«Ich Brech Aus» Temporada III
CAPITULO 32
Narra Daniela
24 de mayo – Sábado 08:00 a.m.
Los rayos del sol de esa mañana tan radiante, me hicieron despertar. Los nervios se habían alojado en mi garganta haciendo que un cosquilleo recorriera cada rincón de mi cuerpo. Miré, un segundo mi habitación, y allí estaba… En una silla bien colocada y bien estirado mi vestido de novia, al lado de este se encontraban lo zapatos a juego con la tonalidad del vestido, y en el otro lado la ropa interior, que llevaría ese día, un corpiño palabra de honor complemente blanco, una liga blanca y las medias de encaje blancas.
Me levanté de la cama, y me acerqué al vestido observándolo durante minutos, en apenas tres horas dejaría mi soltería para convertirme en la esposa de Tom Kaulitz, había deseado tanto este momento desde niña, que ahora que por fin se hacía realidad me parecía un sueño. Algo en mi cuerpo me decía que esta felicidad absoluta, que sentía en ese momento, se iba empañar, no sé me daba esa sensación. La puerta de mi habitación se abrió dando paso a Patri, que supongo que vendría a ver si estaba despierta para empezar con la sesión de peluquería y maquillaje, dado que después tendrían que peinar y maquillar a las demás mujeres que estaban en la casa, y a los niños.
—Dani cielo, ¿Ya estás despierta? –me preguntó al verme al lado de mi vestido de novia.
—Si… —susurré nerviosamente.
—Genial, si quieres puedes ir a darte una ducha. Cuando vuelvas comienzo a peinarte y a maquillarte –me dijo Patri.
—Vale –dije cogiendo mi albornoz para salir después de la habitación para dirigirme al baño.
Dejé que el agua caliente mojara mi cuerpo desnudo tratando de relajarlo, lo máximo posible después del estrés vivido los últimos días, la última semana. Cuando acabé de ducharme enrollé mi cuerpo en una toalla, y me lo sequé, para luego secarme el pelo con la toalla. Me puse el albornoz y me dirigí a mi habitación. Patri ya tenía todos sus artilugios preparados para cuando llegara yo. Me puse una muda de ropa interior limpia, aunque más tarde me podría otra y una chaqueta por encima, para después poder quitármela fácilmente y así no estropear el peinado ni emborronar el maquillaje.
Después de acabar me senté en una silla, y Patri con el secador me quitó la humedad en el pelo, mientras que con un cepillo profesional me lo iba estirando, y trabajando para luego hacer el peinado final. Cuando tuvo seco completamente el pelo y estirado, cogió millones de horquillas para empezar a hacer el recogido. Había optado por un recogido completo de pelo, aunque el moño estaba formado por rizos, mientras que se intercalaban pequeñas flores naturales en este de color blanco. Me cogió mi larga melena en una gran coleta para después separarla en pequeños bloques de pelo, y con la plancha de pelo empezó a rizármelo, haciendo que cayeran sobre mi espalda pequeños bucles dorados. Después fue cogiendo cada uno y los fue prendiendo con una horquilla, hasta que poco a poco el recogido estuvo hecho. Después incorporó las pequeñas florecillas en este a modo decorativo.
Cuando acabó de hacerme el recogido, procedimos a la sesión de maquillaje y más tarde de manicura. Me aplicó sobre mi rostro una base para después aplicarme el colorete y la sombra de ojos. Con el rímel pintó mis pestañas haciendo, que mis ojos verdes estuvieran más resaltados. Después me pintó una fina raya negra sobre la parte interior del ojo, y finalmente pintó mis parpados con una sombra del mismo tono del vestido, o más bien similar. Aplicó sobre mis labios finos y sensuales, un brillo de labios. Después de acabar de hacer todo eso que ya eran las nueve y media de la mañana, me hizo la manicura francesa en mis manos.
—Será mejor que no te muevas mucho para no estropear las uñas –me dijo Patri– Ahora voy a peinar a las demás, que sino el tiempo se nos echa encima que a las once tienes que estar cruzando la puerta de la iglesia.
—Ya, me estoy poniendo de los nervios –informé a Patri.
—Intenta tranquilizarte, que sino te vas a poner mal –me recomendó Patri.
24 de mayo – Sábado 10:00 a.m.
Los nervios estaban a flor de piel menos mal, que Patri ya había maquillado y peinado a las chicas y a mi tía Simone. Ahora estaba peinando a Sarah, dejándole caer sobre su pequeña espalda unos graciosos tirabuzones, que estaban recogidos en una diadema de flores del mismo color que las mías. Entre las chicas y mi tía Simone, mientras Patri acaba de arreglar a Sarah me ayudaron a vestirme. Primero me puse mis braguitas de lencería blanca, y después el corsé de palabra de honor que hacía que mi pecho se resaltará más, con mucho cuidado me puse las medias tratando de no engancharlas ni romperlas con mis unas, cuando las tuve puesta coloque los lazos que venían con el corsé para sujetarlas mejor. Ahora tenía que ponerme el vestido.
—Dani… —dijo mi tía haciendo que le prestará atención– Una novia tiene que cumplir con la tradición, el día de su boda tiene que llevar algo nuevo, algo prestado y algo azul.
—Te hemos cambiado tu liga blanca, por una de color azul –dijo Adri mostrándome la liga que estaba en su mano– Y como es nueva, ya tienes algo azul y algo nuevo.
—Ahora te falta lo prestado –dijo otra vez mi tía Simone– Toma… —me mostró una gargantilla con los pendientes y la pulsera a juego preciosa– Lo utilicé el día de mi boda con Gordon.
—Gracias… —susurré emocionada, mientras mi tía me ponía la gargantilla y después los pendientes y la pulsera– Son preciosos…
—Espero que seas muy feliz… —dijo mi tía Simone emocionada– Sabes que eres como una hija para mí.
—Lo sé… —dije abrazándola.
—Mami, mira que guapa estoy –entró Sarah en mi habitación, con la enagua puesta y el cancán– Parezco una princesa.
—Sí, cariño pero aún te falta ponerte el vestido para ser una princesa de verdad –dije agachándome para acariciar su carita– Estás muy guapa.
Finalmente la hora se iba acercando y en cualquier momento llegaría Bill, para buscarme y llevarme a la iglesia, ya que ejercía de padrino. Así que acabé de ponerme el vestido, ya eran las once menos cuarto, pero como la tradición dice la novia tiene que llegar un poco tarde. Los primeros en marcharse fueron Simone y Gordon, al ser la madrina mi tía tenía que irse antes para la iglesia para acompañar a Tom en la espera a que yo llegara.
Estábamos todos sentados en el salón a la espera de que llegara Bill, ya que había alquilado una limosina e iríamos todos en el mismo coche. Bill y yo, las damas de honor y lo niños. Sobre las once menos cinco finalmente llegó el coche, aparcando enfrente afuera de la casa de mi tía. Mi primo Bill entró dentro de la casa, él también iba muy elegante con un traje chaqueta y corbata, con el pelo engominado.
—Estás preciosa –dijo mi primo Bill tan pronto entró en el salón y me vio– Eres una novia muy bonita.
—Gracias –dije con cierto rubor y nerviosismo.
—¿Preparada? –me preguntó mi primo.
—Creo que sí –dije nerviosamente.
—Pues entonces es mejor que nos vayamos, tienes a Tom plantado en el altar –dijo mi primo Bill con gracia, para limar tensiones.
—Ya, vámonos que yo no puedo con los nervios –confesé a mi primo.
Salimos de la casa de mi tía, y todos nos dirigimos al interior de aquella limosina, que era muy grande. Primero, entré yo con la ayuda de las chicas, que me agarraron el vestido para que no lo pisará, después entró Bill por la otra puerta sentándose al lado mía. Después los siguientes en sentarse fueron Sarah y Alex, uno a cada lado de nosotros. En el asiento de enfrente, se sentaron las chicas, cuando ya estuvimos todos colocados el coche comenzó a andar. Mientras tanto me mordía el labio inferior nerviosamente, sentí como mi primo me agarraba la mano, para infundirme ánimos y tranquilizarme un poco.
24 de mayo – Sábado 11:10 a.m.
Tras unos veinte minutos de recorrido, por fin logré ver la iglesia a fondo de la calle, en una explanada. El repiqueteo de las campanas anunciaba que había una boda, y que la novia no tardaría mucho en llegar. Una vez que llegamos, el chofer de la limosina aparcó el coche, y luego bajaron las damas de honor, seguidas de los niños y Bill para yo ser la última en salir del coche, con un poco de dificultad porque entrar en el coche fue muy fácil, pero salir no… ya que por varias veces pisé los bajos del vestido.
Una vez que salí del coche nos dirigimos hacia la entrada de la iglesia, formándose la comitiva nupcial. Alex y Sarah iban delante de todo, Sarah portaba una cesta con pétalos de rosas blancas y rojas, mientras que Alex llevaba en un pequeño cojín los anillos de boda. Después las damas de honor se pusieron detrás de los niños y delante de Bill y yo, por parejas Patri y Adri, Carla y Lilly, y por último nosotros, la novia y el padrino. Sentía como el cuerpo me temblaba por varias veces, Bill me tuvo que tranquilizar y algunas veces con alguna frase graciosa, ”Dani no vas al matadero, sino que vas hacia la eterna felicidad”, pero aún así los nervios persistían.
Una vez colocados, el organista de la iglesia comenzó a tocar la marcha nupcial, que marcaría el inicio de mi entrada en la iglesia. Poco a poco fuimos avanzando, mientras que pisaba los pétalos de rosas, que había dejado mi hija por su paso. De vez en cuando me iba fijando en los invitados, que ocupaban los bancos de la iglesia, mirándome de forma curiosa y expectante para luego cotillear sobre mi vestido de novia. Sentía como todas las miradas se posaban en mí, pero todo mi nerviosismo e inquietud se esfumó cuando vi a Tom, de pie en el altar. Llevaba un traje de chaqué muy elegante, de color gris oscuro debajo del chaqué llevaba un chaleco de una tonalidad más clara que el chaqué y una camisa blanca con una corbata gris, para luego llevar un clavel rojo colocado en uno de los ojales del chaqué.
Estaba realmente muy guapo, el traje de chaqueta le sentaba genial, y por primera vez pude, verlos sin sus ropas tan anchas, aunque últimamente ya usaba ropa de su misma talla. A la derecha de él, se encontraba mi tía Simone, y justo detrás de ella estaban Gustav, Georg y Andreas. Gordon estaba sentado en el banco, ya que mi tía se encontraba al lado de Tom ejerciendo su papel como madrina. Fuimos avanzando más hasta que los niños se pusieron al lado de mi tío Gordon, para luego sentarse. Las chicas se pusieron al lado de los chicos, Adri con Gustav, Carla con Georg y Lilly con Andreas. Patri ocupó también el banco junto con Gordon y los niños, ya que Bill en ese momento estaba ocupado llevándome al altar y entregarme a su hermano. Además Patri se encargaría de que yo no pisara mi vestido, que tenía una pequeña cola y también de avisar a los niños cuando tuvieran que dar al sacerdote los anillos.
Cuando llegué al altar no podía quitar mis ojos de encima de Tom, mi futuro marido. Me miraba sonriente, con cara de felicidad. Tímidamente le sonreí, ya que estaba muy nerviosa, tenía miedo de cometer algún error al pronunciar los votos, aunque en los ensayos había salido muy bien, pero en ese momento estaba muy nerviosa, y podía haber un margen de error.
—Estás preciosa –susurró Tom a mi oído, para luego darme un beso dulce y casto en mi mejilla, una vez que Bill entregó mi mano, a él.
Nos acomodamos bien, enfrente del sacerdote que iba a oficiar la ceremonia. Comenzó con su letanía mientras que Tom y yo nos mirábamos con complicidad, y rozábamos nuestras manos como muestra del cariño mutuo que nos teníamos. Hasta que finalmente llegó el momento más esperado, el momento en que le prometería quererlo y respetarlo hasta el fin de mis días. Sarah y Alex se acercaron al sacerdote para darle los anillos, que los tenía que bendecir mediante una frase religiosa.
—Yo, Thomas Kaulitz Trümper, te quiero a ti, Daniela, como esposa y me entrego a ti, y prometo serte fiel en las alegrías y en las penas, en la salud y la enfermedad, todos los días de mi vida –pronunció Tom con emoción mirándome a los ojos intensamente, mientras me colocaba el anillo.
—Yo, Daniela Alonso Trümper, te quiero a ti, Tom, como esposo y me entrego a ti, y prometo serte fiel en las alegrías y en las penas, en la salud y la enfermedad, todos los días de mi vida –dije con nerviosismo, que casi el anillo no entra en el dedo de Tom, ya que se me resbala de mis dedos sudorosos.
—Por los poderes que me otorga el Señor, yo os declaro marido y mujer –dijo el sacerdote dándonos su bendición– Puedes besar a la novia.
El resto de la ceremonia transcurrió normal, los nervios se habían esfumado, y por fin ya estábamos casados. Antes de que acabara la ceremonia tuvimos que firmar en el libro de registro de la iglesia, nosotros los contrayentes, los padrinos, y los testigos para dar validez a nuestro matrimonio. Después de eso el sacerdote dio por terminada la ceremonia, momento que aprovechamos para volvernos a besar Tom y yo, mientras que todos los invitados rompían en aplausos. Antes de salir de la iglesia el fotógrafo quiso tomarnos algunas instantáneas dentro de la iglesia, para colocar en el álbum de la boda, mientras que los invitados se disponían a salir de la iglesia, y nosotros nos sacábamos fotos con los padrinos, damas de honor y los niños.
Cuando acabamos de hacernos las fotos nos dispusimos a salir de la iglesia, ya convertidos en marido y mujer radiantes de felicidad, yo iba agarrada del brazo de Tom. Una vez fuera de la iglesia, una lluvia de legumbres impactaron sobre nuestros cuerpos, y algún que otro impacto casi me castra a mi Tom para lo noche de bodas, pero lo más impactante fue cuando sentí como una tonelada de arroz se precipitaba completamente sobre nosotros. Georg, Gustav, Andreas y Bill, los muy graciosos, habían pedido permiso para subir al balconcillo de la iglesia, y desde ahí vaciaron el saco de arroz. Aunque fue una escena muy graciosa, sobre todo para todos los invitados, a mí no me hizo mucha gracia ya que bastantes granos de arroz se metieron por dentro de mi ropa interior, molestándome un poco. Menos mal que en unas horas me cambiaría el vestido por otro más cómodo, ya que ese día también habría una cena y luego nos iríamos a un hotel a pasar la noche de bodas, y al día siguiente nos iríamos de viaje de luna de miel.
Después del aluvión de arroz, y otras legumbres nos fuimos al coche ya que iríamos a una finca a hacer más fotos, mientras que los invitados se iban a la finca de la casa de Bill, que es donde haríamos el banquete nupcial. Tras una hora y media de sesión de fotos, decidimos ya hacer acto de presencia en el banquete. Los invitados llevaban durante bastante tiempo esperándonos, así que nada más llegar a la finca de Bill, y con todos los invitados pendientes de nosotros, hicimos un brindis por nuestra felicidad antes de comenzar con la degustación de los platos exquisitos que habíamos elegido.
Muchos invitados se acercaron a darnos la enhorabuena, deseándonos la máxima felicidad. Tom y yo nos dirigimos hacia la mesa presencial, donde nos sentaríamos con Bill y mi tía Simone, y con nuestros respectivos padres, pero al ser huérfana solo se sentó Gordon con nosotros. Entre risas y anécdotas, el banquete fue pasando hasta que llegó el momento de cortar la tarta nupcial, que cortamos Tom y yo mientras que un camarero la distribuía en platos para luego más tarde repartirla entre los invitados. Después de eso llegó el vals nupcial, sí… ese bailecito que nos estuvimos aprendiendo durante dos meses Tom y yo, y que no dimos cogido el compás.
Continúa…
