«Ich Brech Aus» Temporada III
CAPITULO 37
Narrador Omnisciente
Instintivamente y sin pensárselo dos veces, echó a correr hacia donde estaba Chantelle y empujándola consiguiendo así que la pequeña Sarah se librará del agarre de Chantelle. La niña aterrorizada por indicaciones de su padre echó a correr hacia donde estaba su hermano, que estaba siendo atendido por una ambulancia de asistencia sanitaria. Cuando llegó la niña rápidamente se acercaron a ella, para poder curarles la pequeña herida que le había causado la navaja en su cuello.
Mientras tanto Tom intentaba quitarle la navaja a Chantelle, para evitar males mayores, pero esta se resistía y comenzaron con un forcejeo intensivo que acabo con los dos en el suelo. Hasta que la pequeña pelea que se había formado, se paro. Tom se separó para ver a Chantelle, esta con los ojos desorbitados lo miraba mientras que en su estomago empezó a salir sangre en abundancia, haciendo que Tom se asustará y llamará a la policía, pero todo fue en vano para hacer algo por la vida de Chantelle, ya que en un último suspiro dijo sus últimas palabras.
—Yo te quería… —lentamente fue cerrando los ojos hasta viajar hacia lo eterno.
La policía no emprendió acciones legales contra Tom, por la muerte de Chantelle ya que habían sido testigos de que había sido todo en defensa propia. La policía llamó al juez para que viniera a levantar el cadáver de Chantelle, mientras que Tom cogió a sus pequeños hijos, para luego marcharse a casa y borrar la pesadilla que habían vivido durante esos días que habían estado secuestrados por Chantelle.
Cuando llegaron a casa los pequeños fueron corriendo a buscar a su mamá, querían abrazarla y darles muchos besos porque la habían echado de menos, sobre todo por las noches cuando les leía cuentos, y durante su cautiverio nadie les leían cuentos sino que era todo lo contrario gritos por parte de Chantelle.
—Papi… —dijo Sarah girándose hacia su padre— ¿Dónde está mami?
—Mami está malita en el hospital –explicó Tom a su hija.
—¿Podemos ir a verla? –preguntó la niña ansiosa por ver a su madre.
—Hoy no, es mejor que descanséis –explicó Tom– Pero mañana si podemos, así le dais una sorpresa muy grata.
Aquel día Tom llamó a su madre y a su hermano y a los demás chicos para avisarles que los niños se encontraban sanos y salvos en casa, y también les dio la mala noticia del fallecimiento de Chantelle, aunque les dio pena en el fondo sabían que se lo tenía merecido por haber hecho tanto daño, tanto dolor…
A la mañana siguiente, Tom se levantó temprano y preparó un desayuno exquisito para sus príncipes de la casa. Cuando acabó de hacerlo se fue a la habitación de los niños, para despertarlos a besos. Después bajaron a la cocina y los chicos empezaron a tomar su desayuno muy entusiasmados porque ese día iba a ver a su mamá al hospital.
—¿Mamá se pondrá contenta al vernos? –preguntó Sarah mientras masticaba su tostada.
—Claro que sí –dijo sonriente Tom a su hija– Límpiate el morro que lo tienes sucio.
Cuando acabaron todos de desayunar, los niños se fueron a su habitación para ponerse la ropa, al poco rato entro Tom en la habitación para ayudar a los niños a vestirse. Sarah se puso un vestido rosa palo, y Alex unos pantalones vaqueros con una camiseta, con muy poca maña Tom le hizo dos coletas a Sarah como peinado. Después salieron de la casa, para luego pararse un momento en el jardín de ellos para coger unas flores silvestres muy bonitas que crecían en el jardín de la casa de Tom, y que Sarah se había empeñado en llevárselas a su madre.
Cuando Sarah acabó la recolección de flores, se fueron los tres al interior del coche de Tom, el Cadillac Escalade que por ser tan grande pues le servía de coche familiar. Una vez dentro Tom arrancó el coche rumbo al hospital, para ver a su mujer y de paso darle la mayor alegría del mundo. Cuando llegaron al hospital, Tom aparcó el coche en el parking y se dirigieron hacia el interior del hospital. Los tres subieron en ascensor, y al cabo de dos minutos ya se encontraban en la planta donde Daniela estaba. Tom y los niños se dirigieron hacia la puerta, pero antes de entrar Tom tuvo una idea, entrar el primero y luego ir a buscar a los niños diciéndole a Daniela que tenía un regalo para ella en el pasillo.
—Ahora voy a entrar un momento yo solo en la habitación –explicó Tom a sus hijos– Dentro de nada os vengo a buscar. Portaros bien…
Tom abrió la puerta lentamente observando como Dani estaba ensimismada la ventana. Entró en la habitación cerrando la puerta tras de sí, para luego acercarse lentamente hacia Daniela. Esta al sentir la presencia de Tom, se giró y le sonrió tristemente.
—¿Cómo estás cariño? –dijo Tom acercándose para besar a su mujer.
—Bueno… ¿Cómo quieres que esté? –dije tristemente Daniela– Echo de menos a mis niños. ¿Has tenido alguna noticia de ellos?
—No… —mintió Tom– La policía aún anda haciendo investigaciones, pero todo con paciencia cariño.
—Quiero salir ya del hospital. Llevo tres días aquí encerrada me agobia estar todo el tiempo aquí tumbada –dijo Dani con testarudez.
—Aún no puedes salir. La doctora no te ha dado el alta –dijo Tom intentando tranquilizar a su mujer– Además te ha traído una sorpresa.
—No esto para sorpresas, Tom –dijo Dani con tristeza– Lo único que quiero es que me traigan a mis niños sanos y salvos.
—Pero si te va a encantar ya verás —dijo Tom mientras se dirigía hacia la puerta.
—Tom… ven aquí –dijo Daniela al ver que Tom se iba hacia la puerta– No quiero ninguna sorpresa me has oído.
Tom salió a afuera de la habitación, y vio a sus hijos apoyados en la pared esperando a que él saliera. Ellos vieron para él, y Tom hizo un gesto con el dedo índice diciendo que se acercaran a él. Después se agachó a su altura, para darles un beso y susurrarle que ya podían entrar a ver a su madre.
—Tom te dije que… —dijo Daniela desde la cama— ¡Oh dios mío!
—Mami… —dijo Sarah corriendo hacia donde estaba su mamá— ¿Te encuentras ya bien?
—¡Sarah! ¡Alex! –susurró Daniela mientras por sus ojos comenzaban a caer lágrimas– Estáis aquí, ¿No es un sueño?
—No –dijo Alex acercándose a su madre para darle un beso y un abrazo.
—Dio mío pensé que os iba a perder –abrazó Daniela a ambos, mientras lloraba más intensamente.
Tom contemplaba, desde el marco de la puerta de la habitación, la escena. Una sonrisa de satisfacción se le puso en el rostro, al ver que por fin su familia volvía estar unida y sobre todo que volvía a estar feliz. A los dos días, Tom fue con los niños de nuevo al hospital a recoger a Daniela con el coche, ya que ese día le daban el alta. Por prescripción médica, le dijeron que tenía que guardar un poco de reposo, y que por el momento su actividad sexual la dejará por 40 días, ya que aún estaba resentida por la operación y además tenía que expulsar los restos que el cuerpo había creado para poder sostener el embarazo.
DOS MESES DESPUÉS – AGOSTO 2015
Narrador Omnisciente
Habían pasado los días y con ellos las semanas y los meses, dos para ser exactos. Desde el momento en que Dani salió del hospital la familia aprovechó al máximo, no querían desperdiciar ningún instante de estar juntos. Cuando Tom salía de trabajar por las tardes iban los cuatro al parque y a tomar unos refrescos mientras conversaban como una familia completamente feliz.
Ahora Daniela se encontraba preparando la cesta donde llevarían la comida para pasar un día en el campo, con los demás miembros de la familia y con los amigos suyos. Patri y Bill estaban ya pensando en una posible fecha para su boda, pero no sería hasta el año que viene. Metió todo revisando por si se olvidaba algo.
—Dani, ¿Has acabado? Tenemos que irnos –informó Tom asomándose por la puerta de la cocina– Sino se nos va a hacer tarde.
—Ya está todo. ¿Y los niños? –preguntó Daniela a su marido.
—Están en su habitación cogiendo una pelota y otras cosas para llevar y jugar en el campo –contestó Tom.
—Genial –sonrió Daniela para luego acercarse a besar a Tom– Te quiero…
—Yo más… —susurró Tom contra los labios de Dani.
—¡Que azco! Se están pasando la saliva –dijo Alex entrando por la puerta, con su hermana detrás, mientras ponía una mueca de asco.
—Enano… cierra la boca –dijo Tom a su hijo.
—Está bien… —dijo Alex cruzándose de brazos— ¿Cuándo vais a tener al bebé?
—¿Qué bebé? –preguntó Daniela sobresaltada.
—Os habéis estado besando, ahora se supone que mamá tendrá otro bebé –dijo Alex a modo sabidillo.
—No tonto –dijo Sarah por detrás– No ves que para eso necesitan nueve besos, solo se han dado uno.
—Bueno… ya está bien –concluyó Daniela– Será mejor que nos marchemos, o seremos los últimos en llegar.
La familia Kaulitz al completó salió de su casa, y Daniela abrió el maletero del coche para meter la cesta en la cual llevaba su comida, aunque finalmente compartirían la comida entre todos. Después sentó a los niños en sus sillitas especiales del coche, y después se fue a sentar al lado del copiloto poniéndose el cinturón de seguridad. Una vez que ya estuvieron listos Tom arrancó el coche, rumbo a las orillas del Lago Alster, el cual tenía instalaciones amplías para poder pasar un día maravilloso en familia.
Después de más de media, llegaron al Lago Alster donde les esperaban ya Simone con Gordon, se habían situado debajo de una arboleda con unas mesitas campestres. Bill y Patri aún no habían llegado. Tom aparcó bien el coche, y a los pocos minutos ya estaban saliendo de él. Dani fue al maletero a sacar la gran cesta que había preparado de comida, y después se dirigió hacia donde estaba Simone con sus bolsas, mientras que Gordon observaba el bonito paisaje.
—¡Abuela! –correteó Sarah hacia ella, que venía con una cuerda para saltar, mientras que Alex jugueteaba con la pelota que había llevado.
—Mi niña –dijo Simone a su nieta, que se acercaba para abrazarla, al final acabo en el codo de Simone– Dame un beso enorme.
—Muac… —Sarah posó su pequeños labios sobre la mejilla de su abuela– Te quiero mucho, abuelita.
—Yo también te quiero mucho, cariño –dijo Simone abrazando a la pequeña, para luego posarla en el suelo– Granuja no vienes a saludar a tu abuela.
—Alex vete a saludar a tu abuela –ordenó Tom mientras que posaba unas cosas que había sacado del coche, junto con las otras de su madre y su padrastro.
—Está bien… —contestó Alex– Hola abuela Simone.
—¿No me vas a dar un beso? –dijo Simone acariciando el cabello del pequeño.
—Soy muy mayor para dar besos, eso es cosa de Sarah que aún es una niña –dijo Alex mientras que miraba a su hermana.
—Y tu eres un tonto –dijo Sarah cruzándose de brazos, y enfadándose con su hermano.
—¡Sarah! No le digas así a tu hermano –riñó Daniela a Sarah acercándose a ella, para saludar a Simone.
—Jolines es él quien siempre empieza –replicó Sarah a su madre.
—Hola tía –abrazó a su tía, para luego darle un beso en la mejilla.
—Hola cariño –dijo Simone acariciando la mejilla de Daniela con ternura— ¿Cómo te encuentras?
—Bien –sonrió Daniela– Tom me cuida mucho.
—Me alegro mucho por ti –dijo Simone con cariño– Sabes hoy tu mirada tiene un brillo especial.
—¿Así? –preguntó Daniela confusa.
—Si –sonrió misteriosamente Simone.
Los chicos estuvieron colocando los manteles en las mesas, que habían elegido mientras que esperaban a que los demás que faltaban llegaran, para pasar ese día en familia. Poco a poco el resto de personas que faltaban por venir, fue llegando. Bill fue el primero junto con Patricia, y después casi al mismo tiempo llegó Gustav con Adri y Georg con Carla.
—Hola tío Bill –corrió la pequeña Sarah a junto de su tío.
—Hola renacuaja –revolvió Bill cariñosamente el pelo a su sobrina.
—Tío Bill juegas conmigo a la pelota –preguntó Alex a su tío acercándose a él.
—Un momento, que dejo esto en la mesa –contestó Bill a su sobrino– Hola Tom, Dani, Mamá.
—Hola hijo –saludó Simone a su hijo menor.
Después de dejar las cosas encima de la mesa, Bill se fue a jugar con Alex a la pelota aunque después se unieron los chicos, incluso Gordon. Mientras tanto las mujeres empezaban a colocar los platos en las mesas y a distribuir la comida en bandejas, así cada uno podría probar lo que había hecho cada uno. Sarah estaba tranquilamente saltando a la cuerda. Estuvieron disfrutando un poco de aire fresco, hasta que decidieron ponerse a comer. Así que Simone llamó a los hombres y al hombrecito, para que se acercaran a comer. Después todos se sentaron en la mesa y comenzaron a hablar de cosas, haciendo que todo fuera una velada feliz, en la que todos se llevaban bien. Cuando acabaron de comer se tumbaron bajo los árboles para dormir un poco la siesta en ese día de verano.
—¡Papi! ¡Papi! –correteó Sarah acercándose a su padre, que estaba tumbado en una gran toalla con Daniela— ¿No llevas a mí y a Alex a dar una vuelta en barca?
—No tardéis mucho –dijo Daniela dando su aprobación para luego besarle los labios a su marido.
—Está bien enanos –dijo Tom levantándose de la toalla y dirigirse hacia la zona donde alquilaban las barcas, con los niños.
Tom se fue con los niños a dar una vuelta con las barcas, mientras que Daniela se quedaba hablando con los demás. Fue una tarde muy divertida y entretenida, cuando llegaron los niños de nuevo con Tom, y el día empezaban a atardecer decidieron recoger todas sus cosas, y volverse cada uno a su casa. Tom conduzco de nuevo hacia su hogar, mientras que los niños daban largos bostezos hasta quedarse medios dormidos en los asientos del coche. Daniela observaba el paisaje por la ventana del coche, mientras que los cielos anaranjados daban paso a la luz de la luna que comenzaba a estar presente tímidamente en el cielo.
Continúa…
