«Ich Brech Aus» Temporada III
CAPITULO 27
Narra Daniela
—¡¿QUÉ?! –dije en un susurro, abriendo desmesuradamente los ojos— ¿Qué has dicho?
—Dani, cariño no sé como decirte esto pero tú no eres hija de mi hermana Iris –dijo mi tía, haciendo que la vista se me fuera nublando poco a poco– Tu verdadera madre murió al nacer tú, al poco tiempo apenas eras un bebé mi hermana se casó con tu padre.
—Porque me has estado ocultando esto durante tanto tiempo –dije a mi tía recriminándole– Tenía derecho a saber la verdad.
—Lo sé, pero estábamos buscando el momento adecuado, después te fuiste… —dijo mi tía poniendo una mueca triste.
—Entonces… ¿Porque siempre me has recriminado que estuviera siempre con Tom? –le pregunté un poco histérica a mi tía.
—Porque siempre guarde la esperanza de que te enamorarás de otra persona, no de Tom, pero fue inevitable ya te enamoraste de él desde muy niña –dijo mi tía mirándome fijamente.
—Nunca te voy a perdonar que me hayas mentido, y ocultado esto. He estado mucho tiempo comiéndome la cabeza por culpa de esta relación –dije a mi tía con lágrimas en los ojos.
—No puede ser… Has estado engañándonos años, sabiendo lo que nos pasaba y aun así te callaste, nunca me lo dijiste —le recriminó ahora Tom— Soy tu hijo deberías de preocuparte por mi felicidad y has hecho todo lo contrario.
—Simone dime que todo esto es mentira, que Tom y ella si son primos. Amo a tu hijo —dijo Chantelle con desesperación.
—Mamá, ¿Es cierto que Dani no es nuestra prima de sangre? Has estado mintiendo a mi hermano, ¿Eres consciente de todo el daño que has hecho? —Bill se puso de lado de su madre mientras Gordon y Patri estaban completamente en silencio.
—No sabes todo el daño que me has causado –dije a Simone, porque no sé como llamarla en estos momentos, me siento tan confundida siento que he perdido toda mi identidad— Llevo años martirizándome por estar enamorada de mi propio primo, cuando realmente llevas sabiendo años que no soy de esta familia, que a los quince años me tuve que ir de esta maldita casa por quedarme embarazada de mi primo y que llevo seis años, seis malditos años ocultando la verdad para no ser juzgada. ¡Tuviste cuatro años para decirme la verdad!
Después de decir eso, mientras Simone, Gordon, Chantelle, Bill, Tom y Patri estaban en modo de shock. Cogí de la mano a Sarah y a Alex que estaban escondidos debajo de la mesa con las manos tapándose los oídos para irnos de esa casa, ya que ahora no tengo familia. La única familia que tenía y consideraba como tal, me ha estado mintiendo durante diez años. Cogí mi bolso, y unas chaquetas para mis hijos, otro día vendría a buscar lo restante o simplemente pediría que me lo llevarán. Salí de la casa, y me dirigí a una parada de taxis, no quería llevar el coche que tenía, porque ya no lo consideraba mío no quería nada de esa familia que me había criado durante varios años.
Subimos en un taxi y le di la dirección de un hostal muy económico para poder pasar esa noche, no podía arriesgarme a ir a casa de Gustav, ya que sería uno de los primeros lugares al que me irían a buscar. Tras bastante recorrido por fin llegamos a un hostal, que estaba a las afueras de Hamburgo, era bastante tranquilo. Pagué el taxi y me dirigí al interior del hostal, y pedí una habitación con una cama grande, tenía que ahorrar dinero ya que ahora ya no iba a trabajar en la discográfica de Tom y de Bill, quería desligarme completamente de ellos. Subimos a la habitación, y los niños no paraba de preguntarme que había pasado porque no nos habíamos llevado a Teddy. Nos tumbamos en la cama, y mi teléfono móvil comenzó a sonar la pantalla mostraba claramente quien me estaba haciendo la llamada Tom…
TRES SEMANAS MÁS TARDE
En todo este tiempo no he tenido contacto con Tom ni con los chicos. Solo de vez en cuando me veo con Adri, que fue ella quien trajo las pocas cosas que tenía en casa de Simone. Tampoco he ido a trabajar durante todo este tiempo, ni pienso, de hecho que estoy empezando a buscar otro trabajo para poder alimentar a mis hijos y poder pagar la habitación del hostal donde estoy parando desde hace tres semanas. Adri me ha dicho, que Tom me está buscando desesperadamente y que en una rueda de prensa ha anunciado su rotura con Chantelle. No sé que voy hacer de mi vida, me siento muy sola. Ahora tengo que empezar de nuevo con mi única familia con mis hijos…
—Mami tengo hambre –dijo Alex sentándose en la cama donde estaba yo también sentada, quitándome de mis pensamientos.
—Cariño dentro de un par de horas es la cena –dije a mi hijo— ¿No puedes esperar un poquito?
—No… Tengo mucha hambre –dijo mi hijo con desesperación, que casi se me rompió el alma.
—Está bien vamos al supermercado que hay al lado del hostal –dije a mi hijo mientras me levantaba a coger las chaquetas, y algo de dinero– Vamos.
Después de meter un poco de dinero, y las llaves de la habitación donde me estaba alojando, salimos de ella y bajamos las escaleras, pero antes de salir al exterior deje en recepción las llaves de la habitación, y me dirigí con mis hijos hacia el supermercado que había cercano al hostal. La tarde ya había refrescado, ya estábamos a mediados de septiembre, y eso me recordaba que para el mes que viene mis pequeños cumplirían ya los seis años. Caminé con paso apurado, agarrando a mis hijos cada uno de las manos y entramos en el interior del supermercado, cogí una cesta para meter lo que cogiéramos. Alex y Sarah estuvieron buscando lo que querían comer, mientras que yo me había cogido unos bollos bastante ricos que me servirían para el desayuno de los días siguientes, para darle a los niños y a mí. Acabamos de hacer la compra y nos dirigimos a la caja para pagar la mercancía que habíamos cogido.
—Son 23,50 euros –dijo la cajera al acabar de pasar todas las cosas.
—Mierda… —dije en un susurro solo tenía 15 euros y no me llegaba para pagar todo lo que habíamos cogido– Me puedes retirar estas cosas, es que no me llega el dinero…
—No sé preocupé –dijo la cajera procediendo a hacer la anulación de varios productos.
—No quité nada, lo pago yo –dijo una voz que me resultaba muy familiar.
—Tenga –dijo la cajera dándole la vuelta del dinero que le había dado.
—Gracias –susurré para luego irme, pero a los pocos minutos afuera del supermercado me alcanzó.
—Esa es tu manera de solucionar los problemas, desapareciendo del mapa sin darme una dirección –dijo de repente Tom recriminándome.
—¿Y qué querías que hiciera? Me enteré que a las personas que consideraba como mi única familia, no eran nada mío –dije explotando— ¿Cómo quieres que me sienta? Me siento como un juguete, que habéis jugado conmigo a vuestro antojo.
—A mí no me metas en eso, que yo no sabía nada –dijo Tom mirándome fijamente.
—De todas formas jugaste conmigo, aunque no fuera de esa forma –susurré.
—¡Por Dios, Daniela! –exclamó Tom.
—¡Sarah! ¡Alex! Vámonos –ordené a mis hijos para que me siguieran.
—¿Te vas a volver a ir? –dijo Tom con rabia.
—No tengo otra familia. Ellos son mi única familia –dije mientras volvía a caminar de nuevo.
Sentí sus labios de nuevo sobre los míos. Los había añorado tanto, aunque mi mente se había propuesto a olvidarlos pero el corazón era el que mandaba y estaba deseoso de sus besos. Durante unos segundos que quizás fueron minutos, no sé… nos comimos la boca como dos adolescentes enamorados que llevaban días sin verse.
—Cásate conmigo –dijo Tom mientras volvía a besar mis labios– Deja sea parte de esta familia.
—No lo sé –dije mirando a mis hijos– Tengo que preguntarles a ellos.
—Ellos estarán encantados de que me casé contigo –dijo Tom mirándome fijamente, para luego fijar su mirada a los niños– Niños, ¿Queréis que me case con vuestra madre?
—¿Nos llevarás a comer helado, al zoológico y al parque? –dijo Alex dudosamente.
—Claro que sí campeón –dijo Tom mirando a nuestro hijo.
—Pues entonces sí –dijo Alex sonriente.
—Lo ves Alex dice que sí –dijo Tom mirándome sonriente– Y si Alex dice que sí, es que sí.
—Ya… —sonreí de nuevo, para luego juntar mis labios con los de él.
—Será mejor que vayamos a buscar vuestras cosas –dijo Tom pasándome el brazo por encima de mis hombros, y dándome un beso en la sien.
—Si… —dije mientras íbamos caminando con los niños delante de nosotros que iban jugando– Una cosa, ¿Cómo has sabido donde estaba?
—Bueno, digamos que tienes una amiga que se preocupa por ti y me lo ha chivado. Os seguí desde que salisteis del hostal –dijo Tom sonriéndome– Ahora nadie te va a separar de mi, nada de huidas locas que nos conocemos señorita.
—Está bien –dije volviéndolo a besar.
Llegamos al hostal, y pedí la llave de mi habitación a la señora que estaba en recepción. Tom nos acompañó a la habitación, y me estuvo ayudando a empaquetar cosas. Esa misma noche nos iríamos de ahí, a vivir a apartamento que tenía Tom pero solo por un tiempo, ya que lo iba a vender para comprarse una casita con un gran jardín, y así los niños pudieran disfrutar sin estar encerrados todo el tiempo en casa. Cuando acabamos de recoger todas las cosas nos dirigimos a recepción y entregué las llaves, iba a pagar la cuenta pero Tom no me dejó y se hizo cargo él de la cuenta. Después salimos del hostal, y nos dirigimos al coche de Tom y metimos todas las cosas en maletero, para luego irnos rumbo a su apartamento.
Después de media hora o más llegamos a un grupo de edificios altos, Tom se metió en uno para acceder en el garaje. Era la primera vez que estaba en el apartamento de Tom, nunca había estado antes. Aparcó su coche en la plaza de garaje correspondiente, y bajamos todos del coche. Tom abrió el maletero del coche para coger unas maletas que era donde tenía mi ropa y la de los niños. Después nos dirigimos al ascensor, que era muy amplio, metió una llave en el contacto del ascensor para luego presionar el número del piso a que íbamos. En unos segundos, las puertas del ascensor se abrieron mostrándonos un piso bastante amplío, y muy moderno. Miré a mi primo con cara asombrada, tenía un apartamento de una planta para el solito.
—¿Qué te parece? –dijo mi primo Tom.
—Es una pasada –dije sorprendida.
—Solo viviremos aquí provisionalmente, la voy a vender para comprarnos una casa –dije mi primo Tom– Para vivir después de que nos casemos.
—De acuerdo –sonreí a mi primo, se me hace tan raro no decir que es mi primo. Llevo tantos años pensando que es mi primo que ahora inconscientemente me sale decir mi primo Tom– Te quiero…
—Yo más… —dijo abrazándome– Será mejor que dejemos las cosas en la habitación.
—Si… —susurré mientras lo seguía.
Dejamos todas nuestras cosas en la habitación, y también en la habitación donde dormirían los niños. Una habitación con dos camas individuales, no eran muy infantil pero era lo que había ya que Tom no tendría planeado tener a niños en su casa alojados, ni menos cuando estaba con Chantelle. Después nos fuimos a la cocina, y ayude a Tom a preparar la cena, ya que nuestros estómagos empezaban a rugir las tripas, por el hambre que teníamos yo y los niños. Sarah y Alex estaban viendo un poco la televisión, esperando a que acabáramos de hacer la cena. Cuando estuvo ya todo listo, pusimos la mesa en el gran salón, y le dije a los niños que vinieran a cenar. Durante la cena estuvimos hablando de nuestro futuro y de nuestros hijos.
—Niños venid aquí –dije a mis hijos mientras que Tom y yo nos sentábamos en el sillón del salón.
—¿Qué pasa, mami? –dijo Alex preocupado.
—Cariño, tengo que deciros una cosita –dije a mi hijo acariciándole la mejilla.
—Es bueno que compartas las cosas con nosotros, mami –dijo Sarah acercándose– Como hacen la sirenita, los tres cerditos, Cenicienta…
—Aladdín, El Rey León… —dijo Alex complementando a su hermana– Todos ellos dicen que siempre hay que hablar las cosas.
—Gracias, ya he captado la idea –dije sonriente a mis hijos, me hacía mucha gracia que tuvieran tanta imaginación— ¿Os acordáis de cuando me preguntabais por vuestro papá?
—Si… —dijo Alex pensativo– Dijiste que estaba en un sitio lejos de donde vivíamos.
—Bueno pues hace tiempo que lo he vuelto a ver, cuando estuvimos en vacaciones aquí –dije intentando buscar las palabras adecuadas.
—¿Si?—dijo Sarah emocionada— ¿Dónde está mi papi? —se acercó a mí apoyándose en mis rodillas y dando pequeños saltitos.
—¿Vamos a conocer a papá? —Alex también vino junto a mí— ¡Quiero ir a verlo mamá! — me cogió de la mano queriéndome que me levantara.
—Alex, ¿Por qué me estiras? —pregunté curiosa.
—¡Quiero que vayamos con mi papá! —sonreí al verlos tan alegres.
—No tenemos que ir a ningún lado… —Sarah no me dejo continuar la frase.
—¡Va a venir él ahora! —empezó a dar vueltas alegremente.
—Ya está aquí —les dije dejándolos pensativos.
—No… Aquí no está papa —dijo decepcionada.
—Sí, que está –afirmé a mis hijos– Tom es vuestro padre…
—¿Tú eres mi papá? –preguntó Sarah un poco confusa.
—Si… —dijo Tom un poco nervioso.
—¡Qué bien! Ahora nos podrás contar cuentos, llevarnos al parque a jugar cuando mami trabaje –dijo Sarah muy emocionada.
—Claro que sí –dijo Tom sonriendo– ¿Me vienes a dar un beso?
—No… —dijo Sarah moviendo la cabeza en modo de negación.
—Vaya… —dijo Tom tristemente pensando que Sarah le daría ese beso.
—Te voy a dar tres –dijo Sarah enseñando los tres deditos de la mano.
—Ven aquí, pequeña –dijo Tom abriendo los brazos, mientras que Sarah se acercaba a él para abrazarle, para que al poco rato Alex se uniera también en el abrazo.
Al final Tom acabó con Sarah y Alex sentados en sobre sus rodillas. Hacían una estampa tan bonita, se notaba que Tom había aprendido a querer mucho a los niños, en el poco tiempo que estuvo con ellos y también desde que se entero que era el verdadero padre de ellos.
Continúa…