Fic hetero de Heiligtkt483
Capítulo 103
BARCELONA (ESPAÑA)
Tom para evitar que la chica saliera del coche, la agarró por el brazo suavemente para luego comenzarle a besar los labios con dulzura, de una forma que nunca había hecho, y haciendo que Laia le correspondiera a ese beso. Dándole motivos para hablar con él, ya que Laia sintió que realmente Tom estaba diciéndole la verdad.
—Está bien… Subiré a tu habitación y hablaremos —cedió Laia separándose un poco del chico.
—Me haces muy feliz, mi amor —dijo Tom dando un beso tierno en la frente de la chica— Tienes que escucharme…
Los dos jóvenes salieron del coche, para luego dirigirse al interior del hotel. Tom abrazó a Laia por los hombros, hasta que llegaron a la zona de los ascensores, y se metieron en uno que estaba vacío. Tom marcó el número del piso, y esperaron durante unos segundos a que el ascensor llegará. Después salieron del ascensor, para dirigirse en la habitación de Tom, que era el número 483.
—¿De qué te ríes? —preguntó Tom extrañado a la chica, que no paraba de sonreír.
—Es que me acabo de acordar de vuestra canción Reden —explicó la chica— No te has dado cuenta que tienes la habitación número 483, con en esa canción.
—Es verdad… —se rió Tom quitando un poco la tensión del momento— No me había dado cuenta.
Ambos jóvenes entraron en el interior de la habitación, y Tom hizo sentarse a Laia en uno sillones que había en la entrada de la habitación, para luego sentarse él. Miraba a Laia con cara de embobado, no había olvidado en ningún momento sus labios carnosos y apetitosos. Tenía otra vez ganas de volverlos a besar…
—¿Y bien…? —susurró Laia— ¿De qué quieres que hablemos?.
—De nosotros… Del futuro y de ese bebé que estamos esperando —dijo Tom mirando fijamente a Laia— Laia… quiero cuidarte.
—Tom… —susurró Laia— Yo no sé que pensar…
—No tienes que pensar en nada, cariño —dijo Tom levantando la cabeza de la chica, ya que la había agachado— Vendrás conmigo a vivir a Los Ángeles, allí recibirás toda la atención médica que mereces.
—No puedo irme… Tengo que acabar mis estudios —dijo Laia abatida— Además no puedo abandonar a Kayla, ella me necesita.
—Escúchame bien —dijo con voz seria Tom— Ahora lo importante eres tú.
—Pero… —volvió a replicar Laia.
—Ni peros, ni nada —dijo tajantemente Tom— ¿Has ido al médico a que te revise?.
—No… —susurró Laia bajando la cabeza.
—¿Cómo que no has ido aún al médico? —preguntó Tom sorprendido— ¡Dios! Debes de ir a un médico, para que revise el estado del bebé. A veces, eres una insensata.
—No he venido aquí, para que me vengas a regañar —dijo Laia frunciendo el ceño.
—Eres como una niña pequeña, siempre hay que decirte las cosas —dijo de nuevo Tom, haciendo que por esas palabras Laia se levantará del sillón para irse de la habitación— No he acabado… —volvió a decir Tom cogiendo a la chica por el brazo, haciendo que Laia cayera sobre el regazo del joven.
—¿Qué es lo que quieres decirme ahora? —dijo Laia con voz cansina, le estresaba que Tom se comportará como su padre.
—Vamos a hablar con tus padres —dijo Tom con rotundidad.
—¡¿Qué?! —dijo Laia impresionada— No… No, eso no te lo voy a permitir. Mi padre me va a matar…
—Laia tu barriga aún no se nota mucho, pero se está empezando a notar más —dijo Tom a la chica— Llegará un tiempo, que las ropas anchas que usas no servirán para nada. Tus padres se darán cuenta de todo, tarde o temprano.
—Tengo miedo… —susurró Laia con voz temblorosa.
—No vas a estar sola. Daremos la noticia juntos a tus padres —dijo Tom a Laia para intentar tranquilizarla.
—A mi padre no le caes bien, aunque soy mayor edad, él podría denunciarte por violación, y quien sabe más cosas que se podrá inventar con tal de vernos separados —dijo Laia con semblante preocupado.
—No quiero que seas tan pesimista —dijo Tom besando la frente de la chica— Mi enana, como te quiero.
—Yo también te quiero —se ruborizó Laia— Nunca he dejado de quererte. Siempre te he tenido en mis pensamientos durante este mes, aunque me dolió mucho lo que hiciste.
—Ahora no es tiempo de pensar en nuestros errores —dijo Tom a la chica— Ahora hay que ver por el futuro de nuestro hijo —dijo Tom acariciando el vientre poco abultado de la chica— Te trataré como una princesa…
—Siempre me has tratado bien, excepto ese día… —dijo Laia.
—Estamos a tiempo de arreglarlo. ¿Quieres volver conmigo y hacer las cosas bien? —preguntó Tom.
—Espero no arrepentirme, pero si… —respondió.
Se besaron lenta y dulcemente unos momentos y decidieron que sería mejor contarles lo sucedido a los padres de Laia, hacer su equipaje cuanto antes y que se marchará con Tom a su nueva vida. Salieron de la habitación del hotel, y se dirigieron hacia el ascensor, Tom llamó por este y esperando unos minutos a que llegará el ascensor. Después subieron en él, y bajaron a la planta baja del hotel, para minutos salir del hotel, y subirse en el coche que había alquilado Tom. Montaron en el coche, y Tom arrancó el vehículo en dirección a la casa de Laia. Una vez que llegaron a la casa de Laia, Tom aparcó del coche y se dirigieron hacia la casa de la joven. Laia abrió la puerta de su casa con las llaves suyas, sacándolas del bolsillo de su pantalón, para luego entrar en el interior de la casa.
—¡POR FIN APARECES! —dijo gritando Oskar al ver aparecer a su hija— No me puedo creer que estés con ese malnacido.
—¡PAPÁ YA BASTA! —dijo Laia a su padre.
—A MI NO ME FALTES AL RESPETO MOCOSA INSOLENTE —le gritó Oskar a su hija.
—Oskar… ya está bien —se quejó María que había salido de la cocina— Estoy hasta las narices de que siempre estés discutiendo con Laia.
—ESA MOCOSA ME SACA DE MIS CASILLAS —volvió a gritar Oskar a su mujer.
—No me grites que no estoy sorda —dijo María a su marido.
—Y bien… ¿A qué ha venido tu ex novio? —preguntó Oskar a su hija.
—Ha venido a buscarme —dijo con rotundez Laia— Nos vamos a ir a vivir juntos.
—No… Eso no lo voy a permitir —dijo Oskar envuelto en cólera.
—No hará falta que me lo permitas. Ya me vas a echar tú de casa, porque estoy embarazada —dijo convencida y llena de apoyo por parte de Tom que inmediatamente después de decir eso se coloco delante de su novia por si a su padre se le ocurría ponerle una mano encima.
—Estarás de broma verdad… —les miró con aires de superioridad.
—No te acerques a Laia —dijo Tom deteniéndolo con el brazo.
—¡Tú no eres nadie para darme ordenes! —gritó.
—Laia sube a hacer las maletas, enseguida voy —dijo Tom mirando desafiante al padre de su novia.
—¡Eres una zorra Laia! ¿Es que tu madre no te ha enseñado nada? —gritó su padre furioso— Me has decepcionado mucho, ya no eres mi hija. Eres una cualquiera…
—La verdad es que me avergüenzo de ser tu hija, pensé que tenías mejor educación —dijo Laia por primera vez encarándose definitivamente a su padre— Pero tranquilo, papá… Haré mis maletas y no me volverás a ver más en tu vida.
—Laia… —dijo María a su hija con ojos llorosos.
—Como ayudes a Laia, te pido el divorcio —amenazó Oskar a su mujer, haciendo que la madre de Laia se quedará en el mismo sitio sin moverse— Has destrozado la vida de mi familia.
—Yo no lo veo así, por fin Laia puede sentirse bien y libre —dijo Tom altanero.
—Ojala que todos os salga mal en la vida, y ese hijo bastardo que lleva mi hija en su seno no llegue nunca a nacer —maldijo Oskar a su hija.
Al poco rato, Laia bajó con sus dos maletas. No había metido muchas cosas porque ahora con el embarazo mucha de su ropa no le serviría, y ya tendría tiempo de comprarse nueva ropa para poner durante el embarazo, y después de que hubiera dado a luz. Oskar miraba a su hija, con odio y desprecio. Le avergonzaba mucho tener una hija así, tan desagradecida y tan zorra, que se dejó preñar revolcándose con un cualquiera. María quiso despedirse de su hija, pero Oskar no se lo permitió, así que Laia y Tom salieron de la casa de la chica, con las dos maletas en busca de una vida.
—Ahora en adelante, yo soy tu única familia —susurró Tom mientras que abrazaba a su novia, que había roto en lágrimas por las palabras tan duras que le había dicho su padre.
—Sí… —susurró Laia mientras unas pequeñas lágrimas recorrían sus mejillas.
—No te preocupes yo cuidaré de ti —dijo Tom con preocupación a su novia, ya que estaba en mal estado por la discusión que había tenido con su padre.
—No me esperaba que mis propios padres me hicieran eso —volvió a susurrar Laia compungida.
—Será mejor que nos vayamos al hotel —susurró Tom abrazando a su chica, para llevarla al coche, que estaba aparcado cerca de la casa de los padres de Laia— Todo estará bien…
Los dos jóvenes se metieron en el interior del coche, para luego Tom arrancar el coche e ir en dirección al hotel. Una vez allí, descargaron las maletas de Laia y se dirigieron en el interior de este para luego subir a la habitación. Una vez que estuvieron en la habitación, llevaron las maletas de Laia las llevaron al interior del cuarto donde estaba la cama, ya que Tom había cogido una habitación que poseía un pequeño salón con unos sillones y una mesa de cristal con cuatro sillas, un mueble con una televisión, y un mueble bar con bebidas.
—Descansa, cielo —dijo Tom una vez que posaron las maletas en el interior del cuarto— Será mejor que te acuestes un poco para descansar. Has tenido muchas emociones fuertes. Yo voy a encargar algo a cocina para que comas.
—No tengo hambre… —susurró Laia con tristeza.
—Debes de comer aunque sea solo un poco —dijo Tom autoritariamente— Recuerda que tienes un bebé en tu interior.
—Lo sé… —dijo Laia otra vez con tristeza— Pero es que me ha afectado mucho lo que me dijo mi padre… Como puede ser tan ruin y tan insensible…
—No pienses en eso, Laia —dijo Tom a su novia abrazándola por la cintura— Muy pronto nos iremos a Los Ángeles, y allí podrás tener tu nueva vida.
—¿Y la universidad? ¿Y Kayla…? —preguntó Laia de nuevo con tristeza, no se quería separar de su mejor amiga de toda la vida.
—Estudiarás a distancia, mientras que el bebé no nazca —dijo Tom a su novia— Sacarás tus estudios.
—Pero estudiar en inglés todo va ser muy difícil —dijo Laia con preocupación.
—Entre mi hermano y yo te ayudaremos —dijo Tom sonriente, para luego estrechar a la chica entre sus brazos.
—No seré capaz… —volvió a decir Laia.
—Laia tienes que dejar de ser tan pesimista y que no te va a salir nada —dijo Tom animando a su novia— Eres una chica con muy buen talento, y estoy seguro que serás capaz de eso.
—Lo dices porque me miras con buenos ojos —dijo Laia nuevamente.
—¡Por Dios, Laia! No empecemos con lo mismo de siempre —dijo Tom un poco cansado de que su novia se infravalorará constantemente.
Al poco rato, alguien tocó en la puerta de la habitación de Tom. Era un camarero que venía con el pedido que había hecho Tom, para que Laia comiera, ya que no había probado bocado desde la mañana temprano. Tom abrió la puerta, y enseguida el camarero pasó con el carrito y puso todo lo que había pedido Tom encima de la mesa de cristal, que había en el pequeño salón de la habitación. Cuando el camarero acabó de poner todo, se dispuso a ir, no antes de que Tom le diera una buena propina. Después cerró la puerta de la habitación, para acercarse a la mesa. Laia estaba mirando para lo que había encargado Tom, no sabía por donde empezar a comer.
—Venga siéntate a comer —dijo Tom sentándose en una de las sillas que estaban alrededor de la mesa — Llevas varias horas sin comer.
—Sí… —susurró Laia sentándose en una de las sillas, para empezar a comer un poco de lo que había— Oye Tom… ¿Cuándo nos vamos a Los Ángeles?.
—En cuanto quieras, iré a buscar los billetes —informó Tom a la chica.
—Es que quiero despedirme de Kay, no creo que le haga mucha gracia que vaya a vivir a Los Ángeles —susurró con tristeza Laia.
—Ahora tu única familia soy yo y mi hermano —volvió a decir Tom a su chica— Y bueno… mi madre. Estará encantada de que formes parte de la familia, y sobre todo cuando se entere que va a ser abuela. Ahora te corresponde estar a mi lado.
—Lo sé… —susurró Laia a Tom— Pero todo ha sucedido tan repentino, que no sé como adaptarme. Sé que la relación con mi padre en este último mes no ha sido muy buena, pero nunca pensé que llegará a tal punto de negarme.
—A veces los padres cometen errores, nosotros por suerte no lo cometeremos con nuestro hijo —dijo Tom acariciando el vientre de su novia— Te he dicho que estás muy hermosa…
—No… —negó con la cabeza Laia mientras sonreía tímidamente.
Tom agarró a la chica por la cintura, haciendo que se levantará de la silla donde estaba sentada, para sentarse sobre el regazo de Tom. Después comenzó a besar los labios dulcemente mientras, que sus manos acariciaba las caderas de la chica, causándole cosquillas en esa parte. Laia abrazó el cuello del chico, mientras le correspondía beso. Poco después, ambos jóvenes habían abandonado el salón, y se había dirigido a la habitación. Entre besos y caricias placenteras, acabaron desnudos sobre la cama. Tom pudo ver a Laia en todo su esplendor, sus curvas se habían afianzado más por el embarazo, provocando en Laia más sensualidad, haciendo que Tom no pudiera resistirse a ella.
—No quiero hacer daño al bebé —dijo Tom a su chica separándose de los labios de esta.
—He leído por ahí que no le pasa nada, que es bueno tener sexo durante el embarazo —explicó Laia ruborizada— Dicen que favorece a la dilatación a la hora de las contracciones en el parto.
—Aún así no lo sé… si será conveniente —acarició Tom a la chica— Tendremos que buscar otra posición en la que estés cómoda, no quiero aplastarte con mi peso, ni al bebé —acarició el vientre de la chica que ya tenía un poco de forma.
—Tonto, eso no va a pasar —sonrió Laia besando a Tom en los labios mientras se ponía mejor encima de él, sintiendo como la erección de Tom empezaba a crecer más.
Al final, ambos jóvenes optaron por la posición de uno encima de otro, pero con la diferencia que fue Laia la que se puso encima de Tom, penetrándose ella misma, mientras que sus caderas eran guiadas por las manos de Tom. Los suspiros en la habitación se sucedieron, mientras que el ambiente cargado a sudor y a sexo, hizo que los cristales de la ventana se empañarán. Ambos estaban muy excitados, y sobre todo Laia que con el embarazo tenía todas sus hormonas revolucionadas, hasta que los dos jóvenes llegaron al orgasmo. Sus cuerpos estaban completamente sudados, pero eso no fue ningún impedimento para que siguieran abrazados y manteniendo el contacto a través de sus sexos. Poco después se separaron, y se cubrieron las sábanas de la cama, enredando sus cuerpos hasta que se quedaron dormidos.
Continúa…
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