
«Ich Brech Aus» Temporada III
CAPITULO 35
UN MES DESPUÉS
Narra Daniela
Ha pasado un mes desde que Tom y yo volvimos de la luna de miel, y desde que nos hemos casado. Ahora vivimos en la casita que habíamos comprado hace unos meses, antes de casarnos. La verdad que la vida de casada, no es tan difícil, pensé que me iba a agobiar más pero no es así, Tom colabora mucho en las tareas de casa, y muchas veces salimos a dar un vuelta con los niños al parque, o simplemente vamos a casa de Simone, para que esté un poco con Alex y Sarah. En este mes mi vida ha sido normal, como siempre.
—Cariño… —escuché la voz de Tom entrando por la puerta de casa.
—Estoy aquí en la cocina –dije a mi marido ya que estaba preparando la comida, mientras que Alex y Sarah jugaban tranquilamente en el jardín de la casa.
—Que bien huele –dijo Tom acercándose al puchero.
—En unos minutos estará, no seas impaciente –le regañé cuando cogió una cucharilla para probar la salsa.
—Solo estaba probando, para ver si le faltaba sal –me explicó Tom.
—¿Qué tal en el trabajo? –pregunté a mi marido.
—Bien, hemos firmado un contrato discográfico con un grupo que creo que van a tener mucho éxito –me volvió a explicar Tom.
—No creo que tenga tanto éxito como Tokio Hotel. Eráis únicos –miré con una sonrisa a mi marido— No tenéis pensado y volver a sacar un disco. Alegraríais a muchas fans.
—Lo sé… —me contestó en susurro, con una sonrisa– Pero ahora somos unos hombres ocupados en formar nuestras propias familias. No me gusta la idea de alejarme de ti y de los niños por unos meses durante que estemos de gira. Además son muy agotadoras.
—Pero disfrutáis cada vez que cogéis vuestros instrumentos. Echo de menos el sonido de tu guitarra, la cual escuché cuando apenas era una niña…
—Lo sé pero no creo que nos juntemos para volver hacer giras, cariño –volvió a decir Tom– Ahora cada uno tiene su propio proyecto.
—Será que vaya a llamar a los niños, llevan toda la mañana jugando y haciendo trastadas en el jardín –dije sonriendo.
—Sí, esos son mis niños –dijo Tom graciosamente.
Salí de la cocina, y me dirigí hacia la puerta trasera que daba al jardín para buscar a los niños, para que se fueran a lavar las manos, para luego ir a comer. Rodeé la casa al no encontrarlos en el sitio donde solían jugar, y me fui hacia el otro lado de la casa por si se habían ido para jugar allí. Cuando llegué allí, no los hallé me estaba empezando a poner mala, por no encontrarlos pero me imaginé que igual se habían escondido haciendo una travesura para preocuparme, ya sabéis como son los niños.
—¡Alex! ¡Sarah! Venga salir del escondite –dije titubeante– No me hace gracia, la comida ya está lista.
Silencio… mis niños no me respondieron ni siquiera pude escuchar sus risas infantiles de cuando hacían una travesura. Mis sentidos intentaron agudizarse más en busca de alguna respuesta, pero esa respuesta era silencio, un silencio tan incómodo que me hacía presentir que algo no iba bien.
—¡Tom! –grité corriendo hacia el interior de la casa.
—¿Qué pasa, cariño? –me preguntó extrañado.
—No has visto a los niños, dime por favor que si han entrado en casa mientras yo estaba afuera –dije con desesperación.
—No, cariño. No los vi entrar en casa –dijo Tom quedándose completamente serio— ¡Dios mío!
—Esto no puede estar pasando, Tom –dije más desesperada todavía– Tenemos que llamar a la policía tienen que buscarlos.
—Tranquila –intentó tranquilizarme Tom–Igual han ido a jugar a casa de la vecina.
—Me lo hubieran dicho. Solo tienen siete años no saben cruzar la acera solos, y si les ha atropellado un coche, no Tom esto no es normal –hablé entrecortadamente y con mucha desesperación.
—No te preocupes. Vamos a volver afuera y a buscarlos igual no has visto bien –dijo Tom con mucha calma.
—Me estás diciendo que estoy loca, que me lo estoy inventando –dije alterada.
—No… solo que vamos a comprobar antes de poner el grito en el cielo –dijo Tom dirigiéndose hacia la puerta de la cocina que daba al jardín.
Narrador Omnisciente
Tom salió al jardín, seguido de Dani, para buscar a esos pequeños diablillos que se habían escondido. Buscó por varios rincones del jardín pero Sarah y Alex no aparecían por ningún lado. Daniela se estaba empezando a desesperar, no quería por nada del mundo perder a sus niños, la semilla del amor entre ella y Tom.
—Tom… ¿Qué vamos hacer no aparecen? –dijo Dani con angustia.
—Vamos hay que llamar a la policía –dijo Tom– Para que empiecen a actuar de inmediato.
Tom llamó a la policía poniendo la denuncia de que sus hijos habían desaparecido. A la media hora, una pareja de policías aparcaban su coche afuera de la casa de Tom y Daniela, estuvieron rastreando la zona a ver si encontraban alguna pista, hasta incluso pincharon el teléfono para poder localizar a los niños, en el caso que fuera en secuestro, y el secuestrador intentará ponerse en contacto con Daniela y Tom.
Las horas iban pasando pero los niños no aparecían, Tom llamó a su madre y a Bill para informarles de la triste noticia. A las pocas horas todas estaban en casa de Tom y Daniela para darles su apoyo, y ayudar en lo que fuera, pero los niños seguían sin aparecer. Esa noche Daniela se acostó con una opresión en el pecho, no sabía donde podían estar sus pequeños y eso la angustiaba más, mientras dormía recuerdos de su infancia vinieron a su mente, pero precisamente no recuerdo agradables, ahora ella se encontraba en una pequeña cabaña, sin apenas luz, sentía que sus manos estaban maniatadas, y esa sensación, ese aliento…
—Sarah… Alex… —se despertó Daniela sobresaltada haciendo que Tom también se despertará.
—Dani… —susurró Tom preocupado.
—He tenido un sueño muy extraño pero a la vez angustioso –explicó Dani con el corazón en un puño– Lo he visto… Parecía tan real…
—¿A quién? –preguntó Tom confuso.
—Al hombre que me secuestro siendo una niña, sentí su aliento rozándome mi nuca –se explicó Daniela– Tengo mucho miedo Tom… y si a Sarah y a Alex le intentan hacer lo mismo que ese hombre quiso hacer conmigo, cuando me secuestro.
—Te juro que si a nuestros hijos le hacen una de esas cosas, mato a la culpable –dijo Tom apretando la mandíbula fuertemente y los puños.
—Lo sé… —dijo en un susurro Dani con preocupación.
—Será que volvamos a dormir, o por lo menos intentarlo –dijo Tom acercándose a Dani para abrazarla y reconfortarla. Tenía que ser fuerte por los dos y por los niños.
Las horas fueron pasando y los rayos del sol inundaron la habitación de Tom y Daniela, en ese día triste. Tom abrió los ojos para luego mirar a su derecha, encontrándose solo en la cama. Se levantó de esta y salió de la habitación en busca de su esposa, pero no la halló en la cocina, ni en el salón… Finalmente subió a su habitación para irse a vestir, y salir a ver si Daniela se encontraba fuera de la casa, pero sus dudas se disiparon cuando pasó por delante de la habitación que ocupaban sus hijos, y estaba vacía desde ayer. Escuchó unos llantos desgarradores provenientes de la habitación, abrió la puerta lentamente que estaba entornada para encontrarse a su joven esposa, sentada en la cama la cual dormía Sarah, llorando desconsoladamente mientras abrazaba al osito de peluche que la había acompañado durante sus años de infancia y ahora acompañaba también la infancia de sus pequeños hijos desaparecidos.
—Dani –se acercó Tom, posando sus manos sobre la cabeza de su esposa.
—No puedo más Tom –Daniela rompió a llorar más fuerte sin duda– No puedo con esta angustia de no saber donde están mis pequeños. ¿Por qué la policía no nos ha dicho nada aún? ¿POR QUÉ?
—Dani cálmate la policía está haciendo bien su trabajo –intentó tranquilizar Tom a Daniela que ahora estaba fuera de sí alterada.
—No lo creo que lo estén haciendo. Cuando los encuentren, será demasiado tarde –dijo Dani con mucha preocupación, impotencia y rabia.
Dani se levantó de la cama, dejando a su marido sentado en la cama de la pequeña Sarah. Después Daniela se fue a su habitación, y se puso una ropa cómoda, para luego bajar las escaleras y salir fuera de la casa. Si la policía no los encontraba, ella haría todo lo posible por encontrar a sus retoños. Salió al exterior de la casa, y se puso a mirar los alrededores por sí había algún detalle que se hubiera, escapado el día anterior, pero nada. Decidió que debía volver a meterse dentro de la casa, y esperar con Tom a las noticias buenas o malas. Antes de eso, vació el buzón de correo, lleno de cartas y propaganda. Entró en la cocina, y las echó sobre la gran mesa, y se sirvió un vaso de café para tomárselo mientras miraba la correspondencia, y hacer una selección de lo que debería tirar o no.
Comenzó a separar la publicidad de las cartas propiamente dichas, mientras que de vez en cuando daba un sorbo a su café. Después de tener todas las cartas separadas se dispuso a tirar la publicidad, pero le llamó la atención un folio blanco. Horrorizada grito al comprobar lo que realmente era por fin el secuestrador se había comunicado y ese mensaje iba dirigido especialmente a ella.
—¿Qué paso? –entró Tom en la cocina, después de averiguar donde se encontraba su mujer.
—Tom… —respondió con ojos llorosos, mientras le tendía un folio aparentemente en blanco.
—¿Qué es eso? –preguntó Tom mientras lo cogía— ¡Dios mío! –exclamó mientras leía su contenido en voz alta– “No Busques A Tus Hijos Daniela, Porque Muy Pronto Ellos Dejaran De Estar En El Mundo De Los Vivos. No Estoy Pidiendo Ningún Tipo De Rescate Ni Nada Solo Te Quiero Ver Sufrir… Zorra ”
—¿Qué vamos hacer? Los van a matar –dijo Daniela con mucha desesperación mientras que por sus mejillas recorrían ya otra vez sus lágrimas.
—Tenemos que dar esto a la policía. Para que la analicen, quizás les puedan dar algunas pistas de quien fue el autor de esta carta, por lo tanto quien es el secuestrador se le pudo quedar algún resto de ADN cuando estuvo pegando las letras, que cogió de las revistas –explicó Tom a su mujer– Si hace falta pago para que hagan la prueba de ADN cuanto antes.
Tom llamó a la policía para decirles que el secuestrador se había puesto en contacto con ellos. A la media hora, el inspector que llevaba el caso, se presentó en la casa de Daniela y Tom, y tomó la carta con mucho cuidado para así no alterar el ADN que había en ella. Tom le dijo que iba a pagar para que la prueba se hiciera lo más rápido posible, ya que la vida de sus hijos estaba pendiente de un hilo. El inspector dio su aprobación, ya que la mandarían a un laboratorio privado, para hacer la prueba lo más rápido posible.
Después de eso el policía se fue pero antes de irse les dijo que en cuanto tuviera novedades les avisarían. Daniela y Tom se volvieron a quedar solos en su casa, pero pronto no estuvieron solos ya que llegaron Simone y Gordon, después Bill y Patri, un poco más tarde llegando juntos, Gustav, Adri, Georg y Carla. Todos estaban preocupados, nerviosos e impacientes por saber el paradero de los pequeños, Alex y Sarah.
Pero todo ese apoyo no pudo quitarle la angustia que sentía Daniela en su corazón. Cada veía menos probable, de encontrar a sus hijos con vida, después de haber leído el contenido de esa nota. ¿Pero quién había sido? ¿Quién había sido tan cruel para hacerle daño secuestrando a unos niños de tan solo siete años y amenazarla con matarlos? No lo sabía, por un momento pensó en Josh, pero él llevaba en la cárcel durante años cumpliendo una condena de bastantes años, pero pudo haber hecho el encargo a algunos compañeros de prisión… ¿Quién sería? No se le ocurría otra persona en su vida que le hubiera hecho tanto daño…
Las horas fueron pasando y la policía no daba ningún tipo de noticia, haciendo que esa espera fuera más larga todavía y desesperante. Cuando llegó la noche, entre todos prepararon la cena ya que Daniela no se sentía con fuerzas para preparar tanta comida, para tanta gente. Cuando fueron a cenar, Daniela fue incapaz de probar bocado tenía un nudo en el estomago, que le impedía tener cualquier tipo de alimento en él, porque sino lo vomitaría.
—Dani cariño –dijo con mucha ternura Simone– Prueba algo de comer, sino te vas a enfermar y no podrás soportar la espera. Tienes que reponer fuerzas para lo que se viene encima.
—Lo siento, pero no puedo tragar nada, soy incapaz –contestó Daniela a su suegra.
—Bueno, entonces será mejor que te vayas a descansar un poco –dijo Tom a su mujer– Ha sido un día largo.
—Pero… yo quiero estar despierta por si haya alguna noticia –contestó Daniela con testarudez a su marido.
—Ya nos quedamos nosotros, no te preocupes –dijo Tom a Dani– Si hay alguna novedad te despertamos y te lo decimos.
—Está bien –dijo Dani con resignación.
Daniela salió de la cocina, donde estaban todos, y subió lentamente las escaleras que daban al segundo piso donde estaban los dormitorios. Paso por el pasillo lentamente, parándose en la puerta de la habitación de los niños, y abriéndola unos segundos para comprobar que solo había sido una pesadilla, y que ahora se encontraban durmiendo tranquilamente en sus camas, pero no fue así las camas estaban vacías, sin ningún rastro de sus niños, de sus risas infantiles mientras jugaban dentro de la casa o incluso cuando entre Tom y ella les leían un cuento para que los niños pudieran dormir.
A duras penas consiguió dormir, pero a mitad de la noche empezó a sentir pequeñas punzadas en su estomago. Daniela pensó que era porque no había cenado o simplemente le había cogido el frío. Otra punzada más intensa que la otra en el estomago, se cubrió con sus brazos esa zona para intentar darle calor para que el dolor remitiese, pero era todo lo contrario el dolor persistía. Puso sus rodillas sobre sus pechos, poniéndose en posición fetal, para tratar de parar el dolor en otro intento pero nada…
—Auch… —se quejó ligeramente para tratar de no despertar a Tom.
Continúa…