«Ich Brech Aus» Temporada II
CAPITULO 37
Narrador Omnisciente
—Es que me imaginé que cara pondría Bill, al verme con un picardías puesto –dijo Patri volviéndose a reír.
—No me lo quiero ni imaginar –dijo Daniela abriendo los ojos, al escuchar lo que dijo su amiga.
—Venga búscate uno de tu talla, y vamos a probarnos unos –dijo de repente Patri.
—¡¡Estás loca!! Yo no me pongo eso ni de coña, además no tengo a nadie con quien utilizarlo –dijo Daniela toda seria, cruzándose de brazos.
—Sólo es para divertirnos un poco, además no quiero que digas eso, ya verás que encuentras a alguien –dijo Patri animando a su amiga.
—Ojala, porque mi vida es una asco –dijo Daniela con tristeza– Estoy deseando cumplir los 18 años para formar mi vida propia.
—Venga enana, mejor no pienses en eso –dijo Patri.
Al final salieron de la tienda sin comprar nada de ropa interior, pero antes de volver a casa se fueron a tomar algo por ahí. Sobre las 8 de la noche, Patri volvió a llevar a Daniela a casa de sus tíos, para luego despedirse de ella.
—Gracias Patri, por haberme llevado por ahí –dijo Daniela a su amiga– La verdad es que pasar todo el día en casa sería un aburrimiento.
—Lo mismo digo Dani –dijo Patri abrazando a su amiga– Nos vemos…
—De acuerdo –dijo Daniela saliendo del coche– Hasta mañana.
Patri arrancó el coche después de que Daniela entrará a su casa, y se dirigió rumbo a su casa. Durante el camino llamó a Bill, por teléfono para contarle que todo ya estaba listo.
—Hola cariño –dijo Bill muy alegre.
—Está Tom por ahí –preguntó Patri asegurándose de que no escuchara la conversación que iba a tener.
—No tranquila, ha salido a comprar unas cosas que necesitaba para meter en su maleta –dijo Bill.
—Ah, vale perfecto –dijo Patri suspirando aliviada– Le he comprado a Daniela unos vestidos muy monos, sin que lo supiera.
—Genial, mételos en su maleta –dijo Bill, ya que Patri se había llevado la maleta de Daniela a su casa para que Dani no sospechara. Habían hablado con Simone días atrás, para que esta le proporcionara alguna ropa de verano que tenía guardada en cajas en el trastero de la casa.
—Vale –dijo Patri– Por lo que veo ya les has dicho a tu hermano lo del viaje.
—Sí, ha caído como un tonto –dijo Bill soltando una sonrisita picarona– Espero que no se enfade conmigo cuando descubra la encerrona.
—Jejejeje –se río Patri.
—Oye Patri… —dijo Bill.
—Dime… —dijo Patri susurrando.
—He pensado que durante esas dos semanas que Tom no este en casa –dijo Bill susurrando– Podrías venir a pasarte esas dos semanas conmigo, serían como unas vacaciones. Solos tú y yo… sin que nos molesten.
—Bueno me lo pensare, vale –dijo Patri sonriendo.
—Otra cosa… —dijo Bill a su novia– No te olvides de llamar a Dani, para convencerla de que pasado mañana te acompañe al aeropuerto para ir a llevarnos.
—Tranquilo, lo tengo todo calculado –dijo Patri– Bueno, cariño te dejo que ya estoy llegando a casa. Te quiero…
—Yo también te quiero –dijo Bill– Hasta mañana…
—Hasta mañana –contestó Patri despidiéndose.
Al día siguiente Patri metió las últimas cosas en la maleta de Dani y por la noche cuando ya estaba todo perfecto llamó a Dani para decirle que la acompañara. Estuvo hablando con ella de otros temas, cuando vio el momento oportuno le dijo que la acompañara al aeropuerto, Dani se negó rotundamente, pero Patri no se dio por vencida y le suplicó un sin fin de veces hasta que Dani ya cansada de sus constantes suplicas de niña pequeña aceptó acompañarla.
Llegó al día siguiente, y Patri había ido a casa de Bill y Tom a buscarlos. Bill llevaría su coche y después Patri sería la encargada de llevarlo otra vez a casa junto con Dani. El día anterior, Patri había quedado con Bill para así poder meter la maleta de Dani en el maletero del coche, y así no levantar sospechas. Patri entró en casa de los gemelos, y vio a Tom bajar por las escaleras con su maleta.
—Hola cuñadita –dijo Tom cargando su maleta— ¿Has visto a Bill?
—Si está afuera en su coche metiendo su maleta –dijo Patri, ya que Bill estaba afuera en el coche– Yo necesito ir un momentito al baño.
—Perfecto, entonces voy a meter mi maleta también en el coche –dijo Tom dirigiéndose hacia la puerta, para salir a la calle.
Tom salió de la casa, y se dirigió hacia el coche para poder meter su maleta. Bill estaba ya sentado en el asiento del conductor, esperando a que Patri volviera del baño. Minutos después, Patri cerraba la puerta de la casa de los gemelos con la llave que Bill le había dado previamente. Después Patri se sentó en el asiento de al lado del conductor, y Tom se sentó en los asientos traseros, para minutos más tarde arrancar el coche rumbo a la casa de su madre para ir a buscar a su prima Daniela.
—¿Ahora hacia dónde vamos? –dijo Tom cuando vio que Bill tomaba la dirección hacia Hamburgo.
—Vamos hacia el aeropuerto de Hamburgo –dijo Bill sin dar más explicaciones.
—Pero está dirección es la que tomamos para ir a casa de nuestra madre –dijo Tom de nuevo.
—Es que vamos a buscar a Daniela –dijo Patri de repente– Le dije ayer que nos acompañará, ya que yo después tendré que venir sola conduciendo el coche de tu hermano.
—Increíble… —dijo Tom susurrando y refunfuñando– Siempre tiene que estar mi prima en todos lados.
Llegaron a la casa de los padres de los gemelos, y Patri para que los gemelos no perdieran más tiempo fue a buscar a Daniela a casa. A los pocos segundos, Daniela salía detrás de Patri camino hacia el coche. Cuando vio a Tom sentado en la parte trasera del coche a Daniela le cambió la cara, ya que tendría que ir con él en el asiento de atrás. Dani abrió la puerta del coche, y se sentó en el hueco que había al lado de donde estaba Tom, se puso en cinturón de seguridad, y saludo a Bill pasando por alto a Tom.
—Yo también formó parte de la familia –dijo Tom con retintín.
—Lo siento es que no te había visto –dijo Dani irónicamente.
—Chicos, no empecéis –dijo Bill tratando de mediar paz, antes de que comenzaran a discutir.
Daniela y Tom se quedaron callados, sin decir ninguna palabra durante todo el trayecto hacia el aeropuerto. Una vez que llegaron, Bill aparcó el coche en el parking de él, y salieron del coche para coger las maletas. Bill y Tom se dirigieron hacia el interior del aeropuerto seguidos de Daniela y Patricia, que iban detrás de ellos. Cuando llegaron fueron a facturar las maletas, y tuvieron que esperar durante una hora para la salida del avión, conforme se iba acercando la hora en la que tenían que partir, Bill se estaba comenzado a poner un poco tenso ya que no sabía si su hermano iba a reaccionar bien cuando descubriera que todo era una encerrona y más bien se irían de viaje él y Daniela.
—Los pasajeros que tengan su vuelo destino a las Maldivas, que vayan a la puerta de embarque nº Tres –se escuchó decir a los altavoces del aeropuerto, avisando a los pasajeros de ese vuelo.
Tom se levantó de su asiento para dirigirse hacia la puerta de embarque, pero algo le hizo pararse en seco, cuando vio que su hermano Bill cogía su móvil con mucha urgencia. Suspiró con fastidio, maldito móvil por culpa de él iban a perder su vuelo. Bill se alejó un poco de ellos, y después de 5 minutos de estar hablando por el móvil se acercó a ellos.
—Por fin… —dijo Tom con cara de fastidio– Nos vamos, sino perderemos nuestro avión…
—Tom… —dijo Bill susurrando– Yo no puedo viajar a las Maldivas contigo.
—¡¡QUÉ!! –dijo Tom alucinando– Vas a fastidiar nuestras vacaciones, las únicas del año que tenemos para estar solos, nosotros dos.
—Lo siento Tom pero es trabajo, no puedo decir que no… —Bill se encogió de hombros.
—De puta madre o sea que voy a pasar las vacaciones solo, por que el viaje ya no se puede cancelar… —dijo con ironía Tom.
—Bueno…—Bill sonrió— Puede ir Dani contigo.
—¡A no! ¡Eso si que no! —dijeron los dos al unísono.
—Me voy solo —dijo Tom.
—Si hombre no pienso perder el dineral que cuesta ese viaje y el hotel. Con ese pastón me compraría muchas cosas —le dijo Bill.
—Aunque quieras que vaya no iré. Aparte no tengo equipaje —Dani se cruzó de brazos.
—Eso lo dirás tú, ya está facturado —dijo Patri sonriendo con malicia.
—¡Ah! —se indignó Dani— ¡Lo teníais preparado! —les señalo con el dedo índice.
—No me lo puedo creer… —Tom se indignó aún más que su prima.
—Lo hacemos por vuestro bien —dijeron Bill y Patri a la vez.
—No pienso ir —dijo Dani con convicción.
—Oh sí que irás, si —le dijo Patri convencidísima.
—Ya te digo yo que no —Dani se hizo la dura.
Después de un rato discutiendo, dieron el último aviso del vuelo. Bill se acercó sigilosamente a Dani y le abrazó por los hombros.
—A ver primita. Esto lo hacemos por tu bien, no queremos que Tom acabe matándote o tú a él, este viaje os ayudara a llevaros mejor… —le dijo Bill.
—¡Que no! ¡No voy a ir! ¡Me da igual el dinero y todo! ¡No, voy, a ir! —dijo pausadamente y con enfado. Dani no se dio cuenta que Bill iba arrastrándola hasta la puerta de embarque.
—Está bien, no vayas… —Dani sonrió— Por voluntad propia —siguió Bill y a Dani se le borró esa sonrisa. Bill llamó al de seguridad— Lo siento, pero es que le da un poco de miedo volar… Si fuera tan amable de ayudarme… —le dijo Bill.
—¿Qué? ¡No! ¡No tengo miedo a volar! —gritaba Dani y el de seguridad finalmente la metió para adentro.
—¡Esta me la pagaréis! —dijo Tom amenazante, mientras se dirigía a la entrada.
Una vez dentro del avión Dani estaba cruzada de brazos sobre sus pechos y enfadada mirando por la ventana, Tom estaba espatarrado como de costumbre y callado, pensando en múltiples maneras para matar a su hermano a la vuelta del viaje.
—Vamos hacer una cosa —dijo Tom intentando llamar la atención de Dani, pero ella ni le miró– Tú harás lo que quieras, y yo haré lo que quiera, nos hablaremos lo justo y lo necesario, y cualquier cosa no nos conocemos —una vez hubo puesto las cosas claras se puso música para evadirse del momento y intentar que el viaje se le pasara corto y desaparecer por las Maldivas nada más llegar.
Las horas pasaron lentas para ambos, pero en cuánto tocaron tierra los dos respiraron en profundidad como si fueran libres el uno del otro. Los dos juntos en silencio y en taxi se dirigieron al recinto del hotel, allí les dieron las llaves de su cabaña, y se fueron sin más. Al llegar dejaron los dos la maleta en lo que era el salón y Dani fue a buscar su cuarto con decisión pero se paró al ver que tan solo había una puerta. Detrás de ella fue Tom en busca de la suya, pero también se detuvo delante de ella, se miraron y la abrieron deseando que hubiera dos camas.
—Puedes quedarte con ella —dijo Tom al ver que tan solo había una cama, y era de matrimonio.
—Quédatela tú —le desafío su prima.
—¿Y donde dormirás, lista? —le dijo.
—¿Y tú? —empezaban a discutir nada más llegar.
—En la cama de cualquier tía que vea por aquí —Tom se sentó en el sofá del salón.
—Pues muy bien, mejor, desaparece y no vuelvas, sobre todo por la noche no vaya a ser que me pilles ocupada, ya me entiendes… —coqueteo Dani dejando a su primo con cara de pocos amigos.
Dani se fue dejando a Tom pasmado en el sofá y se fue a la que oficialmente sería su habitación. Abrió la maleta y miró que es lo que había dentro de ella.
—Será… —dijo al ver que todo lo que había en la maleta era lo que se probó estando con Patri— La mato… — murmuro de nuevo.
Siguió hurgando en la maleta y encontró de todo, cuando encontró un bikini que le gustaba se fue al baño y se lo puso junto con unos shorts y una camiseta básica blanca y unas chanclas. También cogió una toalla y salió de la habitación.
—¿Dónde vas? —dijo Tom.
—No habíamos quedado que tú hacías lo que querías y yo también. Pues adiós —abrió la puerta de la cabaña y se fue hacia la playa, no se alejó mucho de la casa, desplegó la toalla y se quitó la ropa para tumbarse sobre ella y dejar que el sol la bronceara.
Dani miró al mar que era completamente cristalino dejándola hipnotizada y empezando a soñar despierta. Pasada media hora sintió como el cielo se nublaba. Se levantó y abrió los ojos asustándose. No se había nublado, era un chico rubio y de piel bronceada con pinta de surfista de película.
—Hola —saludo el chico.
—Hola —sonrió Dani.
—¿Qué tal? —le preguntó el chico.
—Mmm, bien —el chico rubio se sentó a su lado en la arena.
—Disculpa no me he presentado, me llamo Maxi —Dani se sorprendió por el nombre, le gustaba era poco común de donde ella venía.
—Yo soy Dani —le sonrió.
—¡Que nombre más bonito! ¿De dónde eres tu acento inglés es raro? —le dijo Maxi.
—Española pero llevo años viviendo en Alemania. ¿Tanto se nota? —se sonrojó.
—¿Eres alemana? Yo tengo familia alemana —le dijo esta vez en alemán.
—¡Qué casualidad! —Dani y Maxi empezaron a hablar y conectaron muy bien. Hablaron de que hacía aquí, y Dani le contó que estaba de vacaciones con su primo y Maxi estaba con su hermana mayor.
—Oye esta noche hacen una fiesta aquí en la playa, hay que ir completamente de blanco, ¿te apetece venir conmigo? Es que no conozco a nadie —se sincero Maxi con ella.
—Me encantaría —aceptó Dani encantada.
Daniela y Maxi estuvieron hablando durante un buen rato, al parecer habían conectado demasiado bien, cosa que a Tom no le gustó nada cuando salió de la cabaña, para dar una vuelta por las Maldivas y vio a su prima con ese chico, haciendo que una ira interior recorriera el corazón de Tom. Después de eso se fue a un chiringuito, a tomarse algo fuerte y así poder encontrar a alguna chica con la que pasar una noche muy loca y fogosa.
Tom llegó al chiringuito que no estaba muy lejos de la playa, ni de su cabaña, y se sentó en la barra, pidiéndose un vaso de whisky, que al final no fue un whisky sino varios. Estaba ensimismado contemplando el vaso y pensado cuando escuchó una voz hablar detrás suya.
—No me puedo creer que seas tú –dijo esa voz con emoción— ¡¡Dios mío!! Eres Tom Kaulitz…
Continúa…