«Ich Brech Aus» Temporada III
CAPITULO 6
Narra Tom
—Espera, Chantelle –dije a mi novia– Lo siento cariño, sé que he sido muy arisco contigo últimamente pero entiéndeme que no estoy preparado para tener un compromiso formal y menos tener un hijo.
—Sabes que no me voy a rendir fácilmente… —me susurró Chantelle– Voy a borrar la sombra de esa mujer, que no deja que por fin seas mío.
Después de esas palabras, Chantelle me empezó a besar con mucha pasión y desesperación, haciendo que mis labios me dolieran por la fricción que ejercían los suyos sobre los míos. Mis manos se dirigieron hacía sus pechos, que estaban cubiertos por una camisa fina de seda, poco a poco los fui masajeando, haciendo que de la garganta de Chantelle salieran pequeños gemidos ahogados de placer. En un acto un poco impulsivo y salvaje, tiré de la camisa haciendo que los múltiples botones de esta, salieran disparados por todos los lados y cayendo por el sillón y por el suelo.
Ahora su parte delantera estaba completamente al descubierto, solo sus pechos estaban cubiertos por un sujetador de encaje de color blanco, le empecé a besar el cuello con desesperación bajando por el escote, mientras que ella no perdía tiempo y comenzaba a levantarme la camiseta que cubría mi torso bien formado. Lentamente subí mis manos por sus piernas largas y esbeltas, para subirle hasta la cintura su falda recta que le llegaba más o menos por la mitad de los muslos, apoye mis manos a cada lado de su cadera mientras seguía concentrando mis besos en su cuello, y ahora mandíbula hasta atrapar sus labios.
Acaricié sus muslos haciendo que de su boca, unos suspiros placenteros salieran que fueron ahogados por mis labios. Sentía como una creciente erección se estaba formando en mis holgados pantalones, traviesamente comencé a jugar con uno de sus largos mechones rubios que caían por un lado de la espalda, mientras que sus labios se posaban en mi cuello, y poco a poco fueron bajando por mi pecho, hasta llegar a mi zona prohibida.
Sentí como sus dedos juguetonamente desabrochaban la hebilla de mi cinturón, dando rienda suelta a nuestros deseos. Creí desesperarme cuando noté como sus dedos deslizaban lentamente la cremallera de mi pantalón, para luego dar paso a mis bóxers que cobijaban un grande bulto que no por mucho tiempo iba a permanecer escondido en ellos. Mis dedos largos y ágiles se pusieron a jugar con una de las tiras que formaban parte del tanga de Chantelle, pero poco duró ese juego, ya que Chantelle colocó su cabeza entre mis piernas para despertar a mi gran amigo, que aún estaba despertando de ese largo sueño en el que había estado sumido durante tanto tiempo.
Noté como sus labios empezaban a lamer mi pequeña erección, como si de un chupa chups se tratase. Sentía como mi miembro crecía más en la boca de Chantelle, mientras que ella jugaba con mis testículos con su mano libre. Mis dedos se colaron traviesamente por el interior de su tanga y tímidamente acaricie su entrada, hasta que finalmente introduje uno de mis dedos en su interior, pero su tanga me molestaba así que de maneras no muy oportunas se lo quite, haciendo trizas las pequeñas tiras que lo formaban.
Mi erección iba creciendo más y más, sentía que toda mi sangre se había concentrado en mi punto álgido, así que sin esforzarme mucho agarré a Chantelle por la cintura y me la llevé a nuestra habitación, tumbándola en la cama sin mucha delicadeza. La hora había llegado, ahora tendría que demostrarme que merece la pena comprometerme con ella. Me tumbé encima de ella, y mis manos empezaron a recorrer su cuerpo semidesnudo con mucha sutileza conseguí deslizar la cremallera de la falda de Chantelle, hasta que la tire al suelo de la habitación. Con suma destreza le quité el sujetador, y puede observar sus pechos grandes y redondos. Mis labios empezaron a succionar uno de sus pezones haciendo que un gran gemido de placer y de deseo saliera por su boca, noté como poco a poco se iban poniendo más duros, y como su sexo estaba empezando a humedecerse más haciendo que yo me pusiera más cachondo todavía.
Moví mi mano sobre miembro para conseguir que la erección ya formada fuera más grande mientras sentía descargas eléctricas rodeaban mi sexo, cuando vi que ya estaba bastante empalmado, me tumbé encima de Chantelle y empecé a jugar con ella, haciendo rozamientos con nuestros sexos pero sin llegar a tener contacto físico. Sus labios se habían apoderado de mi cuello, y del resto de mi cuerpo, la verdad es que nunca había hecho tan apasionadamente el amor con Chantelle en los últimos años, pero hoy necesitaba descargar toda la frustración y la rabia por saber que mi prima, tenía novio y se iba a casar.
Tumbé a Chantelle en el centro de la cama, y le empecé a besar en los labios con mucha furia, haciendo que sus labios se pusieran color carmesí. Poco a poco me hice hueco entre sus piernas y con una de mis manos agarré una de las piernas de Chantelle y la flexioné hacia arriba para así dejarme más movimiento y poder danzar tranquilamente en el interior del sexo de ella. Guié la punta de mi miembro hacia el interior de su sexo, para luego meterlo completamente de una rápida y brusca embestida, que causó que de la boca de Chantelle saliera un grito de dolor.
Me empecé a mover enérgicamente sobre ella, haciendo que los muelles la cama comenzarán a hacer los típicos ruiditos de cuando se están saltando sobre la cama. La habitación se empezó a llenar del olor embriagador del sexo, mientras que nuestros cuerpos empezaban a mostrar una cama fina de sudor, debido al ejercicio que estábamos haciendo. Mis músculos se tensaban por la presión que estaba ejerciendo sobre mi novia, cuando empecé a notar que mi miembro empezaba a mostrar indicios de que llegaría pronto la gran corrida. Me separé de Chantelle haciendo que un sonido a modo de protesta saliera de sus labios.
—Ponte a cuatro patas –dije entrecortadamente.
—¡¿Qué?! –dijo Chantelle abriendo los ojos sorprendida por lo que le había dicho.
—Te quieres poner a cuatro patas –dije de nuevo con voz autoritaria.
—Pero Tom… —me replicó Chantelle.
—No eras tú la que querías casarte conmigo, pues para poder casarte conmigo tienes que complacerme en todo lo que te pido –dije a Chantelle elevando un poco la voz– Y esto es una manera…
—Está bien… —dijo Chantelle no muy convencida.
Chantelle se tumbó boca abajo, para luego ponerse de la forma que le había dicho. Yo me posicioné detrás de ella, agarrando bien sus caderas con mis dos manos, para luego abrirle un poco las piernas observando como su entrada se mostraba ante mí otra vez. Cogí con una de mis manos mi miembro y lo fui introduciendo en el sexo de Chantelle, hasta meterlo por completo. Después comencé con mis movimientos pélvicos fuertes y rápidos, haciendo que de nuestras bocas salieran más gemidos. Aumente más mis movimientos hasta que sentí como un escalofrío empezó a recorrer todo mi cuerpo, y se posicionó en la punta de mi miembro, notaba como en cada embestida iba creciendo más y más hasta que al fin llegué a clímax, desplomándome sobre Chantelle, y haciendo que su cuerpo cayera sobre la cama, y yo sobre ella unidos aún.
Lentamente cerré los ojos intentando acompasar mi respiración, nuestros cuerpos estaban completamente sudados. Estábamos agotados. Salí de dentro de Chantelle sin cuidado y me deshice del condón. Cada uno se tumbo en su lado de la cama y nos tapamos. Ya nuestras respiraciones eran acompasadas, así que ya era hora de dormir. Chantelle se abrazo a mí como de costumbre, no le rechace, simplemente le hice el vacio como si no estuviera aquí, así nos dormimos.
Narra Daniela
Nunca pensé que el momento de volver a ver a mi tía y a mis primos podría haber llegado tan pronto. Cuando pasé por enfrente de la casa de mi tía, lo primero que se me pasó por la cabeza era huir lo más rápido posible para no ser vista, pero algo me decía en mi interior que debía de ir a verlos. Hacerles saber que estaba bien, a pesar de haber estado durante seis años en paradero desconocido. Cuando me acerqué a la puerta para llamar, una sensación de pánico inundó mi cuerpo y en el último instante decidí que no era el mejor plan, así que me dispuse a irme lo más antes posible.
Para mi mala suerte justo en el momento en que me iba a ir, mi primo Bill salió de la casa de mi tía encontrándome a unos pasos escasos de la casa de esta. Cuando vi a mi primo Bill me sentí nerviosa y con miedo por la reacción que iba a tener, pero a la vez feliz de volver a verlo después de tantos años. Después mi primo me ofreció ir a dentro de la casa para hablar tranquilamente, y fue cuando minutos después de haber entrado apareció mi tía en el salón, al principio su reacción fue de asombro pero después me propinó una bofetada en toda mi mejilla, y sinceramente entiendo su reacción la pobre se debió de sentir muy mal cuando yo desaparecí sin dejar rato, y no la culpa porque me merecía esa bofetada como castigo.
Pero el peor de todos los castigos, ha sido el rechazo por parte de mi primo Tom me ha dolido tanto, sobre todo saber que él nunca va a querer a sus hijos porque él nunca los aceptará si se llegará a enterar de que son sus hijos, porque él nunca me quiso. Todas las ilusiones de construir una familia feliz, de darle la oportunidad de nuevo a Tom de conocer a sus hijos se han esfumado por completo por la actitud de Tom. Cuando estuve hablando con él afuera de la casa de mi tía, quise hacerme la fuerte pero en realidad estaba completamente rota, pero ahora voy a dejar de ser esa persona débil que llora por todo, porque ahora tengo que proteger a dos personitas que son lo más importante para mí… mis hijos. Esta vez no me mostraré débil como otras veces, si Tom quiere guerra va a tener guerra. Voy a demostrarle que he dejado de ser una niña débil, y que me he convertido en una mujer luchadora y con mis propias iniciativas.
Caminó durante unos cinco minutos, y por fin puedo divisar a lo lejos a mis hijos con Adri que ahora están en unos columpios que hay cerca de donde vive mi tía, mientras Alex y Sarah están columpiándose, Adri está comiendo unas regalices que se ha comprado cuando decidió dejarme sola para ir a casa de mi tía.
—Mami, ¿Ya has vuelto? –dijo Alex levantándose del columpio al verme acercarme a ellos– Has tardado mucho…
—Lo siento, cariño –dije acariciando la mejilla de mi hijo– Es que me entretuve un poco.
—¿Cómo ha ido? –dijo Adri sin quitar la mirada fija en Sarah.
—Bueno… pensé que iba a ser peor –dije a Adri– Pero uno de mis primos me odia… y eso me duele tanto.
—¿Y por qué te ha dolido tanto que tu primo te odie? –dijo Adri un poco extrañada por lo que había dicho Daniela.
—Bueno… —dije un poco nerviosa no sabía si contarle la verdad o callar mi secreto por más tiempo– Alex… Sarah… iros a jugar al tobogán de allí.
—Pero mamá… yo no quiero ir al tobogán –dijo Sarah poniendo morros.
—Vamos, después te compró un helado –dije en modo de chantaje.
—Está bien, vamos Alex –dijo Sarah mientras que corría hacia los toboganes seguida de su hermano.
—Verás… hay algo que nunca le he contado a nadie… –dije nerviosamente.
—Que es Dani, puedes contar conmigo, lo sabes ¿no? –dijo Adri dándome apoyo y confianza.
—Claro, pero… verás, no es algo fácil de entender… necesito que te pongas en mi lugar Adri, y sobre todo que no dirás nada de esto, ni aunque te torturen —dije seriamente, esto era algo que realmente me ponía muy nerviosa.
—Sí, lo hare amiga –dije apoyando su mano en mi hombro como modo de apoyo.
—Hace once años mis padres se murieron en un accidente de coche, en el cuál yo solo recibí unos cuántos rasguños. Como no tenía ningún familiar en España decidieron enviarme junto a mi tía que vivía en Alemania, y bueno… siempre me he sentido arropada por ella y por mis primos. Con el pasó de los meses pues me hice inseparable de mi primo Tom, pero a los pocos meses sin quererlo empecé a sentir cosas por él, y bueno… él también me correspondió pero yo solo era una niña. Después con el paso del tiempo, su grupo de música se hizo muy famoso y tuvieron que irse hasta que pasaron cuatro años, y bueno… cuando regresó sentimientos que tenía escondidos en mi corazón volvieron a surgir y mantuvimos una relación secreta durante unos meses, hasta que me enteré de que estaba embarazada y me fui… porque mi primo Tom es el verdadero padre de Alex y de Sarah…
Continúa…