«Ich Brech Aus» Temporada II
CAPITULO 53
Narra Daniela
No me podía creer lo que me había acabado de decir mi primo, siempre pensé que cuando ocurriera esto él me apoyaría. Pero por lo visto le importó un comino, y se quiere deshacer del problema. Mi primo conduzco velozmente por las calles de Hamburgo en busca de una farmacia que estuviera abierta para hacerme comprar un test de embarazo, ya que si iba él a comprarlo se metería en problemas.
—Baja –dijo mi primo con voz seria– Entra en esa farmacia y cómprate un test de embarazo.
—No… —dije a mi primo replicándole.
—Mira Daniela me vas hacer, y te vas a ir a comprar ese test o tendré que tomar mis medidas –dijo mi primo amenazándome.
Salí sin decirle ninguna palabra, pero antes de cerrar la puerta mi primo me dio un billete de 50 euros, para comprarme el test. Después cerré la puerta con un gran portazo haciendo que mi primo me mirara con mirada acusadora y muy cabreado, lo había olvidado era su coche, y es como su bebe.
Di unos pasos dudosos hasta que conseguí acercarme a la puerta de la farmacia, no podía echar a correr porque mi primo me estaba vigilando desde el coche, y aunque logrará escabullirme de él, siempre me encontraría porque su coche es muy veloz, y llegaría rápido a las calles por donde estuviera caminando. Respiré profundamente y abrí la puerta de la farmacia, dirigiéndome hacia el mostrador que estaba ocupado por una señora mayor, que me miraba con cara extrañada.
Interior de la Farmacia
—Buenas tardes –dije con voz temblorosa y asustada.
—¿Qué deseas? –me preguntó la señora mirándome fijamente a los ojos.
—Verás yo quería… un test de embarazo –dije tartamudeando.
—Bueno… Hay de varios precios dependiendo de la efectividad del test –dijo la farmacéutica mirándome de reojo.
—Bueno… me podría recomendar alguno, es que yo nunca he comprado un test –dije a la farmacéutica.
—Bueno tienes este que te pone en esta pantallita digital si estás embarazada y de cuantos meses –dijo la farmacéutica.
—¿Es efectivo? –pregunté a la farmacéutica.
—Pues si… es muy fiable –dijo la farmacéutica mirando la caja en la que estaba guardado– Este te cuesta 20 euros…
—¿Y otro más económico? –dije a la farmacéutica.
—Bueno, tienes este que no es tan fiable como el otro –dijo la farmacéutica– En esta parte del test tienes que poner la orina, y bueno te lees las instrucciones de uso mejor que ahí te explica todo.
—¿Y cuanto vale? –pregunté a la farmacéutica, un poco nerviosa ya sentía la mirada de mi primo clavarme por la espalda desde el coche.
—Pues 9,95 euros –dijo la farmacéutica– La juventud de ahora no sabe utilizar métodos anticonceptivos…
—Ha sido un accidente… —dije a la farmacéutica incómoda– Además seguro que es una falsa alarma… solo lo compro para asegurarme. Creo que me voy a llevar el de 9,95 euros.
—Pero creo que te quedarías más tranquila llevándote el otro –dijo la farmacéutica– Es más fiable…
—No me llevo ese –dije señalándole el que valía 9,95 euros.
—Bueno, está bien –dijo la farmacéutica.
La farmacéutica me cobró y pague con los 50 euros, que me había dado mi primo. Me despedí de ella, y después salí de la farmacia. Observé a mi primo que me mirada desde el coche con cara de cabreo, seguramente había tardado demasiado, pero es que en verdad me compré el test menos fiable porque quería proteger a mi hijo, ya más adelante me compraría en otra farmacia otro más fiable para confirmarlo, pero ahora me convenía que este test diera negativo.
Exterior de la Farmacia
—Te has tardado demasiado –dijo mi primo cabreado, mientas cerraba la puerta del copiloto y me ponía el cinturón de seguridad.
—Es que me estuvo mostrando varios modelos –dije en modo de excusa, aunque había sido verdad.
—Habrás comprado el más efectivo –dijo mi primo mirándome inescrutablemente.
—Claro… —dije en un susurro.
—Así me gusta, que me hagas caso –me dijo mi primo mientras apoyaba su mano encima de mi pierna cerca de mi entrepierna, yo me quedé mirando con cara de asco su mano.
—Quítame la mano de encima –dije a mi primo escupiendo rabia y asco– No quiero que me toques, te odio más que nunca.
—Primero hazte la prueba de embarazo, después ya te puedes olvidar de mi –dijo mi primo sin ninguna muestra de afecto hacia a mi.
—Eso lo haré con mucho gusto, no quiero volver tu asquerosa cara delante de mí –dije con rabia y odio.
—Me alegra que por lo menos estés de acuerdo en algunas cosas conmigo –dijo mi primo sonriéndome retorcidamente.
Arrancó es coche, y fuimos por las calles de Hamburgo, hasta llegar a la autopista que era para ir hacia Berlín. Seguramente quería llevarme a la casa de ellos, porque sabía que Bill a esas horas no estaría sino que estaría con Patri, pasando el resto de la tarde. Así que la casa estaría completamente para nosotros, y estaríamos a solas.
—¿Adónde vamos, Thomas? –dije a mi primo cuando vi que se metía por la autopista.
—Desde cuando me llamas Thomas, antes era Tom –dijo mi primo un poco molesto.
—Tú mismo lo has dicho antes eras Tom, ahora eres Thomas –dije a mi primo– No me has contestado a donde vamos.
—No creo que me haga falta decirte a donde vamos –dijo mi primo– Si perfectamente conoces el camino.
Me quedé en silencio, contemplando el paisaje por la ventana del coche de mi primo. Hasta que después de veinte minutos, llegamos a casa de mi primo. Aparcó el coche en el garaje y me hizo bajar del coche sin rechistar. Después entramos en la casa y me llevó a su cuarto, cerrando este con llave para así evitar que me fuera, una vez dentro hizo que me metiera dentro del baño para echar en un frasquito de plástico un poco de orina y así manchar la superficie del test de embarazo, después tocaba esperar diez minutos, los diez minutos más agobiantes y más estresantes de toda vida. Solo rezaba interiormente para que el test diera negativo, y así poder librarme de mi primo.
—Ya han pasado 10 minutos –dijo mi primo secamente– Vete a mirar el resultado.
Fui al baño, donde se encontraba la prueba del embarazo y la mire detenidamente mostraba una rayita bastante destacable, eso quería decir que había dado negativo que no estaba embarazada. Sonreí internamente para mí, había sido una falsa alarma o el test se había puesto a favor mía. Escuché la voz de mi primo llamarme desde la habitación.
—¿Y…? –dijo mi primo con mirada penetrante.
—Negativo… —dije en un susurro.
—Seguro, no me estarás mintiendo –dijo mi primo incrédulo.
—Joder, Thomas es verdad –dije a mi primo tendiéndole el test– Compruébalo por ti mismo, muestra una rayita eso significa que no estoy embarazada.
—Más te vale, que no me estés mintiendo –dijo mi primo amenazante.
—Te estoy diciendo la verdad –dije a mi primo cansinamente– Ahora que ya te has quedado tranquilo, me puedes llevar a casa.
—Está bien… —dijo mi primo mirándome mal– ¿Porqué te guardas el test en tu bolso?
—Porque lo voy a tirar en un sitio seguro –dije a mi primo– No es plan de dejarlo en el cubo de la basura de casa, para que después Bill se enteré de todo.
—Mejor, por lo menos piensas –dijo mi primo mirándome con superioridad.
—Bueno… me llevas a casa o tendré que cogerme un autobús de regreso a casa –dije a mi primo molesta por la actitud que estaba tomando conmigo.
—Tranquila, te llevo a casa no quiero que después mi madre me eché la bronca porque no hayas llegado a casa –dijo mi primo con voz grave.
Mi primo abrió la puerta de su habitación, y después bajamos las escaleras para meternos después en el garaje de la casa. Mi primo abrió desde la distancia el coche, con el mando a distancia. Yo me senté en el asiento del copiloto, poniéndome el cinturón de seguridad. Tom abrió la puerta del conductor, para luego arrancar el coche. Ya era de noche, y estaba todo oscuro, nos metimos por la autopista que nos llevaría de regreso a Hamburgo. Después de una media hora de viaje, por fin llegamos a la urbanización donde vivía mi tía.
Mi primo aparcó el coche, yo salí del coche sin decirle ninguna palabra. Cerré la puerta del coche dando un gran portazo a la puerta del coche, haciendo que mi primo me mirará con muy mala cara. Entré en casa, y escuché que mi tía estaba haciendo la cena en la cocina, por el ruido que estaba haciendo al coger los cacharros. Entré en la cocina para saludarla.
—Cariño –dio mi tía cuando me vio entrando por la cocina— ¿Qué tal la grabación?
—No la hemos hecho –dije a mi tía sin darle más detalles.
—¿Y eso? –me preguntó mi tía extrañada.
—Bueno… pasó un percance –le dije a mi tía tratando de no darle muchos detalles.
—Dani, ¿Qué ha pasado? –dijo mi tía cansada de mis rodeos, para no decir nada.
—Tuve una bajada de tensión y me desmaye –le dije a mi tía.
—Cariño, tienes que ir al médico para que te revise –dijo mi tía preocupada.
—No voy a ir al médico porque ahora ya me encuentro mejor –dije a mi tía– Seguramente fue generará por el nerviosismo de la grabación.
—Puede ser, pero de todas formas deberías ir al médico –dijo mi tía insistentemente.
—¿Qué has hecho de cena? –dije a mi tía para cambiar de tema.
—Bueno, un plato muy simple –dijo mi tía– He preparado espaguetis a la boloñesa, sabía que hacía tiempo que no comías de eso.
—Huele, muy rico –dije a mi tía– Me voy a poner una ropa más cómoda, y enseguida bajo.
—Ok, no te entretengas mucho que esto ya casi va estar listo –dijo mi tía.
—De acuerdo –dije a mi tía saliendo de la cocina para luego subir a mi habitación.
Llegué a mi habitación y cerré la puerta con pestillo, no quería que mi tía me descubriera con las manos en la masa. Me cambié de ropa, y luego cogí mi bolso y busqué dentro de él, el test de embarazo que me había hecho en casa de mi primo. Ahora sí que daba positivo, el aparatito mostraba dos rayitas claras de color rosa. Haciendo que todos mis sueños se desvanecieran en unos segundos, no tenía el apoyo de nadie pero tampoco quería deshacerme de mi hijo, porque aunque hasta ahora no supe de su existencia, ya llevaba casi dos meses dentro de mí.
Dentro de dos meses se empezará a notar mi barriga, y no quiero que Tom sepa que le he mentido, y que pueda cometer alguna locura para hacerme perder a mi hijo. Tengo que tomar una decisión muy importante para proteger la vida de mi hijo, aunque eso conlleve a tenerme que separar de las personas que amo y que siempre han estado cuidando de mí. Creo que la única solución a todo esto será irme de aquí. Regresar a mis orígenes, y eso indicará que tendré que saberme valer por mí misma. Dejar los estudios, para buscar un trabajo con el que pueda mantener a mi hijo, sin tener que depender de nadie.
Bajé a la cocina, ya que mi tía me había dicho que bajará pronto que la cena estaría lista en nada. Me senté en mi asiento, y mi tía me sirvió mi cena y a mi tío también. Estuvimos comiendo en silencio, hasta que mi tía decidió entablar conversación.
—Y Bueno… Dani, ¿Qué tal ha ido la grabación de ese coro? –dijo mi tío mientras con su tenedor cogía un par de espaguetis para suelo metérselos en la boca.
—Al final no lo hemos hecho –dije a mi tía tartamudeando.
—¿Y eso? –dijo mi tío extrañado.
—Pues porque al final no lo hemos hecho, y punto –le contesté a mi tío sin más y de mala gana.
—Daniela no hace falta que le hables así a tu tío –dijo mi tía reprimiéndome.
—Lo siento… —dije apenada— ¿Puedo retirarme ya? Estoy un poco cansada.
—Está bien… —dijo mi tía dándome un beso en la frente– Que descanses.
Subí a mi habitación, y me tumbé en mi cama. Cogí mi ordenador portátil y me puse a navegar por internet un poco. Quizás no estaría mal que buscará información sobre vuelos, u horarios de autobuses si me quería ir de Alemania. Entré en varias páginas y anoté en una libreta pequeña que tenía en mi bolso todo lo que encontré sobre precios y horarios. No podía dejar nada a la vista para que nadie sospechara.
Continúa…