Ich Brech Aus III. Cap 10

«Ich Brech Aus» Temporada III

CAPITULO 10

Narra Daniela

—No es verdad –dije a mi primo manteniéndole la mirada firme, aunque sus palabras me estuvieran destrozando por dentro.

—Deseé follarte desde que eras pequeña, pero aún eras demasiada niña para participar en mis juegos sexuales por eso cuando regresé y ya tenías los 15 años no me dio reparo ninguno seducirte –dijo de nuevo mi primo con palabras hirientes.

—Te odio con toda mi alma –dije a mi primo con voz neutra.

—Más me odiarás cuando te veas otra vez arrastrándote a mis pies como una perra que va detrás de su dueño –dijo mi primo sin ningún tacto.

—Eso ni en sueños, primito –dije a mi primo otra vez– Antes de caer otra vez tus redes prefiero comprarme un consolador.

—Con que poco te conformas entonces –dijo mi primo con una sonrisa de medio lado.

—No cariño, es que tú no sabes darme placer –dije a mi primo con retintín– La tienes demasiada corta.

—No decías eso cuando te la metía hasta el fondo y gemías de placer –dijo mi primo mirándome fijamente y acercándose un poco más a mi.

—Es que no quería dejarte quedar mal –dije a mi primo mientras sonreía de medio lado– Por eso nunca te dije que la tenías corta, fíjate si se llegan a enterar todas tus fans que el gran Tom en realidad tiene un micro minitom.

—Pues me parece que vas tener que recordar como es sentir a micro minitom –dijo mi primo agarrándome del brazo y arrastrándome.

—Suéltame, Gilipollas –dije a mi primo mientras me arrastraba hacia su coche que lo tenía aparcado al final del callejón.

—Sabes que me estoy empezando a cansar de que me insultes todo el puto rato –dijo mi primo gritándome y mirándome fijamente a los ojos– Y yo te voy a quitar ese calentón que llevas encima, que ni siquiera tu novio sabe quitártelo.

—Tom déjame –dije a mi primo intentando librarme de él.

—Lo siento, no hubieras herido mi ego de hombre –dijo mi primo mientras me tumbada bruscamente en los asientos de atrás de su camioneta.

—Tom suéltame –dije a mi primo resistiéndome.

—Lo siento muñeca –dijo mi primo mientras acercaba sus labios a mi cuello, y empezaba a besarlo provocándome cosquilleos en mi estomago, haciéndome sentir sentimientos que tenía olvidados en lo más profundo de mi corazón.

—Te he dicho que no voy a volver a caer en tus juegos –dije a mi primo apartándolo bruscamente e intentándome levantar para irme.

—Creo que has cometido un grave error –dijo mi primo agarrándome de nuevo y empotrándome contra el asiento, mientras agarraba mis brazos fuertemente para impedir que huyera de nuevo.

—Para… —dije en un susurro mientras sus labios volvían a recorrer mi cuello produciéndome escalofríos.

Pero mi primo no paró, siguió besándome mi cuello con frenesí, mientras hacía algunas succiones, que hacían que mi cuerpo muerto durante seis años, poco a poco volviera a despertar a esas sensaciones placenteras que me habían hecho perder la cabeza, y la cordura hace varios años atrás, cuando creía que todo era color de rosa…

Sus labios se separaron de mi cuello, y dejé de sentir el frío metálico de su piercing, que años atrás me había vuelto completamente loca. Sus manos grandes y fuertes empezaron a acariciar mi espalda de arriba abajo, su mirada penetrante clavada en mis ojos, hicieron que poco a poco fuera rindiéndome a sus pies. Y mis labios recibieron los suyos, como una adolescente que añoraba los besos de su ser amado. Esos besos se volvieron bruscos, con desesperación. Podía notar toda su ira en todos esos besos que me daba, todo su dolor guardado desde hace seis años, pero al mismo tiempo me hizo darme cuenta que aún seguía viva.

Tímidamente, mis manos se posaron en su pecho. Un pecho fuerte y fornido, por demasiadas horas en el gimnasio. En un acto de valentía volví a separarle bruscamente de mí, siendo, en esa acción mordida por mi primo en mi labio inferior.

—¡Basta ya! –dije de nuevo a mi primo, que me miraba con su peculiar mirada de odio– No quiero perder el tiempo en tus estupideces.

Eché a un lado a mi primo, y intenté abrir la puerta de su coche. Su preciado Cadillac Escalade, pero la puerta no se abría. El muy capullo había puesto el seguro en las puertas, para evitar que me fuera sin cumplir su objetivo.

—Capullo quita el seguro de la puerta –ordené a m primo con enfado.

—Nein, Nein, Nein… —dijo mi primo mirándome furtivamente– Aún no hemos acabado lo que hemos empezado.

—Tú y yo no hemos empezado nada –le dije a mi primo con rabia.

—Me parece querida primita que te estás equivocando –dijo mi primo sonriéndome mordazmente– Tu cuerpo te ha delatado.

—Tom estoy cansada de tus tonterías –dije a mi primo encarándole de nuevo– Sino quieres madurar, problema tuyo. Yo hace tiempo que he madurado y no estoy para tus chiquilladas, así que abre la puerta de una vez.

—¡Vaya! ¿De verdad te crees madura? –dijo mi primo mirándome con desdén– Si hubieras sido más madura no te hubieras ido de casa, como lo hiciste hace seis años sin afrontar tus problemas.

—Te equivocas, si que enfrente mis problemas y sabes una cosa fue la mejor decisión de mi vida. No me arrepiento –dije mientras una débil sonrisa se me formaba en mis labios al recordar a mis pequeños.

—¿Y se puede saber que fue eso tan importante que hiciste? –me preguntó mi primo mirándome de lado.

—Eso nunca lo sabrás –dije a mi primo– ¿Me vas a abrir la puerta?

—Nein –dijo mi primo moviendo la cabeza– Te dije que aún no habíamos acabado.

Mi primo se volvió a acercar a mi otra vez, y comenzó a besarme mi cuello de nuevo, detrás de la oreja, y empezó a recorrer mi mandíbula, hasta bajar por mi escote, haciéndome ver que era él quién mandaba. Pero por mucho que mi primo quisiera dominarme no lo iba a conseguir, pero él sería el que vendría arrastrándose a mí. Decidí que, ya era hora de jugar un poco, como él lo había hecho hacía años atrás. Lentamente mis dedos fueron desabrochando la hebilla de su cinturón y poco a poco le fue bajando la cremallera de su pantalón, mientras que sus labios devoraban mi escote, y sus manos se entretenían desabrochándome los botones de la camisa, para dejar al descubierto mi sujetador negro que cubría mis pechos.

Mis dedos se colaron furtivamente dentro de sus bóxers, y comencé a jugar con su miembro haciendo, que reaccionará a la estimulación que ejercía mi mano sobre él. Poco a poco fui notando como su miembro se iba poniendo más duro, a cauda de los vaivenes que ejercían mis dedos sobre él. No faltó mucho, para que pronto sus bóxers le oprimieran demasiado, ya que presentaba una creciente erección. Mientras yo hacía todo eso, mi primo empezó a jugar con uno de mis pezones, haciendo que escalofríos de placer recorrieran mi cuerpo y como poco a poco se fue poniendo más duro.

Estaba aprisionada entre el asiento y él, no me podía escapar, aunque estaba buscando el despiste perfecto, para poder hacerme con las llaves del coche de mi primo, y así poder desbloquear el seguro de la puerta. Mientras hacía mi trabajo, hice que mi primo se sentará más cómodamente en el asiento, y poco a poco me fui colando entre sus piernas, para poder jugar con esa gran erección que ya tenía. Metí su miembro en mi boca, y con mi legua empecé a jugar con él haciendo que sonidos agudos salieran de su boca a causa del placer, que sentía al tener mis labios sobre su miembro. Levanté mi miraba levemente, sin dejar de jugar con su sexo, y observé que mi primo tenía cerrados completamente los ojos, y como pequeñas gotitas de sudor comenzaban a salir por su frente. En ese preciso momento, sin que se diera cuenta, aproveché para cogerle las llaves del coche, que sobresalían por el bolsillo de su gran cazadora.

Con mucho disimulo, y con sumo cuidado presioné el botón del mando a distancia, y escuché un pequeño sonido proveniente de las puertas, pero casi no se escuchó porque en ese preciso momento mi primo estaba gimiendo, bastante alto y ese sonido del seguro de las puertas del coche, fue amortiguado por el de sus gemidos. Mientras hacía mi última estocada, sonreí levemente, y me dispuse a separarme del miembro de mi primo, que estaba completamente empalmado. Sin pararme a abrochar mi camisa, procure acercarme a la puerta para salir del coche y dejando a mi primo con ese gran calentón, que no podría quitarse de encima ni con una buena ducha de agua fría. Mi primo aún seguía con los ojos cerrados y suspirando y respirando entrecortadamente, ya había abierto la puerta para irme, pero antes de cerrar la puerta decidí que debía decir mis últimas palabras a mi primo.

—Lo siento, primito –dije con una sonrisa de satisfacción– Siento dejarte con las ganas, pero me tengo que ir. Te recomiendo que te des una buena ducha o mejor dicho que te acabes tu el trabajito. Sino tu querida noviecita, sospechará que le has intentado poner los cuernos. Nos vemos mañana en la cena… Adiós.

—Me las vas a pagar, Daniela – dijo mi primo gritándome mientras yo le cerraba la puerta del coche en las narices – Te juro que para la próxima vez te voy a dejar el culo reventado, de tanto follarte…

Aceleré mi paso lo más rápido que pude, mientras apresuradamente abrochaba los botones de mi camisa, antes de salir del callejón. Debía de apurarme a irme de ese lugar, sino quería que mi primo volviera a cogerme por banda. Y ahora si que cumpliría con su amenaza, estando tan empalmado como estaba. Tras diez minutos de tensión, conseguí llegar al edificio donde tenía su viejo apartamento Gustav, abrí la puerta para acceder al portal de este, y me dirigí hacia el ascensor para subir a mi piso. Tras unos minutos, llegué a la planta y me dirigí hacia la puerta del apartamento para abrirla con las llaves, que tenía guardadas en mi bolsillo de mi pantalón. Al entrar en el apartamento, respiré aliviada dejando las llaves en una mesita que había en la entrada. Luego me dirigí al salón, donde me senté en el sillón.

A los veinte minutos, llamaron al timbre haciendo que me sobresaltará. Me levanté del sillón para abrir encontrándome a Adri y a Gustav, con mis dos pequeños que eran la luz de mis ojos.

—Mami… —dijo mi niño abrazándose a mí– Nos lo hemos pasado muy bien en el zoo.

—Me alegro mucho de que os hayáis divertido –dije a mis hijos abrazando a los dos a la vez– Chicos gracias por traer a mis niños de vuelta a casa.

—No tienes porque darnos las gracias –dijo Gustav– Son mis sobrinos me gusta pasar el tiempo con ellos.

—Bueno, pues entonces no os importará quedaros con ellos por la noche, mañana –dije a Gustav– Tengo una cena en casa de mi tía.

—Claro que no nos importa, no es ninguna molestia –dijo Adri mirándome con cara de compresión.

—Dani no crees que ya viene siendo hora de que le digas a tu tía, que tienes dos hijos –dijo Gustav sin rodeos.

—Lo sé… Pero no encuentro el momento oportuno –dije temerosa a mis amigos.

—Yo creo que sería mejor que lo hagas cuanto antes –dijo Gustav insistiéndome– No vaya a ser que se enteren por otras fuentes y sea peor.

—Lo sé… —dije en un susurro.

Fuimos a la cocina para sentarnos y que los niños no escucharan conversaciones de adultos.

—Enserio Dani deberías de hacerlo, ellos merecen tener una familia de verdad… No tienen la culpa de nada —intento convencerme mi amiga.

—No sé, no sé… no me metáis prisas… —llevé las manos a mi cara con agobio.

—Está bien no te agobiaremos. Yo, creo que me voy con los niños un rato así podéis hablar de cosas de mujeres creo que lo necesitáis… —Gustav se levantó de la mesa y dio un casto beso en los labios a su novia y luego a mi me dio a mi uno en la frente.

—Y bueno… ¿Qué tal te ha ido en casa de tu tía? –dijo mi amiga con mirada intrigante.

—Bueno, creo que bien –dije a mi amiga dudosa.

—Dani, ¿Qué ha pasado? –dijo mi amiga al ver mi respuesta y mi reacción.

—Casi me acuesto Tom –dije tapándome la cara con las manos.

—¡¿Qué?! –dijo Adri estupefacta– Es una broma, ¿no?

—No, amiga no es ninguna broma –dije con rabia– Casi vuelvo a caer en su juego…

—Dani… —dijo mi amiga confusa.

—Pero le he sabido parar los pies antes de volver a cometer ese error –dije a mi amiga de nuevo– Tom no me va a volver a tener, nunca más… ni en sus mejores sueños.

—Pero no puedes negar que lo sigues amando –dijo Adri mirándome insinuante.

—Lo amé mucho, pero ahora ya no queda nada de todo ese amor –dije a Adri con mucha tristeza– Ahora tengo que luchar por mis hijos, y encontrar a alguien que me quiera y por supuesto que acepte a mis hijos.

—Algún día lo encontrarás y volverás a ser feliz, eso tenlo por seguro amiga –dijo Adri abrazándome.

—Bueno, será mejor que vaya a poner la mesa para que coman Alex y Sarah que ya se está echando encima la hora de comer de ellos –dije a mi amiga con una débil sonrisa.

Salí de la cocina, y me dirigí a la pequeña mesa que había en el salón, y puse un mantel para luego traer dos vasos, dos platos, las servilletas y los cubiertos. Para comer había hecho unas patatas fritas con huevos y croquetas, ya que no le iba a ponerle todos los días comida hervida. Me senté con ellos mientras observaba como engullían su comida, mientras hablaba con Gustav y Adri, aunque más tarde se fueron a su casa para tener un poco de intimidad, así que yo me quedé con los niños. Después de que acabaran de comer, recogí todo y fregué los platos mientras que los niños veían la televisión. Cuando acabé me fui al sillón a junto de ellos, y estuve mirando la televisión con ellos, hasta que se pasó la tarde.

Después de bañar a Sarah y a Alex, les hice una cena bastante ligera. Después de que se cepillarán los dientes, me dispuse a acostarlos, al ser unos niños de seis años a las nueve de la noche no más tarde tenían que estar en la cama. Así que les llevé a su habitación, y los metí en la cama arropándolos y les leí un cuento, y luego les di el beso de buenas noches, y me fui a mi habitación. Me desnudé y me puse un camisón cortito de verano, y me metí en la cama aburrida sin saber que hacer, así que cerré los ojos intentando quedarme dormida mientras pensaba en lo que debía hacer, si hacer lo correcto o no.

Continúa…

por Heiligtkt483

Escritora del Fandom

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