«Ich Brech Aus» Temporada III
CAPITULO 24
Narra Daniela
—Bill cálmate –dijo Tom intentando tranquilizar a su hermano.
—Ni calma ni leches –dijo Bill gritando– Se suponía que deberías de estar en tu apartamento con Chantelle, tu novia.
—Pero no lo estoy –dijo levantando un poco más la voz– He preferido venir a hacer compañía a Dani que iba a pasar sola la noche.
—¿No me has contestado a mi pregunta? –dijo Bill con insistencia.
—Bill ahora no, ya te lo contaré en otro momento –dijo mi primo Tom intentando evadir el problema.
—No, quiero que sea ahora mismo –dijo Bill con cabezonería.
—Está bien. Mejor vamos hablar a la cocina –dijo Tom agarrando a Bill por el brazo para ir hacia la cocina.
Mientras tanto yo me quedé en el salón con Patri y los niños. Sentía como Patri me miraba fijamente y sinceramente no sabía como explicarle porque Tom se encontraba conmigo en vez de estar con Chantelle, aunque sé que a Patri no le cae muy bien Chantelle por acciones que he visto y gestos por parte de ella. Pero le debe ser muy chocante está situación.
—¿COMO QUE ERES EL PADRE DE ALEX Y SARAH? –escuchamos chillar a Bill desde la cocina– TOM TE ADVERTÍ HACE AÑOS QUE TE CUIDARAS, Y RESULTA QUE DEJASTE EMBARAZADA A DANIELA. CUANDO SE ENTERE MAMÁ TE CASTRA, Y NO DIGO NADA CUANDO LO SEPA CHANTELLE.
—GRACIAS HERMANITO –dijo Tom con voz cabreada y chillando– HAS HECHO QUE SE ENTERE TODO EL VECINDARIO.
Al escuchar esas palabras por parte de mi primo Bill me quedé blanca y paralizada. Patri me miraba con cara incrédula y alucinada. No sabía que hacer ahora mismo, no sabía como mirar a Patri ya que ella había sido una de mis mejores amigas cuando estaba saliendo con Tom, y ni siquiera fui capaz de decírselo, pero tal vez fue por miedo porque era muy niña de aquella y lo mismo cuando me enteré de mi embarazo.
—Yo… —dije a Patri tartamudeando– No sé como explicarte lo sucedido.
—No hace falta que me expliques nada –dijo Patri con gran conmoción.
—Patri, cariño –dijo mi primo Bill entrando en el salón— ¿Te encuentras bien?
—No me toques –dijo Patri apartándose de mi primo Bill– Como has podido hacerme eso, yo siempre he confiado en ti…
—Pero… Patri –dijo mi primo Bill confuso.
—Como me has podido ocultar esto durante tanto tiempo –dijo Patri con lágrimas en los ojos– Es que no confías en mí. Y pretendes casarte conmigo, pues te digo Bill Kaulitz que para poder casarse hay que confiar plenamente en la pareja, y sino has sido capaz de confiar en mí y contarme este secreto, no sirve de nada que nos casemos.
—Pero mi amor, yo te quiero –dijo Bill con desesperación.
—Lo siento Bill, pero con tu actitud no me estás demostrando que me quieres y menos que me tienes confianza –dijo Patri con rabia– Creo que será mejor que nos tomemos un tiempo separados…
—Pero… —dijo Bill con lágrimas en los ojos.
—Toma, ya no lo quiero –dijo Patri entregándole el anillo de compromiso que mi primo le había dado– Lo volveré a aceptar, si consigues que vuelva a confiar en ti.
Después de eso Patri se fue de la casa de mis tíos, mientras que Bill se quedaba de pie en estado de shock. Su gran amor se había esfumado como el agua al evaporarse. Sentí muchísima pena por mi primo Bill, ya que con Patri hacía una perfecta pareja y por encima había tardado mucho en encontrarla, y lo que más rabia me daba es que llevaban ya seis años juntos como para tirarlo todo por la borda ahora.
—Bill… —dije a mi primo acercándome a él, para consolarlo.
—No me toques Daniela –dijo mi primo mirándome con odio— ¿Por qué te has convertido en la discordia? Fue llegar tú, y hacer que todo el mundo que nos rodea se desbarate por completo.
—Lo siento… yo no pretendía eso –dije con lágrimas en los ojos.
—Has estado durante seis años ocultándole a mi hermano su paternidad –dijo mi primo Bill con rabia— ¿Cómo quieres que me sienta? Has estado engañando a mí otra mitad, y por encima ahora por querer proteger el secreto de vuestro amor, he perdido a la persona que más amo en el mundo y dudo mucho que vuelva a confiar en mí.
Seguidamente mi primo Bill se fue por la puerta, donde escasos minutos había entrado con su gran amor. Y ahora cada uno han salido por separado, producto de una pelea que difícilmente tenga su reconciliación. Tengo que hablar con Patri y hacer que me escuché para explicarle todo pero dudó que lo haga, ya que cuando le quise explicar antes no me ha querido escuchar.
TRES SEMANAS MÁS TARDE
Narra Daniela
En todas estas semanas, no he conseguido que Patri me escuché. Ha dejado a mi primo Bill solo en casa y se ha mudado de nuevo a la casa de sus padres alegando que tenía una crisis en su relación, y que querían pensarse bien las cosas antes de casarse. Mi tía Simone que ha regresado hace dos semanas de su viaje de luna de miel, le ha afectado mucho la ruptura entre Bill y Patri, ya que siempre ha confiado en Patri y le parecía una chica muy buena. Era la adecuada para mi primo Bill.
Respecto a mi relación con mi primo Tom, Bill ha optado por no decir nada de que Tom es el verdadero padre de Sarah y Alex, dice que prefiere que sea el propio Tom quien lo diga. También le ha puesto un ultimátum para que deje a Chantelle, porque dice que no es justo que Tom esté a dos bandas, conmigo y con Chantelle. Mi primo Bill le ha dicho a Tom que es hora de que afronte los problemas, y que nos dejemos de jugar a las escondidas y que le digamos a mi tía Simone la verdad, y afrontar las consecuencias. No obstante mi primo Bill está muy distante conmigo, como si estuviera enfadado conmigo. Ahora soy la secretaria de mis primos en la discográfica pero mayormente me paso en el despacho de mi primo Tom, que como jefe me exige muchísimo. Muchas veces tengo que pasarle llamadas de Chantelle, y escuchar palabras de desagrado por parte de ella.
—Daniela avisa a Tom de que mañana tenemos la rueda de prensa –dijo mi primo Bill que se había acercado hasta mi mesa de trabajo.
—Bill… —dije a mI primo para llamarlo, me dolía que estuviera muy distante conmigo.
—Es una orden Daniela –dijo mi primo Bill con voz autoritaria.
—No… Esto cansada de que me rehúyas –dije a mi primo reventando– Necesito tu apoyo, tus consejos.
—Durante seis años, te las ha sabido arreglar muy bien –dijo mi primo con crueldad.
—Pero me faltó el cariño de mis seres queridos –dije en un susurro– Bill… por favor escúchame me duele que no le hables a Tom y que a mí no me dirijas la palabra.
—Cuando convenzas a Tom de que acabe con esa patraña, entonces os volveré a hablar, mientras tanto no… —dijo mi primo marchándose y dejándome sola.
Cogí el teléfono para llamar a mi primo, por la línea interior y decirle lo que Bill me había dicho. Mi primo me dijo que mejor fuera a su despacho, y que le explicará mejor la cosa. Cogí una libreta para hacer anotaciones, y me fui hacia el despacho de mi primo Tom cuando llegué allí toqué levemente la puerta.
—Adelante… —escuché a mi primo Tom desde el interior de la oficina.
Abrí la puerta, y me encontré con mi primo Tom sentado en su gran sillón de cuero sintético, fumando un cigarrillo, haciendo que el ambiente de la oficina estuviera un poco cargado por el humo concentrado, haciéndome entender que no había sido el único cigarrillo que había fumado en esa mañana.
—¿Qué es lo que te dijo Bill? –me preguntó Tom expulsando el humo que tenía dentro de su pulmones.
—Que mañana va a ver una rueda prensa, y que no te olvides de que tienes que ir –dije a mi primo sentándome en la silla situada frente a él.
—Ah vale –dijo mi primo dándole otra calada a su cigarro.
—No me gusta que fumes tanto –dije a mi primo increpándole– Si en un futuro quieres vivir conmigo y con los niños, vas a tener que dejar de fumar tanto. El humo del tabaco puede perjudicar la salud de Sarah y Alex.
—Está bien. Aunque me va a costar mucho dejar de fumar –dijo mi primo apagando el cigarrillo en el cenicero– Llevo desde hace mucho tiempo fumando.
—Lo sé… —dije a mi primo mirándolo a los ojos– Pero es un vicio tonto.
—Venga cariño. No seas tan dura conmigo –dijo mi primo apagando el cigarrillo en el cenicero– Ven aquí.
—Tom estoy trabajando –dije a mi primo con seriedad.
—Y yo soy tu jefe –dijo mi primo con autoridad– Y en este momento requiero de tus servicios.
—Pero no son servicios de trabajo –le recriminé a mi primo– Son otros favores.
—Cierra la puerta con pestillo –me ordenó mi primo.
—¡¿Qué?! –dije sorprendida— ¿Lo vamos hacer aquí?
—Me apetece estar contigo –dijo mi primo– Vete a cerrar la puerta.
—Está bien –dije a mi primo. Me fui caminando hacia la puerta, y le pasé el pestillo. Después me acerqué hasta donde estaba mi primo sentado, en su gran sillón de cuero sintético– Contento…
—Mucho –dijo mi primo enterrando sus labios en mi cuello– Sabes que estás muy atractiva con esta camisa y con la falda ajustada.
—No me digas –sentí como la mano de mi primo recorría mi pierna hasta llegar a muslo– Como sigas así creo que me voy a correr antes de tiempo.
Nos estuvimos besando con pasión, mientras que las manos de mi primo fueron recorriendo cada centímetro de mi cuerpo, y como poco a poco sus manos fueron subiendo la falda hasta mi cintura para dejar más accesible mi zona intima. Poco a poco fue desabrochando los botones de mi camisa, para luego mostrar mi sujetador negro, que llevaba ese día. Con una forma muy sutil me desabrocho el sujetador mostrando mis pechos desnudos, para luego empezar a jugar con ellos y a besarlos. Mientras tanto y no perdiendo tiempo, le fui desabrochando la camisa que llevaba puesta para luego comenzarle a besar el cuello, poco a poco le quite la camisa quedándose con una camiseta blanca de asas, que le marcaba su pecho perfecto musculado.
—Sabes que tu barba me hace cosquillas –dije al sentir los labios de mi primo otra vez sobre mi cuello.
—Así… —susurró mi primo mientras que se separaba de mí, para verme y ponerse a mover su piercing sensualmente.
—Pero me gusta, te hace más maduro –dije mientras le besaba los labios con dulzura.
—Me alegra saber eso –dijo mi primo mientras sentía sus dedos entre mis piernas acariciando mi sexo.
—Oh dios mío… Tom –suspiré al sentir sus dedos dentro de mi sexo.
—Te gusta… –dijo mi primo mientras desabrochaba el cinturón para luego bajarse la cremallera de su pantalón y sacar su miembro que estaba completamente erecto– Allá vamos…
Con sus brazos fuertes y musculados, me sentó encima de la mesa para luego ponerse entre mis piernas, sentía la presión de su miembro sobre mi sexo, mientras pequeños gemidos de placer empezaban a salir ahogados de mi boca. Cuando metió su miembro en mi interior completamente solo pude como acto reflejo a eso, clavar mis uñas en las espalda de mi primo, que estaba cubierta por la camiseta de asas, descargas de placer sentía cada vez que las embestidas comenzaban a ser más rudas, más intensas…
El hecho de estar haciendo el amor con mi jefe en su despacho, no me hizo quedarme callada y mis gemidos se intensificaron a medida que su miembro se clavaba más y más en mi interior. Entre besos desesperados, que mostraban la necesidad urgente que había entre los dos, llevamos al orgasmo. Nuestras respiraciones entrecortadas, mi cabello despeinado daba muestra de que no estaba en el despacho por un simple trabajo. Nos colocamos bien la ropa, y tratamos de hacer como si no hubiera pasado nada, cogí mi libreta y salí del despacho, para luego ir a sentarme a mi mesa y atender a las llamadas…
—Patri… —dije de repente al verla pasar por un pasillo cerca de mi sitio– Espera quiero hablar contigo.
—Pues yo no quiero hablar contigo, no me tienes que explicar nada –dijo a la defensiva.
—Por favor, me tienes que escuchar –supliqué con desesperación.
—Bueno, está bien pero rápido que tengo cosas que hacer –dijo acercándose a mí.
—Quiero que perdones a mi primo Bill, no tiene la culpa de todo esto –le expliqué– Él no te dijo nada porque cuando empezamos nuestra relación Tom y yo éramos muy jóvenes y no teníamos las cosas muy claras, y Bill no dijo que lo hiciéramos con prudencia.
—¡Já! Tanta prudencia tuvisteis que al final te quedaste embarazada –me echó en cara Patri.
—Fue un accidente, vale. Yo no tenía planeado ser madre con quince años, y por encima Tom no ayudó mucho en eso –dije con desesperación– Eso fue uno de los motivos porque me fui de Alemania. Por eso te pido que perdones a Bill, el no tiene la culpa de esto. Fui yo la que le pedí que no dijera nada.
—Bueno, me lo pensaré –dijo Patri con voz seria– Ahora me tengo que ir. Que pases una buena tarde, pequeña.
Me quedé de pie mirando como se iba Patri, la verdad es que mi relación con ella no volvería a ser la misma, hasta que ella me creyera, pero algo me hacía ver que si me iba a perdonar y que también iba a perdonar a mi primo Bill. Me senté en mi silla y comencé a pasar unos escritos que tenía que pasar al ordenador, cuando una voz de pija e inconfundible me hizo distraerme de mis quehaceres.
—¿Está Tom en la oficina? –preguntó Chantelle mirándome con cara de asco.
—Sí, lleva toda la mañana allí –dije a Chantelle.
—Por lo menos veo que es competente en su trabajo, no como tú que dejas tu puesto solo durante bastante tiempo –me soltó Chantelle con su veneno– Avisa a tu primo que estoy aquí. Tengo que hablar urgentemente con él.
—Ok –marqué la línea interior, y pronto escuché la voz grave de mi primo hablándome– Está Chantelle aquí. Tom dice que pases.
—Ok –dijo mientras se dirigía hacia el despacho de mi primo, con un movimiento de culo un poco exagerado.
Me quedé de nuevo sola, pero estaba demasiado intrigado por saber que era eso tan urgente que tenía que decirle Chantelle a Tom. Estuve tentado por unos segundos de pegar mi oreja a la puerta, pero no sería muy ético que una simple secretaria estuviera escuchando las cosas privadas de su jefe con su novia.
Continúa…