Fic hetero de Heiligtkt483
Capítulo 108
LOS ÁNGELES (EE.UU.)
Los tres jóvenes entraron en el interior de la tienda, Shay hablaba con algunas amistades de ella mientras sonaba una música de fondo para amenizar el ambiente de la tienda. Unos camareros paseaban entre los invitados dándoles copas de champagne y algún que otro canapé. Los chicos cogieron una copa cada uno, inclusive Laia.
—No creo que sea bueno que tomes alcohol, Laia —medio regañó Tom a su novia.
—Venga Tom no seas aguafiestas —se quejó Laia— Además no creo que por que beba una copa le haga mal.
—Es mi hijo que tienes ahí dentro —dijo Tom a su novia— No es una pelota de fútbol.
—Eres un pesado —dijo harta Laia— Siempre igual, haz esto haz lo otro. Eres peor que mi padre.
—Está bien haz lo que tú quieras, pero después no te vengas a quejar —advirtió Tom a su novia.
Al poco rato, Shay acabó de hablar con sus amigos, y se acercó a los gemelos y a Laia.
—Hola chicos —saludó la mujer a los gemelos— Oh Laia estás realmente hermosa con este vestido, te hace muy elegante.
—Gracias… —sonrió la chica un poco cohibida.
—Chicos, os aviso que aquí en esta fiesta vais a tener oportunidad de hacer negocios jugosos —dijo Shay a los gemelos— Bill hay dos diseñadores que quieren hablar contigo, quieren que vayas a desfilar a un desfile que va a ver en New York.
—¡¿Enserio?! —preguntó el chico un poco sorprendido— Sería maravilloso, pero tendré que ver mi agenda, ya que la grabación del disco no se puede parar.
Estuvieron observando un poco el ambiente que había en la fiesta, acercándose al poco rato unos camareros con unas bandejas de canapés variadas. Bill, Tom y Laia cogieron cada uno un canapé para luego llevárselos a la boca.
—Esto está exquisito —dijo Tom mientras saboreaba su canapé.
—He contratado a una prestigiosa organizadora de eventos, que me recomendó un sitio donde hacían canapés muy ricos. Fíjate que son los mismo que ponen en las recepciones que hace el presidente Obama —explicó Shay muy orgullosa de que todo en su fiesta de inauguración de su nueva tiempo fuera de lujo.
—¡Señorita! ¡Caballeros! —saludaron dos hombres a Laia y a los gemelos.
—¡Scott! ¡Liam! Siempre tenéis que ser muy educados —sonrió Shay a sus amigo diseñadores.
—Si, sobre todo si hay bellas damas —contestó a Shay fijándose de reojo en Laia— Creo que no nos han presentado —dijo Liam a Laia— Soy Liam.
—Soy Laia —sonrió tímidamente la chica.
—Laia es la novia de mi gran amigo Tom Kaulitz —explicó Shay al hombre.
—Si duda eres un hombre con suerte —sonrió Liam a Tom— Tienes una novia muy bella, sus ojos serán difíciles de olvidar.
—Pero ahora nos interese hablar con Bill —dijo Scott— Queremos que vengas a desfilar nuestros diseños al próximo desfile que habrá dentro de unas semanas en New York para nuestra de línea de ropa masculina.
—Sería un honor —sonrió Bill agradecido de que tan prestigiosos diseñadores le requirieran para hacer el desfile.
—Y si tu hermano Tom nos lo permite, nos gustaría que Laia también desfilará en ese desfile —añadió Liam mirando a la joven.
—¡¿Yo?! —preguntó impresionada Laia— No tengo experiencia en eso…
—Eso no importa, si lo deseas, en unas semanas antes del desfile podemos enseñarte todo para que salgas en la pasarela sin ningún problema —explicó Scott a la chica.
—No sé… —dijo dudosa Laia buscando la mirada de Tom, que parecía serio y sin estar muy convencido de esto— Aunque me emociona mucho hacer algo así…
—Eres bella, tienes un cuerpo estupendo —dijo Liam intentando convencer a la chica— Todo lo que te pongas te sentará, como anillo al dedo.
—Ya… —susurró Laia mirando al suelo tímidamente, se sentía un poco incomoda por el hombre no paraba de verla intensamente.
—No te veo muy convencida —Liam mostró una sonrisa torcida— Te voy a dar esta tarjeta, por si te decides. Ojala que te decidas a venir a desfilar. Sería un desperdicio que no lo hicieras.
—Me parece que eso no va a ser posible —habló por primera vez Tom al hombre—Yo no voy a dar consentimiento alguno para que desfile y se exhiba. No quiero que se exponga.
—Está bien —dijo Liam desistiendo— Quizás en otra ocasión, si pueda.
—Eso lo dudo mucho —se volvió a imponer Tom— Después tendrá que dedicarse a otras cosas más importantes en su vida.
—Está bien —dijo Liam dándose por vencido— Bill podemos irnos a otro sitio más cómodo para explicarte los detalles del desfile.
—Oh sí… —asintió el chico.
Bill se fue con los dos hombres a otro sitio más tranquilo dejando solo a Shay, Tom y Laia. Esta última estaba un poco disgustada por la actitud que Tom había tomado con ella, pero no tenía ganas de ponerse a discutir ahora con Tom y formar un escándalo que podría salir en los periódicos al día siguiente.
—Tom no veo justo que Laia no pueda desfilar —hizo saber Shay a su amigo— Algún día Laia tendrá que dedicarse a algo, no va a estar dependiendo de ti económicamente toda la vida.
—Es mi decisión, y punto —dijo Tom adoptando una posición terca.
—¡Uy! ¿Qué pasa? —preguntó Shiro a su mujer, ya que había acabado de llegar— ¿Y esas caras de funeral?.
—Mis amigos diseñadores, le han propuesto a Bill desfilar en el próximo desfile de New York que habrá dentro de unas semanas —comenzó a explicar Shay a su marido— Pero también se han fijado en la belleza de Laia, y quieren que Laia también desfile.
—Oh eso es maravilloso —dijo Shiro con alegría— Pero… ¿Cuál es el problema?.
—Tom no quiere que Laia desfile —dijo Shay a su marido.
—¡Vaya tontería! —dijo Shiro— Laia es una jovencita muy bonita y con un gran provenir.
—No quiero que Laia exhiba su cuerpo —dijo Tom rotundamente— Se acabó no quiero hablar más de este asunto.
—Eres muy egoísta Tom —dijo Shiro de nuevo— Si es porque piensas que Laia va a descuidar a su bebe, una vez que nazca, te equivocas. Muchas modelos y actrices han sido madres y no han descuidado para nada a sus hijos y esposos.
—Yo soy el hombre de la casa, y soy el que gana el dinero —dijo Tom con cabezonería— Laia cuando acabe sus estudios, y nazca el bebe se dedicará exclusivamente a él, y al cuidado del hogar.
—Vete a la mierda —dijo Laia dolorida— No te voy a hacer caso, ahora voy a ir a hablar con ellos y si que les voy a decir que voy a desfilar.
—Muy dicho Laia —dijo Shay animando la situación.
—¡¿Qué?! —dijo Tom impresionado por lo que Laia había dicho— Ni se te ocurra, no te doy permiso.
—No necesito de tu permiso —dijo Laia poniendo a la altura de Tom— Tu hermano me puede dar su consentimiento, y estoy segura de que sí lo hará porque me aprecia más que tú.
Acto seguido Laia se fue dejando solos a Shay, Shiro y Tom. Tom miraba a Laia con cara de cabreo, odiaba que le llevara la contraria, y a cuando llegarán a casa se lo haría ver, como el hombre de la casa que era. Laia llegó a junto de Bill que estaba hablando muy animadamente con Scott y Liam, sobre lo que haría en ese desfile. En un momento, levantó la cabeza y observó a Laia que se acercaba a ellos.
—Laia cielo, ¿Qué pasa? —preguntó Bill confundido.
—He decidido que sí voy a desfilar —dijo tajantemente Laia a Bill— Necesito tu ayuda, Billy. Tu hermano no quiero que desfile y no me va a dar su consentimiento. Hazlo tú por él.
—Vas a meterme en un lio con mi hermano —dijo con sinceridad Bill.
—Soy tu cuñada favorita, por favor —dijo Laia con voz suplicante haciendo que Bill se derritiera por la cara que puso la joven.
—Está bien… —sonrió Bill a la chica— Eres una pequeña diablilla.
—Gracias, Billy —sonrió Laia a su cuñado, para luego abrazarlo.
—Ahora tenemos que informarnos bien de las condiciones —explicó Bill a la chica— Tenemos que decirles lo de tu embarazo, si va a ser posible que desfiles, porque igual no sean dado cuenta de tu estado.
Bill y Laia se acercaron a los dos hombres que miraban a Laia, para luego sentarse en unos sofás que había en la tienda.
—¿Y bien? —preguntó Liam levantando una ceja.
—Si quiero desfilar —dijo Laia con rotundidad.
—Eso es genial —sonrió Scott— Pero antes tu novio dijo que no nos daría su consentimiento para que desfilarás.
—Yo me haré cargo de dar ese consentimiento —dijo Bill asumiendo la responsabilidad— Pero antes de que se firme el contrato, será mejor que nos expliquéis bien los puntos del contrato, ya que aunque Laia tienes ya los dieciocho años cumplidos, pero está embarazada y bueno mi hermano piensa que igual desfilar le puede afectar al embarazo.
—Oh… No lo sabía —dijo Liam mirando impresionado a la chica— Debes de estar de muy poquito porque casi no se nota.
—Estoy de cuatro meses —susurró Laia ruborizada.
—Bien en principio, el desfile donde Bill también desfilará será para presentar la temporada de invierno, así que más bien Laia desfilará con ropa normal, algún abrigo así que podrá disimular bien la barriga si es que tenéis miedo aún de que se sepa la noticia —dijo Scott compresiblemente— He leído por ahí que últimamente la prensa no os deja mucho en paz, porque se huelen de que Laia está embarazada.
—Ya —susurró Bill.
—Lo que pasa es que después nos gustaría que Laia posará para nuestra línea de ropa interior, pero lo podría hacer después de dar a luz —explicó Scott.
—Que os parece si os pasáis en un par de días a nuestras oficinas. Esta apuntada la dirección en la tarjeta que le di a Laia —dijo Liam.
—Hablaré con nuestra secretaria para avisarla de que vendréis. Así podemos concretar los acuerdos y permisos del proyecto —continuó su acompañante.
—Claro —sonrió Bill— Bueno vamos a disfrutar de esta inauguración —Bill puso una mano en la cintura de Laia y la incitó a empezar a caminar hacia otra dirección para no seguir con la conversación de esos hombres.
El resto del evento lo pasaron bebiendo, hablando con otros asistentes y disfrutando del evento. La noche cayó y algunas personas empezaron a dejar el recinto. Los gemelos pensaron que era buen momento de irse, contra antes lo hicieran antes burlarían la presión de los paparazzi. Entre los tres decidieron que no irían a cenar a ningún sitio ya que había comido bastantes canapés y ya sentían sus estómagos satisfechos, así que irían a casa.
Al llegar Bill y Tom se deshicieron de las cosas de sus bolsillos como el móvil y las llaves. Laia se quitó los zapatos de tacón que hacían que la espalda le doliera más, ya que hacia más esfuerzo por mantener el equilibrio por su embarazo. Laia se fue a la habitación, dejando a Tom y a Bill aún en el salón de la casa. Una vez que Laia estuvo en la habitación, para luego quitarse el vestido, y ponerse su pijama, una camiseta de Tom y unos pantalones flojos que hacían que la chica estuviera más cómoda. Luego se tumbó en la cama y cerró los ojos.
—Que sea la última vez que me llevas la contraria —escuchó la voz grave y cabreada de Tom, seguida de un gran portazo de la puerta de la habitación.
—Yo hago lo que me da la gana, no tengo porque darte explicaciones de lo que hago —contestó Laia incorporándose de la cama.
—Claro que tienes que darme explicaciones de todo lo que haces, porque a partir de ahora soy yo quien mando en esta casa —dijo Tom envuelto en ira.
—¿Qué le has hecho a mi Tom? —dijo Laia con lágrimas en los ojos— Te desconozco.
—Eres una niña, no puedes ir haciéndote modelo así por las buenas —le recriminó Tom.
—¿Una niña? No decías lo mismo mientras te acostabas conmigo —le recordó— No entiendo porque te empeñas en querer ser el macho alfa de la manada… El Tom que yo conocía no era tan machista.
—¡No soy machista! —gritó Tom.
—Sí, lo eres… nunca te importó que me pusiera vestidos o faldas y ahora de repente… Desde que me vine contigo has cambiado y no lo reconoces —dijo Laia con tristeza.
—Solo quiero protegerte de la gente. Aquí la gente no es igual que en España. Aquí los paparazzi se mueren por chuparte la sangre, los tíos por acostarse con cualquiera y las mujeres en hacer daño a las que son más bellas que ellas —explicó— Y tú eres muy sensible de por sí, ahora con el embarazo más.
—Pues puedes advertirme como ahora y no comportarte como un jodido cavernícola del siglo pasado —le echó en cara.
—Me da igual lo que digas —dijo Tom de nuevo poniéndose cabezón— No vas a desfilar, y punto. No quiero hablar más de este asunto. Te dedicarás a sacarte tus estudios, y luego cuando nazca nuestro hijo lo criarás como hacen todas las madres.
—Me parece que te vas a quedar con las ganas, Bill ha dado su consentimiento —informó Laia a su novio.
—Por mucho que mi hermano te haya dado su consentimiento, este no tiene ningún efecto válido —respondió Tom— Yo soy tu único tutor, y solo puedo ser yo quien te dé el consentimiento.
—Te odio —gritó Laia poniéndose un poco histérica— Eres igual que mi padre, si tengo que vivir así aguantándote prefiero volverme a España y buscarme la vida yo sola.
—Recuerda que por lo menos tienes aquí un techo en donde vivir —recriminó Tom a Laia— A tu padre no le importó echarte de casa ni siquiera que tuvieras algún cobijo en donde quedarte.
—Pues sabes que te digo —dijo Laia con lágrimas en los ojos— Me voy, no te aguanto más.
Laia se acercó a su maleta, y empezó a meter toda su ropa dentro de esta. Tom se dedicó a mirar a su novia, con el ceño fruncido sin impedir que esta siguiera haciendo su maleta. Al poco rato, Bill entró en la habitación de ellos, ya que había estado escuchando gritos por parte de Tom y por parte de Laia.
—¿Qué diablos pasa aquí? —preguntó Bill entrando por la puerta— ¿Laia que haces haciendo la maleta?.
—Me largo de aquí —dijo con rotundidad Laia— No aguanto más a tu hermano. Si tiene la pitopausia no es mi problema.
—Laia… Espera… —dijo Bill intentando detener a la chica, que ya había acabado de hacer su maleta.
—Hasta nunca, Tom Kaulitz —dijo Laia cogiendo su pesada maleta para luego salir de la habitación con ella a arrastras.
—Laia… —salió Bill detrás de la chica, ya que su hermano no había hecho ninguna muestra de seguirle— Espera…
—Adiós Bill —se despidió Laia del chico— Gracias por hacer que este mes mi vida fuera un poco mejor, pórtate bien.
—Un momento… —agarró Bill a la chica— Estás completamente loca, si te quieres ir a estas horas. Son las tres de la mañana, no vas a encontrar un sitio mejor
—Me da igual, aunque tenga que dormir debajo de un puente será mucho mejor que compartir cama con tu hermano —dijo con tristeza Laia— Adiós Billy…
Continúa…
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