Ich Brech Aus III. Cap 38

«Ich Brech Aus» Temporada III

CAPITULO 38

DOS SEMANAS MÁS TARDE

Narrador Omnisciente

Las semanas fueron, Daniela y Tom cada vez se querían mucho más y estaban viviendo en una luna de miel permanente. Ya eran mediados de agosto, y pronto se estaba acercando el cumpleaños de Tom, ese año cumplirían ya los veintisiete años. También a primeros de septiembre los mellizos empezarían su colegio, así que Daniela tendría que compaginar su vida laboral con la de llevar a los niños a la escuela, aunque algunas veces Tom fuera a recogerlos y a llevarlos. En esos tres meses que llevaban de casados, habían aprendido a distribuir y compartir tareas.

Ahora se encontraban en el gran salón de la casa, viendo en familia la televisión mientras que Sarah y Alex dibujaba en unos libros para colorear. Daniela y Tom estaban muy felices, y acurrucados en el sillón, mientras que algunas veces se daban besos tímidos pero con pasión. Cuando las agujas del reloj marcaron las diez de la noche, Daniela dijo a los pequeños de la casa que era hora de irse a dormir, así que se llevó a Sarah y a Alex a la habitación de estos, y le ayudo a poner el pijama. Una vez que ya estuvieron metidos en la cama, Daniela les contó un cuento para que se pudieran dormir más rápidamente. Después con mucho cuidado de no despertarlos, los arropó bien y apagó la luz al salir de la habitación, arrimando la puerta con cuidado de no despertarlos.

Daniela bajó las escaleras, para llegar de nuevo al salón donde su esposo y fiel compañero la esperaba. Se sentó al lado de él, y Tom muy cariñoso le pasó su brazo por el hombro atrayéndola hacia él. Después besó sus labios con dulzura, y se quedaron viendo un poco más la televisión. Cuando ya era medianoche ambos se fueron a dormir, últimamente Daniela se sentía un poco cansada pero lo había achacado a las tareas de casa, y también de estar con los niños de arriba para abajo. Subieron a su habitación, y cada uno se puso su pijama para luego meterse en la cama. Tom abrazó a Daniela haciendo que esta apoyará su cabeza sobre su pecho desnudo, hasta que lentamente se fue quedando dormida.

Los rayos del sol atravesaban la ventana de la habitación de Daniela y Tom. Daniela abrió lentamente los ojos y observó a Tom durmiendo con cara de angelito, Daniela sonrió para sí misma y le dio un dulce beso en la mejilla, aunque Tom no se inmutó seguía durmiendo plácidamente. La cara de Daniela cambió repentinamente a una cara de asco, llevaba varios días siento revuelto el estomago pero no encontraba ningún malestar típico, solo que sentía asco cuando cocinaba o cuando estaba con olores fuertes. Con un poco de dificultad se levantó rápidamente al baño, para enterrar su cabeza dentro de él mientras echaba el poco contenido que había su estomago, pero aún sí se esforzaban para poder echarlo todo.

—Dani, cielo –Daniela sintió como las manos de Tom, agarraban su pelo, para que esta pudiera vomitar mejor— ¿Te encuentras mal?

Daniela no contestó solo estaba concentrada en poder echar todo lo que le estaba molestando en el estomago. Cuando acabó de echar todo el contenido que había en su estomago, levantó la cabeza y vio Tom que la miraba preocupada, mientras que por sus ojos verdes algunas lagrimillas salían a causa del esfuerzo hecho. Después Tom con mucha delicadeza, mojó con agua una toalla y le limpió la cara a Daniela haciendo que esta se sintiera mejor.

—¿Mejor? –preguntó Tom asustado.

—Bueno… —dijo Daniela indecisa ya que el malestar en su estomago lo seguía teniendo– Creo que estoy embarazada.

—Cariño –dijo emocionado Tom– Eso es maravilloso.

—Pero no te hagas ilusiones, que igual es una falsa alarma –dijo Daniela con tristeza.

—Entonces será mejor que vayamos hoy al médico. Cuánto antes nos saquemos de dudas mejor, ¿No crees? –explicó a Tom a su mujer– Me harías el hombre más feliz del mundo si me vuelves a convertir en padre, así que vístete que nos vamos al médico, le dejamos los niños a mamá que lleva una semana piando por tenerlos dos horas con ella, y que te hagan la prueba. Te quiero…

—Te amo… —dijo Daniela besando dulcemente los labios de Tom– En un minuto me visto.

—De acuerdo, yo voy a despertar a los niños y ayudarlos a vestir –dijo Tom dirigiéndose a la habitación y poniéndose unos pantalones y una sudadera, para luego ir a la habitación de Sarah y Alex para despertarlos.

Tom se fue a la habitación de los niños, para despertarlos y vestirlos, mientras que Daniela cogió unos pantalones vaqueros y una camiseta de manga corta, para ponérsela. Después cogió una chaqueta de punto, para ponérsela por encima. Salió de la habitación y se dirigió hacia la habitación de los niños donde Tom se encontraba con ellos, cuando llegó ya estaban completamente vestidos, solo faltaban peinarlos.

—Mami, ¿A dónde vamos? –preguntó Sarah a su madre extrañada de haberse levantado tan temprano ya que apenas eras las nueve menos cuarto de la mañana.

—Vais a casa de la abuelita Simone –explicó Daniela mientras peinaba la larga melena a Sarah.

—¿Y eso? Hace una semana que no la vemos –puntualizó Sarah.

—Por eso mismo –dijo Daniela– Ya es hora que estéis con ella.

—¿Y vosotros a donde vais a ir? –preguntó Sarah interesada.

—Tu padre y yo tenemos que ir a hacer unas cositas –explicó de nuevo Daniela– Después os vamos a buscar.

—Está bien… —dijo Sarah mirándose al espejo– Me queda bien la trenzas que me has hecho, mami.

—Es que yo lo hago todo bien –dijo Daniela a su hija, dándole un beso en la mejilla.

Salieron del baño y se fueron a junto de Tom, que estaba con Alex con en la cocina dándole algo de desayunar. Tan pronto entraron en ella, Tom le dio un jugo de naranja a Sarah y unas tostadas con mermelada, hizo la intención de darle una tostada a Daniela pero está puso cara de asco, así que Tom desistió. Cuando acabaron de desayunar, los cuatro se fueron al coche. Daniela colocó bien a los niños en sus sillitas y después se sentó en el asiento del copiloto, para luego Tom arrancar el coche rumbó a casa de su madre. Cuando llegaron la familia al completo bajó del coche, y se dirigió a la puerta de la casa de Simone. Tom llamó a la puerta y a los pocos minutos, ya estaba abriendo la puerta Simone.

—¡Tom! ¡Dani! –dijo Simone un poco sorprendida de verlos tan temprano allí, ya que eran apenas las nueve de la mañana.

—Hola abuelita Simone –dijo Sarah a su abuela, acercándose a ella para abrazarla.

—Hola ratoncito… —dijo Simone acariciando la mejilla de la pequeña Sarah– Chicos… ¿Qué hacéis aquí?

—Dani y yo tenemos que ir a hacer unas cosas, y no podemos llevar a Sarah y a Alex con nosotros. ¿Te puedes quedar con ellos unas horas? –preguntó Tom a su madre.

—Claro… me encanta tenerlos en casa –dijo Simone abrazando a los niños– Venga entrar en casa, Gordon está en la cocina.

—Vale… —dijeron ambos niños al unísono, para luego meterse al interior de la casa.

—¿Pasa algo malo? –preguntó ahora Simone con preocupación.

—No, no pasa nada malo –contestó Tom intentando tranquilizar a su madre– Solo que vamos al médico, pero no es plan llevar a los niños con nosotros allí.

—Me juras que no es nada malo –dijo de nuevo Simone con preocupación.

—Que no mamá –volvió a decir Tom de nuevo– Solo que Dani cree que está de nuevo embarazada, por eso vamos al médico a que le haga una prueba y para confirmarlo. Nada más…

—Lo sabía… —dijo Simone sonriente– Tu brillo en la mirada me decía que algo bonito se estaba formando en el interior de tu cuerpo.

—No es seguro, tía –dijo Daniela con tristeza– Igual es una falsa alarma.

—No lo creo. Últimamente tienes un color muy característico en la piel, característico de las mujeres que están en cinta –dijo Simone mirando a su sobrina– Espero que sea verdad, porque quiero tener muchos nietos.

—Para eso convence también a tu otro hijo –dijo Tom– Que así vas a tener más nietos, si Bill decide ponerse en campaña con Patri.

—Bueno… no me importa esperar –dijo Simone a su hijo– Bueno iros ya… Cualquier cosa me lo decís.

—Está bien –asintió Tom para luego encaminarse con Daniela hacia el coche.

Tom y Daniela subieron al coche, y se dirigieron hacia la consulta del médico de Daniela. En menos de media hora, ya estaban sentados afuera en la consulta, habían hablado con la enfermera que ayudaba al doctor, para que pasara a Daniela para que hablara con el médico. Después de esperar media hora, el médico hizo a entrar a Daniela, acompañada por Tom.

—Buenos días señora Kaulitz –saludó el doctor— ¿Qué tal todo?

—Bien… —susurró Daniela al doctor.

—¿Cuál es el motivo por el que te tenemos aquí? —pregunto el médico juntando sus manos sobre el escritorio.

—Creemos que puede volver a estar embarazada y venimos para salir de dudas —explicó Tom.

—Oh eso es una buena noticia —el doctor miró el historial de Dani en el ordenador viendo que tenía dos hijos y había sufrido un aborto— Podemos hacer una prueba de orina ahora mismo y analizarla con un test de embarazo para tener una primera idea, aunque no es 100% fiable, luego sacar una muestra de sangre y mandarla analizar y saberlo con certeza. ¿Qué os parece? —preguntó el doctor— ¿O preferís que hagamos directamente la prueba de sangre, que es más fiable?

—Mejor el análisis de sangre –dijo Daniela con decisión.

—Está bien. Entonces puedes esperar afuera que la enfermera ya te llama para sacarte la sangre, suerte –dijo el doctor guiñándole el ojo a Daniela.

—De acuerdo –contestó Daniela saliendo de la consulta con Tom para sentarse en los asientos que habían ocupado antes.

A los diez minutos, la enfermera que estaba en la puerta del al lado del médico, salió afuera y llamó a Daniela para que la acompañará a dentro. Tom siguió también a Daniela. La enfermera clavó la aguja sobre la vena del brazo de Daniela, y comenzó a sacar varios tubitos de sangre luego le puso un apósito y le dijo que presionará sobre donde le había pinchado para evitar que saliera más sangre.

—Tendréis que esperar unas horas –dijo la enfermera– Hay que mandar las muestras al laboratorio para que las analicen, calculo que en dos horas más o menos, si las mandamos por urgente ya estarán.

—Está bien… —dijo Daniela a la enfermera saliendo de la sala con Tom.

—¿Qué te parece un buen desayuno para reponer la sangre que te quitaron? –sugirió Tom.

—No creo que pueda comer algo, Tom –dijo Daniela con desesperación– Todo lo que comí ayer lo he vomitado.

—Pues tienes que comer algo, no vas a dejar de comer porque te dé miedo a los vómitos –dijo Tom a su mujer– Así que vamos a tomarnos un buen desayuno, y después dentro de dos horas volvemos a ver los resultados.

—Está bien… —se rindió Daniela.

Daniela y Tom salieron del médico y se fueron a una cafetería que había cercana para tomar un desayuno como dios manda. Viéndolo desde otro punto de visto, esto no lo podrían hacer hace siete años, cuando los chicos triunfaban, ahora eran hombres adultos y gran parte de sus fans que los siguieron desde el principio, ya eran jóvenes de veinteañeras. Desde que Tom y los chicos se habían alejado de la música de su grupo, habían conseguido bastante privacidad y eso le permitían poder ir a sitios sin tener que ir cada dos por tres seguidos por guardaespaldas, como hacían cuando eran unos adolescentes. Entraron dentro de la cafetería y Tom pidió dos cafés, con dos zumos naturales de naranja y dos croissants. Después se fueron a sentar a una de las mesas, que había al final de la cafetería.

Al poco rato, el camarero sirvió lo que había pedido Tom. Daniela tomó su café y su croissant con desesperación, se notaba que tenía hambre. Y finalmente cuando acabó de tomar todo eso se tomó su zumo natural que le supo a gloria, mientras Tom la miraba un poco alucinado por la forma que había tomado todo eso tan rápido.

—Y eso que no querías tomar nada –dijo Tom en modo gracioso– Llegas a tener ganas de comer y vacías la cafetería.

—Exagerado –contestó Daniela a Tom– Es que tenía hambre, tú también estabas tomando lo tuyo.

—Pero no tan rápidamente, que ya te veo otra vez en baño vomitando –reprochó Tom a Daniela.

—No me recuerdes lo de vomitar que me dan náuseas –dijo Dani poniendo cara de asco, como si le fuera a salir una arcada– Odio esta situación.

Estuvieron pasando el rato un poco más en la cafetería, hasta que Tom decidió que era hora de irse de allí. Se fueron a dar una vuelta a un parque cercano, para hacer tiempo mientras no pasaban las dos horas. Cuando pasaron las dos horas y medias, Tom y Daniela se fueron otra vez a la clínica para conocer los resultados de los análisis. Llegaron al interior de la clínica, y se pusieron a esperar en la sala de espera, hasta que salió la enfermera y los vio en la sala y les dijo que avisaría al médico, para que los recibiera cuando acabara de atender a un paciente.

A los veinte minutos, Daniela y Tom estaban entrando en la consulta del médico, ansiosos por saber los resultados. Si serían padres de nuevo o si solo había sido una falsa alarma. Se sentaron en las sillas que estaban enfrente del médico, mientras que este sujetaba el sobre con los resultados de los análisis de sangre. Daniela estaba muy nerviosa, ya que tenía miedo haber ilusionado a Tom e incluso a Simone con un supuesto embarazo, y que al final no fuera nada.

—Bueno… Daniela estarás ansiosa por saber los resultados, ¿verdad? –dijo el médico mientras observaba el sobre que contenía los resultados.

—Sí… —susurró con un nudo en el estomago.

—Bueno entonces vamos a ver que es lo que tienes –dijo el médico mientras abría el sobre, para verificar los resultados.

En ese momento, Daniela agarró la mano de Tom con fuerza estaba demasiado nerviosa. Hacía dos meses atrás, había perdido un bebé que estaba esperando y ahora que pensaba que la felicidad volvería plenamente con la llegada de un nuevo bebé en la familia, no podría soportar enterarse de que al final no estaba embarazada. Sintió como la mano de Tom, apretaba fuertemente la suya dando ánimos y apoyo moral, diciéndole con un simple cruce de miradas que él estaría para apoyarla en todo para lo bueno o para lo malo.

—Vaya, vaya… —dijo el doctor con cara seria.

—¿Qué pasa doctor? –preguntó Daniela con preocupación.

—Me parece a mí que vais a tener que ir comprando cositas para la habitación del bebé –dijo el médico sonriendo– Es positivo.

—¡¿Qué?! –preguntó Daniela en estado de shock.

—Enhorabuena señora Kaulitz dentro de nueve meses aproximadamente, tendrá a su retoño entre brazos –dijo el doctor felicitando a Daniela.

—¡Vamos a ser padres! Tom… Vamos a ser padres —dijo Daniela incrédulamente repitiéndole a su esposo.

—Lo sé, lo acabo de escuchar –dijo Tom besándole dulcemente los labios.

—Bueno ahora tendrá que concertar una cita con su ginecólogo para que mire aproximadamente de cuantas semanas estás –aconsejó el doctor a Daniela.

—Claro, ahora mismo cuando llegué a casa llamaré a mi ginecólogo para que me dé cita –dijo Daniela al doctor.

—Bueno… pues nada más –se despidió el doctor de Daniela y Tom– No olvides de alimentarte adecuadamente, date cuenta que ahora tienes que comer por dos, pero moderadamente.

—Claro lo haré no se preocupe –dijo Daniela sonriente.

Daniela y Tom se fueron de la consulta del médico, muy contentos. Iban a ser padres de nuevo. Se dirigieron hacia el aparcamiento donde tenían el coche aparcado, y entraron en él para luego dirigirse hacia la casa de Simone para recoger a los pequeños de la casa, que ya dentro de poco dejarían de ser pequeños sino que serían los mayores de la casa.

—Ahora quiero que te cuides –dijo Tom a Daniela– No hace falta que vengas a la discográfica a trabajar.

—Pero… —replicó Daniela, que iba hacer durante los primeros meses del embarazo en casa se aburriría como una ostra, ya que los niños comenzaban la escuela en septiembre.

—Ni peros ni nada –dijo Tom en modo protector– Quiero que este embarazo vaya perfecto, así que no quiero que muevas un dedo.

Después de media hora, por fin llegaron de nuevo a la casa de Simone. Daniela y Tom salieron del coche, cerrando Tom las puertas de este con la llave automática, y se dirigieron a la casa para llamar al timbre. A los pocos minutos, Simone ya estaba abriendo la puerta. Daniela tenía la mirada brillante, Simone al verla la abrazó con mucha alegría y mucho cariño.

—Me alegro mucho –dijo Simone abrazando a su sobrina– Ahora ya sabes tienes que cuidarte mucho, para que el embarazo vaya a adelante.

—Si… Lo sé –sonrió Daniela– Tom ya se ha puesto tipo sargento dice que no me a dejar mover un dedo.

—Hace bien. Si hace falta, voy yo a vuestra casa y hago yo las cosas –se ofreció Simone.

—Me voy aburrir –dijo Daniela con desesperación– Un embarazo dura nueve meses, no me podéis hacer esto. Algo tendré que hacer.

—Te puedo enseñar a hacer calceta, para que hagas alguna ropita para el bebé en el tiempo que dure el embarazo –dijo Simone– Además así no tendrás que comprar la ropita.

—Bueno… —dijo Daniela con resignación— ¿Dónde están Alex y Sarah?

—Jugando con Gordon en el jardín trasero –informó Simone.

—Genial –sonrió Daniela– Será mejor que vayamos a buscarlos.

—¿Les vais a decir la noticia? –preguntó Simone a su hijo y a Daniela.

—No, creo que es un poquito pronto –explicó Tom– Esperaremos a que esté de más tiempo.

Daniela y Tom entraron en el interior de la casa de Simone, para ir a buscar a sus hijos que estaban jugando tranquilamente con Gordon, escuchándose sus risas infantiles inundar la casa. Tom y Daniela se quedaron de pie mirando como sus pequeños eran muy felices, y como muy pronto se convertirían en los hermanos mayores, de aquel bebé que venía en camino. El fruto de su amor…

Continúa…

por Heiligtkt483

Escritora del Fandom

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