Ich Brech Aus III. FIN

«Ich Brech Aus» Temporada III

CAPITULO 42: Epílogo

Narra Daniela

Mantequilla… susurré con voz casi inaudible cuando estaba observando una foto mía y de Tom con nuestra perrita Mantequilla, aunque ya han pasado muchísimos años de eso, yo solo era una niña de 11 años que había acabado de perder a sus padres en un trágico accidente de coche, y solo me quedaban de familiares, mi tía Simone y los hijos de esta. Recuerdo la primera vez que vi a Tom en ese gran aeropuerto, cuando me fueron a recoger, estaba muy nerviosa y no paraba de mirarme las puntas de mis zapatos nerviosamente, pero después cuando mi tía me presentó a mis primos, y le vi a él todos los temores y nerviosismo se esfumaron, con su sonrisa y con su mirada consiguió cautivarme haciendo que me perdiera en él. Esas navidades las más tristes de mi vida, pero sin embargo las más alegres, que paradoja, sentir como sus brazos me rodeaban dándome cariño, mientras nuestra perrita Mantequilla nos observaba. Lástima que ahora ya no esté entre nosotros, hace 32 años de eso…

Los años no pasan en balde para cada uno, dentro de poco ya va hacer casi 22 años que Tom y yo estamos casados. Mis ojos han sido testigos del paso de los años, entre Tom y yo pero también del paso de los años de nuestros hijos. Aún me acuerdo cuando solo era una niña de 15 años asustada embarazada de su primo, que se fue de Alemania porque tenía miedo que su tía le recriminará la relación que mantenía con su primo, pero cuando tuve en brazos a mis dos hijos mayores supe que tenía que luchar por ellos, e intentarles darles lo mejor de todo porque solo dependían de mí.

Después circunstancias de la vida hicieron que me volviera a reencontrar con el gran amor de mi vida, que será el único hasta que la muerte nos separé. Con 22 años me casé, y con 23 años ya estaba embarazada de mi segunda hija, mi pequeña Lizzie aunque ahora ya no es tan pequeña, está preparando su primer disco, ¿no lo sabéis? A Lizzie le ha entrado la vena artística como a su padre y a su tío, así que ahora de la mano de su tío Bill y de su padre está preparando su primer disco debut, no obstante, está en la facultad estudiando educación musical para tener un futuro labrado por si la música no le va bien, recientemente ha cumplido los 21 años.

Sobre Sarah y Alex, que decir, ellos han cumplido el año pasado los 26 años, así que ahora están más en los 27 años que en los 26. Alex estudio arquitectura en una prestigiosa universidad de aquí en Alemania, y Sarah ha estudiado derecho. Ahora Alex muy pronto viajará a Estados Unidos para participar en la construcción de un gran edificio, en Los Ángeles del que me hace sentirme muy orgullosa. Sarah se ha convertido en un gran abogado, trabaja en un gran bufet de abogados, quien es dueña mi gran amiga Adriana. Creo que Adriana fue la culpable que estudiará derecho, y ahora le ha brindado la oportunidad de aprender con ella, ya ha ganado varios casos importantes con lo cual está cogiendo mucho renombre.

Y bueno que decir más, así… me faltan hablar de los pequeños de la familia Kaulitz. Cuando creía que mi familia estaba perfectamente estructurada, y que ya teníamos suficientes hijos, en una noche loca a Tom y a mí se nos dio por encargar a nuestro cuarto y quinto hijo, lo digo porque resultaron ser gemelos y por encima varones, cosa que hizo que Tom se pusiera muy contento, ya que cuando estuve embarazada de Lizzie se pensaba que iba a ser niño, pero al final le salió el tiro por la culata. William y Thomas, pero cariñosamente les llamamos Billy y Tomi, son unos calcos perfectos de su padre y de su tío.

De hecho, que Thomas tiene el mismo carácter que su padre, aunque espero que no se comporte tan mal con las chicas. Billy sin embargo es un de cielo niño, y muy tierno está apegado mucho a mí, pero está muy unido a su hermano gemelo, son una misma alma, divididas en dos personas. Hoy cumplen 13 años, dentro de unas horas mi casa estará llena de familiares que viene a festejar con nosotros el cumpleaños de mis pequeños, que cada vez ya no son tan pequeños, sino dos hombrecitos metidos de lleno en la adolescencia.

Respecto a Patri y a Bill, a los meses de tener a mi pequeña Lizzie. Patri nos brindó con la buena noticia de que pronto la cigüeña llegaría a su casa, y así fue mi sobrina Melissa, una jovencita de 20 años, con unos ojazos impresionantes azules, y cabello dorado como su madre. Ahora está estudiando psicología. Después pasados unos años, cuando aún mis gemelos no tenían el año, Patri tuvo a otra niña preciosa, que la quiero con locura es una niña muy tierna y está muy apegada a Tomi y a Billy, en cierto modo me recuerda a mí de pequeña, la pequeña Emily apenas tienes 12 años. Ellos tres son los pequeños de la casa.

Sobre Gustav y mi gran amiga Adriana, al final se casaron después de que Adriana insistiera tanto, ya que llevaban 7 años de relación. Ellos tardaron un poco más en tener hijos, solo han tenido un hijo por el momento el pequeño Albert, tiene 11 años. Albert es idéntico a Gustav de pequeño, muchas veces viene a jugar a mi casa con Tomi y Billy. No me puedo olvidar de Georg, os acordáis que estaba saliendo con una chica, que se llamaba Carla, que la había conocido en una discoteca, pues bueno ellos decidieron también dar el gran paso y casarse. Ahora están felizmente casados, con una niña de 11 años llamada Kayla. Pero las sorpresas no acabaron aquí, mi amiga Lilly se acabo casando con Andreas, resulta gracioso porque se conocieron en mi boda, hace casi ya 22 años.

—Dani… cielo ¿Dónde estás? –escuché decir a Tom.

—Estoy aquí en la habitación –grité para que me escuchara.

—Vamos… ¿Qué haces? –preguntó mirándome a las manos.

—Solo estaba mirando esta foto –le mostré la foto a Tom.

—Mantequilla… se le echa muchísimo de menos –susurrando Tom– Estas fueron las primeras navidades que pasaste con nosotros en la casa de mi madre. Eras una mocosa en esa foto.

—No te pases Tom –dije ofendida.

—Una mocosa muy bonita que hizo que perdiera la cabeza, y cordura por el resto de mis días –me abrazó Tom sintiendo como sus labios se posaban en mi cuello.

—Tom… —susurré– No podemos pararnos a hacer este tipo de cosas, tenemos que preparar la fiesta de cumpleaños de los gemelos.

—Exacto… —dijo Tom separándose de mi– Te vine a llamar para ir a buscar el cachorro al refugio de perros.

—¿Crees que será lo correcto? –preguntó a mi marido– Digo hace tiempo que no tenemos un perro en casa, y no sé si Tomi y Billy serán capaces de hacerse responsables de ellos para sacarlo a pasear, a hacer sus necesidades.

—Cielo, los niños quieren un perrito seguro que lo cuidan con mucho cariño –dijo Tom besándome dulcemente en los labios– Vámonos en menos de dos horas llegaran toda la familia y los chicos para celebrar el cumpleaños.

Tom y yo salimos de la habitación, y bajamos las escaleras para llegar al gran salón de la casa. Mi hija Lizzie se encontraba con Melissa adornando con globos, guirnaldas y serpentinas el jardín, que es donde celebraríamos el cumpleaños de los gemelos. Salimos hacia el garaje, Tom y yo nos montamos en su nuevo coche, un audi, y después arrancó el coche para dirigirnos hacia el refugio de perros, donde hace muchísimos años habíamos cogido a nuestra perrita mantequilla. Durante toda la semana, Tomi y Billy habían estado intentarnos convencer de traer un nuevo perro a casa, ellos no habían tenido la oportunidad de conocer a Mantequilla ya que la perrita se murió cuando Lizzie tenía apenas 3 años.

Después de unos veinte minutos, por fin llegamos al refugio. De lejos podía escuchar los ladridos de los perros, intentando atraer la atención para que fuera el elegido uno de ellos. Tom y yo entramos en el interior del establecimiento, esperando a que nos atendieran. Al poco rato apareció una mujer bastante joven, a mi parecer, y no llevó a la zona donde estaban los perros para que eligiéramos. Eché una visual, pero Tom ya tenía elegido al cachorro, al fondo había un pequeño cachorro de labrador completamente negro.

—Hola pequeño –cogió Tom al perrito comenzándolo a acariciar y a rascar en la oreja mientras que este muy contento comenzaba a lamerle la cara.

—Parece que ya has elegido al cachorro –me acerqué a Tom para luego acariciar al cachorro– Así que vamos a tener un nuevo labrador en casa.

—Sí… —dijo Tom mirándome— ¿Qué nombre le pondremos?

—No sé eso creo que lo tienen que hacer los gemelos –contesté a mi marido.

Tom firmó los papeles adopción del animal, y nos dieron la cartilla donde tenían anotadas todas las vacunas que le habían puesto hasta el momento al cachorrillo. Después salimos del refugio y nos fuimos a nuestro coche. Tom arrancó el coche, mientras que yo tenía al cachorro entre mis brazos, durante el trayecto el perrito se quedó dormido entre mis brazos. Cuando llegamos a nuestra casa, Tom aparcó el coche en el garaje, e intentamos pasar desapercibidos al entrar en la casa, ya que los gemelos ya estaban husmeando por allí, y no queríamos que nos vieran con el perrito ya que era una sorpresa.

Accedimos a la casa por la puerta interior del garaje, después nos fuimos a un cuarto que había a lado de la cocina donde dejamos al cachorrillo, para después ir más tarde a buscarlo. Después de eso, me metí en la cocina para preparar lo que se comería en la fiesta, ya lo sé que tenemos suficiente dinero para contratar un catering, pero a mí me gusta hacer las cosas por mí misma. Por la mañana había hecho una gran tarta, para los gemelos, y ahora estaba preparando bocadillos de varias clases, y eso luego lo acompañaría con otras cosas para picar.

—¡Qué rico! –escuché decir a mi hijo Thomas, había entrado en la cocina y estaba comiendo unos de los bocadillos que estaba haciendo.

—Tomi no comas que después no vas a comer –dije en modo de reprimenda a mi hijo– Además tienes que esperar a que vengan los invitados, no es de buena educación.

—Jolines mamá –se quejó mi hijo.

—Vete a jugar con tu hermano Bill –ordené a mi hijo.

—¡Mamá! Ya no tengo edad para jugar, no ves que hoy cumplo ya los 13 años –dijo Thomas mirándome a los ojos– Ahora ya tengo edad para dedicarme a otras cosas, como ligar con chicas.

Después de eso mi hijo se fue por la puerta del jardín, yo me quedé mirando a la nada por donde se había ido. Escuché la voz de Tom, que me hizo sacar de mis pensamientos.

—Dani, ¿Qué pasa? –preguntó Tom al verme tan pensativa.

—Creo que ya es hora que le des una charla a Tomi y a Billy, sobre el sexo –le dije a mi marido.

—¿Por qué? –me preguntó extrañado.

—Thomas ya anda de novias –expliqué a mi marido– Es mejor evitar accidentes, que después no podamos evitar.

—En primer lugar, no creo que Thomas y Bill sean activos, si aún son unos niños –se rió Tom.

—Tú a su edad ya te habías estrenado –le dije a Tom– Conozco a mis hijos, y se cuando ya empiezan a ser activos. Lizzie con 14 años ya tuvo su primera experiencia, así que no me vengas a decir que Thomas y Bill no van a ser activos tempranamente.

—Bueno está bien… Tú ganas –se dio por vencido Tom– Mañana les daré la charla.

—Gracias cariño –me acerqué a darle un beso en los labios– Seguro que se lo explicarás genial, como en su día me lo explicaste a mí, a Sarah, Alex y Lizzie.

Tom se fue de la cocina, ya que había escuchado la voz de Gustav en el jardín, así que fue a recibirlo, mientras que yo continuaba ultimando los detalles. Cuando acabé de todo me fui a afuera para saludar a Adriana, y al pequeño Albert. Después llamé Lizzie que se encontraba con su prima Melissa, para que me viniera a ayudar a poner todas las cosas en las mesas, ya que la celebración comenzaría dentro de nada cuando llegarán todos los invitados.

—Lizzie cariño pon esos platos, servilletas y cubiertos en esa mesa –ordené a mi hija.

—Vale mamá –contestó mi hija mientras comenzaba a distribuir todos los platos, la servilletas y cubiertos en la mesa.

—Lizzie, ¿Te ayudo? –se acercó Melissa.

—Gracias Mel –sonrió mi hija a su prima– Puedes ir poniendo estos platos en esa parte de la mesa mientras que yo voy poniendo los otros en la otra mesa.

—Ok –contestó mi sobrina.

Me fui a la cocina para empezar a traer las bandejas, con toda la comida, y empezar a ponerlas en las dos mesas, que habíamos puesto a lo largo de nuestro gran jardín. Estaba acabando de poner la última bandeja, cuando Bill y Patri llegaron a la casa acompañados de su hija menor Emily.

—Hola tía Dani –se acercó mi sobrina pequeña a darme un beso en la mejilla.

—Hola cariño, que guapa estás –dije a mi sobrina abrazándola y dándole un beso en su mejilla sonrosada.

—Mamá me ha comprado este vestido –dijo muy contenta dando una vuelta sobre si misma— ¿Dónde está Tomi y Billy?

—Supongo que estarán jugando por alguna parte del jardín, cariño –contesté a mi sobrina– Mira vete a ver en la zona de los columpios. Me ha parecido escucharlos.

—Ok. Hasta luego –dijo sonriente mi sobrina marchándose a junto de sus dos primos que, aunque fueran un año más pequeña que ellos, se llevaba muy bien con ellos.

—Te está quedando todo muy bien –escuché la voz de Tom susurrarme al oído.

—Gracias, mi vida –dije abrazando a Tom– Lo estoy intentando hacer con mucho esmero.

—De eso no me queda duda, cariño –dijo Tom acercándose a mí para luego darme un beso en los labios, haciéndome sentir plena.

—NO LA TOQUES –me separé alarmada de Tom, al escuchar aquel grito, para ver quien había sido.

Mi hijo Bill estaba discutiendo con su hermano Thomas, y por lo que estaba viendo había empujado a Thomas al suelo, para luego empezarse a pelear con él. “No tienes ningún derecho” escuché decir furioso a mi hijo Bill, mientras que Tom y yo nos acercábamos apresurados hacia ellos.

—¿Qué HA PASADO AQUÍ? –preguntó Tom con enfado– Es que no podéis estar tranquilos ni el día de vuestro cumpleaños.

—Lo siento papá –dijo Bill apenado– Es que no es justo que Thomas siempre quiera llevar lo mejor.

—Pero eso no te lleva a gritarle ni a empujarle, Bill –dijo Tom con seriedad.

—Ha intentado besar a Emily, yo también quiero besarla, pero ella tiene como preferido Thomas –explicó Bill dejándome un poco descolocada.

—Niños eso no puede ser, porque sois primos y entre primos no puede haber ese tipo de relación –explicó Tom con seriedad.

Después de ese incidente, volvimos todos juntos hacia las mesas, ya que había llegado Simone y Gordon, así que estábamos todos completo. Georg, con su mujer Carla, y la pequeña Kayla que hablaba muy amistosamente con el pequeño Albert, al ser de la misma edad se llevaban muy bien, pero en general todos los pequeños de la casa se llevaban genial, salvo este episodio de ahora.

—Abuela Simone –corrieron hacia ella, Emily, Thomas y Billy.

—Mis pequeños –dijo Simone abrazando a los niños– Tomar…

—Gracias abuela –dijeron Thomas y Billy cogiendo unos pequeños paquetes de regalos.

—Espero que los disfrutéis –dijo Simone muy sonriente– Dani… Tom…

—Mamá –dijo Tom abrazando a su madre— ¿Cómo vas?

—Bueno más o menos a veces la artritis no me deja moverme –dijo Simone caminado con dificultad con el bastón— ¿Dónde están mis nietos mayores?

—Sarah y Alex andan por ahí, Lizzie está con Melissa por la zona de allá –expliqué a mi suegra.

Estuvimos durante un par de horas, comiendo y charlando todos en familia. Éramos una familia muy bien avenida, nos llevábamos todos muy bien. Ahora me doy cuenta de la suerte que he tenido de vivir, con ellos durante tantos años, aunque en mis años adolescentes fuera un poco rebelde llegándome a ir de la protección de mi tía Simone, porque, aunque después de tanto tiempo se descubriera la verdad, de que ningún lazo de sangre nos unía para mi sigue siendo mi tía Simone, la que me ayudo a ser mejor persona, y que cuido de mi durante cuatro años. También doy gracias por a ver conocido a Tom, a Bill y a los chicos porque ellos han sido mi apoyo indudable durante todos estos años, y aunque el tiempo pase rápidamente ante los ojos de cada uno de nosotros, siempre estarán en mi corazón, porque forman parte de vida.

Cuando acabamos de comer todo, me fui a buscar la gran tarta que había hecho para mis hijos, en la cual había 13 velas, listas para encender. Puse la tarta en el centro de la mesa, para luego Tom comenzar a encender las velas con su mechero, sí… después de tantos años no he conseguido que dejara de fumar, ya lo doy por perdido. Tom acabó de encender las velas, y los niños se pusieron al lado de la tarta para apagar las velas, mientras que yo sacaba fotos con mi cámara de fotos, había que sacar fotos para el recuerdo de este momento inolvidable. Cuando los niños pidieron el deseo, y después apagaron las velas, comencé a cortar la tarta para luego servirla en platos para cada uno de los comensales. Después de que cada uno de los invitados acabará de comer la tarta, nos dispusimos a darles los regalos a los niños. Tom se fue a buscar al cachorrillo que teníamos escondido en una sala de la casa.

—¡Papá! –exclamó Bill a ver al cachorrillo revolverse entre los brazos de Tom, para lamerle la cara— ¡Qué bonito es!

—Espero que tu hermano y tú seáis responsables para poderle cuidar. Un animal necesita de cuidados, no es un simple juguete –advirtió Tom a nuestros hijos.

—Claro que lo cuidaremos –dijo Thomas cogiendo al cachorrillo entre sus brazos– Hola pequeñín…

—¡Qué bonito perrito! — dijo Emily acercándose a ellos– Yo también quiero acariciarlo.

—¿Cómo le vamos a poner de nombre? –preguntó Bill a su hermano.

—No sé… —Thomas puso cara de estar pensando– Que tal si lo llamamos Scotty, tiene cara de ese nombre.

—Scotty, me gusta –sonrió Bill acariciándole la pequeña cabecita del cachorrillo.

—Venga poneros los tres juntos para sacaros una foto con el perrito –dije a mis hijos y a mi sobrina.

—Está bien –asintieron los niños.

—Decir Patata –dije mientras preparaba la cámara.

—Patataaaaaaaaaaa… —sonrieron ampliamente mientras que los adultos los mirábamos tan felices, con su tierna inocencia que algún día perderán cuando se hagan más mayores, y dejen de creer en los sueños.

—Voy a ir a dejar la cámara dentro de la casa –susurré a mi marido, para luego adentrarme en el interior de la casa.

Entré dentro de la casa, y me fui a la cocina, que era la que tenía la puerta más cercana y dejé la cámara encima de la mesa. Desde la ventana podía ver como mis hijos, mis sobrinos y los hijos de mis amigos jugaban en el gran jardín de mi casa, al juego típico del pañuelito, mientras que los mayores los observaban, pero al final se pusieron también a jugar siendo mayores contra pequeños. Haciendo una reflexión de todos estos años, tengo que decir que me siento feliz. He visto crecer a mis hijos, unos convertirse en personas adultas y otros entrando en la adolescencia, espero tener la suerte de ver crecer a mis nietos, y poder disfrutar de ellos, junto con Tom hasta el fin de nuestros días.

Me llamo Daniela Alonso Trümper, pero cariñosamente me llaman Dani, y como antes he dicho, tengo 43 años. Desgraciadamente cuando era una niña perdí a mis padres, cuando apenas tenía 11 años, pero con los pasos de los años he aprendido que por mucho que sea el dolor, el sufrimiento, y todos los obstáculos que se pongan en el medio siempre va a ver una luz que nos hará llegar a la felicidad absoluta. Y tengo que decir que soy feliz, viendo como mis propios hijos escriben su propia historia, pero no es momento de contarla, se hará en otro momento porque ahora es mi historia. La historia de la niña, que fui, que creció a base de desilusiones y caídas de las que siempre logré levantarme en la dura realidad.

THE END

Administración: Espero que hayan disfrutado de esta obra. Agradecemos a la autora por permitirnos rescatar y compartir su talento en nuestra web. Y los invitamos a dejar su amor en los comentarios. Gracias por la visita.

por Heiligtkt483

Escritora del Fandom

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!