«Ich Brech Aus» Temporada III
CAPITULO 16
DOS SEMANAS MÁS TARDE
Narra Daniela
Han pasado dos semanas desde que me fui repentinamente de Alemania. Durante este tiempo lo he tenido un poco liado, ya que sin Adri, los niños se ponen más revoltosos y yo sola no puedo con ellos. Vale, que ahora me diréis que yo me lo he buscado por haber sido madre demasiado pronto, pero es que Adri me ayudaba mucho sobre todo cuando yo iba a trabajar. La echo mucho de menos, ahora que me he tenido que incorporar al trabajo, porque mi jefe requirió de mis servicios, sin dejarme acabar mis vacaciones. Esta situación ha hecho que tuviera que meter a Alex y a Sarah en una ludoteca de verano con comedor incluido, para que los niños estén distraídos y atendidos mientras yo trabajo, ya que mis horarios laborales no son muy compatibles con los horarios vacacionales de mis hijos. Antes tenía a Adri, que se hacía cargo de ellos y me los cuidaba mientras yo trabajaba, pero ahora ella ha decidido quedarse a vivir en Alemania con Gustav.
Sinceramente, ya lo veía venir. Adri y Gustav se quieren mucho y si alguno de ellos dos no cedían en su relación, al ver distancia de por medio, esa relación no tendría futuro. Así que al final, Adri ha decidido vivir en Alemania. Gustav la ha contratado como asesor jurídico de la discográfica que ha montado él, con Georg y mis primos. Así que mi vida se ha vuelto un poco caótica, y he tenido que aprender a organizarme de nuevo sin tener que depender de nadie. La última vez que he hablado con Adri me ha dicho que Gustav y Tom se han enfadado. Mi primo finalmente le ha reclamado a Gustav, que durante estos seis años supiera de mi paradero y no habérselo comunicado. Siempre causo dolor a las personas que siempre se han preocupado por mí.
Mañana voy a tener un día un poco agitado, voy a tener que contratar a una niñera, que cuide de Alex y Sarah por noche, porque mi jefe me ha dicho que tengo que ir a una cena de negocios con él, que hay una importante persona, que quiere invertir su dinero en la empresa donde trabajo. Así que mañana en el trabajo, tendré que redactar las condiciones del acuerdo, y todas esas cosas legales. Son las ocho de la noche, ahora me dirijo hacia la ludoteca donde tengo a mis hijos durante todo el día. Espero que hayan pasado un buen día, y que se hayan divertido mucho. Aparqué mi coche, en un sitio libre que había enfrente del recinto donde tengo a mis hijos, para luego salir del coche y dirigirme al interior para ir a buscarlos.
—Mami –dijo Sarah acercándose a mí corriendo.
—Hola mi vida –dije abrazando a mi hija.
—Sabes mami, Alex y yo hemos estado jugando y pintando –dijo mi hija toda emocionada.
—Me alegro mucho, cariño –dije acariciando su mejilla.
—Mami, mira que dibujo he hecho –dijo mi hijo Alex acercándose a nosotros.
—¡Qué bonito te ha quedado! –dije mientras me acercaba para darle un beso en mejilla– Bueno, nos vamos a casa.
—Sii –dijeron mis niños con una sonrisa.
Salimos del interior de la ludoteca, y nos dirigimos hacia mi coche. Ayude a subirse en su silla de viaje a los niños, para luego abrocharles el cinturón. Después arranqué el coche y me dirigí hacia mi casa. Cuando llegamos a casa, dejé las llaves en el mueble de la entrada, y me fui a cambiar de ropa. Minutos después estaba preparando la bañera para duchar a Alex y a Sarah. Cuando el agua alcanzó la temperatura adecuada, llamé a mis hijos para que vinieran al baño. Estuvieron durante varios minutos, jugando con el agua, mientras que yo los vigilaba. Después los saqué de la bañera, y los cubrí a cada uno con una toalla, y fui un momento a su habitación a coger una muda limpia de ropa interior, y sus pijamas. Después cogí el secador, y les sequé el pelo para que no tuvieran humedad, luego se lo cepille bien.
Después de peinar a mis niños, se pusieron a ver un poco la televisión en Disney Chanel, ya que estaban echando unos dibujos que a ellos les gustaban mucho. Mientras tanto me fui a la cocina a preparar una cena ligera. Cuando ya lo tuve todo a punto, puse los platos en la mesa que había en el comedor, los vasos, cubiertos y el pan. Llamé a mis hijos para cenar y nos sentamos todos a la mesa a comer. Cuando acabamos de cenar, los niños y yo recogimos la mesa y lo llevamos todo a la cocina para que yo lo pudiera fregar. Después de eso, como ya era un poco tarde le dije a mis niños que ya era hora de ir a la cama.
—Venga enanos, hay que acostarse –dije a mis pequeños, dándoles un beso a cada uno en su mejilla.
—Mami podemos dormir contigo en la cama –me preguntó Sarah.
—Bueno, está bien –dije dándoles mi aprobación.
—Yupi –dijo Sarah muy sonriente– Voy a buscar a Teddy para que no se sienta solito.
—Claro –dije sonriendo acordándome de cuando yo era pequeña, y dormía con Teddy y tampoco lo quería dejar solito.
Inicio Flashback
—Dani, pequeña ¿Qué haces a estas horas levantada? —preguntó mi primo Tom mientras se acercaba a mi.
—Es que he tenido una pesadilla –contesté media llorosa.
—Tranquila pequeña no va a pasarte nada –dijo mi primo Tom mientras me revolvía el pelo cariñosamente mientras un nuevo trueno iluminaba la habitación.
—¡¡AAHHH!! Haz que paren no me gustan, tienen un sonido muy feo –dije mientras me tapaba los oídos.
—Dani, enana ¿Le tienes miedo a la tormenta, eh? –me preguntó Tom mientras me abrazaba.
—¡¡AAhhh!! –volví a gritar mientras me abrazaba a Tom con todas sus fuerzas– No me dejes.
—Tranquila princesita que super Tomi no permitirá que esos truenos malos te hagan daño –dijo Tom mientras me daba un beso en mi mejilla– Anda ven aquí, ¿Quieres dormir está noche conmigo?
Tom me cogió y me llevó con él a su cama, primeramente él se tumbó y después abrió los brazos para que yo me apoyara en él, pero yo no me moví ni un milímetro para meterme en la cama, entonces Tom me preguntó que me pasaba.
—Dani, ¿Qué te pasa? —dijo mi primo con preocupación.
—Es que… Teddy me ha preguntado si puede él dormir también contigo –dije mientras sostenía a mi osito– Es que… mira, pobrecito se va a quedar solito y él también le tiene miedo a la tormenta.
—Está bien, Teddy también puede dormir con nosotros –dijo Tom con una sonrisa mientras me tocaba cariñosamente la punta de mi nariz– Ahora ven aquí, enana.
Fin Flashback
—Mami –dijo Alex sacándome de mis pensamientos– Te has quedado un poco pensativa.
—Es que me he acordado de cuando era pequeña, y dormía con Teddy y no lo quería dejar también solito como hace Sarah –dije a mi hijo, que me miraba con cara rara– Mami, ¿Tú como eras de pequeña?
—Bueno… físicamente era parecida a tu hermana –dije a mi hijo– Era muy preguntona, muy cabezona. Cosas que habéis heredado de mí, porque tú hermana y tú sois muy cabezones y también hacéis muchas preguntas.
—Ya estoy –dijo Sarah saliendo de su habitación con Teddy en sus brazos.
—Muy bien, cariño –dije a mi hija– Ahora vámonos a dormir.
—Sii –dijeron los niños al unísono.
Nos fuimos hacia mi habitación, y me dirigí hacia mi cama donde cogí el camisón que tenía debajo de la almohada. Luego, me fui al baño a ponerme el camisón mientras mis niños se quedaron sentados en mi cama. A los pocos minutos ya estaba de regreso con el camisón puesto.
—Venga a meterse en la cama –dije a mis niños que en ese momento estaba saltando encima de la cama.
—Ya vamos –dijeron los niños tirándose en plancha sobre la cama.
—Cuidado –dije a los niños a modo de advertencia– Os podéis hacer daño.
Nos tumbamos en la cama, yo en el centro y los niños uno a cada lado mío. Pronto sentí como sus pequeños cuerpos se acercaban al mío, y me abrazaban, apoyando cada uno su cabecita junto a mis pechos. Yo ante esa acción los rodeé con mis brazos, dándoles cariño y cobijo mientras sentía como sus respiraciones eran más acompasadas. Estuve varios minutos recreándome, mientras los acariciaba y fortalecía esos vínculos maternales, que solo tienen las madres con sus hijos.
—Mami –dijo de repente Sarah.
—¿Qué pasa, cariño? –dije a mi hija, mientras le acariciaba su cabecita.
—Cuéntanos un cuento –dijo mi hija– Porfa…
—Está bien… —dije acomodándome bien, mientras mis hijos se aferraban más a mi cuerpo— ¿De qué queréis el cuento?
—De princesas… —dijo Sarah toda ilusionada.
—A mi no me gustan los cuentos de princesas –dijo Alex mirando a su hermana– Me gustan más los cuentos de dragones.
—Pero… a mí me gustan los de princesas –dijo Sarah replicándole a su hermano, con los ojos llorosos.
—Niños no discutáis –dije poniendo paz entre ellos dos— ¿Qué tal si en el cuento que os cuente hay princesas y dragones?
—Sii, por favor —dijeron ambos niños al unísono, poniendo atención.
—Ok –dije sonriendo– “Había una vez, en un reino muy lejano una pequeña princesa…”
—Sarah –dijo mi hija interrumpiéndome– La princesa se va a llamar Sarah
—De acuerdo –dije otra vez sonriendo, y volviendo a empezar con el cuento.
“Había una vez, en un reino muy lejano una pequeña princesa llamada Sarah. Sus papás estaban muy orgullosos de ella, porque era una princesita muy obediente, muy responsable y muy inteligente. Como era de costumbre, la pequeña princesa bajaba a jugar al patio del gran castillo con los hijos de los súbditos, que habitaban en el castillo. Un día como objeto de una travesura, salió del castillo sin permiso de sus papás y se adentro en un bosque oscuro y peligroso, que había en las cercanías del castillo donde vivía la pequeña princesita.
Pasaron las horas y la pequeña princesa no regresaba, sus papás se pusieron muy tristes y muy preocupados, y empezaron a buscarla por todos los sitios pero no la encontraron. El rey, muy apenado, dictó un bando para dar una recompensa al caballero valiente, que la encontrará y rescatará, ya que habían llegado a sus oídos que al final del bosque oscuro había un gran torreón, que estaba custodiado por un gran dragón de cuatro cabezas.
En ese torreón, un malvado brujo, que había sido separado de la corte del padre de la pequeña princesita, la había encerrado como venganza hacia su padre. Pasaron los días pero la pequeña princesita no había sido rescatada, ya que todos los caballeros que se habían adentrado en el bosque, y llegado al torreón habían sido devorados por el dragón de cuatro cabezas. Un día, para gran alegría de todos, llegó un príncipe del reino cercano, para ofrecerse a salvar a esa pequeña princesita…”
—Alex –dijo Sarah de nuevo interrumpiéndome– El príncipe se va a llamar Alex, porque mi hermano es mi príncipe.
—Cariño, Alex no es tu príncipe es tu hermano solamente –dije a mi hija explicándole.
—Pero cuando sea mayor me quiero casar con él –dijo Sarah dejándome un poco preocupada.
—No cariño –dije a mi hija explicándole– Cuando seas mayor te casaras con un chico que te guste, y que no va a ser tu hermano.
—¿Y por qué no con Alex? –dijo mi hija confundida.
—Porque Alex es tu hermano, y eso no puede ser. Está prohibido –dije finalmente a mi hija.
—Quiero saber como acaba el cuento –dijo Alex que me miraba fijamente, esperando a que continuase con el relato.
—Estábamos en que el príncipe se llamaba Alex –dije a mis hijos para captar su atención.
“Un día, para gran alegría de todos, llegó un príncipe del reino cercano, que se llamaba Alex, para ofrecerse a salvar a esa pequeña princesita. El príncipe muy valiente, se adentro en el bosque llegando al gran torreón donde estaba el dragón con las cuatro cabezas. El príncipe luchó contra el dragón haciendo que las cabezas quedarán enredadas entre sí, para luego clavarle la espada en el medio del corazón.
Después con mucha destreza y empeño, abrió la puerta del gran torreón y subió las escaleras que llegaban a lo alto del torreón, encontrándose con la pequeña princesita, que estaba rodeada de pajarillos, que entraban por la ventana para hacerle compañía a la pequeña durante su cautiverio. El príncipe salvó a la pequeña princesa, y como recompensa recibió la mano de la pequeña princesa, que cuando fuera más grande se casaría con él. Y todos vivieron felices y colorín colorado, este cuento se ha acabado. Y mis niños dormidos…”
—Que tengáis dulces sueños mis pequeños… —dije a mis hijos que ya dormían plácidamente sobre mi pecho– Que las haditas de la noche velen por vuestro sueño…
Continúa…