«Ich Brech Aus» Temporada II
CAPITULO 22
Subí rápidamente a la habitación de mi prima, y busque primero una mochila para poder meter la ropa de mi prima, después me dirigí hacia la mesilla de noche, donde mi prima suela guardas sus mudas de ropa interior y escogí un conjunto muy bonito de color granate, suelo tener muy buen gusto para la ropa interior femenina, busque unos calcetines, ya que estaba en el mismo sitio, para luego ir al armario de mi prima para disponerme a escoger la ropa que le iba a llevar.
Al final me decanté por unos pantalones vaqueros y una camiseta de manga larga, ya que nos estábamos aproximando a la estación del invierno y empezaba a enfriar el tiempo.
Luego busqué una sudadera con cremallera con forro polar y capucha, para que se pusiera encima de la camiseta y así poder estar más calentita, busque unos tenis y finalmente cogí las gafas de sol de mi prima, para que se las pusiera antes de salir del hospital y no ser reconocida por algún paparazzi que anduviera merodeando por ahí. Cuando tuve todo lo metí dentro de la mochila y la cerré y salí de la habitación.
Descendí por las escaleras hasta llegar al hall, donde estaba mi cazadora y las llaves de coche tanto como de la casa, me puse la cazadora y cogí las llaves y salí por la puerta interior que daba al garaje. Diez minutos más tarde estaba conduciendo dirección al hospital, por fin mi niña volvería a casa, donde estaría protegida…
Aparqué el coche en un sitio menos visible para así cuando saliéramos pasar desapercibidos. Me dirigí hacia la entrada con paso apurado, como siempre lo hacía cada vez que iba al hospital a visitar a mi prima, no quería que me reconocieran, aunque mucha gente si sabían quién era yo… Subí al ascensor tan pronto llego, y a los pocos minutos estaba en la planta donde se encontraba la habitación de mi prima, cuando entre en ella me encontré a mi prima hablando muy animada con mi hermano Bill.
—Hola pequeña –dije a mi prima sonriente dándole un beso en la sien izquierda.
—¿Me has traído lo que te pedí? –dijo mi prima sin darse cuenta, que ni siquiera me había dicho hola.
—Sí, aquí está todo metido –dije mientras le señalaba la mochila que tenía colgada en unos de mis hombros.
—Genial –dijo mi prima sonriendo y destapándose para salir de la cama para vestirse– Me voy a vestir al baño…
—Vale… —dijo Bill mientras me miraba a mí, ya que me sorprendí de que no se vistiera en la habitación.
—No tardare mucho –dijo mi prima desde la puerta del baño.
—Que esperabas Tom… —dijo mi hermano Bill de repente rompiendo el silencio, que se había formado en la habitación durante unos segundos– Querías que Dani se vistiera en la habitación, de verdad eres un salido…
—¿Qué? –dije sorprendido.
—La verdad pensé que desde que Dani perdió la memoria le ibas a dar una tregua –dijo mi hermano mirándome seriamente– Pero veo que no va a ser así, pero dime una cosa Tom… Dani no sabe que entre tú y ella hay algo más que un cariño de primos ¿Serás capaz de decirle la verdad?
—No lo sé, deseo a Dani con toda mi alma… no te puedo mentir –dije a mi hermano– Me gustaría estar con ella, hacerle el amor pero… como has dicho tú algo ha cambiado, Dani no recuerda nada y no puedo obligarle a que sienta algo por mí, no por el momento, hasta que empiece a recordar algo.
—Entonces, ¿Que vas a hacer? –me preguntó mi hermano.
—Tan solo seré su primo –dije a mi hermano con tristeza– Hasta que me empiece a ver como un hombre.
—Pero… y si conoce a un chico y empieza a salir con él –dijo Bill con preocupación— ¿Dejarías que saliera con él?
—Supongo que en ese caso, le explicaría la verdad con cuidado para no asustarla –dije a mi hermano– Aunque tuviera que esperar el tiempo que haga falta, para volver a tenerla en mis brazos…
—Ya estoy lista –dijo mi prima apareciendo por detrás de nosotros— ¿Qué ha pasado? ¿Por qué esas caras?
—No pasa nada, cielo –dijo mi hermano Bill reaccionado– Solo estábamos hablando de cosas de hermanos…
—Está bien –dijo mi prima no muy convencida por la contestación que le dio Bill– Aunque estáis muy extraños…
—No nos pasa nada –dije a mi prima corroborando lo que había dicho mi hermano.
—Está bien os creo –dijo mi prima un poco molesta– No hace falta que me contestéis así.
Nos quedamos todo en silencio, y a los pocos segundos la puerta de la habitación de mi prima se abrió, dando paso a la doctora, que venía a traerle el alta médica y los informes para darle al médico de cabecera, que atiende a mí prima.
—Hola de nuevo –dijo la doctora saludando a mi hermano Bill y a mí prima– Os traigo el alta médica y el informe que debéis de entregar al médico de cabecera. También en él va reflejado las pautas del tratamiento de Daniela, si veis alguna anomalía durante estos días siguientes, no dudéis en venir…
—Está bien –dijo Bill– Si vemos algo raro en Daniela, la traeremos lo más rápido posible.
—Sí, y también nos os olvidéis de sus revisiones de cada dos semanas –dijo la doctora– Para ver como evoluciona su amnesia.
—Eso también… —dijo mi hermano Bill acordándose.
—Bueno… entonces me despido –concluyó la doctora– Nos vemos en tus próximas revisiones –dijo la doctora a mi prima, luego desapareció por la puerta.
Nos volvimos a quedar de nuevo en silencio, odio estas situaciones en las que no nos decimos nada, hace que me sienta incómodo, así que he decidido que es hora de marcharnos de este lugar, ya que no es lógico que sigamos por mucho más tiempo.
—Será mejor que nos marchemos –dije a mi hermano y a mi prima, mientras cogía la mochila, en la cual había traído la ropa para mi prima.
—Si será mejor… —repitió mi hermano.
Le pase el brazo por el hombro a mi prima, para hacerla caminar, no me gustaban mucho los hospitales y quería salir cuanto antes posible de allí. Todos estos días ha sido un suplicio para mí, pero no quería dejar sola a mi ángel, y aguante todo el tiempo por ella… Nos dirigimos hacía el ascensor, que tenía las puertas a punto de cerrarse, pero conseguimos entrar de milagro, bajo la atenta mirada de algunas personas que nos miraban expectantes, quizás nos habían reconocido.
Salimos de ascensor y nos dirigimos hacia la salida, no sin antes ponernos nuestras gafas de sol y hacerle a mi prima ponerse también las suyas, no queríamos que la fotografiaran, anteriormente en una ocasión había salido en la prensa, pero mi prima se arrepintió de eso y aprendió la lección, de que no debía mostrarse en público en situaciones comprometidas.
Nos acercamos con paso rápido a la zona donde había aparcado el coche, accionando con el mando a distancia del coche las puertas para que se abrieran. Mi hermano Bill se sentó en el asiento del copiloto y a mi prima le hice sentarse en los asientos traseros del coche, luego abrí la puerta de mi asiento y me senté en él para arrancar el coche, aunque antes le dije a mi hermano y a mi prima que se pusieran el cinturón de seguridad, había que evitar males mayores.
Arranque el coche y nos pusimos en marcha, el trayecto solo nos llevaría 20 minutos, que es lo que hay desde el hospital a nuestra casa. Durante el viaje íbamos todos en silencio, mi prima miraba por la ventana del coche los lugares por donde íbamos pasando pensativa, y mi hermano estaba pensativo también, en su mundo. Nos detuvimos en un semáforo y yo para hacer el trayecto un poco más corto y ameno, encendí la radio para escuchar un poco de música. Al cabo de 10 minutos ya me encontraba enfrente de nuestra casa, observé por el espejo del coche como mi prima se quedaba mirando a la casa con impresión y después de unos segundos habló.
—¿Está es vuestra casa? –preguntó mi prima sorprendida– Menuda casa más grande…
—Si –dijo mi hermano Bill— ¿Y a qué no sabes quién la eligió?
—No… —contestó mi prima.
—Tú –dijo mi hermano Bill mientras sonreía a mi prima.
—¿Enserio? –dijo mi prima sorprendida.
—Sí, aunque no lo creas Dani eres muy importante para nosotros –dije mirando a mi prima con ternura– Por eso quisimos que participaras en la elección de nuestra casa y tuya también.
—Wow… ¿También es mi casa? –dijo mi prima impresionada– Sois los mejores primos del mundo mundial, me debéis de tener mucho aprecio para tenerme en tan en cuenta… aunque yo no lo recuerde.
—Dani… no importa que ahora no recuerdes momentos vividos con nosotros –dije a mi prima animándola, ya que cuando dijo eso la note triste– Ya que lo que tienes que tener presente es el cariño que te tenemos y que te demostraremos día a día, eso no lo dudes pequeña…
—Gracias… —dijo mi prima con tristeza.
—Ey no quiero verte así –dije al ver a mi prima con ese estado de ánimo– Venga vamos a dentro de la casa, y preparamos algo para merendar, y quiero que te me animes…
—Está bien… —dijo mi prima cabizbaja.
—Alegra esa cara, pequeña –dije a mi prima mientras salía del coche y ella y mi hermano también lo hacía.
Salimos del coche y nos dirigimos hacia la entrada de la casa, pasando por un jardín muy amplio, ya que no había metido el coche en el garaje porque más tarde tendríamos que ir al estudio de grabación, para mostrarles unas canciones que Bill había escrito.
—¡¡Qué jardín más grande!! –dijo Dani mirando impresionada el jardín.
—Si es muy grande –dije a mi prima– Pero hacia la parte de atrás de la casa tenemos otro más amplio con una piscina grande…
—¿Enserio? ¿Y me podré bañar en ella? –dijo mi prima ilusionada.
—Ahora no que estamos en invierno –dije a mi prima informándola de que no estábamos en el tiempo para echarse un chapuzón en la piscina– Pero en verano sí que podrás, aparte de tomar el sol en la tumbonas que habrá alrededor de la piscina.
—Genial –dijo mi prima muy sonriente, la verdad es que me alegraba muchísimo de que se animará tan pronto, no me gusta verla triste.
Entramos todo dentro de casa y acompañe a mi prima a su habitación, ya que ella no se acordaba donde era, y así ya sabía donde estaba. Cuando entramos dentro de la habitación, mi prima miro toda la habitación con ojos alucinados, por lo bonita y grande que era su habitación.
—¿Estás seguro de que está es mi habitación? –me preguntó mi prima incrédula.
—Sí, lo es –dije a mi prima, mientras yo sonreía observando como mi prima miraba cada rincón de la habitación.
—Primo Tom –dijo mi prima de repente— ¿Por qué Bill y Tú estáis en estos pósters con otros chicos?
—Ahora no lo recuerdas, pero Bill y yo formamos una de los grupos más importantes de Alemania y de la música internacional –dije a mi prima explicándole mientras me miraba con cara asombrada.
—¿Enserio? ¿Dónde está la cámara oculta? –dijo mi prima incrédula.
—Dani… es verdad lo que te he dicho –dije acercándome a ella– Bill y yo somos famosos, porque te crees que te hicimos ponerte las gafas de sol cuando salimos del hospital. Precisamente no era porque hacía mucho sol, sino todo lo contrario era para protegerte de la prensa y de los paparazzis.
—Siento mucho que os tengáis que tomar tanta molestia conmigo –dijo mi prima con culpabilidad.
—No es ninguna molestia Dani –dije a mi prima mientras la abrazaba– Formas parte de nuestra vida privada y no queremos que te pasa nada.
—Pero paso, verdad… —dijo mi prima de repente– Por eso he estado ingresada estos días en el hospital.
—Dani no pienses en eso ahora –dije a mi prima intentándola tranquilizar.
—¿Me golpearon? –dijo mi prima– Por eso tengo estos moratones por todo el cuerpo.
—Dani… te he dicho que no pienses en eso –dije un poco mosqueado a mi prima, no quería que me siguiera recordando lo que hace días le había pasado. El sufrimiento se lleva por dentro, no por fuera y si seguía así me derrumbaría ante ella.
—Te has enfadado conmigo –me dijo mi prima con miedo de que me enfadara con ella porque le había dicho.
—No cielo, pero no quiero que pienses en esto –dije a mi prima para quitarle de la cabeza esa idea.
—Lo siento Tomi… —dijo mi prima con dulzura, mientras notaba como su pequeño cuerpo se acurrucaba más al mío– Eres el mejor primo del mundo…
—Bueno, déjate de sentimentalismo –dije a mi prima para cambiar de tema– Y vamos a merendar, que seguro que Bill ya ha acabado de preparar los bocadillos y después tenemos que ir a un sitio.
—¿A qué sitio? –preguntó intrigada mi prima.
—Ya lo sabrás, es una sorpresa –dije a mi prima sonriendo misteriosamente– Pero estoy seguro de que te gustara.
—Genial… —dijo mi prima con una dulce sonrisa en sus labios.
—Bueno señorita vamos a merendar –dije empujándola fuera de la habitación, mientras le agarraba de la cintura para que caminara conmigo.
—Está bien… —dijo mi prima sonriendo.
Bajamos las escaleras con cuidado de no caernos, ya que al estar agarrando a mi prima por la cintura era complicado bajarlas, después de bajar todas las escaleras, fuimos a la cocina donde estaba Bill acabando de preparar los bocadillos, para merendar. Ya tenía la mesa preparada, donde había puesto unos vasos y una grande jarra de zumo natural de naranja, que como estamos acercándonos al invierno, quiere que tomemos mucha vitamina C que previene los resfriados. Así que como no teníamos nada que hacer nos sentamos en las sillas que estaban alrededor de la mesa y nos dispusimos a comer los bocadillos.
Mientras saboreábamos los bocadillos, estuvimos hablando y contando anécdotas a nuestra prima de cuando era más pequeña y de cuando formamos el grupo, así podíamos intentar que recordara antes la memoria, pero no había ningún indicio de que fuera pronto, ya que lo que le decíamos a mi prima no le sonaba nada…
Al cabo de media hora, decidimos que ya era hora de irnos rumbo al estudio de grabación, ya que habíamos quedado allí con Gustav, Georg y David Jost para enseñarles las letras de las canciones que había hecho estos días Bill y así poder buscarle unas melodías entre los cuatro pero para eso necesitábamos la opinión de nuestro gran amigo y productor David Jost.
Nos montamos en mi coche Cadillac Escalade, que era el que había llevado al hospital para buscar a Bill y a mi prima, por ser más amplio, y además tenía los cristales tintados y así no nos podrían fotografiar cuando saliéramos y tampoco vernos fácilmente. Así que tuve que dejar a mi pequeño Audi R8 solito en el garaje, ya que en el no cabe más de dos personas, al ser un deportivo. Nos pusimos los cinturones y arranque poniendo un poco de música en la radio del coche…
Continúa…