
«Ich Brech Aus» Temporada III
CAPITULO 39
CUATRO MESES MÁS TARDE – DICIEMBRE 2015
Narrador Omnisciente
Los meses pasaron tan rápido como las estaciones del año. Diciembre… mes del amor, la paz, villancicos. La familia Kaulitz se encontraba en el gran salón de la casa adornando el gran abeto que había comprado, Tom con los niños. Daniela se encontraba sentada en el gran sofá calcetando unos pequeños patucos, en esos cuatro meses habían hecho varia ropita para el bebé, entre chaquetitas, jugones, pantaloncitos, patucos y baberos, lo tenía ya todo surtido, aunque era todo de tonos no definidos, es decir amarillos y blancos, ya que no sabía aún el sexo del bebé.
Esas navidades serían muy especiales, porque las pasarían en familia. El día de nochebuena todos vendrían a cenar a casa de Tom y Daniela, con la peculiaridad de que Daniela no cocinaría sino que cada uno traería la comida hecha de casa, para que así Daniela no tuviera que hacer mucho movimiento, ya que estaba casi de cuatro meses de embarazo. Daniela estaba observando como Sarah, Alex y Tom ponían los adornos en el árbol, mientras que como mucha ternura acariciaba su vientre ya formado y redondo.
—Auch… —se quejó Daniela al sentir una patadita en su barriga. El bebé estaba de jarana.
—Dani cielo, ¿Estás bien? –preguntó Tom preocupado.
—Si… Auch –se volvió a quejar– Ven…
—¿Qué pasa? – preguntó confuso Tom a su mujer –
—Nada, tonto –dijo Daniela cogiendo la mano de su marido– Solo pon la mano sobre mi vientre.
—Está dando patadas… —dijo Tom emocionado– Seguro que nos sale futbolista.
—No cantes victoria –sonrió Daniela– Para la semana nos dicen el sexo del bebé, y tú estás convencido que será niño pero yo no estoy muy segura.
—Bueno… a ver quien gana –dijo Tom picándose.
—¿Qué pasa mami? –preguntó Sarah acercándose a su madre.
—Tu hermanita o hermanito quiere saludarte –dijo con mucha ternura Daniela a su hija.
—¿Así…? –dijo la niña un poco confusa– Pues yo no escuchó nada.
—Ven aquí –Daniela agarró a Sarah de la mano, y puso su pequeña manita sobre su vientre.
—¿Por qué hace eso? –preguntó Sarah al sentir un pequeño golpecito en su mano.
—Se está moviendo, y te está diciendo “Hola hermanita” –sonrió Daniela a su hija.
—¿Le falta mucho para salir? Es que yo quiero jugar con el bebé –explicó Sarah.
—Aún tiene que quedarse un poquito más de tiempo dentro de mí, para poderse formar completamente –explicó Daniela.
—¿Pero como sale? –preguntó Sarah a su mamá.
—Eso te lo explicaremos cuando seas más grande, enana –dijo Tom cogiendo a su hija en brazos– Vamos a acabar de poner las bolas al árbol porque sino llega el día de nochebuena y no lo tenemos puesto. Y Santa Klaus no traerá ni juguetes ni chocolates para vosotros.
—No… vamos a acabarlo. Alex pásame la estrella –ordenó Sarah a su hermano.
Los niños y Tom acabaron de poner los adornos al gran abeto, para luego colocar perfectamente alineadas, una botas de tela roja, con el nombre de cada uno para que el día de nochebuena Santa Klaus les dejará regalitos en las botas. Después de acabar, Daniela se dirigió a la cocina para preparar la cena, para luego cenar todos en familia. Cuando acabaron de cenar, Daniela acompañó a Sarah y a Alex a la habitación de estos y les contó un cuento para que se quedaran dormidos. Cuando acabó apago la luz y se fue a su habitación, Tom ya estaba también.
—¿Ya se han dormido? –preguntó Tom al ver a su esposa entrar por la puerta de la habitación.
—Si… —susurró Daniela sentándose en la cama.
—Te ves cansada –dijo Tom acercándose a su mujer para ayudarla a acomodarse mejor en la cama– Te voy a tener que mimar más.
—¿Así? –levantó la ceja Daniela mirando a Tom.
—Si… el doctor Tom sabe hacer muy bien su trabajo –dijo Tom acercándose a su mujer para darle un beso en los labios.
—Demuéstramelo –desafió Daniela a su marido.
—Túmbese en la cama, que el doctor Tom le hará un masaje de pies que le dejara volar al séptimo cielo –dijo Tom cogiendo unos de los pies de su mujer para descalzarle y después el otro– Tienes los pies hinchados.
—Lo sé… y según vaya pasando más tiempo en el embarazo se podrán más hinchados –dijo Daniela con resentimiento– Oh dios mío… sigue.
Los dedos de Tom fueron masajeando la planta del pie de Daniela, haciendo que pequeños grititos de placer salieran por su boca, llegando a pensar que eso no era normal. Daniela cerró sus ojos dejando que Tom hiciera su trabajo mientras que con sus manos se dedicaba a masajear el vientre de ella, para transmitirle buenas vibraciones al bebé. Cuando Tom acabó de hacer ese magnífico masaje, ayudó a Dani a levantarse de la cama para que se pusiera el pijama y después a dormir.
—Buenas noches cielo –se acercó Tom a besar los labios de su mujer– Descansa…
—Igualmente –susurró Daniela besando también los labios de este.
Tom y Daniela se acurrucaron en la cama, Tom abrazando a Daniela posando sus manos en el vientre de su mujer, mientras acariciaba tiernamente este, haciendo que Daniela poco a poco se fuera quedando dormida, a causa de las caricias que le hacía su marido.
UNA SEMANA MÁS TARDE
Aquella mañana se habían levantado temprano, ya que debían ir al ginecólogo a la revisión de cada mes. Daniela se hacía la remolona en la cama, últimamente estaba bastante cansada, y aparte tenían que hacer también las compras navideñas, para los niños y los demás miembros de la familia.
—Vamos Dani, levántate –escuchó Daniela decir a Tom desde el baño de la habitación–Tenemos que pasar por casa de mi madre, para dejar a los niños y como no te apures llegaremos tarde a la cita.
—Ya voy, a veces te comportas como mi padre –dijo Daniela un poco molesta.
—Solo me faltaría que aparte de tener que cuidar de Alex y Sarah, ahora te tenga que tratarte como una niña –dijo Tom saliendo del baño molesto– Tienes 23 años, y estás a punto de ser madre otra vez.
—Y que me puedo permitir el lujo de vez en cuando ser como una niña, estoy cansada de tener tantas responsabilidades –explotó Daniela– Tú no sabes lo que es ser madre con 15 años, y tener que cuidar de dos bebés sin saber nada del asunto.
—No me reclames nada Daniela, te recuerdo que fuiste tú quien me oculto la paternidad de Sarah y Alex durante siete años –dijo Tom con cabreo.
—Eres… —Daniela no acabó de decir nada, se fue de la habitación bajando las escaleras, entrando en la cocina, para luego comenzar a llorar.
Era la primera pelea seria que tenían desde que Ella y Tom se habían casado. El embarazo la había hecho muy sensible a ciertas cosas. Daniela sintió como unos brazos la rodeaban de nuevo, y como los labios de Tom se posaban lentamente en su sien derecha.
—Lo siento… Perdóname –Daniela se sintió arropada por los brazos de Tom.
Daniela se giró para luego abrazarse a Tom, y sentir el olor tan característico que desprendía. Ese olor que la había embriagado desde niña, cuando veía que las cosas no tenían solución. Estuvieron durante varios minutos abrazados, hasta que Tom se dio cuenta que la hora de ir al ginecólogo se venía encima.
—Ahora sí vístete –secó Tom las lágrimas de Daniela que caían por sus mejillas– Hoy nos dicen el sexo del bebé. Estarás impaciente ¿no?
—Sí, para ver como pierdes –sonrió de nuevo Daniela.
Daniela subió a su habitación para ponerse una ropa cómoda con la que ir al médico, mientras que Tom despertaba a los niños, ya que los llevarían a casa de Simone mientras que Daniela pasaba revisión en el ginecólogo. A los pocos minutos, Daniela ya se encontraba en el salón de la casa, esperando a que Tom bajara con los niños ya vestidos. Cuando llegaron se fueron al garaje para ir a buscar el coche. A los veinte minutos, ya se encontraba enfrente de la casa de Simone para dejar a Sarah y a Alex. Cuando Simone vio salir del coche a su hijo y a Daniela, abrió la puerta de casa.
—Hola abuela –dijeron Alex y Sarah saliendo disparados del coche, dejando su madre y a su padre al lado de este.
—Hola mis niños –dijo Simone abrazando a los pequeños– Cada vez estáis más grandes.
—Hola mamá –se acercó Tom a su madre para saludarla.
—Hola cielo –saludó Simone a su hijo– Dani…
—Hola tía –saludó sonriendo Daniela.
—Hoy es un gran día. Por fin, sabréis el sexo de mi futuro nieto –dijo Simone emocionada– Espero que vaya todo bien.
—Claro que irá todo bien. Daniela está muy fuerte, yo me encargo de mimarle mucho –dijo Tom abrazando a su mujer.
—De eso no me cabe duda –dijo Simone mirando tiernamente a su hijo y a su nuera.
Después Tom y Daniela se despidieron de Simone, y se dirigieron al coche, para luego Tom arrancar este, y marcharse hacia la clínica. En menos de media hora, Tom ya estaba aparcando el coche en el parking de la clínica, después bajo del coche y ayudó a su mujer a bajar de este, para luego cerrar el coche, y dirigirse hacia el interior de la clínica. Se sentaron en la sala de espera perteneciente al ginecólogo que atendía a Daniela y esperaron a que la enfermera de este, saliera para darle paso a Daniela.
Al entrar la Doctora mando a Dani a cambiarse de ropa para poder hacer la ecografía en la cual verían el sexo se su tercer bebé, eso le ponía realmente nerviosa y feliz a la vez. Mientras Daniela se cambiaba la ginecóloga conversaba con Tom mientras preparaba algunas cosas en la maquina.
—Bien Dani esto ya está listo, cuando acabes puedes ponerte en la camilla —Dani termino y salió, se tumbo en la camilla. Con Tom a su lado la mujer primero palpo el vientre para ver en que posición se encontraba el feto y comprobar si no le dolía nada y comprobar que todo estaba en perfectas condiciones— ¿Estáis preparados para descubrir el sexo del bebé? —pregunto mientras se colocaba los guantes blancos de látex en sus pálidas manos.
—Estamos impacientes para sacarnos de dudas —contestó Tom.
—Déjame adivinar. ¿Discusiones tontas por la elección del nombre? —esparció sobre el abdomen de Dani aquel gel trasparente que estaba realmente frio.
—Sí, algo así —sonrió Dani más nerviosa aun que antes.
—¡Uy! pequeña te noto nerviosa —comento la doctora mientras empezaba a mover aquel aparato sobre su abultada barriguita. La cara de Tom era un poema intentando averiguar que era exactamente lo que se veían en la pantalla, más bien buscando lo que le indicaría que iba a tener un hermoso niño entre sus brazos dentro de poco.
—¡Es un niño! —casi grito Tom. La doctora rió.
—No –rió— Lo que estás viendo es el cordón umbilical —Dani soltó una carcajada y Tom bajo la cabeza avergonzado— Ahora mismo no se ve nada. A ver si muevo por aquí… no. Por aquí si. Perfecto —encontró el lugar donde se podía ver perfectamente— Dime Tom. ¿Qué es lo que ves? —Le preguntó.
—Mmmm… Nada –contestó.
—Exacto. Nada, es una niña –añadió la doctora.
—Te lo dije —dijo Dani con alegría.
—No puede seeeeer… —se quejó Tom con tono de niño pequeño.
—Me debes un helado de chocolate con cacahuetes –dijo Daniela golosa.
—Eh no habías apostado nada –se quejó Tom.
—Bueno me da igual. Tengo un antojo de helado, y como no lo coma la niña saldrá con forma de helado –amenazó Daniela.
—Está bien. En cuanto salgamos de la clínica te compro un helado –se dio por vencido Tom.
—Muchas gracias doctora por hacerme feliz, con está feliz noticia –sonrió Daniela a su ginecóloga.
—No tienes porque darme las gracias, es mi obligación –dijo la doctora agradecida– Bueno la próxima revisión es para el mes que viene, pero ya sabes que cualquier molestia que tengas ven sin pensarlo.
—De acuerdo –dijo Daniela– Hasta luego.
—Hasta luego, a ver si en la próxima visita ya me dices el nombre la niña –dijo sonriente la doctora.
—Claro que lo haré. Ahora mismo nos pondremos a buscar nombres –dijo Daniela muy feliz.
Daniela y Tom se fueron de la consulta del médico, para volver a casa de la madre Tom para recoger a los niños, y para darle la feliz noticia que tendría una nueva nieta. No si antes, pasar por una heladería para comprar el helado de Daniela, ya que Tom tenía miedo que la niña le saliera con forma de helado. Después de que Daniela se tomará el helado, por fin tomaron rumbo a la casa de Simone. Por el camino mientras tanto iban hablando de cómo decorarían la habitación del bebé, ya que al saber el sexo del bebé lo orientarían a tonos apropiados para el sexo del bebé.
Después de más de media hora de trayecto, por fin llegaron a casa de Simone para buscar a Alex y a Sarah. Salieron del coche, y se dirigieron hacia la puerta para luego llamar, a los pocos segundos Simone abría la puerta muy radiante, esperando la buena noticia.
—¿Y…? –dijo con emoción Simone.
—Tendrás una nueva nieta –dijo Daniela triunfante– Le he ganado la apuesta a tu hijo.
—Genial… Ahora tendréis que pensar en nombres para la niña, y empezar a decorar adecuadamente la habitación del bebé –dijo Simone con alegría.
—Sí pero con calma, que aún quedan unos meses por delante –dijo Daniela– Ahora tenemos que comprar los regalos de navidad para los niños.
—Genial… —sonrió Simone.
Esa semana Daniela y Tom estuvieron comprando los regalos de navidad para toda la familia, mientras que Simone que se había convertido en la canguro oficial para ciertas ocasiones se quedaba con los niños, para que Daniela y Tom pudieran comprar los regalos tranquilamente. Los días fueron pasando y llegó la noche de nochebuena, todos se reunieron en la casa de Tom y Daniela para festejar las navidades y sobre todo para festejar el próximo nacimiento de un nuevo miembro en la familia Kaulitz. Como es de ver, Bill y Patri se pidieron ser los padrinos del bebé, ya que los padrinos de Sarah y Alex eran Gustav y Adriana.
También entre todos dieron nombres para la niña, pero Daniela ya tenía escogido el nombre desde hace mucho tiempo, solo tenía que convencer a Tom para poner ese nombre al bebé. Respecto a Alex y a Sarah, se ilusionaron muchísimo al saber que tendrían una hermanita, estaban deseosos de que el bebé naciera para ejercer de hermanos mayores, cosa que hizo que Daniela se alegrara mucho al ver que sus hijos mayores no iban a tener celos de su futura hermanita.
Con la llegada del nuevo año, todos recibieron la noticia de la fecha de boda de Bill y Patri, se casarían en febrero, concretamente el 14 de febrero que en ese año cuadraba en domingo. Para ese entonces Daniela ya estaría de siete meses, ya que en abril saldría de cuentas para tener al bebé. Los meses previos a la boda de Bill y Patri era un caos, ya que tenían que organizar donde sería el banquete, hacer la lista de invitados, para luego hacer las invitaciones. A parte también tenían que ir a comprar los trajes que se podrían en la boda, cosa que Daniela por tener ya el vientre abultado le sería un poco difícil encontrar un traje mono, pero tenía claro que se cogería algún traje de premamá bonito para la ocasión. Sarah y Alex serían los que llevarían los anillos de sus tíos, como habían hecho en la boda de su madre con su padre.
Y al fin llegó el día de la boda, la ceremonia se realizó en el jardín de la casa de Bill, en cual habían decorado con arcos florales, poniendo después a lo largo del jardín interior las sillas donde se sentarían los invitados de la boda. La ceremonia empezó y Patri fue llevada al altar por el padre de ella, mientras que unos violines tocaban. El momento más emocionante de la boda fue cuando los novios profesaron los votos, haciendo que a Simone se le salieran las lágrimas al darse cuenta que su único hijo soltero, ya se había casado y que pronto formaría una familia. Ya estaba deseando que los hijos de Bill y de Tom corretearan por los jardines de su casa, mientras que los vigilaba con Gordon desde el gran banco que había en el jardín.
Cuando acabó la ceremonia, todos se fueron al banquete donde celebraron todos juntos la boda. A media tarde, Patri decidió tirar el ramo siendo cogido por Adriana, así que ella sería la siguiente en casarse solo hacía falta que convenciera a Gustav para dar ese paso tan importante en sus vidas. Al anochecer Bill y Patri se fueron rumbo a su luna de miel, en unas islas exóticas de las Bahamas, para comenzar con su nueva vida de casados.
Continúa…