«Ich Brech Aus» Temporada III
CAPITULO 11
Narra Daniela
El cantar de los pájaros hizo que me despertará, mientras una luz intensa invadía mi habitación. Las voces de mis hijos se escuchaban ya, eso quería decir que ya estaban despiertos, y por lo que pude intuir mirando la televisión. Me levanté de la cama, estiré mi cuerpo para desperezarme y salí de mi habitación, dirigiéndome hacia el salón. Allí me encontré con Alex y Sarah mirando atentamente la televisión, unos dibujos animados.
—Buenos días, mami –dijo Sarah levantándose del sillón y acercándose corriendo hacia a mí.
—Buenos días, princesa –dije cogiéndola en brazos, y dándole un beso en la mejilla.
—Mami, ¿Qué vamos hacer hoy? –dijo mi hija con su voz infantil.
—Pues iremos a dar una vuelta, y después por la tarde vendrá Adri y Gustav a buscaros, que hoy dormís en la casa del tío Gustav –dije a mi hija explicándole.
—¿Por qué tenemos que dormir en casa del tío Gustav? –dijo mi hija curiosa.
—Porque mami tiene que ir a una cena familiar –dije a mi hija.
—¿Y no nos puedes llevar a nosotros? –preguntó mi hija extrañada.
—Aún es muy pronto para que vayáis a ese tipo de cena –dije a mi hija– Pero uno de estos días iremos a casa de mi tía y os llevaré para que la conozcáis.
—¿Enserio, mami? –dijo mi hija inocentemente— ¿Y allí estará también papá?
—No, cariño –dije a mi hija– Porque voy a cenar a casa de mi tía por parte de mi madre.
—Ahh –dijo mi hija en un susurro.
—Bueno, ahora vamos a vestirnos que vamos a ir a desayunar por ahí ¿Qué os parece? –le dije a mis hijos.
—Yupi –dijeron mis hijos al unísono como respuesta a mi propuesta.
La mañana se pasó rápidamente, y pronto tuvimos que regresar a casa para prepararles las mochilas a los niños con su ropa y sus cosas de aseo, para ir a casa de Gustav a dormir, y no volverían hasta el día siguiente. Ya tenía todo preparado, y estaba eligiendo mi vestido, que llevaría a la cena, mientras que los niños miraban la televisión. Entre mi maleta encontré un vestido de palabra de honor, color negro, que me resaltaban mis formas. No era ni muy largo ni muy corto, me llegaba por encima de las rodillas mostrando mis perfectas piernas, que eran largas y esbeltas. Me puse las medías procurando no romperlas en las proceso, para luego ponerme unos zapatos de tacón alto, que hacían que fuera un poco más alta más esbelta. Me dirigí al baño para peinarme, y maquillarme.
Decidí recoger mi melena en un pequeño moño, pero informal haciendo que algunos mechones de mi pelo cayera por los lados. Me deliñé los ojos con un lápiz de color negro, haciendo que mis ojos verdes quedaran más resaltados, para luego acabar de pintarme los labios, con un gloss de color rosado con brillos que hacían que mis labios estuvieran apetitosos, sensuales. Salí del baño, y en un pequeño bolso que tenía, metí mi móvil, mi cartera y alguna cosa indispensable. Después me dirigí hacia el salón, siendo observada por mis hijos.
—Mami estás muy bonita –dijo mi hijo mirándome fijamente.
—Gracias mi vida –le dije a mi hijo dándole un beso en la mejilla, manchándolo con mi gloss.
—Mami, esta noche te vas a echar novio –dijo mi hija sonriéndome– Sabes que eres la mamá más bonita…
—Lo sé mi niña –dije a mi hija mientras le acariciaba su carita– Pero también tengo unos hijos muy bonitos, que no cambiaría por nada del mundo…
A los pocos minutos, el timbre sonó y me acerqué a abrir con paso apurado. Nada más abrir Gustav me echo uno de esos piropos, que cualquiera mujer querría, y Adri me dio dos besos. Entraron al interior del apartamento, y saludaron a los niños. Después le di a Gustav las mochilas de los niños y se dispusieron a irse.
—Dani… —dijo Gustav antes de salir por la puerta– Si quieres te acercamos a casa de tu tía, nos queda de camino.
—Bueno, no estaría mal –dije a mi amigo– No es plan de ir con estos tacones por ahí, y luego no aguantar con ellos durante la noche.
—Vale –dijo Gustav– Pues entonces vámonos.
—Ok, espera que cojo mi bolso –dije a Gustav y nos dispusimos a salir todos del apartamento.
—Tío Gustav, hoy mi mamá va a encontrar novio con lo guapa que está –dijo Sarah inocentemente.
—Sí, eso no lo dudo –dijo Adri– Hoy vas a romper corazones, Dani. Muy pronto dejarás la soltería.
—¡Qué va! –dije a mi amiga modestamente– Si estoy como siempre…
—No, hoy estás muy hermosa. Y el hombre que no lo reconozca es tonto –dijo Gustav mirándome fijamente.
Llegamos al garaje, y nos metimos los cinco en el coche, y nos dirigimos rumbo a casa de mi tía. Después de veinte minutos, le dije a Gustav que aparcará el coche en una zona cercana pero no tan cerca, ya que no quería que lo vieran conmigo porque sino se podría formar un lio de narices. Así que, me despedí de mis niños diciéndoles que se portarán bien y que no hicieran muchas travesuras, y bajé del coche, y me despedí con la mano de Gustav y Adri, aunque a través del cristal pude distinguir que Adri me decía que me lo pasará bien y que disfrutará y sobre todo, con protección. Una sonrisa traviesa se me formó en mis labios, por esto último. Hacía tiempo que no tenía relaciones sexuales ya que hacía tiempo que no tenía pareja, y la verdad es que necesitaba tener ese tipo de contacto, porque es bueno para quitar tensiones.
Con paso decidido me dirigí hacia la casa de mi tía, cuando llegué a la puerta que daba a la vivienda, llamé al timbre. Al poco rato, mi tía abrió la puerta dándome dos besos en mis dos mejillas, se la veía muy contenta.
—¡Qué guapa estás! –dijo mi tía con mucha ternura– Te has convertido una mujer muy bonita…
—Gracias, tía –dije con un poco de timidez.
—Tus primos llegarán en unos minutos –dijo mi tía— ¿Quieres tomar algo? Una copa de vino, ¿Tal vez?
—Sí, no estaría mal –dije a mi tía mientras me guiaba hacia el gran salón, que poseía la casa.
—Estupendo siéntate ahí –dijo mi tía señalándome el sillón– Ahora vengo, voy a la cocina.
Me quedé sola en medio del silencio, que había en el salón. A los pocos segundos, llegó mi tía con dos copas grandes y que contenían cada una vino. Me dio mi copa y se sentó al lado mía, para conversar mientras nos tomábamos la bebida. Al poco rato, se unió mi tío Gordon, y estuvimos conversando de cosas, de lo que había hecho todos estos años, y como le habían ido a ellos con sus negocios, y como iban con los preparativos de la boda.
A las ocho en punto, por mi reloj, llamaron al timbre de la casa. Mi tía como gran anfitriona se dirigió a abrir la puerta, por ella entraron mis primos Tom y Bill, Patri y una chica que no conocía de nada. Era rubia de ojos azules, y con bastante pecho y que por apariencia me decía que no era suyo, que igual pudo haber pasado por varias operaciones. Mi primo Bill se acercó a mí y me dio un beso muy sonoro en mi mejilla, aunque nos habíamos visto el día anterior, me mostró un enorme cariño hacia a mí. Sin embargo, mi primo Tom me miraba furtivamente y con el ceño fruncido mostrándome su completa antipatía hacia mí. Después Patri se acercó a mí para saludarme con un gran abrazo, e incluso algunas lagrimillas de emoción salieron por sus ojos.
—¡¡Dios mío, Dani!! –dijo Patri abrazándome fuertemente– Te he extrañado tanto. ¿Dónde te metiste durante todo este tiempo?
—Bueno quise vivir nuevas experiencias –dije a Patri.
—Bueno… Eso que importa ahora, lo importante es que estás de vuelta aquí y que no te vas a volver a ir, ¿Verdad? –dijo Patri emocionada, haciéndome que se formará un silencio incómodo en la sala.
—Verás Patri, en varias semanas me vuelvo a marchar –dije con tristeza a mi amiga– Yo tengo mi vida en el lugar donde vivo, y no puedo dejarla así porque así.
—Pero… ¿Vas a volver a alejarte de las personas que te quieren? –dijo Patri con tristeza.
—No me queda más remedio… Elegí esa vida, y ahora no puedo dar marcha atrás –dije a Patri con voz seria y susurrando.
—Dani, cariño… —dijo mi tía haciendo para que le prestará atención– Esta es Chantelle, la novia de tu primo Tom –así que se llamaba así la noviecita de mi primo, no me extraña que mi primo empezará a salir con ella, si están los dos cortados por el mismo patrón.
—Hola, yo soy Daniela. La prima pequeña de Tom –dije con una educación simulada– Así que eres la novia de mi primo, no sabía que mi primo tuviera novia. Es un chico de pocas relaciones serias. Le gusta mucho picar, y probar –le dije susurrando esto último y guiñándole el ojo para que se hiciera la entendida.
—Por lo que veo, Tom tiene una prima muy espabilada. ¿Cuántos años tienes? –dijo Chantelle mirándome de arriba abajo.
—Tengo 21 años aunque en unos meses cumpliré los 22 años –le contesté a Chantelle– Y no soy espabilada, solo que me he tenido que valerme por mí misma para poder conseguir cosas, que seguramente tu novio te lo puede dar fácilmente sin que muevas una uña y se te rompa.
—No hace falta que le hables así a mi novia, Daniela –dijo mi primo con voz seria en modo de advertencia– En todo este rato te ha hablado respetuosamente.
—Lo siento, no quería ser brusca –dije avergonzada a Chantelle, la verdad es que me había pasado un poco.
—No pasa nada –dijo Chantelle sin darle importancia a mi reacción anterior– Es normal que estés a la defensiva…
—Bueno, la cena va a estar en unos minutos –nos comunicó mi tía Simone para que fuéramos tomando nuestros asientos en la mesa, que había en el gran comedor.
Caminamos en silencio hasta el gran comedor, y cada uno nos fuimos sentando en nuestros asientos correspondientes. Gordon, en uno de los laterales de la mesa, presidiendo la mesa como anfitrión y mi tía se sentaría enfrente de él. Bill y Patri se sentaron en un lado de la mesa, y Tom y Chantelle en el otro lado, quedando una silla vacía al lado de Patri, que tomé por asiento. Así que ahora tenía a mi primo Tom enfrente de mí observándome penetrantemente. No sé si aguantare mucho en la cena, con la constante mirada de mi primo Tom. Mi tía vino de la cocina con una gran fuente, en donde traía entremeses de todo tipo que era el primer plato, después se volvió a ir hacia la cocina y trajo otras fuentes con otras cosas.
Cuando se sentó en su silla, todos empezamos a coger un poco de lo que había en las fuentes, la verdad es que estaba todo muy delicioso. Ya se me había olvidado lo bien que cocinaba mi tía, y los platos riquísimos que me preparaba de niña. Mientras cenábamos, no perdimos tiempos para hablar de cosas, y mi primo Bill me estuvo contando que junto a los chicos y Tom, habían creado una discográfica con su sello, de la cual eran propietarios y también los compaginaban con ser productores discográficos de otras bandas, que aún no eran conocidas. También me contó que de vez en cuando desfilaba en las grandes pasarelas de Milán, Londres… Patri también me contó, que había acabado sus estudios de peluquería y que ahora trabaja de estilista para Bill y para los chicos. Mientras tanto Tom escuchaba expectante la conversación, y de vez en cuando le susurraba algo al oído de su novia, como si se estuvieran contando secretitos.
—Un momentito, por favor –dijo de repente mi primo Tom haciendo que todos nos fijáramos en él– Tengo que comunicaros una cosa…
—¿De qué se trata, hijo? –dijo mi tía Simone intrigada.
—Quiero anunciaros, que Chantelle y yo nos hemos comprometido, vamos a casarnos y formar una familia con el tiempo, porque nos queremos –dijo Tom mirando a su novia– Y que en unos meses celebraremos nuestra boda, que por supuesto estarás invitada Daniela, también puedes traer a tu novio.
—Oh hijo… —dijo mi tía emocionada, abrazando a mi primo con mucha ternura, mientras sentía como mi corazón se rompían en trocitos muy pequeños, que difícilmente podría volver a recomponer. Me acababa de dar cuenta de que realmente lo quería, y por mucho que quisiera arrancármelo de mi corazón, el siempre volvería a él porque nos unen muchas cosas aunque él lo ignore todavía– Me haces muy feliz con esta noticia —Chantelle sonreía como una tonta poniéndome de los nervios.
—Pero está no es la única noticia en la familia, mamá –dijo Tom clavándome su mirada.
—No me digas que tú y Chantelle vais a ser… —dijo Simone con ojos brillosos.
—No, aún no es el momento de tener niños –dijo mi primo Tom fijando su mirada otra vez en mi– No soy el único que se va a casar también. Daniela también está comprometida…
—¿Eso es cierto Daniela? –dijo mi tía fijando su mirada en mí.
—Bu-Bueno… —dije nerviosamente.
—Cariño cuando tenías pensado decírmelo –dijo mi tía con fingido enfado.
—Bueno es que mi novio, no ha viajado conmigo –dije a mi tía como excusa– Por eso no te lo dije.
—Me parece muy extraño, que teniendo novio te hubieras venido durante un mes sin él –dijo Tom mirándome fijamente.
—Es que él tenía que trabajar no podía venir, aparte tenemos una relación muy liberal. Él no se mete en mis cosas y yo no me meto en las suyas, pero claramente respetándonos –dije a mi primo explicándole, elevando un poco la voz para que lo entendiera.
—Vale, no hace falta que emplees ese tonito conmigo –dijo mi primo advirtiéndome.
—Chicos, tengamos la cena en paz –dijo mi tía intentando poner paz– Hace seis años que no os veis y lo que único que hacéis, cada vez que estáis juntos, es discutir. Intentar llevaros bien, sólo por esta noche, hacerme el favor.
—Bueno… —dije susurrando mientras bajaba la mirada.
Las horas fueron pasando, y ya nos encontrábamos cerca de la media noche. Mi tía fue a la cocina a dejar los platos, para luego meterlos en el lavavajillas y trajo una botella de licor, y una jarra con café y azucarillos para los que quisiéramos tomar café y los que no pues se tomaban el licor. Estuvimos hablando hasta bien entrada la noche, pero después mi tío y mi tía se retiró dejándonos a los jóvenes charlar tranquilamente. Ya había transcurrido una hora, y decidimos irnos de la casa, para así dejar descansar a mis tíos, ya que al día siguiente harían una comida en la que estaríamos invitados de nuevo.
Salimos de la casa de mis tíos, y yo me monté en el coche de Bill, habíamos decidido ir a una discoteca, y sinceramente no me apetecía ir mucho. Solo iba porque me apetecía estar un rato más con mi primo Bill y Patri, pero no me apetecía nada de nada aguantar a la tonta de Chantelle. Pero me tocaba aparentar enfrente de mi primo Tom, que me caía bien su novia.
Tras unos veinte minutos, de trayecto por fin llegamos a la zona de marcha de la ciudad. Mucha gente estaba agolpada en las entradas de las discotecas esperando su turno, otra gente simplemente estaba formada en pequeños grupos hablando, sin entrar en la discoteca. Al poco rato, llegó mi primo Tom solo, cosa que nos hizo extrañar un poco ya que Chantelle en un principio también iba a venir a la discoteca.
—¿Y Chantelle? –le preguntó Bill a su hermano.
Continúa…