It’s just a dream 102

Fic hetero de Heiligtkt483

Capítulo 102

LOS ÁNGELES (EE.UU.)

Luego cerró la puerta de casa, como precaución, y así poder hablar muy seriamente con Bill al día siguiente. Tenía que decirle algo importante. Algo más tranquilo Tom se fue a su habitación y dejo la puerta abierta por si escuchaba algún ruido sospechoso que pudiera hacer su hermano. Al parecer pudo pasar la noche tranquilamente. Por la mañana despertó y preparó el desayuno una media hora después escucho a su hermano.

—Tom donde están las llaves, la puerta está cerrada —gritó su hermano desde la puerta principal.

—¿A dónde vas? —preguntó saliendo.

—Que te importa donde vaya —se fijó en su hermano y le vio con un aspecto malo. Las drogas habían hecho que los músculos que había ganado yendo al gimnasio los fuera perdiendo levemente, su color de cara era pálido y con las mejillas hundidas. Ya no se maquillaba y había dejado crecer su barba. Ya no le preocupaba su aspecto, o si su ropa combinaba.

—Mucho. Tenemos que hablar —dijo Tom.

—No, me importa una mierda. Kayla ahora mismo está pasándoselo bomba con sus amiguitos en una buena fiesta, y yo quiero montarme la mía —respondió.

—¿De buena mañana? —dijo irónicamente— No me importa lo que haga Kayla, me importas tú.

—Pues a mí no me importa lo que a ti te importe o no, porque has dejado bien claro que solo piensas en ti, y no en algo sagrado. Tu hijo —le reprochó en cara tocando con un dedo acusador su pecho.

—De eso quería hablarte ahora —dijo Tom a su hermano— He decidido viajar a España para ir a buscar a Laia, y traérmela a vivir aquí al apartamento. Sino es ningún inconveniente para ti.

—Eso lo tenías que haber hecho desde un principio —dijo Bill a su hermano con voz acusadora— Desde el día que te enteraste que estaba preñada, y no huir como un cobarde.

—¿Me acompañas a España? —preguntó Tom a su hermano.

—¿Para qué? No tengo nada que hacer allí —dijo Bill a su hermano.

—Quizás podrías aclarar las cosas entre tú y Kayla —sugirió Tom a su hermano gemelo— Y así hacer las paces.

—Yo no tengo nada que aclarar con Kayla, ella está muerta para mí —dijo Bill saliendo del salón, para luego meterse en su habitación dando un gran portazo.

BARCELONA (ESPAÑA)

Las vidas de las chicas en su país no era tan diferente de como lo estaban viviendo sus ex compañeros. Laia había conseguido ocultar su embarazo a los padres, aunque con mucho esfuerzo y ropa más ancha de la que solía utilizar a menudo. Kayla utilizaba su tiempo libre para divertirse y olvidarse de sus problemas saliendo con algunos nuevos amigos que hizo, de compañía dudable. Ambas chicas seguían estudiando pero ya nada era lo mismo, les costaba concentrarse más de lo normal, sus compañeros ahora las acosaban por haber perdido su momento de fama rápida.

El despertador sonó como siempre temprano, Laia se levantó de la cama con paso lento. Odiaba levantarse tan temprano, y ahora más desde que sus compañeros no hacían más que meterse con ella. Se estiró lo que más pudo, para desperezarse, haciendo que la parte de arriba de su pijama se subirá más de lo habitual, mostrando un leve barriga de tres meses y medio de gestación, por suerte aún no se notaba demasiado, e iba solventando su problema con ropa bastante ancha, que disimulaba bastante su barriga de embarazada. Lo que llevaba mal, eran las mañanas siempre tenía que ir al baño, que había en su habitación para vomitar, odiaba eso, pero ya se había acostumbrado y cada vez rezaba para que esos síntomas dejaran de aparecer. Se miró al espejo, observando su vientre que ya no era plano. Se lo acarició con su mano, sintiendo sensaciones raras, que solo puede sentir una madre cuando establece un vinculo con su hijo.

—Buenos días, pequeñín —saludó Laia a su bebé que aún era muy pequeño, su vientre tenía la forma de un pomelo— Espero que hoy me hagas pasar un mejor día que ayer.

Se fue al baño a darse una ducha reparadora, para luego salir otra vez a su habitación para acabar de ponerse su ropa interior, y acabar de vestirse. Para ese día había elegido unos pantalones anchos, y una camiseta bastante holgada, poniéndose por encima una sudadera bastante ancha. Cogió su mochila, y salió de su habitación para ir a la cocina. Su madre ya estaba preparándole su desayuno, a las nueve de la mañana entraba en clase.

—Buenos días, mamá —saludó Laia a su madre, que ya estaba poniéndole el desayuno en la mesa.

—Buenos días, hija —dijo María a su hija— Otra vez te has puesto esas ropas anchas, con el cuerpo tan bonito que tienes para lucirlo, y últimamente te pones esas ropas que pareces un espantapájaros con ellas. Se nota que tu ex novio te pegó su manera de vestir.

—Mamá… —protestó Laia, no quería volver a escuchar hablar de Tom. Le había hecho mucho daño, dejándola sola e indefensa.

Laia continuó tomando su desayuno, a pesar de las palabras que su madre le iba diciendo. Había elevado su mente, a otro sitio, haciendo caso omiso a lo que su madre le decía. Su relación con sus padres en ese mes no había mejorado mucho, su padre solo hacía recordarle una y otra vez que su novio la hubiera dejado, que ya se lo había advertido. Cuando acabó de tomar su desayuno, cogió su taza y la llevó al fregadero, luego cogió su mochila y salió de la cocina, para dirigirse a la universidad. Por el camino se encontró con Kayla, que se había encendido un cigarro.

—¡Qué bien me sabe el cigarrillo de primera hora de la mañana! —exclamó Kayla dando una buena calada al cigarro que tenía encendido.

—No sé como has sido tan estúpida para caer en eso —dijo Laia a su amiga con tono molesto.

—Querida Laia yo hago con mi vida lo que me da la gana —respondió Kayla a su amiga— Tú no eres quien para decirme lo que tengo que hacer. Ya tienes suficiente con arreglar tu vida, para que vengas a arreglar a la de los demás.

—Eres una borde —dijo Laia a su amiga, comenzando a andar más apurada.

Llegaron a la universidad, y todos los compañeros de ellas en el patio de la entrada, se les quedaron mirando. Desde hacía un mes todo los días era así, malas caras por parte de los compañeros y bromas pesadas en medio de la clase. Un día, le pintaron todo un trabajo de Laia, que tenía que presentar, con pintura negra, en un momento que la chica tuvo que ir al baño en el cambio de clase. Cuando llegó Laia de nuevo a clase, se encontró con toda su trabajo estropeado no pudiendo entregarlo a la profesora, la cual le puso un cero por no haber hecho su trabajo. Kayla aprovechaba los cambios de clase para irse con sus nuevos amiguitos a fumar un par de porros en el baño de los chicos.

Ambas chicas pasaron de largo obviando las palabras, que les decían sus compañeros de clase y otros alumnos de otros cursos. Entraron en el interior de la facultad y comenzaron a subir las escaleras, que daban al piso donde estaba sus correspondientes aulas. Como era costumbre en ellas desde hace algún tiempo las clases no son lo que eran, se aburrían más de lo normal por tener la mente en otro lugar lo que les dificultaba poder sacar buenas notas, pero iban aprobando con un esfuerzo de último momento.

—No lo soporto más, odio la universidad más que nunca —dijo Laia antes de entrar en su aula.

—Opino lo mismo —dijo su amiga. No hicieron comentario alguno.

Cada una de las dos amigas entraron en sus aulas correspondientes. Al terminar las clases llegó uno de los peores momentos del día. En el intervalo en que ambas amigas salían para hacer un descanso, después de varias horas de clase, los comentarios hacía ellas volvían y no cesaban hasta que entraba de nuevo en sus aulas. Ellas intentaban hacer oídos sordos y hacer como si nada pero realmente por dentro ellas estaban demasiado afectadas.

El día en sí, todos y cada uno de ellos, era un infierno para ellas. Las agujas del reloj se movían con lentitud, la peor era la ultima hora sin duda donde miraban el tiempo casa pocos segundos notando que no pasaba, deseando que el timbre tocará y poder huir de ahí.

Por fin y gracias a dios el final de ese calvario sonó. Ambas chicas, en sus respectivas aulas, recogieron con rapidez e intentaron salir de allí lo más rápido posible. Se colgaron sus bolsos al hombro y se encontraron en el pasillo, para luego salir tomadas de las manos. Aunque sus vidas y amistad hayan cambiado en varios aspectos seguían siendo amigas, no tenían a nadie más para poyarse, los amigos de Kayla eran solo amigos de juergas a nadie le importaba lo que realmente le sucedía, solo tenía a Laia, como siempre, y lo agradecía.

Al llegar a los jardines delanteros de la facultad cientos de miradas se posaron en ellas, como cada día a la misma hora. Algunos de los comentarios de sus compañeros llegaban a sus oídos y las intimidaban. Entre tanto alboroto, unos hablando de ellas y otros de sus propias cosas se vieron en vueltas en un mar de adolescentes que querían irse a casa. Pero al llegar a la puerta de salida había tanta gente que no les sorprendió que algunas personas que ni siquiera les conocían les dirigieran la palabra.

—¿Oye, es verdad que estás embarazada de ese famoso? —preguntó un chico que había delante ya que la puerta estaba prácticamente saturada y no podían salir aún.

—Seguro que sí, ya no lleva esas ropas ajustadas —dijo una chica a su lado— ¿Puedo? —la mano de la chica iba a dirigirse sin maldad alguna al vientre de Laia.

—¡No la toques! —gritó su amiga apartando la mano de esa chica de un golpe antes de que tocara a su mejor amiga.

—Hey solo queríamos saber si eran verdad los rumores, no es nada malo —defendió un chico.

—Eso no es cosa vuestra —Laia se sentía pequeña e indefensa, no quería hacer o decir nada que pudiera perjudicarla como meterse en una pelea— Oye tu subnormal no empujes —gritó Kayla a las personas de atrás que empujaban para salir de una vez— ¡Maldita sea porque cojones la gente no sale! —al lado de su amiga empezó a empujar para abrirse paso.

—¡Que haces imbécil! —se escucharon gritos por delante también de los empujones que daba la gente deseosa de salir.

—¡Hey! —gritó otra persona. Kayla abrió los ojos como platos, no se creía lo que veía.

—Seguirme —era Tom, Laia ni se había dado cuenta por todo el alboroto que había. Tom cogió la muñeca de Laia y empezó a tirar de ella, empujando a la gente para que no tocara a la chica y Kayla la seguía bien de cerca protegiéndola por la espalda.

Más gritos de protesta se escuchaban mientras ellos avanzaban. Tom apartaba a la gente con furia y fuerza para hacerse paso entre la gente. Una vez salieron de la multitud cruzaron una calle muy transitada por coches de los estudiantes, allí al otro lado Tom tenía un coche que había rentado para él.

—¿Qué haces aquí? —preguntó Kayla— ¿Ha venido Bill? —preguntó esperanzada.

—¿Tom? —dijo Laia mirándole un poco incrédula.

—No, no ha venido, se lo dije, pero no quiso. Lo siento… —se disculpó Tom de corazón.

—Ya, me lo imaginaba… Lleva a Laia a su casa, yo me tengo que ir —dijo algo tensa.

—¡No Kayla! ¡No vayas, no hagas una tontería! —gritó Laia viendo como su amiga se alejaba, sabiendo que lo que haría ahora no sería nada bueno para su salud.

—¡Kayla! —gritó Tom, ella se detuvo y miró— Lo siento, perdona todo lo que te dije —le dijo en la lejanía. Kayla sonrió agradecida y siguió su camino perdiéndose en el mar de alumnos que se dirigían a su casa. Segundos después Tom pudo ver como la chica era abrazada por los hombros por un chico algo mayor que ella.

—¿Quién era ese? —preguntó algo celoso al ver que ese que abrazaba a Kayla no era su hermano.

—Su nuevo novio o algo así, no lo sé. Pero no es buena compañía… Por culpa de él Kayla se pasa los días de fiesta bebiendo y drogándose —explicó Laia— ¡Se puede saber que haces tú aquí! —gritó una vez reaccionó por completo.

—He venido a por ti —respondió calmadamente— Vámonos, creo que ya han grabado y hecho suficientes fotos todos estos niñatos —dijo Tom haciendo que Laia subiera al coche y él después.

—¿A dónde se supone que vamos? —preguntó Laia a su ex novio— Te recuerdo que mi padre no quiere verte en pintura, y menos después de que me dejaras.

—Vamos hablar a un sitio más calmado —respondió Tom arrancando su coche, para comenzar a conducir al hotel donde se hospedaba.

—¿Cuándo has llegado? —siguió Laia con su interrogatorio.

—Ayer por la noche… —volvió a responder Tom sin perder su atención de la carrera.

Se formó un silencio incomodo en el coche, Laia no volvió a decir ni a preguntar nada más. Parecía que la explicación que le había dado el joven le había servido para quedarse tranquila. Mientras Tom conducía el coche, que había rentado, Laia se dedicaba a mirar distraídamente por la ventana del coche, hasta que sintió una mano posarse en su incipiente vientre.

—Ya se nota más que antes —sonrió Tom mientras acariciaba el pequeño vientre abultado— ¿Te estás cuidando?.

—Eso no te importa. Es mi bebé, no es tuyo —dijo Laia con dureza.

—Lo siento… Me comporté como un crio pequeño —dijo Tom empezándose a disculpar con Laia.

—No me cuentes tus disculpas baratas —dijo Laia molesta.

—Laia, estoy aquí en son de paz —dijo sinceramente Tom— Quiero hacerme cargo de ese bebé… No te quiero dejar sola en esto.

—Oh el niño rico y sin preocupaciones, ahora quiere enmendar su error —ironizó Laia— No te necesito, yo puedo sola cargar con esto.

—No… Es que no ves que todo dios está increpándote y molestándote… —se exaltó Tom— La vida de mi hijo puede estar en peligro, si permaneces más tiempo aquí.

—No opinabas así hace un mes, cuando me sugeriste que me deshiciera del bebé —reclamó Laia a su ex novio— Además ahora ya no somos nada, no nos une nada.

—Nos une ese bebé que llevas en tu vientre —volvió a insistir Tom.

—Perdiste todo derecho sobre mí y mi hijo en ese mismo instante —dijo Laia.

—He recapacitado, te quiero y al bebé. Tuve pánico por eso dije lo que dije pero de verdad no lo sentía—explicó.

—No me quieres —aseguró.

—Si no te quisiera no estaría aquí mismo —dijo Tom.

—Tal vez solo es para poder dormir tranquilo por las noches, calmar tu conciencia —le dijo la chica.

—Si ese fuera el caso te pasaría una maldita manutención, pero no es así. Te quiero Laia. Jamás me había enamorado y tú has sido la chica que ha sacado ese lado bueno de mí y no te quiero perder. Ya he perdido a mi hermano no quiero perderte a ti… —dijo triste.

—Debo de irme, mis padres se empezaran a preocupar por mi —dijo Laia a Tom, para luego hacer un amago de salir del coche— Tengo que ir a comer…

—Espera… —dijo Tom a su ex novia— Solo sube un rato a mi habitación en el hotel, y hablamos más tranquilamente y después te llevo a tu casa.

—No te tenemos nada de que hablar, todo está dicho —dijo Laia con dolor— Hasta nunca Tom Kaulitz…

Continúa…

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por Heiligtkt483

Escritora del Fandom

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