«Ich Brech Aus» Temporada III
CAPITULO 40
DOS MESES MÁS TARDE – ABRIL 2016
Narrador Omnisciente
Ya habían pasado dos meses desde que Bill y Patri se habían casado, y la vida de Daniela continuaba ahora su barriga abultaba más todavía, ya que estaba de nueve meses, a punto de salir de cuentas. Simone como futura abuela preocupada, le había dicho que tuviera hecha una bolsita con las cosas y la ropita del bebé, por si el parto se le adelantaba, ya que a partir de los siete meses es cuando hay más riesgo de parto. Tom se había dedicado a pintar la habitación del bebé con rosas pasteles, y también poner alguna cenefa infantil con ositos.
La cuna de madera, ya estaba colocada en el sitio indicado de la habitación, también habían comprado un cambiador para poder cambiarle los pañales a la niña, cuando estuviera cagada o simplemente para poder vestirla mejor. Sarah y Alex, un día que fueron con su abuela Simone de compras, le cogieron unos ositos de peluche para su nueva hermanita que luego se lo dieron a su mamá, muy contentos para que los pusieran en la habitación del bebé, en la estantería donde tenían todas su cositas bien colocadas.
En esa primera semana del mes de abril, Daniela había tenido que ir varias veces al hospital pensando que se había puesto de parto, ya que tenía de vez en cuando contracciones, pero el médico que la atendió dijo que aún era pronto que esperará unos días y ya sería el parto. Así ahora por las noches, Tom dormía con un ojo cerrado y otro abierto por si llegaba el momento tan deseado, y tener que marcharse escopetado al hospital con su mujer. Daniela ya había puesto el bolso donde llevaba todas las cosas del bebé a mano, por si tenían que salir en la noche.
Los días habían pasado, y ahora nos encontrábamos en 11 de abril por la mañana Daniela se había levantado temprano para llevar a Sarah y a Alex a la escuela, mientras que Tom iba a trabajar en la discográfica. Se levantó de cama, y se fue a dar una ducha rápida para luego vestirse con una ropa cómoda, después fue a llamar a los niños para despertarlos para que no llegaran tarde al colegio. Cuando les dio de desayunar, después cogió su coche y fue conduciendo hasta el centro escolar de los niños, donde los dejó hasta las cinco de la tarde, mientras tanto en ese período de tiempo, había quedado con su tía Simone para tomar un café y para hablar, después más tarde iría a casa a preparar la comida para Tom y comer los dos juntos mientras que esperaban a la hora de que Sarah y Alex salieran del colegio para irlos a buscar juntos.
—Ya tienes la barriga muy baja –puntualizó Simone al ver el vientre de Daniela más bajo de lo normal– Yo apostaría que en nada ya das a luz.
—Ojala… Estoy deseosa de tenerla en mis brazos –dijo Daniela con emoción– No veo el momento en nazca.
—¿Has sentido algunas molestias? –preguntó Simone a su nuera.
—Las normales, me dicen que son pequeñas contracciones ya que llevo varios días dilatando un poco pero hasta que no rompa aguas y empiece con el trabajo del parto nada –explicó Daniela.
—Si quieres me puedo quedar con Sarah y Alex, durante unos días hasta que nazca el bebé –sugirió Simone– Lo digo por si tenéis que iros rápidamente al hospital, no vais a tener tiempo para dejarme a los niños.
—Ya… aunque no creo que sea ahora. Si eso se lo digo a Tom, y después te digo lo que me dijo –contestó Daniela– Creo que sería bueno también que los niños estuvieran contigo, más bien para no tenerlos que despertar por la noche de madrugada para llevarlos a tu casa. Estaría más tranquila si ya estuvieran contigo, lo digo porque seguramente me pondré nerviosa cuando empiece con las contracciones y eso.
—Bueno, lo que sea me lo dices –volvió a decir Simone.
Daniela se despidió de su tía, y se fue a su casa para preparar la comida para cuando Tom llegará a casa, después por la tarde irían a buscar a los niños al colegio, para después ir a dar una vuelta al parque, y luego volver a casa. Y hacer todas las cosas rutinarias de todos los días, ayudar a hacer las tareas escolares a los niños, después preparar la cena y por último irse a la cama a dormir, para empezar un nuevo día al día siguiente.
—Buenos tardes, cielo –saludó Tom a su mujer con un beso muy efusivo en los labios— ¿Cómo va mi pequeña? ¿Alguna muestra de algo?
—No, por el momento quiere quedarse dentro de la barriga de mami que está calentita –sonrió Daniela ante esa situación– Estoy deseosa de que ya nazca, quiero ver su carita y saber a quien se parece de los dos.
—Está claro. Se va a parecer a mí, que soy muy guapo –contestó Tom con autosuficiencia.
—Eres único. Venga siéntate que la comida se enfría –dijo autoritariamente Daniela.
Tom y Daniela se sentaron a comer, mientras hablaban de otras cosas. Ahí fue cuando Daniela se acordó de lo que había dicho la madre de Tom, así que decidió sacar el tema, ya que lo veía muy primordial.
—Hoy he estado con tu madre tomando un café –explicó Daniela.
—¿Y qué te ha contado? –preguntó Tom mientras masticaba un trozo de pan.
—Bueno estuvo preguntándome como me sentía, si tenía alguna molestia –explicó Daniela– También me ha dicho que ya tengo la barriga bastante baja.
—Si… —dijo atentamente Tom— ¿Y qué más?
—Me ha sugerido que los niños vayan a pasar unos días a su casa, mientras que no ingrese en el hospital –comenzó a decir Daniela– Así no tendríamos que llevarlos a casa de ella, si me pongo de parto por la noche, solo tendríamos que ir al hospital y después llamar a tu madre para avisarla de que estamos en el hospital.
—Creo que tiene razón –dijo Tom aprobando lo que le había dicho Daniela– Así nos evitamos ir con las prisas a un sitio y después al otro.
Cuando acabaron de comer, Tom ayudó a Daniela a colocar bien la cocina y a fregar. Luego se fueron un poco al salón para ver en el gran sillón que tenían la televisión, mientras que Tom le hacía masajes en la planta del pie a Daniela, ya que con el estado tan avanzado del embarazo se le habían puesto los pies muy hinchados, y así por lo menos aliviaba un poco el dolor. Sobre las cuatro y media de la tarde, salieron de la casa y después se fueron al garaje a buscar el coche, para ir a buscar a los niños, ya que estos salían a las cinco de la tarde la escuela.
Cuando llegaron a la calle de donde estaba la escuela de los niños, aparcaron el coche en un sitio libre que había, y salieron del coche para esperar a los pequeños. Sobre las cinco en punto, empezaron a salir una multitud de niños por la puerta, Tom estuvo pendiente en todo momento de que esos pequeños angelitos no golpearan la gran barriga de Daniela, y tuvieran que ir al hospital antes de lo previsto. A los pocos minutos, Sarah y Alex ya salían de la puerta y se encaminaron hacia donde estaban sus padres.
—Hola mami –saludó Sarah a su madre, para luego saludar a su padre– Hola papi.
—Hola princesa –besó Tom a su hija en la mejilla.
—Hola mami –se acercó a dar un beso Alex a su madre, para luego darle otro a su padre– Hola papi.
—Hola campeón –abrazó Tom a su hijo.
—¿Cómo está mi hermanita pequeña? –preguntó Sarah posando su mano en la barriga de su madre– Quiero que salgas ya, para poder conocerte y ejercer de hermana mayor.
—Tu hermanita debe estar muy cómoda dentro de mí porque no da indicios de querer salir –explicó Daniela a su hija.
—Jolines que fastidio –se quejó Sarah.
La familia Kaulitz al completo se fue a dar una vuelta por el parque, mientras los niños jugaban en los columpios, Dani y Tom estaban sentados en un banco vigilándolos, mientras que Daniela se tocaba cariñosamente la barriga. Cuando comenzó a refrescar un poco, ya que el día se estaba yendo para dar paso a la noche, Daniela y Tom se fueron con los niños a casa. Ambos padres estuvieron ayudando a los niños a hacer sus tareas escolares, para luego sobre las nueve de la noche, comenzar a preparar la cena en familia, todos ayudando a Daniela.
Después de cenar, recogieron la mesa y lavaron los platos para luego ir a acostar a los niños en la cama, más tarde Daniela llamaría a Simone para comunicarle que los niños a partir del día siguiente dormirían ya es su casa. Después de acostar a los niños y leerles un cuento para que se quedaran dormidos, Daniela se dirigió hacia su habitación, donde ya estaba Tom solo con bóxers para dormir. Daniela cogió el teléfono inalámbrico y llamó a su suegra para decirle que a partir de mañana los niños dormirían en su casa, cuando acabó de hablar por teléfono colgó y se tumbó en la cama, no sin antes revisar bien la bolsa con las cosas necesarias del bebé.
—Ven aquí amor mío –rodeó Tom a su mujer con sus brazos mientras acariciaba tiernamente su vientre.
—Te quiero… —susurró Daniela reposando su cabeza en el pecho de Tom.
—Yo más… Me estás haciendo inmensamente feliz –susurró al oído Tom a Daniela.
Lentamente ambos fueron cerrando los ojos hasta que poco a poco se fueron quedando dormidos, en los brazos del dios del sueño. Ninguno de los dos sabía lo que en apenas ocurría en unas horas, ya que una pequeña personita estaba dispuesta a darle la noche a sus padres, sin apenas a ver visto la luz del sol. Una punzada de dolor, seguido de una sensación de humedad hizo despertarse a Daniela sobresaltadamente, Tom dormía plácidamente en la cama. Daniela se revisó una vez, y comprobó que su pijama estaba completamente mojado y como poco a poco un dolor intenso se iba apropiando de su bajo vientre, el bebé venía en camino.
—Tooom –llamó Daniela a su marido para despertarlo del dulce sueño que tenía– Toooom… Despierta.
—Mmmmm quiero dormir más aún es temprano –dijo dándose media vuelta en la cama, para luego volver a coger el sueño.
—Tom he roto aguas –volvió a decir Daniela haciendo que Tom se levantara en mismo momento de la cama.
—¿Te encuentras bien? Dios… ¿Te duele algo? –dijo Tom alterado– Será mejor que vaya a despertar a los niños…
—Tom tranquilízate, apenas he empezado con las contracciones –dijo con voz calmada Daniela a su marido– Mientras tú despiertas a los niños, y yo voy vistiéndome y cogiendo el bolso del bebé.
Daniela fue a su armario para buscar algo que ponerse, aunque finalmente optó por un vestido ya que en esos momentos se sentía más cómoda. Tom mientras tanto fue a despertar a los niños, que salieron de su habitación con los pijamas puestos y una ropa de abrigó. Después Tom llegó de nuevo a la habitación cogiendo las llaves del coche, mientras que Sarah y Alex entraban en la habitación viendo a su madre vestida y con el bolso del bebé.
—¡Qué bien! Mi hermanita nueva ya va a nacer –dijo Sarah con alegría– Estoy deseosa de conocerla, y abrazarla.
—No creo que te haga mucho caso, Sarah –contraatacó Alex– Va ser muy pequeña para hacerte caso.
—Niños no discutáis –dijo Tom mientras buscaba las llaves del coche– Ya está, nos podemos ir.
—Cariño… —dijo Daniela a Tom mirándolo fijamente.
—¿Qué pasa? ¿Tienes las contracciones más fuertes? –dijo alarmado Tom– Será mejor que nos apuremos, por el camino tienes que llamar a mi madre para que nos salga al hospital y se haga cargo de los niños.
—Tom tranquilízate estoy bien… pero no creo que sea muy correcto que vayas en bóxers al hospital –dijo Daniela sonriendo– Vístete.
—Claro soy tonto –dijo Tom nerviosamente mientras se ponían los pantalones y una camiseta bajo la atenta mirada de su mujer y sus dos hijos– Ya está, nos podemos ir ya para el hospital.
Los cuatro miembros de la familia Kaulitz salieron de la casa, y se dirigieron al coche de Tom. Cuando este arrancó el coche, salieron del garaje y se fueron de camino al hospital, mientras tanto Daniela llamaba a Simone para decirle que fuera hacia el hospital donde iban, que había roto aguas y que el bebé pronto nacería. Cuando colgó el teléfono hizo la misma operación con Bill, para explicarle todo y que de paso avisará a los demás.
Después de varios minutos, Tom ya se encontraba aparcando su Cadillac Escalade enfrente de la puerta del hospital. Cuando acabó de aparcar salió del coche, y ayudo a Daniela a salir del coche cogiendo la bolsa con todas las cosas para el bebé, mientras que los niños bajaban del coche. Tan pronto como Daniela pisó el suelo de la acera, un celador salió con una silla ruedas para que Daniela pudiera acceder más fácilmente al interior del hospital.
Tom cubrió todos los papeles para el ingreso de Daniela, mientras que a ella se la llevaban para dentro de una sala, donde le controlarían las constantes vitales, y con que frecuencia tenía las contracciones. Después Tom se tuvo que quedar afuera ya que a los niños, no los dejaban entrar y tuvo que esperar que su madre o el mismo Bill vinieran a quedarse con ellos, mientras que Tom entraba en la sala para ver como iba todo con su mujer.
—Cariño… —se escuchó la voz de Simone entrando por la puerta seguida de Gordon— ¿Cómo está Dani?
—Bien… yo la veo tranquila. La han pasado a una sala para controlarle las constantes vitales y también a cuanto tiempo tiene las contracciones –explicó Tom.
—Abuelita, mi hermanita ya va a nacer –dijo emocionada Sarah.
—Lo sé cariño, ahora tendrás que portarte como una mujercita y ayudar a tu mamá a cuidar de tu hermanita –dijo Simone con cariño a su nieta– Ahora serás la hermana mayor y eso requiere mucha responsabilidad.
—Siii –dijo Sarah muy sonriente.
—Ahora os vais a casa con Gordon –dijo Simone a sus nietos– Mañana por la mañana quizás ya haya nacido vuestra hermana.
Gordon se fue con los niños para casa, mientras que Simone se quedaba con su hijo esperando a que dejaran pasar a Tom a junto de Daniela. A los pocos minutos, Bill entraba por la puerta del hospital seguido de Patri, ambos se mostraban muy ilusionados por el nacimiento de la niña, ya que ellos serían los padrinos del bebé, y a parte también estaban emocionados porque se estrenarían como tíos nuevamente. Después de esperar unos diez minutos, por fin Tom pudo entrar a junto de Daniela en la sala, cuando entró dentro de la sala se encontró a su mujer con una correa monitorizada en el barriga de esta, mientras un dibujo como un electrocardiograma dibujaba unas rayitas asimétricas.
Continúa…
