«Ich Brech Aus» Temporada II
CAPITULO 48
Narra Tom
—Que morena te has puesto –dijo Bill a nuestra prima– Te sienta bien el moreno.
—Gracias, Bill –dijo mi prima sonriendo.
—Y a mí no me dices nada de cómo me sienta el moreno –dije a mi hermano con un poco de celos.
—No… sigues estando feo –dijo mi hermano abriendo el maletero del coche y metiendo nuestras maletas.
—Pues siento decirte que eres idéntico a mi –dije a Bill picándolo– Así que te has llamado feo a ti mismo.
—Yo estoy más mejorado que tu –me replicó mi hermano– Bueno, ¿Vais a entrar en el coche o os quedáis afuera?
Nos metimos en el coche, yo me senté en el asiento del copiloto y Dani se sentó en el asiento de atrás. Mi hermano arrancó el coche para llevar primero a nuestra prima a casa de nuestra madre, después iríamos a nuestra casa. El trayecto duró más de veinte minutos, y mientras tanto le íbamos contando a Bill lo que habíamos pasado en las Maldivas, y sobre todo nuestra prima estaba muy emocionada por lo bien que lo había pasado. Y Bill se le veía contento, sobre todo al comprobar que nos habíamos reconciliado.
—Bueno veo que las vacaciones han sido muy productivas –dijo mi hermano sonriendo mientras no quitaba la vista de la carrera– Me alegra mucho de que os hayáis reconciliado.
—Eso no se hubiera hecho, si tú y tu novia no nos hubieras hecho la encerrona –dije a mi hermano sonriendo– Aunque me la debes, por haberme mentido diciéndome que nos íbamos de vacaciones y al final, me dejaste plantado…
—Lo siento, pero era la única forma de que os pusierais a bien –dije mi hermano– Pero no obstante a los pocos días tuve que hacer un trabajito…
—¿Qué trabajo? –pregunté a mi hermano intrigado.
—Bueno, me han llamado para doblar la segunda parte de Arthur y los minimoys –dijo mi hermano sonriendo.
—Eso es genial –dije a mi hermano muy contento.
Mi hermano aparcó el coche justo enfrente de la casa de nuestra madre, luego salimos del coche y mi hermano sacó del maletero las maletas de Dani, y fuimos a la casa. Llamamos a la puerta, y pudimos escuchar los ladridos de Mantequilla que se puso todo histérico, al poco rato nuestra madre abrió la puerta.
—¡¡Tom!! ¡¡Bill!! ¡¡Dani!! –dijo mi madre abriendo la puerta y abrazándonos a cada uno– Os he extrañado tanto.
—Pero mamá –dijo Bill a mi madre– Si nos hemos visto hace dos días.
—Ya lo sé pero ahora tengo a mis otros dos pequeños –dijo mi madre abrazándonos a mí y Dani.
—Mamá ya no somos tan pequeños –dije a mi madre.
—Ya lo sé… — dijo mi madre con algo de nostalgia – Sé que dentro de un par de años estaréis casados, y Dani que es la pequeña de la familia volará del nido familiar… y ya no tendré a quien cuidar.
—Pero siempre queda la opción –dijo Dani a mi madre– Que tú y Gordon tengáis un hijo…
—Nooo… cariño –dijo madre abriendo los ojos desmesuradamente– Ya me llegó con cuidar de vosotros…
—Bueno, pues entonces cuidarás de los hijos de Bill y Tom –dijo mi prima sonriendo– Y los míos también…
—Claro, seré una super abuela –dijo Simone riéndose por lo que había dicho Daniela– Anda pasar adentro, sino queréis que se agrupen un centenar de fans enfrente de nuestra puerta.
Entramos en casa de mi madre, y nos hizo sentar en el gran sillón del salón y seguimos hablando. Mientras hablábamos mi prima aprovechó para ir a dejar su maleta a su habitación, al cabo de unos minutos regreso de nuevo y se sentó al lado mía. Estuvimos muy entretenidos explicando a mi madre como había sido nuestras vacaciones obligadas, y Bill le explicó como le estaba yendo en el doblaje de la película, y que cuando acabará nos meteríamos de lleno en el estudio de grabación, para grabar las nuevas canciones de nuestro próximo disco.
—¿Así que os lo pasasteis genial? –dijo mi madre mirándonos.
—Si –dijo mi prima– Es un sitio muy bonito, y sabes una cosa… He ido a bucear, y era todo muy precioso había corales y muchos peces exóticos en el fondo de mar.
—Me alegro mucho –dijo mi madre sonriéndole a Dani con una sonrisa tierna— ¿Arreglasteis vuestras diferencias?
—Bueno… —dijo mi prima pensándose lo que iba a decir– Un poco, por lo menos ahora no nos tiramos los trastos a la cabeza.
—Eso es verdad –añadí corroborando lo que había dicho mi prima.
—Volvemos a ser los dos primos inseparables, que fuimos desde que era pequeña –dijo mi prima sonriéndome– Yo a Tomi lo quiero mucho, es como un hermano mayor para mí.
—Y eso espero –dijo mi madre mirándonos– Aunque ahora deberías dedicarte a los estudios y no pasar tanto tiempo con Tom.
—Pero… es que me siento muy a gusto con él –replicó mi prima a mi madre.
—Dani… Tom tiene muchos asuntos importantes que hacer –dijo mi madre– Y no quiero que los deje de lado, porque tenga que estar pendiente de ti todo el día.
—Mamá pero tendré algo de tiempo, para que Dani pueda venir a pasar los fines de semana a nuestra casa de Berlín –dije a mi madre, no quería que me apartará de mi prima.
—Pero no todos los fines de semanas, que tendrá que estudiar algún que otro para los exámenes del instituto –dijo mi madre severamente.
—Está bien… —dije a mi madre, no quería discutir.
Las horas fueron pasando y nos dimos cuenta que ya era la hora para ir a comer, nos íbamos a ir mi hermano y yo pero mi madre nos invitó a quedarnos a comer. Así que aceptamos y estuvimos poniendo entre Bill, Dani y yo la mesa, mientras mi madre preparaba la comida. Cuando mi madre ya casi tenía lista la comida, llegó nuestro padrastro a la casa, alegrándose mucho al vernos. Nos sentamos a la mesa, y estuvimos conversando de muchas cosas, nuestro padrastro se interesó mucho por nuestra próxima grabación del disco, y que tipo de música íbamos a meter.
Así que poco a poco, se fue pasando la tarde entre risas y alguna que otra copita de licor. Ya estaba anocheciendo y mi hermano y yo decidimos que ya era hora de levantar el culo del sillón e irnos para la casa, así que nos despedimos de Gordon, de mi madre y de Dani. Ya íbamos a salir por la puerta de casa, cuando mi prima me llamó a mí.
—Tomi… —dijo mi prima susurrando.
—Dime mi princesa –dije acercándome a ella, mientras mi hermano Bill me decía con señas que ya se iba al coche.
—Te quiero –dijo mi prima abrazándose a mí– Te voy a extrañar.
—Yo también te quiero mucho y también te voy a extrañar –dije a mi prima abrazándola fuertemente a mí, mientras que disimuladamente la escondía detrás de una columna, para luego besarle en los labios con un beso corto y rápido– Cuídate y no vemos…
—Adiós… —dijo mi prima mientras yo salía por la puerta para luego dirigirme al coche junto a mi hermano.
UN MES DESPUÉS
Narra Daniela
El tiempo ha pasado tan deprisa, que ya hace casi un mes que no he visto a mis primos. Se han metido de lleno en la grabación de su disco, y yo tengo que ir al instituto y cada día, me ponen montones de deberes y aparte tener que estudiar para numerosos exámenes que me hacen. La vida de estudiante es una caca, hoy a primera hora tengo educación física y tengo que hacer una prueba física de resistencia, y no me gusta hacer ejercicio siempre acabo toda sudada y después más clase por encima. Mi tía Simone no me deja ir a ver a mi primo Tom siempre me pone la excusa que ellos están ocupados grabando su disco y que no quiere que les moleste. Que asco de vida…
Preparo mi mochila rápidamente con todo lo que tengo que llevar al instituto, mi tía Simone me acercará de camino al trabajo, aunque solo queda a unas cuadras de nuestra casa, pero se ha ofrecido a llevarme y no le iba a decir que no, ya que últimamente me encuentro muy cansada y el simple hecho de llevar la mochila cargada con libros me agota.
Bajo las escaleras con un poco de prisa y me encuentro a mi tía Simone con mi bolsa de almuerzo para llevar al instituto, y se está tomando su café apresuradamente mientras que me sirve en una taza el mío, y me pone unas tostadas para que me las coma, últimamente me dice que como muy poco y que tengo que comer más.
—Dani cielo, desayuna rápido porque sino llegarás tarde al instituto –dijo mi tía Simone mientras me daba un beso en la mejilla— ¿Hoy no tenías la prueba física de resistencia en educación física?
—Si… por desgracia –dije con desgana y comiéndome la tostada forzadamente.
Al cabo de dos minutos, ya estábamos saliendo por la puerta para ir hacia al instituto. Cosa que en solo diez minutos, llegamos con el coche. Me desabroche el cinturón de seguridad y me despedí de mi tía, y me fui hacia el interior del instituto. Entre en el vestuario de chicas, para cambiarme y ponerme el chándal para hacer la prueba de educación física. Poco a poco las demás compañeras de mi clase fueron entrando en el vestuario, y los cinco minutos ya estábamos en el gran patio del instituto para hacer la prueba, el profesor de educación física ya tenía el cronometro en la mano, y un silbato para dar la salida del comienzo de la prueba.
—Venga chicos, poneros en vuestras posiciones que vamos a comenzar la prueba para poder evaluaros –dijo el profesor a nosotros mientras nos acercábamos a lo que se suponía que era la línea de salida– Preparados… Listos… ¡¡Ya!!
Empezamos a correr de una forma constante y respirando por la nariz, y echando el aire por la boca, para no cansarnos fácilmente. Después de un buen rato de carrera, los chicos de mi clase empezaron a aumentar su ritmo, y yo por desgracia empecé a marearme, no sé como explicarme pero sentía que me faltaba el aire, así que después de hacer una vuelta que casi no llego hacer, me acerqué al profesor para decirle si podía parar de hacer la prueba, que no me encontraba bien. El profesor me dijo que fuera al baño, y me refrescará un poco la frente con agua fría y así se me pasaría el mareo antes.
Bajo la atenta mirada de muchos compañeros de clase, que miraban con un poco de enfado de que me salvará de la prueba, me dirigí a los servicios. Me acerqué a una pica y abrí el grifo y me moje la cara, tal cual como el profesor me había dicho. El calor que recorría por mi cara había disminuido y me sentía un poco mejor, pero la sensación de mareo persistía tanto fue así que unas náuseas llegaron a mi boca, y tuve que echar el desayuno completamente por el retrete. Ahora mi cara estaba completamente pálida. Pero aún así asistí al resto de las clases, tenía que coger mogollón de apuntes, ya que en los próximos días empezaríamos con los exámenes, aunque ya habíamos hecho algunos exámenes durante estos días de algunas asignaturas.
La mañana se me hizo eterna, el reloj que estaba colgado en la pared de clase, parecía que no se movían del sitio las agujas. Cuando por fin sonó el timbre de clase, un suspiro aliviador salió de mi garganta, por fin podría irme a casa y descansar para luego ponerme a hacer todos los deberes que me habían puesto ese día, más estudiar para algunos exámenes. Salí lentamente del aula, estaba completamente agotada, ni que hubiera corrido los 100.000 metros lisos, aunque algo de ejercicio había hecho por la mañana, pero era un cansancio y un malestar general que no sabía porque lo tenía.
Cuando salí al exterior del instituto me dispuse para ir caminando hacia casa, cuando escuche la bocina de un coche llamar mi atención, como no sabía quien podría ser seguí caminando y sin hacer caso omiso a ese llamado. Di dos pasos, y escuche la voz grave tan característica de mi primo, me giré y vi que me estaba hablando desde su coche con la ventanilla bajada.
—Dani… no me has escuchado –dijo mi primo mirándome.
—Tomi… —dije con alegría, llevaba cerca de un mes sin verle y eso me alegraba muchísimo– Te he extrañado muchísimo.
—Yo también enana, venga sube al coche –dijo mi primo desbloqueando la puerta que había en el lado del copiloto– ¿Qué tal en el instituto?
—Bueno… —dije una vez que me senté en el asiento de al lado y me puse el cinturón de seguridad– Nos están matando a muchos deberes y exámenes. La próxima semana tengo cuatro exámenes, y no sé donde voy a sacar el tiempo para estudiar y poder hacer todos los deberes que me ponen durante la semana.
—Bueno, tendrás que tomártelo con paciencia –dijo mi primo sonriéndome– ¿Te apetece acompañarme a hacer unas cosas?
Continúa…