Fic de unicornlitz. Temporada III

Capítulo 4

TOM

—Tom…

Escuchaba cómo la voz de mi moreno me llamaba, pero estaba metido en medio de una oscuridad absoluta donde no conseguía verlo. Me sentía frustrado porque quería llegar hasta él. Lo oía llamarme con esa voz tan aterciopelada y sensual… pero no lo veía por ningún lado y, aunque intentaba gritar, no salía nada de mi boca. Aun así, sentía el ardor en mi garganta por los gritos.

Caminaba sin rumbo fijo en medio de toda aquella oscuridad. Avanzaba sin saber hacia dónde iba, como si estuviera caminando con los ojos cerrados, sin saber con qué podía tropezarme o contra qué podía chocar.

Estaba así hasta que empecé a ver un destello de luz a lo lejos. Intenté correr, pero cuanto más lo intentaba, menos avanzaba. Veía aquel destello más lejos que nunca y, de repente, fue como si una fuerza me arrastrara hasta allí.

No sentí aire golpeándome el rostro ni sacudiendo mi cuerpo. Acabé frente a algo extraño. Parecían unas alas enormes, majestuosas, que brillaban ligeramente en medio de aquella oscuridad, cubriendo algo como si fueran un caparazón. Y de ahí venía la voz de mi moreno.

Fruncí el ceño, sin entenderlo, sin poder procesarlo. A mi cabeza no llegaba la pregunta de qué hacía allí o qué estaba pasando. Me sentía confundido, pero sin saber exactamente el motivo de esa confusión, y eso lo hacía todavía más extraño.

—Tom…

—¿Billie?— su nombre salió de mis labios en un susurro casi imperceptible.

En ese momento las alas empezaron a apartarse poco a poco, dejando a la vista una hermosa cabellera negra. Lo vi ahí, frente a mí… y durante un instante olvidé cualquier otra cosa, incluso lo extraño que era estar en aquel lugar.

Era Bill. Mi morenito precioso. Mi amor.

Pero no como lo recordaba, con su pelo rubio, sino con el cabello negro. Y eso me dejó tan sorprendido como enamorado.

Estaba sentado, pequeño entre aquellas enormes alas blancas que lo rodeaban, como si fueran lo único que quedaba para protegerlo del mundo. Parecía un ángel… un ángel realmente hermoso.

Su cabello oscuro caía sobre su rostro con algunos mechones blancos, y sus ojos tenían ese brillo precioso que pensé que yo le había arrebatado. Me miraba, pero no con rabia… y eso era lo que más dolía.

Porque yo merecía su enfado. Merecía sus lágrimas. Merecía todo el dolor que llevaba encima.

Pero, en cambio, su mirada era dulce.

Oh, era él.

Mi Bill.

El mismo al que había hecho daño. El mismo al que había traicionado sin siquiera recordar cómo había llegado a hacerlo.

La culpa me quemaba por dentro mientras lo veía tan frágil, tan puro, tan lejos de mí. Quise acercarme. Quise decirle que lo sentía, que daría cualquier cosa por borrar el dolor que seguramente llevaba dentro.

Pero no me salían las palabras.

Porque sabía que, aunque yo no recordara lo que había pasado, él sí había tenido que vivir con las consecuencias.

Se veía tan irreal, tan perfecto, y yo me sentí una basura por haber herido a mi morenito precioso.

Llevaba algo bonito puesto, que era un body blanco de encaje tipo lencería, de tirantes finos, con detalles translúcidos que dejaban ver parte de su piel. Llevaba medias largas blancas hasta los muslos, ajustadas, y en los pies unos tacones blancos de aguja, de punta fina.

Él se veía demasiado sexy…

—Perdóname…— susurré, aunque no sabía si podía escucharme. —Por favor, perdóname, bebé.

Pero Bill no respondió.

—Perdóname.— repetí con la voz temblándome. —Te juro que yo no quería… no sé qué pasó, bebé. Por favor, por favor…

—Tom…— me llamó con su voz suave y dulce.

Una ráfaga de viento lo envolvió, moviendo algunos mechones de su cabello mientras cerraba los ojos, disfrutando de las caricias del aire sobre su piel pálida. Sus manos entrelazadas bajaron lentamente por sus piernas mientras su pelo seguía moviéndose con aquel viento que yo no podía sentir.

Podría jurar que las plumas brillantes de sus alas se movieron y, de repente, una luz suave y ligera apareció sobre mí, iluminándome.

Miré hacia arriba y unas plumas cayeron lentamente sobre mí. Cerré los ojos confundido e intenté levantar las manos para hacer cualquier movimiento, pero no pude.

Llevaba unos pantalones blancos que no recordaba haberme puesto y algunas plumas se quedaron pegadas a mi piel.

—Billie.— volví a llamarlo.

Pero cuando miré al frente, él ya no estaba ahí.

Sentí pánico porque ni siquiera había podido acercarme, tocarlo o verlo más de cerca. La sensación de perderlo otra vez me llenó de terror.

Mi respiración tembló y estaba a punto de gritar cuando sentí humedad en mi oreja, justo en el lóbulo. Un jadeo ahogado escapó de mis labios.

Podía sentir el aroma que desprendía él detrás de mí.

—Tommie…— murmuró cerca de mi oído con esa voz suave.

Sentir su respiración contra mi piel me recorrió de escalofríos por todo el cuerpo. Estaba causando estragos no solo en mi cuerpo, sino también en mi corazón.

—¿Es Catalina mejor que yo?

¿Qué?

—N-no…

Sentí cómo su mano se deslizaba por todo mi torso, suavemente, con lentitud, acariciando mi piel mientras bajaba hasta mi abdomen. Su mano, que antes había hecho que se me erizara la piel al recorrerme, ahora me apretaba la entrepierna con suavidad y, ante eso, mi cuerpo reaccionó sin poder evitarlo.

—¿No?— repitió con su voz ronca.

—No lo es, nunca lo sería, moreno.

—¿Por qué?— preguntó.

Sentí cómo olfateaba mi piel, soltando suspiros que me estaban encendiendo demasiado. Era como si mi olor le gustara y me lo hiciera saber con esos suspiros tan armoniosos que soltaba.

—¿Por qué no es mejor que yo?

—Porque no ella no es tu.

Sonrió de lado y se puso frente a mí con pasos delicados. Esta vez no tenía sus alas, pero había un brillo que hacía que su figura siguiera iluminada.

—Tommie…— volvió a llamarme. —Esa no era la respuesta que quería escuchar…

Mierda.

—Mirar a alguien más y buscar un punto de comparación es imposible, Bill… porque ella no es tu.— murmuré. —Podrá ser quien sea, pero jamás tendrá tu sonrisa, ni tus ojos, ni tu alma. Nadie en este mundo puede ganarle a la persona que tengo tatuada en el corazón; simplemente nadie puede ser mejor que tú, porque mi definición de «lo mejor» eres tú.

La sonrisa que me dedicó me hizo sentir menos miserable que durante todos estos meses.

—¿Mientes?

—No.— negué rápidamente.

Pero él ensanchó su sonrisa y dio un paso atrás.

Escuché pasos a mis espaldas y me giré para encontrarme con un maldito espejo. En el reflejo podía verme a mí mismo. A una versión de mí que creía que ya no existía.

Mi reflejo se veía más delgado, aunque no por eso menos musculoso, con los mismos pantalones que solía usar, pero con aquellas trenzas negras que ya no llevaba. También tenía el piercing negro en el labio inferior, diferente al que llevaba ahora.

Incliné la cabeza confundido y mi reflejo hizo lo mismo. Solo que, a diferencia de mí, él me miraba con rabia.

—¿Qué mierda…?— solté entre dientes, estupefacto.

—Tommie está enfadado.— me susurró Bill detrás de mí. —Tommie quiere matar a Klaus…

¿Qué puta mierda me había fumado?

El reflejo del espejo sonrió con malicia sin apartar esa mirada asesina. Sin previo aviso, la mano de Bill cubrió mi nariz y mi boca con una fuerza enorme. Ni siquiera podía apartarla.

—Y yo también quiero matarlo…

Fue lo último que escuché antes de abrir los ojos y volver en mí, respirando con dificultad en el sofá de la sala donde me había quedado dormido después de beber demasiado la noche anterior.

Me llevé las manos a la cabeza y solté un fuerte bufido al sentir un dolor terrible. No conseguía enfocar la mirada y me encontraba fatal. Tenía un sabor amargo en la boca por todo el alcohol que había tomado anoche.

Como todas estas noches.

Cinco meses llevaba hundido en la pura mierda. Bebiendo únicamente para tener algo con lo que distraer mi mente y no acabar yendo a buscar a Bill.

Habían sido días terribles, en los que no había salido de mi apartamento ni siquiera para saber cómo iban las cosas. Me duchaba sin ganas, comía poco de lo que debía, y lo que más pasaba por mi boca era el alcohol.

Me pasaba el día tirado en el sofá, solo recordando, y recordando, y recordando, y recordando.

Sufriendo y sufriendo, aguantándome las ganas de ir a buscar a mi moreno, presentarme frente a él y arrodillarme sobre cristales rotos si hacía falta para que me perdonara.

Haría lo que fuera…

Mierda, yo solo quería verlo y no tener que conformarme con soñarlo todos los putos días.

&

BILL

Dormí muy poco la noche anterior después de todo lo que pasó en el centro comercial. No había dejado de darle vueltas a todo y, como no encontraba ninguna respuesta, decidí que lo mejor era no darle más importancia al tema.

Llegué al trabajo con más sueño del normal, y lo único que me mantenía con los ojos abiertos eran tazas de café cargado. Sin nada de azúcar.

Había atendido a mi grupo de agentes novatos y el entrenamiento del día había salido muy bien. Habían mejorado muchísimo en mi ausencia, tanto que al verlos me quedé sorprendido y orgulloso de mi equipo. Me sentí avergonzado por haber estado tanto tiempo fuera. Pero ellos no me preguntaron nada, al verme se emocionaron tanto que acabaron contagiándome ese ánimo que tenían.

Terminamos todos agotados y otra vez me encontraba en la oficina de Alex. Íbamos a continuar con el caso de Natalie. Estaba claro que estaba relacionada con Brian y, si conseguíamos encontrar su destino final, también podríamos dar con Brian.

Solo teníamos que buscar mucho, mucho, mucho.

Y teníamos bastantes pistas.

—Si seguimos así, en poco tiempo haremos lo que no conseguimos en ocho años.— bromeaba Alex desde su escritorio mientras revisaba unos papeles con mucha atención.

Levanté la mirada para verlo. Necesitaba saber qué clase de ejercicios hacía mi jefe para tener los brazos así.

—Siento que hemos avanzado más que nunca, Benjamín.

Sonreí de lado.

—Yo también.— afirmé soltando un suspiro. —Tenemos a todo el mundo moviéndose, estamos trabajando sin descanso. Creo que conseguiremos mucho. Creo que conseguiremos encontrar a Brian.

—Y esperemos que sí.— bufó. —Ese cabrón se ha estado expandiendo tanto… como una maldita plaga, y tenemos que acabar con eso cuanto antes. Las elecciones fueron un tema muy jodido, y con el enfado de medio país por el presidente elegido, al menos ya no tenemos la atención de la prensa sobre nosotros por el tema de la fuga de Natalie Franz. Ya no hay llamadas constantes y Crawford ya no está detrás de mí dando por culo.

—Deberías echarlo de la vicepresidencia. Ya no lo necesitas.— comenté sin más.

Alex me miró.

—A veces me dan ganas de hacerlo.

—¿Y qué te lo impide?

—Que el puesto quedaría vacío y temo que el Presidente lo ocupe con algún corrupto de mierda. Uno de los suyos, para tener más control sobre todo lo que se hace aquí.— soltó un resoplido. —Yo fui aprobado como director porque el antiguo presidente y mi padre se llevaban bien. Mi padre era un pelota de cuidado y, bueno, no hubo problema con que el presidente y el Senado me aprobaran a mí y a Crawford. Sin embargo, este nuevo presidente no me da buena espina. Si despido a Crawford me veré obligado a aceptar a cualquiera que ellos elijan para ocupar su puesto… y si me niego, me estaría ganando al presidente como enemigo. Eso no sería nada bueno.

Bufé.

—Eso es verdad. ¿Y si hago que me pongan a mí de subdirector?— bromeé, consiguiendo que Alex se riera.

—Sería una idea increíble, Ben…

—¿A que sí?— levanté una ceja con chulería. —Lo primero que haría sería añadir más cosas al menú para vegetarianos. No sabes lo horrible que es comer ensalada en cada comida, ya me aburre.

—Ya estás planeándolo todo.

—Y luego usaría mi poder y me convertiría en un completo hijo de puta. Le haría la vida imposible a Xavier porque él está convencido de que quiero fastidiarlo.— volví a bromear.

Alex se rio conmigo por mis tonterías.

—Pero hablando en serio…— suspiré, calmándome. —¿Tendría alguna oportunidad de ser subdirector?

—Por mí no habría problema, yo encantado, ¿eh? Tienes todo lo necesario, pero… depende del presidente y del Senado.

—Quizá enamore al presidente.

—Ay, Benjamín.— Alex estaba muerto de risa y eso me contagió. —No digas esas cosas. Mejor terminemos de trabajar.

Se acomodó mejor en su silla.

—Mejor hablemos de un tema que quiero tocar desde que llegué esta mañana.— murmuré, moviendo el bolígrafo entre mis dedos mientras lo miraba con una pequeña sonrisa.

Alex me devolvió la mirada, esperando.

Me humedecí los labios.

—He escuchado rumores…

—Aquí se escuchan rumores hasta de triángulos amorosos, Ben.— comentó con una sonrisa ladeada.

—Es verdad, pero este tiene que ver contigo.

Soltó una pequeña risa y se echó hacia atrás en la silla.

—Sé que ya sabes de qué rumor hablo, y quiero aclarar las cosas ahora mismo porque es raro, ¿sabes? Ir por ahí y escuchar a ciertos pajaritos decir que tu jefe está enamorado de ti.

Alex se rio más abiertamente, se pasó las manos por la cara y se inclinó hacia delante para apoyar el codo sobre el escritorio y la barbilla sobre la palma de su mano.

Sus dedos apenas rozaban su mandíbula.

—Y me imagino que uno de esos pajaritos es Sheryl.— murmuró.

Asentí con la cabeza.

Él bufó.

—¿Qué quieres aclarar, Ben?

—Eso.— susurré soltando el aire. —Si ese rumor es verdad.

—A estas alturas ya deberías haberte dado cuenta.

—Y aun así quiero que me lo digas.— dije. —Quiero escucharlo salir de tu boca.

Alex se quedó de pie después de mirarme durante unos segundos. Caminó hasta una esquina de la enorme oficina donde había una mesa con una cafetera, cogió una taza limpia y se sirvió café.

Observé cada uno de sus movimientos y podría jurar que Alex estaba nervioso otra vez.

—Pues qué te voy a decir.— suspiró antes de darle un sorbo al café. Luego se giró para verme, apoyando la espalda baja contra el borde de la mesa.

Sonreí divertido por la situación y también me levanté.

—¡Solo dilo!— exclamé cruzándome de brazos. —¿Es verdad o no?

—Sí, es verdad.— dijo con total naturalidad.

—¿Yo te gusto?

Negó con la cabeza, dudando.

—No lo llamaría así. Creo que va más allá de que simplemente me gustes. Aunque me gustaría que fuese solo eso, pero…— hizo una mueca con los labios y se encogió de hombros antes de beber otro poco de café. —Se me fue de las manos.

—Entonces…— solté el aire lentamente. —¿Me estás diciendo que estás enamorado de mí?

—Sí, ese sería el término correcto.

Sonreí.

—¿Y por qué nunca me lo dijiste, Alex?— pregunté. —¿Por qué nunca me contaste nada? Simplemente te lo guardaste durante tanto tiempo y, bueno, yo soy malísimo captando señales.

—¿Qué querías que hiciera?— sonrió divertido. —Muchas veces intenté hacerlo, pero joder… ¿es normal que hasta hoy me pongas nervioso, literalmente nervioso, con esa mirada tuya tan…? ¿Cómo decirlo?— resopló. —Es que haces que no encuentre las palabras.

Me reí ligeramente sin poder evitarlo.

—¿Mi mirada te pone nervioso?

—Sí.— admitió cruzándose de brazos. —Por eso digo que me alteras. No sé. Nunca encontré la forma de decírtelo. Además, se supone que eras uno de mis agentes. No quería arruinar la relación laboral. No quería que te sintieras incómodo…

—Créeme que si me lo hubieses contado habría sentido cualquier cosa menos incomodidad.— le hice saber. —Y con «cualquier cosa» me refiero a cosas buenas.

—¿Qué cosas buenas?

—No sé, ¿de verdad no te imaginas ninguna?

—Sí, pero quiero que tú las digas.

Qué cabrón. Estaba usando mi propia jugada contra mí.

Eso me sacó una sonrisa ladeada.

—Yo te habría dado una oportunidad, ¿sabes?

—Lo dudo.

Rodé los ojos.

—Lo digo en serio.— me acerqué a él lentamente. —Pero no, decidiste quedarte callado y ocultarme lo que sentías por mí, aunque para los demás fuese tan fácil verlo. Odio no haberme dado cuenta nunca.

—¿Por qué?

Porque me habría ahorrado muchas cosas.

—Dime una cosa…— ignoré su pregunta, cogí la taza de café de sus manos y la dejé sobre la mesa. Alex no protestó.

Me mordí el labio antes de continuar.

—¿No te gustaría que yo te diera una oportunidad?

—¿Me la darías?— preguntó.

—Primero responde a mi pregunta, Alex…

—Bueno…— murmuró. —Obviamente sí, ¿quién no querría eso? Dios, eres demasiado adorable a veces, ¿lo sabes? Justo como ahora, aunque me tengas acorralado.

—¿Te molesta?

Mi mirada iba de sus ojos a sus labios.

—No, para nada.

Me humedecí los labios y asentí lentamente.

—Vale, haré algo…

—¿Qué ha…?— no lo dejé continuar. Tomé el rostro de Alex entre mis manos con fuerza, hundiendo los dedos en sus mejillas ásperas por la barba incipiente y sin pensarlo dos veces, estampé mi boca contra la suya con violencia, fue un choque brutal de labios calientes y húmedos.

Mis labios se aplastaron contra los suyos, y los abrí de inmediato para meterle la lengua hasta el fondo de la garganta. Joder… el impacto de mi atrevimiento fue eléctrico.

Sentí el sabor del café su boca, su aliento caliente me quemaba las fosas nasales. Mi lengua se enredó con la suya, gruesa y caliente, lamiéndola, succionándola con fuerza, follándole la boca sin piedad. Gemí fuerte contra sus labios. Al principio Alex se quedó congelado, su cuerpo se tensó. Podía sentir el latido acelerado de su pulso bajo mis dedos en su cuello.

Pero pasaron unos segundos eternos y algo explotó en él. Soltó un gruñido ronco y profundo que me recorrió entero, y bajó sus grandes manos hasta mi cintura. Me agarró y me jaló contra su cuerpo con fuerza, nuestras caderas chocaron. Sentí perfectamente su entrepierna presionando contra la mía, palpitando a través de la ropa. Comenzando a despertarse haciendo que la mía también lo hiciera por el mínimo roce.

Ahora sí me estaba devorando la boca el muy animal.

Alex abrió más la boca y me invadió con su lengua, dominante y hambrienta. Nos besábamos como animales, con nuestras lenguas retorcidas, succionándose ruidosamente, lamiendo cada rincón húmedo y caliente. La saliva se mezclaba y chorreaba por las comisuras de nuestros labios, tibia y resbaladiza, bajando por mi barbilla. Mordí su labio inferior con fuerza, tirando de él, y él me devolvió el mordisco, succionando el mío hasta que dolió de placer.

El sonido era tan obsceno… eran chapoteos húmedos, gemidos ahogados, respiraciones entrecortadas y gruñidos que lograban encenderme bastantea.

Mis dedos se enredados en su pelo, tirando con fuerza mientras sentía su aliento ardiente mezclándose con el mío. Su barba me raspaba la piel alrededor de la boca. Alex bajó una mano hasta mi culo y lo apretó con saña, clavándome los dedos en la nalga mientras me pegaba más contra su erección.

Podía sentir el grosor y el calor de su verga palpitando contra la mía, dura como piedra, frotándose con cada movimiento de nuestras caderas. Mi corazón latía tan fuerte que parecía que me iba a reventar el pecho. Tenía la polla hinchada, dolorosamente dura, filtrando presemen dentro del bóxer. Las rodillas me temblaban, y era un calor líquido me recorría el vientre y la espalda, y solo podía concentrarme en el sabor de su boca, en el olor de su piel excitada, en el sonido húmedo y sucio de nuestras lenguas follándose sin control.

Era un beso brutal, baboso, desesperado. Y había obtenido la respuesta a una pregunta que me había hecho, ¿sentiría algo al besar los labios de Alex? Sí, sí sentí cosas… y eso me dejó asombrado.

Nos separamos por falta de aire, apenas un hilo de saliva unía nuestros labios hasta que se deshizo cuando me alejé un poco. Jadeábamos cansados mientras nos mirábamos a los ojos porque el contacto visual no se había roto. Me había gustado tanto ese beso que yo… quería que me besara otra vez. Sentía una necesidad enorme de repetirlo, pero en esos momentos, antes siquiera de poder hacer nada… sentí cómo todo se me volvió negro en cuestión de segundos. Perdí la fuerza del cuerpo y las piernas me fallaron.

Alex me sujetó antes de que pudiera caerme siquiera.

—Eh, eh, eh…— murmuró rápidamente, quedándose de rodillas en el suelo conmigo mientras yo me sentía completamente mareado —¿Estás bien?

Tragué saliva con dificultad y asentí con la cabeza. No era la primera vez que me pasaba y no le daba demasiada importancia porque pensaba que era algo provocado por tomar las pastillas para comer y dormir. Aunque no lo hacía habitualmente pero, humm, no quería que nadie se enterase de eso. La verdad. Era vergonzoso admitir que literalmente dependía de unas pastillas.

Solté un pequeño suspiro sintiendo la cabeza completamente nublada.

—Joder, estás pálido. Te voy a llevar a una clínica.

Alex ni siquiera me dejó discutirlo.

&

Estaba sentado en una camilla, el médico había estado revisándome y haciéndome las preguntas habituales. Tuve que confesarle lo de las pastillas. Se había ido después de tener toda la información y de sacarme sangre para hacerme unas pruebas.

No estaba solo en la habitación. Sophia estaba a mi lado sentada en el sofá que decoraba la sala, mirándome enfadada mientras yo tenía la vista clavada en el suelo. Yo la había llamado para avisarle y no me quedó otra que contarle lo que llevaba ocultándole.

—Te dije que no quería verte dependiendo de esas pastillas. Te las compré para que pudieras dormir los primeros días, pero enterarme de que has estado comprándolas a escondidas… joder.— resopló y se cruzó de brazos —No debiste hacerlo, te dije que era dañino. Y encima me ocultas los mareos que llevas teniendo, Bill. ¿Acaso estás tomando esas pastillas en cantidades altas?

Negué con la cabeza.

—No, solo de vez en cuando.— confesé —Digamos que un día sí y tres días no, y así sucesivamente. Es cuando de verdad no tengo ganas de nada. He tenido pequeñas recaídas porque el dolor me supera pero… se me pasa. No las tomo todo el tiempo. Y últimamente he conseguido dormir sin ellas…

—¿Entonces por qué los mareos? Esas pastillas no provocan efectos secundarios, fueron las más suaves que encontré porque darte algo fuerte estando tan débil habría sido peor.

Suspiré.

—Entonces no lo sé.— susurré —Quizá sea por el estrés.

—El cansancio físico, ¿te has estado exigiendo demasiado?

—Soph, literalmente me paso el día encerrado en la oficina con Alex trabajando y metiéndonos de lleno en todo. Entreno en el gimnasio de la sede, pero es algo normal, todos los agentes tienen que entrenar siempre. Y las veces que estoy de pie es cuando tengo que entrenar a mis agentes novatos. Literalmente no hago ningún esfuerzo físico exagerado, solo mental…

—Mejor esperemos a que llegue el médico. Con la muestra de sangre que te sacaron sabrán qué es lo que te pasa. Es que cuando llegué estabas tan pálido, y Alex ni siquiera sabía qué había ocurrido…

La mención de su nombre me puso algo nervioso durante unos segundos. Me encogí de hombros y me pasé la lengua por los labios.

—Sí, bueno… ¿qué podría decir él?

—No sé, ¿qué estabas haciendo cuando te mareaste? ¿Te agachaste y te levantaste de golpe o algo?

Tragué saliva.

—Es algo bastante loco.

—Pues cuéntamelo.— se acomodó en el sofá, descruzando los brazos para mirarme atentamente sin perder esa seriedad suya.

Mierda.

—Me besé con Alex.— lo solté lo más rápido que pude y al final lo acompañé con un par de carraspeos. No me atrevía a mirarla a la cara, mi mirada iba de un punto a otro del suelo menos hacia ella. Incluso tragué saliva.

Sophia se quedó completamente perpleja. Parpadeó lentamente y separó los labios. Me miraba como si no pudiera creerse lo que acababa de decirle.

—¿Qué?— fue lo único que salió de sus labios, bajito, pero su voz dejaba claro lo sorprendida que estaba. Como si no hubiese escuchado bien —¿Qué, qué?

La miré a la cara. No quería que me hiciera repetirlo.

—Sophia…— dije con muchísima vergüenza —No me hagas decirlo otra vez.

Juro que la sonrisa que apareció en los labios de Sophia jamás se la había visto. Levantó los brazos en señal de victoria mientras se ponía de pie y soltó un chillido contenido dando un pequeño salto.

—¡Siiiiii!— estalló en carcajadas, súper feliz, dando saltitos cada vez que podía, levantando los puños al aire —¡Gracias, señor! ¡Gracias porque escuchaste la oración de esta pobre pecadora!

—Ay, Sophia…— resoplé.

Toda la vergüenza desapareció al verla tan feliz por lo que le acababa de confesar con tanta pena.

—Dime que sentiste algo, Billie. ¿O fue un beso sin más? Aunque no me lo creo…— sus ojos se abrieron muchísimo —¡No me digas que te mareaste por el beso!

¿Cómo decirle que hasta había tenido una reacción física? Aunque dudaba muchísimo que me hubiese desmayado por eso.

Suspiré con ganas.

—Fue increíble.— le confesé —Amiga, yo… joder, me encantó y tuve ganas de volver a besarlo, pero después sentí el mareo. Dudo que fuese por el beso, literalmente se me apagó todo.

—¡Aaaah!— exclamó —Billie, estoy tan feliz de que hayas dado el paso, cariño. Pero en serio, sigo enfadada por lo que me ocultaste. Pero a partir de ahora dejas esas pastillas. En serio, ya no las necesitas.

—Sí.— suspiré y justo en ese momento abrieron la puerta. Por ella entró el médico después de un buen rato fuera. Traía unos papeles en las manos y parecía mucho más relajado que cuando se había ido. Lo miré y rápidamente me humedecí los labios, estaba deseando que me dieran el alta.

—¿Y bien, doctor? ¿Probabilidad de anemia?

El médico soltó una pequeña risa y negó con la cabeza.

—Tengo que admitir que no me esperaba estos resultados de las pruebas que le hice. Está lejos de tener anemia, pero sí tiene que cuidarse mucho mejor a partir de ahora y dejar de consumir esas pastillas.— me tendió las hojas con los resultados y yo las cogí con el ceño ligeramente fruncido.

Revisaba las pruebas mientras el médico seguía hablando.

—Esos papeles que tienes en las manos, como ya sabes, son los resultados de tus análisis de sangre.— empezó, aclarándose la garganta —Te soy sincero, estamos bastante desconcertados. Al principio te hicimos un hemograma completo para comprobar si los mareos eran por una anemia severa, pero tus niveles de hierro y glóbulos rojos están perfectos. No hay ningún rastro de anemia.

Parpadeé confundido.

—Entonces, ¿por qué me mareo tanto? Porque es algo que me pasa constantemente, aunque no son mareos muy fuertes.

—Eso es lo extraño. También revisamos tu azúcar, tus electrolitos y tu tiroides. Todo salió perfectamente. Al descartar lo más común, nos preocupó que pudiera ser un problema hormonal más profundo o algún tipo de masa o tejido anormal en tu organismo que estuviera alterando tu cuerpo. Por eso pedí un perfil avanzado de marcadores tumorales y hormonales. Queríamos descartar cualquier cosa extraña… y ahí fue donde incluimos la prueba de la hormona Beta-hCG.

¿Qué?

Yo… recordaba haber escuchado ese nombre antes…

—Doctor, me está asustando. ¿Qué es esa hormona? ¿Tengo algo malo?

El médico suspiró.

—La Beta-hCG es una hormona que solo aumenta en dos situaciones: ante un tipo de tumor muy específico… o durante un embarazo.

No.

—Mandé repetir tu muestra tres veces por si era algún fallo, pero el laboratorio confirmó que tus órganos están perfectamente, no hay ninguna enfermedad. Benjamín… no estás enfermo.

Dios mío. No.

—Felicidades, tienes cinco meses y medio de embarazo.

¿Pero…?

El aire pareció desaparecer de mis pulmones de golpe. Me quedé completamente congelado, mirando al médico como si acabara de hablarme en otro idioma. Pasaron varios segundos de silencio antes de que una risa nerviosa y seca escapara de mis labios.

No podía ser.

—¿Embarazo? Doctor, por favor, eso es ridículo.— aparté la sábana de la camilla con las manos temblando y señalé mi propio torso —Míreme. Estoy completamente plano. No tengo barriga, no he tenido náuseas, ni antojos, ni nada de esas cosas. He venido por unos simples mareos que me dan por las pastillas que tomo de vez en cuando, eso es todo. ¡Es físicamente imposible que tenga cinco meses de embarazo y no me haya dado cuenta!

El médico asintió con paciencia, sin perder la calma. Sabía que aquello era un shock enorme.

—Entiendo perfectamente que no te lo creas, Keller. Lo que estás experimentando se conoce en medicina como embarazo silencioso o criptogénico. Es mucho más común de lo que la gente piensa, incluso en anatomías donde la gestación ya es algo extraordinario de por sí.

El médico se acercó un poco más a la camilla, haciendo pequeños gestos para tranquilizarme, aunque solo conseguía ponerme más nervioso.

—No has tenido los síntomas clásicos porque tu cuerpo ha procesado las hormonas de una manera muy sutil; esos «simples mareos» y el insomnio eran, de hecho, las únicas señales que tu organismo estaba dando.

Que. Jodida. Mierda.

Qué jodida mierda.

¡Qué jodida mierda!

—Y respecto a la falta de barriga a los cinco meses y medio, hay razones físicas concretas para ello. Tu estructura ósea es de torso largo y tus músculos abdominales son naturalmente fuertes y firmes, lo que hace que el útero se expanda hacia atrás, hacia la columna, en vez de hacia delante. Además, si la placenta se formó en la pared anterior, actúa como una especie de protección que amortigua los movimientos del bebé. Por eso no has sentido patadas claras. El bebé ha estado creciendo sin que lo notaras.

Me iba a dar un infarto.

Bajé la mirada hacia mi abdomen.

Sophia se llevó las manos a la boca mientras yo seguía completamente paralizado y aterrorizado. No, no, no, no, no. No podía ser.

Dios, no.

Mis ojos se llenaron de lágrimas y empecé a negar lentamente con la cabeza.

—Dígame que es una broma, doctor, por favor…— lo miré suplicándole con la mirada que así fuera.

El médico, al ver mi expresión, pareció comprender.

—Lo siento, joven Keller, pero los resultados han dado positivo para embarazo.

Cerré los ojos con fuerza, sintiendo cómo un peso enorme empezaba a aplastarme el pecho otra vez. Parecía que esa sensación de ahogo nunca iba a desaparecer, ese peso constante, esa presión invisible que me perseguía a todas partes.

Estaba embarazado.

Y precisamente de… de Tom.

Del hombre que me había engañado, que me había roto el corazón en mil pedazos imposibles de reparar. Que acababa de destrozar completamente mi vida y nuestro futuro juntos.

Joder, no.

¿Cómo podía ser el universo tan cruelmente irónico conmigo justo de esa manera?

Había perdido a mis primeros bebés hacía más de diez años en unas circunstancias devastadoras. Lloré por ellos desconsoladamente cuando pasó, sintiendo que me arrancaban partes del alma. Soñé con ellos una y otra vez cuando tenía amnesia y más de una vez me pregunté obsesivamente cómo habrían sido si hubieran vivido. Qué colores les habrían gustado, qué juegos habrían disfrutado o si se habrían parecido más a mí o a Tom.

Y ahora, cuando por fin volvía a estar embarazado después de tantos años, cuando finalmente tenía la oportunidad de vivir algo tan bonito y especial otra vez… a pesar del peligro que me rodeaba… era justo en el peor momento posible.

De la peor manera posible.

En las circunstancias más dolorosas posibles.

Tener un bebé de Tom significaba inevitablemente tenerlo presente durante los nueve meses del embarazo. Y no solo eso, significaba tenerlo en mi vida durante toda la del niño o niña. Compartir la custodia. Ponernos de acuerdo. Vernos constantemente. Hablar.

Yo no quería eso.

No quería que Tom estuviera siempre detrás de mí usando al bebé como excusa. No soportaría verlo tan a menudo. Todavía no lo había superado, todavía estaba aprendiendo a vivir sin él, todavía dolía demasiado.

Lloré sin poder evitarlo porque joder, no era justo.

¡No era justo!

—Dios mío…— gimoteé, llevándome las manos a la cara para esconderme.

Sophia me abrazó y trató de consolarme porque ella más que nadie sabía lo horrible que era esta noticia… y lo bonita que también podía ser.

—Joven Keller, tómese todo el tiempo que necesite para asimilarlo.— escuché decir al médico —No hay ninguna prisa para tomar decisiones importantes ahora mismo, pero sí necesito recalcar que debe pedir cita con un obstetra certificado lo antes posible para empezar con los cuidados prenatales adecuados si decide continuar con el embarazo. Es importante para su salud y la del bebé.

¿Si decidía continuar…?

—Por ahora voy a dejarlo ingresado esta noche en observación médica.— continuó con tono profesional —El suero intravenoso le ayudará a hidratarse completamente. Mañana por la mañana, si se encuentra mejor y sus constantes están estables, podrá volver a casa con indicaciones detalladas.

No respondí.

No podía.

—Con permiso.

—Propio.— susurró Sophia y el doctor salió de la habitación, dejándonos a los dos solos. —Ay, chiqui, no me lo puedo creer…

—Es injusto, Sophia.— sollocé —Después de todo lo que he tenido que aguantar, y ahora me entero de que he estado embarazado y ni siquiera lo sabía.

—¿Qué harás ahora? ¿Quieres abortar…?

—¡No!— exclamé escandalizado.

—¿Entonces…?

Resoplé y me separé de ella para mirarla con los ojos llenos de lágrimas. —Esto me hace inmensamente feliz, créeme. Esto me llena de ilusión a pesar de todo lo malo que está pasando. Y lo veo como un regalo del universo. Algo bonito después de tanto dolor seguido. Una recompensa de la vida después de hacerme sufrir tanto de todas las formas posibles.

Me sorbí la nariz sin dejar de sollozar.

—Saber que es de Tom es lo que me jode realmente.— continué explicando —Porque este bebé es fruto del amor que yo le tuve y que todavía le tengo a él a pesar de todo. Y me fastidia pensar que si Tom se entera de esto… va a querer estar presente inevitablemente. O peor aún, va a aprovechar esto también para acercarse a mí otra vez. Para tener una excusa.

Mi voz se quebró ligeramente.

—Y Soph, yo no quiero tener a ese hombre cerca de mí de ninguna manera. Quizás nunca más…

—No creo que se entere tan fácilmente.— dijo Sophia pensativa.

La miré sin entender y ella suspiró.

—Sophia, es Tom.— dije con obviedad —Sé perfectamente cómo es y cómo actúa. O al menos eso creo…

Aunque a estas alturas empezaba a dudar de todo.

—Él debe estar vigilándome con alguien de su organización y quizás por eso no ha aparecido. Seguramente sabe todo lo que hago. Y si no es así directamente, de todas formas se enterará de alguna manera. Es inevitable. Yo no quiero eso. Para mí ese hombre está más que superado… cuando no lo tenga delante, al menos.

Mi frustración no hacía más que aumentar.

—¿Cómo voy a ocultarle la existencia de este bebé durante los meses que quedan? ¿Y después? ¿Cómo escondo a un niño?

Esa era mi verdadera angustia.

—No creo que se entere.— repitió Sophia, esta vez con una pequeña sonrisita que me pareció demasiado conocedora apareciendo en sus labios.

Fruncí el ceño, demasiado confundido por la insistencia de mi amiga y por esa sonrisa tan rara y misteriosa que tenía.

—Hablé con Travis hace poco.— empezó a contarme mientras acomodaba los mechones rebeldes de mi pelo —Me dijo específicamente que tienen a ese ser controlado para que no venga a joderte la vida, chiqui. Así que no te preocupes tanto. Él no sabrá nada del bebé a menos que tú decidas contárselo.— murmuró y yo abrí mucho los ojos, sorprendido —Lo que sí tienes que hacer urgentemente es encargarte de que los archivos médicos sobre esto desaparezcan o se mantengan totalmente confidenciales. Hacer el reposo que te indiquen. Ponerte ropa holgada conforme vaya creciendo la barriga. Y, tarde o temprano, contarle todo a Alex.

Analicé con cuidado cada palabra de Sophia. Cada cosa que me dijo la procesé mentalmente y sentí un pequeño alivio al saber que a Tom lo tenían retenido allí y no iba a venir. De verdad fue un alivio enorme escuchar eso.

—¿Qué le voy a decir exactamente a Alex?— pregunté preocupado, soltando un suspiro —¿Cómo le cuento esto? ¿Cómo le cuento todo?

—Chiqui…— gimoteó ella, sin saber muy bien qué aconsejarme en una situación así, porque era complicado —Aprovecha que él sigue aquí fuera esperando y cuéntale absolutamente todo. Todo lo que necesita saber.

—Pero…

—No puedes ocultárselo porque trabajáis juntos todos los días.— me interrumpió Sophia con lógica —Y conforme avance el embarazo se te va a notar la barriga. Será obvio, quizás ahora no, pero más adelante sí.— afirmó —Sé cómo funcionan los embarazos criptogénicos, y créeme, al final la barriga crece y a veces de forma inesperada. Mañana mismo puedes levantarte con una pedazo de barriga.— bromeó haciendo gestos con las manos y consiguiendo sacarme una pequeña risa. —Y usar fajas compresoras no es la solución.— concluyó —Sería peligroso para el bebé.

—Es que yo… no me siento preparado para esa conversación.— admití con voz baja —¿Qué hago?

—Pues te preparas mentalmente ahora mismo.— dijo ella con simpleza. Yo resoplé. —Bill, nadie nace preparado para enfrentarse a la vida, cariño. Nadie nace preparado para pasar por obstáculos imposibles. Y aun así lo hacemos igualmente.— continuó con voz más suave —Si no te sientes preparado, es algo completamente mental. Tienes que pensar conscientemente qué es lo mejor que puedes hacer en esta situación. Te preparas a la fuerza y simplemente lo haces. Porque si sigues diciéndote «no, es que no estoy listo», «es que tengo miedo», «es que no sé cómo»… eso te va a frenar por completo. Te va a dejar paralizado.

Cogió mi mano entre las suyas.

—En la vida hay que arriesgarse a todo, bebé. A amar. A que te amen. A hacer daño. A que te hagan daño. A todo. Es parte de estar vivo.— murmuró y respiró profundamente. —Así que voy a salir ahora mismo, voy a llamar a Alex. Y tú te vas a quedar aquí preparándote mentalmente para contarle a Alex lo que tienes que contarle. Todo. Mejor ahora que más tarde. Mejor que lo sepa por ti que por otras circunstancias.

Yo entendía perfectamente lo que Sophia quería decirme. La lógica era clara. Pero aun así había algo que me frenaba, tenía miedo de que Alex reaccionara mal, y era lo más normal del mundo porque no era como si simplemente hubiese jugado a las cartas con criminales. Había hecho cosas terribles y si Alex se ponía serio conmigo eso podría acabar en problemas legales.

Podría volver a la cárcel, y ¿qué pasaría con mi bebé?

—¿Y si no lo entiende?— pregunté con la voz temblorosa —Sabes que si le cuento todo sobre Tom y el Clan Geist… puede verlo como una falta profesional enorme. Como una traición a la DEA. Y se vería obligado por protocolo a mandarme a la cárcel otra vez, y esta vez por cargos reales y comprobables.

Sophia sonrió de forma traviesa, levantando una ceja con picardía.

—¿Se te olvida que ese hombre está completamente enamorado de ti?

—Sophia…— solté todo el aire de mis pulmones de forma dramática al escuchar eso.

—Y que encima os habéis besado.

Oh, Dios mío.

Tuve que coger una bocanada profunda de aire para no sentir que me ahogaba.

—Y quién sabe, chiqui.— continuó diciendo como si nada —Quizás pase de eso por ti.

Me mordí el labio inferior y cerré los ojos durante unos segundos.

—Pues… espero con toda mi alma que sí, porque no soportaría volver a la cárcel y mucho menos en el estado en el que estoy ahora.

Sophia sonrió.

—Pues te voy a dejar solito unos minutos con Alex o todo el tiempo que queráis, ¿eh?— me guiñó un ojo y yo hice un ruido de molestia —¡Ayyy! Voy a ser la madrina de ese pequeñín, joder. O pequeñina. Ojalá sea una niña preciosa. Aunque si es niño también sería increíble. ¡Mierda, voy a ser madrina! ¡Madrina!

Parpadeé lentamente mientras veía cómo Sophia salía de la habitación sin hacer otra cosa que susurrar emocionada porque sería madrina. Y eso que yo todavía no había dicho absolutamente nada sobre un posible bautizo o ceremonia.

Mierda, el bebé apenas estaba empezando a formarse a nivel celular. Todavía era diminuto, microscópico. Y yo necesitaba cuidarme a mí mismo para que mi bebé naciera sano y fuerte.

Oh, mi bebé…

La idea de tenerlo entre mis brazos pronto me llenó de ilusión, haciendo que una pequeña sonrisa apareciera en mi rostro. Joder, iba a tener un bebé. Un bebé estaba creciendo dentro de mí, tan pequeño e indefenso en ese momento. Un pequeñito que sería completamente mío y al que protegería con todo mi ser. Porque las amenazas de Brian y Natalie seguían ahí…

No iba a permitir bajo ningún concepto que me lo arrebataran como me arrebataron a mis primeros bebés.

Moriría antes de permitirlo.

Esperaba tanto que Alex pudiera entenderme. Entrelacé los dedos con fuerza, suplicando en silencio. Aunque sabiendo lo comprensivo que Alex siempre había sido conmigo, confiaba y esperaba que sí me comprendiera. Que me perdonara.

Al menos eso esperaba con todo mi corazón.

No pasaron ni diez minutos cuando la puerta volvió a abrirse.

—Benjamín…— la voz de Alex llenó la habitación mientras cerraba la puerta detrás de él. Salí de mis pensamientos en cuanto escuché las primeras letras de mi nombre.

—Eva me ha dicho que querías verme urgentemente.— continuó Alex acercándose a mi camilla —¿Qué pasa? ¿Te encuentras bien?

Asentí lentamente ante su última pregunta, aunque no, no me encontraba bien en absoluto.

—Por cierto, al parecer ella va a ser madrina de alguien y está súper emocionada por eso.— contó —No paraba de repetirlo mientras me traía hasta aquí. No me ha dado detalles.

Sophia, madre mía.

Resoplé con exasperación. Era ahora o nunca.

—¿Podrías sentarte, por favor?— pedí señalando el sofá donde Sophia había estado hacía unos minutos —Tengo algo muy importante que contarte. Y será mejor que estés cómodo, me prestes mucha atención y no me interrumpas ni digas nada hasta que termine de contarte absolutamente todo. Todo lo que necesitas saber. ¿Vale?

Alex frunció ligeramente el ceño, confundido, pero no preguntó nada y asintió.

—Vale.— aceptó rápidamente, rodeando la camilla para sentarse en el sofá —Soy todo oídos, Benjamín. Puedes contarme lo que sea.

Volví a resoplar nervioso, reuniendo fuerzas, y entonces empecé a hablar.

Le conté absolutamente todo tomándome mi tiempo para no dejarme nada. Todo, todo, sin excepciones. Desde el principio hasta el final, aunque él ya conocía mi vida antes del accidente que me borró la memoria. También le conté lo del embarazo. Sobre estar esperando un bebé de Tom/Klaus en el peor momento posible.

Durante todo el relato, que duró casi cuarenta minutos completos, Alex no me interrumpió ni una sola vez. Simplemente escuchó en silencio. Su expresión pasó de sorpresa a shock, después a comprensión y finalmente a compasión.

Cuando terminé, me quedé mirándolo fijamente.

Esperando el veredicto.

Esperando el juicio.

Yo observaba intensamente la expresión de Alex, temiendo que dijera algo horrible. Que me condenara y llamara a seguridad.

—Siento muchísimo si esto te ha decepcionado de mí.— dije con la voz rota, rompiendo finalmente el silencio —Y aceptaré cualquier consecuencia que decidas imponerme. Lo aceptaré. Aceptaré mi castigo sin protestar.— cerré los ojos —Si quieres denunciarme, arrestarme, despedirme… lo entenderé completamente. Me lo merezco.

Alex permaneció en silencio durante varios segundos más, que se sintieron como una eternidad.

Finalmente habló:

—Vale…— empezó, y después soltó una exhalación. —No sé ni qué decirte sobre esto.— tragó saliva y se pasó la lengua por los labios —Lo que hiciste estuvo objetivamente mal según las normas de la DEA.— dijo con sinceridad —Mantener una relación con un criminal conocido, formar una alianza con ese mismo criminal, pasar información de la DEA… todo eso son infracciones graves del protocolo y de la ley.

Sentí un nudo horrible en la garganta.

—Pero…— continuó, suavizando un poco la voz —También entiendo el contexto. Entiendo que perdiste la memoria, que tuviste que reconstruirte desde cero. Que cuando finalmente la recuperaste, te enfrentaste a una decisión imposible entre el deber y el amor.— resopló —Has pasado por cosas que la mayoría de la gente no habría podido soportar y, en medio de todo eso, encontraste el amor otra vez. ¿Cómo podría juzgarte duramente por aferrarte a eso?

Yo… ¿estaba escuchando bien?

—No voy a hacer nada contra ti.— mierda, sentí cómo se me llenaban los ojos de lágrimas —Nunca haría algo así. Mucho menos estando en el estado tan vulnerable en el que estás ahora mismo. En este caso necesitas apoyo, no un maldito castigo. Y aun así, no sería capaz de hacer algo contra ti… por muy grave que haya sido.

Iba a llorar.

—Joder… yo… te lo agradezco muchísimo, Alex.— conseguí decir con la voz temblorosa —De verdad esperaba que me perdonaras por haber incumplido de una forma tan grave mi juramento a la DEA. Sé que quizás merezco que me expulsen…

—No digas eso.— me interrumpió con un tono casi regañón, pero amable —No voy a dejar ir a uno de mis mejores agentes por errores comprensibles cometidos bajo circunstancias extraordinarias.— sonrió un poco —Eres demasiado valioso. Y que ahora hayas sido sincero conmigo, que me hayas contado todo cuando podrías haber seguido ocultándolo, dice muchísimo de la persona que eres.

Me humedecí los labios, que me temblaban ligeramente.

—Lo mantendré en secreto.— prometió —Todo. Pero tenemos que hacer algo con tu embarazo…— añadió —Para eso encontraremos una solución, pero necesito que me prometas algo.

—Lo que sea.— dije inmediatamente.

—Prométeme que no volverás a ver a esa gente del Clan Geist.— dijo Alex con seriedad —Entiendo que sean como una familia para ti, ¿vale? Y que por el bebé en algún momento tendréis que veros, pero en serio, Crawford te tiene en el punto de mira. Lo sabes. No quiero que te metan en problemas porque si alguien más se entera de esto podrían hundirte por mucho que yo intente evitarlo. Y al final sigues siendo un agente de la DEA…

Asentí con la cabeza.

—Te lo prometo.— dije con firmeza —Ya no pienso volver a verlo después de lo que me hizo. Nunca más. Quiero rehacer mi vida completamente y necesito que Tom no sepa nada del bebé. Al menos ahora.

Alex frunció ligeramente el ceño.

—Eso va a ser complicado.— señaló —Además, él también es el padre del niño. Técnicamente tiene derechos. Y no deberías poner al bebé en medio de los problemas que tengáis vosotros dos.

—Lo sé.— admití soltando un resoplido —Y tarde o temprano se lo diré. Pero ahora no. No durante el embarazo porque sé perfectamente cómo es él. Va a querer estar encima de mí todo el tiempo y yo simplemente no quiero eso, no puedo manejarlo emocionalmente.— miré a Alex a los ojos —Solo necesito estos meses que quedan o el tiempo que haga falta.

Alex se quedó pensándolo durante varios segundos. Finalmente asintió.

—Lo entiendo.— dijo con comprensión —Tómate el tiempo que necesites para asimilar todo esto y sabes que puedes contar conmigo para absolutamente lo que sea.— se levantó y me sonrió ligeramente —Te agradezco muchísimo que hayas sido sincero conmigo.— dijo —Sé que no fue fácil contarme todo esto. Pero necesitaba saberlo. Y necesito que entiendas que esto no cambia la forma en la que te veo, ni como agente ni como persona.

Apreté los labios. Dios, Alex era demasiado comprensivo…

—También necesito que sepas que necesito a Benjamín Keller activo dentro de la DEA.— continuó —Porque el Clan Geist sigue siendo un objetivo de captura para nosotros. Siguen siendo criminales peligrosos.

—Lo sé.— murmuré y sonreí —Y prometo capturarlo.

Sí, me dolió decir eso, porque estábamos hablando de meter en prisión al hombre que yo… que yo seguía amando. Pero era mi deber y había hecho una promesa.

—No voy a presionarte con eso ahora.— dijo Alex con suavidad —Primero céntrate en ti. Cuida de ti mismo. Cuida del bebé y cuando estés preparado… bueno, haremos lo que tengamos que hacer.

—Gracias, Alex.— susurré —Por entenderme y por no juzgarme. Por… por todo.

Alex sonrió con calidez.

—Para eso están los amigos.— dijo simplemente.

Lo miré con ironía, pero no dije nada porque sabía que lo había dicho de broma. Nos habíamos besado y todavía teníamos una conversación pendiente sobre eso.

—Ahora descansa. Mañana hablaremos más sobre cómo vamos a proceder con todo. Y felicidades por tu embarazo, quizás toda esa tristeza que llevas encima desaparezca con la llegada de ese bebé…

Sonreí.

—Yo sé que sí.

Continúa…

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por unicornlitz

Escritora del Fandom

Un comentario en «Irrevocable 4»
  1. Cuántas emociones juntas en este capitulo no puedo creer nada no me gusta nada que Tom salga del hueco que anda metido de alcohólico y vaya por Bill que Alex tomó ventaja estoy conmocionada y que pasará si Bill no le dice del bebé a Tom 😭

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