Irrevocable 6 Bill

Fic de unicornlitz. Temporada III

Capítulo 6 (Parte 2)

BILL

Despertar había sido doloroso para mí, porque abrir los ojos vino acompañado de un terrible dolor de cabeza que apenas podía soportar. Esos mismos dolores de cabeza los sentía antes, cuando me dormía llorando por Tom, y la noche anterior había sido exactamente por lo mismo.

Me sentía estúpido derramando más lágrimas por ese hombre, que no se las merecía.

No le había contado nada a Sophia, y tampoco quise sacar el tema con Alex por la mañana. Simplemente me desperté con el tiempo justo para ir a mi apartamento y cambiarme. Él se había ofrecido a llevarme, pero yo quería evitar a toda costa una posible conversación sobre lo ocurrido, así que simplemente me fui en taxi con mi pequeña Alfia y, durante las horas de trabajo, estuvimos completamente absortos con las nuevas pistas que teníamos sobre el caso de Natalie. Era lo más importante en ese momento.

Alex respetó mi silencio. Me invitó a cenar porque durante el día apenas habíamos podido comer y eso no me venía nada bien con el embarazo, o eso decía él. Pero yo le propuse comprar algo y cenar en su apartamento porque salir fuera… me daba miedo que de verdad me estuvieran vigilando, como le comenté a Sophia.

Habíamos cenado unos deliciosos pancakes, con zumo natural y algunos frutos rojos para acompañar. Todo transcurrió en medio de una conversación animada sobre las posibles vacaciones que nos tomaríamos cuando capturáramos a Zar. Y eso solo era una broma, porque darnos el lujo de irnos de vacaciones después de capturarlos… era algo que no podíamos hacer. Pero, como era inevitable… poco a poco la conversación acabó llevándonos a lo de la noche anterior.

—¿Todavía no quieres hablar?— me preguntó, y yo suspiré.

—No habría mucho que decir, Alex.— murmuré —Fui un imbécil. Eso es todo. Lo llamé porque quería contarle lo del embarazo, pero… me respondió la perra con la que me engañó. Y perdona la expresión, pero es una perra.

Alex soltó una pequeña risa.

—No te preocupes, lo entiendo perfectamente, Bill.— me dijo —¿Él está saliendo con esa mujer? Porque, si tenía su móvil…

—Seguro que sí.— murmuré con recelo —Y no sé cómo pude ser tan gilipollas si era evidente. En todos estos meses no hizo ni el más mínimo intento de venir a pedirme perdón, Alex. Ni siquiera un mensaje. Nada. Era obvio que estaba saliendo con ella. Yo ya dejé de importarle…

—No deberías sacar conclusiones tan deprisa.— le oí susurrar, y lo miré sin entender a qué se refería. Alex arqueó las dos cejas y resopló —Quizá ella cogió su móvil mientras él lo había dejado por ahí y respondió a la llamada.

—Pues sería muchísima casualidad.— solté con ironía —Hasta me dijo que dejara de hacerme ilusiones con él, que no volviera a llamarlo, que él estaba bien.— apreté el tenedor con fuerza y tensé la mandíbula —Ellos dos están juntos, claro. Por eso se la trajo de Brasil. Porque ella le gustó, por eso la metió a trabajar en su bar. ¿Y sabes qué? No quiero hablar más de eso. Ahora mismo lo estoy odiando tanto que, si sigo dándole vueltas, voy a odiarlo todavía más…

Alex solo me observaba en silencio.

—No quiero que te sientas así.

—Es imposible no sentirme así.— susurré, mordiéndome el interior de la mejilla antes de soltar un suspiro frustrado —No puedo estar más decepcionado con él. Decía quererme tanto, pero… ya veo que no era verdad.

—No te adelantes a los acontecimientos, Bill.— repitió.

—Es la verdad.

—No.— negó despacio con la cabeza —Mira, te estás dejando llevar por el dolor y la rabia y estás pensando cosas que quizá no sean así. Puede que todo haya sido una casualidad, como también puede que él se despistara y esa mujer cogiera su móvil. Hay muchas posibilidades de lo que pudo pasar. No quiero que te agobies, ¿vale?

—Perdona, Alex. ¿Me estás diciendo que lo estás defendiendo?— pregunté a la defensiva, levantándome de golpe y dándole un golpe a la mesa al hacerlo —¡Tú deberías estar de mi lado!

—No lo estoy defendiendo.— respondió rápidamente, levantándose también —Siéntate, por favor.

—¡No! ¡Claro que lo estás defendiendo, y no entiendo por qué! ¡Es el colmo!— me alejé de la mesa y caminé hacia el salón hecho una furia mientras gritaba completamente alterado —¡Me fue infiel con esa zorra, ¿vale?! ¡Y en vez de venir a buscarme y arrastrarse para intentar conseguir mi perdón, se quedó allí, seguramente con esa mujer! ¡Han pasado cinco putos meses! ¡Y cuando decido llamarlo, a esas horas de la noche, me responde esa puta! ¡¿Entiendes lo que intento decir?!

Alex parpadeaba, completamente perplejo al escucharme gritar, mientras me seguía.

—Cálmate, Bill.— decía con una sonrisa ladeada en los labios —Entiendo lo que quieres decir, pero debes…

—¡No, no debo nada!— me giré para encararlo —¡Las cosas son así y punto!

—Vale.

—No puedes llevarme la contraria así, Alex. Tengo mis razones para pensar de esa manera. Él está con ella, me olvido y ya está. Dejó de quererme y yo lo odio porque no fue sincero y fingió quererme hasta el último momento.— decía completamente fuera de mí —Me ha hecho daño y lo odio, lo odio más de lo que te imaginas.

Y no mentía. Sentía tantísima rabia…

—Está bien, ya…— decía con esa voz suave suya, levantando las manos para acariciarme los hombros —No voy a decir nada más sobre el tema porque mira cómo te pones. Te alteras y no hay quien te haga entrar en razón, ¿eh? Aunque tengo que decir que estás muy guapo cuando te enfadas…

Solté un resoplido exagerado.

—Lo siento.— murmuré, algo avergonzado, dejando escapar un pequeño suspiro —Es que ni siquiera puedes intentar ser empático, no con un tema como este.— le expliqué —Y no debería parecerte que estoy guapo cuando me enfado, porque cuando me enfado pierdo el control.

—Ya me he dado cuenta.— se burló, haciéndome sonreír al instante porque él también sonreía —Pero eso no quita lo guapo que eres.

El poco enfado que aún sentía fue evaporándose poco a poco. Acorté la distancia entre nosotros dando apenas un par de pasos y me quedé mirándolo fijamente.

—Ah, ¿sí?— susurré con mi voz bajita, pasándome la lengua por el labio inferior.

Alex me miraba con una sonrisa dibujada en los labios.

—¿Y solo eso?

Él tomó una bocanada de aire y se relamió los labios sin apartar sus ojos de los míos. El contacto visual seguía ahí y yo volvía a sentir esa necesidad de que me besara. Era demasiado imprudente por mi parte decirlo, pero… Alex me recordaba a Tom, con la misma intensidad al besarme, con la misma intensidad al mirarme, y eran cosas que me descolocaban por completo. No quería pensar en Tom, pero me era inevitable. La única diferencia es que Alex podía mantenerse controlado, Tom no.

—Podría enumerarte muchas cosas más, pero…

—Pero…— lo incentivé, estirando los labios en una sonrisa chiquitita, ladeando la cabeza con guasa.

Alex y Tom tenían la misma altura, así que yo tenía que alzar la cabeza sí o sí para mirarlo. Joder, ¿por qué coño me venía el nombre de Tom a la cabeza otra vez?

—Dime una cosa, Bill…— murmuró, acercándose también a mí —¿Estás provocándome?

Entrecerré un poco los ojos.

—¿Quizás…?— mis manos fueron directas a su pecho y las deslicé hasta rodearle el cuello con los brazos. Alex me siguió el rollo enseguida y sus manos acabaron en mi cintura, sujetándome con fuerza pero sin hacerme daño —¿Quieres que deje de hacerlo?— pregunté en un susurro.

—No— me respondió.

—Bueno…— solté una exhalación a propósito y hice un pequeño puchero en mis labios —Ya que me has cabreado, deberías hacer algo para arreglarlo, porque ha sido culpa tuya.

—¿Tienes idea de cómo quieres que lo arregle?

Asentí despacio con la cabeza.

—Sí que la tengo.— me incliné para acercar mi cara a la suya, mientras mi mirada pasaba de sus ojos a sus labios, y con él pasaba exactamente lo mismo.

Fue él quien, impaciente, acabó estrellando sus labios contra los míos. Sus manos dejaron mi cintura para subir y acunarme la cara con las palmas, enredando los dedos en mi pelo.

¡Mmmh… Dios mío!

Mis dedos se hundieron en su mandíbula áspera por la barba mientras lo atraía hacia mí con desesperación. Sentí su aliento caliente rozándome los labios un segundo antes de que su boca chocara contra la mía, hambrienta y exigente otra vez. Su lengua entró sin pedir permiso, gruesa y caliente, enredándose con la mía en un beso húmedo y profundo que me hacía gemir contra él.

Podía saborearlo todo. Nuestras lenguas se frotaban, se lamían, se succionaban con ansia. Chupaba la suya con fuerza y él gruñía bajito, vibrando contra mi boca. Mis uñas negras se clavaban un poco más en su cuello, notando cómo le latía el pulso acelerado.

Su mano grande bajaba por mi espalda y apretaba mi cintura, pegándome contra su cuerpo duro.

Sentía su erección presionando contra mi vientre, gruesa y caliente, y eso me ponía todavía más cachondo.

Incliné la cabeza para besarlo más profundo, casi follándonos con la boca. Nuestros labios se movían resbaladizos, llenos de saliva. Él me mordió el labio inferior, tirando de él suavemente antes de volver a hundir la lengua hasta el fondo, explorándome como si quisiera comerme entero.

Mi respiración se cortó, mi entrepierna empezaba a despertarse de pura excitación. Sentía sus dientes rozando, su barba raspándome deliciosamente la piel sensible, mientras se me ponían los pezones duros.

No paramos en ningún momento.

El beso se volvió aún más guarro, más necesitado.

Chupé su lengua, la lamí y giré la mía alrededor de la suya mientras gemía sin vergüenza ninguna. Su mano subió hasta mi nuca, sujetándome justo donde quería, dominando el beso. Estábamos jadeando el uno en la boca del otro, con nuestra saliva mezclada corriendo por mi barbilla, pero me daba igual. Solo quería más. Quería que me follara con esa boca como solía hacerlo Tom, que me devorase hasta que me temblaran las piernas.

Cuando por fin nos separamos un milímetro, nuestros labios seguían rozándose, hinchados y rojos. Lo miré a los ojos, mordiéndome el labio, sintiendo todavía su sabor en la lengua… y sé que esto apenas está empezando.

—¿Eso ha sido suficiente?— me preguntó Alex, y sus labios al moverse se rozaban con los míos. Joder, estaba tan ansioso que me sorprendía hasta a mí mismo.

—No…— fue lo único que pude responder antes de volver a devorar su boca con hambre.

El beso se volvió brutal. Nuestras lenguas se follaban sin piedad, húmedas y calientes, mientras yo enredaba los dedos en su pelo y tiraba de él. De repente, Alex soltó un gruñido bajo, me agarró el culo con las dos manos y me levantó del suelo como si no pesara nada. Solté un gemido ahogado contra su boca y envolví mis piernas alrededor de sus caderas, apretándome contra él.

Su polla ya estaba dura como una piedra debajo de la ropa, presionando justo contra mi entrepierna. Me froté descaradamente contra esa dureza mientras él caminaba hacia su habitación, cargándome sin esfuerzo.

Cada paso hacía que mi culo se restregara contra su erección. Nuestras bocas no se separaban y podía sentir sus dedos clavándose en mis nalgas, separándolas ligeramente por encima de la ropa.

Llegamos a su habitación. La cama era enorme, perfecta. Alex me tiró sobre el colchón y yo reboté con una sonrisa traviesa en los labios. Enseguida se subió encima, abriéndose paso entre mis piernas abiertas. Su boca bajó directa a mi cuello y chupó fuerte, lamiendo y mordiendo mientras yo arqueaba la espalda y gemía sin control.

—Joder, Alex…— suspiré, pero cerré los ojos deleitado y en mi cabeza apareció él. Tom. Recordándome cómo los dos tenían esa misma intensidad, esa forma tan guarra de comerme el cuello, de marcarme. Alex lo hacía igual de rico, igual de salvaje.

Mis manos fueron rápidas. Le quité la camiseta por la cabeza y tiré la mía al suelo. Nuestros pechos se chocaron, piel caliente contra piel caliente. Bajé las manos y le abrí el pantalón con urgencia, sacando su polla gruesa y pesada. La mía ya estaba empapada y me dolía tanto que, con la misma desesperación, me bajé los pantalones y los calzoncillos de un tirón y atraje a Alex hacia mí.

—Ven aquí…— gruñí, atrevido.

Lo empujé para que se tumbara de espaldas y me subí encima a horcajadas. Nuestras pollas se encontraron, duras y calientes. Empecé a frotarme contra él con fuerza, moviendo las caderas en círculos lentos y guarrillos. Su polla se deslizaba junto a la mía, resbaladiza por el semen de los dos.

Lo agarré con una mano y las apreté juntas, pajillándonos al mismo tiempo mientras me inclinaba a besarlo otra vez.

—Mhmm…— jadeé contra su boca.

Alex gemía debajo de mí, sus manos apretaban mi culo, guiándome para que me moviera más rápido. Yo estaba desatado. Me frotaba con ganas, subiendo y bajando, sintiendo cómo su polla palpitaba contra la mía. De vez en cuando bajaba la mano y le apretaba los huevos, o pasaba el pulgar por su glande empapado.

En mi mente, Tom me miraba con esa misma cara de deseo, diciéndome guarradas al oído. Alex tenía esa misma energía dominante pero me estaba dejando tomar el control justo como me gustaba.

Me incliné más, le mordí el cuello y empecé a montarlo de verdad. Mi culo se deslizaba sobre su polla, la sentía resbalarse entre mis nalgas, rozando toda su longitud mientras gemía cada vez más alto.

—Oh sí…— susurré, moviéndome más rápido, frotando mi agujero contra su verga dura sin metérmela todavía.

—Joder— gruñía él.

Ladeé la cabeza para apartarme el pelo de la cara y acerqué mis labios a su oreja para susurrarle:

—¿Sientes lo mojado que estoy por ti?

Podría ponerme a pensar en lo descarado que estaba siendo, pero me daba igual. Quería mostrarme seguro de lo que quería. Quería no pensar en Tom, pero era difícil; podía imaginármelo a él y no sentía vergüenza al hablar así. Era injusto por mi parte, de vez en cuando la cara de Tom tapaba la de Alex, pero aunque pasara, me ponía aún más cachondo de lo que ya estaba.

Alex soltó un gruñido ronco ante mi pregunta y me apretó las caderas con fuerza, empujándome contra él. Nuestros cuerpos sudados se restregaban sin control, nuestras pollas resbalaban una contra la otra y los gemidos llenaban la habitación.

Ufff…

Alex me dio la vuelta con facilidad y me puso boca abajo sobre la enorme cama. Mi pecho y mi mejilla derecha se presionaban contra las sábanas frescas mientras él se colocaba encima de mí, cubriéndome completamente con su cuerpo caliente y pesado.

Sentí su polla dura rozando entre mis nalgas, frotándose despacio, deslizándose por mi entrada ya mojada de su líquido preseminal.

—Voy a follarte, Bill— murmuró contra mi oído con esa voz ronca.

Flexioné la pierna derecha hacia arriba, abriéndome más para él. Su peso sobre mi espalda era delicioso, me hacía sentir completamente dominado. Su polla seguía frotándose contra mi agujero, presionando, deslizándose entre mis nalgas con movimientos lentos y provocadores. Cada roce me arrancaba un gemido bajo.

Sentí cómo la cabeza gruesa de su polla empujaba contra mi entrada. Alex entró despacio, muy despacio, llenándome con toda su longitud. Gemí entrecortado, ahogado contra la almohada, mientras mi agujero se estiraba alrededor de él. Era una sensación increíble, podía sentir esa presión ardiente, esa forma en que me iba llenando poco a poco, abriéndome, invadiéndome hasta el fondo.

—Ahh… mierda…— jadeé, mordiendo la sábana.

Sentí cada vena, cada pulso de su tronco grueso mientras entraba más profundo. Cuando por fin lo tuvo todo dentro y sus caderas pegadas contra mi culo, solté un gemido largo y gustoso. Estaba completamente lleno. Su polla me presionaba justo en ese punto que me hacía ver estrellas, caliente, palpitante, perfecta.

Alex empezó a moverse con embestidas lentas y profundas, saliendo casi por completo antes de volver a hundirse hasta el fondo. Cada vez que entraba del todo, yo gemía ahogado, disfrutando de esa sensación de estar tan lleno. Su cuerpo cubría el mío, su pecho contra mi espalda, su boca en mi nuca, mordiendo suavemente mientras aceleraba el ritmo.

—Esto es increíble— gruñó contra mi piel, y eso me encendió todavía más.

Mi mente empezó a jugarme sucio. Por un segundo imaginé que era Tom el que estaba encima de mí, follándome con esa misma intensidad, esa forma de clavarse profundo y posesivo, imaginé que eran sus manos las que me agarraban de las caderas, que era su polla la que estaba dentro de mí. Pero luego volvía a la realidad y Alex, su olor, su forma de tomarme, sus gemidos roncos. Joder… eso también me ponía como una moto. Saber que era él quien me estaba follando tan profundo me hacía apretar más alrededor de su polla.

Podía pensar en Tom y sentirlo mejor, pero saber que era Alex también era la hostia.

—Más… así…— supliqué entre gemidos.

Alex aumentó el ritmo, follándome con embestidas firmes y constantes. El sonido húmedo de su polla entrando y saliendo de mí llenaba la habitación junto con mis gemidos ahogados. Sentía sus huevos golpeando contra mí, su sudor mezclándose con el mío. Cada vez que se hundía hasta el fondo, una ola de placer me recorría entero.

Después de un rato, Alex se salió lentamente, dejándome vacío y ansioso. Me giró y se sentó con la espalda apoyada contra el cabecero de la cama. Su polla estaba brillante, dura y palpitante. Me subí encima de él a horcajadas, mirándolo a los ojos mientras agarraba su verga y la alineaba con mi agujero.

Bajé despacio, mordiéndome el labio. Volví a sentir esa deliciosa sensación de ser abierto y llenado por completo. Cuando lo tuve todo dentro, empecé a montarlo. Primero con movimientos lentos y profundos, girando las caderas, sintiendo cómo su polla me rozaba por dentro en todos los ángulos.

—Dios…— gemí, apoyando mi frente contra la suya.

Aceleré poco a poco, rebotando sobre su polla con más fuerza. Mis nalgas chocaban contra sus muslos, mi propia polla dura golpeaba contra su abdomen con cada bajada. Alex me agarraba el culo con ambas manos, ayudándome a subir y bajar, clavando los dedos en mi carne.

Lo monté más rápido, más cachondo, dejando que mis gemidos salieran libres. Me inclinaba hacia adelante para besarlo mientras lo montaba, nuestras lenguas se enredaban con desesperación. Su polla entraba y salía de mí una y otra vez, golpeando justo donde más placer me daba.

En mi cabeza seguían mezclándose las imágenes de Tom follándome así de rico, pero también Alex, mirándome con esa misma hambre. Saber que era él quien me estaba llenando, quien me hacía gemir como un loco, me ponía todavía más caliente.

Seguí cabalgándolo con ganas, sudoroso, ansioso, disfrutando cada centímetro que me daba.

¡Sí… joder, sí!

Seguí montándolo con fuerza, rebotando sobre su polla gruesa sin control. El sudor nos cubría a los dos. Mi pecho, mi abdomen y el suyo brillaban bajo la luz tenue de la habitación, las gotas de sudor resbalaban por su frente, por su cuello marcado, mientras yo jadeaba con la boca abierta y el pelo negro pegado a la cara por el calor.

Alex tenía la mandíbula apretada, los ojos entrecerrados fijos en mí. Sus manos fuertes apretaban mis nalgas con fuerza, separándolas mientras me ayudaba a bajar más duro contra él.

—Mhmm sí…— gemí entre dientes, acelerando el ritmo.

Mi agujero lo tragaba entero una y otra vez, apretándose alrededor de su tronco caliente. Cada bajada era más intensa, más profunda. Sentía su polla hinchándose aún más dentro de mí, palpitando fuerte. El placer era exquisito.

Mi cara debía de ser todo un espectáculo, con las cejas fruncidas, la boca entreabierta soltando gemidos roncos y entrecortados, y los ojos vidriosos de puro placer. Alex no se quedaba atrás. Tenía la cara ligeramente enrojecida, los labios hinchados de tanto besarnos, con pequeñas gotas de sudor corriendo por sus sienes mientras gruñía con cada embestida desde abajo.

Mis caderas se movían rápido, haciendo que su polla me follara justo en la próstata con cada golpe. El sonido de nuestra piel sudorosa chocando se oía perfectamente. Mi polla golpeaba contra su abdomen dejando hilos brillantes de semen.

—Alex… me voy a correr…— avisé con voz rota, sin dejar de cabalgarlo.

Él apretó la mandíbula con más fuerza, el sudor iba corriéndole por el pecho. Sus ojos se clavaron en los míos.

—Córrete para mí— gruñó, y empezó a embestir desde abajo con más fuerza.

Eso fue mi perdición.

Mi cara se contrajo en puro éxtasis. Gemí alto, casi soltando un grito ahogado, mientras mi polla empezaba a disparar chorros gruesos y calientes de semen entre nuestros cuerpos sudorosos. Uno tras otro, salpicando su pecho. Mi agujero se contraía violentamente alrededor de su polla, ordeñándolo mientras yo temblaba entero, perdido en el orgasmo más intenso que había tenido en mucho tiempo.

En ese momento mi mente se volvió loca, veía a Tom corriéndose dentro de mí con esa misma cara de placer salvaje…

Alex soltó un gemido gutural, profundo. Su rostro se tensó y sus dedos se clavaron con fuerza en mis caderas mientras me daba las últimas embestidas fuertes y erráticas. Sentí cómo su polla se hinchaba al máximo dentro de mí y luego explotaba, llenándome con chorros espesos, calientes y abundantes de semen.

Pulsaba una y otra vez, vaciándose por completo en mi interior mientras él temblaba debajo de mí, sudoroso y jadeante.

Caí sobre su pecho, exhausto. Nuestros cuerpos estaban resbaladizos por el sudor. Su polla todavía dentro de mí, latiendo con los últimos espasmos. Los dos respirábamos agitados, con los corazones latiendo a mil. Podía sentir su semen caliente escapando un poco alrededor de su polla todavía enterrada en mí.

Alex pasó una mano por mi espalda sudorosa, acariciándome con ternura mientras recuperábamos el aliento. Mi cara descansaba en su cuello, inhalando su olor mezclado con el sudor.

Joder. Había follado con mi jefe, y lo que me preocupó en su momento antes de caer dormido por el agotamiento fue que no habíamos usado condón.

&

Alex había sido el primero en despertarse, al parecer, porque cuando me moví libremente por la cama no lo encontré. Solté un gemidito bajito por el cansancio. No quería abrir los ojos, pero tenía que hacerlo. Los primeros rayos de luz de la mañana se colaban entre las cortinas que cubrían la enorme ventana de la habitación.

Si no hubiera sido porque el intenso aroma del café llegó hasta mí, deleitándome un poco, ni siquiera habría conseguido sentarme en la cama.

Quería seguir durmiendo, pero no era hora de hacerlo, y Alex y yo teníamos una conversación pendiente, así que, con eso en mente, me puse de pie después de desperezarme y me encaminé hacia el baño de la habitación para asearme. Alex tenía productos nuevos que no dudé en usar y me di una buena ducha, tomándome mi tiempo para lavarme todo el cuerpo.

Cuando terminé, solo pude cubrirme con un albornoz negro limpio y recogerme el pelo húmedo con una pequeña toalla, también limpia, para salir y ser recibido por el olor a café, todavía más intenso que antes. Me encontré con Alex atendiendo una llamada mientras servía dos tazas de café. Supuse que una era para mí porque, ¿para quién iba a ser si no?

—Necesito que adelantes la investigación. Sea lo que sea, tenemos que seguir las pistas de adónde se dirigía ese barco.— le oí decir, y supe enseguida que se refería al caso de Natalie. Cada vez estábamos más cerca de descubrir dónde estaban esos perros desgraciados.

—Buenos días.— saludé, tomando asiento en la isla de la cocina.

Alex me miró y sonrió ligeramente.

—Buenos días.— me devolvió el saludo con voz suave y volvió a centrarse en la llamada —Sí, Adán. Mantenme informado, ¿de acuerdo? Nos vemos.— ni siquiera esperó a recibir respuesta al otro lado de la línea y colgó —¿Has dormido bien?— me preguntó.

Alcé una ceja durante un instante mientras asentía con la cabeza. Estiré la mano para coger una fresa de las que Alex había cortado por la mitad y dejado en un enorme cuenco.

—Demasiado bien.— murmuré antes de llevármela a la boca y disfrutar de su sabor dulce.

—Me alegro.— dijo —¿Te parecen bien unas tostadas para desayunar?

—Mmm, sí.— acepté encantado —Unas tostaditas y un café para espantar la pereza.— dije con voz perezosa —Pero sin jamón, ¿eh?

Alex se rio por lo bajo.

—Solo con queso manchego, ¿vale?

—Ajá.— afirmé mientras me pasaba la taza de café y preparaba las tostadas. Cogió un plato, puso dos tostadas bien calentitas, les añadió unas rodajas de tomate, les echó un chorrito de aceite de oliva, una pizca de sal, el queso y luego me las pasó. Dios. Tenían una pinta increíble —Menuda pinta.— lo halagué —A ver si saben tan bien como parecen.

—No me subestimes, chaval. Soy increíble en la cocina…

Me reí mientras le daba un bocado a una de las tostadas y… madre mía, qué maravilla.

—Mmm…

—¿Lo ves?

—Increíble.— admití con pequeños asentimientos de cabeza, cubriéndome un poco la boca.

Alex preparó las suyas y también se sentó a desayunar, quedándose frente a mí. Apenas había probado la comida porque no dejaba de mirarme, y yo ya empezaba a ponerme nervioso. Cogí la taza de café y le di un sorbo mientras él negaba despacio con la cabeza.

—¿Qué?— pregunté algo cohibido entre una risita.

—Entonces… ¿qué?— dijo él, y enseguida entendí a qué se refería.

—¿Qué de qué?— respondí, haciéndolo reír.

—¿Estás bien?— preguntó.

Me lo pensé unos segundos antes de responder, recorriendo con la mirada toda la cocina.

—Sí.— respondí —Bueno… si a todo lo que estoy sintiendo se le puede llamar estar bien, entonces sí, todo bien.— comenté.

—Vale.— Alex asintió sin perder esa sonrisa traviesa de los labios —Si quieres, puedes contarme cómo te estás sintiendo y yo te diré si realmente puedes llamarlo así o no.

—A ver…— me pasé la lengua por los labios —Lo que pasó… fue muy bonito, ¿vale? Entre otras cosas.— le dije —Y…— solté entre una risita —Puedo decirte que hacía muchísimo tiempo que no me sentía tan bien.— suspiré —Como te dije en el hospital… yo sí quiero intentar algo contigo, pero… no sé si tú quieres.

Alex inspiró profundamente antes de hablar.

—Bueno, no nos engañemos.— resopló ligeramente, apoyando los antebrazos sobre la isla de la cocina —Esto es mucho más sencillo para mí que para ti. Porque tú me gustas desde hace mucho tiempo, Bill. Me encantas, te adoro… y creo que ya ni siquiera basta con decir que me gustas. Pero tú… tú vienes de una historia muy distinta.

Guardó silencio unos segundos antes de continuar.

—Has pasado por demasiadas cosas en muy poco tiempo. No solo terminaste una relación importante; fue una traición, una decepción enorme. Estás esperando un bebé, tu vida ha cambiado por completo y todavía estás intentando entender cómo seguir adelante. Lo último que quiero es convertirme en una decisión tomada desde el dolor.

Lo miré sin apartar la vista.

—No lo eres.

—Déjame terminar.— sonrió apenas —No quiero que un día te despiertes y pienses que estuviste conmigo porque necesitabas un sitio donde refugiarte. No quiero ser un parche. No quiero ocupar un espacio que todavía le pertenece a otra persona, aunque esa persona haya sido quien lo destruyó.

Tragué saliva.

—Han pasado cinco meses, Alexander.

—Exactamente.— asintió —Y cinco meses no bastan para sanar una historia como la tuya. No te la vas a sacar ni de aquí.— señaló su cabeza —Ni mucho menos de aquí.— llevó una mano a su pecho, señalando su corazón —Yo puedo esperar, Bill. Lo haría el tiempo que hiciera falta. Lo que no quiero es que aceleres tu proceso por mí.

Bajé la mirada hacia mi taza de café.

—Es algo que voy a superar, no porque vaya a dejar de doler de un día para otro, sino porque no puedo quedarme viviendo ahí para siempre.

—Lo sé.— respondió con calma —Y si decides que quieres recorrer ese camino conmigo, voy a estar ahí. Pero también necesito que seas completamente sincero contigo mismo.

Asentí despacio.

—Lo estoy intentando.

Alex suspiró.

—Entonces pongamos otro escenario.— murmuró —Imaginemos que esto sigue avanzando… ¿qué va a pasar con tu ex? Porque tarde o temprano se enterará de lo del bebé, y también se enterará de lo mío. Dudo muchísimo que le dé igual. Pensará que quiero ocupar su lugar en tu vida… y en la del bebé.

Cogí aire antes de responder.

—Tom va a tener que entender que tengo derecho a rehacer mi vida. Sé que no va a ser fácil. Lo conozco. Me pondrá las cosas difíciles, pero fue él quien destruyó lo que teníamos. No puede esperar que yo me quede parado para siempre mientras él sigue adelante.— hice una pausa —Y con respecto al bebé… encontraré la manera. Siempre será su padre. Eso jamás va a cambiar.

Alex asintió lentamente.

—Me tranquiliza oírte decir eso.

Lo miré confundido.

—¿Por qué?

—Porque no quiero reemplazar a nadie, Bill— confesó —No quiero competir con el recuerdo de tu relación, ni mucho menos con el lugar que el niño tendrá para su padre. Si algún día llego a formar parte de tu vida, quiero que sea porque tú me elegiste, no porque alguien dejó un vacío.

Sentí un nudo en la garganta.

—Eso es precisamente lo que estoy haciendo.— me humedecí los labios antes de continuar —No voy a mentirte. Tom siempre va a ocupar un lugar importante en mi vida. Fue mi primer amor… y sí, todavía lo quiero.

Alex no apartó la mirada. Tampoco hizo ningún gesto de molestia. Simplemente escuchó.

—Pero la decepción que siento es mucho más grande que ese amor. Hay cosas que uno puede perdonar y otras que cambian para siempre la forma en la que miras a una persona. Él rompió algo que para mí era sagrado, Alex. Y yo ya no quiero vivir intentando reconstruir algo que él mismo decidió destruir.

Solté una risa amarga.

—Si depende de mí salvar ese vínculo…— negué con la cabeza, con los ojos brillantes —Prefiero dejarlo morir.

Alex permaneció en silencio durante unos segundos.

—¿De verdad crees que puedes hacer eso?

Sonreí con tristeza.

—No porque sea fácil. Sino porque me toca. Porque, si sigo esperando a que sea él quien cierre esta historia, nunca voy a poder seguir adelante. Tengo que hacerlo yo. Tengo que aceptar que se terminó, aunque todavía me duela.

Le di un sorbo al café.

—Y también tengo que aceptar otra cosa.— levanté la vista para mirarlo —Que contigo me pasan cosas.

Alex sonrió apenas.

—¿Sí?

—Sí.— respondí sin rodeos —Cuando estoy contigo me siento tranquilo. No tengo que fingir nada. No siento esa angustia constante que llevo arrastrando desde hace meses. Me haces sentir en paz… y eso no me pasaba desde hacía muchísimo tiempo.

Respiré hondo.

—No estoy intentando olvidarme de Tom contigo. Eso sería injusto para los dos. Estoy intentando descubrir si todavía soy capaz de volver a querer a alguien sin vivir con miedo.

El silencio que siguió no fue incómodo, sino sereno.

Alex acabó sonriendo.

—Gracias por decirme eso.

Fruncí el ceño.

—¿Por qué?

—Porque era exactamente lo que necesitaba oír.

Cogió su taza de café.

—Entonces voy a proponerte una cosa teniendo todo esto en cuenta, ¿vale? Porque después de lo que pasó anoche… sinceramente, no creo que pueda fingir que no siento nada por ti. Tendría que pedir que te cambiaran de división para dejar de verte… y no quiero hacerlo.

No pude evitar sonreír.

—Yo tampoco.

—Entonces no le pongamos etiquetas todavía.— dijo con tranquilidad —No nos prometamos cosas que aún no sabemos si vamos a poder cumplir. Simplemente conozcámonos. Salgamos. Riámonos. Discutamos si hace falta. Veamos cómo encajamos fuera de una noche bonita.

Lo observé durante unos segundos. No me estaba prometiendo un futuro; me estaba ofreciendo construirlo poco a poco.

—Yo no tengo nada que perder.— concluyó.

Sonreí.

—Yo muchísimo menos.

Alex levantó ligeramente la taza de café hacia mí.

—Entonces dejemos que las cosas fluyan. Sin prisas. Sin presiones. Si esto tiene que convertirse en algo grande, lo hará porque los dos lo hemos elegido, no porque el momento nos haya empujado.

Mi sonrisa se ensanchó sin darme cuenta.

—Está bien.— acepté —Hagamos eso.— levanté la tostada —Pero primero…

Él soltó una carcajada.

—Sí, desayunemos antes de seguir resolviendo la vida.— dijo al captar a qué me refería.

Lo que pasó con Alex realmente había sido algo increíble, lo admitía, me había gustado. Me había hecho sentir bien a pesar de que muchas veces mis pensamientos se desviaban hacia Tom, pero de verdad había sido estupendo. Había sido bonito a su manera y me había confirmado que quería tener algo con Alex. Y dejar que las cosas fluyeran era la mejor decisión, era lo mejor que podíamos hacer teniendo en cuenta las circunstancias.

No quería ponerle nombre a algo que apenas estaba empezando a nacer. No quería correr, ni obligar a nadie a ocupar un lugar que todavía estaba lleno de cicatrices. Quería descubrir qué podía construirse cuando dos personas dejaban de luchar contra el tiempo y simplemente decidían caminar una al lado de la otra.

Éramos dos adultos: uno que estaba teniendo la oportunidad que siempre había querido y otro que quería rehacer su vida lejos de todo aquel caos.

Y quizá de eso iba crecer. De entender que no todas las historias empiezan cuando uno está completamente sano. A veces empiezan precisamente mientras uno aprende a sanar. La diferencia estaba en no convertir al otro en una venda para las heridas, sino en un compañero de camino.

Lo mío con Tom no tenía vuelta atrás. Aunque mi amor seguía intacto, yo realmente ya no quería tener nada con él porque jamás podría olvidar que me fue infiel. Que me engañó. Que me destrozó el corazón. Ya no había nada que reparar ni nada que hacer por nosotros. Lo nuestro se había acabado y esperaba que, cuando llegara el momento, él lo entendiera. Si esto terminó fue por su culpa, por lo que hizo, y no tenía por qué sentirme mal si él ya estaba saliendo con la misma zorra con la que me engañó.

Porque había algo que por fin estaba entendiendo.

El amor, por sí solo, no basta.

Nunca basta.

No cuando la confianza se rompe. No cuando el respeto desaparece. No cuando la persona que juró proteger tu corazón acaba siendo la misma que lo hace pedazos. Uno puede seguir queriendo a alguien con toda el alma y, aun así, entender que volver sería una traición hacia uno mismo. Y eso era exactamente lo que me estaba pasando.

Todavía lo quería.

Todavía había noches en las que mi cabeza buscaba su voz sin darme cuenta. Todavía había canciones, lugares, recuerdos y pequeños detalles que inevitablemente me llevaban hasta él. Todavía me dolía imaginar que nunca volvería a abrazarlo como antes.

Pero también recordaba cómo me hizo sentir. Recordaba el vacío, la humillación. La angustia de descubrir que la persona a la que más querías había elegido destrozarte. Y había dolores que uno podía soportar una vez.

Dos veces ya era una elección.

No quería vivir preguntándome si volvería a fallarme. No quería convertirme en alguien desconfiado por culpa de quien prometió hacerme sentir seguro. No quería mirar constantemente por encima del hombro esperando otra puñalada.

Eso no era amar.

Eso era sobrevivir.

Y yo ya estaba cansado de sobrevivir. Quería volver a vivir.

Ya no había manera de arreglar lo bonito que habíamos tenido y de lo que ahora solo quedaban los recuerdos. Lo nuestro se rompió, pero los pedacitos seguían latiendo dentro de mí. Porque el amor no desaparece el mismo día en que termina una relación. Se queda, se transforma y duele.

A veces se convierte en nostalgia. Otras veces, en rabia. Otras, simplemente aprende a vivir en silencio.

Iba a cargar con ese amor durante mucho tiempo, probablemente. No porque quisiera volver, sino porque las personas que de verdad marcaron tu vida nunca se van del todo. Aprendes a vivir con su ausencia, con el vacío que dejaron y con la versión de ti que murió cuando ellas se fueron.

Y estaba bien.

No tenía que dejar de querer a Tom para entender que ya no era mi lugar. Las dos cosas podían existir al mismo tiempo. Podía seguir queriéndolo…

…y, aun así, elegir no volver jamás.

Eso era lo más difícil de aceptar.

Y también lo más valiente que había hecho en muchísimo tiempo. Yo nunca quise que esto terminara, pero todo tiene un final. Nada dura para siempre, supongo…

Algunas historias no terminan porque se acaba el amor. Terminan porque el dolor acaba pesando más que él. Y cuando eso ocurre, quedarse deja de ser un acto de amor para convertirse en un acto de destrucción. Quizá algún día recordaría a Tom sin que me doliera el pecho. Quizá algún día podría pensar en nosotros con una sonrisa en lugar de un nudo en la garganta.

Pero ese día todavía no había llegado y, por ahora, solo podía hacer una cosa: seguir caminando.

Aunque todavía me doliera mirar hacia atrás.

Continúa…

Gracias por la visita, no te vayas sin comentar 😉

por unicornlitz

Escritora del Fandom

Un comentario en «Irrevocable 6 Bill»
  1. 1 Tom definitivamente perdió a Bill por no Buscarlo
    2 maldita Catalina consiguió lo que nadie separar el Toll
    3 Alexander me gusta para Bill aunque me cuesta un poco puedo aceptar que estén juntos me arde el alma ver qué su amor está en ruinas
    Gracias por la actuación Mizuky y unicornio

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