Ich Brech Aus II. Cap 58

«Ich Brech Aus» Temporada II

CAPITULO 58

DOS MESES MÁS DESPUÉS

Narra Daniela

Han pasado dos meses más, increíble pero cierto, en estos dos meses me he dedicado a organizarme para la llegada de mis bebes. También he ido a clases de preparación para el parto. A veces me dan ganas de llamar a mi tía, y decirle que estoy bien, y que voy a ser mamá y que la necesito conmigo pero tengo miedo de su reacción y sobre todo de la reacción de mi primo Tom cuando se entere de que le he mentido.

No me puedo creer que ya hayan pasado 7 meses desde que abandoné la casa de mi tía, ya estoy en la recta final de mi embarazo, y me ha dicho mi ginecóloga que en cualquier momento puedo dar a luz, ya que en la última revisión me dijo que ya había dilatado 1 centímetro, así que me toca esperar. También he tenido pequeñas contracciones, que me han hecho irme al hospital completamente asustada, pero me han dicho que aún me falta un poco. Respecto a mis primos y el mundo que les rodea, se encuentran preparando su gira mundial del disco que sacaron hace dos meses, es ese disco en el que iba a participar pero tras mi huida repentina no participe.

Mi médica me ha dicho que dentro de dos semanas mi bebes nacerán, estoy impaciente de ver sus caritas, y saber a quién se van a parecer si a mí o a mi primo Tom. Aunque bien pensando me gustaría que se parecieran más a mí, porque si mis hijos se parecen a sus padre mucha gente sospecharía, e incluso la prensa me perseguiría como fans alocadas de mis primos y también mi tía no sé con cara la podría ver si se llegará a descubrir todo.

Narra Tom

Hace ya 7 meses que mi prima desapareció sin rastro, mi madre aún está afectada y muchas veces se queda mirando a la puerta de casa, esperando que algún día mi prima vuelva otra vez a casa con ella. En todos estos meses han pasado muchas cosas, hemos lanzado nuestro nuevo disco al mercado, y hemos ido a muchos países a hacer firmas de discos. Hace dos meses, hemos estado en Madrid, España. Fuimos a un centro comercial que estuvo muy concurrido de muchas fans, nunca pensé que recibiríamos tanto calor por parte de nuestras fans españolas.

Entre tanta multitud que había en esa firma de discos, me pareció ver a mi prima entre tanta gente, pero cuando volví a fijar mi vista en ese punto donde creía que se encontraba, ya no estaba, así que llegué a pensar a que la había imaginado allí entre tantas personas. Pero no me quedé contento con eso, y le dije a unos de mis guardaespaldas que fuera al sitio donde se encontraba mi prima, diciéndole previamente el punto exacto donde se encontraba. Cuando acabó la firma de discos, mi guardaespaldas me dijo que no había llegado a tiempo, y solo había visto a una chica alejarse con dos chicas más que la iban agarrando.

Estuve varios días comiéndome la cabeza, porque era tan real, Daniela había estado en esa firma de discos mirándome desde la distancia pero ella nunca se acercó a nosotros eso es lo que no entiendo, porque hasta ahora se llevaba bien con Bill, aunque pensándolo bien, si Daniela se acercaba a nosotros, igual éramos capaces de retenerla con nosotros y hacerla regresar a Alemania. Tras varios días de tanto pensar al final acabé por decirle a los chicos lo que había visto en esa firma de discos de Madrid, ellos no me creyeron me dijeron que eran alucinaciones mías y que Daniela no podía haber estado allí porque sino ella se hubiera acercado a nosotros para saludarnos.

Mi vida ha cambiado también radicalmente, he empezado una relación con Chantelle, en la que cada uno tenemos derecho a estar con otras personas, una relación sin compromisos. Mi hermano Bill está muy bien con su relación con Patri, de hecho creo que Patri es la mujer de su vida, y espero que en un futuro forme una familia. Una familia que yo nunca llegaré a formar ya que me falta mi niña, mi primer gran y único amor.

Narra Daniela

Dos pares de patucos, dos jugones, dos camisitas interiores, dos chupetes… Poco a poco fui metiendo la ropitas de mis niños, en un gran bolsón. Dentro de un par de horas, voy a ingresar en el hospital, al ser primeriza mi ginecóloga me ha dicho que es mejor que ingrese unos días antes de dar a luz, porque me quieren controlar. Adriana, Sandra y María me van a acompañar al hospital, hoy al ser sábado no tienen que ir a la universidad así que entre las tres harán que se me pasen las horas en el hospital, que creo que serán bastantes aburridas.

Salgó de mi habitación, haciendo una vista general de ella, dentro de unos días en las cunitas que están a cada lado de mi cama podrán estar mis bebes. Noches de desveló por mis bebes, no sé como voy a afrontar todo esto tengo mucho miedo, y sino voy a ser capaz de darles a mis bebes estabilidad, como voy a saber que les pasa cuando lloran. Estoy muy asustada…

Lentamente me acercó a mis amigas y compañeras de piso, que me están esperando impacientemente, se les nota las enormes ganas de conocer ya a sus sobrinos postizos. Adriana apaga las luces del piso, y cierra la puerta con llave. Después nos dirigimos hacia el ascensor y entramos en él en completo silencio, Sandra aprieta el botón que nos llevará a los garajes donde tiene aparcado su coche. Un silencio sepulcral inunda el ascensor.

—¿Estás nerviosa? –escuchó preguntarme a Adri, sacándome de mis pensamientos.

—Un poco no se es madre todos los días –dije a mi amiga sonriéndole con una sonrisa tímida.

—Serás una buena madre, ya lo verás –dice María inculcándome ánimos.

—No lo sé, tengo mucho miedo –dije un poco desesperada a mis amigas– No sé como actuar cuando mis bebes lloren.

—Eso te lo dirá tu instinto no te preocupes –dijo Sandra intentándome tranquilizar.

—Gracias por apoyarme, chicas –dije sonriendo a mis amigas.

El ascensor llegó a la planta del aparcamiento, y salimos con cuidado de él. Después nos dirigimos hacia el coche de Sandra, que lo abrió con la llave a distancia. Primeramente antes de entrar, Sandra metió mi bolsón dentro del maletero, y después me metí dentro en la parte trasera del coche con María. Adri se sentó en el asiento del copiloto y Sandra ocupo su asiento de conductor. Poco después arrancó el coche rumbo al hospital.

Al cabo de media hora, ya habíamos aparcado el coche en el parking del hospital, y nos dirigíamos al interior del hospital. Una enfermera que estaba en recepción me hizo firmar múltiples papeles para realizar mi ingreso, y después me asignó una habitación. Otra enfermera me acompañó a mi habitación, dándome un camisón para que me lo pusiera, diciéndome que más tarde me vendría a poner las correas que utilizan para medir las pulsaciones cardiacas de los bebes y las contracciones.

Entré en el pequeño baño que había en la habitación, y me puse el camisón quedándome al descubierto mi espalda desnuda. De hecho que me tuve que desnudar por completo, salí del baño y las chicas ya habían colocada mis cosas dentro del armario. Yo me dirigí hacia la cama y me tumbé en ella esperando a que viniera la enfermera a ponerme lo que me había dicho que me pondrían. Después de más de media hora, llegó el carrito de cena, cosa que agradecí enormemente ya que mis tripas estaban empezando a crujir y tenía a dos bebés en mi barriga que alimentar. La cena desapareció muy rápido de la bandeja, aunque para mi gusto estaba un poco sosa, pero ya se sabe que la comida del hospital no suele tener mucha sal.

Más tarde María y Sandra, decidieron irse a casa. Esa noche se quedaría Adri conmigo, pero en las siguientes noches alternarían entre ellas tres. Después de que se despidieran las chicas y se fueran, al cabo de 10 minutos llegó una enfermera con una máquina, que parecía ser un electrocardiograma y que tenía una correa que puso alrededor de mi gran barriga. Poco a poco una línea irregular se fue dibujando en un papel milimetrado, mientras la enfermera observaba muy atentamente lo que se dibujaba en el papel.

—Parece ser que la intensidad de las contracciones están aumentando –me dijo la enfermera— ¿Nota algún dolor?

—Aún no, aunque noto algunas ligeras molestias –dije a la enfermera mientras me palpaba la barriga.

—Bueno cada hora te vendré a revisar –dijo la enfermera– Lo más seguro es que en unas horas más comiences con el trabajo de parto.

—¡¿Qué?! –pregunté alarmada– Mis bebes ya van a nacer, a mi me habían dicho que en unos días.

—Al parecer sí, pero por el momento las contracciones aún siguen muy espaciadas y además aún no tienes fuertes dolores, posiblemente rompas aguas –me explicó la enfermera– Ahora le recomiendo que descanses, las próximas horas serán muy duras.

Adri se sentó en uno de los sillones que se encontraban a un lado de mi cama, y yo me tumbé en la cama para descansar, tal y como la enfermera me lo había dicho. Estuvimos hablando durante un buen rato más, hasta que me entró el sueño y decidí que ya era hora de dormir. El día siguiente iba a ser un día bastante pesado y duro, sobre todo si era verdad lo que decía la enfermera de que mis bebes ya nacerían.

Durante la noche no hubo muchas complicaciones, solo de vez en cuanto entraba alguna enfermera o alguna comadrona de turno, para explorarme pero me dijeron que no me preocupará, que la cosa iba lenta. Por la mañana me trajeron para desayunar unas tostadas con mermelada y un gran tazón de chocolate, que me comí sin ningún esfuerzo ya que tenía hambre. A media mañana, Adri decidió que ya era hora de regresar a casa, más bien era para darse una ducha fresca y descansar bien, aunque me dijo que no iba a estar mucho tiempo sola porque dentro de un rato llegaría María para hacer su relevo.

Me quedé durante media hora sola, y durante todo ese rato volvió a venir otra enfermera a revisarme haciéndome abrir las piernas, y como palpaba mi zona genital haciéndome abrir los ojos cuando de repente sentí con una de sus manos, se metía en el interior de mi útero. Muy sonriente me dijo que la cosa iba en marcha, que ya estaba empezando a dilatar. Las horas iban pasando y María ya había llegado y yo me encontraba con los típicos dolores de las contracciones que se hacían más frecuentes, como me había dicho la enfermera el día anterior.

Cada hora venía la matrona a mirar como iba mi progreso en la dilatación, en dos horas ya había dilatado apenas 4 centímetros, de 10 centímetros que se dilata el cerviz, aunque me habían dicho que eso llevaría unas horas. Ya las contracciones eran mucho más frecuentes, haciéndome que retorciera del dolor, no sé como explicarlo pero es como cuando tienes que ir al baño para hacer de vientre cuando te vienen retortijones, pues eso es lo que yo sentía dentro de mi vientre.

Ahora me encontraba en la cama del hospital, inspirando y aspirando mientras sentía como todo mi interior se movía por las contracciones que estaba sintiendo. Y llegó el momento en el que tenía que empujar, las chicas estaban todas emocionadas dentro de la habitación yo tenía mucho miedo, pero sabía que pronto vería la carita de mis bebes. Pensé que me moría cuando sentía como la cabecita del primer bebe, iba pasando por mi útero hasta que por fin salió por ahí, entre llantos y dolor porque tenía más contracciones muy rápidas nació un niño aunque el pobrecillo estaba cubierto de sangre y estaba blanco, después tuve que volver a concentrarme en empujar y fue cuando salió mi niña, tuve que hacer un esfuerzo muy grande tanto que un gran gemido salió de mi boca.

—AAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH – chillé con todas mis fuerzas, mientras escuchaba los llantos de mis niños, que al fin habían visto la luz del día –

Narra Tom

AAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH me desperté sobresaltado de esa larga siesta que había estado echando, en uno de los descansos de los ensayos de la gira que estábamos haciendo en Londres. Ese grito había sido tan real, y seguidamente sentí como mi alma se partiera en dos, dividiéndose. Una sensación extraña de melancolía y miedo se adueño de mi cuerpo. Me sentía raro y no sé porque…

Me levanté del sillón, y salí hacia la zona donde teníamos montado el escenario. Allí estaban los G’s y mi hermano Bill, me acerqué lentamente a ellos y mi hermano me miro, pero su cara mostraba alguna preocupación hacia a mí, quizás percibió lo que yo hacía escasos minutos había sentido mientras tomaba mi siesta.

—Tom, ¿Estás bien? –dijo mi hermano preocupado.

—Sí, ¿Por qué me preguntas eso? –dije a mi hermano intentando evadir el tema.

—Te notó un poco raro –dijo mi hermano callándose después.

—Sinceramente hermanito, he tenido un sueño muy raro que parecía real –dije a mi hermano.

—¿A qué te refieres con eso? –dijo mi hermano arqueando sus cejas.

—No sé cómo explicarlo, pero estaba durmiendo tranquilamente cuando escuché un grito desgarrador que hizo que me despertará de repente –dije a mi hermano confundido– Minutos más tarde sentí como si parte de mi alma se dividiera en dos.

—Últimamente estás muy paranoico Tom –dijo mi hermano– Como cuando nos dijiste que habías visto a nuestra prima en la firma de discos de Madrid.

—Te juro por mamá, Bill –dije a mi hermano con voz seria– Que yo la vi, pero se debió de ir del lugar antes de que llegara el guardaespaldas que envié. De hecho me dijo que vio en la lejanía marcharse a una chica, con tres chicas más.

—Lo que tú digas –dijo mi hermano cansinamente, después de escucharme contar lo mismo desde aquel día que habíamos estado en Madrid.

Me quedé mirando pensativamente, como los miembros del staff revisaban las luces y otras cosas del escenario, para evitar posibles fallos durante los conciertos, mientras pensaba en esas sensaciones que había sentido minutos antes, sin saber porque las sentí.

Narra Daniela

Eran las cositas más hermosas, que puede haber visto en mi vida. Eran tan pequeñitos, sus cuerpecitos, sus bracitos y piernas. Cuando me pusieron a mis bebes en mis brazos rompí en llantos, no puedo explicar lo que sentí cuando los tuve a los dos entre mis brazos, parecían tan frágiles, y sin embargo los había creado yo, bueno… con ayuda de mi primo Tom.

Después de varios minutos de tenerlos en brazos, una enfermera me vino a coger a mis bebes ya que tenía que limpiarlos, y medirlos y pesarlos y ponerles sus pulseras identificativas para saber que eran mis bebes y no de otras personas. Yo estaba realmente agotada, ya había expulsado las bolsas que cubrían a mis bebes dentro de mi vientre, y ahora tenía que guardar reposo. A las pocas horas, me trajeron a mis bebes para que les diera su primera toma, estaba muy nerviosa no sabía como hacer para que mis bebes comieran, nunca había dado de mamar a un bebe, pero por si las moscas el bebe no mamaba la enfermera me trajo dos biberones para darle de comer, si ellos no aceptaban la leche de mi pecho.

Cogí al niño entre mis brazos, y sentí como su pequeño cuerpecito se movía como estaba lleno de vida, y unas lágrimas traicioneras cayeron de mis ojos cuando pude ver como mi pequeño abrió sus ojitos que aún no tenían un color definido y clavaba su miraba en la mía. Como reconociendo que yo era su mamá, y sería la persona que lo protegería toda su vida.

Lentamente destape mi pecho, y noté como el pequeñín instintivamente juntaba su boquita en mi pecho, que ahora tenían un tamaño bastante considerable al que tenía meses atrás. Me sentí la persona más feliz del mundo cuando sentí que poco a poco iba recibiendo la leche, y como sus pequeñas manitas sujetaban suavemente mi pecho.

Cuando mi pequeño quedó saciado, cogí a su hermana y hice el mismo procedimiento. Mi niña era mucho más pequeñita que mi niño, los médicos me habían dicho que era normal que naciera de bajo peso, ya que el niño en el vientre materno le estaba comiendo parte de los nutrientes que recibían, haciendo que la niña no engordará lo suficiente. Sentí como lentamente mamaba de mi pecho, pero a la vez con un poco de desesperación, se notaba que mi niña tenía mucha hambre.

Cuando acabó de tomar el pecho, ligeramente como me había explicado la enfermera anteriormente cuando le había dado el pecho a mi niño, le di unos golpecitos en la espalda haciendo que salieran de su pequeña boquita unos ruiditos, eso significaba que había expulsado los gases. Después con mucho cuidado la puse en la cunita que había al lado de mi cama, junto a su hermano. Poco a poco sentí una pesadez en mis ojos y me volví a quedar otra vez dormida, hasta que unos llantos me hicieron despertar alarmada.

Los días fueron pasando y pronto me dieron de alta en el hospital, en el piso ya teníamos todo preparado sus cunitas y su ropita estaba colocada toda en el armario de mi habitación. Incluso las chicas me habían comprado una bañera para bebés, que habían puesto en el baño para cuando tuviera que bañar a mis niños.

—¿Ya sabes que nombres les vas a poner a los pequeñines? –me preguntó Adri mientras estábamos en el salón del piso, y ella tenía en sus brazos a mi pequeño y yo me dedicaba a darle el pecho a mi niña.

—No lo sé aún no los he pensado –dije a Adri indecisa.

—Pero alguno habrás pensado –dijo Adri animándome a elegir el nombre de mis bebes.

—Bueno estoy entre varios pero no sé por cual decidirme –dije a Adri– Aunque me gustaría ponerles unos nombres cortos, y así evitar diminutivos.

—Bueno, eso es un gran paso –dijo Adri observando como mi niño se había quedado dormido entre sus brazos– Se ha quedado dormido.

—Si, ya le era hora que se durmiera –dije mientras mi niña acababa de tomar el pecho, y procedía a quitarle los gases– Será mejor que vaya a meterlos en sus cunitas.

—Si, por lo menos podrás descansar un poco mientras estén dormidos –dijo Adri siendo consciente de que por las noches mis pequeños se despertaban y comenzaban a llorar no dejándome dormir ni tampoco a ellas.

Llevamos a mis pequeños a mi habitación y cuidadosamente los pusimos en sus cunas, realmente parecían unos angelitos venidos del cielo, y no me podía creer que esos bebes que estaban durmiendo en esas cunitas eran el fruto del amor prohibido entre mi primo y yo. Esos recuerdos hicieron que unas pequeñas lágrimas, recorrieran mis mejillas, haciendo que Adri al darse cuenta me abrazara para darme todo su apoyo.

—¿Qué te pasa Dani? –dijo Adri abrazándome cariñosamente para tranquilizarme.

—Echo de menos a mi familia –dije con lágrimas en los ojos.

—¿Por qué no los llamas? –dijo Adri animándome a hacerlo– Seguro que se podrán muy contentos al saber que estás bien después de tanto meses sin saber noticias tuyas.

—Tengo miedo de su reacción –dije a Adri.

—Eso no lo puedes decir, prueba a llamarles venga –dijo Adri.

—No me siento con fuerzas –dije a Adri excusándome.

—Venga Dani eso no es una excusa –dijo Adri acercándome el teléfono inalámbrico– Venga llama.

—Pero… —dije nerviosa.

—Dani así no sabrás lo que opina tu familia si no hablas con ella –dijo Adri persuadiéndome.

—Está bien… —dije rindiendo hacia tanto insistir.

Cogí el teléfono inalámbrico y con dedos temblorosos marqué el número de teléfono, marcando obviamente primero el prefijo del país, y después los correspondientes números. La situación estaba muy tensa, no sabía quién me iba a coger el teléfono podía ser mi tía pero también podía ser… Él. Porque había la posibilidad de que estuviera en casa de mi tía visitándola. El teléfono comenzó a dar señal, sentía como una fina gota de sudor empezaba a caer por mi cara, y como Adri no me quitaba la mirada de encima, no podía fingir. Después de unos cuántos tonos por fin cogieron el teléfono.

Diga –no pude articular ninguna palabra, era su voz. La voz que llevaba más de siete meses sin escuchar y ahora por primera vez en ese tiempo la volvía a escuchar– ¿Quién llama?

Me quedé callada solo pude colgar el teléfono presa del pánico, que recorría en eses instantes mi cuerpo. Lo había escuchado, y un cosquilleo como mariposas recorría mi estómago. Soy una estúpida, en todos estos meses no he podido sacarme de la cabeza a mi primo, y él si que ha podido sacarme de su cabeza. ¿Por qué yo no puedo hacer lo mismo?

—¿Por qué has colgado? –me preguntó Adri intrigada por mi reacción.

—Lo siento me puse nerviosa al escuchar su voz… —dije con voz temblorosa– Necesito irme a tumbar un poco no me encuentro demasiado bien.

Me levanté del sillón y me fui a mi habitación, donde mis hijos dormían tranquilamente y plácidamente en sus cunas. Me quedé durante varios minutos contemplando como mis pequeños dormían, y como sus pequeñas caritas hacían muecas de sonrisas inocentes, provocadas por los dulces sueños en los que estaban sumidos. Con mucho cuidado acaricié la carita de mi niña, ella reaccionó cogiendo con su pequeña mano mi dedo índice, es tan tierna y tan pequeñita. Se me cae la baba cada vez que veo a mis dos bebes.

Después me acerqué a la cuna de mi niño, y también lo acaricié y lo arropé con la mantita, que cubría su pequeño cuerpecito. De vez en cuando movía inconscientemente sus pequeños brazos, pero seguía durmiendo con un angelito. Después me tumbé en mi cama y cerré los ojos respirando profundamente mientras pensaba en lo que había ocurrido minutos antes en el salón, cuando Adri me animó a llamar a mi familia y lo escuché a él.

Mi tranquilidad se vio interrumpida por los llantos desgarradores de mi pequeño. Me levanté muy inquieta y me acerqué a la cuna donde estaba tumbado, y lo cogí con mucho cuidado procurando no hacerle daño, sobre todo en su pequeña cabecita. Después lo acune despacio, pero su llanto continuaba.

—¿Qué te pasa pequeñín? –dije mientras acariciaba el vientre de mi hijo– Te duele la barriguita.

Pero me di cuenta que mi pequeño no me podía responder, porque él no sabía hablar todavía solo sabía emitir pequeños sonidos, que al oído humano no tenía ningún significado. Parecía que mi pequeño se estaba calmando, pero al poco rato comenzó a meterse una de sus manos en su boca pequeña y empezó a chupársela con desesperación.

—Creo que mi pequeñín tiene hambre –dije sonriendo a mi niño, mientras mi pequeño seguía chupándose la mano– A que sí…

Me fui hacia mi cama, donde me senté cómodamente, y puse a mi pequeño en el regazo. Después me desabroché la camisa que tenía puesta, y bajé un lado del sujetador que cubría uno de mis pechos. Después con mi mano guié mi pezón hacia la pequeña boquita de mi niño, y él instintivamente empezó a mamar. Notaba como su pequeña boca succionaba desesperadamente mi pecho, y tengo que decir que darle el pecho a mi bebe es muy bonito pero a la vez un poco doloroso, porque sientes como la pequeña boquita del bebe tira del pezón para poder sacar la leche.

En los pocos días después de dar a luz, mis pechos se incrementaron el doble de lo que tenía antes de dar a luz, eso es debido a la leche que subió a ellos. Pero también casi no puedo tocarlos, los tengo muy sensibles y me duelen mucho casi tengo que decir, que las molestias que tengo las calmó aplicando agua muy fría sobre mis pechos. Es de la única forma que me calma el dolor, pero todo ese dolor se ve reconfortado cuando alimento a mis pequeños.

Nunca pensé que mi vida iba a cambiar tan drásticamente a punto de cumplir 16 años, soy mamá. No me arrepiento de lo he hecho, pero también tengo que admitir que me hubiera gustado acabar mis estudios y así poder darle un futuro mejor a mis futuros hijos, pero el destino quiso que primera tuviera a mis hijos y que después más tarde acabará mis estudios. Durante este año lo voy a tener muy difícil para poder acabarlos, tendré que esperar a que mis niños crezcan un poquito más y así poderlos menos en una guardería, mientras estudio y trabajó a la vez porque los niños no vienen con un pan debajo del brazo.

Cuando mi niño acabó de mamar de pecho, sentí que un olor un poco desagradable inundaba la habitación. Acerqué mi nariz al pañal de mi hijo, y mis sospechas se habían confirmado me pequeñín como es lógico después de comer, tiene que hacer sus necesidades. Así que con mucha resignación me tocó cambiarle el pañal a mi bebé, en lo que llevaba de día había perdido la cuenta de las veces que había cambiado el pañal tanto a mi niño como a mi niña. Es alucinante lo que manchan en pañales, no mentiría que al día consumo entre 20 pañales diarios, me arruinó y por encima cada paquete de pañales solo me trae 40 pañales así que cada paquete lo consumo en dos días. Ser madre no tiene ningún beneficio, porque no hay casi ayudas y menos mal que la leche no la tengo que comprar porque por el momento amamanto a mis niños, pero cuando empiecen a tomar papillas si que me gastaré un mineral.

Cuando acabé de cambiarle el pañal a mi niño, y ya se sentía cómodo con mucho cuidado lo metí en su cuna, y lo arropé. Poco a poco fue cerrando los ojos, y se fue quedando dormido plácidamente, mientras que de fondo escuchaba los sonidos de uno de los aparatos móviles que tenía en la cuna, y que emitía destellos de colores. Después me acerqué a la cuna de mi niña y observé que su cara mostraba mucha serenidad, mientras estaba sumida en un sueño profundo. No quería despertarla, pero sabía que más tarde a ella le tocaría también tomar pecho. Normalmente cada cuatro horas más o menos, tengo que darles pecho a mis niños, después con el paso de las semanas y de los meses se irán distanciando más.

Apagué la luz de mi habitación, y salí de ella con unos de los transmisores que utilizo para ir por toda la casa y así saber que mis niños están bien. Al mínimo llanto o sonido raro, iría enseguida a mi habitación gracias a este invento. Caminé hacía el salón y me encontré a las chicas hablando muy animadamente. Cuando me vieron entrar en el salón me sonrieron las tres.

—¿Qué tal la super mamá? –dijo Sandra a modo de broma.

—Agotada –dije entre suspiros– Nunca me imagine que ser madre podría ser tan estresante y agotador. Tengo que estar al cien por cien todo el rato, y pendiente de los bebes. Nunca pensé que conllevaría tantas responsabilidades.

—Eso es lo que conlleva ser madre antes de tiempo –me dijo María.

Nos quedamos en silencio, por las palabras un poco acusadoras que me había hecho María. Yo sabía que había sido demasiado pronto para todo, ahora tendría que crecer muy rápido para poderme hacer cargo de unos hijos, que sin quererlo vinieron al mundo sin el apoyo de su padre.

Continúa…

por Heiligtkt483

Escritora del Fandom

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