«Ich Brech Aus» Temporada III
CAPITULO 12
Narra Daniela
—No se encontraba bien, y la he llevado a casa –dijo mi primo Tom a Bill.
—Bueno… —dijo mi primo Bill– Será mejor que entremos antes de que la gente se dé cuenta que estamos aquí.
—Si… —dijo mi primo Tom empezando a andar hacia la puerta de la discoteca.
La música estaba muy alta, haciendo que mis oídos se resintieran considerablemente, es que llevaba ya casi seis años sin ir a ninguna discoteca, porque por las noches me tenía que quedar con mis hijos. El ambiente estaba bastante calmado, aunque era lógico porque aún no había llegado demasiada gente aún. Mis primos se dirigieron hacia la barra para coger algo de beber, y a los pocos minutos cada uno venía con dos vasos en las manos para luego tendernos a mí y a Patri uno de ellos. Entre bailes, y risas por parte de Patri y mía, se fueron pasando las horas hasta que mi primo Bill se puso muy cariñoso con Patri, cosa que hizo sentirme un poco incómoda porque mientras ellos se besaban apasionadamente yo tenía al lado a mi primo Tom, que no hacía más que mirarme con el ceño fruncido.
—Voy un momento al servicio –dije al aire sin obtener respuesta por parte de ninguno de ellos.
Llegué a la zona donde estaba el servicio, y había bastante cola para entrar. En realidad, no tenía ganas de ir al servicio, pero me sentía tan incómodo ante esa situación que necesitaba salir para quitarme un poco la tensión que tenía, y de paso refrescar mi cara que en esos momentos estaba un poco acalorada. Entré en el baño, y me entretuve un poco más bien era para no regresar tan pronto, seguramente mi primo Bill seguiría con Patri en plan empalagoso. Después de echar unos diez minutos, me decidí a volver otra vez. Cuando llegué mi primo Bill ya no estaba besando a Patri, cosa que hizo que respirara más relajada.
—Dani… —dijo mi primo Bill al verme llegar– Patri y yo nos vamos a ir, si quieres te podemos acercar en donde te estás quedando.
—Ya… tan pronto –dije un poco triste.
—Es que ya no tenemos tanto aguante como antes –dijo mi primo Bill riéndose un poco— ¿Qué dices?
—No hace falta, Bill –dije a mi primo– De verdad te lo agradezco pero prefiero irme sola y caminar un poco.
—Bueno como quieras –dijo mi primo Bill sin insistir más– No te voy a obligar, si prefieres irte sola. Bueno, pues nos vemos mañana en casa de mi madre porque vendrás a la comida, ¿no?
—Claro… —dije a mi primo Bill sonriéndole– Bueno, será mejor que me vaya ya. Hasta mañana chicos.
Me hice paso entre la gente, para poder llegar a la salida de la discoteca. Cuando salí a la calle un aire frío recorrió mi cuerpo, ya que la temperatura de la calle había bajado considerablemente. Noté como mis brazos desnudos se pusieron de piel de gallina, instintivamente me pase las manos para proporcionarme un poco de calor. Comencé a caminar, dirección hacia mi casa pasé por delante de un callejón oscuro, que me hizo recordar lo que me había pasado hace seis años atrás, y me pregunté que sería ahora de ese malnacido, si ya estaría en la cárcel o estaría suelto. Seguí caminando mientras apuraba el paso, no me daba muy buena espina ese callejón, además me estaba empezando a emparanoiar porque comencé a sentir pasos que poco a poco se iban acercando más a mí y cuanto más apuraba esos pasos también más apuraban. Estaba a punto de girar la esquina, cuando me agarraron del brazo bruscamente una sensación de pánico se apoderó de mi cuerpo, pero que desapareció al instante que le vi a la cara.
—¿Qué haces aquí, Tom? –dije a mi primo confusa– No se suponía que tu también te habías ido con Bill y con Patri.
—Siento darte el disgusto querida primita, pero tendrás que aguantar un rato más –dijo mi primo con soberbia– No es prudente que vayas sola por estas calles, a estas horas de la madrugada. Hay mucho loco suelto…
—Já… ¿Lo estás diciendo por ti? –dije irónicamente.
—Me hace mucha gracia cuando me hablas irónicamente, primita –dijo mi primo con tono burlón– Se nota que has mejorado.
—He tenido seis años para practicar –dije a mi primo de nuevo– Y ahora si me permites, tengo que regresar a mi casa.
Acto seguido, me abrí paso y seguí caminando pero a los pocos segundos ya estaba otra vez, mi primo Tom tocándome las narices. Me dirigí repentinamente, provocando que mi primo chocara contra mí.
—¿Qué narices quieres, Tom? –dije a mi primo cruzándome de brazos– Vete a junto de novia, seguro que te está esperando para que tengáis una noche de pasión.
—Vaya precisamente no estaba pensando en ella, para pasar la noche –dijo mi primo mirándome con los ojos achinados.
—Serás cabrón te has comprometido hoy con ella –dije a mi primo echa una furia– Y ahora le vas a poner los cuernos, con cualquier tipeja que te encuentres.
—Vaya, pensé que te caía mal mi novia –dijo mi primo de nuevo.
—Y así es, pero a todas las mujeres nos jode que nos pongan los cuernos una vez en la vida –dije a mi primo enfadada– Y aunque no sea de mi agrado, siento pena por ella por haberse cruzado con tipejo como tú, que solo piensas con sus partes blandas en vez con el cerebro.
—Vaya… pues creo que para los hombres es realmente fácil poner los cuernos, y sobre todo que alguna mujer deje su entereza a un lado y nos ayude a hacerlo, siempre encontraremos a alguien… –dijo mi primo en plan chulesco.
—Pues conmigo vas listo –le dije a mi primo tajantemente.
—¿Seguro? –dijo mi primo mientras movía su piercing insinuantemente.
—Sí –dije mientras ponía los ojos en blanco.
—No lo dices muy convencida –volvió a decir mi primo intentándome picar.
—Tom deja de tocarme los cojones –dije a mi primo encarándome a él– Me tengo que ir, ya es demasiado tarde.
Me volví a girar, y comencé a girar esta vez no sentí los pasos de mi primo detrás de mí. Así que di por supuesto, que había desistido y se habría ido por el camino que había venido. Pero no todo era como yo pensaba, cuando llegué al portal y estaba a punto de meter la llave en la cerradura de este, volví a escuchar la voz grave y seria de mi primo Tom.
—¿Desde cuándo estás alojada en el edificio donde Gustav tiene su viejo apartamento? –dijo mi primo inquisitivamente.
—Eso que te importa –contesté a mi primo bordemente.
—¿Has estado en contacto con él durante todos estos años? –dijo mi primo mirándome con rabia.
—Y si fuera así, que me dirías –dije a Tom de nuevo– Vas a ir a pegarte a hostias con Gustav. Porque durante todos estos años, él ha sido el único que me ha apoyado y se preocupó porque estuviera bien.
—Ha sido el único, porque no permitiste que tu propia familia estuviera contigo –dijo mi primo con rabia– Desapareciste del mapa sin dar explicaciones, no sabes lo que sufrió mi madre esperando día a día a que volvieras a entrar por esa puerta. Las noches de insomnio que pasé escuchando a mi madre llorar porque su pequeña sobrina había desaparecido sin dar explicación ninguna.
—¡Basta! No quiero seguir escuchando –dije dispuesta a meterme dentro del edificio.
—¡Nooo! Me vas a escuchar Daniela –dijo mi primo mientras me agarraba por los brazos– Vas a escuchar todo lo que sufrió mi madre, para que luego tengas remordimientos de conciencia y pagues con creces todo lo que le has hecho a mi madre.
—Suéltame –dije a mi primo con odio en los ojos.
—Noooo, no me has entendido –dijo mi primo de nuevo mientras me zarandeaba bruscamente, y noté como poco a poco mi visión se iba nublando hasta que todo se volvió oscuro.
Narra Tom
¡Mierda! Y ahora que hago, tengo a mi prima entre mis brazos desmayada. ¿Qué hago? La llevo a mi apartamento o la subo al apartamento de Gustav, porque sé claramente que está viviendo en él, aunque me lo haya querido negar. Buscó entre el pequeño bolso de mi prima, unas llaves que me permita abrir la puerta del portal. Cuando las encontré, abrí el portal mientras que sujetaba a mi prima con mi otro brazo. La cogí a volandas y nos subimos al ascensor, marqué el piso donde tenía Gustav su apartamento, y a los pocos minutos ya me encontraba saliendo del mismo, en dirección a la puerta de su apartamento. Metí la llave y giré la cerradura. ¡Eureka! La puerta se abrió dando paso ante mí, un apartamento bastante amplio y bien cuidado.
Cerré la puerta con pie, mientras que sujetaba a mi prima entre mis brazos. Después me dirigí hacia el salón, y posé a mi prima sobre el gran sillón de cuero que tenía Gustav. Una vez que hice eso, me dispuse a ir al baño para buscar un poco de colonia o de alcohol para hacer que mi prima recuperará el conocimiento, ya que no era plan de dejarla sola sin conocimiento en el apartamento. Después de una búsqueda intensa de cinco minutos, volví a pasar por el largo pasillo que daba al salón, pasando por delante de una habitación bastante amplía, donde se suponía que dormía allí Daniela, ya que había una cama de matrimonio amplía.
Después pase por otra habitación, que era un poco más pequeña. Me llamó un poco la atención porque tenía en las paredes motivos infantiles y varios estantes con diversos peluches y algún que otro juguete de niño pequeño. Me acordé que Dani había nombrado la primera vez que fue a casa de mi madre, que estaba con una amiga de vacaciones, y lo que se me paso por ese instante por la cabeza, es que la amiga de Dani fuera mamá, y compartiera la habitación con su hijo dejando a mi prima la habitación grande. Aunque en ese momento no estaba en el interior del apartamento. Volví a donde estaba Dani, y acerqué un trocito de algodón empapado a su nariz, y poco a poco empezó a recobrar el conocimiento, dejándome más tranquilo.
—¿Te encuentras mejor? –pregunté a mi prima.
—Tom, ¿Qué haces aquí? –dijo mi prima nerviosa— ¿Cómo has logrado entrar?
—Pues con las llaves, con que va a ser –dije a mi prima con obviedad– Cogí las llaves de tu bolso, no era plan de dejarte en medio del portal desmayada.
—… —mi prima no me dijo nada, solo se limito a bajar su mirada para luego hablar en un modo susurrante– Ya te debes sentir contento por tu buena acción de buen samaritano. Ahora ya te puedes ir, junto a tu novia que se con la que tienes que estar.
—¿Y si no quiero? –dije a mi prima desafiante– Te recuerdo, que tú no eres nadie para mandarme hacer lo que debo. Soy mayorcito para tomar mis propias decisiones.
—Tom… Estoy cansada de discutir –dijo mi prima cansinamente, intentándose levantar del sillón– Te agradezco lo que hiciste, pero ahora es mejor que te vayas, necesito descansar.
—¡Cuidado! –dije a mi prima, que se tambaleó, y hubiera acabado en el suelo a no ser porque rápidamente la agarré– No te veo muy bien.
—Tom… Venga márchate –dijo mi prima de nuevo clavando sus ojos verdes en los míos, haciendo que me perdiera en ellos.
—Pues mira, he cambiado de opinión. Creo que me voy a quedar –dije a mi prima mientras acercaba poco a poco mis labios a los suyos haciendo que rozarán.
—Para… —dijo mi prima en un susurro, mientras que la comenzaba a besar con desesperación, con locura.
—Porque niegas algo que inevitablemente tiene que ocurrir –dije a mi prima sonriendo de medio lado, mientras mis dedos acariciaban la parte de su espalda desnuda, y levemente mis dedos comenzaron a bajar la cremallera de ese vestido palabra de honor, que resaltaba las formas redondas de su cuerpo haciéndola tan espectacular– Sé que me deseas, que te mueres por sentirme de nuevo.
—No… no es verdad –dijo mi prima moviendo su cabeza confundida– No voy a volver a caer en tu juego otra vez, no ahora…
—Demasiado tarde… —dije en un susurro, mientras recorría su cuello con mis labios– Tu piel te ha delatado, porque cada poro de tu piel está deseando ser plenamente de mi.
—Tom… para… —dijo de nuevo mi prima intentado evitar ese acercamiento, mientras las yemas de mis dedos comenzaban a acariciar su piel fina provocándole pequeños gemidos inaudibles de placer.
Poco a poco, con mis mañas, conseguí que mi prima volviera otra vez a caer en mis redes. Ahora estábamos sentados en el sillón, con ella sentada encima de mí devorándonos a besos, regalándonos caricias que fueron despertando las partes dormidas de nuestro cuerpo. Lentamente, mi prima me despojo de mi camiseta, mostrando mi torso desnudo y bastante tonificado. Sus labios recorrieron mi cuello hasta llegar a la parte baja de mi abdomen, haciendo que mi viejo amigo se pusiera contento. Agarré a mi prima de nuevo, para acercarla otra vez a mis labios besándola con furia mientras me deshacía del vestido que cubría su cuerpo, y mostrándome un cuerpo más redondeado, más esbelto, adornado por un conjunto interior de encaje de color negro, que te hacía pensar en cosas, que no eran demasiado buenas. Sino que eran las más pervertidas de todo el mundo.
Sentí como sus brazos rodeaban mi cuello, para hacer más profundo ese beso. Mientras que mis manos acariciaban su espalda, bajando hacia su culo para empujarla hacia mí y poder besarla con más pasión. La temperatura iba aumentando en cada momento, así que opté en llevarme a mi prima, a su habitación, y así poder culminar con mi propósito. Me elevé del sofá, con mi prima en brazos, notando como cruzaban sus piernas sobre mi espalda para evitar caerse en su trayecto.
Entré en la habitación, mientras nos besábamos desesperadamente. Hasta que llegué junto a la gran cama, que había en la habitación. Deposité a mi prima sobre la cama, para luego desabrocharme el cinturón y seguidamente quitarme los pantalones, mientras mi prima me observaba tumbada en la cama con la respiración agitada y mordiéndose el labio inferior, haciéndola más sexy sin duda. Me tumbé en la cama al lado de ella, y me acerqué para continuar besando el cuello, para luego dirigirme hacia su escote, y comenzarle a besarlo mientras fuertes suspiros de placer comenzaban a salir por su boca.
—MMmmmmm… Aahhhhhhhh… –dijo mi prima repetidamente mientras se retorcía de placer– ¡Oh dios mío! ¡Oh dios mío!
Continúa…