It’s just a dream 100

Fic hetero de Heiligtkt483

Capítulo 100

BARCELONA (ESPAÑA)

Laia se fue a su habitación, y buscó una ropa cómoda que ponerse. Después volvió a bajar, Tom ya no estaba en la cocina, sino que se había ido a su habitación para llamar con más tranquilidad a su hermano, y preguntarle donde se encontraba para ir más tarde con todas sus pertenencias. Laia salió de la casa, sin despedirse de sus padres que aún no habían dado señales de vida. En menos de diez minutos, Laia se encontraba en la casa de Kayla tocó el timbre si hacer mucho ruido. Al poco rato, Miguel, el padre de Kayla, abrió la puerta mirando a Laia con tristeza.

—Buenos días, Miguel —susurró Laia al padre de su amiga.

—Buenos días, Laia —dijo Miguel dejando entrar a Laia a la casa— Si vienes a ver a Kayla, se encuentra en su habitación. Lleva toda la noche y mañana llorando… ¿Tú sabes lo que le ha pasado? A mí no me ha querido decir nada…

—Lo siento, pero supongo que serán cosas privadas de Kayla que solo ella podrá contar, no yo —respondió Laia al padre de su amiga, a las preguntas de este.

—Está bien… Vete a junto de Kayla le hará bien verte —dijo Miguel sonriendo con tristeza a la mejor amiga de su hija.

Laia comenzó a subir las escaleras, que daban al piso superior de la casa de Kayla. Caminó durante unos segundos, hasta que llegó a la puerta de habitación de Kayla. Tocó la puerta, pero no recibió ninguna respuesta así que se atrevió a abrir la puerta sin el permiso de Kayla. Cuando accedió a la habitación, se encontró a Kayla con todo el maquillaje corrido en su cara, y los ojos hinchados tras haber llorado horas y horas. La chica se encontraba tumbada en su cama, con una camiseta de Bill entre sus brazos, la cual abrazaba con mucha fuerza, no queriendo separarse nunca del aroma de su ex novio.

—Kayla… —susurró Laia a su amiga para intentar despertarla, ya que la joven se había quedado dormida después de haber estado llorando sin cesar, completamente agotada.

—Laia… —dijo Kayla un poco desorientada que había acabado de despertarse bruscamente.

—¿Cómo te encuentras? —preguntó Laia a su amiga, interesándose por el estado anímico de su amiga.

—Mal… ¿Cómo me voy a sentir? El sueño de toda mi vida se acaba de hacer pedazos. El único chico que me ha gustado de verdad me ha dado una patada en el culo… —dijo expresando su tristeza en rabia.

—Bill no tiene la culpa, tú le engañaste. No quería decirlo, pero te lo dije… —le dijo Laia.

—Pues será mejor que abras tu boca y se lo digas a Tom si no quieres ir por el mismo camino que yo —le recomendó su amiga— Yo ya no tengo ninguna oportunidad con Bill, pero tú aun puedes seguir con tu sueño mientras yo me pudro en esta pesadilla…

—Kayla… —susurró Laia.

—Será mejor que cojas las cosas de Bill y te marches —dijo duramente— Si te pregunta si esta todo dile que sí, no le digas que me quedé con esta sudadera —pidió empezando a llorar levemente de nuevo.

Laia cogió las dos maletas de Bill con cada una de sus manos. Kayla ya se había encargado de hacerlas, cuando llegó a casa por la noche mientras lloraba intensamente. Laia se sentía triste por el estado anímico de su amiga, y a parte porque no sabía si decirle la verdad a Tom. Tenía mucho miedo de la reacción de él, si se enterase de que estaba embarazada. No quería ver a su padre furioso, aún no estaba preparada para lanzar la bomba. Bajó las escaleras, y se encontró nuevamente con Miguel, el padre de su mejor amiga, para luego despedirse de él.

—¿Esas maletas son las de Bill? —preguntó Miguel.

—Emm… Sí —respondió Laia.

—¿Y por qué te las llevas? ¿Qué ha pasado con mi hija? ¿Es que le ha hecho algo ese? —preguntó en forma despectiva.

—Em… yo… mmm —no sabía que responder.

—Laia deja de balbucear y dime que es lo que le ha hecho —exigió Miguel.

—Bill la ha dejado —respondió.

—¡¿QUÉ?! —gritó sorprendido Miguel— Voy a matar a ese malnacido. Y yo que pensaba que era un buen chico, a quien le abrí las puertas de mi casa.

—Me tengo que ir —dijo Laia cogiendo las maletas del chico, para luego salir de la casa apresuradamente mientras escuchaba como el padre de Kayla maldecía a Bill en todos los sentidos.

Laia caminó hacia su casa pensativa, tenía un mar de dudas en su cabeza. No sabía si decirle la verdad a Tom, sobre el hijo que ambos estaba esperando, y hacerle caso a su amigo o esperar a que el tiempo pasará y se destapará el paquete. En menos de diez minutos, la chica se encontraba ya entrando en su casa, subió las escaleras hasta llegar a la habitación donde dormía Tom. Este se encontraba tumbado sobre la cama pensando.

—¿Te las dio sin ningún problema? —preguntó Tom al ver a su novia con las maletas.

—Sí —respondió Laia posando las maletas en el suelo de la habitación.

—¿Está toda la ropa de mi hermano? —volvió a preguntar Tom a la chica.

—Sí, ¿Por qué me preguntas eso? —preguntó la chica a su novio.

—Por nada, solo que pensé que igual Kayla se quedaría con alguna prenda de mi hermano —respondió Tom.

—¿Has hablando con Bill? —preguntó Laia a Tom.

—Sí, está muy mal —contestó Tom a su chica.

—¿En donde se ha alojado? —preguntó Laia con curiosidad.

—Me ha dicho en el hotel Arts —dijo Tom intentando recordar el lugar— Pero no sé como llegar allí

—Tienes una memoria de pez —dijo Laia riéndose.

—¿Porqué lo dices? —preguntó Tom extrañado.

—En ese hotel estuvisteis alojados en el 2010 cuando vinisteis a dar un concierto en Barcelona —explicó Laia a su novio.

—Ah vale, pero recuerdo que yo no vengo muy a menudo a Barcelona, para saber donde quedan todos los hoteles en donde me alojo —dijo Tom a su novia.

—Bueno, no hay problema si quieres te acompaño al hotel —se ofreció Laia.

—Lo siento, cariño —dijo Tom a su chica— Pero Bill me dijo que quería que yo fuera solo, quiere hablar conmigo de cosas importantes, ¿Entiendes?.

—Sí… —susurró Laia a su chico— Bueno, será mejor que te vayas ya no hagas impacientar más a tu hermano. Te voy a llamar un taxi para que te lleve, las maletas de tu hermano pesan bastante.

—Eso es porque tú eres una floja, y no estás acostumbrada a llevar maletas —dijo Tom todo lleno de razón, ya que tanto él como su hermano estaban acostumbrados a viajar mucho con lo cual a llevar sus maletas siempre cargadas.

—Mi vida no es tan ajetreada como la tuya —dijo Laia a Tom— Bueno, voy a llamarte al taxi.

Laia bajó al piso de abajo, a coger el teléfono fijo y así llamar al taxi para que llevara a Tom. El chico bajó con ella, apoyando las maletas en el suelo del gran salón. Laia tuvo que esperar unos minutos hasta que le confirmaron el taxi que iría recoger a Tom, diciéndole el número del vehículo. Después colgó el teléfono.

—Vienen en unos minutos —explicó Laia a Tom.

—Vale —dijo Tom sentándose en uno de los sillones.

Esperaron durante diez minutos, ambos estuvieron en silencio sin saber que decirse. Finalmente, Tom decidió salir al jardín de la casa y así esperar al taxi, con las maletas acuestas. Minutos más tarde, se encontraba montando en el taxi, dirección al hotel donde se había alojado la noche pasada su hermano. En menos de veinte minutos, llegaron al hotel. Tom pagó al taxista la carrera y se bajó del coche, acompañado por el taxista que le dio las maletas. Después se dirigió hacia el interior del hotel, para luego dirigirse a la zona de ascensores, ya que sabía en que planta y el número de habitación de su hermano. A los pocos minutos, ya se encontraba en frente de la puerta del dormitorio donde estaba su hermano gemelo. Tocó levemente la puerta.

—¿Quién es? —preguntó una voz dolorida desde el interior de la habitación.

—Soy yo, Bill —dijo Tom a su hermano.

—Puedes pasar, la puerta está abierta —dijo Bill en un susurro.

—¿Cómo te encuentras? —preguntó Tom nada más entrar por la puerta, posando las maletas en el suelo.

—¿Te dio todas mis pertenencias? —preguntó Bill a su hermano, mostrando sus ojos llorosos.

—Sí… Bueno fue Laia a buscarlas —explicó Tom a su gemelo— Yo no quiero ver a Kayla ni en pintura.

—Todavía no puedo entender como fui tan ingenuo para abrirle mi corazón —dijo Bill con rabia.

—Estabas ciego de amor, siempre te advertí de que Kayla no era buena persona —recriminó Tom a su hermano— Pero el señorito nunca me hizo caso.

—Mal digo el día en que la conocí —dijo Bill de nuevo con rabia— No quiero verla más en mi vida, la odio con toda mi alma.

—Bill… sé que es duro pero no sé, tal vez te estás excediendo —dijo Tom.

—Ya, bueno gracias de todos modos —dijo Bill sentándose alrededor de la mesa que había y tomando un sorbo de una botella de agua.

—No has dormido nada, ¿verdad? —preguntó Tom.

—Nada… Me forzaba a no llorar pero era peor, no dejaba de pensar y dar vueltas a la cama, de imaginarme como seria ese hijo, que rasgos tendría, verle crecer… Creo que lo poco que dormí fue imaginando eso y luego se convertían en pesadillas, que arrancaban al bebé de mis brazos —explicó— Sin duda he empezado el año con buen pie… —ironizó— Bueno no quiero hablar del tema, quiero olvidarlo. ¿Qué hicisteis vosotros después de irme?.

—Tú te fuiste, Kayla se fue y nosotros nos fuimos también. Oh dios que bien lo pase anoche, los padres de Laia tuvieron la grandísima idea de dejar la casa sola —dijo feliz.

—Me alegro que tu inicio de año haya sido mejor —dijo de corazón Bill.

—Sí. Extrañaba tanto tener a Laia entre mis brazos… no te lo puedes ni imaginar —explicó.

—Espero que hayas utilizado protección, no vaya a ser que Laia también te oculte un aborto. Son amigas, Kayla podría comerle la cabeza a Laia en ese caso —dijo como si nada. De pronto vio la cara de pálido que tenía su gemelo. ¿Tom, que te pasa? ¿Usasteis protección verdad?.

—Mierda… —dijo Tom sentándose abatido sobre la silla.

—Tom… —abrió los ojos Bill al ver la respuesta de su hermano— Yo te voy a matar, mejor dijo a castrar. El padre de Laia te va a matar como se quede preñada.

—Tengo que irme, Bill —dijo Tom a su hermano— Tengo que convencer a Laia de que se tome la pastilla esa del día después.

—Está bien… Vete… —susurró Bill a su hermano— Después regresa, que quiero hablar contigo. He pensado regresar a Los Ángeles de inmediato.

—¡¿Qué?! —dijo sorprendido Tom.

—Tú te puedes quedar, y pasar el resto de las vacaciones con Laia —dijo Bill a su hermano.

—No… Si tú te vas yo me voy contigo —dijo tajantemente Tom a su hermano— No quiero que hagas alguna locura, estando solo.

—No va a pasar nada —dijo Bill a su hermano.

—Da igual, yo me regresó contigo a Los Ángeles —dijo Tom a su hermano— Compra los billetes para el día que tengas pensado regresar…

—Vale… —dijo Bill asintiendo finalmente.

Tom salió de la habitación de su hermano, y se dirigió hacia la zona de ascensores. Llamó al ascensor con insistencia, aunque tuvo que esperar unos minutos a que llegase. Con prisa, se montó dentro de él y marcó con urgencia el número cero para que lo llevará lo antes posible al piso de abajo del hotel. Nada más abrir la puerta salió disparado hacia la puerta, para dirigirse a una parada de taxis que había cercana a la entrada del hotel. Se montó en un taxi y le indicó la dirección de la casa de Laia, en menos de quince minutos se encontraba ya en la puerta de la casa de su novia. Salió del taxi, y se dirigió hacia la puerta tocando el timbre. Laia le abrió la puerta.

—Oh Tom, que pronto. Pensé que tardarías más —dijo Laia dejando entrar a Tom.

—¿Están tus padres en casa? —preguntó.

—¿Quieres repetir lo de anoche Tomi? —preguntó coquetamente.

—¿Están o no? —insistió.

—Por desgracia sí. Están en su habitación encerrados —respondió.

—Vamos a tu habitación entonces, tengo que hablar contigo —emprendió camino escaleras arriba.

—¿Te ha dicho algo Bill? —preguntó con curiosidad.

—Sí, algo que me ha hecho darme cuenta de algo —dijo una vez entraron a la habitación de Laia.

—¿Qué ha sucedido? —preguntó.

—A noche lo hicimos sin protección —soltó de golpe.

—¿Y…? —dijo Laia sin entender lo que quería llegar Tom.

—Tienes que tomarte la pastilla —dijo Tom a su chica haciendo que la cara de Laia cambiara por completo— Hay que evitar que te quedes embarazada. Vamos a la farmacia… —Tom tiró del brazo de Laia para hacerla caminar— ¿Porqué no te mueves?.

—No puedo… —susurró Laia mientras que unas pequeñas lágrimas comenzaban a caer por su mejillas sonrosadas— No puedo tomarme esas pastillas…

—Laia cielo, sino las tomas puedes tener riesgo de embarazo en las próximas doce horas —explicó Tom a su novia.

—Eso no va a pasar —dijo titubeante Laia y con nerviosismo mientras por sus ojos seguían saliendo tímidas lágrimas.

—¿Por qué lloras, cielo? —dijo Tom al darse cuenta que su novia estaba llorando.

—Lloro porque quieres matar a lo más sagrado que tengo en este momento —dijo Laia a su novio— Y después hablas mal de Kayla, tú eres peor que ella.

—¿Qué es lo que tienes? No tienes nada ahí aun, por eso podemos evitarlo —dijo Tom.

—Yo… No me puedo quedar embarazada porque… ya lo estoy —confesó mirando hacia el suelo.

—¿Perdón? ¿Qué? —preguntó con gesto de no haber escuchado.

—Ya lo has escuchado… ¿Me vas a obligar a abortar? ¿Acabo de destrozar tu vida? —lloró silenciosamente, no quería parecer una niña pequeña.

Tom se quedó callado, no sabía que responderle a su novia, se había quedado en estado de shock al escuchar las palabras de Laia, y en su interior rezaba para que fuera una broma pesada nada más. En ese momento un bebé realmente estropearía su vida.

—Veo que no me respondes —dijo Laia ahogando sus sollozos— Lo sabía, era todo demasiado bonito para creer en ti. Yo seguiré con mi embarazo adelante, quieras o no. Ahora puedes irte, ya eres libre para seguir con tu vida de rompecorazones y de fiestas.

—Laia… —dijo Tom acercándose a su novia.

—No me toques… —dijo Laia separándose de su chico— A veces pienso que me confundí de gemelo, al enamorarme. Tú y tu hermano sois completamente diferentes en vuestras formas de pensar, y como concebir la vida. Vaya ironía, ¿no? Tu hermano dejó a mi mejor amiga porque abortó el bebé que esperaba, y tú me dejas porque no quiero deshacerme de este bebé.

—Yo no te estoy dejando… —dijo Tom interrumpiendo a Laia— Solo que no veo que sea conveniente tener a este bebé en este momento, pero yo quiero seguir contigo.

—No… Tú realmente no me quieres, cuando quieres acabar con lo más sagrado que se le puede honrar a una mujer —dijo Laia con enfado— Ser madre…

—Eres demasiado joven para tener un bebé, Laia —volvió a insistir Tom a su novia.

—Dices que soy demasiado joven para tener un bebé, sin embargo no te parezco joven para cuando quieres follar conmigo —dijo dolida Laia— La culpa es de ambos, tú también has formado parte de esto.

—No quiero seguir hablando de este tema —dijo Tom agotado, su cabeza le estaba empezando a dar vueltas— Me voy a hacer mis maletas, me voy con mi hermano a Los Ángeles. Mantendremos el contacto.

—Eres un cobarde —dijo Laia histéricamente— Estás huyendo de tus responsabilidades. Ahora dime que hago con este bombo que me has dejado.

—Ya te lo he dicho bien claro, pero tu cabezonería de niña malcriada no te deja actuar —dijo Tom mirando intensamente a los ojos a Laia— Eso no es mi problema, arréglate como tú puedas. Me voy…

Continúa…

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por Heiligtkt483

Escritora del Fandom

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