«Ich Brech Aus» Temporada II
CAPITULO 47
Narra Daniela
—Buenas tardes, Bella durmiente –dijo mi primo sonriéndome dulcemente.
—¿He dormido tanto? –pregunte a mi primo, al darme cuenta que ya era por la tarde.
—Si, has dormido 5 horas –dijo mi primo– Te despierto porque van a pasar el carrito con la cena.
—Gracias, que hambre tengo –dije a mi primo mientras me tocaba mi estomago— ¿Sabes a que hora llegaremos?
—Escuché decir a una de las azafatas que llegaremos de madrugada –dijo mi primo.
—Entonces hay que avisar a tu madre y a Bill para que nos vayan a buscar –dijo a mi primo Tom, mientras buscaba mi móvil pero mi primo me lo quitó de las manos.
—Ahora no podemos, que tenemos que tener los móviles apagados –dijo mi primo guardando mi móvil en uno de los bolsillos de su gran sudadera.
—Pero… entonces no nos podrán ir a buscar –dije a mi primo con preocupación– Porque no vamos a llamarlos de madrugada.
—Bueno, podemos pasar nuestra primera noche en Alemania, en una habitación de un hotel –dijo mi primo– Y luego al día siguiente, les avisamos que hemos llegado.
—Tú crees… —dije dudosa en susurros.
—A ver a Bill no le va mucha gracia que lo despertemos de madrugada y a mi madre tampoco –dijo mi primo mirándome fijamente– Así que será mejor que pasemos la noche en un hotel.
—Está bien… —dije a mi primo.
Al poco rato una de las azafatas empezó a repartir la cena entre los pasajeros del avión. A mí cada vez se me hacía la boca agua, y no veía el momento en el que la azafata nos diera nuestra bandeja correspondiente de la cena, a mi primo y a mí. Cuando llegó nuestro turno se lo agradecí a dios muy merecidamente, y comencé a comer mi cena con mucha rapidez, sin esperar a tragar lo que tenía en la boca.
—Dani… Para –dijo mi primo al verme tragar apresuradamente la cena– Te vas a atragantar.
—Mmmm que rico… Tengo hambre –le dije a mi primo aún con la boca llena.
—Vale pero no hace falta que comas con tanta desesperación –dijo mi primo mirándome– No entiendo porque te ha entrado tanta hambre repentina, cuando llegamos a las Maldivas no comías de esa forma.
—Estoy en crecimiento –dije a mi primo arqueando las cejas.
—Vale no hace falta que me mates –dijo mi primo zanjando el tema para no discutir.
Las horas fueron pasando, hasta que las azafatas nos volvieron a ordenar que nos pusiéramos los cinturones ya que se iba a proceder con las maniobras de aterrizaje. Cuando el avión consiguió aterrizar todos los pasajeros que estábamos en el avión poco a poco fuimos desabrochando los cinturones, y fuimos levantándonos de los asientos, para dirigirnos a la puerta de salida del avión.
Fuimos bajando por las escaleras, que nos habían puesto para bajar del avión y pude observar todo mi alrededor, y un recuerdo vino a mi cabeza de la primera vez que pisé Alemania hacia ya 4 años, cuando tan solo era una niña de 11 años. El día estaba completamente nublado, no tenía nada que ver con el clima meteorológico que habíamos dejado en las Maldivas, calor y mucho más calor…
Una vez que estuvimos en el edificio del aeropuerto, mi primo y yo fuimos a recoger nuestras maletas. En el aeropuerto todo estaba en calma, eso quería decir que no había ninguna posible fan cerca merodeándolo la zona, para poder acercarse a mi primo. Salimos en busca de un taxi, una vez que tuvimos todas nuestras maletas, mi primo levantó la mano para parar un taxi, que se acercaba a la parada que estaba vacía. El conductor salió del taxi y metió nuestras maletas dentro del maletero, después entramos mi primo y yo a la parte de atrás, para luego entrar el taxista en el coche.
—¿A dónde os llevo jóvenes? –dije el taxista muy amablemente.
—Al Hotel Sofitel Hamburg Alter Wall –dijo mi primo al taxista.
—Muy bien en un periquete llegamos allí –dijo el taxista arrancando el coche.
El trayecto nos llevo muy poco como dijo el taxista, a los 20 minutos ya estábamos enfrente de la puerta principal de ese gran hotel, que era muy lujoso. Yo no dejaba de mirar impresionada todo el edificio, y me hizo pensar que mi primo debería tener mucho dinero para pagar una noche en ese hotel, porque era de 5 estrellas y las habitaciones deberían de ser muy caras. Mi primo se dispuso a pagar el taxi, y el conductor nos ayudó a sacar las maletas del maletero del coche. Entramos dentro del hotel, antes de que alguien reconociera a mi primo. Nos dirigimos hacia la zona de recepción del hotel, y así poder pedir una habitación. Mi primo me agarro de la mano, para que yo le siguiera y no me quedará atrás.
—Buenas noches… —dijo la recepcionista con una sonrisa en los labios– ¿En que puedo ayudarles?
—Deseo una habitación para pasar esta noche –dijo mi primo.
—Muy bien, ¿Cómo prefieres la habitación con dos camas individuales o con una cama de matrimonio? –dijo la recepcionista clavando su mirada en mí.
—Con cama de matrimonio, por favor –dijo mi primo– Ah, y podrías mandarme una botella de champán con dos copas.
—Por supuesto –dijo la recepcionista muy amablemente, pero a la vez clavando de nuevo su mirada en mí– Tenga la llave de la habitación, es la número 403, está en la planta 4. Espero que paséis una noche agradable, y que disfrutéis de nuestras instalaciones.
Mi primo y yo nos dirigimos hacia los ascensores, mientras escuchaba el murmullo de los empleados del hotel. Seguramente habían reconocido a mi primo, y ahora yo sería la supuesta aventura de una noche de mi primo.
—[i]Es Tom Kaulitz…[/i]—dijo una voz femenina, que solo pude escuchar yo.
—[i]Si… viene con una de sus grouppies[/i] —dijo una voz femenina, que reconocí como la chica de recepción— [i]Lástima que por la mañana se olvidará de ella, como hizo con otra chicas. Con lo bien mona que es… [/i]
—[i]Si…[/i] —dijo la otra voz.
Mi primo y yo nos metimos en el ascensor, y marcamos en el cuadro de mandos del ascensor, la planta número cuatro. Yo iba en silencio, la verdad es que me pareció muy mal que mi primo me trajera al mismo hotel donde se revolcaba con sus grouppies. Salimos del ascensor y nos fuimos a la habitación, dejamos las maletas a un lado, y yo me senté en la cama, el viaje había sido agotador.
—¿Qué te pasa Dani? Te notó muy pensativa –dijo mi primo sentándose a mi lado.
—Nada… Solo que estoy cansada, ya sabes el viaje –dije a mi primo.
—Bueno pues ahora podrás descansar –dijo mi primo.
Al poco rato tocaron a la puerta, era un mozo que traía lo que mi primo había pedido en recepción. Pasó al interior de la habitación y dejó la bandeja encima de una mesa que había al fondo de la habitación.
—Que tenga una buena noche –dio el chico despidiéndose, no si antes meter en el bolsillo la propina que mi primo le había dado, para luego salir de la habitación.
Nos quedamos a solas en la habitación, y mi primo fue a descorchar la botella de champán, haciendo que un ruido seco inundara la habitación, y echando después un poco de champán en cada copa. Después dejo la botella en el cubo con hielo, y me acercó una de la copas.
—Por nuestro futuro –dijo mi primo levantando la copa, invitándome a brindar con él.
—Por nuestro futuro… —dije en un susurro, chocando mi copa con la de él.
Después me quitó la copa de la mano, y la apoyo en una de las mesillas que había al lado de la cama, para luego apoderarse de mis labios, de mi cuerpo y volví a ser suya otra vez…
Narra Tom
Habíamos llegado a Hamburgo de madrugada, y había decidido que fuéramos a pasar la noche mejor a un hotel, ya que a esas horas no veía lógico despertar a mi hermano y mi madre, para que nos vinieran a buscar en sus respectivos coches. Así que, convencí a mi prima, para pasar juntos la noche en un hotel, y al día siguiente llamar a mi hermano y a mi madre para que nos vinieran a recoger.
Al llegar a recepción, pedí una habitación con una cama de matrimonio. Observé como la chica que estaba en recepción, miraba disimuladamente a mi prima, se estaba pensando que era una grouppie seguramente, ya que en varias ocasiones había acudido a este mismo hotel en diversas ocasiones, con alguna que otra grouppie para tener sexo de una sola noche.
Cuando nos fuimos al ascensor, escuché como la chica de recepción le decía a otra chica, que mi prima era una grouppie y que esperaba que yo no jugara con ella como lo hice con otras chicas, que también estuvieron conmigo en este hotel. Yo hice oídos sordos, pero me di cuenta que Dani si había escuchado algo de esa conversación. Cuando llegamos a la habitación mi prima se sentó en la cama, y estaba muy pensativa. Yo le pregunté si le pasaba algo, y ella solo me dijo que estaba un poco cansada del viaje. Al poco rato de estar en la habitación, llamaron a la puerta y era un mozo que nos traía el champán que había pedido en recepción. Después de que se fuera descorché la botella y eché el champán en las dos copas, para luego pasar una a mi prima y brindamos por nuestro futuro.
Esa noche la aprovechamos al máximo, tanto que volvimos a hacer el amor. Después mi prima se quedó dormida entre mis brazos y la tapé con la sábana de la cama, para que no le cogiera el frió, ya que estábamos completamente sudados. Lentamente fui cerrando los ojos hasta que también me quede dormido.
Los rayos del sol iluminaron la habitación, haciendo que frunciera el ceño porque la luz me estaba molestando. Abrí los ojos lentamente y vi que ya era de día, concretamente las once y media de la mañana, que era la hora que marcaba mi reloj de pulsera. Mi prima dormía plácidamente sobre mi pecho, y unos mechones rebeldes caían por su cara. Parecía un ángel… Lentamente me acerqué a ella, y le di un beso en la punta de la nariz haciendo que mi prima moviera la nariz, como tratando de apartar lo que le estaba molestando. Me reía internamente por lo graciosa, que estaba la situación. Le volví a besar esta vez en los labios, haciendo que mi prima lentamente abriera los ojos.
—Buenos días, princesa –dije a mi prima sonriendo— ¿Qué tal has dormido?
—Genial, pero lo que más me ha gustado ha sido el despertar –dijo mi prima acercándose otra vez a mí, para volver a besarme.
—Te quiero… —dije mientras sus labios me volvían a atrapar.
—Ya lo sé… —dijo mi prima sonriéndome con una enorme sonrisa.
—Será mejor que nos vayamos a desayunar –dije a mi prima– Después tenemos que llamar a Bill.
—Si –dijo mi prima, para luego levantarse de la cama y buscar su ropa.
Luego me levanté yo también de la cama, y busqué mis bóxers, para luego vestirme completamente. Mi prima y yo cerramos nuestras maletas, y bajamos a recepción. Pagué la estancia y nos fuimos a desayunar a la cafetería del hotel, más tarde llamaría a mi hermano Bill. Entramos en la cafetería y pedí dos desayunos, de los cuales te viene con el café, un zumo de naranja natural y bollería. Cuando nos lo trajeron mi prima empezó a tomárselo hambrienta y con desesperación. Cuando acabamos de desayunar pagué los desayunos, y salimos afuera donde llamé a mi hermano por el móvil.
—Tom… —dijo mi hermano con voz de dormido a través del móvil— ¿Qué tal?
—Bien… Oye Bill puedes venir a buscarme –dije a mi hermano.
—¿A dónde? ¿A las Maldivas? –dijo mi hermano confundido.
—No idiota a Hamburgo –dije a mi hermano.
—¡¿Qué?! Ya habéis regresado –dijo mi hermano alterado– Se me olvidó que regresabais ya.
—Hemos vuelto ayer de madrugada –dije a mi hermano– Pero preferí avisarte ahora de mañana.
—Bueno, no pasa nada –dijo mi hermano– Ahora me visto y voy a buscarte ¿Estáis en el aeropuerto?
—No, estamos en el Hotel Sofitel Hamburg Alter Wall –dije a mi hermano.
—¿Y qué coño haces allí? –dijo mi hermano un poco alterado.
—Bill, hemos pasado la noche en él –dije a mi hermano con voz cansina, me estaba arrepintiendo de haber vuelto de vacaciones.
—Bueno, pues en media hora estoy allí –dijo mi hermano.
—Ok –dije a mi hermano para después colgarle el teléfono.
—¿Qué te ha dicho? –me preguntó mi prima.
—Que en media hora venía a buscarme, el muy idiota se había olvidado de que regresábamos hoy de madrugada —dije a mi prima– Vamos a dar una vuelta o algo mientras tanto.
—No, prefiero quedarme aquí —dijo mi prima sentándose en una de las grandes macetas decorativas, que había a la entrada del hotel.
—Vale –dije a mi prima sentándome al lado de ella– Hazme un hueco…
—Está bien… —dijo mi prima con voz cansina.
Estuvimos en silencio durante varios minutos, mi prima apoyó su cabeza en mi pecho, mientras que yo le pase mi brazo por encima de sus hombros. Luego le día un beso en la sien derecha a modo de cariño, sin hacer que pareciera cualquiera cosa fuera de lo normal de una relación de primos. Pasados 35 minutos, Bill se dignó a aparecer con su Audi plateado. Bajo la ventanilla del coche y nos saludó.
—Hola capullo –dijo mi hermano desde el coche.
—Llevamos dos semanas sin vernos, y solo se te ocurre saludarme con un hola capullo –dije a mi hermano frunciendo el ceño.
—Hola princesa –saludó mi hermano a nuestra prima.
—Hola Bill –saludó Dani a mi hermano.
—Ven aquí –dijo mi hermano saliendo del coche, y abriendo los brazos para que nuestra prima lo abrazará— ¿Te lo has pasado bien en el viaje?
—Bueno… pudo estar mejor –dijo mi prima mirándome de reojo.
Continúa…