«Ich Brech Aus» Temporada II
CAPITULO 17
Narra Tom
Después de media hora de coche, llego a mi casa todo parece tranquilo y silencioso desde fuera. Buscó mis llaves dentro de los bolsillos de mi pantalón y lentamente abro la puerta de casa, está todo en silencio, subo hasta el segundo piso y miro en el interior de la habitación de mi hermano, pero está completamente vacía. Mi hermano está pasando una buena noche mientras su prima está ingresada en el hospital, genial.
Me dirijo hacia mi habitación cuando voy abrir la puerta miro en el fondo del pasillo la habitación de mi prima, mis ojos se empañan al recordar que no está en esa habitación que está en un hospital por uno o varios desgraciados que hicieron con ella lo que se les dio en gana.
Lentamente entro en su habitación, y miro su cama vacía, entonces pienso que hace unos días había dormido con ella en esta misma cama y también me acuerdo que hoy también habíamos dormido en ella, después de haberle hecho el amor lentamente y efusivamente dentro de la ducha. Y ahora no está aquí conmigo, y no sé cuanto tiempo tardará, porque no sé si despertará de ese sueño en la que está sumida, y del que no quiere salir. Divisó en una estantería que está repleta de sus muñecos de infancia y también está su osito Teddy, su fiel amigo. Ella no lo sabe, pero durante estos 4 años que tuve a Teddy, en mis manos, cuando estábamos de gira le decía lo mucho que quería a mi niña y lo mucho que la extrañaba para que luego Teddy se lo dijera todo, cuando volviera a estar entre sus manos y durmiera con él por las noches.
Pero cuando se crece, se pierden sentidos que se desarrollan de niños, que solo están presentes en la época de niñez, y mi prima perdió la capacidad de escuchar a Teddy hace mucho tiempo. Estaréis pensando que me estoy volviendo loco de remate, pero tengo que confesar que de pequeños tanto mi hermano y yo, podíamos escuchar la voz interior de nuestros peluches.
A simple vista parecen unos simples muñecos, pero para un niño pequeño, es mucho más, un amigo a quien le confías todos los secretos y con el que pasas las noches cuando se tiene una pesadilla y no se puede dormir. El viejo Teddy es un gran confidente, porque supo escuchar perfectamente lo tanto que amo a mi prima y lo mucho que la extrañe, el problema es que la destinataria de todas esas confidencias nunca las llego a escuchar.
Entre mis manos cojo a ese querido peluche, tanto por mi como por mi prima, y lo abrazo fuertemente, tengo una pena que confesarle, un dolor muy grande que se ha clavado en mi corazón como cuchillos afilados que lentamente hacen que se desangre. Preso por el cansancio y el stress cierro mis ojos, con Teddy entre mis brazos, y me duermo lentamente en la cama de prima, en el que fue hace unas horas nuestro lecho de amor.
Una luz invade la habitación, haciendo que me despierte repentinamente, unos rayos de sol se han colado por la ventana despertándome de mi sueño, aunque no he dormido nada bien por la noche, todos mis pensamientos están dirigidos hacia mi prima. Me levanto de la cama y me miro en el gran espejo que tiene mi prima junto a su tocador, tengo los ojos hinchados y rojos, a causa de las lágrimas que salían en silencio por ellos, en la noche mientras dormía.
Un ruido en mi estómago me hace darme cuenta que llevo horas sin probar bocado, así que con mucha pesadez me dirijo hacia la parte inferior de mi casa, donde se encuentra la cocina. Nada más entrar por la cocina me encuentro con Bill que muy sonriente, está tomando su café, ese simple hecho hace que una ira recorra mi interior haciendo que lo mire con mirada seria y penetrante, aunque él ni se da cuenta, se le ve muy feliz. Cojo con desganas e ira mi taza, para echarme un poco de café bastante cargado, tengo que despejar mi mente para luego irme al hospital y estar con mi prima, pasare todo el día con ella, no quiero separarme de ella ni un solo momento.
—Bueno días, Tom –dijo mi hermano a ver que ni siquiera le dije los buenos días– Has pasado tan buena noche con Dani que te has dejado tan cansado, que ni siquiera puedes decirme los buenos días.
Al escuchar el nombre de mi prima, aprieto mi mandíbula, ya me hubiera gustado a mi poder haber estado con ella haciendo el amor. Pero no, unos desgraciados decidieron que era más divertido estar con ella, privándome de mis derechos como hombre, como novio… Soy una persona egoísta e insensible… Como puedo estar pensado en que podría haberme follado a mí prima esta noche, estando ella ingresada en el hospital víctima de una violación.
—Tom… —dijo mi hermano mirándome preocupado y sacándome de mis pensamientos— ¿Pasa algo?
Yo no contesto, me quedo callado levantándome de mi silla sin acabar de tomar mi café, no quiero recordar lo que pasó anoche. Ahora solo quiero que se recupere y que vuelva a casa, conmigo…
—Tom, ¿Me estás escuchando? –escuchó la voz de mi hermano que me ha seguido desde la cocina, ya que ahora estaba subiendo las escaleras para ir a mi habitación y darme una ducha e irme al hospital.
—Déjame en paz, Bill –dijo con rabia.
—Se puede saber que pasa contigo –dijo Bill frunciendo el ceño— ¿Qué te he hecho?
—Muy bien quieres saber lo has hecho –dije gritando a mi hermano desquiciado– Irte con esa chica, ayer por la noche…
—¿Qué? –dijo mi hermano alucinando– Estás celoso de que me fuera con ella, claro te has fijado en ella, te has cansado ya de Dani, la has estado utilizando como un juguete. Eres un desvergonzado Dani te quiero con toda su alma, y te lo he advertido Tom Kaulitz si le llegabas hacer daño a Dani, poniéndole los cuernos con alguna chica o con tus putas de una noche, no respondo. No entiendo como no te alegras por mí, por fin te he hecho caso y me he decidido a estar con Patri. Sabes… creo que es el amor de vida, lo presiento…
—¿Qué sabes tú de lo que estoy sintiendo ahora? –dije con furia y con rabia.
—Si me lo dices –dijo mi hermano– Quizás podría ayudarte y aconsejarte, ya sabes, somos la misma persona… sentimos los mismo…
—Si fuéramos la misma persona, ya hubieras venido cuanto te llame, hubieras sentido mi angustia –dije mientras unas lágrimas comenzaban a surcar mis ojos– Pero no viniste…
—Tom… —dijo mi hermano preocupado por verme llorar.
—Te llame al móvil, pero no me cogías –dije llorando más intensamente– Me daba apagado o fuera de cobertura…
—¿Qué? –dijo Bill sacando su móvil extrañado de que no sintiera en toda la noche su móvil sonar– No tiene batería, como iba a saber que me llamabas…
—Da igual… el daño ya está hecho –dije dándome la vuelta, para darme esa ducho que tanto necesitaba.
—¿Y Dani? –dijo Bill dándose cuenta de que no había aparecido en todo el rato que estuvimos en la cocina y ahora cuando estuvimos discutiendo.
—Bill… —dije girándome y abrazándome con fuerza a mi hermano mientras lloraba más intensamente– Mi niña… Mi pequeña…
—¡Por Dios, Tom! ¿Qué ha sucedido? –preguntó mi hermano inquietamente– Por favor, Tom contéstame.
—Dani está en el hospital –dije finalmente suspirando.
—¡¡Qué!! ¿Qué le ha pasado? –dijo mi hermano con cara de preocupación.
—A mi niña la han violado –dije llorando más fuertemente.
—¡¡Dios!! no puede ser… —dijo Bill tapándose su cara con sus manos— ¿Avisaste a Mamá?
—No… no quiero que se entere –dije asustado– Va a decir que soy un mal hijo, y un mal cuidador por no haber cuidado de Dani… Estaba bajo mi responsabilidad…
—Tonterías Tom –dijo mi hermano Bill intentándome calmar– Tú no tienes la culpa, pero… ¿Cómo está Dani?
—Está inconsciente –dije abrazándome todavía más a mi hermano, dándonos un buen abrazo de hermanos, que hacía tiempo que no nos dábamos– Tengo que ir al hospital, tengo que estar con ella…
—Espera… —dijo mi hermano Bill– Te acompaño…
Al cabo de 30 minutos, ambos estábamos saliendo por la puerta de casa en dirección hacia el hospital, donde estaba ingresada mi prima. Durante todo el trayecto, estuvimos en silencio, había decidido llevar mi Cadillac Escalade al hospital, ya que era un poco más confortable que el Audi de mi hermano Bill. Cuando llegamos al hospital, nos dirigimos a recepción para que nos informaran si mi prima ya se encontraba en planta.
—Hola, ¿Qué deseáis? –dijo la chica que estaba en recepción, un poco alucinada de vernos a mí y a mi hermano en ese hospital.
—Bueno… —dije un poco dudoso– Queríamos saber si la paciente Daniela Alonso Trümper se encuentra ya en una habitación en planta.
—Déjeme consulta un momentito en el ordenador –dijo amablemente la chica mientras metía el nombre y los apellidos de mi prima en el ordenador– Pues sí, la han subido hoy por la mañana muy temprano. Está en la planta 4, en la habitación número 83.
—Muchas gracias, señorita –dijo Bill amablemente.
Nos dirigimos hacia los ascensores, para luego dar al botón de llamada del ascensor, ambos estaban en otras plantas del hospital, así que tuvimos que esperar a que llegase alguno de los dos. Después de 10 minutos de espera, el ascensor llego, dejando a su paso un bullicio de gente que salía de él proveniente de las otras plantas. Mi hermano y yo esperamos a que toda esa gente saliera para poder entrar en el ascensor, una vez dentro marqué el número del piso que queríamos ir, no tardamos más de dos minutos en llegar a nuestro destino. Salimos del ascensor y vimos a lo largos dos pasillos, que se cruzaban. Nos adentramos en ellos y a un lado estaba una pequeña recepción, con varias enfermeras que estaban haciendo su turno y después el resto del pasillo, eran las habitaciones de la planta.
Mi hermano y yo caminamos con paso un poco apurado, queríamos llegar cuanto antes a la habitación de mi prima, hasta que llegamos a la puerta número 83. Abrimos lentamente la puerta y observé desde la puerta como mi prima tenía múltiples aparatos, a los cuales estaba conectada, uno media la presión sanguínea, otro los latidos del corazón…, etc. También tenía oxigeno, debe ser porque al estar inconsciente sus órganos vitales no funcionan como deberían funcionar, y esas máquinas ayudas a controlar sus órganos vitales y que funcionen bien.
—Mi pequeña… —dije acercándome rápidamente a su cama, y sentándome en la silla que estaba al lado de su cama.
—¡¡DIOS MIO!! –exclamó Bill al ver como tenía la cara mi prima, llena de moratones y los ojos hinchados y también morados— ¿Por qué le han hecho eso? –me pregunto Bill con rabia mientras se ponía al otro lado de la cama.
—Te tienes que poner bien… —dije mientras acariciaba su pequeña y suave mano, entre mis manos– Me oíste… —pero mi prima no me contestaba, seguía sumida en ese sueño, que parecía que nunca iba a despertar.
—Se pondrá bien… —dijo Bill, que ahora estaba detrás mía poniendo sus manos sobre mis hombros, para infundirme ánimos– Es una Trümper… Es una guerrera…
Los minutos y las horas fueron pasando muy rápidamente, yo seguía al lado de mi prima sin separarme de ella, quería que me viera a su lado, cuando despertara…
Continúa…