«Ich Brech Aus» Temporada III
CAPITULO 21
Narra Daniela
—Tengo tanto derecho como tú –dijo mi primo mirándome con rabia– Soy su padre.
—Pero eso no te da el derecho, para pegarle. Además no quiero que Alex y Sarah, sepan que tú eres su verdadero padre por el momento –dije a mi primo con lágrimas en los ojos– No mientras sean pequeños, cuando sean más grandes ya les diré la verdad.
—Con eso vas hacer que Alex me odie cada vez más. Me ve como un extraño, que quiere robarle a su madre y a su hermana –dijo mi primo un poco alterado– Y yo quiero pasar el resto de mi vida contigo.
—Has estado lejos de nuestras vidas seis años. Era de esperar que reaccionara así –dije a mi primo justificando a mi hijo.
—Eso es porque me los has estado ocultando desde hace seis años. Yo no tengo toda la culpa Daniela, tú eres más culpable que yo —dijo mi primo gritándome.
—Nunca los quisiste, así que ahora no me reclames –dije a mi primo con enfado.
—No obstante esos niños necesitan de mí urgentemente, Daniela –dijo mi primo intentándome convencer.
—Mis hijos siempre se han portado bien. Eres tú que con tu presencia los has alterado –dije a mi primo increpándole.
—No quiero discutir más contigo –dijo mi primo finalizando la conversación– Y ahora vete a buscar a los niños que nos vamos.
Me quedé callada sin saber que contestarle, que rebatirle. Me dirigí hacia la puerta del salón para ir a la habitación de mis hijos. Cuando llegué a la habitación me encontré a Alex y a Sarah sentados cada uno en una esquina diferente de la habitación sin hablarse y con el ceño fruncido.
—Niños, venga que nos vamos –dije a con tono autoritario.
Volvimos otra vez al salón, donde nos esperaba Tom, pero esta vez no hubo conversación entre nosotros. Cogí las llaves del piso, y salí con los niños, siguiendo a Tom que ya había salido del piso antes que nosotros para dirigirse al ascensor. Llamamos al ascensor, y nos metimos dentro de él para después salir al exterior del edificio. Nos dirigimos hacia el coche de mi primo, que había alquilado cuando llegó a Madrid. Nos metimos dentro del coche, y después mi primo accionó el contacto del coche, y arrancó el coche para llevarnos a un sitio para comer.
Mi primo empezó a conducir por las calles de Madrid, sin que yo supiera a donde nos dirigíamos. Sarah y Alex iban sentados en los asientos de atrás del coche, mientras que de vez en cuando cantaban algunas canciones infantiles, mientras yo me sumía en mis pensamientos viendo por la ventana del coche, aunque de vez en cuando observaba a Tom de reojo que conducía el coche con mucho cuidado y mucha atención. Después de más de veinte minutos de dar vueltas con el coche, por fin mi primo aparcó en el parking de un sitio que parecía bastante apartado del mundo, nos había llevado a una reserva natural que había en Madrid donde se podía disfrutar de los altos árboles de los bosques, y de la naturaleza en sí.
Tom sacó la llave del contacto del coche, y abrió la puerta para salir del coche, acto seguido lo hice yo y me dirigí hacia la puerta de los asientos de atrás del coche, para ayudar a bajar del coche a Sarah y a Alex. Los niños salieron del coche, y a todos seguimos a Tom que se dirigía hacia el interior de ese pequeño sitio de comidas. Entramos en el interior, y apenas había gente cosa que hizo que mi primo respirará con tranquilidad y así evitar una huida repentina por la aparición de fans inoportunas.
Nos dirigimos hacia una mesa grande, que había al final de esa pequeña cafetería que me recordaba a las cafeterías donde servían platos combinados en las películas americanas. Nos sentamos todos en unos sillones muy acolchados, Tom y yo en un sillón y Alex y Sarah en el de enfrente, como si fuéramos la familia perfecta, una pareja de enamorados que iban a pasar el día con sus pequeñines, en la naturaleza. Al poco rato, una camarera uniformada se nos acercó para tomar nota de nuestro pedido.
Tom se pidió un plato combinado con patatas, huevo y una hamburguesa completa. Yo me decanté por un sándwich mixto con patatas y una guarnición de ensalada. Los pequeños decidieron tomar cada uno, una hamburguesa con sus patatas fritas. Para beber, Tom se pidió una cerveza, yo una botella de agua y los niños se pidieron un batido de chocolate para cada uno. Cuando la camarera acabó de tomar todo el pedido, nos dejo solos para poder ir a dar el pedido en cocina, y así podernos servir cuanto antes nuestros platos combinados. En la mesa estábamos todos muy callados, muy silenciosos…
—Alex… —dijo de repente mi primo Tom haciendo que mi pequeño lo mirará con cara interrogante– Quiero pedirte perdón, por lo de antes. No quiero que me mires mal, solo quiero ser tu amigo y poder llevarte a jugar por ahí junto con tu hermana no quiero que seas mi enemigo.
—Tom… —dije en un susurro.
—Dani sé lo importante que son tus hijos para ti, nunca quise hacerles daño por eso me siento tan arrepentido de haber pegado a Alex –dijo Tom con un gran arrepentimiento– ¿Me perdonarás Alex?
—¿Me comprarás un helado? –dijo Alex levantando su ceja derecha, se parecía tanto a Bill en esa expresión.
—Claro que sí, campeón –dijo Tom sonriendo a nuestro hijo.
—Bueno… pues entonces te perdono, pero no quiero que le hagas daño a mi mami –dijo Alex poniendo cara advertencia.
—De acuerdo –dijo Tom respirando más aliviado.
Al poco rato, llegó la camarera con nuestra comida. Poniendo cada unos de las fuentes a cada uno de nosotros en nuestro lugar. Todos empezamos a comer, ya estábamos muy hambrientos entre anécdotas que le contaban los niños a Tom, y risas se nos paso la hora de la comida. Después Tom pagó la cuenta de la comida, y nos dirigimos hacia el coche a buscar una cosa que había dejado Tom en él. Después estuvimos dando una vuelta por el parque, se podía sentir el aire puro inundar nuestros pulmones. Tom se animó, y alquiló una barquita pequeña en la que montamos los cuatro, y dimos un paseo por la pequeña laguna que había cerca del paraje. Mientras yo y los niños observábamos el paisaje, Tom con sus brazos fuertes y musculosos remaba para hacer mover la barca. Después de ese paseo, estuvimos jugando con los niños un poco para cuando empezó a caer la noche, decidimos regresar a la gran ciudad.
Tras más de una hora de viaje, por fin llegamos a Madrid, ciudad. Los niños dormían plácidamente en los asientos de detrás del coche. Se notaban que habían tenido un día muy intenso y agotador. Para que no les cogiera frio a los niños le dije a Tom que metiera el coche dentro del garaje del edificio, ya que había una plaza vacía al lado de mi coche, y así no tendría que sacar a Alex y a Sarah del coche en plena noche, y así directamente nos meteríamos en el ascensor para luego subir a la planta donde se encontraba el piso en donde yo vivía. Salimos del coche y ayudada por Tom saqué a los niños del coche, él llevó a Sarah en brazos y yo a Alex, nos dirigimos al ascensor, y marqué el número de la planta donde tenía mi piso.
Cuando llegamos a la planta, el ascensor se paró y salimos de este, y caminamos hacia la puerta de mi casa. Saqué con un poco de dificultad las llaves del bolso, para luego abrir la puerta también con dificultad. Tom cerró la puerta, y me siguió hasta la habitación de los niños para ir acostarlos en sus camas, me ayudo a ponerles a cada uno su pijama y después los arropamos, y salimos de la habitación cerrando la puerta tras nosotros.
—Se han quedado como dos angelitos –me dijo mi primo con un susurro.
—Sí, se nota que están agotados –sonreí a mi primo.
—Has tenido mucha suerte con estos niños –dijo mi primo abrazándome por la cintura– Sarah me recuerda mucho a ti.
—Si… no puedo negar que es hija mía –dije sonriendo.
—Dirás nuestra hija –me corrigió mi primo– Tiene muchos rasgos míos también.
—Está bien, tontín –dije mientras me acercaba a darle un beso en los labios– No te enfades.
—Te quiero –dijo mi primo en susurro– Vuelve a Alemania otra vez conmigo.
—Tengo miedo, Tom –dije a mi primo mostrándole mis pensamientos– No quiero que me señalen por haberme enamorado de ti.
—Tú no tienes la culpa, tu corazón solo siguió sus sentimientos –dijo mi primo abrazándome, haciendo que todo fuera más fácil.
—Ya… —dije susurrando.
—Mi amor no estés así –dijo mi primo intentándome animar.
—Pero… es que me da miedo lo que pensará tu madre, no quiero que me tache como una depravada sexual –dije apenada.
—En ese caso, creo que nos tendría que tachar a los dos. Yo tan culpable como tú, es más yo he sido el inductor de tus sentimientos –dijo mi primo intentándole quitar plomo al asunto.
—No Tom, me siento horrible. Llevo enamorada de ti desde los 11 años –dije de nuevo con culpa— ¿Qué dirá tu madre cuando sepa que Alex y Sarah son hijos tuyos?
—Los cuidará y les dará el cariño que merecen, simplemente –dijo mi primo mirándome fijamente– Como su abuela…
—Las cosas no son tan fáciles –dije separándome de mi primo y yéndome hacia mi habitación.
—Dani… —dijo mi primo entrando por la puerta de la habitación.
—Tom… —dije con lágrimas en los ojos.
Los brazos de mi primo me rodearon con delicadeza, y sentí como sus labios se posaban en los míos para luego profundizar más el beso. Después se separo de mí, y se dirigió hacia la puerta para poner el pestillo, y así evitar que nuestros hijos nos pescaran en un acto tan puro como es hacer el amor.
—Tom… ¿Y si Sarah y Alex se despiertan con pesadillas? –le dije a mi primo con preocupación– No podrán venir a junto de mí.
—Dani, nuestros niños están dormido plácidamente en sus camas y no creo que se despierten hasta dentro de muchas horas. Han tenido un día muy agotador –dijo mi primo acercándose a mí para luego retomar el beso que había parado, al ir a cerrar la puerta con pestillo.
Sus caricias por mi cuerpo, hicieron que poco a poco me fuera excitando cada más necesitando con urgencia sentir su cuerpo sobre el mío, como solo una persona. Mis labios recibieron sus labios con mucho jubilo, nos recreamos en la boca de cada, mientras que sus manos se habían posado en los botones de mi camisa, para ir desabrochándolos cuidadosamente y así disfrutar más tiempo de ese momento, en el que nadie nos impedía estar juntos… sin preocupaciones.
Poco a poco nuestros cuerpos se fueron mostrando tal cual eran, sin ningún tapujo sin ninguna venda. Mi primo entre besos y caricias me fue tumbando en la cama, en la que sería nuestro lecho de amor como había sido en la noche anterior, pero esta noche sería más especial ya que nos amaríamos hasta el amanecer, cuando los pequeños rayos del sol comenzaran a despuntar por el cielo rosáceo y nuestro cuerpo plateado bajo los rayos de la luz de la luna se tornarán dorados.
Mis manos acariciaron la espalda de mi primo, mientras me embestía con cuidado procurando no hacerme daño, como si fuera una muñeca de porcelana a la que hay que tratar con cuidado para que no se rompa por nada. Sus dedos se enredaron en mi cabello, mientras que me besaba con pasión, haciendo que pequeños gemidos salieran de nuestra boca a causa del placer que sentíamos ambos, al estar en tanta unión. Poco a poco nuestros cuerpos se fueron perlando por pequeñas gotitas de sudor, el calor se estaba concentrando en la habitación haciendo que más y más nos excitáramos. Hasta que el momento culminando de tal acto tan hermoso llegó a su fin, mi primo cayó rendido sobre mí procurando no aplastarme con su cuerpo.
Nuestras respiraciones estaban muy entrecortadas, haciendo que respiráramos más veces para poder llenar nuestros pulmones. Hasta que después de una noche de pasión y de sexo, los rayos del sol como había predicho anteriormente inundaron la habitación, haciendo que nuestros cuerpos a contraluz del sol parecieran dorados. Nos acurrucamos, abrazándonos sintiendo el cuerpo de cada uno hasta que finalmente cerramos los ojos…
UNA SEMANA MÁS TARDE
Narra Tom
Me parece increíble que hoy se cumpla una semana desde que me fui de Alemania en busca de mi prima. Esta semana ha sido increíble, he podido disfrutar de mi prima y de los niños. Mis hijos… nunca pensé que a mis casi 26 años llegaría a decir que soy padre, de dos hermosos niños que tienen el pelo y los ojos de su madre pero sus rasgos fisiológicos son míos. Al principio, me acuerdo que cuando llegué a Alex no le hacía mucha gracia cuando me acercaba a Daniela ni a su hermana, pero poco a poco ha cambiado de opinión y ahora muchas veces me voy con los niños al parque mientras Daniela está en el trabajo. Estoy deseando como un loco, que no encuentra su remedio, que mi prima regrese conmigo a Alemania y allí formemos una familia. Me importa un pimiento lo que diga mi madre y demás familiares, estoy cansado de tener esta máscara de hijo perfecto. No puedo fingir más, yo no amo a Chantelle y esta patraña tiene que acabar.
—Tomi… —dijo mi pequeña acercándose a mí– Me aburro… ¿Me llevas al parque?
—Pero princesa ahora no podemos ir al parque, tu madre llegará en nada y tenemos que preparar la cena –dije a mi hija cogiéndola en brazos y abrazándola fuertemente.
—¡Sarah! –dijo Alex desde el salón– Va a empezar pocoyo.
—Voy… —dijo mi hija saliendo de la cocina, mientras me disponía a buscar algo rico para cenar.
A la media hora de haber estado haciendo la cena, escuché el ruido de las llaves andar en la cerradura, para luego entrar Daniela al interior de la casa. Primero, escuché como se dirigía al salón para saludar a nuestros hijos después vino a la cocina, y me vio todo afanado en la cocina acabando de hacer la cena.
—Te queda muy bien el mandil –dijo mi prima sonriendo graciosamente.
Continúa…