«Ich Brech Aus» Temporada III
CAPITULO 28
Narra Daniela
—Venga poneros bien que os voy a sacar una foto –dije levantándome del sillón, para ir a buscar a la habitación mi cámara de fotos. Llegando a los pocos segundos de nuevo al salón– Hay que inmortalizar este momento, la primera foto de los niños con su padre.
—Ok –dijo Tom agarrando bien a Sarah y a Alex para que la foto saliera mejor.
—Decir Cheese –dije ajustando el objetivo de la cámara para sacar la foto.
—Cheeeeeeeeese –dijeron los tres muy sonrientes mientras que le daba al botón de la maquina y el flash saltó, para luego visualizar la foto por la pantalla de la cámara.
—Salís geniales –dije sonriendo– Será nuestra foto de familia.
—No, cariño –dijo mi primo mirándome– Faltas tú en la foto, así que ven para aquí y sácate una foto con nosotros.
—Está bien… —preparé la cámara de fotos para que disparará de modo automático, lo puse sobre un sitio bastante alto para que nos pudiera sacar bien la foto, y me fui para sentarme al lado de Tom, cogiendo a Alex en el regazo para luego sonreír con una sonrisa amplía cuando el flash de la cámara saltó.
—Vamos a ver como ha quedado la foto –dijo Tom levantándose con Sarah en brazos, para acercarse a la cámara de fotos– Oh, que guapos salimos.
—Je je je –sonreí por la cara que puso Tom– Bueno mis niños hay que acostarse, decir buenas noches a vuestro padre.
—Buenas noches, papi –dijo Alex acercándose a Tom para darle un beso en la mejilla.
—Buenas noches, enano –dijo Tom dándole un beso en la mejilla.
—Tu barba me hace cosquillas –dijo Alex riéndose a Tom.
—Buenas noches, papi –dijo Sarah que estaba en brazos de Tom, abrazándose a él.
—Buenas noches, princesa –dijo Tom acariciándole la cabeza cariñosamente.
—Bueno enanos, ahora hay que lavarse los dientes –les dije a mis hijos– Y después a acostarse.
Acompañé a los niños al baño, para ver si se lavaban bien los dientes. Después nos fuimos a la habitación donde dormirían, para ponerles el pijama y arroparles bien en la cama, y darle los dulces sueños. Cuando se quedaron dormidos, después de contarles un cuento breve salí de la habitación para dirigirme al salón que era donde se encontraba Tom en esos momentos.
—¿Ya se han dormido? –me preguntó Tom al verme aparecer por la puerta.
—Sí, les tuve que contar un cuento hasta que se quedaron completamente dormidos –le expliqué a Tom.
—Por eso tardabas tanto –dijo Tom en modo gracioso acercándose a mí para besarme los labios.
—Tom… —dije al notar como sus manos se metían por debajo de mi camiseta, hasta llegar a uno de mis pechos.
—¿Qué? –me preguntó mi primo un poco confuso.
—No crees que vas demasiado rápido –dije a mi primo enarcando una de mis cejas.
—¿Por qué me dices eso? –me preguntó mi primo.
—Cada vez que tenemos un acercamiento en nuestra relación, ya siempre lo relacionas con el sexo –dije a mi primo– Me gustaría una vez en la vida disfrutar de mi hombre sin tener sexo.
—Es que te quiero, hace tanto tiempo que no estoy contigo que creo que me estoy volviendo loco –dije mi primo Tom con desesperación.
—No será para tanto –le dije sonriendo para volverle a besar los labios de una forma más efusiva– Te quiero…
Nos estuvimos besando durante mucho más rato en aquel salón, intentando recuperar el tiempo perdido durante ese mes, durante años. Ahora que sabíamos que no éramos primos, mi relación con él ya no sería oculta además Simone si aprobaba nuestra relación.
—Me pregunto yo –dije separándome de los labios de Tom— ¿Por qué tu madre nunca me dijo la verdad? ¿Y desde cuando empezó a sospechar algo de lo que había entre nosotros?
—No tengo ni idea porque oculto eso durante años –dijo Tom mirándome fijamente, para acariciarme mi mejilla– Mañana podríamos ir a casa de mi madre, al fin y al cabo mi madre te quiere como si fueras su sobrina.
—Ya… —dije con una sonrisa tímida– Me enfadó mucho que no me dijera la verdad, pero gracias a ella he podido vivir con una familia maravillosa, y que me ha cuidado y dado todo el cariño que necesitaba en esos momentos difíciles que pasé cuando se murieron mis padres.
—Sí, la verdadera familia es la que te da todo el cariño y se preocupa por ti, aunque en realidad no fuéramos tu familia –dijo Tom abrazándome fuertemente, para luego darme un beso en el pelo.
—Lo sé… —dije enterrando mi cabeza en el pecho de mi primo.
—Bueno será mejor que nos vayamos a acostar –dijo Tom mientras me acariciaba la espalda– Mañana tenemos que ir a casa de mamá, tiene derecho a estar unas horas con sus nietos y con su futura nuera.
—Lo de futura nuera ha sonado un poco… —dije poniendo una mueca.
—Dani si te casas conmigo, será la nuera de mi madre –dijo mi primo riéndose.
—Es que me cuesta un poco asimilar que tu madre, que era mi ex tía, ahora vaya a ser mi suegra –expliqué a mi primo.
—De todas formas será como una madre para ti –dijo Tom mirándome y dándome la mano para levantarnos del sillón.
Nos fuimos para la habitación de mi primo Tom, y nos pusimos los pijamas para luego meternos en la cama. Me abracé a mi primo mientras sentía como sus manos grandes y fuertes rodeaban mi cuerpo haciéndome sentir protegida, querida, reconfortada. Los rayos del sol hicieron que abriera los ojos lentamente, Tom seguía durmiendo con una cara de tranquilidad. Me quedé unos minutos contemplándolo, para luego no poderme resistir y empezar a besar suavemente sus labios. Poco después sentí como sus brazos volvían a rodear mi cuerpo y como sus labios correspondían a ese beso tan mañanero.
—Bueno días, mi vida –dije dándole un beso en los labios para luego pasar a su cuello.
—Bueno días, mi ángel –dijo Tom acariciándome.
—Mi ángel hacía tiempo que no me llamabas así –dije a mi primo recordando que cuando era solo una niña, mi primo solía decirme que era su ángel.
—Bueno… pero siempre hay otra oportunidad para decírtelo –dijo atrapándome mis labios de nuevo.
—Tom tenemos que prepararnos –dije parando el beso, ya que sabía lo que vendría si seguíamos besando tan efusivamente– Recuerdas, tenemos que ir a casa de tu madre.
—Sí, no lo había olvidado –dijo mi primo– Solo que me apetecía estar un poco más así, para estar contigo.
—Mami, tenemos ganas de desayunar –dijo Sarah entrando en la habitación, para luego subirse a la cama y acercarse a donde estábamos nosotros.
—Buenos días, mi niña –dije mientras abrazaba a mi hija y le daba un beso en la mejilla.
—Buenos días, papi –dijo mi pequeña a su padre toda sonriente.
—Buenos días, enana –dijo Tom agarrando a Sarah para luego comenzarle a darle besos por el estomago, provocando que Sarah comenzará a reírse a causa de las cosquillas que le causaba.
—¿Adónde vamos a ir hoy? –preguntó Sarah a nosotros.
—Hoy vamos a ir a casa de la abuela Simone –dijo Tom a nuestra hija– Para que paséis un poco de tiempo con ella.
—Bien, así podremos jugar con mantequilla –dijo Sarah frotándose las manos.
—¡Por dios! Dejar a mantequilla tranquila que ya está para arrastre –dije a mi hija ya que mantequilla había venido a casa cuando yo tenía once años, con lo cual ya era una perrita vieja.
Nos levantamos de la cama, y fuimos con Sarah a la cocina para preparar el desayuno para ella, para Alex y también para nosotros. Cuando acabamos de desayunar nos fuimos a dar una duchar rápido y después fui a ayudar a vestir a Sarah y a peinar, mientras que Tom se encargaba de Alex. A los pocos minutos ya estábamos todos preparados para salir por la puerta del apartamento de Tom y dirigirnos hacia la casa de su madre, y así poder estar los niños con ella ya que es su abuela. Tras unos veinte minutos de recorrido, por fin llegamos a la urbanización donde crecí y donde viví los últimos años antes de quedarme embarazada e irme a vivir a España. Que fácil hubiera sido todo si Simone me hubiera dicho la verdad, quizás se enfadará conmigo un poco por haberme quedado embarazada tan joven, pero después tendría el apoyo de ella y me hubiera ayudado a cuidar de los niños, ya que yo era una adolescente inexperta en ese tema, y una ayuda siempre vendría bien.
Bajamos del coche de Tom, y nos dirigimos con los niños hacia la puerta de la casa de su madre, atravesando el jardín. Cuando llegamos a la puerta Tom tocó el timbre mientras yo me retorcía las manos nerviosamente, ya que no sabía como reaccionar ante una persona que había considerado mi tía por tantos años. A los pocos minutos, Simone abrió la puerta.
—¡Tom! –sonrió a su hijo al verlo– Daniela…
—Hola –susurré para luego quedarnos en un silencio incomodo.
—Ven aquí, pequeña –dijo Simone con una sonrisa tierna y abriéndome sus brazos para que me refugiará en ellos como solía hacer cuando tan solo era una niña— ¿Por qué huiste? Pensabas que mi amor por ti ya no sería, al saber que no eras mi verdadera sobrina.
—Yo… —dije en un susurró bajando mi cabeza.
—Te equivocaste sigues siendo mi sobrina seas de sangre o no –dijo Simone acariciándome mi mejilla– Y no quiero que me llames Simone, suena muy feo. Quiero que me sigas llamando tía, porque al fin y al cabo eres de la familia y eres mi sobrina…
—Te quiero mucho, tía –dije abrazándola y enterrando mi cabeza en su pecho.
—¿Os vais a quedar a comer? –dijo mi tía– Bill y Patri vendrán a comer hoy, así que podrías quedar para comer todos en familia.
—Sí, no sería mala idea –dijo por primera vez mi primo Tom, que escuchaba la conversación en segundo plano– Además así podríamos aprovechar para dar la noticias, ¿No crees Dani?
—¿Qué noticia? –dijo mi tía un poco intrigada.
—Eso lo sabrás en la hora de la comida cuando estemos todos –dijo Tom a su madre.
—Está bien –dijo mi tía resignada– Será mejor que entréis. Venir aquí mis niños. ¡Oh dios mío! No me puedo creer que ya tenga unos nietos tan hermosos. Fijaros, tienen los mismos rasgos que Tom y Bill de niños, pero tienen los ojos de su madre…
Entramos en casa de la mi tía, y nos dirigimos al salón donde nos sentamos en los sillones amplios y cómodos que tenían. Al poco rato, apareció mi tío Gordon que venía de la cocina con una vaso, con algo para beber. Al verme apoyo rápidamente el vaso sobre la mesita que había enfrente del sillón, y me vino a abrazar muy cariñosamente.
—Daniela, enana –dijo mi tío abrazándome— ¿Dónde has estado durante estas tres semanas?
—En un hostal. Ayer Tom me encontró en un supermercado cercano al hostal donde estaba –dije avergonzada por mi comportamiento tan infantil de huir ante los problemas.
—Menos mal que te encontró, nos tenías a todos preocupados –dijo mi tío mirándome fijamente a los ojos.
—Lo sé… Siento haberme comportado así, pero entenderme como me he sentido al enterarme de la verdad –expliqué a mis tíos– Es que tuve que huir para poder tener a Sarah y a Alex, tenía miedo de que me señalarais con el dedo cuando os enterarais de que el padre era Tom.
—Cariño eso nunca lo haríamos. Al principio estaríamos enfadados y un poco decepcionados por haberte quedado embarazada tan joven pero eso con el paso de los días se nos olvidaría –dijo mi tía mirándome con ternura.
—Ya… pero no sabía como ibas a reaccionar –dije a mi tía con tristeza– Tuve mucho miedo, ¿Sabes? No sabía como podía cuidar a mis hijos sola…
—Bueno, no te preocupes –dijo mi tío quitándome importancia al asunto– Para los próximos ya te ayudaremos.
—Bueno, creo que me encuentro capacitada para cuidar de un bebe de nuevo yo sola –dije a mis tíos sonriendo– Estos años cuidando de Sarah y de Alex me ha servido de mucha experiencia.
—Ya lo creo. Te has convertido en una buena madre –dijo mi tío acariciándome la mejilla– Ahora solo te pido que no vuelvas a huir de nuevo.
—Tranquilo, me tiene bien amarrada –dijo mirando a mi primo con complicidad.
Nos sentamos en el sillón hablando más sobre otras cosas, mientras que mi tía jugaba con Alex y Sarah bajo la atenta mirada de mi primo Tom. Sin darnos cuenta llegó la hora casi de comer, y me fui con mi tía a ayudarle a hacer la comida, mientras que mi tío se quedaba con Tom en el salón con los niños jugando. Cuando ya teníamos la comida casi lista, sonó el timbre de casa. Escuché como la puerta se abría, y como Tom hablaba con las personas que habían llegado. Al poco rato Patri entró por la puerta de la cocina dispuesta ayudarnos, alegando que había llegado tarde por culpa de Bill, que siempre se retrasaba a la hora de arreglarse.
Entre mi tía, Patri y yo acabamos de poner la mesa y después distribuimos las bandejas de la comida por ella. Cuando ya teníamos todo listo, llamamos a los niños y los hombres de la casa para que vinieran a comer. Nos sentamos cada uno al lado de nuestras respectivas parejas, Tom, yo y los niños en un lado, Patri y Bill en el otro lado de la mesa y mis tíos cada uno presidiendo la mesa. Durante la comida estuvimos hablando de diversas cosas, Bill y Patri nos contaron que estaban pensando en planes de bodas, pero que por el momento esperarían un poco.
Entre todos seguimos hablando de diversos temas mientras tomábamos el postre. Tom se levanto de la mesa sin decir nada y llegó a la mesa con una botella de zumo de melocotón y una botella de licor. Todos lo miramos extrañamente mientras aun y así no dejábamos de hablar. Poco a poco fue sirviendo copas, a los adultos licor, y a los niños un vaso de zumo, finalmente volvió a su puesto.
—¿Y esto a que se debe? —pregunto Gordon tomando su copa.
—¡No, no bebas! —le detuvo Tom dejando a su pobre padre una mueca de confusión que nos hizo reír a todos— Tss vosotros tampoco mocosos, o os haré cosquillas hasta que no podáis más —dijo a Alex y Sarah que iban a tomar zumo de sus vasos.
—¡Ups! —rió Sarah mirando a su hermano y agazapándose en su silla.
—A ver… —todos le miramos atentamente— Como es más que obvio, Chantelle y yo no estamos juntos, y Dani no es mi prima de sangre… —todos asintieron y murmuraron algunas cosas.
—Eres mi papiiiiii —canturreó Sarah con una sonrisa de oreja a oreja, captando nuestra máxima atención.
—Te estás ganando una guerra de cosquillas eh… —amenazó Tom sonriendo— Déjame terminar —Sarah asintió intentando controlar su risa.
—Bueno, como todos sabéis Dani no es mi prima y llevo enamorado de ella desde hace muchos años, con ella he tenido dos maravillosos niños a los que quiero con locura y que me gustaría ser su padre a tiempo completo –dijo Tom mirándome fijamente a los ojos mientras notaba como mis orejas se empezaban a poner coloradas por el rubor– Es la mujer de mi vida, y no creo que encuentre otra igual, es más, es única…
—Tomi… —dije susurrando mientras mis ojos se empezaban a empañar por la emoción al escuchar sus palabras.
—Dani… Cásate conmigo, déjame despertarme cada día a tu lado –dijo agarrándome mi mano– Déjame cuidarte, amarte, protegerte hasta que la muerte nos separe.
Continúa…