«Ich Brech Aus» Temporada III
CAPITULO 4
Narra Daniela
Los rayos de luz inundaron mi habitación, haciendo que me despertará por la luz que me molestaba en mis ojos cerrados. Era ya día abierto, y el sol brillaba en todo su esplendor, miré la hora en el reloj despertador que estaba en la mesilla marcando la hora, y ponía que eran las diez y media de la mañana. Me quede tumbada un poco más en la cama haciéndome la remolona, cuando la puerta de mi habitación se abrió de golpe dando paso a dos granujillas que venían en pijama.
—Mami… Buenos Días –dijo mi pequeña subiéndose en la cama y tumbándose a mi lado– Alex y Yo queremos desayunar, ya nos hemos cansado de ver los dibujos animados, que no entendemos porque están en un idioma raro…
—Ese idioma raro que tú dices enana, se llama alemán y es el idioma de tu abuela que en paz descanse y mío –dije a mi hija mientras la abrazaba.
—¿Y porque no nos lo enseñas, mami? –dijo Alex poniéndose al otro lado de mi cama.
—Bueno, aún sois un poco pequeños para comprenderlo y como vivimos en España no os hace falta hablarlo –dije a mis hijos como una excusa.
—Pero así podremos entender mejor a tío Gustav, su castellano es muy raro –dijo Sarah levantando una de sus cejas– Pero no se lo digas al tío Gustav, no quiero que se enfade conmigo y no me lleve más al zoológico y a comer helados.
—Bueno… me lo voy a pensar –dije a mi hija mientras le hacía cosquillas, y su risa infantil invadía toda la habitación.
A los pocos minutos, Alex y Sarah se unieron contra mí y empezaron a hacer cosquillas en mi cuerpo al mismo tiempo, aunque yo de vez en cuando a ellos también les hacía algunas cosquillas, acabando todos tumbados en la cama mientras mis hijos estaban encima de mí.
—Bueno, vamos a desayunar –dije a mis hijos mientras me levantaba de la cama– Sino la tía Adri nos encontrará en pijama cuando venga a buscarnos, para ir a dar una vuelta.
—Si, mami –dijeron al mismo tiempo Alex y Sarah saliendo detrás mía, yendo hacía la cocina de ese apartamento.
Una vez que estuvimos en la cocina, Sarah y Alex se sentaron en las sillas que estaban cerca de la mesa que había en la cocina, mientras que yo buscaba en los muebles de la cocina un cazo para poder hervir la leche, cuando encontré uno abrí la nevera y saque un brick de leche y eche la leche en el cazo, mientras hervía la leche, busqué en otro mueble unos tazones y se los puse a Alex y a Sarah seguido de unas cucharadas, y después les puse la caja de cereales y les eche un poco de ellos, a cada unos de mis hijos en sus tazones. Cuando rompió a hervir la leche lo separe del fuego y se la eche en los tazones.
Mientras Sarah y Alex tomaban su desayuno, yo me preparé un café y después me lo tomé mientras observaba como mis hijos se tomaban su desayuno. Cuando acabamos de desayunar dejamos todo dentro del lavavajillas y nos fuimos a asear para luego vestirnos. Ya estábamos todos vestidos, y ahora estaba en el baño peinando a Sarah con dos coletas, mientras que Alex no paraba de hablar haciendo reír a Sarah. Después cuando acabe de peinar a Sarah le eche un poco de colonia, y a los pocos minutos ya estaban correteando por el apartamento, mientras que esperábamos a que llegara Adri.
Pasados unos veinte minutos, llamaron al timbre del telefonillo y al poco rato ya estaba Adri entrando por la puerta del apartamento. Me saludo con un abrazo y después fue a saludar también a Sarah y Alex dándoles un beso a cada uno en sus pequeñas mejillas. Después estuvimos hablando y decidiendo donde íbamos a ir a dar el paseo.
—¿Qué tal la noche ayer con Gustav? –dije en un momento en el que los niños no nos escuchaban.
—Ha sido genial… —dijo Adri un poco ruborizada– Lo estuvimos haciendo hasta el amanecer.
—Que locos estáis –dije a Adri riéndome– Yo no tengo tanto aguante.
—Jejejee –se rió Adri– Hicimos algunos descansos para coger aire…
—Me lo imagino –dije a Adri— ¿Y bueno tu hombretón lo habrás dejado durmiendo?
—Sii, pero después había quedado con unos amigos –dijo Adri dejándome un poco inquieta.
—Bueno, vamos a dar el paseo antes de que Alex y Sarah se descontrolen –dije mirando a mi hijos que en estos momentos parecían unos dulces angelitos.
Cogimos unas chaquetas para los niños, por si hacía frio y los metí dentro de mi mochila, después cogí las llaves del apartamento y nos dispusimos a salir de este. Llamamos al ascensor, y después de varios minutos entramos en él. A los diez minutos, ya estábamos saliendo del edificio y nos dirigimos hacia un parque que había cerca del edificio donde vivía Gustav, y estuvimos durante bastante rato mientras que los niños se subían a los columpios y toboganes, Adri y yo hablábamos de nuestras cosas.
Pasado bastante tiempo decidimos ir a otro sitio, más bien para que Adri conociera un poco de los sitios que había en Hamburgo. Íbamos hablando distraídamente y los niños iban saltando por un lado y por el otro, cuando me quedé mirando a una casa que pasábamos enfrente de ella en ese momento. Era la casa de mi tía, una sensación extraña invadió mi cuerpo tenía ganas de ir allí, pero por otro lado tenía miedo de su reacción, ya que llevo seis años sin dar señales de vida. Pero por otro lado, tengo ganas de ver a mi tía, y de decirle que la quiero mucho y me ha hecho mucha falta durante todos estos años.
—Dani… ¿Estás bien? –dijo Adri al ver que me quede parada viendo para esa casa sin apartar mi mirada sobre de ella.
—Adri… puedes quedarte un rato con los niños –dije con nerviosismo mientras seguía mirando hacia la casa de tía.
—Claro… —dijo Adri sin replicarme nada ni preguntarme nada– Tomate tu tiempo…
—Gracias, Adri… —dije en un susurro sabiendo que a mi amiga no le había hecho falta ninguna explicación, con solo mirarme ya había entendido de lo que se trataba.
—Sarah… Alex… –dijo Adri a mis hijos– Me podéis acompañar a comprar gominolas a una tienda que hay cerca de aquí…
—Siii, yo quiero un helado –dijo Sarah sonriendo.
—Vale, te compraré un helado –dijo Adri agarrando de la mano a Alex y a Sarah.
—¿Mami, no vienes? –dijo Alex al verme que no me movía del sitio.
—Yo os alcanzo en un rato –dije a mis hijos para tranquilizarlos– Portaros bien, y no hagáis travesuras a la tía Adri.
Me quedé mirando de pie de nuevo la casa, estaba temblando por el nerviosismo que en ese momento sentía. ¿Y sí me encontraba con Tom dentro de la casa? ¿Cómo reaccionaría ante él? Con pasos no muy decididos me acerqué lentamente al jardín donde mí tía tenía su casa, poco a poco me situé enfrente de la puerta, iba a llamar pero… algo hizo que me diera la vuelta no estaba preparada para eso todavía, no estaba preparada para enfrentarme con mi tía, y explicarle la verdad de mi huida…
—¿Dani…? –me quedé paralizada cuando escuché esa voz, no me esperaba que él estuviera por ahí en ese momento ni menos que saliera de la casa de mi tía justo en ese momento— ¡¡Dios mío, Dani!! ¿Dónde has estado durante todos estos años metida? Te hemos buscado durante tanto tiempo… pensamos que nunca volverías.
—Yo… —dije girándome con miedo, no sabía como explicarle a mi primo Bill porque me había ido hace seis años, no me sentía preparada para volver abrir las viejas heridas del pasado.
—Ven entra en casa a mamá le hará mucha ilusión saber que has vuelto y que estás bien –dijo mi primo Bill mientras me agarraba del brazo, para evitar que me fuera de nuevo– Aunque han pasado ya seis años, sigues teniendo la misma mirada aunque tu cuerpo ya no sea de tan niña…
—Bill… yo… —dije con nerviosismo, me había metido en la boca del lobo— ¿Qué tal has pasado estos años? ¿Sigues con Patri?
—Creo que esas preguntas te las tendré que responder, después de que tú me respondas todas las preguntas que te tengo que hacer –dijo Bill mirándome inquisitivamente— ¿Por qué te fuiste de esa forma? No sabes lo que has hecho sufrir a mamá, a mí… y a Tom…
—Yo… —dije sin poder hablar más, las palabras se me atragantaban en mi garganta.
Bill abrió la puerta de la casa de mi tía, y nos metimos dentro, me hizo sentar en el gran sillón que había en el salón. ¡¡Dios!! no había cambiado nada todo estaba igual, a cuando yo me fui de la casa. Estuve mirando cada rincón de aquel salón con melancolía, después de 6 años había vuelto otra vez…
—¿Quieres tomar algo? ¿Un café? –dijo Bill nerviosamente mientras me sonríe con su sonrisa mostrándome sus dientes perfectamente blancos.
—Un café –dije a Bill mientras él se dirigía hacia la cocina a traerme una taza con el café– Gracias…
Estaba realmente nerviosa moviendo la pierna sin cesar mientras observaba todo el salón, seguía como antes de irme yo, nada había cambiado, lo añoraba tanto… Ahora que estoy aquí de nuevo no puedo evitar recordar todos los momentos que viví aquí. ¿Me pregunto si el que era mi cuarto seguirá igual? ¿Y si él estaba en casa, en su cuarto? ¿Si se le daba por bajar, que pasaría cuando me viera? Ojala que eso no suceda, no sabría como actuar…
—Aquí tienes Dani… —Bill dejó la tacita en la pequeña mesa que había delante de mía.
—Gracias… —no me atrevía a mirarlo a la cara.
—Dani, no tengas vergüenza, podemos hablar tranquilamente como los adultos que somos. No te voy a juzgar por nada, vamos pequeña —una pequeña sonrisa contuve en mi interior, me gustaba que me dijera pequeña, como en los viejos tiempos.
—Bill… no es tan fácil como puede parecer… —di un pequeño sorbo al café.
—No importa puedes decírmelo, no tengas miedo —mi primo me animaba— ¿Por qué te fuiste?
—Yo… estaba cambiando, ya no era yo… –dije tartamudeando.
—No te entiendo, ¿puedes especificar? –dijo mi primo confuso.
—Bill… es que… —de pronto tenía unas ganas inmensas de llorar, creo que son demasiadas emociones de golpe…
—Vamos Dani tranquilízate –dijo mi primo mientras me abrazaba.
—Yo… ¡¡Dios!! –dije mientras me tapaba la cara con mis manos– Hubo una sucesión de cosas que hicieron que me fuera, necesitaba encontrarme a mi misma…
—No lo entiendo Dani –dijo Bill pensativo– Recuerdo que los días previos a que te fueras estabas toda emocionada por la colaboración que ibas hacer en nuestro disco, y después de la noche a la mañana me llamas y me dices que no vas a colaborar en el disco, para luego desaparecer sin dejar rastro…
—Siento mucho haberos ocasionados tantos trastornos, pero entiende que había algo en mí que no estaba bien… —dije a mi primo con lágrimas en los ojos.
—Sabes que te hubiéramos ayudado y apoyado en lo que necesitarás, Dani –dijo mi primo mirándome con ternura.
—Nunca se está preparado para madurar de golpe, y enfrentarte a la realidad –dije a Bill con amargura.
—Bill, ¿Cómo has regresado tan pronto? –escuché esa voz que hizo que los bellos de mi piel se erizarán, por el nerviosismo y el miedo que sentía— ¡¡Dani…!!
Me giré y la miré ahí de pie en medio del salón, con cara desencajada y con rabia mirándome. Mi tía me miraba con mala cara, eso significaba que nunca me perdonaría por lo que hice hace seis años. Me siento una miserable por haber hecho sufrir a tantas personas que me rodeaban, y sobre todo a mis hijos que sin saberlo les he negado el derecho de conocer a su padre, y de vivir como una verdadera familia, aunque eso estuviera prohibido en las leyes del señor…
—¡¡Dani…!! –dijo mi tía en susurros– Has regresado pequeña…
—Tía… yo… —dije sin poder acabar de hablar, la mano de mi tía se estampó contra mi cara lastimando mi mejilla derecha.
—¿Por qué te fuiste? –dijo mi tía con desesperación, y abrazándome fuertemente para evitar que me fuera otra vez de sus brazos— ¿Qué he hecho mal contigo para que te fueras sin dejar rastro?
—Tía no has hecho nada malo, la que hice algo malo fui yo… —dije a mi tía mientras las lágrimas empezaban a recorrer mis mejillas– Perdóname… solo te pido eso que me perdones…
—No tengo nada que perdonarte, pero nos has dejado preocupados durante muchos años –dijo mi tía limpiándome con una de sus manos las lágrimas, que descendían de mis ojos.
—Pero me he portado mal –dije siendo consciente del daño ocasionado.
—Una madre siempre está dispuesta a perdonar todas las fechorías de sus hijos –dijo mi tía mirándome con ternura– Y no vas a ser la excepción, porque yo te consideró como una hija, y por fin has vuelto a casa como un hijo prodigo.
—Tía Simone… —susurré mientras las lágrimas volvían a brotar de mis ojos.
—Bill, llama a tu hermano hay que celebrar que Dani ha regresado –dijo mi tía sonriendo– Me alegra tanto de que por fin hayas regresado, todos mis ruegos y mis suplicas han sido oídas.
—Tía Simone, yo solo os he venido a hacer una visita –dije con un nudo en la garganta– Dentro de poco tengo que regresar en donde vivo actualmente, tengo trabajo fijo y otras obligaciones…
—Entonces, ¿No podrás estar para mi boda? –dijo mi tía Simone con tristeza.
—Lo siento, lo único que puedo hacer es hablar con mi jefe para ver si me deja unos días para viajar y poder venir a tu boda, aunque no te aseguro nada –dije a mi tía con tristeza.
—Bueno, cielo no pasa nada cambia esa cara –dijo mi tía con mucha ternura y volviéndome a abrazar– ¿Te quedas a cenar? Así podemos celebrar que estás sana y salva ¿Qué dices?
—Bueno, me parece bien –dije a mi tía– Pero tengo que irme a donde me estoy alojando, para cambiarme de ropa…
—Vale, no hay problema cielo –dijo mi tía– Si quieres puedes venir a pasar el resto de los días que vas a estar en aquí en esta casa, sabes que tienes tu cuarto disponible…
—Ya… —dije con un poco de nerviosismo– Pero es que he venido con una amiga, y no es plan de dejarla sola.
—Sabes que puedes traerla aquí también. Puedes traerla para cenar si quieres –dijo mi tía, la situación se estaba poniendo un poco complicada.
—Lo siento, pero es que está visitando a su novio e igual ha quedado con él para la noche así que no sé si podrá venir –dije a mi tía poniéndole una excusa.
—Bueno… Bill, ¿Qué te he dicho antes? –dijo mi tía a mi primo Bill.
—Mmmm –dijo Bill un poco confundido.
—Que llames a tu hermano de una vez –dijo mi tía haciendo que mi pequeño cuerpo empezará temblar por el miedo y por el nerviosismo.
—Ya voy ahora –dijo Bill mientras buscaba en su cazadora su móvil para llamar.
Nos quedamos en silencio, durante los minutos que Bill marcó el número de teléfono de Tom para avisarle de que viniera lo más rápido posible a casa. No sabía que hacer, como reaccionar cuando lo tuviera enfrente y sobre todo cuando tuviera a la novia de mi primo enfrente, a esa tal Chantelle, que había visto hace años en varias revistas del corazón.
Narra Tom
Me había levantado tarde, después haber pasado una noche con Chantelle un poco fogosa, hacía años que no teníamos esas noches de tanta pasión, aunque últimamente sentía que por Chantelle no sentía nada, pero ella quería seguir con esta relación basadas en mentiras. Estaba tumbado en mi cama, Chantelle hacía ya bastante rato que se había ido con unas amigas a fulminar sus tarjetas de créditos con ropa, zapatos y otros complementos, mientras tanto encendí un cigarro es sabor la nicotina hizo que mi cuerpo poco a poco se fuera relajando. El sonido insistente de mi móvil hizo que saliera de esa situación de relajación, cogí el móvil y vi que era una llamada de mi hermano, no sabe vivir sin mí.
—¿Qué hay, Bill? –dije a mi hermano saludándolo.
—Tom ven rápido a casa de mamá –dijo mi hermano atropellando sus palabras.
—Bill, ¿Qué ha pasado? –pregunté a mi hermano asustado pensando en que pudiera haberle pasado algo a mi madre.
—Ha pasado algo muy importante, ven inmediatamente –dijo mi hermano colgándome el móvil y dejándome con una tremenda preocupación.
Continúa…