Irrevocable 2 (P.2)

Fic de unicornlitz. Temporada III

Capítulo 2 (Parte 2)

TOM

Travis se fue después de decirme aquellas palabras. No supe cómo sentirme al respecto. No mentí al decir que yo no soy como él porque es verdad, y es vergonzoso admitir que no soy fuerte cuando se trata de problemas con Bill. Ahora mismo me sentía incapaz de poder hacer algo para arreglar las cosas y eso me tenía mal.

Si tan solo pudiese saber cómo estaba él, si había estado comiendo bien, si seguía llorando por mi culpa… yo… y-yo quisiera que él ya no sufriera. Me consumía todo lo que pudimos haber sido y lo que sí pudimos ser, porque para mí estaba muy claro que él es y será siempre el amor de mi vida. Y me consumía no saber si eso ya había cambiado para él o si seguía siendo su todo.

Llevaba horas mirando el techo de mi coche, esperando que algo cambiara, que el día de ayer fuera solo un mal sueño. Pero no lo era. Si pensaba en las noches que había pasado solo, diría que el frío en el lado vacío de la cama era real, y el peso que sentía en el pecho también.

Trataba de armar las piezas de esa noche en mi cabeza y no podía. Había un vacío enorme en mi memoria, una desconexión total entre lo que sé que soy y lo que me decían que hice. No era una excusa, no buscaba compasión; era la verdad. Me aterraba darme cuenta de que fui capaz de cruzar una línea sin siquiera entender en qué momento lo decidí.

Me desconocía por completo, así como los demás.

Me preguntaba cómo mi cuerpo pudo estar ahí, cómo pude tocar a alguien más, mientras todo mi mundo, todo lo que realmente me importaba, estaba en otra parte. Pensar en él era lo que me deshacía por completo. Él, que me dio todo su amor sin condiciones.

Le prometí que lo cuidaría, siempre le quise hacer ver que conmigo siempre estaría a salvo del mundo, y terminé siendo yo quien lo destruyó. No podía quitarme de la cabeza la expresión de su cara cuando se lo dije. No había gritos al inicio, solo una mirada de absoluta decepción que me partió el alma. Ver al amor de mi vida romperse frente a mí, sabiendo que yo sostenía el arma, era una culpa que no sabía cómo cargar.

¿Cómo hago?

Arruiné lo nuestro.

Rompí el refugio que tardamos años en construir, y lo hice en un par de horas que ni siquiera podía recordar del todo. Sabía que lo lastimé profundamente, que apagué algo en sus ojos que tardaría mucho tiempo en volver a brillar, si es que alguna vez lo hacía por mí.

Sentía una impotencia que me ahogaba.

Daría lo que fuera por regresar el tiempo, por cambiar de lugar con él y recibir yo todo ese daño, pero no se podía. Solo me quedaba ese vacío, ese silencio que odiaba y la maldita certeza de que, buscase donde buscase, el único culpable de haberlo perdido todo era yo.

Y sí, estaba llorando. Y sí, estaba completamente destrozado. Y sí, sabía que eso no era suficiente. ¿Cómo explicaba que me estaba muriendo en vida? ¿Cómo lo hacía palabras cuando ni yo podía entenderlo del todo?

El día avanzaba para los demás pero para mí no. Seguía dándole vueltas a la cabeza, buscando una explicación que no existía.

¿Cómo se perdona algo que ni siquiera entiendes?

No recordar los detalles de esa noche no me quitaba culpa, al contrario, me hacía sentir más peligroso. Me daba miedo mi propia mente. Si fui capaz de arruinar lo más sagrado que tenía en un momento de desconexión, ¿cómo podía volver a confiar en mí mismo? ¿Cómo podría pedirle a él que volviera a confiar en mí?

A veces me daban ganas de llamarlo, de escribirle un mensaje larguísimo explicándole que me moría por dentro, que lo extrañaba tanto que me costaba respirar. Pero me detenía. Sabía que si lo hacía, sería por egoísmo. Sería para aliviar mi propia culpa, no para curar su dolor.

Él necesitaba espacio, necesitaba procesar que el hombre en el que confiaba ciegamente resultó ser el mismo que lo apuñaló por la espalda.

Me costaba aceptar que el amor no siempre es suficiente para arreglar las cosas.

Lo amaba con cada fibra de mi cuerpo, lo adoraba tanto que me dolía el pecho, pero el amor no borra el daño. Me tocaba sentarme a solas con mis errores, y aprender a vivir con la peor certeza de todas… que la persona que juré proteger de todo mal, hoy tenía que protegerse de mí.

Me encontraba en el estacionamiento del bar. Había pensado en salir y simplemente me quedé allí dándole vueltas a tantas cosas. Incluso aproveché para fumar, y no sabía cuánto tiempo había pasado. Ni siquiera sabía a dónde iría al subirme al coche, solo quería escapar. Mi mente era un completo infierno y no podía con eso, no lo podía soportar yo… yo no era tan fuerte. Mucho menos sabiendo que eso era culpa mía.

Unos golpes en la ventana de mi coche me hicieron sobresaltar un poco porque no me lo esperaba. Con desgano limpié mis lágrimas, que ya casi se secaban en mis mejillas, y miré a la ventana del lado del copiloto. Era Bach. No me lo pensé tanto para abrirle la puerta y él entró en el coche, soltando un pequeño bufido mientras cerraba la puerta. Tragué saliva sin saber qué hacer al respecto.

—¿Cómo vas?— me preguntó sin verme, poniendo sus pies en el salpicadero del coche con familiaridad —Travis está enojado porque tuvo que aplazar la reunión con los de la alianza… otra vez.

—Travis es un idiota que no entiende que yo no tengo cabeza para nada de la organización en estos momentos— musité con desgano. Cogí la cajetilla de cigarrillos que tenía en mi regazo y encendí uno nuevo a pesar de que ya había fumado demasiados. Bajé el vidrio de la ventana de mi lado para que el humo no se acumulara dentro —Sé que quiere que me distraiga, pero yo…— negué con la cabeza —Simplemente no puedo.

—Claro— murmuró, asintiendo lentamente con la cabeza —Yo entiendo. No ha de ser fácil para ti… ¿Recuerdas cuando recién empezabas tu relación con Bill? Que fue a tu apartamento y se encontró con uno de los ligues de Andreas… pensó que era tu amante.— soltó una risita —Me acuerdo cómo te pusiste. Te volviste loco porque cuando fuiste a buscarlo a su casa resultó que te había prohibido el paso. Aún así buscaste la manera para hacer que él te escuchara y le pediste disculpas aunque… no hiciste nada malo. Solo recibiste a Andreas en tu apartamento y le distes posada por una noche.

—Sí recuerdo— musité tras soltar el humo que había mantenido retenido al haberle dado una calada a mi cigarrillo. El humo se dispersó poco a poco —Recuerdo que me bloqueó de todos lados.

—Pues esta situación me recuerda mucho a eso, Tom— expresó —Me cuesta creer que tú lo hayas podido engañar, así hayas estado ebrio. No puedo procesarlo. Chantelle me dice que perro por muy domesticado que esté, siempre que tenga la oportunidad sacará a relucir su verdadera naturaleza.

—Chantelle me odia.

Bach se echó a reír, —Sí, lo sé. Me dijo que deseaba que Bill no te perdonara nunca— me contó y luego suspiró —¿Sabes algo de él?

Hice una mueca con mis labios y negué con la cabeza.

—No sé absolutamente nada de él— le respondí —Intenté averiguar algo por medio de Sophia, ya que ella está con él, pero no me dice nada. Solo aprovecha para insultarme— me atreví a mirarlo esta vez —¿Sí sabes quién es Sophia, verdad?

Él soltó una pequeña risita y asintió con la cabeza.

—Travis me puso al tanto de todo.

—Sí, me lo dijo— murmuré.

—Yo hablo con él, con Bill.— me soltó de golpe y yo fruncí el ceño confundido —Tengo su número. Soy su bestie— chistó, cosa que sí me hizo reír un poco porque lo dijo de una forma divertida —Pero no sé si deba contarte algo.

—Podrías decirme si está mal para sentirme más miserable…

—Okey, pues sí sigue mal— musitó asintiendo reiteradas veces con la cabeza —Pero intenta seguir adelante. Está tomando pastillas para dormir y para comer porque por sí solo no puede. En pocas palabras, está en depresión, pero él no lo ve de esa forma. Sin embargo, yo sé que lo está.

Mierda. Sí que me hizo sentir aún más miserable escuchar eso.

—¿Por qué no has ido a buscarlo?

—No me dejan.

—¿Y desde cuándo haces lo que te dicen los demás? Creí que odiabas que te mandaran.

—Lo odio— confirmé —Pero sé que no puedo ir y aparecerme frente a él, ¿a qué? ¿A pedirle perdón diciéndole lo más patético que puedo porque ni siquiera sé qué pasó con aquella mujer, y no tengo nada con qué explicarme? Sé que si voy estaría lastimándolo con mi presencia, y lo último que quiero es hacerle sentir mal.

—¿Entonces?

—Esperaré a que él esté listo para volver a verme a la cara— solté con todo el dolor del mundo que sentía en esos momentos.

—Ay Tom…— suspiró él —Siempre metiéndote en problemas, ¿mhmm? Parece que eso no cambió. Siempre con la cabeza conectada con el culo, porque con cada cosa que piensas y haces la cagas.

Sonreí un poco.

—Parece— repetí con un corto asentimiento de cabeza —Y esta vez no creo que haya una solución para arreglar las cosas. Es lo más jodido.

—Todo está en manos de lo que Bill decida.

—Como siempre— le recordé.

—¿Y lo dejarás ir?

—Si me lo pide…

—Uh… amigo, ¿desde cuándo eres tan cobarde?— interrogó, mirándome con una ceja alzada —Te recordaba más decidido y capaz de hacer lo que sea en contra de quien sea para evitar que te separasen de él. ¿Acaso diez años han sido suficientes para cambiar eso?

—Es que no tengo opción.

—Sí que la tienes— aseveró —¿Sabes por qué te saqué aquel recuerdo y por qué te dije que esta situación me recuerda a eso?— negué con la cabeza —Aquel suceso pasó por un malentendido, ¿qué tal si esta vez también lo es? No es que esté tratando de defenderte, ¿eh? Soy Team Billie aquí, pero aunque no lo parezca yo… le tengo cariño a ese orgulloso niñato. No quiero que sufra. Y tampoco me gusta verte así de masacrado, cuando siempre has sido fuerte ante cualquier situación. Y me da coraje que estés dispuesto a dejar ir a Bill, joder, eso no lo haría el Tom que yo conozco…

—Ese Tom ya no existe.

—No seas estúpido— me riñó —Sigues siendo el mismo, solo falta que salga en todo su esplendor. Hay que darte una patada en el trasero para que el cerebro te trabaje como antes, a medias, pero que trabaje.

Bach no cambia.

—Deberías averiguar qué pasó realmente aquella noche.

—No tengo cómo.

—Sácale información a la vieja con la que te metiste, si es que resulta ser cierto que pasó algo ahí— frunció el ceño de la nada —¿Cómo te fijaste en semejante cosa tan fea? Quiero decir… esta tipa nada que ver, ¿eh? ¿Sabes qué dijo Chantelle? Dijo: «Se llama puta, se apellida perra, pero de cariño le diré Putilina. Y a Tom ojalá y se le caiga el puto pene por meterlo en aquella cloaca.»

Oh dios.

—Y si te contara lo demás… buff— negó con la cabeza —Se queja sobre él porque, si tanto sufres, no sacas a las putas con las que te acostaste cuando creías a Bill muerto, o a la Putilina, del bar. Y yo también me pregunto lo mismo.

—Catalina solo es una víctima más aquí.

Bach me miró sin creer que yo hubiera dicho eso.

—Aquí la única víctima es mi bestie. ¿Esa morronga qué? Realmente estás dormido, amigo— chasqueó sus dedos frente a mi cara —Estás mal pensando así.

—Ella también estaba ebria, Bach.

—¿Y? Yo sé cosas que tú no porque Bill me ha contado. Deja la pendejada, en serio. ¿Putilina víctima?— se echó a reír —Nada de eso, mi esposa tiene razón, es una zorra que sabía lo que estaba haciendo. No puedes ser tan ciego.

No podía pensar en eso de esa forma.

Desvié la mirada al volante y solté un suspiro, dándome cuenta de que mi cigarrillo estaba casi consumido por completo. Le di una calada profunda, sintiendo el humo llenarme los pulmones, y luego tiré la colilla por la ventana.

—¿Esposa?

—No me cambies el tema— aseveró con el ceño fruncido.

—No lo hago.

—Bueno, entonces haz algo para solucionar este problema.

—¿Y qué podría hacer?

—No sé, mastúrbate el cerebro para que eyacule ideas, Tom.

Mierda.

—Tú sí que no cambias.

—No, papi, ¿cambiar yo? Eso es de semáforos, yo sí estoy en mi mejor versión— musitó con aires de grandeza, pero luego se echó a reír —Pero te lo digo en serio, no creo que a Billie le guste la idea de que no hagas ni el mínimo intento de recuperarlo. Estarías alimentando la idea que tiene de que él no te importa.

—¿Él piensa eso?

Lo sabía.

—Mejor cierro la boca— se dijo a sí mismo —Solo te estoy aconsejando, aunque quizás me manden a dormir al sofá por hacerlo. Chantelle no quería que lo hiciera.

Solté una pequeña risita, sin sentirme de buen humor.

—Ella nunca va a perdonarme— murmuré con mucha pena —Y yo te debo unas disculpas, ya Travis me regañó por no hacerlo antes.

—Travis haciendo papel de hermano mayor, pero a ver, discúlpate, perro. Diez años y si no fuese por mi bestie no habría salido de ese hueco— soltó.

—Lo siento, de verdad.

—Está bien.

—Ni siquiera he terminado.

—Da igual, Tom. Comprendo por qué no lo hiciste antes, ¿okey? Sé que lo sientes.

—Ahora Chantelle te dejará durmiendo afuera por haberme perdonado tan rápido.

—Espero que al menos me dé una almohada— se burló —Le debo enseñar que yo estoy modo: «Only Love, Don’t Hate.»

—¿Qué?

—Esa frase la creó Bill en la cárcel. Era nuestra hakuna matata adaptada a nosotros y nuestro entorno lleno de ratas y mierda.

Dios mío.

Me da un golpecito en el hombro y me sonríe para darme ánimos —Hazme caso, no siempre se tiene el privilegio de oír mis buenos y grandiosos consejos, ¿eh?

Sonreí a duras penas —Te lo agradezco.— le dije con sinceridad.

&

Buscar a Catalina no fue del todo difícil, sabía que se encontraría en los bastidores de las bailarinas ajustando lo que quedase pendiente para el show de la noche. Así que me dirigí a su oficina, abrí la puerta sin siquiera tocar y la encontré al otro lado de su escritorio terminando de atender una llamada porque estaba colgando el teléfono convencional.

Al verme se sorprende un poco. Sus cejas se elevan y sus labios se separan. —Klaus…— murmuró mi nombre y luego sonrió gentilmente —Hacía días que no te veía.

Entré de lleno en la oficina pequeña y cierro la puerta detrás de mi. Me acerco al escritorio y suspiro —No he estado pasando por buenos días.— le hago saber por si no era obvio ya que lo estaba pasando mal.

Ella bufó —Lo sé.— soltó en un susurro pequeño mientras yo tomaba asiento frente a ella. —¿Cómo haz estado?— me preguntó. —Me he preocupado mucho por ti. Nadie quiso decirme nada específico o simplemente no sabían dónde estabas porque les pregunté a varios y nada de nada.

Resoplé —Estaba ocupado tomando hasta perder la consciencia, Catalina— le respondí con mi tono de voz despectivo y cortante —Estaba encerrado en mi apartamento bebiendo. Por si lo olvidas, lastimé al amor de mi vida de la peor forma posible. No es como si fuese a andar por ahí actuando como si nada hubiera pasado. Así que solo hice lo único que sé hacer bien últimamente y me tiré en el sofá a beber como alcohólico. Pero, ¿a quién diablos le importa realmente?

—¿Cómo que a quién le importa?— repitió ella con incredulidad —A mí me importa mucho, Klaus. No por nada te lo pregunto. Sé que estás pasando por un momento horrible, pero realmente no deberías beber tanto. Es autodestructivo.

—No lo entiendes— espeté —No puedes entenderlo.

—¿Le contaste finalmente a Benjamín?— preguntó —¿Sobre nosotros?

—Sí— confirmé con la voz ronca.

—¿Y qué pasó exactamente?— preguntó con la curiosidad que no se molestaba en ocultar.

—¿Pues qué diablos crees que pasó?— contesté algo tajante —Se puso completamente mal. Se derrumbó frente a mí. Y me dijo un montón de cosas que…

Me corté abruptamente de seguir con la frase. Realmente me dolían físicamente, porque eran como puñaladas directas al corazón, y me seguían doliendo constantemente las últimas palabras de mi morenito.

Me remojé los labios secos.

—Lo he perdido completamente— dije con voz quebrada —Y lo peor es que no puedo hacer nada activo para intentar recuperarlo. Porque sé que él necesita sanar sin tenerme cerca. Me odia. Le rompí el corazón en pedazos. Y no tienes ni idea de lo mucho que me duele en lo más profundo haberle hecho eso específicamente a él.

Porque de todas las personas en el mundo, Bill era quien menos merecía ese dolor.

—Klaus… yo…— ella intentaba hablar, su voz tenía un atisbo de tristeza —Lo siento muchísimo por ti. De verdad.— tomó una pequeña bocanada de aire —Si quieres puedo intentar hablar con él personalmente y decirle que…

—¿Hablar con él?— interrumpí abruptamente, mirándola con incredulidad. ¿Cómo se le ocurría sugerir algo así? —¿Estás loca?— negué con la cabeza violentamente. —Joder, Catalina. Mi moreno te tiene que tener una rabia monumental. Mejor no hagas eso bajo ninguna circunstancia. Solo empeorarías exponencialmente mi situación en todo esto. Sería como echarle sal a la herida.

—Okay, okay, está bien— aceptó ella rápidamente, levantando las manos en gesto apaciguador —Entonces ¿qué piensas hacer?

—Tengo que esperar simplemente…— respondí —Darle tiempo. Espacio. Dejar que sane.

—¿Esperar a qué exactamente?— interrogó —Dudo seriamente que Benjamín se demore solo un par de semanas en procesar la situación emocionalmente.— decía —Dudo que sane en menos de un mes o dos. Como también dudo muchísimo que venga voluntariamente para hablar contigo cuando esté listo. O en el mayor de los casos, que te acepte las disculpas si tú vas a buscarlo eventualmente.

Sorbí de la nariz —No puedo quedarme simplemente de brazos cruzados sin hacer nada— protesté débilmente.

—Deberías quedarte exactamente así, Klaus— me dijo, mientras sonreía un poco —Sinceramente no creo que Benjamín te perdone esto. Y si por algún milagro lo hace… dudo muchísimo que quiera volver contigo como pareja.

Lo mismo me había dicho Travis.

—¿Te digo por qué pienso así? ¿Quieres saber mi perspectiva?

—Por favor…— acepté.

Catalina respiró profundamente —Porque él vino a buscarme un día específicamente a los bastidores privados de las bailarinas— me comentó —Hace un tiempo. Me reclamó agresivamente por estar cerca de ti, me prohibió explícitamente seguir acercándome a ti bajo cualquier circunstancia.

¿Que? ¿Cuándo, como, en qué momento?

—Obviamente yo traté de hacerle ver razonablemente que yo no me acercaba a ti con dobles intenciones románticas— continuó ella —Que solo era por temas estrictamente de trabajo. Le expliqué que tú eres mi jefe técnicamente. Pero me dijo muy agresivamente que no le importaba en absoluto. Que haría que tú me echaras del trabajo. Y hasta me bofeteó fuerte…

Soltó una risita sin nada de humor.

—Me dijo que no me quería cerca de ti— yo estaba más que confundido porque no sabía nada de eso —porque supuestamente te conocía muy bien. Y conocía tu «fama de mujeriego». Algo así me dijo casi con desprecio. Como si fueras un perro en celo incapaz de controlarte.

—¿Qué?— jadeé.

¿Mi Billie precioso, mi morenito, ya dudaba tanto de mi? ¿Ya desconfiaba de mi fidelidad hasta ese punto extremo?

Eso hizo que me sintiera algo profundamente desanimado y decepcionado de mi mismo. ¿Qué exactamente hice mal anteriormente para que mi morenito desconfiara así de mí? ¿Acaso me había olvidado de demostrarle mi amor adecuadamente en algún detalle importante?

Porque sí, estaba el tema de las bailarinas meses atrás y todo ese otro rollo problemático. Pero Billie me había perdonado después de hablar. Habíamos superado eso.

¿Acaso yo le había demostrado mal mi amor a mi moreno? ¿Me faltó demostrarlo aún más? ¿Qué pasó específicamente para que Billie desconfiara tanto de mi amor por él como para acabar buscando a Catalina y prohibirle tan agresivamente estar cerca?

No es que yo estuviera enojado con Bill por desconfiar de mi. Ni mucho menos molesto por que Bill hubiera buscado a Catalina para advertirle. Me sentía más bien profundamente decepcionado de mí mismo. Porque si mi morenito dudó hasta ese punto, obviamente fue por mi propia culpa. Como siempre.

Algo hice definitivamente mal anteriormente para que mi nene desconfiara así.

—Sí, como lo oyes, Klaus…— dijo Catalina, su voz me trajo devuelta a la realidad. Sacándome de mi mente.

—Catalina…— le llamé después de varios segundos tensos, con mi voz literalmente pendiendo de un hilo delgado —Yo vine hasta aquí porque te tengo una pregunta importante y por favor, te lo suplico, contéstame con la verdad.— la miré a los ojos —Sé sincera conmigo. Te lo suplico de verdad, ¿sí? Por favor…

Catalina asintió lentamente con la cabeza con expresión seria. —Dime lo que necesites saber, Klaus— respondió con voz suave.

Tomé ire temblorosamente. —¿Realmente pasó algo sexual entre tú y yo esa noche?— pregunté.

Yo tenía la esperanza de que no hubiese pasado nada, quería pensar en eso porque yo no podía asimilar que le había sido infiel. No me cabía en la cabeza. Catalina se me quedó mirando y soltó un pequeño suspiro.

—Sí, Klaus…— respondió para mí desgracia —Sí pasó. Lo siento.

Esa fue su respuesta definitiva.

No pregunté más, solo me le quedé viendo a ver si encontraba cualquier cosa en su expresión que me gritara que me estaba mintiendo. Pero, ¿por qué Catalina me mentiría sobre algo así? Yo no tenía razones lógicas para dudar de ella en este contexto específico.

Y sin embargo…

Sin embargo, algo en mi interior se negaba rotundamente a aceptar que realmente le había sido infiel a Bill. A pesar de toda la evidencia, a pesar de lo que había dicho Catalina, asegurándome que sí pasó. A pesar de todo. Porque no se sentía real. No se sentía como algo que yo haría conscientemente jamás. Pero entonces debió haber pasado.

Finalmente, solo asentí lentamente con la cabeza en aceptación. Parpadeando lentamente —Gracias.— fue lo último que le dije antes de levantarme y salir de su oficina.

Continúa…

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por unicornlitz

Escritora del Fandom

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