Ich Brech Aus III. Cap 17

«Ich Brech Aus» Temporada III

CAPITULO 17

Narra Daniela

Cerré los ojos y poco a poco me fui quedando yo también dormida, mientras mi cuerpo arropaba a mis pequeños. El sonido del despertador, perturbó mi sueño. Abrí los ojos lentamente y me encontré sola en la cama, a lo lejos escuchaba el sonido de la televisión. Sarah y Alex habían madrugado para ver la televisión. Me levanté de la cama, y busqué una muda limpia, y me fui a dar una ducha rápida, a los pocos minutos ya estaba duchada, peinada y maquillada solo me faltaba vestirme. Cuando acabé de vestirme hice mi cama rápidamente y me dirigí a la cocina para preparar el desayuno a los niños.

—Niños a desayunar –dije a mis hijos saliendo de la cocina con el desayuno de ellos, en cada mano para ponerlos sobre la mesa.

—Buenos días, mami –dijo Sarah sonriente.

—Buenos días, mis tesoros –dije a mis hijos, que se acercaban para desayunar.

—Mami, hoy por la noche nos cuentas otro cuento –dijo Alex, mientras empezaba a engullir su desayuno.

—Lo siento, mis amores –dije a mis hijos, apenada– Hoy por la noche no estaré en casa, os vendrá a cuidar un canguro. Así que quiero que os portéis bien con ella, y no hagáis ninguna travesura.

—¿A dónde vas a ir esta noche? –me preguntó Sarah, con los morros manchados por la leche.

—Tengo una cena de negocios –dije a mi hija explicándole– Mi jefe me ha pedido que le acompañe.

—Entonces, ¿Llegarás muy tarde? –me preguntó esta vez Alex.

—No lo sé todo depende de cómo sea de larga la cena –dije a mi hijo– Venga acabar de desayunar, que tenéis que vestiros para ir a la ludoteca, sino os apuráis llegaré tarde al trabajo.

—Ya vamos, mami –dijo Sarah mientras acababa de tomar su desayuno.

Los niños acabaron de desayunar, y fui a su habitación a elegir su ropa mientras ellos se lavaban los dientes y la cara. Después fui al baño, y los peiné, haciendo a Sarah dos coletas, para luego echarle un poco de colonia de niños de Nenuco, para que olieran más frescos.

Cuando acabé de vestir a Sarah y a Alex, cogí mi bolso, las llaves de casa y del coche, y nos dirigimos hacia el garaje del edificio, para coger el coche que lo tenía aparcado en la plaza que era antes de Adri. Salimos del garaje, y a esas horas las calles de Madrid estaban completamente colapsadas por centeneras de personas, que acudían a su trabajo también en coche. Me metí por una calle paralela para alejarme del atasco, y así poder llegar antes al lugar donde mis hijos iban a la ludoteca. Después de dejarlos en el interior de esta, me dirigí hacia mi trabajo.

La mañana se hizo demasiada lenta, estaba sumida en miles de informes que hacer, balances, asientos contables. Cuando llegó la hora de comer, respire hondo de alivio, por fin podía despejarme y descansar un poco de estar entre tantos papeles en esa hora y media, que tenía de descanso. Después de esa hora, volví a mi puesto de trabajo, hasta que después de haber transcurrido toda la tarde, llegó mi horario de salida y mi jefe me vino a dar indicaciones, sobre a que hora debía presentarme en el restaurante, y los documentos que tenía llevar. Después de eso, salí del edificio de mi trabajo, y fui a buscar mi coche para ir luego a buscar a mis hijos a la ludoteca, donde pasaban prácticamente todo el día.

Después de viento minutos, llegué por fin a buscar a mis hijos. Cuando me vieron los niños, como siempre que llego a buscarles, se pusieron muy contentos y me vinieron a abrazar y a dar dos besos. La verdad, es que he tenido demasiada suerte con estos niños, hace seis años estaba completamente asustada por mi futura maternidad, no sabía si podría cuidar de ellos yo sola, o si los podría mantener. Pero ahora no me arrepiento de nada, de la decisión que tomé, porque mis niños son la luz de mis ojos. Cierto que muchas veces hacen sus travesuras, y me sacan un poco de quicio, pero que vida más aburrida sería sin discusiones, además siendo niños que lo que tienen que hacer en la vida es jugar, divertirse y hacer travesuras. Ya tendrán tiempo de romperse la cabeza como adultos cuando crezcan, y se conviertan en adolescentes. Mis niños me alegran todas las mañanas de mis días.

Cuando llegué a casa, me puse a hacerles la cena a mis hijos, mientras que ellos veían la televisión. Cuando acabé de hacer la cena, se la puse en la mesa y los llamé para que sentaran a cenar. A los pocos minutos llegó la canguro que había contratado, que casualmente era la hija de una de mis vecinas, que tenía 16 años y se dedicaba a cuidar niños compaginándolo con el instituto. Le di las instrucciones a la canguro, dándole mi número del móvil por si sucedía algo en mi ausencia y también le pagué. Le dije que acostará a los niños a las nueve de la noche, y que no les diera ninguna chuchería. Me fui a vestir a mi habitación, poniéndome un vestido cortito, es mismo que había utilizado en Alemania en la noche de pasión entre mi primo Tom y yo. Salí de mi habitación, con mi pequeño bolso en la mano, y me despedí de los niños dándoles, dos besos a cada uno, y les recalqué que se portarán bien, y que no le hicieran travesuras a la canguro.

Salí de mi casa, y me dirigí hacia el ascensor para bajar al garaje para coger el coche. Arranqué el coche, y salí del garaje, ya había salido del edificio. Tras varios minutos de trayecto, por fin llegué a la dirección donde estaba el restaurante que mi jefe me había dicho. A simple vista, se podía ver que era un restaurante bastante fino y lujoso, donde había muchas cenas de negocios por parte de empresarios. Entré dentro del restaurante, un mozo me preguntó cuál era el nombre de la reserva, yo le dije el nombre de mi jefe que era con cual había hecho la reserva, y me llevó a la mesa donde estaba mi jefe ya sentado, la otra persona que tenía que venir a cenar aún no había llegado.

—Dani estás realmente muy guapa esta noche –dijo mi jefe dándome un cumplido.

—Gracias, jefe –dije un poco cohibida.

—Por favor, Daniela no me llames jefe llámame Arturo –dijo mi jefe amigablemente– Prefiero que me tutees, que no me llames de usted.

—De acuerdo –dije con una débil sonrisa.

—Buenas noches –escuché una voz que me resultaba familiar, pero no sabía de qué.

—David, ¡Que alegría de verte! –dijo mi jefe levándose de la silla para saludar a esa persona, con un apretón de manos.

—Hola Arturo, ¿Qué tal? –dijo ese hombre— ¿Y quién es la compañía femenina que nos acompaña en la cena?

—Oh, es Daniela mi secretaria –dijo mi jefe– Dani este es David.

—Hola… —dije en un susurro– Encantada de conocerte.

—No sabía que tenías una secretaría tan hermosa –dijo David a mi jefe– Que pillín eres.

David se sentó en su silla, y a los pocos minutos, vino el petrel para traernos a cada uno la carta del menú. Los menús que habían eran bastantes caros y bastante ostentosos, pero mi jefe me dijo que no me preocupará y pidiera lo que más me gustaba. Después de mucho decidir, al final me decidí por una ensalada de mariscos, mi jefe y David pidieron cada uno langosta. A los pocos segundos, un camarero nos trajo los platos que habíamos pedido. La cena transcurrió sin ningún problema, y cuando finalizamos nuestros platos pedimos el postre con un chupito de licor y café. Después de todo eso, mi jefe me pidió que le diera los papeles que tenía que firma David, mi jefe le explicó todo y David lo leyó detenidamente y firmó las más de veinte hojas que ocupaba todo.

Después de esa velada, salimos del restaurante y mi jefe propuso que fuéramos a tomar algo a otro lugar. Yo le dije que no podía que ya me era tarde, y tenía que ir conduciendo hasta mi casa. Mi jefe me dijo que no había problema que me podía ir ya, que ya no le hacía falta. Así que David y mi jefe me acompañaron hasta donde tenía aparcado mi coche. Después nos quedamos unos minutos hablando, para luego despedirnos.

—Espero que no solo quede en esta cena –dijo David besándome la mano– Ha sido muy agradable tu compañía esta noche.

—Gracias… —dije un poco confusa, un hombre más mayor que yo me estaba echando los tejos, y por encima era el manager y el productor de mis primos.

—Sabes tus ojos me recuerdan a alguien, pero no sé a quién –dijo David pensativo, intentando recordar algo.

—Este color de ojos son muy frecuentes –dije intentado quitar importancia.

—Ya, pero tu mirada es muy intensa y dice mucho de ti –dijo David mirándome fijamente a los ojos.

—Enserio –dije un poco confusa.

—David no sigas –dijo mi jefe– Que me vas a asustar a la chiquilla.

—¿Chiquilla? Pero si es una mujer hecha y derecha –dijo David mirándome de arriba abajo.

—David te veo yo muy galán –dijo mi jefe– Te advierto que solo tiene 21 años, es muy joven para ti.

—Ah… —dijo David mirándome fijamente.

—Bueno… yo creo que me tengo que ir –dije un poco nerviosa– Gracias por la cena, y me ha encantado mucho conocerle David. Bueno hasta mañana.

—Hasta mañana –dijo mi jefe– No llegues mañana tarde al trabajo.

—Procuraré no llegar tarde, jefe –dije a mi jefe sonriéndole por la ventana, mientras arrancaba el coche.

La noche era oscura, y tardé más de veinte minutos en llegar ya que tenía que conducir con cuidado, para no tener ningún accidente. Cuando llegué a casa, la canguro estaba tranquilamente sentada en el sofá leyendo un libro, y mis niños supongo que estarían metidos en la cama también dormidos.

—Hola Ana –saludé a mi vecina— ¿Qué tal se han portado esos diablillos?

—Bueno… —dijo Ana un poco cortada– No se querían ir a la cama, querían esperar a que tú llegarás porque querían que les contarás un cuento.

—Ya… —dije a Ana– Es que ayer por la noche les conté un cuento, y hoy querían repetir.

—Jejejee –sonrió Ana– Bueno, será mejor que vaya a mi casa a dormir. Si otro día necesitas de mi ayuda, no dudes en avisarme o decírselo a mi madre.

—Claro que sí –dije a Ana– Si te necesito ya te llamaré, me gusta como cuidas de Alex y Sarah.

—Gracias –dijo mi vecina dirigiéndose hacia la puerta para irse– Buenas noches, Daniela.

—Buenas noches, Ana –dije cerrando la puerta de casa, para luego descalzarme los zapatos que llevaba de tacón puestos, me estaban matando.

Me dirigí hacia mi habitación con los zapatos en la mano, pero antes de meterme dentro de mi habitación pasé por la habitación de los niños, para ver como estaban. Alex y Sarah dormían plácidamente en sus camas, completamente destapados ya que era verano y hacía bastante calor. Me acerqué a ellos, y le di un beso en la frente a cada uno, procurando no despertarlos. Después me fui a mi habitación, me desabroché el vestido que tenía una cremallera en el lateral, para luego desnudarme completamente y ponerme el camisón. Después me fui al baño y me desmaquillé, y a los pocos minutos ya estaba en la cama intentado dormir, solo me hizo dar un par de vueltas en la cama para quedarme completamente dormida.

Los rayos de sol inundaron mi habitación, que se colaban por la ventana. Abrí los ojos torpemente y los volví a cerrar, a causa de la excesiva claridad que me molestaba en los ojos. Me giré en la cama, y volví a cerrar los ojos para dormirme. Abrí de nuevo uno de mis ojos, y me fijé en el despertador que estaba encima de la mesilla, marcaba las diez y media de la mañana. ¡Mierda! me he quedado dormida, mi jefe me va a matar. Con mucha rapidez me levanté de la cama, y busqué una ropa cómoda, pero a la vez elegante en mi armario. En menos de una décima de segundo, me di una ducha para conseguirme espabilar y me vestí a una velocidad vertiginosamente. Pasé por la habitación de los niños que seguían dormidos para despertarlos, pero me di cuenta de que si los despertaba y les daba el desayuno yo iba a llegar tarde al trabajo. Así que cogí mi móvil, y llamé a Ana por teléfono para que se quedara con ellos hasta que se despertarán y después que los llevará a la ludoteca.

Así que en unos segundos, ya tenía a Ana en mi casa, le di las instrucciones y me fui corriendo a buscar el coche para irme a trabajar. ¡¡Dios que estrés!! ¿Cuándo será el día en que pueda estar relajada sin tener que ir de un sitio para otro? Creo que en mi vida no voy a conocer eso, porque tengo que ir a trabajar para poder alimentar a mis hijos, pero me resulta muy complicado poder atender a todo. Cuando llegué al trabajo, mi jefe me miraba con cara de pocos amigos, ya que el día anterior me había advertido que no llegara tarde.

—Lo siento me he quedado dormida –dije a mi jefe con culpabilidad.

—Ayer te dije que te quería temprano, Daniela –dijo mi jefe gritándome.

—Lo siento ayer llegué demasiado cansada –dijo a mi jefe intentando explicarle.

—No me cuentes tonterías, Daniela –dijo mi jefe otra vez sin querer escuchar mis excusas– Lleva dos tazas de café a mi despacho, el señor Jost ha venido para hablar de unos asuntos conmigo.

—Está bien… —dije en un susurro mientras mi jefe desaparecía por el pasillo camino a su despacho.

Me dirigí hacia una pequeña sala, que estaba habilitada para que los empleados pudiéramos comer y tomar algún café si se nos apetecía en horas de trabajo. Entre en la sala, y preparé una bandeja en la cual coloqué dos platos pequeños, con sus tazas correspondientes un par de azucarillos y un par de cucharilla. Después en otra recipiente, eche un poco de leche, y cogí la jarra de café y la puse en la bandeja también. A los pocos minutos ya me estaba dirigiendo hacia el despacho de mi jefe, cuando llegué piqué en la puerta y pedí permiso.

—Aquí les traigo el café que me pidió, jefe –dije poniendo la bandeja encima de la mesa.

—Muy bien, Daniela –dijo mientras les servía a cada unos en sus tazas correspondientes– Ya te puedes retirar.

—De acuerdo –dije saliendo de la oficina de mi jefe, para dirigirme a mí mesa de trabajo.

La mañana se me hizo muy pesada, la verdad es que estaba un poco aburrida de este tipo de trabajo, pero no encontraría otro mejor aunque buscará debajo de las piedras. Estaba sumida en mis pensamientos, cuando una voz hizo que saliera de mi trance.

—Demasiadas preocupaciones, ¿Verdad? –dijo David mirándome fijamente, mientras me sonreía con su dentadura perfecta.

—Más bien estresada –dije respirando hondamente– Mi vida es un caos.

—Si quieres podemos ir a tomar un café, y me la cuentas –dijo David sonriéndome.

—Yo… —dije sin saber que contestar, la verdad es que David estaba muy interesado en mí porque hacía menos un día que lo conocía, y me estaba echando indirectas cada dos por tres.

—Venga no seas tímida –dijo David animándome– Te vendrá bien despejarte.

—Pero y si… —dije dudosa.

—Si lo dices por Arturo, no te preocupes –dijo David mirándome– Yo apelaré por ti, y le diré que fue toda idea mía.

—Está bien –dije cogiendo mi bolso de la cajonera.

David y yo nos fuimos a una cafetería que había cerca de donde yo trabajaba. Estuvimos hablando de muchas cosas, él me explicó que era el productor y manager de una banda mundialmente conocida, pero que ahora quería invertir en otros proyectos, y la empresa en la que trabajaba yo le interesaba mucho, además había venido a hacer unas gestiones en Universal Music España. Yo le conté que era madre soltera de una niña y un niño, cosa que le hizo sorprenderse mucho ya que me miraba muy joven para ser madre. Después de estar hablando con él, yo volví a mi trabajo y él se fue a otro lado. Cuando llegué a mi trabajo, continué con mis tareas hasta que acabó la jornada de trabajo. Cogí mi bolso y salí del edificio de mi trabajo para ir a buscar a mis hijos a la ludoteca, donde pasaban los días que yo trabajaba.

Continúa…

por Heiligtkt483

Escritora del Fandom

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