«Ich Brech Aus» Temporada III
CAPITULO 41
Narrador Omnisciente
—Las contracciones son más frecuentes –informó Daniela a Tom que miraba embobado la máquina.
—Hola Daniela –saludó la comadrona de turno que estaba en esos momentos en el hospital– Vengo a medir como vas de dilatación. ¿Me dejas verte?
—Si… —susurró Daniela mientras respiraba hondo.
—Muy bien –dijo la comadrona mientras se ponía unos guantes y metía su mano en el sexo de Daniela– Esto va perfecto, ya puedo tocarle casi la cabecita al bebé.
—Duele… —dijo Daniela frunciendo el ceño cuando sintió la mano de la comadrona dentro de ella.
—¿Ya te han puesto la inyección para evitar infecciones? –preguntó la comadrona– Sabes que ahora el bebé a no tener el liquido amniótico rodeándolo, no está protegido así que puede coger alguna infección durante las horas anteriores al parto.
—Si lo sé –contestó Daniela, eso lo sabía desde que había dado a luz a Sarah y a Alex.
—Bueno entonces voy a mandar a una enfermera a que te ponga la inyección, y bueno hay que tener paciencia, aunque ya queda mucho menos que antes –dijo la comadrona animando a Daniela.
La comadrona se marchó para avisar a la enfermera, y a los pocos minutos una ya estaba poniéndole la inyección mientras Tom miraba muy atentamente todo lo que le rodeaba. Se estaba empezando a poner nervioso, así que empezó a andar de un lado para otro haciendo que Daniela se empezará a poner un poco más de los nervios.
—Tom siéntate en esa silla –señaló Daniela la silla que estaba al lado de ella– Me estás poniendo más nerviosa de lo que estoy.
—Lo siento mi amor, es que no puedo con los nervios –dijo Tom a su esposa.
—Pues intenta tranquilizarte, la que va a parir soy yo no tú –dijo Daniela perdiendo los estribos.
—Pero seré padre de nuevo –contestó Tom con nervios.
—Pero eso no es malo –dijo Daniela mirando a Tom.
—Es que nunca me he imaginado estar aquí contigo ahora mismo, esperando a que nazca nuestro bebé y eso me poner realmente nervioso –contestó Tom sentándose finalmente en la silla que estaba al lado de Daniela.
Las horas fueron pasando haciendo que los ánimos de Daniela fueran un poco más irritables, Tom no la estaba ayudando con sus nervios y cada vez sentía como las contracciones eran más intensas sintiendo como su interior se desgarraba por dentro. En la última revisión la comadrona le dijo que ya casi había dilatado al cien por cien, pero aún le faltaba poco y que pronto le vendrían a poner la epidural. A la media hora, Daniela ya estaba en posición fetal para ponerle la epidural, la enfermera le puso la epidural para después esperar un tiempo a que le hiciera efecto. Daniela se volvió a tumbar en la cama, mientras que Tom le agarraba de la mano cariñosamente.
—Bueno… parece ser que ya estás casi lista para empezar a dar a luz –dijo la comadrona– Llevas 7 horas de trabajo de parto, y ya has dilatado lo suficiente para empezar a empujar.
—¿Enserio? –dijo Daniela deseosa.
—Sí, así que voy a tener que robarte a tu hombre unos minutos para que se cubra la ropa con la ropa esterilizada que le voy a dar –explicó la comadrona.
Tom desapareció con la comadrona camino de ponerse una bata esterilizada y un gorro y una mascarilla para la boca. A los pocos minutos, Tom volvía a entrar en la sala casi irreconocible ya que estaba completamente cubierto de pies y cabeza.
—Bueno Tom necesito tu ayuda –dijo la comadrona a Tom– Tienes que coger una de las piernas de Daniela y sujetarla bien para que ella pueda empujar.
—Ok –dijo Tom agarrando la pierna de Daniela para sujetarla y separársela.
—Muy bien… —dijo la comadrona– Todo está perfecto, las contracciones son más frecuentes. Dani cielo, cuando sientas una solo tiene que ir empujando.
—Ok –dijo Daniela cogiendo aire.
Daniela fue empujando cada vez que sentía una contracción, mientras respiraba constantemente. Pequeñas gotitas de sudor empezaron a surcar por su cara, y por su pelo cada vez que Daniela empujaba. Tom en todo momento tenía agarrada la pierna a Daniela mientras que una auxiliar tenía la otra, mientras Daniela empujaba Tom le agarraba también con la otra mano que tenía libre su mano, siendo apretada demasiada por la mano de Daniela.
—Venga muy bien, sigue así ya se empieza a ver al cabecita –animó la comadrona a Daniela.
—No puedo más –suspiró Daniela mientras que grandes gotas de sudor recorrían su cara.
—Venga un poquito más y ya tendrás a tu pequeña en tus brazos –dijo la comadrona a Daniela que ya estaba empezando a estar agotada.
—Vamos cielo –animó Tom a su mujer.
Daniela estuvo empujando los últimos minutos con bastante constancia y fuerza, hasta que poco a poco la cabecita del bebé fue saliendo al exterior, para luego salir el resto del cuerpo siendo cogido por la comadrona, que nada más tenerla en brazos le dio una cachetada en la nalga para que el bebé llorara y así sus pulmones se abrieran y comenzará a respirar el oxigeno.
—Es una niña muy hermosa –dijo la comadrona poniendo a la pequeña en los brazos de Daniela.
—Hola pequeña soy tu mamá –dijo Daniela con una sonrisa tonta, observando a su pequeña.
—Soy padre… —dijo Tom para acabar desplomándose en el suelo por la impresión.
—Toom –llamó Dani a su marido que en esos momentos se encontraba semiinconsciente en el suelo.
—¿Padres primerizos? –preguntó la comadrona al ver al situación.
—Que va si ya tenemos a dos niños de 7 años –contestó Daniela– Pero es que él no estuvo presente en el parto de los otros, y este es como si fuera su primer parto.
—Vaya… —susurró la comadrona– A ver si viene una enfermera para hacerle reaccionar.
Después de que Tom por fin reaccionará, se levantó del suelo y lo primero que hizo fue acercarse a su mujer y besarla intensamente en los labios, y después acariciar dulcemente a la niña en la carita, luego una enfermera vino para llevarse a la pequeña y limpiarla y medirla. A los veinte minutos, la pequeña ya se encontraba de nuevo en los brazos de su madre familiarizándose con el olor de ella.
—Tom cógela –dijo Daniela a su marido tendiéndole a la niña.
—Pero es tan chiquitita. Tengo miedo que se rompa –dijo Tom con un poco de miedo.
—Que no ya verás, solo tienes que procurar sujetarle bien la cabecita –explicó Daniela su marido.
—Está bien –Daniela puso en brazos de Tom a la pequeña, mientras que Tom la observaba embobada intentando memorizar su pequeña carita– Hola princesita, me reconoces soy tu papi. Sí, el que te hablaba mucha veces por las noches cuando estabas en el barriguita de tu mamá.
A las pocas horas pasaron a Daniela a una habitación en planta, Tom también la acompaño llevando en brazos a la pequeña, que ahora se había quedado dormida en sus brazos. Cuando llegaron a la habitación, Tom puso con mucho cuidado a la pequeña en la cuna, para que durmiera más cómodamente. Daniela no tardó tampoco mucho en quedarse dormida había tenido un día muy intenso y realmente estaba cansada.
—Buenos tardes Bella durmiente –dijo Tom dulcemente a Daniela que se acababa de despertar en esos momentos, mientras que sostenía en sus brazos a la pequeña Lizzie que se había acostumbrado a la voz de su padre, y con bastante dificultad intentaba abrir sus ojitos para fijarlos en él– La pequeña Lizzie está deseando que su mamá le dé su primera toma. ¿A que es adorable?
—Oh… Dámela Tom –Daniela extendió sus brazos para que Tom le pusiera a Lizzie en sus brazos– Hola pequeñita, tienes hambre verdad pobrecita.
—Dani, la niña no te va a responder no sabe hablar aún –dijo Tom graciosamente viendo como Daniela intentaba tener una conversación con el nuevo miembro de la familia.
Daniela descubrió su pecho y con mucho cuidado guió su pezón a la pequeña boquita de la pequeña, que enseguida entendió que esa sería comida. Con mucha desesperación comenzó a mamar, mientras que Tom observaba escena atónita, nunca había visto en vivo y en directo mamar a un bebé del pecho de su madre. Cuando Daniela acabó de darle de mamar a la pequeña Lizzie, levantó la mirada para ver a Tom que la miraba embobado.
—¿Quieres sacarle los gases? –preguntó Daniela sacando de sus pensamientos a Tom.
—Yo… no sé si sabré –dijo temeroso Tom.
—Claro que sabrás –dijo Daniela mirando a su marido con dulzura– Solo tienes que darles un golpecitos no muy fuertes en la espalda para que suelte los gases.
—Te admiró mucho cariño. Eres una madre estupenda –dijo Tom mirando fijamente a Daniela– Me acabó de dar cuenta viéndote como dabas con mimo y mucha ternura el pecho a nuestra hija.
—Es que ahora una nueva personita depende de mí –dijo Daniela con una tremenda madurez a Tom– Es tan frágil que necesita que la protejan, en su día a Sarah y a Alex también los protegí con todas mis fuerzas, pero ahora la diferencia de aquella vez es que cuento con tu apoyo.
—Si… Pásame a Lizzie a ver si le quito los gases –dijo Tom abriendo los brazos con mucho cuidado, mientras que Daniela le ponía a la pequeña entre sus brazos, para luego darle con mucho cuidado unos golpecitos y salieran los gases.
—Lo ves no ha sido tan difícil –sonrió Daniela a Tom.
—Ya… Se me está dando bastante bien –dijo Tom muy ilusionado y orgulloso.
—Claro que sí eres un buen padre, no solo para Lizzie sino también para Sarah y Alex –sonrió dulcemente Daniela a Tom, para luego darle un beso fugaz en los labios– Te quiero…
—Yo también te quiero… Hoy me has hecho muy feliz –dijo Tom mientras miraba a su pequeña que ahora había cerrado los ojos y se estaba quedando dormida.
Las horas fueron pasando, y Tom llamó a su madre para decirle que cuando quisiera podían venir al hospital, a ver al nuevo miembro de la familia. También llamó a Bill, Gustav, Georg y Andreas para informarle de la buena noticia de que ya había sido padre otra vez. A la hora la habitación del hospital donde se encontraba Daniela era un revoltijo de gente, Simone había llegado para conocer a su nueva nieta, y después Bill con Patri, y los G’s con sus respectivas parejas, más tarde Gordon intentaría entrar con Alex y Sarah que estaban muy emocionado por conocer a su nueva hermana.
—Es idéntica a Bill y a Tom de bebés –dijo Simone emocionada con Lizzie en brazos– Hasta frunce el ceño igual que ellos.
—Que sobrina más bonita tengo, que se parece a mí –dijo Bill muy eufórico– Hola Lizzie, soy tu tío Bill y también tu padrino.
—Ooooohhh que cosita más linda –dijo Patri mirando a la pequeña, que seguía durmiendo en los brazos de Simone– Creo que huele a algo por ahí…
—Exacto, creo que la pequeña Lizzie ha hecho caquita –dijo Simone riéndose– Dani, ¿Quién le cambia el pañal a la niña?
—Pásasela a Tom tiene que ir practicando –contestó Daniela desde la cama.
—Tom hijo toma a tu hija para cambiarle el pañal, son órdenes de tu mujer –dijo Simone a su hijo pasándole a Lizzie.
—¡¿Qué?! Es una broma. No sé cambiar pañales –dijo Tom indignado.
—Pues te toca aprender… —dijo Simone dándole una palmada en la espalda a su hijo– Así que venga…
—No todo el mundo es a darme órdenes, es increíble –susurró Tom mientras se dirigía a un cambiador que había en la habitación para poner a la niña y cambiarle el pañal– Dios que asco… ¿Cómo puede oler tan mal? Es casi líquido…
—Normal si todo lo que come es líquido por el momento –contestó Daniela desde la cama.
Tom le cambió el pañal a su hijo, bajo las instrucciones de su madre, que era una experta entendida en ese tema, ya que le había tocado cambiar mucho pañales a Tom y a Bill de bebés. Después cuando la pequeña estuvo cambiada, Tom la llevó de nuevo a la cunita que estaba al lado de la cama de Daniela, para luego sentarse en unos de los sillones que había en la habitación, hablando con los G’s y con su hermano Bill, mientras que Patri, Adri y Carla estaban hablando con Daniela, preguntándole cosas tipo de cómo le había ido en el parto, si había tenido dolor. Ese tipo de cosas que necesitan saber una cuando está buscando la forma de tener un bebé.
—Chicas… a ver cuando os animáis a tener vosotros vuestros hijos, es una experiencia inolvidable –dijo Daniela con ojos brillosos a sus amigas, intentando animarlas– Así podremos ir todas juntas al parque con los niños.
—Bill y yo lo estamos intentando, pero por el momento aún no ha pasado nada –susurró Patri cabizbaja, ya había hecho dos meses de casada y ni siquiera se había quedado en la luna de miel.
—No te ralles Patri ya verás que en cuanto no lo esperes, nos darás la bonita sorpresa –dijo Daniela sonriendo a su amiga para animarla.
Ya entrada la tarde-noche, Gordon consiguió entrar con los niños en la habitación, donde se encontraba Daniela. Había tenido que convencer a la chica de recepción, diciendo que los niños estaban muy emocionados por ver a su nueva hermanita, y que él se hacía responsable de los pequeños, mientras que subían a la planta, ya que en la habitación estaban los padres de los niños y ya se harían cargos de ellos. Sarah y Alex iban muy contentos en el ascensor con su abuelo Gordon por fin iban a conocer a su hermanita, que había nacido en la mañana del 12 de abril.
Las puertas del ascensor se abrieron y los niños salieron corriendo queriendo buscar a la puerta de la habitación de su madre, pero se dieron cuenta de que no sabían el número así que tuvieron que esperar que su abuelo Gordon, fuera hacia la puerta indicada. Caminaron unos pasos, metiéndose por otro pasillo, hasta que finalmente Gordon se paró en una puerta y dio varios golpecitos, para pedir entrada. A los pocos segundos, Tom asomó la cabeza por la puerta, para luego sonreír al ver a sus hijos.
—Papi –corrió Sarah a los brazos de su padre.
—Princesita –dijo Tom a su hija abrazándola cariñosamente— ¿Te has portado bien?
—Siii… —dijo Sarah poniendo cara de niña buena— ¿Cómo está mi hermanita? ¿Es muy pequeñita?
—Es una cosita muy pequeñita –dijo Tom con dulzura– Alex ven… Vais a conocer a vuestra hermanita.
Tom entró con los niños en la habitación, seguidos de Gordon que fue a junto de su mujer. La pequeña Elizabeth estaba muy concentrada tomando el pecho de Daniela, ajena a las visitas que habían acabado de llegar. Sarah se acercó a junto de su madre para saludarla y ver con ojos muy atentos como, la pequeña cosita que tenía entre brazos, mamaba del pecho de su madre.
—Es muy pequeñita… —susurró Sarah a su mamá– Se parece a mis muñecas.
—Claro porque aún tiene que crecer, cariño –dijo Daniela a su hija acariciándole la mejilla– Tú y tu hermano eráis así de pequeñitos cuando nacisteis.
—Alá –susurró la pequeña Sarah a su madre.
Cuando la pequeña Lizzie acabo de comer, su madre le dispuso a quitarle los gases, y luego la acomodo de nuevo entre sus brazos, mientras que Alex y Sarah estaban entretenidos con los más mayores de la sala.
—Papi, ¿Puedo coger a mi hermanita? –preguntó Sarah a su padre.
—Yo también quiero –dijo por detrás Alex, que ya había empezado a dar muestras de que también estaba en la habitación.
—Está bien pero tenéis que ser muy cuidadosos con ella, vale –dijo Tom acercándose a Daniela para coger a la pequeña.
Tom se dirigió hacia los niños con la pequeña entre los brazos, con mucho cuidado se la puso en los brazos de Sarah, y luego en los brazos de Alex, viendo como los pequeños se dedicaban a hacerles muecas a la pequeña, pero Lizzie no se daba cuenta de nada, ya que estaba bien dormida.
Los días fueron pasando, y pronto Daniela regreso a casa con la pequeña Elizabeth. Durante las primeras noches, Tom no se acostumbraba a los llantos de la pequeña que pedía comida, o simplemente porque había cambiarle el pañal, pero poco a poco se fue acostumbrando y muchas veces ya se levantaba el para darle biberón por las noches, ya que Daniela muchas veces se sacaba la leche, para así poder dársela por la noche en biberones, y también muchas veces le cambiaba el pañal, ya que se había vuelto un experto en cambiar pañales.
Los meses fueron pasando y la pequeña Lizzie ya tenía 8 meses, pronto comenzaría a andar y ya le habían salido dos dientes. Sus ojos eran azules intensos, y tenía el pelo muy rubio, nadie sabía de donde había sacado esos ojos azules tan intensos, pero Simone explico que el padre del padre biológico de los gemelos, tenía los ojos azules, así que la pequeña Lizzie los había heredado de él. Tom como cada día iba a trabajar a la discográfica mientras que Daniela se dedicaba a cuidar a la pequeña Lizzie, y a llevarla al parque con sus tres amigas, mientras que esperaban a que llegase la hora de ir a buscar a Sarah y Alex a la escuela. Los días se habían convertido en una rutina diaria, pero Daniela era inmensamente feliz con sus tres hijos y con su marido, después de tanto luchar por fin había conseguido tener una familia perfecta.
Continúa…
Sólo queda el epílogo. Los invito a continuar leyendo.