Fic hetero de Heiligtkt483
Capítulo 104
BARCELONA (ESPAÑA)
Los rayos del sol inundaron la habitación, haciendo que hubiera más claridad de lo habitual. Laia dormía plácidamente en brazos de su novio, y padre de su hijo. Tom no había ni un segundo que se había despertado, y observaba a la chica con amor y ternura. Laia era una chica muy dulce y especial, y Tom la amaba profundamente. Se acercó y besó los labios de la chica dulcemente haciendo que está se fuera despertando, como si se tratase de la Bella Durmiente.
—Tomi… —susurró Laia al ser despertada por Tom.
—Buenos días, princesa —dijo Tom mientras comenzaba a besar los labios de la chica otra vez dulcemente— ¿Qué tal has dormido?.
—Bien… —dijo Laia acomodándose mejor en el pecho desnudo de chico— Me siento tan a gusto contigo.
—¿Te apetece desayunar en la habitación o bajar al restaurante del hotel? —preguntó Tom mientras acariciaba la espalda desnuda de la chica.
—No me apetece salir de aquí —dijo Laia acurrucándose más en el pecho de Tom— Contigo me siento segura.
—Está bien pediré algo para desayunar aquí —concluyó Tom dándole un beso en la frente a su novia— Después tengo que ir a buscar los billetes para regresar a Los Ángeles.
—No sé como voy a decirle a Kayla que me voy a ir de España —dijo Laia con tristeza.
—Seguro que sabrás como decírselo —animó Tom a la chica— Me voy a dar una ducha, ¿Me acompañas?.
—¿Estás haciéndome proposiciones indecentes? —arqueó una ceja Laia.
—Tal vez… Te espero en la ducha —dijo Tom levantándose de la cama, mostrando su desnudez. Laia se quedó observándolo hasta que desapareció por la puerta del baño.
Laia escuchó el sonido del agua y tras dar unas vueltas en la cama pensando en que hacer, se decidió por escaparse al baño tal y como Tom le había dicho. Entró en el baño y se coló en la ducha con Tom, que sonrió al verla, le dio un dulce beso en los labios, pero solo fue un beso, nada más.
Tom con sus dedos delineó el cuerpo de Laia, pero sin intenciones sexuales, eran unas simples caricias dadas con mucho cariño. Luego empezaron a lavarse el uno al otro entre risas, pasando un agradable rato juntos. Al salir de la ducha hicieron lo mismo con las toallas. Laia secó el torso de Tom mientras este a la vez le secaba los cabellos largos a Laia, pero lo hacía mal a propósito quería hacerla reír y enfadarse por enredar su pelo. Cuando terminaron se pusieron ropa limpia y Laia le pidió a Tom que la llevara para poderse reunir con su amiga y decirle que se iba y no volverían a verse en mucho tiempo, pero no si antes de desayunar, ya que a los pocos minutos vino un camarero con un carrito trayendo el desayuno que había pedido Tom. Cuando acabaron de desayunar, Tom y Laia salieron de la habitación rumbo al coche, y luego a la universidad. Durante todo el trayecto, Laia iba pensativa buscando las palabras que decirle a su gran amiga.
—¿Estás segura que podrás quedarte sola? —dijo preocupado Tom a su novia, ya que había aparcado el coche enfrente de la facultad de Laia.
—Sí, el recreo será dentro de unos minutos, y Kayla saldrá —dijo Laia a Tom.
—No me gusta dejarte sola aquí, después de lo que pasó ayer —volvió a repetir a la chica.
—Vamos Tom, no te preocupes —dijo Laia intentándolo tranquilizar— Después te llamo para que vengas a buscarme.
—Está bien… —susurró Tom a la chica para luego darle un beso en los labios— Aprovecharé para ir a buscar los billetes.
—Hasta luego —dijo Laia saliendo del coche, y viendo posteriormente como este arrancaba para desaparecer por la carretera en adelante.
Al poco rato, Laia escuchó como el timbre sonaba, dando paso minutos después a estudiantes que salían en su hora del recreo. Poco a poco comenzó a ver como compañeros de su clase salían a la calle, no siendo desapercibida por ellos, ya que ese día no había ido a la facultada y no lo volvería hacer más. Laia se apoyó en la pared al lado del gran portalón, esperando a que su amiga saliera de este y así poder hablar con ella y contarle todo. A los pocos segundos, Kayla salía agarrada de la mano de su nuevo novio, ambos iban medio sonrientes, a consecuencia de los diversos porros que se deberían de fumar entre cambio de clase y clase. Kayla se paró en seco cuando vio a su amiga.
—Pensé que hoy no vendrías a la universidad —dijo Kayla a su amiga— Tom te ha dejado molida, eh.
—Kayla no empieces… —dijo Laia a su mejor amiga— He venido para hablar contigo…
—¿No te quedas a las clases siguientes? —preguntó Kayla confusa.
—No… —susurró Laia— Me marcho…
—¡¿Perdón?! —volvió a preguntar Kayla impresionada.
—Que me voy de España, me voy a vivir con Tom a Los Ángeles —volvió a decir Laia.
—¿Desde cuando has tomado esa decisión? —preguntó Kayla dolida.
—Desde que mi padre me ha echado de casa, y prohíbe a mi madre acercarse a mi para darme cualquier tipo de ayuda —comenzó a explicar Laia a su amiga— Ya saben… lo de mi embarazo. Mi padre fue muy duro conmigo, me ha llamado puta y todo… Ahora no tengo a nadie, solo a Tom. Me ha ofrecido irme a vivir con él, él cuidará de mí y de mi bebé.
—Ya y a tu amiga que la jodan, ¿no? —dijo Kayla muy enfadada y dolida con su mejor amiga— Pensé que nunca estaríamos separadas, y ahora por lo que veo tú también me abandonas.
—¿Y que quieres que haga con mi puta vida? —dijo Laia a su amiga— No tengo a nadie en estos momentos en quien apoyarme. Tú te vas por ahí con esos porretas, y cada día te metes más en adicciones. Apenas hablamos solo cuando venimos a la universidad, y algunas veces por el Facebook, solo quedas con ellos, y ahora me vienes a decir que te abandono cuando hace un mes que tú me has abandonado a mí.
—Me tenías a mi —dijo Kayla a su amiga mientras unas lágrimas comenzaban a salir por sus ojos— Me duele todo lo que me estás diciendo.
—Es la verdad… porque voy a mentir —dijo Laia a su amiga— Desde que lo dejaste con Bill, tu vida ha cambiado radicalmente dejándome completamente de lado, en este mes no he tenido a nadie con quien poder hablar sobre mis temores.
—Cambiare te lo juro, volveré a ser la de antes pero necesito que estés aquí conmigo para ayudarme y poder hacerlo —dijo con desesperación Kayla.
—Lo siento… pero no puedo —dijo con tristeza Laia— Me alegraría mucho que volvieras a ser la de siempre, pero tengo que irme con Tom. Él me dará la vida estable que necesito en estos momentos, pero volveré dentro de un tiempo, cuando las heridas de mi corazón estén completamente cicatrizadas, para poder volver a enfrentarme con los recuerdos de mi infancia y adolescencia que he vivido aquí…
—Te echaré de menos, mi vida no volverá a ser lo mismo sin ti —dijo Kayla abrazándose a su amiga, para luego escuchar el timbre que anunciaba que deberían regresar a la aulas— Tengo que irme…
—Hasta dentro de poco —se despidió Laia comenzando a caminar entre varios alumnos para luego desaparecer.
La calle se quedó silenciosa, todos los alumnos habían entrado otra vez en el interior de sus facultades. Laia comenzó a caminar sin ningún rumbo, hasta que se sentó en un banco que había cercano a la universidad, para luego sacar su móvil y llamar a su novio para que viniera a buscarla. De hoy en adelante su vida daría un giro de 360° grados, comenzaba una nueva andadura para su vida.
—Cariño —llamó Tom a su novia sacándola de sus pensamientos, ya que había llegado a donde la chica le había dicho donde estaba.
—Tomi… —sonrió Laia levantándose del banco donde estaba, para luego entrar en el interior del coche.
—¿Qué tal todo con Kayla? —preguntó Tom interesándose por la conversación que había tenido Laia con su amiga.
—Bueno… —dijo Laia con tristeza.
—¿Qué ha pasado? —preguntó Tom con insistencia.
—No se lo ha tomado bien —concluyó Laia.
—Bueno… supongo que es normal —dijo Tom a su novia— Siempre habéis estado juntas.
—Eso que importa ahora, en este mes me he sentido muy sola —confesó Laia a Tom— Kayla y yo nos hemos distanciado cada vez más, sobre todo desde que sale con ese nuevo novio.
—No pienses en eso, cielo —dijo Tom a su chica abrazándola para reconfortarla.
—¿Para cuándo te han dado los billetes para viajar a Los Ángeles? —preguntó Laia a su novio.
—Mañana sale nuestro vuelo a las once de la mañana —respondió Tom— Así que ahora tenemos que ir a descansar y después comer algo, y por la tarde si eso preparar las maletas.
Laia se quedó callada, y Tom arrancó el coche para conducir hasta el hotel, más tarde tendría que devolver el coche al confesionario donde lo alquiló. Llegaron al hotel, y una vez aparcado el coche bajaron de este y se dirigieron al interior del hotel. Tom pidió algo de comer para comer en la habitación, estuvieron descansado durante más de dos horas, para después ultimar la maleta dejando alguna ropa para el día anterior y sus pijamas, y mudas de ropa interior limpia. Sobre las siete de la tarde, Tom se fue a llevar el coche al confesionario, mientras que Laia se quedó en la habitación tumbada en la cama, relajándose un poco, ya que al día siguiente sería un viaje agotador sobre todo por el estado en que estaba la chica. Después de media hora Tom regresó, y ambos se pusieron a ver un poco la televisión, hasta que ordenador algo para cenar, y luego se acostaron temprano, ya que tenían que madrugar para ir al aeropuerto.
El sonido insistente del despertador, que había en la habitación, hizo que Tom se despertará de su sueño profundo. Miró la hora, y vio que eran las ocho y media de la mañana. Se giró sobre sí mismo, y observó durante unos segundos como Laia seguía dormida plácidamente. Se acercó a la chica y le dio un beso en la frente, para luego darle otro beso dulce en los labios, haciendo que Laia se despertará.
—Tom… —dijo la chica mientras se estiraba y se frotaba los ojos— Aún es temprano, para levantarme —se giró sobre sí misma la chica para volverse a poner en posición de dormir.
—Vamos, cariño —volvió Tom a llamarla— Tenemos que prepararnos para desayunar, e irnos para el aeropuerto.
—¿Qué hora es? —preguntó la chica mientras abría la boca exageradamente con un gran bostezo— Tengo mucho sueño…
—Las ocho y media —informó Tom— Tenemos que estar una hora antes para facturar, pero es preferible llegar antes.
—Estoy muy a gusto en la cama, se está muy calentita volvió a decir la chica, abrazándose a su novio.
—Venga no te hagas la remolona —dijo Tom a su chica— A levantarse.
—Está bien —resopló la chica destapándose.
Laia se levantó de la cama, para luego ir al baño y darse una pequeña ducha. Al instante de meterse, sintió la manos de Tom rodear su cintura, y comenzar a acariciar el cuerpo de la chica haciendo que sensaciones placenteras comenzaran a recorrer su cuerpo. La chica se giró para luego comenzar a besar el cuello del chico, y poco después sus labios eran atrapados por los del joven. Se estuvieron besando efusivamente durante varios minutos, cuando los brazos de Tom elevaron a Laia, haciendo que la chica enredará sus largas y finas piernas en la cintura del chico, para luego comenzarla a embestir con urgencia. Haciendo que ambos jóvenes comenzarán a suspirar de placer, sus cuerpos estaban resbaladizos a causa del agua, que caía por sus cuerpos dejándolos completamente mojados.
—Tom… Tom… —gemía la chica el nombre de su amado, mientras este la penetraba con un poco de rudeza pero con cuidado.
—Eso mi amor… —dijo Tom aumentando los movimientos de su pelvis— Gime mi nombre.
—¡TOOOM! —gritó la chica apoyando su cabeza sobre el hombro del chico, agotada por el orgasmo que había tenido.
—Mi princesa… —susurró Tom abrazando con sus brazos fuertes el cuerpo sudado y mojado de Laia, para luego salir lentamente del interior de la chica, que poco después posó sus piernas en el frío mármol de la ducha.
Ambos jóvenes volvieron a mojar sus cuerpos con el agua tibia, que volvía a caer sobre sus cuerpos, para luego comenzar a aplicar jabón sobre estos e ir limpiando los restos de sudor, que había en sus cuerpos después de hacer aquel acto de amor tan puro. Cuando acabaron de ducharse, salieron de la ducha y con unas toallas comenzaron a secar sus cuerpos mojados, para luego enrollárselas cada uno sobre su cuerpo. Después salieron del baño, y comenzaron a vestirse. A las nueve y media ya se encontraban abajo en recepción, para pagar la cuenta de las noches que habían pasado en el hotel, para luego irse al restaurante y desayunar algo antes de irse al aeropuerto, ya que sería un viaje bastante largo de unas doce horas aproximadamente.
Cuando salieron del restaurante de desayunar, Tom se dirigió a recepción para que le llamaran un taxi para poder ir al aeropuerto. En menos de diez minutos, un taxi estaba aparcado en la puerta del hotel, Tom y Laia ayudados por un mozo que había en la puerta metieron sus maletas en el interior del maletero del taxi. Luego ambos accedieron al interior de este, sentándose ambos en los asientos traseros de estos. Una vez que Tom dio las indicaciones respectivas al taxista, el coche arrancó rumbo al aeropuerto. El viaje fue silencioso el único ruido que había en el coche, era la radio que el taxista había puesto para escuchar las noticias. Laia iba mirando cada rincón por donde pasaban, despidiéndose de su ciudad en silencio, ya que no sabía cuánto iba a ser el tiempo que estuviera lejos de su país.
Llegaron al aeropuerto en unos treinta minutos, Tom pagó la carrera del taxi, y ayudados por el taxista sacaron las maletas del maletero del coche. Después de despedirse del hombre, se fueron hacia el interior del aeropuerto. Fueron directamente a facturar sus maletas, aún les quedaba un poco de tiempo para que su vuelo saliera, así que se cogieron un café para llevar en vasos de plástico, y se fueron a una sala de espera cercana a la puerta que tenían que embarcar, para luego sentarse en unas sillas de habían vacías, acompañados de otros pasajeros, que no se percataron de la existencia de Tom, haciendo que este respirará tranquilo, no le apetecía tener a unas fans gritonas a buenas horas de la mañana pidiéndoles un par de autógrafos.
—¿En qué piensas? —preguntó Tom a su novia, que estaba sumida en sus pensamientos, mientras entrelazaba sus dedos con los dedos la joven.
—En todo lo que voy a dejar aquí —susurró Laia preocupada— En la nueva vida que me espera… No me siento preparada para tanto cambio.
—Te adaptarás —dijo Tom dando un sorbo a su café— Arghh… Está frío…
—Oye… Tom… —susurró Laia mientras jugaba con los dedos de su novio.
—Dime… —Tom miró fijamente a su novia.
—¿Eres feliz? —preguntó Laia a su novio.
—¿Por qué me preguntas eso? —respondió Tom con una pregunta mientras arrugaba su ceño.
—Estás muy callado, y no sé… —susurró Laia temerosa— Te noto muy pensativo…
—Eso no significa que no sea feliz —sonrió Tom a su chica— Soy enormemente feliz, tengo a una mujer preciosa a mi lado, a un hijo que va a estar por nacer.
—¿No te arrepientes de estar conmigo? —volvió a preguntar Laia de otra forma por si no le había entendido Tom.
—Claro que no, tonta —dijo Tom a su chica apoyando su mano sobre el vientre de la chica— Tú y mi futuro hijo sois lo más importante que me pudo haber pasado en la vida, aunque tengo que reconocer que he tenido mis temores, pero nada que ver contigo. Solo que me asusta ser padre primerizo, pero lo lograremos.
—Gracias… —susurró Laia apoyando su cabeza sobre el hombro de Tom más relajada.
—Tú serás siempre mi princesa, me has oído —sonrió Tom para luego darle un beso en la sien derecha— Mi pequeña princesa…
Continúa…
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