una ensalada, para acompañar las patatas.
—¡Mmmm que bien huele Billy! —dijo Dani olfateando.
—¡Sabrá mejor de lo que huele! — dijo Bill con egocentrismo.
—Siempre dices lo mismo y luego no es para tanto… —le dijo su hermano para molestarlo un poco.
Poco después la comida ya estaba servida en la mesa, tomaron asiento y empezaron a comer mientras reían.
—¡Bueno esta noche es la fiesta! —Bill dejo ver una de sus sonrisas perfectas de niño pequeño mientras daba unas pequeñas palmadas con emoción.
Tom y Dani se miraron cómplices y una sonrisilla se les escapo a lo que Bill le cambio la cara.
—Oh no, oh no… ¡¿No podéis estar ni un solo día como una pareja normal?! –dijo Bill a ver que a su hermano y su prima se le pasaba por la cabeza.
—Nooo –dijo Daniela riéndose con su primo Tom– Es que Tom es muy adictivo.
—Por Dios, Daniela tienes 15 años –dijo Bill escandalizado por lo que pensaba su prima– No puedes estar todo el día pensando en el sexo…
—Ay primito –dijo Daniela dándole un golpecito en el hombro a Bill– Hay que darse alguna alegría al cuerpo, tienes que tomar ejemplo de Tom, ya verás…
—Sí, si lo que tú digas –dijo Bill mientras se levantaba y dejaba su plato en el fregadero.
Al poco rato, Bill se marchó a su habitación dejando a Daniela y a Tom en la cocina, acabando de recoger todo lo que había.
—No sé porque Bill es así –dijo Daniela a su primo.
—Cariño, Bill está celoso de que yo tenga a una novia fantástica –dijo Tom mientras abrazaba por la cintura a su prima– Y él no, lleva mucho tiempo sin tener una relación con una chica.
—Ya… pero ni siquiera intenta buscar a una chica –dijo Daniela preocupándose por Bill.
—Dani… Bill es más reservado con la chicas le gusta ir más lento –dijo Tom, conocía demasiado bien a su hermano– Por eso muchas veces no me entiende, dice que siempre voy muy rápido con las chicas.
—Espero que ahora no se te ocurra hacer ninguna tontería, Tom –dijo Daniela mirando a su primo seria– Soy capaz de córtate los huevos, en una simple palabra te dejo sin descendencia…
Fue decir esas palabras y Dani se fue a la nevera para tomarse la pastilla que le había recetado el ginecólogo, era conveniente que las empezara a tomar sino quería que le pasara algo imprevisto. Al poco rato, Dani se dirigió hacia su habitación quería darse una ducha para relajarse su cuerpo, Tom la había observado muy detenidamente mientras se tomaba la pastilla.
—Me voy a dar una ducha… —dijo Dani a Tom– Dentro de un rato vuelvo.
Daniela subió a su habitación dejando a su primo Tom en la cocina mirándola de reojo y pensativo. Cuando llego a la habitación se quitó toda la ropa, quedándose solo en braga y sujetador, entrando en el baño para regular el agua de la ducha y saliera a la temperatura que ella quería para que su cuerpo se relajara. Al poco rato ya estaba debajo de la ducha con los ojos cerrados, dejando como su cuerpo se relajaba mientras que el agua recorría su cuerpo produciéndole un leve cosquilleo en él.
Al cabo de un buen rato de estar bajo la ducha, notó como unas manos grandes y fuertes rodeaban su cuerpo desnudo y como esa persona también estaba desnuda, notando cada músculo de su abdomen rozar su espalda, provocándole descargas eléctricas que hacía que el pelo de su cuerpo se erizará. Lentamente sintió como esos labios que tanto deseaba se posaban al principio de su cuello, y como poco a poco empezó a recorrer toda su clavícula llenándola de besos que hacían que llegaran hasta la máxima excitación.
—Tomi… —suspiró Dani al sentir el contacto de los labios de su primo.
—Mi vida… –dijo Tom mientras atrapaba los labios de su prima.
Daniela se giró para quedar de frente a su primo, mientras con su labios empezaba a recorrer cada centímetro del cuello de su primo Tom, haciendo que gemidos de placer salieran por la boca de él, que eran ahogados por el ruido del agua a caer de la ducha.
De repente Tom elevo a Dani haciendo que está enrollada sus piernas en su cintura, haciendo que su gran erección rozará en el sexo de la pequeña Daniela, si previo aviso introdujo su miembro dentro del sexo de su prima haciendo que un gemido de dolor saliera de su boca, y poco a poco fue aumentando los movimientos, mientras apoyaba la espalda de su prima en la pared fría y mojada de la ducha, mientras que con sus brazos hacia fuerza para que Daniela no se resbalara.
Los gemidos de ambos inundaban el baño. Por sus cuerpos seguía deslizándose el agua creando un ambiente único y especial. Las embestidas de Tom iban siendo más rápidas por la excitación que le provocaban los besos de su prima, su niña, su pequeña y único amor. Apunto de llegar al clímax Tom dejo una pequeña marca roja en el cuello de Dani, la cual se notaba bastante con el contraste de su piel blanca. Un último gemido salió del cuerpo de ambos haciéndoles llegar al punto exacto de la máxima excitación. El miembro de Tom expulsó su semen dentro del interior de la pequeña Daniela, mientras ambos intentaban recuperar fuerzas y tranquilizar su respiración.
Tom salió de interior de su prima y le dio un beso en la frente y la abrazó, salieron juntos de la ducha y Tom cubrió el cuerpo desnudo de su prima con una toalla, para darle calor. Después él hizo lo mismo y guió a su prima hacia la cama de ella, donde se tumbaron en ella, y se quedaron abrazados hasta que Daniela cerró los ojos quedándose dormido en los brazos de su primo.
Las horas fueron pasando y cada uno se preparó para ir a la fiesta, que les había invitado Andreas hacía apenas 3 días antes. El mayor de los Kaulitz decidió llevar esa noche su coche, y en vez de llevar su Audio R4, opto por llevarse el Cadillac, ya que era más grande y cogían fácilmente los tres en el coche. Llegaron a la zona donde se daba la fiesta y Tom aparcó el coche, en un parking especial para todos los invitados. Bajaron del coche los tres primos, Daniela llevaba una falda cortita y una camiseta de tirante con bastante escote y unos zapatos de tacón que hacían que su cuerpo fuera más estilizado, Bill llevaba su pelo peinado hacia abajo, como solía hacer habitualmente e iba vestido con un pantalón negro y una camiseta negra, Tom iba con su ropa característica de siempre unos pantalones super anchos y una camiseta también superancha.
Los tres primos se dirigieron hacia la puerta de entrada, que estaba escoltada por porteros que decidían quien entraban y quien no, El pequeño de los gemelos tendió a uno de los porteros la invitación que Andreas le había dado hace unos días cuando quedo con él, el portero al comprobar las personas que eran les dejo paso al interior del local.
—Los estábamos esperando Sr. Kaulitz –dijo el portero poniéndose a un lado para que los tres primos entraran en el local– Esperamos que la fiesta sea de vuestro agrado…
Continúa…