«Ich Brech Aus» Temporada II
CAPITULO 27
Narra Daniela
Aquella noche no bajé a cenar, no tenía ganas. No tenía ganas de ver a mi primo Tom. Me quedé toda la noche pensando, en lo que había sucedido con mi primo por la tarde, y he tomado una decisión… ¿Por qué tengo que vivir en una casa, donde me siento incómoda con uno de sus habitantes?
Me pasé toda la noche en vela, de madrugada escuché el portazo de la puerta de la calle. Minutos más tarde, escuché los pasos de alguien por el pasillo. Me levanté de la cama con cuidado, para no hacer ruido y entreabrí la puerta un poco, para ver quién era. Mi primo Tom entraba en su habitación, medio haciendo eses. Así que, Bill debió de cenar solo o simplemente no vino a cenar a casa, porque no me vino a decir que bajara a cenar, al ver que yo bajaba.
Las semanas fueron pasando, y cada vez sentía que tenía que irme, volar de esta jaula de cristal, en la que me encuentro encerrada. Bill, en todas estas semanas, ha estado saliendo con Patri, e incluso me la ha presentado formalmente como su novia. Hecho que me alegra muchísimo, porque Patri es una buena persona, y por lo que presiento, no sale con mi primo por su dinero, sino porque realmente le quiere.
Respecto a Tom, mi relación con él, desde aquel día, ya no pasa las noches en casa. Incluso muchas veces llega de madrugada, y al día siempre se levanta con dolor cabeza, y oliendo a alcohol, cosa que me preocupa realmente. Porque aunque no lleve bien con él, es mi primo y no quiero que le pase nada, aunque Bill ha intentado hablar con él, varias veces pero sin ningún éxito.
Hoy, vamos a ir al estudio de grabación, Bill quiere probar unas nuevas cosas, para algunas canciones que ha escrito. El grupo de mis primos, se están tomando las cosas con calma con este nuevo álbum, es su tercer trabajo de estudio, y quieren mostrar una visión nueva del grupo. Así que, es mejor que baje a desayunar, aunque no tengo ganas, sino quiero que lleguen tarde, aunque conociendo a mi primo Tom seguramente no ha regresado de sus noches…, por lo tanto no creo que se encuentre desayunando.
Me acabé de vestir, hice mi cama y fui al baño, para lavarme la cara y peinarme mi media melena. Después baje las escaleras con un poco de prisa, no quería que mi primo Bill se enfadará conmigo, es el único de mi familia, que me comprende en estos momentos, porque para Tom soy un cero a la izquierda. Entré en la cocina, y me encontré a Bill tomando su café, y sorprendentemente a mi primo Tom, tomando una taza de café bien cargado.
—Buenos días, pequeña —dijo mi primo Bill con esa sonrisa tan particular que tenía.
—Buenos días, Billy —dije mientras le daba un beso en la mejilla.
—¿Qué vas a desayunar? —me pregunto mi primo.
—Creo que sólo me tomaré una tostada… —dije a mi primo, mientras me miraba con cara de preocupación— Es que… No tengo mucha hambre.
—Dani, el desayuno es la comida principal del día —dijo mi primo dulcemente— Intenta tomar por lo menos, un vaso de leche.
—Está bien… —contesté con resignación— Bill…
—Dime, enana —dijo mirándome.
—Esto… no sé como decírtelo… —dije susurrando para mí.
—¿Qué pasa? —dijo mi primo Bill con preocupación.
—Nada… es que quiero preguntarte una cosa —dije un poco nerviosa.
—Dime… —dijo mi primo Bill mirándome atentamente.
—A parte de vosotros, ¿Tengo más familia en Alemania? —dije rápidamente.
—Dani, ¿Por qué me preguntas eso? —dijo mi primo sorprendido.
—Es que… quiero saberlo —contesté sin más.
—No… —dijo mi primo Bill— Tienes a nuestra madre y a nuestro padrastro, y después estamos nosotros.
—¿Y tus padres viven lejos de aquí? —pregunté interesada a mi primo Bill.
—Viven en Hamburgo —dijo mi primo Bill— ¿Qué es lo que pasa, Dani?
—He tomado una decisión —dije seria y titubeante.
—¿Cuál? —preguntó mi primo tragando saliva.
—Me quiero ir de aquí… —dije en susurros.
—¡¡Qué!! Dani estás loca —dijo mi primo, mientras me miraba con los ojos desorbitados— ¿A dónde vas a ir?
—Me puedo ir a vivir a la casa de vuestros padres —dije nerviosamente.
—Pero ellos no están en Hamburgo, en estos momentos —dijo mi primo Bill— Ellos se ha ido de viaje, y aún les quedan unas semanas para volver. Además, nos dijeron que nos hiciéramos cargo de ti.
—Por favor… Bill —dije casi rogándole— Puedo estar sola, esas semanas que aún no lleguen…
—Pero… —dijo mi primo Bill intentándome convencer.
—Déjate de dramatismos, Bill —esa fue la voz dura y grave de mi primo Tom— Si se quiere ir, déjala irse. Si fuera por mí, ya habría estado mucho antes, fuera de esta casa…
—Pero… ¿Por qué te quieres ir, Dani? —dijo mi primo Bill acercándose a mí— ¿Ya no quieres estar aquí con nosotros?
—No… —dije con lágrimas en los ojos– No me encuentro a gusto en esta casa, me siento aprisionada…
—Pero… tesoro –dijo Bill con cara de preocupación— ¿Por qué no me lo has dicho antes, de que te sentías así?
—Porque no quería preocuparte –dije llorando más intensamente.
—Muy bonito… —dijo mi primo Tom con sarcasmo– Odio, cuando te haces la víctima –dijo levantándose de la silla y saliendo de la cocina.
—¿A dónde vas? –preguntó Bill a su hermano con el ceño fruncido.
—A hacer las maletas de esta mocosa, para ver si se va de una buena vez de esta casa –dijo mi primo Tom muy duramente, haciéndome llorar más intensamente.
—¿Tienes algo que ver en esta decisión, Tom? –dijo mi primo seriamente, ahora que nos habíamos quedado solos en la cocina.
—No… —dije con miedo, no quería que Bill se enfadará con Tom por mi culpa.
—¿Estás segura de que te quieres ir? –me volvió a preguntar Bill insistentemente.
—Sí –dije con lágrimas en los ojos– Necesito tiempo, para habituarme a mi nueva vida, entiéndeme Bill.
—Supongo que no puedo hacer nada, para que cambies de opinión ¿verdad? –dijo mi primo Bill con tristeza.
—No… —dije susurrando.
Me levanté de la silla, y salí de la cocina no me apetecía ir al estudio de grabación con mis primos, me quería quedar en casa sola, y llorar… Porque solo tenía ganas de llorar, y de desaparecer del mundo. Subí las escaleras arrastrando los pies, cuando llegue al pasillo que daba a las habitaciones, escuché ruidos provenientes de mi habitación. Me dirigí con paso apurado, mi primo Tom estaba como loco, quitando la ropa que había en mi armario, y la estaba colocando de mala manera dentro de mi maleta.
—Tom… para –dije a mi primo intentado apartarlo de mi maleta.
—Te estoy ahorrando el trabajo, de que tengas que hacer la maleta –dijo mi primo con rabia– Espero no verte más por aquí.
—Tom… —dije con lágrimas en los ojos, me dolía que me tratara de esa forma.
—Quiero que desaparezcas de mi vida, tú lo has querido –dijo mi primo mirándome seriamente y con rabia– No te quiero volver a ver más, me has oído…
Después de decir eso, salió de habitación, hecho una furia. Yo por inercia, me dejé caer de rodillas sobre el suelo y me puso a llorar intensamente. Me duele el corazón, no entiende que lo hago para olvidarme de él, porque no puede ser… porque él es mi primo.
Las horas fueron pasando, y yo estaba completamente sola en casa. Al final, le dije a mi primo Bill que no me apetecía ir al estudio, que me quedaba haciendo mejor mi maleta. También le dije, que si podía ser, que me llevara esa misma tarde a Hamburgo, no quería pasar ningún minuto más y sufrir por mi primo Tom. Me senté en el gran sillón que había en el gran salón de la casa, esperando a que llegaran mis primos, pero en especial mi primo Bill. Después de una hora aproximadamente, se escuchó el ruido de unas llaves meterse en la cerradura, mis primos habían llegado. Pero para mi sorpresa, mi primo Bill venía solo…
—Bill… —dije mirándole tristemente— ¿Y Tom…?
—Mmm…—Bill parecía nervioso, como ocultando algo.
—Bill di algo –dije a mi primo con impaciencia– Odio que dejes las cosas a medias.
—Se ha ido por ahí –dijo mirándome dulcemente– Dijo que volvería más tarde.
No contesté, no dije nada… solo cayeron unas lágrimas por mis mejillas sonrosadas, que estaban así a causa del llanto continuo, en el que me sumí durante toda la tarde.
—Ven aquí, pequeña –dijo mi primo Bill, cuando me volvió a ver llorar.
—Llévame a Hamburgo, Bill –dijo a mi primo entre susurros– No quiero estar más aquí…
—Está bien… —dijo tristemente– Sube a buscar tu maleta…
Me separé de mi primo, y subí rápidamente las escaleras. Quería irme de una vez de esa casa, que había sido la causa de todas mis desdichas. A los diez minutos, ya estaba abajo con mi maleta, Bill me la cogió de las manos, y salimos de casa para irnos al coche de Bill. Abrí su maletero y metió dentro mi maleta. Después abrió entro en la parte del conductor, y yo me senté en la parte del acompañante, mientras unas pequeñas lágrimas salían por mis ojos.
—¿Dani… es necesario esto? –preguntó mi primo con voz cansada– Sabes que te puedes quedar, recapacita… pequeña.
—No, he dicho que me quiero ir y me voy –dije con cabezonería.
—Está bien –dijo mi primo Bill con tristeza.
Mi primo arrancó el coche, y poco a poco fui viendo como la casa de mis primos se iba haciendo más pequeña, cada vez que el coche se alejaba. Hasta que perdí la casa de vista, durante todo el trayecto fuimos callados, yo sumida en mis pensamientos y mi primo Bill prestando atención a la carretera, no quería que tuviéramos un accidente.
Después de casi una hora de viaje, llegamos a la urbanización donde debía de vivir mis tíos. Todas las, con un jardín amplio a la entrada y por lo que puede percibir también poseían de un jardín interior, detrás de la casa. Mi primo aparcó el coche, y me miró con tristeza.
—¿Estás segura? —me volvió a preguntar.
—Bill —contesté enfadada— Deja de insistir no voy a volver a casa vuestra.
—Está bien, no hace falta que te enfades —dijo mi primo levantando las manos, mientras hacía movimientos con ellas.
Salimos del coche, y mi primo se dirigió hacia el maletero del coche, para coger mi maleta. Unos minutos más tarde, ya estábamos abriendo la puerta de casa, el interior de la casa de la casa era muy bonita, pero al llevar cerca de varias semanas cerrada, olía a cerrado. Mi primo abrió un poco las ventanas, para que entrara aire fresco, y aireará la casa.
—Dani te vas a sentir muy sola en esta casa —dijo Bill como último intento de hacerme recapacitar.
—Bill es mi decisión —dije con firmeza.
—Bueno, vamos a la cocina —dijo mi primo Bill— Supongo que papá y mamá no tienen ningún alimento en la nevera, así que tendremos que ir al supermercado a comprarte comida para pasar estas dos semanas. Después ya se encargará mamá de todo…
—No hace falta Bill —dije con autosuficiencia— Ya puedo ir más tarde yo.
—No tienes dinero —dijo mi primo Bill.
—Ya me las arreglare —dije con despreocupación.
—Dani ¿Por qué no quieres recibir ayuda? —dijo mi primo mosqueado.
—Porque quiero demostrar a todo el mundo, que soy capaz de valerme por mí misma, aunque no recuerde nada —dije a mi primo muy seria.
—Eso está muy bien Dani, pero hay algunas cosas que siempre vas a necesitar ayuda —dijo mi primo— Por ejemplo, económicamente. Aún no tienes ningún trabajo para poder obtener ingresos.
—Pero puedo buscar un trabajo a tiempo parcial —dije a mi primo.
—Aún tienes que acabar los estudios —dijo mi primo— Yo me centraría primero en eso, y después ya vería lo del trabajo.
—¿Por qué siempre intentas dar la vuelta a todo? —dije con enfado.
—Porque quiero lo mejor para ti —dijo mi primo— Y además aún no estás preparada.
—Uffs… —resoplé con cansancio.
—No resoples, y toma esto —dijo mi primo entregándome unos billetes.
—Wow… ¿Acostumbras a ir a todos los sitios con esta cantidad de dinero? —le dije a mi primo alucinada.
—Bueno… Si —dijo mi primo un poco incómodo.
—El día que te roben se forran contigo —dije a mi primo sonriendo.
—Será mejor que te enseñé donde está tu habitación, en esta casa —dijo mi primo haciéndome salir de la cocina.
Subimos las escaleras y llegamos al segundo piso, que es donde estaban todas las habitaciones, y también dos baños. Por lo que pude ver mi habitación no cambio mucho de una casa a otra, ya que estaba decorada más o menos en el mismo estilo. Mi primo me acabó de enseñar la casa, y después estuvimos sentados hablando en el salón.
—Bueno, Dani —dijo mi primo— Yo me tengo que ir.
—Está bien —dije a mi primo abrazándole.
—Te puedo acercar al supermercado con el coche —se ofreció mi prima— Es el mismo camino que tengo que hacer, para volver a casa.
—Está bien —dije con resignación.
Cogí las llaves de casa y nos dirigimos hacia el coche, para que mi primo me llevara al supermercado. Durante el camino, yo ya iba más relajada y estuvimos hablando.
—Dani —dijo mi primo para que le prestara atención— Quiero que me llames todos los días, mientras no vengan mis padres. Así sabré si estás bien o no.
—Está bien —dije con un poco de fastidio.
—En el caso de que no me llames —dijo Bill— Me veré obligado a venirte a buscar, y a llevarte otra vez conmigo a Berlín.
—No te preocupes, te llamaré todos los días si hace falta —dije a mi primo.
Llegamos al supermercado, y mi primo se despidió de mí con dos besos. Después yo bajé del coche, y me dirigí hacia el interior de ese supermercado. Ahora si que estaba libre, un poca sola, pero al fin y al cabo estaba libre y ya no tendría que soportar los insultos y las miradas asesinas de primo Tom.
Al entrar al supermercado cogí un carrito y me fui paseando por los pasillos en busca de lo que necesitaba, solo lo necesario nada de derrochar dinero porque si. A medida que iba pasando por ellos iba cogiendo y dejando en el carro. Finalmente cuando lo tuve todo comprado fue a la cola de la caja para hacer cola, pagar e irme a mi nueva casa. La cola iba avanzando lentamente, ya que había gente que parecía tener la casa completamente vacía, ya que llevaban los carros llenos hasta arriba y más si se podía. Cuando conseguí salir del supermercado iba con 3 bolsas en cada mano, iba sumida en mis pensamientos, cuando me crucé con una persona que me era conocida…
Continúa…