Fic hetero de Heiligtkt483

Capítulo 109

LOS ÁNGELES (EE.UU.)

Laia salió por la puerta del apartamento de los gemelos, para luego irse. Bill miró atónito la escena para luego irse a la habitación de su hermano con enfado e ira. Tom ya se había desnudo y tumbado en la cama, sin preocuparse por Laia.

—¿Se puede saber que estás haciendo imbécil? —preguntó Bill a su hermano, que estaba ya tumbado en la cama— Podías tener la decencia de ir a buscarla y pedirle perdón.

—Si ella se quiere ir no es mi problema —dijo Tom con cabezonería— Si no quiere seguir viviendo con nosotros, pues allá ella.

—Vete a la mierda —dijo Bill a su hermano— Eres un puto egoísta —después salió de la habitación hecho una furia.

Bill entró en su habitación, y se puso lo más cómodo que encontró. Cogió su móvil, su cajetilla de tabaco, las llaves del coche y su monedero. Salió de la habitación, pasando por la de Tom, que seguía sin inmutarse.

—¿A dónde vas? —preguntó Tom al ver a su hermano completamente vestido.

—Ya que tú no te dignas a ir a buscar a Laia, iré yo a buscarla —dijo Bill con rabia— No me esperes despierto, sigue viviendo en tu mundo perfecto.

Bill salió del apartamento, para luego montarse en su coche y comenzar a conducir lentamente por la calles para encontrar a Laia. La chica no debería estar muy lejos, ya que no se había ido hace mucho. Solo le basto dar un par de vueltas con su coche, por diversas calles para encontrarla sentada en un banco, que estaba cerca de la parada del autobús. Bill aparcó el coche, y salió de este para luego dirigirse hacia la chica, que se veía llorosa y sumida en sus pensamientos.

—Laia… —llamó Bill a la chica haciendo que esta saliera de su ensimismamiento.

—Bill, ¿Qué haces aquí? —preguntó al ver al chico.

—No puedo permitir que estés sola en la noche y embarazada —respondió Bill sentándose al lado de ella.

—Bill, yo ya sé cuidarme sola —insistió Laia al chico.

—No, necesitas muchos cuidados —volvió a insistir Bill.

—Bill… —frunció el ceño Laia— No soy una niña, ya puedo cuidarme yo sola.

—¡Dios! Eres un cabezona —sonrió Bill— ¿Por qué te cuesta tanto recibir ayuda?.

—Porque yo puedo sola —dijo Laia levantándose del banco, para luego coger su maleta para irse a algún lugar.

—No, no puedes sin dinero. Vamos a casa —pidió Bill.

—No quiero volver. No quiero dormir con Tom —dijo.

—Puedes dormir en mi habitación la otra no está lista, yo lo haré en el sofá —propuso Bill.

—Es que no quiero estar bajo el mismo techo que él, no esta noche —dijo Laia.

—Está bien. Iremos a un hotel, no te voy a dejar sola —Bill le sonrió cálidamente.

Bill cogió la maleta de la chica, para luego irse al coche del chico. Metió la maleta dentro del maletero, para luego ayudar a Laia a meterse en el interior del coche. Luego ocupó su lugar en el asiento del conductor y arrancó el coche. Durante todo el camino estuvo todo en silencio, Bill condujo hasta un hotel que era muy poco conocido, y no tendrían problema de pasar la noche allí. Aparcó el coche, y salieron de este para luego dirigirse al interior de hotel, no es que fuera de lujo pero estaba bien para pasar la noche y pasar desapercibidos. Bill se dirigió hacia recepción.

—Buenas noches, ¿Qué desea? —preguntó una señora mayor que estaba en recepción.

—Si fuese tan amable, de darnos una habitación con dos camas individuales le estaría muy agradecido —dijo Bill amablemente.

—Me temo que solo podré proporcionarle una habitación pero con cama de matrimonio —respondió la mujer mientras observaba muy atentamente a Laia.

—Está bien… —asintió Bill a la señora. Él tenía claro que dejaría dormir a Laia en la cama, y si había un sillón él dormiría en él.

Bill cogió las llaves de la habitación, para luego dirigirse hacia Laia y coger la maleta de la chica. Ambos se dirigieron hacia el pasillo por donde estaban los ascensores, para luego llamar a uno de ellos. No esperaron mucho a que llegara el ascensor, para entrar en este. Al salir del ascensor, se dirigieron hacia la habitación, para abrir la puerta Bill, ya que este tenía las llaves de la habitación. Entraron en el interior de la habitación, Laia se fijó que solo había una cama y una puerta que daba a un pequeño baño.

—¿Solo una cama? —preguntó confundida Laia al hermano de su novio.

—Lo siento, pequeña pero es no tenían una habitación libre con dos camas —dijo Bill a la chica disculpándose— Pero no te preocupes, yo dormiré en el sillón.

—¿Cuál sillón? —preguntó Laia al chico— Yo no veo ninguno en la habitación.

—¡¿Qué?! —abrió los ojos sorprendidos Bill— ¡Mierda…!.

—Está claro que esta noche dormiremos juntos en la misma cama —dijo Laia acercándose a la cama, para luego sentarse sobre ella.

—No quiero incomodarte Laia —dijo preocupado Bill por la chica.

—No lo harás tonto —sonrió tímidamente la chica— Anda ven aquí —apoyó su mano sobre la cama dándole un pequeño golpe a la cama, mostrándole que se sentará a su lado.

Bill se acercó cautelosamente a la cama, para luego sentarse al lado de la chica. Laia apoyó su cabeza sobre el hombro del joven, para luego sentir como Bill le rodeaba el cuerpo con sus brazos.

—Gracias, Billy… —susurró Laia cerrando los ojos un poco, el cansancio empezaba a hacer mella en su cuerpo— Eres un sol…

—Será mejor que te acuestes —dijo Bill al notar que la chica cabeceaba irremediablemente sobre su hombro— El sueño te está venciendo.

—No me dejes, Billy —susurró de nuevo la chica en sueños.

—No lo haré princesa, velaré por tu sueño durante toda la noche —susurró Bill al oído de la chica, para luego depositarle un pequeño beso en la frente de la joven.

Laia se tumbó y Bill se colocó detrás de ella abrazándola por la cintura y dando suaves caricias con su dedo pulgar al estómago abultado de la chica, notando como se iba relajando completamente y quedando dormida casi al instante. Así pasaron la noche, Bill abrazando protectoramente a su mejor amiga, que ahora necesitaba su apoyo para no derrumbarse.

A la mañana siguiente Laia despertó y sintió el brazo de Bill sobre su estómago. Llevó su mano hasta la de Bill y la acarició mientras sonreía. Le estaba dando la protección que necesitaba en esos momentos y se sentía a gusto con él a su lado. Lentamente y sin molestar mucho, se movió dándose la vuelta quedando cara a cara con Bill. Lo observó detenidamente, dándose cuenta que eran los mismos rasgos que Tom, pero era mucho más dulce, sin poder evitarlo acercó más sus labios a los labios del chico para luego darle un beso, que no duró mucho porque Laia se ruborizó un poco para luego separarse pronto de él, sin que el joven apenas se hubiera dado cuenta.

A los pocos minutos, Bill despertaba, Laia estaba dándole la espalda a Bill, pero sentía como su corazón latía enérgicamente y nerviosamente, solo pedía a dios que Bill no se hubiera dado cuenta de ese beso. Pero no fue así. El chico sí que se había dado cuenta y volvió a abrazar a Laia acercándole a su pecho, rodeándola con una fuerza cariñosa. Besó el hombro de Laia y está casi involuntariamente se fue girando lentamente hasta quedar cara a cara a pocos centímetros, mirándose los dos a los ojos y a continuación los labios del contrario. Bill tomó la iniciativa esta vez y rompió la poca distancia que había, juntando así sus labios. Empezó siendo tan solo un roce de labios, un piquito largo, pero luego ambos empezaron a moverlos sobre los contrarios, saboreándose el uno al otro.

Laia sintió algo extraño, pero no desagradable, en los besos de Bill encontraba algo que no hacía con los de Tom, pero no lograba saber que era ese algo. Ambas lengua entraron en juego, pero enseguida se separaron, se miraron a los ojos unos segundos y volvieron a besarse. Bill empezó a ponerse sobre el cuerpo de Laia y ella le dio espacio entre sus piernas. Las manos de Bill empezaron a tocar el cuerpo de la chica. Desde sus piernas hasta la cintura y luego por el vientre abultado, siguiendo por el pecho y luego tomó el rostro de Laia para profundizar más. La chica también tocó el cuerpo de Bill sintiendo los músculos que había ganado y ahora perdido por el alcohol y las drogas. Siguieron besándose de forma frenética, pero algo no iba bien.

—No puedo… —dijo Bill dejando de besar a su amiga— No… No me excito… —se dejó caer al lado de la chica con la respiración agitada— ¡Perdón! —se sentó rápidamente en la cama— Con eso no quiero decir que no seas guapa y eso pero yo…

—No importa Bill —dijo tajantemente Laia sentándose también— Esto ha estado mal no deberíamos de haberlo hecho. Ninguno.

—Yo pensé que… —intentó explicar Bill.

—No importa lo que pensamos ninguno de los dos. Esto vamos a olvidarlo —dijo tajante.

— Si vamos a olvidarlo, claramente tú quieres a mi hermano y yo…

—Tú quieres a Kayla —continuó Laia por él ya que parecía tener miedo de decirlo y mucho mas de reconocerlo— Será nuestro secreto —sonrió Laia intentando cortar la tensión del momento.

Además de sonreír Laia abrazó a su amigo, a pesar de lo que había sucedido hacia escasos segundos eran amigos y siempre lo serian, lo que había pasado no era nada.

—Creo que deberíamos volver a casa. Hablaremos con mi hermano y le haremos recapacitar —aseguró Bill— Haré que te respete y te trate bien porque te lo mereces, pequeña —le dio un toque en la nariz con su dedo índice.

—Gracias por todo —agradeció.

—No me des las gracias por nada, para eso están los amigos ¿o debería decir familia? —se rió Bill.

Ambos se alistaron para volver a casa y hablar con Tom, debía de recapacitar y saber qué es lo que tiene porque si no lo perdería y así acabaría solo, volviendo a la vieja vida de sexo esporádico.

Al llegar a casa Tom estaba en el salón sentado en el sofá con la cabeza sobre sus manos apoyadas sobre las rodillas. Cuando escuchó la puerta abrirse miró con ojos brillantes.

—Laia ve fuera, quiero hablar con mi hermano —Laia asintió y paso por el lado de su novio dejando a los hermanos juntos.

—¿Dónde estabais? —preguntó Tom.

—¿Te importa saberlo? —preguntó con tono duro.

—Claro que me importa, no he dormido en toda la noche —dijo nervioso.

—Fuimos a un hotel. Laia no quería estar aquí después de todo lo que dijiste —le dijo su hermano.

—Sé que soy un idiota pero entiéndeme… —pidió.

—No me puedes pedir eso, Tom. Laia te quiere, pero ella tiene razón en todo, has cambiado. Sé que yo no te he puesto las cosas fáciles, pero ella es tu novia y tienes que tratarla con respeto. Si no lo haces tienes que ser consciente de que te dejará y volverá a España —su hermano seguía hablándole y se imaginó que solo podría ver a su hijo veces contadas por su especial trabajo y pasándole una manutención a distancia, mientras que el niño posiblemente se criaba con otro hombre al que llamaría papá y querría, mientras que a él su verdadero padre, le llamaría por su nombre de pila y no lo reconocería como padre biológico.

—¿Tom me estás escuchando? —le empujó su hermano menor.

—Sí —se levantó y se dirigió hacia donde estaba Laia. Bill le siguió pero para escuchar e intervenir si le era necesario— Laia… —le llamó. Se acercó a ella y le abrazó— Perdóname mi amor… Soy un idiota, lo siento, tienes razón soy un idiota, un machista y todo lo que tú quieras… Perdóname no me dejes, no quiero que mi hijo llame papá a otro y no poder verlo cada día… Te lo suplico. Cambiaré… Te dejaré que seas modelo, actriz y cantante, incluso ciclista profesional, me da igual. Solo quiero verte feliz —dijo de carrerilla aun abrazando a Laia con fuerza.

—Tom… —susurró Laia.

—¿Me perdonas? —preguntó Tom mirándola.

—Quiero que me lo demuestres. Que vuelvas a ser el de antes. Entonces te perdonaré —respondió. Tom asintió y le dio un beso suave en la frente.

Pasaron unos días y en las siguientes apariciones Tom se controló sus impulsos para hacer feliz a Laia, eso le gustó a Laia ver que hacía un esfuerzo y le recompensaba con caricias, besos y gestos dulces, para que viera que solo le veía a él y no le importaba nadie más que su novio.

El día de visita al ginecólogo Tom acompañó a Laia, era la primera visita y estaba nerviosa, jamás había ido a un sitio así, pero la compañía de su novio de tranquilizaba bastante. No tuvieron que esperar mucho ya que era una consulta privada y era mucho mejor todo, entre ellas la rapidez.

Al entrar el doctor les saludó y procedió a hablar un poco con ellos, ya que no los conocía y le gustaba tener algo de trato con los pacientes antes. Les hizo algunas preguntas sobre los métodos anticonceptivos que tomaron que fue lo que creyeron que pasó para que Laia estuviera en ese estado y otras muy similares y rutinarias. Antes de nada procedió a hacer un análisis de sangre para asegurarse que todo estaba bien, pero viendo el aspecto delgado de la chica decidió recetarle unas vitaminas para asegurarse de que todo estaba bien. A continuación pasaron a la salita incorporada al despacho donde había el equipo necesario para hacer las ecografías.

El doctor le dijo a Laia que fuera a un biombo que había, para desnudar y se pusiera una bata blanca para poder examinarla más cómodamente, después le dijo que se tumbará en la camilla, para luego colocarla bien las piernas sobre unos ganchos, haciendo que la chica estuviera de piernas abiertas.

—Esto quizá te duela un poquito —advirtió el médico para luego meter la mano de bajo de la bata que cubría el cuerpo de Laia.

—Auch… —se quejó Laia al sentir uno de los dedos del médico palpándole en interior.

—Está todo perfecto —dijo el médico sacando su mano— Ahora te voy a hacer la ecografía.

El médico le aplicó un gel sobre la tripa, tapando previamente las piernas de la chica con una sábana, para luego levantarle la bata que se había puesto hasta por debajo de los pechos. Después comenzó a pasar el lector del ecógrafo, y poco a poco empezó a aparecer en la pantalla del monitor el interior del útero de Laia, se podía ver un feto perfectamente formado, con unas manos, unas piernas. Lo que más impactaba de todo, era el latido del corazón del pequeño que iba muy deprisa, pero eso fue suficiente para que de los ojos de Laia empezaran a salir unas cuantas lágrimas. Era la primera vez que veía a su bebé.

—Si se mueve con mucha suerte ya podremos ver el sexo del bebé —dijo el médico sacando a Laia de sus pensamientos, ya que se había quedado embobada mirando el monitor.

—¿Y eso es posible? —preguntó Tom al médico que no dejaba de ver el monitor.

—Claro, si se deja ver si —explicó el médico— Voy a imprimiros la ecografía para que tengáis la primera foto de vuestro hijo.

—Oh es genial —dijo Laia emocionada— Así después cuando lleguemos a casa se la podemos enseñar a tu hermano Bill.

—Sí —sonrió Tom— ¿Y bueno se deja ver? —preguntó Tom impaciente por saber el sexo de su hijo.

Continúa…

Gracias por la visita. Te invitamos a continuar con la lectura.

por Heiligtkt483

Escritora del Fandom

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