Inesperado 11

Fic TOLL de Kasomicu

Capítulo 11

A la salida Bill estuvo besuqueándose con Tom, de todas formas haciendo malabares para besarlo sin soltar el arreglo floral, porque no quería que Tom lo cargara hasta que estuviera en su casa, donde lo dejó, y Bill fue a la suya, porque sí o sí debía comer, bañarse antes de volver a salir, como era sábado se suponía que podrían dejarle salir.

Por lo mismo es que se fue corriendo a su casa, donde estaba su mamá, y Bill se fue en su dirección.

—Mamá, mi novio me perdonó, por favor, déjame pasar la noche en su casa, por favor, por favor, por favor —rogó Bill, abrazando a su mamá, en lo que Dunja lo miraba alarmada.

—¿Cómo que dormir en su casa, Bill Trümper? ¿Qué te sucede? ¡Tienes dieciséis años! ¿Te estás escuchando? —preguntó Dunja escandalizada.

Bill soltó un bufido. —Mamá, por favor, no nos engañemos. Tanto papá como tú tuvieron parejas siendo menores de edad, y hasta papá me dijo que a mi edad se escapaba de noche a la casa de sus noviecitas. En unos meses empiezo la universidad, donde viviré en el campus solo, ¿entonces en serio vamos a fingir que seguiré siendo virgen siendo menor de edad? Porque me hablaste sobre la importancia de condones por el susto que tuviste cuando tenías diecisiete años. Es decir… No te juzgo, mamá. Sólo que prefiero ser sincero y decirte: mamá, quiero ir a reconciliarme con mi novio donde sí haremos cosas “de adultos” en su casa, de forma consensuada, pero, heeey, al menos no te debes preocupar de que embarace a alguien porque mi novio es hombre —expresó el pelinegro y Dunja le jaló de la oreja, haciéndolo soltar un “ouch” por el dolor.

—No me hables así, Bill Trümper, pero ya. Está bien, protégete de todos modos, porque si bien no hay embarazos sí existen las enfermedades de transmisión sexual —acotó Dunja, cruzándose de brazos y con el ceño fruncido—. Y mañana quiero que me limpies la casa, y laves la ropa, para que así te dé permiso para que estés saliendo con ese muchachito, que espero que el algún punto lo presentes con nosotros, ya que estás ahí llorando tanto tiempo por él, y hasta tienen relaciones.

—Sí, mami. Te lo presentaré, pero se llama Tom Kaulitz y estudiaba con él —mencionó Bill.

—Ah, ¿el hijo de doña Simone? —inquirió Dunja.

—Sí, nuestra vecina —coincidió Bill.

—¿Pero no era él de quien te quejabas en la escuela? —cuestionó Dunja luciendo confundida.

—Sí, me quejaba de él aunque fuera el más inofensivo de mis bullys, porque Tom era un imbécil closetero, sin embargo, ya está fuera de él, y ya estamos muy bien. Es de hecho un chico muy lindo, también trabajamos juntos en la floristería —comentó Bill, pensando en Tom y que ya quería ir donde él.

—Entiendo, bueno, entonces anda, sírvete tu cena para que te alistes antes de ir —instó Dunja, palmeándole la espalda a su hijo.

—Gracias, mamá, eres la mejor —mencionó Bill, dándole un beso en la cabellera negra de su mamá, para luego ir a la cocina a cenar.

Dunja en realidad se sintió bien de que su hijo estuviera así de feliz luego de verlo como alma en pena toda esa semana. Ella… Bueno, ella sabía que perdió su virginidad a los quince años, y que su esposo a los catorce, así que en realidad sí sabía que no tenía del todo la moral para reclamarle a su hijo que hubiera perdido la virginidad a los dieciséis años, y que sí era una preocupación menos el que la pareja de su hijo fuera hombre porque no podía quedar embarazado.

—Pero mastica, Bill, está bien que estés apurado pero no te pases —reclamó Dunja viendo cómo Bill comía como atascado para hacerlo más rápido, y su hijo lo vio con sus mejillas hinchadas de la comida, haciéndola soltar un suspiro y masajeando su cien.

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Bill después de bañarse en tiempo récord, lavándose los dientes, maquillándose y poniéndose buenos bóxers (los más presentables y sin huecos para ver a Tom), es que salió corriendo de su casa, metiéndose entre los arbustos, para convertirse en gato y luego mantener ese ritmo con sus patas ágiles para meterse por la puerta de mascotas que tenían en la casa de Tom, notando cómo estaba ahí su suegra.

—¡Noctito, mi amor! Ya decía yo cuándo volverías —comentó Simone, acariciándole el lomo a Bill, y claro, él le ronroneó, recibiendo el cariño de buena gana, aunque en realidad quería irse para la habitación de Tom—. Pero, ve, corre, plomito, que le haces mucha falta a mi rubiecito, cuídalo mucho, ¿ok? No te desaparezcas así como así, él te quiere mucho —le habló la mayor.

Bill le lamió la mano a su suegra, y se fue en dirección al cuarto de su novio.

—Parece tan humano este gato —masculló la rubia, para luego alzarse de hombros y volver a su cuarto.

Bill esperó que sonara el cerrarse de la puerta del cuarto de su suegra en el primer piso, para transformarse en humano, abriendo el pomo de la puerta del cuarto de Tom, encontrándolo viendo tiktoks en su celular, en lo que tenía una mano dentro del frasco de skittles, sacando unos para metérselos a la boca, y levantó la vista cuando escuchó la puerta abrirse, sonriendo en lo que chupaba sus golosinas.

Bill se había percatado que Tom había puesto las flores en un florero con agua que estaba en su escritorio, Tom palmeó el costado de su cama, instando a que Bill se subiera, el pelinegro puso seguro a la puerta de su novio, y luego se acercó a la ventana, corriendo las ventanas para que no pudieran ver nada de lo que pasaría dentro, y finalmente, quitándose las zapatillas para ubicarse al lado de Tom, dejándole un beso a modo de saludo.

—¿Quieres? —ofreció Tom, extendiéndole el frasco de skittles.

—Mejor te quito los que tienes en la boca —farfulló Bill, besándole la quijada, en lo que el de rastas reía.

—Eres un cochino, Bill —musitó Tom.

—¿Qué tendría de malo que me coma los dulces que tienes en tu boca si ya te comí el pene y el culo? No me das asco, me gustan todos tus fluidos, incluyendo tu saliva —arguyó Bill, besándole el cuello, y Tom sintió cómo los vellos se le erizaban por aquel contacto de los labios del pelinegro sobre su piel.

—¿Entonces si estoy masticando un chicle y te lo doy tampoco te daría asco? —inquirió Tom, en lo que giraba levemente el cuello para dejar que Bill siguiera besándolo en aquella zona, percibiendo cómo se estaba excitando.

—No… Nada de ti me da asco —respondió Bill, colando su mano debajo de la camiseta de pijama de Tom, sintiendo su vientre contra la yemas de sus dedos.

Tom soltó un suspiro, decidiendo masticar los dulces porque quería comerse a su novio también, quitándose la ropa, en lo que veía a Bill imitándolo, quedando ambos desnudos, besándose encima de su cama, en lo que empujaban sus pelvis la una contra la otra, haciendo que saborearan sus lenguas, y se abrazaran haciendo que casi no hubiera una separación entre sus cuerpos.

—Te extrañé mucho, me aterraba tanto, tanto, tanto perderte, que no te haces una idea —masculló Bill, para luego lamer y morder su cuello, haciendo que Tom siseara.

—Yo también te extrañé… Muchísimo, y también a Nocte, lo malo de que tú seas mi gato, es que ya perdí a mi mascota —mencionó Tom, moviendo las caderas para que siguieran friccionándose sus erecciones.

Bill dejó de morderle el cuello. —¿Quién dice que tengo que dejar de ser tu mascota? Sólo sabrías que soy yo, pero puedo seguir transformándome para que me acaricies como Nocte, sólo que ya no me lleves al veterinario porque me queda doliendo el culo por el termómetro, y sabe a mierda el desparasitante. Sin contar que es inútil que me des comida o compres arena, nunca la usaré, ahora será más fácil para mí ir al baño por que me transformaré en humano y bueno, lo ocuparé —musitó el pelinegro, para ponerse a mordisquearle la quijada a Tom, en lo que el de rastas procesaba lo oído.

—¿Entonces puedo seguir teniendo a Nocte? Vaya… Así que me tendrás que dejar que tomarte sí o sí más fotos, porque los patrocinadores me están queriendo hasta dar dinero porque uses sus ropas —mencionó Tom.

Bill suspiró. —Sí está bien me portaré bien y te dejaré que me vistas ridículamente —cedió el pelinegro, para seguir bajando, comenzando a lamer el pezón de Tom, y luego seguir descendiendo, chupando la zona de las costillas y después ir por su vientre, echando a Tom de espaldas, en lo que le chupaba el hueso de la cadera—. Mierda… Me encantas, extrañé todo de ti —acotó para ahora besarle los muslos, haciendo que Tom suspirara.

Fijándose cómo Bill le levantaba las piernas, lamiendo su pene por fuera, simples lametazos, para después ir en dirección hacia los vellos de sus testículos y seguir descendiendo, lamiendo el perineo, chupando la raja del culo de Tom, haciendo que el de rastas se tapara la boca, porque seguía siendo muy intenso el percibir cómo eran estimuladas las terminaciones nerviosas de su culo.

Bill mantuvo abiertas sus piernas porque Tom, por instinto, buscaba cerrarlas, pero no, Bill lo tenía así abierto, chupándole el culo, colando una lengua dentro, saboreando su almizcle, en lo que sentía cómo estaba con su polla goteante por besarlo, y ahora estar lamiéndolo con ganas, como si realmente fuera un maná de los dioses el estar saboreándolo desde adentro, mientras Tom se tapaba la boca con una mano, pero con la otra aferrado a la sábana, sintiendo que eran muy potentes las sensaciones…

—Bill… Necesito que me hagas el amor —pidió Tom con voz apretada, y Bill dejó de paladear su sabor hurgando con su lengua dentro su culo, asintiendo, para sacar el lubricante desde el lugar de siempre, para comenzar a prepararlo, en lo que veía a Tom masturbarse mientras Bill lo abría con movimientos de tijeras, en lo que al arquearlos le daba en la próstata, viendo a Tom morderse el labio inferior, fijándose cómo es que los ojos de Bill brillaban—. Tus ojos brillan en la oscuridad… —soltó acezado el de rastas, en lo que Bill le metía ahora tres dedos con una cantidad generosa de lubricante.

—Sí… —respondió Bill, para volver a besarlo, jugando con su piercing dentro de la boca de Tom, quien se aferró al cuello de Bill.

—Quiero montarte —masculló Tom contra el oído de Bill, el cual se estremeció—. No es que me queje del misionero, pero así es como lo hicimos la primera vez, y quiero ver si es tan rico como las partes que recuerdo —arguyó el de rastas, y Bill, lo besó nuevamente, girando los dedos, en lo que Tom soltó un jadeo.

—Sí, móntame, vaquero —cedió Bill, sacándole los dedos, y poniéndose a un lado en el colchón—. Autoservicio, Tomi —masculló el pelinegro y Tom rió, en lo que echaba lubricante en su palma para embadurnar sobre la polla erecta de su novio, haciendo que Bill se mordiera el labio al sentir la mano hábil de su novio sobre su dureza.

Para después Tom levantarse y acomodarse, alineando la erección de Bill en su hendidura, en lo que empezaba a bajar sobre la virilidad de su novio, boqueando porque de aquella forma lo sentía más profundo… Así que poco a poco fue bajando, en lo que su interior se acoplaba a aquella dureza que estaba haciendo que Tom se arqueara y siseara… Bill tenía un buen tamaño, un poco más grande que su pene, y bueno, no es que él mismo fuera una persona con un pene pequeño, no, pero Bill sí le ganaba por al menos unos tres o cuatro centímetros, sin contar el grosor, así que por ello era complicado estar penetrándose a sí mismo, sin embargo, sí estaba disfrutándolo pese al dolor.

Cuando Tom se terminó de empalar a sí mismo, con Bill tomándolo por la cintura, porque necesitaba aferrarse a algo para no correrse, al percibir todo el calor sobre su miembro, y cómo Tom lucía hermoso con sus rastas sueltas, desnudo por completo encima suyo, con su ceño fruncido, sí, pero no adolorido, porque se relamía los ojos, en lo que él mismo se relajaba, abriéndose para asfixiar a Bill con su trasero.

Tom abrió los ojos con aquellas pestañas que Bill amaba, en lo que el pelinegro seguía acariciándole a Tom, disfrutando de cómo se sentía su piel contra sus palmas, y cómo la miel en los ojos de Tom hacían que se le corte el aliento.

—Eres hermoso —dijo Bill, en lo que Tom se comenzaba a impulsar para recibir el polla de Bill dentro suyo, moviendo sus caderas, y dándole sentones a su novio, en lo que se masturbaba, buscando con aquel onduleo de su pelvis el estimular su próstata, y sí, estaba en control, en completo dominio al momento de autopenetrarse, realmente se hacía un autoservicio como bromeó Bill.

—También lo eres —cedió Tom en un jadeo, siguiendo con el ritmo encima de Bill, el cual se mordió el labio inferior, porque realmente Tom apretaba muy bien, y verlo disfrutar al montarlo pues sólo acrecentaba el placer que le recorría el cuerpo—. Bill… Ay… Realmente te sientes muy bien así —agregó el rubio, sin dejar de saltar sobre el miembro de Bill.

Tom mismo buscaba su propio clímax, gozando no sólo por estar llevándose al orgasmo, sino también por las expresiones de Bill, cómo es que estaba disfrutándolo, apretando su interior intencionalmente para ver cómo es que Bill ponía los ojos en blanco por aquella sensación tan… De otro mundo. Porque sí, se habían extrañado, y sí, estaban teniendo relaciones, tal vez no con besos por la posición, pero no por ello con menos amor del que se tenían, en realidad, de hecho pese a todo, el afecto que tenían el uno por el otro se había acrecentado, porque habían tenido un vistazo de lo que sentiría separarse o perderse… Y si bien las circunstancias no hubieran sido las adecuadas, de todas formas estaban muy enamorados el uno del otro.

Tom siguió moviéndose sobre la virilidad de Bill, quebrándose al momento de estimular su próstata, mordiéndose el labio inferior porque sabía que sino gritaría o algo y su mamá estaba durmiendo en el primer piso, así que debía controlarse al menos con eso.

Bill sentía que se iba a correr en cualquier momento, teniendo por momentos flashes de su primera vez… El mismo mucho bailándole sobre su verga, con esa expresión de concentración… O cómo Tom se relamía los labios, pasando su lengua por encima de su piercing, sin dejar de ondular sus caderas, sintiendo tan profundo a Bill que hasta Tom mismo ponía los ojos en blanco por aquella intensidad.

Bill incrustó las uñas negras en la cintura de Tom, corriéndose con fuerza dentro del rubio cuando lo apretó particularmente en mayor medida, corriéndose contra su puño y vientre de Bill.

Tom se levantó con cuidado, para no lastimarse a sí mismo al sacar el miembro de su novio, y se acurrucó a su lado, tomando por la cintura a Bill para verle.

—Sólo me echo por mientras, que luego quiero repetir —advirtió Tom, sonriente.

—¿Otra vez quieres montarme? —cuestionó Bill, besándole con cariño los labios.

—No… Creo que intentaremos otras posiciones, estuvo rico sí, pero también me cansa en los muslos —masculló Tom, riéndose.

—Bueno, habrá que buscar en las pornos posiciones qué poner en práctica —bromeó Bill, mientras miraba a Tom jugar con su dedo y semen estaba en el vientre de Bill.

—Todo el tiempo me estuviste vigilando, ¿no? Maldito degenerado —acusó Tom, pero sonriente, en un tono que evidenciaba que era por molestarlo, y Bill se alzó de hombros.

—No es mi culpa que te masturbaras frente a mí, y sí, por eso aprendí cómo prepararte mejor, observándote hacerlo. Es duro pero podría hacer lo de estar en mi versión gato para quedarme a dormir, así tendrías tiempo para tomarme fotos, y también para disfrutar de “Nocte” —ofreció Bill.

—Sí, te tomaré la palabras, pero después de repetir, porque si bien me gusta acurrucarme contigo, también extraño a tu doble personalidad peluda y algo bipolar —masculló Tom, sonriéndole a su novio.

—Y la ventaja sería que ahora no necesitarás masturbarte viendo porno porque me tendrás aquí, a una transformación de distancia, para quitarte las ganas —susurró Bill contra el cuello de Tom, lamiéndoselo, saboreando su sudor, haciendo que Tom jadeara.

—Ay… Creo que sí es conveniente tener un novio que se puede convertir en gato —farfulló Tom, sintiendo cómo comenzaba a endurecerse nuevamente al sentir a Bill lamiéndole el cuello, en lo que le chupaba ahora la zona.

—Sí… Seré tu amante, y también tu gatito de patitas suaves —musitó Bill, mordiéndole el lóbulo de la oreja.

—Pero te quiero presentar con mi mamá en algún momento —acotó Tom, mordiéndose el labio para que no se le escapara otro gemido.

—Yo también quiero que conozcas a mis padres. Ellos ya saben de ti —mencionó Bill, para ahora delinear la clavícula de Tom con su lengua.

—Aún no le digo a la mía que soy gay, pero lo haré pronto… Uhm… Porque quiero hacer lo de… Ponerte de animal de compañía en la universidad, para que me cojas fuerte en mi cuarto, y no atraer la atención de que mi novio de otra carrera esté en mi habitación todo el tiempo —comentó Tom, con Bill sujetándole el miembro para masajearlo, haciéndolo chirriar sus dientes por el placer.

—Sí… Me encantaría ser tu animal de soporte emocional… Pero darte toda mi polla, digo, mi apoyo —chanceó Bill contra su hombro.

Tom rió. —Eres un baboso —soltó el de rastas.

—Sí, pero soy tu baboso —cedió Bill, volviendo a besarle los labios, para jugar con el agujero de Tom, que aún tenía su semen, metiéndole el dedo, ejerciendo presión con aquella esencia como lubricante, en lo que Tom empujaba su trasero contra la mano de su novio.

Sabían que la noche aún era joven para sus cuerpos ardientes que mantenían la añoranza por recuperar el tiempo perdido, y el deleite de la reconciliación.

Continúa…

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por Kasomicu

Escritora del Fandom

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