«Ich Brech Aus» Temporada III
CAPITULO 33
Narra Daniela
24 de mayo – Sábado 18:00 p.m.
Tom y yo comenzábamos a bailar, mientras que los invitados habían formado un gran círculo alrededor de nosotros. Después poco a poco la gente se fue incorporando a bailar, incluidos Sarah y Alex que hacían las delicias de los mayores. Hubo un momento, en el que Tom y yo nos escaqueamos un poco de todo, queríamos tener un poco de privacidad, y como todos los invitados estaban distraídos bailando ninguno se dio cuenta.
—Por fin un poco de tranquilidad –me susurró Tom al oído, mientras enterraba sus labios en mi cuello provocando alguna que otra cosquilla.
—Tom me haces cosquillas –dije risueña, mientras sentía el placer y el deseo que me causaban sus labios.
—¿Sabes? Señora Kaulitz que hoy está realmente hermosa –dijo Tom graciosamente y coquetamente– Estoy deseando que llegué la noche, para tenerte completamente solo para mí.
—Yo también. Te quiero… —susurré besándonos de nuevo.
—Mami… —escuché decir a Sarah, que seguramente nos estaba buscando al no vernos en la finca.
—Ven aquí, ratoncita –dijo Tom cogiendo a nuestra hija en brazos.
—Papi jejejeje –empezó a reír Sarah infantilmente mientras que su padre le hacía cosquillas– Me haces cosquillas. ¿Por qué estáis aquí solitos?
—Bueno, tu madre y yo queríamos un poco de intimidad enana –dijo Tom cariñosamente a nuestra hija.
—Vaya… ¿Cuándo vamos a volver a casa? Es que estoy un poco cansadita –preguntó de nuevo mi pequeña.
—Pues esta noche y durante unos días, tú y tu hermano os quedaréis a dormir en casa de la abuelita Simone –explicó Tom a nuestra hija.
—¿Por qué? –preguntó curiosa Sarah.
—Porque mamá y papá esta noche la necesitan para estar solitos, y después nos vamos de viaje durante unos días –dijo de nuevo Tom.
—¿Y no podemos ir Alex y yo? –preguntó Sarah extrañada a sus padres.
—No, cariño. Por eso tú y tu hermano os vais a tener que portaros bien en casa de vuestra abuela –contestó Tom otra vez.
—¡Dani! ¡Tom! –escuché decir mi tía Simone, que ahora era mi suegra– Estáis aquí. Dani es el momento de que lances el ramo y que entregues la liga.
—Sí, ahora mismo vamos –dije a mi tía, agarrando la mano de Tom para dirigirnos hacia el centro de la fiesta.
A los pocos minutos, ya me encontraba en el medio del salón dispuesta a lanzar el ramo, y que toda mujer soltera lo cogiera. La afortunada fue Patricia, y quien se llevo la liga fue Adri. Después poco a poco algunos invitados se fueron marchando, para quedar un número menor de personas para cena en esa noche. Al final éramos los de siempre, los más allegados a nosotros. Georg, Gustav, Andreas por parte de amigos íntimos. Bill y Patri y después Carla, Adri y Lilly y no olvidarnos del Staff que trabajo con los chicos durante tanto tiempo, que los considerábamos como de la familia. La noche transcurrió sin ningún incidente, así que Tom y yo nos despedimos de todos y de los niños para irnos a pasar nuestra noche de bodas a un hotel, al día siguiente partiríamos de viaje de bodas.
24 de mayo – Sábado 23:00 p.m.
Nos montamos en el coche de Tom, y nos fuimos a un hotel de cinco estrellas, que mi primo solía ir de vez en cuando, ya que era bastante caro pero la ocasión lo merecía. Entramos dentro del hotel y nos dirigimos hacia recepción, Tom dio su nombre de reserva y la chica nos dio una tarjetita magnética para poder abrir la puerta de la habitación. Después nos dirigimos hacia el ascensor, y Tom marcó el número de la planta donde se encontraba nuestra habitación. Cuando llegamos a la planta correspondiente, salimos del ascensor y fuimos a buscar la puerta de nuestra habitación. Una vez que llegamos a la puerta, Tom metió la tarjetita magnética y abrió la puerta.
—¿Preparada para pasar una noche de bodas memorable? –me preguntó Tom mientras que me cogía en brazos para entrar dentro de la habitación.
—Todas las noches son memorables contigo –susurré mientras nuestros labios se acercaban, produciendo un beso fogoso y con mucha intensidad.
Entramos al interior de la habitación, y encima de una mesa cerca de la ventana había un bol con fresas, y una botella de champán metida en un cubo con hielo. Sobre la cama matrimonial había miles de pétalos de rosas rojas, extendidas sobre la colcha blanca de la cama, y a la luz de las velas daba un toque más romántico sin duda. Tom se acercó a la mesita donde estaba el champagne, para abrir la botella mientras yo miraba embobada la habitación, era demasiada bonita para ser tan real, quizás fuera un sueno y cuando despertará por la mañana todo estaría igual, sin este día encantado.
—Todo es precioso… —susurré con incredulidad– Pero es demasiado para ser tan real.
—Es tan real como que nosotros ahora somos marido y mujer –dijo Tom mientras me tendía una copa llena de champagne– Por nosotros, por nuestros hijos y futuros, y sobre todo por nuestra felicidad.
—Te quiero, te quiero… –susurré de nuevo.
—Y yo a ti –me susurró también mientras que sus labios se posaban traviesamente sobre los míos, y comenzábamos a besarnos con desesperación, como si fuera el último beso en esa noche.
Tom se separó de mí y me cogió la copa, que tenía en mi mano, para luego posarla junto a la suya sobre la mesa. Después se volvió otra vez a acercar a mí, para volver a besar mis labios, y bajar por mi cuello hasta mi clavícula. Estuvo dejando su huella sobre la piel de mi cuello durante varios minutos, sintiendo como el calor empezaba a invadir mi cuerpo. Sus dedos traviesamente fueron desabrochando mi vestido, dando paso a un conjunto interior muy sugerente aunque también lo podría utilizar como camisón para alguna noche después.
—Me encanta tu ropa interior, ¿Lo sabías? –dijo en un susurro mientras que pude apreciar una sonrisa provocativa– Estoy deseando descubrir lo que esconde.
Lentamente me fue quitando el vestido que ya estaba desabrochado, dejándome completamente en ropa interior. Luego se aflojó su corbata y se la quitó, para poco después desabrochar los botones de su camisa mostrando su torso desnudo y trabajado. Instintivamente mis manos se posaron sobre la hebilla de su cinturón, el cuál desabroché, para luego desabotonarle el botón del pantalón y la cremallera de este, luego se los quitó lanzándolos a cualquier lado de la habitación.
Ahora estábamos ambos en ropa interior, aunque unas medias muy sugerentes de encaje cubrían mis piernas. Con mucha pericia, Tom me las fue quitando para luego bajarme la parte de arriba de mi conjunto, dejando mis pechos libres y al descubierto. Sentí sus labios sobre uno de mis pezones, haciendo que pequeños gemidos de placer comenzarán a salir por mi boca, y que poco a poco la temperatura corporal de mi cuerpo fuera subiendo por momentos. Con un poco de desesperación, fue bajando mis braguitas hasta dejar mi sexo completamente al descubierto, para luego enterrar su cabeza en él, y con su lengua empezar a jugar con él, llegando hasta mi clítoris, haciéndome respirar entrecortadamente.
Sentía como un bulto comenzaba a ser más latente debajo de sus bóxers, así que con ningún miramiento liberé a su miembro de la única prenda que lo cubría. Intercambiamos puestos, y ahora era yo quien jugaba con su miembro, mientras que Tom comenzaba a suspirar entrecortadamente.
La excitación se extendía por todo nuestro cuerpo, hasta que Tom volvió a dominar la situación. Sentí como su cuerpo desnudo rozaba cada rincón de mi cuerpo excitándome más y más. Hasta que entre tantas caricias que nos regalábamos comenzamos a consumar nuestro matrimonio. Tom metió en mi interior su miembro, que fue recibido con buena acogida, mientras que nos devorábamos nuestras bocas literalmente. La intensidad de sus embestidas iba aumentando progresivamente, haciéndome suspirar de placer. Estaba llegando al séptimo cielo.
Nuestros cuerpos empezaron a mostrar una fina capa de sudor perlada, a causa del ejercicio físico que estábamos realizando, mientras que los muelles de aquella cama de matrimonio, se habían convertido en la sinfonía de nuestra noche de pasión, amor, sexo sin ningún tipo de tapujos, porque ahora ante el hombre y ante dios, éramos marido y mujer. Cuando nuestros cuerpos notaron que el momento de máximo placer se acercaba, Tom aumento el ritmo de sus embestidas, hasta que poco a poco sentí como su semiente inundaba mi interior.
—Te quiero, mi amor –susurró al oído Tom, mientras se desplomaba sobre mi pecho y su respiración era entrecortada.
—Yo te quiero más –besé sus labios, mientras me recreaba acariciándole su espalda bien formada, y completamente perlada por el sudor.
Con cuidado Tom sacó su miembro de mi interior, que ya había pasado a su forma natural, para luego tumbarse al lado mía en la cama, cubriendo nuestros cuerpos desnudos y sudados con las sábanas blancas que cubrían la cama. Me abracé a Tom, apoyando mi cabeza sobre su pecho desnudo, sintiendo como su corazón latía rápido y fuertemente, como un caballo desbocado, mientras que entrelazábamos nuestras manos, contemplando como unas alianzas doradas, ocupaban el dedo anular de nuestras manos derechas.
—Ahora nadie te va a alejar de mí –volvió a decir Tom una vez que consiguió calmar su respiración– Ahora eres mi mujer.
—Y tu eres mi hombre –susurré mirándole a los ojos, para luego volver a besarlo.
Poco a poco el cansancio se fue apropiando de nuestros cuerpos. Había sido un día bastante intenso, ya que la noche anterior ambos no habíamos dormido bien, por los nervios que causó en nosotros la boda. Así que lentamente nos dejamos llevar por los brazos de Morfeo, ya que teníamos que descansar porque el día siguiente cogeríamos un avión hacia el destino elegido de nuestra luna de miel, Las Maldivas.
Los rayos del sol empezaron a iluminar la habitación, haciendo que poco a poco fuera abriendo mis ojos, y encontrarme con la cara dulce dormida de Tom, parecía un angelito. Me acerqué lentamente a su cara y le besé con mucho mimo y ternura sus labios, para luego sentir como sus labios correspondían a los mío, para que finalmente el abriera también los ojos.
—Buenos días, mi amor –sonreí pletórica de felicidad.
—Buenos días, princesa –atrapó mis labios de nuevo y los comenzó a besar con intensidad– Hoy nos vamos de luna de miel.
—Sí, aunque echaré de menos a los niños –dije con tristeza.
—Dani, los niños estarán bien casa de mi madre –contestó Tom– Necesitamos un tiempo para nosotros solos, además quiero que la familia aumente pronto.
—Tom… —dije sorprendida.
—Dani, ahora no hay ningún impedimento. Yo tengo un trabajo bueno, con un buen sueldo por la discográfica y podemos mantenernos bien aunque tengamos seis hijos no vamos a tener problemas económicos te lo aseguro –me explicó Tom– Nos podemos permitir el lujo de tener otro hijo, además creo que le hará bien a Sarah y a Alex tener un hermanito pequeño, se sentirán responsables.
—No sé… Tom. Yo pensé que querías disfrutar un poco más de nuestro matrimonio sin tener que cambiar tan pronto pañales, hacer biberones. Además igual Sarah y Alex no se toman a bien lo de tener un nuevo hermanito –expliqué a Tom.
—Pues se van a tener que acostumbrar a tener nuevos hermanitos, porque yo quiero tener familia numerosa –me sugirió Tom.
—Está bien, por mi parte no hay ningún impedimento. Pero te digo que no me voy a estresar sino me quedo embarazada pronto, así puedo disfrutar un poco más, que la que tiene que llevar el bebé durante nueve meses soy yo –le razoné a mi primo.
—No vas a tener el problema de no quedarte embarazada pronto, porque suelo dar muy bien en el clavo, es más… te digo ahora que quizás ya estés embarazada en estos momentos –me insinuó Tom.
—Ya sería demasiada casualidad –susurré.
—Cariño, no me subestimes que mi esperma es de muy buena calidad, y cumple muy bien su función –me contestó Tom con el ego subido.
—Vale, tu ganas –me di por vencida– Volverá a ocurrir en Las Maldivas…
—¿Qué le pasan a Las Maldivas? –preguntó Tom extrañado.
—Mucho. Hace siete años fabricamos a Sarah y a Alex allí. ¿Te acuerdas? –recordé a Tom.
—¿Cómo no me voy a acordar? Si fue cuando mi hermano Bill y Patri, nos hicieron la emboscada para mandarnos a Las Maldivas –recordó mi primo Tom– Ahí no te acordabas de muchas cosas…
—Ya… pero ahora quiero olvidarme de todo lo malo que me ocurrió en mi pasado, ahora solo tú eres mi presente y mi futuro –miré a los ojos a Tom.
—Comparto tu misma opinión –corroboró Tom– Será mejor que nos preparemos, y bajemos a desayunar. En unas horas sale nuestro avión.
—Si –me despegué de mi primo, para luego levantarme de la cama— ¿Te apetece darte una ducha conmigo?
—Suena muy tentador –dijo mi primo mordiéndose el labio inferior.
—Tom ni se te ocurra, que sino no llegamos al aeropuerto –advertí a mi marido.
Me dirigí hacia el baño, y abrí el grifo de la ducha para luego quitarme mis braguitas y meterme dentro de la ducha. Enjaboné mi cuerpo mientras que el agua recorría mi cuerpo, al poco rato sentí las manos de Tom rodeando mi cintura, para luego besar mi cuello con intensidad, haciendo que pequeños suspiros salieran de mi boca. Al final lo que trate de evitar en todo momento ocurrió, volvimos a hacer el amor intensamente mientras el agua caía sobre nuestros cuerpos haciendo que estos fueran resbaladizos. Finalmente llegamos al orgasmo juntos, para luego separarnos y volver a dejar que el agua recorriera nuestros cuerpos. Salimos de la ducha y cubrimos nuestros cuerpos con unas blancas toallas, para luego irnos a la habitación y vestirnos correctamente, para bajar a desayunar y luego irnos al aeropuerto.
Llegamos al restaurante del hotel, donde servían un bufé de lo más exquisito. Tom y yo nos servimos un poco de todo para probar, ya que debíamos reponer fuerzas, porque el viaje a las Maldivas sería algo largo. Cuando acabamos de desayunar, volvimos de nuevo a nuestra habitación a coger nuestras maletas. Bajamos en ascensor al gran recibidor del hotel, un mozo se encargó de llamar al coche que nos llevaría al aeropuerto. Cuando llegó el coche, metimos nuestras maletas dentro del maletero y subimos en el coche, para luego darle las indicaciones del aeropuerto, que era a donde queríamos ir.
Continúa…