Ich Brech Aus II. FIN

«Ich Brech Aus» Temporada II

CAPITULO 59

Narra Daniela

Los meses pasaron vertiginosamente, y ahora me encuentro con mis bebes poniéndoles su ropita porque hoy vamos a salir a dar una vuelta a un parque que está cercano al piso donde vivo. Alex y Sarah ya tienen tres meses de vida, el tiempo pasa muy rápido y sobre todo para ellos que apenas unos meses atrás eran unas cositas muy pequeñitas y ahora he tenido que comprar alguna ropa nueva, porque la que le habían comprado mis compañeras de piso, se les quedó pequeña. He leído en varios libros, que en los primeros meses de vida de un bebe es cuanto más crece tanto en estatura como en anchura. Y mis niños son la comprobación de eso, porque su ropita se les quedo pequeña.

Salí de mi habitación con mis hijos para ponerlos en el cochecito, para sacarlos a pasear. Adriana está toda agobiada estudiando para un examen, así que creo que es mejor que saque a mis niños a pasear para calmarlos y así evitar que Adri se agobie y entré en pánico porque no puede concentrarse.

—Adri voy a sacar a los niños a dar una vuelta –dije asomándome por la puerta del salón– Así te dejo que estudies relajadamente sin llantos de niños de por medio.

—Gracias, Dani –dijo Adri compresivamente y aliviada– Es muy importante el examen que tengo, de él depende de que haga el proyecto fin de carrera o no.

—Bueno, tú tranquila –dije a Adri sonriendo– Que ahora vas a estudiar relajada durante un par de horas, más no garantizó porque después tengo que darles a los enanos su toma.

—No te preocupes Dani –dijo Adri sonriendo– Tu vuelve cuando quieras, ya me queda poquito para estudiar.

—Vale –dije a Adri cogiendo el cochecito y moviéndolo hacia la puerta– Nos vemos más tarde.

Abrí la puerta y me dirigí hacia el ascensor, cuando vino tuve que hacer bastantes maniobras para poder meter el carrito de los bebes, porque era demasiado largo y no entraba fácilmente dentro del ascensor. Cuando llegamos al piso de abajo me dirigí hacia la salida del edificio, malamente pude abrir la puerta. Después sacar el cochecito afuera del edificio, me dirigí hacia una rampa que habían puesto para minusválidos y así poder sacar mejor el cochecito y no tener que bajar las 10 escaleras que había en la entrada del portal.

Aunque estábamos en pleno invierno los días empezaban a ser un poco más claros, aunque seguían siendo fríos. Ya eran mediados de enero, me parecía mentira que 3 meses atrás, el 18 de octubre hubieran nacido mis pequeños. Por el día de mi cumpleaños mis compañeras de piso me regalaron cosas que podía necesitar, sobre todo cosas para mis bebés así que el día de mi cumpleaños fue un poco extraño, porque en vez de regalarme cosas que utilizaría se las regalaron a mis niños. En estos tres meses han cambiando muchas cosas, ahora no me preocupo por otras cosas que me preocupaban cuando era una adolescente, ahora tengo preocuparme por alimentar a mis hijos, cambiarles el pañal, velar sus sueños algunas noches cuando ellos se encuentran mal… En dos palabras cosas que haría una madre por sus hijos, que sino se es madre nunca se harían.

Para dentro de un mes escaso se me acaba el permiso de maternidad, mi jefe está ansioso porque me reincorporé a trabajar ya me ha llamado varias veces para decirme que me necesita. Aunque pensándolo bien, yo quiero disfrutar más tiempo de mis niños, pero eso no va a poder ser porque si no gano dinero no puedo alimentar y darle lo que necesitan mis hijos.

Sumida en mis pensamientos, llegué al pequeño parque que hay cerca de mi casa donde observo a otras madres que cuidan de sus retoños, muchas de ellas son madres más mayores que yo y eso me hace pensar de que ido demasiado de prisa y que igual tomé la decisión equivocada. Alex y Sarah se han quedado dormidos durante el trayecto, muchas veces me siento sola. Aunque Sandra, Adri y María se han portado genial conmigo, muchas veces no puedo compartir cosas con ellas, porque ellas nunca se sentirían identificadas conmigo. Porque ellas no son madres…

Después de estar un par de horas en el parque he decidido que es hora de volver al piso, ya que se acerca la hora en la que los niños tienen que tomar la leche, así que me conviene llegar pronto a casa antes de que comiencen a llorar de desesperación porque tengan un hambre incontrolable. Después de media hora de camino, llegué al portal donde se encontraba el piso donde vivía con las chicas. Abrí la puerta y con un poco de dificultad y conseguí meter dentro de nuevo el carrito, donde estaban metidos mis niños. Entre en el interior del pasillo del edificio y me dirigí hacia donde estaban los ascensores, y llamé a unos de los ascensores. Esperé unos minutos y cuando llegó el ascensor metí dentro de él, el carrito de los niños para luego marcar el número de piso.

Cuando llegué al piso que había marcado, salí del ascensor y saqué el carrito de dentro de él y me dirigí por el largo pasillo camino a la puerta donde estaba el piso, donde vivía. De fondo escuchaba la voz de Adriana hablando con alguien, supuse que debía de estar hablando por teléfono porque las chicas se habían ido ese día a casa de sus padres dejándonos solas a mí y a Adri. Abrí la puerta de la casa, con la llave que saqué del bolsillo de mi cazadora, y luego metí el carrito de los niños dejándolo aparcado en el largo pasillo que había en el piso. Me asomé a la puerta del salón que estaba media arrimada, y escuché lo que hablaba Adri, dejándome completamente descolocada…

Narra Adriana

Daniela había decidido sacar a dar un paseo a Alex y Sarah, porque se estaban poniendo un poquito insoportables. Tengo que decir que son unos niños adorables, pero cuando se ponen a llorar y no se les da lo que quieren se ponen muy tercos y comienzan a llorar mucho. Y eso me saca un poco de quicio, sobre todo ahora que estoy en la recta final de mis exámenes de carrera, y de eso depende que pueda hacer el proyecto final de la carrera.

Cuando Daniela se marchó todo el piso quedó en su silencio sepulcral, y mis oídos por fin pudieron descansar de los llantos incontrolados de esos dos angelitos, que tenía por sobrinos postizos. Por fin me pude concentrar en mis apuntes, cuando algo en mi mente no me dejaba concentrar. Tres meses atrás había conseguido convencer a Daniela para llamará a su familia que tenía en Alemania, pero cuando lo hizo colgó el teléfono muy nerviosamente y me dejó sola durante más de media sola en el salón. Durante todo ese tiempo pude hacerme con el número de teléfono que había marcada Daniela, ya que nuestro teléfono guarda los números a los que llaman.

Lo anoté, para llamar otra vez yo, tenía que averiguar porque Daniela se había puesto tan nerviosa, sobre todo cuando me dijo “me puse nerviosa al escuchar su voz…” eso me hizo sospechar de muchas cosas, de que probablemente la persona que saliera al teléfono fuera su tía o quizás fuera el padre de sus hijos… Por eso me guardé el número de teléfono, pero ahora no sé que hacer no sé si llamar o dejarlo pasar, porque en realidad no me interesa mucho la vida privada de Daniela, pero por otro lado quiero ayudarla.

Con mis dedos temblorosos marqué lentamente el número en el teléfono tenía que aprovechar el momento en que Daniela estaría fuera con los niños, porque sino de seguro más tarde no podría averiguarlo. Dejé que sonara el teléfono un par de veces, pero al ver que nadie me cogía el teléfono colgué nerviosamente quizás el destino había decidido que no averiguará nada sobre la vida privada de mi amiga.

Cuando me había hecho la idea de que eso era una completa locura lo estaba haciendo, me concentré de nuevo en mis apuntes cuando el teléfono comenzó a sonar de nuevo. Cogí el teléfono y dije “Diga ” sin fijarme quien era la persona que estaba llamando.

—Hello… (Hola…) —escuché en un inglés perfecto una voz muy varonil.

—Hello… (Hola…) —dije en un susurro, aquella voz me abrumaba.

You called me a few minutes ago. Who are you? (Me has llamado hace unos minutos. ¿Quién eres?) –dijo otra vez esa voz.

—Emmm –dije sin saber que contestar.

—Are you okay? (¿Estás bien?) –dijo esa voz al notar mi nerviosismo.

—Yes… (Si…) –dije en un susurro.

Why did you call me? (¿Porque que me has llamado?) –dije de nuevo esa voz.

—Sorry… (Lo siento…) –dije un poco apenada— My friend called this number a few months ago (Mi amiga llamó a ese número hace unos meses).

Ah, yes … And Who‘s your friend? (Ah, sí… ¿Y cómo se llama tu amiga?) –dijo otra vez ese chico.

—Daniela… (Daniela…) –dije a ese chico.

—Daniela… (Daniela…) —dijo ese chico susurrando el nombre de mi amiga— Can you tell me where I have called… (Me podrías decir a donde he llamado).

—Spain, Madrid… (España, Madrid…) –contesté al chico— And who are you? (¿Y tú quien eres?).

—My name is Tom (Mi nombre es Tom) –dijo ese chico con voz profunda.

—Hello Tom… (Hola Tom…) –dije de nuevo a ese chico, la verdad es que era una conversación un poco extraña.

De pronto escuché como la puerta del salón se abría, y entraba Daniela con cara asustada y de enfado. Se acercó a mí velozmente y me quitó el teléfono de las manos para después colgar la llamada. Sus ojos me miraban con decepción, y con lágrimas en los ojos.

—¿Cómo has podido hacerme esto? –dijo Daniela con dolor y con rabia.

—Dani… yo… —dije a mi amiga con culpabilidad.

—Yo confié en ti, y ahora a la vuelta de cambio me clavas un puñal –dijo Daniela con lágrimas en los ojos.

—¿Qué tiene de malo que intente contactar con tu familia? –pregunté a mi amiga levantándole un poco la voz– Solo quiero que estés bien, y necesitas que tu familia te ayude sobre todo a cuidar de Alex y Sarah.

—No lo entiendes… Volver con mi familia supone perder mi libertad de nuevo –dijo mi amiga de nuevo– Me volvería a sentir enjaulada en una casa en la cual no puedo hacer nada, sin que este en la boca de todo el mundo.

—La verdad Daniela, no te entiendo… —dije a mi amiga sin comprender lo que me quería decir.

—Mis primos son famosos… —dijo Daniela mirándome a los ojos fijamente– Si regreso a Alemania seré el blanco de muchos fotógrafos y de muchos periodistas, y no quiero que mis hijos pasen por esto, no como lo pase yo. Pase la mitad de mi adolescencia, rodeada de gente que impedía que saliera en todo tipo de revistas. Ahora que me he alejado de todo ese mundo me siento libre…

—Lo siento Daniela –dije a mi amiga con pena– Solo quería ayudar…

—¿Has dado algún dato a mi primo? –dijo Daniela mirándome a los ojos.

—Si es por los niños, no te preocupes eso no se lo he dicho –dije a mi amiga tranquilizándola un poco– Solo le he dicho que estabas en Madrid.

—Mierda… —dijo mi amiga llorando amargamente– Ahora si que estoy perdida, mis primos tienen muchas influencias y me pueden encontrar en cualquier momento.

—No te creas Dani… —dije a mi amiga inspirándole un poco de tranquilidad– Madrid es muy grande, buscarte aquí es como buscar una aguja en un pajar…

Unos llantos hizo que mi amiga se girará a mirar hacia donde tenía el cochecito de los bebes, Sarah y Alex estaban reclamando su hora de comer. Así que mi amiga sin decir ninguna otra palabra se fue del salón dejándome sumida en una completa pena.

Narra Daniela

No puedo creer lo que hizo Adriana, yo la consideraba mi amiga y ahora me arrastro a la boca del lobo. No sé como voy a hacer ahora en adelante, voy a tener que andar con mucho cuidado cuando salga a la calle, porque cualquiera puede estar siguiéndome los pasos para después darle la información a mis primos. No quiero volverlo a ver, no quiero sentirlo… no ahora que estoy consiguiendo olvidarlo, aunque siempre lo tenga presente en los gestos de mis hijos.

Cogí a Alex entre mis brazos y con mucho cuidado le di el pecho, tan a gusto quedó que se durmió tomándolo. Después hice lo mismo con su hermana, aunque ella no se durmió como su hermano y estuve con ella tumbada en la cama observando como se movía y hacia ruiditos con su boquita, y como se comía las manitas. Después de estar más de una hora, decidí que era hora de que mi niña se fuera a dormir, así que la acosté en su cunita. Poco a poco sus ojitos se fueron cerrando mientras yo velaba por su dulce sueño.

ABRIL 2010

Narra Tom

Estamos sumidos en una nueva gira europea, promocionando nuestro disco Humanoid. Ya hemos recorrido muchos países desde que comenzamos la gira en febrero, ahora vamos a tocar en Ginebra (Suiza), anteriormente hemos tocado en Toulouse (Francia). Después de este concierto viajaremos rumbo a España, ya que el 5 y 6 de abril tenemos dos conciertos en Barcelona y en Madrid, respectivamente. Y aprovechando que estamos en Madrid, en el tiempo libre que tenga voy a aprovechar a buscar a mi prima Daniela, porque sé que está en Madrid, como me había dicho la amiga de ella, aunque por el modo que se cortó la conversación seguro que Daniela la encontró hablando conmigo, y dudo que mi prima Daniela permaneciera más tiempo en Madrid. Porque mi prima no es tonta y sabe perfectamente que tenemos influencias y la podemos encontrar perfectamente.

Si llegó a encontrar a mi prima en Madrid, lo primero que voy hacer es preguntarle porque se fue. Mi madre ha estado muy preocupada durante todos estos meses, no le he dicho que sé el paradero de mi prima para no darle falsas esperanzas no vaya a ser que después mi prima se haya ido de ese sitio.

—Tom, vamos despierta –dijo mi hermano quitándome de mi ensimismamiento– Tenemos que ir hacer la prueba de sonido, y después a dar unas entrevistas.

—Ya voy imbécil –contesté de mala gana a mi hermano. La verdad es que estar las 24 horas encerrado con él en un autobús, resulta un poco estresante y últimamente se ha creado bastante tensión entre los nosotros y los otros miembros del grupo.

El concierto fue increíble todas las fans cantaba las canciones de nuestro nuevo álbum a viva voz, es una sensación única e indescriptible lo que se siente cuando estoy en el escenario. La adrenalina fluye por todas mis venas, mientras adolescentes y no tan adolescentes gritan mi nombre y el de los demás chicos. La música es mi vida, y no la voy a cambiar por nada en el mundo, ya que sin ella no sería yo.

Después de ese concierto tan espectacular que dimos, nos dirigimos hacia el autobús para seguir con nuestra gira, ahora la próxima parada que tendríamos sería en Barcelona y luego Madrid. Varias adolescentes estaban cerca de nuestro autobús, y con ojos suplicantes y radiantes nos pidieron muy educadamente que le firmáramos unos autógrafos y que nos sacáramos un par de fotos con ellas. Aunque estábamos realmente cansados, no podíamos defraudar a nuestras fans, que gracias a ellas estamos donde estamos. Así accedimos a hacernos las fotos con esas fans, que muy sonrientes y muy contentas se abrazaron a nosotros haciéndonos sentir especiales.

Y por fin llegó el día en el que habíamos llegado a Madrid, el concierto de Barcelona había sido fantástico aunque no hubo mucha gente como la que esperábamos, pero el amor de las fans fue igual de entregado como si el pabellón estuviera completamente lleno. No nos costó mucho hacer que las fans, establecerían esa conexión especial que creamos con ellas en los conciertos y poco a poco se creó un ambiente en el cual todos nos sentíamos a gusto, y todos disfrutábamos de la música.

Habíamos estado viajando toda la noche, en el autobús hasta que por fin llegamos a Madrid. Lo primero que hicimos fue irnos a un hotel que era muy lujoso para darnos una ducha y descansar un poco. Luego más tarde tendríamos la prueba de sonido, y después algunas entrevistas para varias revistas de adolescentes, que siempre nos seguían cuando hacíamos una gira. Mientras que no teníamos que ir hacer la prueba de sonido, David nos dijo que podíamos ir a dar alguna vuelta con nuestros guardaespaldas, aunque sería un poco difícil con tantas fans agrupadas a las puertas del hotel.

Afortunadamente conseguimos salir del hotel por la puerta trasera, que daba a otra calle de la ciudad de Madrid. Bill y Georg se fueron con dos de nuestros guardaespaldas a comprar algunas cosas, como recuerdo Madrid a alguna tienda que había cerca. Yo y Gustav decidimos irnos a dar una vuelta por Madrid, estuvimos acompañados todo el rato por los otros dos guardaespaldas. Con nuestras gafas de sol, pasamos desapercibidos entre la gente, que ni siquiera se habían dado cuenta de nuestra existencia.

Mientras paseábamos íbamos hablando de nuestras cosas, y haciendo alguna que otra broma. Veíamos como la gente paseaba apurada de un lado para otro, incluso vimos a una chica que iba delante de nosotros con un carrito grande de bebe, por lo visto iba con dos niños pequeños que vistos desde atrás no deberían de tener más de 5 meses.

Narra Daniela

Ese día mis compañeras de piso, se habían ido a pasar la semana santa a casa de sus padres, yo me había quedado sola en el piso así que con Alex y Sarah no podía hacer gran cosa. Cuando los niños estuvieron despiertos, les dí el pecho y después los vestí. Lucía un día muy bonito, y como estaba aburrida en casa decidí ir a dar una vuelta con los niños. Las calles de Madrid estaban tranquilas, comparadas con el gran bullicio que había normalmente.

Decidí ir a comprar algo al centro comercial que estaba cercano a donde vivía, y después iría al parque donde solía llevar a Alex y Sarah por las tardes. Cuando acabé de hacer todas las compras, poniendo las bolsas en la cestita que había debajo del cochecito de mis bebes, me dirigí hacia el parque que había cerca del piso donde vivía. Pero tuve que hacer un rodeo, ya que el centro comercial quedaba un poquito alejado del parque.

Iba tranquilamente caminando por las aceras que ahora estaban abarrotadas de gente, y sumida en mis pensamientos, cuando unas voces que eran demasiado conocidas para mi inundaron mis oídos. No podía ser que estuvieran aquí, sentía sus voces tan cerca de mí, seguí caminando como si nada, mientras sus pasos se acercaban más a mí. Pase por delante de una gran vidriera, y pude ver que era Gustav y primo Tom, ¡¡Dios mío!! No había cambiado nada en todos estos meses, seguía estando descaradamente tan atractivo, tan sexy…

No podía pararme a pensar en eso en este momento, sino estaría perdida mi primo descubriría mi mentira. Apuré el paso más aceleradamente, esquivando a la gente que se cruzaba por mi camino en una huída frenética para intentar evitar lo que inevitablemente ocurriría. Mi corazón bombeaba sangre a cada rincón de mi cuerpo, y un sudor frío empezó a recorrer mi cuerpo, cuando escuché su voz más cerca sin duda. Me quise morir cuando una de las ruedas del carrito se quedó atrapada en una baldosa rota que había en la acera, y había formado un gran bache. La tensión aumento por momentos, cuando intenté sacar el carrito de ese bache pero para mi mala suerte se había quedado bastante trabado. Su aliento… lo sentía tan cerca de mí, su olor… estaba pérdida…

—¡¡Tom!! ¡¡Gustav!! Nos podéis dar un autógrafo –escuché a unas chicas histéricas que se acercaban a ellos todas efusivas.

Respiré tranquila, estaba salvada pero algo hizo que mi cara cambiara de color cuando ví que alguien se acercaba a mí, y me ayudaba a levantar el carrito del bache, en el que se había quedado encallada la rueda.

—Gra-Gracias… —dije tartamudeando mientras su mirada se clavaba en mis ojos.

Sin decir más palabra, me fui dejando a Gustav en un profundo shock mientras mi primo Tom era asaltado por varias fans, que querían algún autógrafo cosa que hizo que no se diera cuenta de mi presencia. Llegué al parque con el corazón acelerado, Gustav había descubierto mi verdad, y ahora tenía miedo que le dijera algo a mi primo. Estoy muerta…

—¿Porqué te fuiste tan repentinamente de Alemania? –dijo una voz que me hizo sobresaltarme.

—¡¡Gustav!! –dije en un susurro.

—Tus primos y tu tía están muy preocupados por ti –dijo muy serio.

—Lo siento… pero no puedo regresar –dije a Gustav con dolor– Ellos nunca me entenderían.

—¿Cuándo han nacido? –dijo Gustav fijándose en Sarah y en Alex que dormían plácidamente.

—En octubre… —dije en un susurro.

—¿Quién es el padre? –dijo Gustav con voz preocupada.

—¿Es un interrogatorio? –dije a Gustav con otra pregunta.

—No —dijo más calmado, intentando que no me enfadara y me fuera— Es que los gemelos lo han pasado muy mal con tu desaparición.

—Seguro que no es verdad. De Bill me lo esperaría, pero Tom seguro que no –dije con un poco de rabia.

—¿Por qué dices eso? Tom también te quiere mucho –dijo Gustav mirándome a los ojos. Yo suspiré, sin hacerle caso y desvié la mirada hacia otro lado.

—Sí, bueno –dije susurrando.

—¿Cómo se llaman? —señaló el cochecito.

—Alex y Sarah —contesté mientras movía el cochecito un poco para que él no les mirara demasiado.

—Son muy guapos —dijo Gustav sonriendo.

—Sí, lo son —lo dije susurrando con voz de madre mientras miraba a mis hijos con muchísima ternura.

—¿Confiarías en mi para decirme quién es el padre de los niños? —preguntó Gustav de nuevo, mientras me dirigía hacia un banco para sentarme.

—No me gusta hablar del tema Gustav, por favor, no insistas –dije un poco molesta.

—¿Estáis juntos? –siguió Gustav con sus preguntas.

Miré hacia otro lado, estaba claro que Gustav no se iba a rendir.

—No, fue una cosa de una noche –dije en un susurro.

—¿El padre no lo sabe? —los ojos de mi amigo se abrieron como platos cuando escuchó lo que le dije.

—No, no lo sabe y si es por mí, nunca lo sabrá –dije con voz quebrada.

—¿Por qué? ¿Te obligó a algo? –preguntó Gustav enfadándose.

—No, yo accedí pero ahora me arrepiento —miré a mis hijos– Bueno… en parte.

—Te entiendo –dijo Gustav mientras un silencio penetrante se formaba en el parque.

Fueron unos segundos, eternos para mí, mirando a Alex y a Sarah como dormían plácidamente en el cochecito. Me daba miedo que Gustav se diera cuenta de que los niños se parecían un poco a Tom, pero tampoco podía taparlos y evitar que él les mirara, eso sería demasiado cantoso.

—¿Cómo te mantienes? ¿Y a ellos? –me preguntó Gustav preocupado.

—Trabajando y con ayuda de una amiga –dije sin dar muchos detalles.

—Podrías decirle al padre de los bebés la verdad, a lo mejor te ayuda económicamente –dijo Gustav otra vez.

—Nunca le pediría nada –dije con un poco de rabia.

—¿Por qué no? –me preguntó Gustav.

—Ya te he dicho que no quiero que lo sepa Gustav —contesté bordemente.

—Vale –dijo quedándose un poco cortado.

—¿Tu tía tampoco lo sabe verdad? –volvió a preguntarme.

—Claramente no –dije secamente.

—¿No crees que le encantará saber que tiene dos sobrinos tan guapos? –dijo Gustav intentándome convencer.

—Gustav, escúchame una cosa y solo lo diré una vez. NO QUIERO QUE LE CUENTES NADA A NADIE ¿vale? —dije separando mucho las palabras.

—Uff… vale —suspiró el impotente, soy demasiado cabezota a veces.

—¿Me guardas el secreto cierto? –dije a Gustav mirándole a los ojos.

—Si —asintió rápidamente– Pero… —titubeó— Solo si me das tu dirección y tu número de teléfono para seguir en contacto y para que vaya a verte de vez en cuando y a los niños también.

—No sé… –dije un poco dudosa.

—Es lo único que te pido Dani, déjame estar a tu lado cuando pueda –dijo Gustav muy tiernamente.

—Vale –dije sin pensármelo dos veces, aunque sabía que eso traería consecuencias.

Busqué en mi gran bolso, un papel y un bolígrafo y le anoté toda la dirección y mi número de teléfono para luego dárselo. Antes de despedirnos le hice prometer que por nada en el mundo, le daría esa dirección y ese número de teléfono a mis primos ni a mi tía ni a nadie. Solo lo sabría él y nadie más.

Fin Temporada 2

Administración: Damos las gracias a la autora por permitirnos rescatar su obra en nuestra web. También agradecemos a todos ustedes, por sus lecturas y comentarios. Te invitamos a leer la temporada final. Podrás encontrarla pinchando «aquí«.

por Heiligtkt483

Escritora del Fandom

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