Fic hetero de Heiligtkt483
Capítulo 111
LOS ÁNGELES (EE.UU.)
Ambos jóvenes se fueron a buscar sus ropas, y se cambiaron en dos sitios independientes. Cuando acabaron ambos fueron a buscar a Tom, que estaba esperando por ellos en el interior de la sala de la fiesta. Una vez que llegaron, se fueron junto a Tom.
—Hola princesa —dijo Tom al ver a su novia— Lo has hecho muy bien.
—Gracias —sonrió emocionada Laia— ¿Sabes?
—Dime… —respondió expectante Tom.
—Han venido mogollón de periodistas y fotógrafos a sacarme fotos y hacerme preguntas —dijo Laia a su novio— Yo solita sin la ayuda de nadie, he sabido llevar bien la situación.
—Le falta un poco de experiencia, pero su primera comparecencia pública la ha hecho bastante bien —añadió Bill que estaba escuchando la conversación— Quizás tenga que recibir clases, de cómo expresarse en público.
—Sí, eso es verdad —corroboró Tom— También hay que buscarte un representante que negocie por ti en los contratos y que te asesore.
—Estás diciéndome que me das permiso para desfilar en otros desfiles —dijo emocionada Laia para luego abrazarse al chico— Oh Tomi eres un novio perfecto.
—Bueno, eso tendremos que hablarlo con calma en casa —dijo Tom a la chica— Ahora disfrutemos de la fiesta.
Durante la fiesta estuvieron hablando con otros invitados, hasta que se les acercaron los diseñadores, para lo que había desfilado Laia y Bill. Ellos estaban muy contentos de lo bien que les había salido el desfile, y le dijeron a los chicos que para los próximos desfiles que hicieran de la siguiente temporada, contarían con ellos. Tom, en representación de Laia, habló en nombre de ella, dijo que en unos meses la chica daría a luz, y no sabía si podría estar al cien por cien pero en cuanto pudiera desfilar que lo haría, que él se haría cargo de ese, ya que se nombraba representante legal de ella. Más tarde, cuando ya estaban agotados, decidieron regresar a casa y descansar.
Las semanas fueron pasando, y Laia cada día tenía su vientre más abultado ya estaba casi de cinco meses de gestación, y su cuerpo cada vez lo notaba más pesado. Esa mañana tenía visita con el médico, y por suerte hoy sabría el sexo del bebé, si este se dejaba ver, ya que en las anteriores ecografías no había tenido suerte en eso. Se había levantado temprano, y desayunado un yogur con fruta así le ayudaría a controlar su peso, ya que el médico no le dejaba engordar más de lo estricto. Al poco rato, llegó Bill que también se puso a desayunar haciendo compañía a Laia, Tom había salido un momento a hacer unas gestiones pero enseguida regresaría para acompañar a Laia al médico.
—Buenos días, Laia —saludó Bill llenando su taza de café— ¿Cómo has amanecido? ¿Nerviosa?.
—Bueno… un poco sí —sonrió tímidamente Laia— Por fin podre saber que será mi bebé, así podré centrarme en comprar ropita apropiada para su sexo.
—Si… —sonrió Bill apoyando su mano en la tripita de Laia.
—Últimamente se mueve demasiado por las noches —comentó Laia.
—Eso es normal, eso es signo de que el bebé está creciendo sano y fuerte en tu interior —dijo Bill mirando fijamente a Laia.
—Sí… —susurró Laia para luego bajar la mirada con tristeza.
—Laia, ¿Estás bien? —preguntó Bill al observar a su amiga triste— Te noto un poco cabizbaja.
—Es que echo de menos a mi familia… —dijo Laia con tristeza— A Kayla… Soy una mala amiga desde que estoy aquí viviendo con vosotros, no he hablado ningún día con ella, ni siquiera por el Facebook.
—Bueno… aún estás a tiempo de hablar con ella —titubeó Bill.
—¿Y tú? ¿Cuándo vas a arreglar tus cosas con ella? —preguntó Laia desafiante.
—Laia lo mío con Kayla no tiene solución —dijo Bill con dolor a su amiga.
—Tú la amas, ella también te ama —dijo Laia intentándole hacer entender.
—Quizás no me quiera tanto, cuando hace dos meses cuando hable con ella por el Facebook me mando a la mierda literalmente —dijo Bill de corrido sin casi respirar.
—Eso no lo sabía… —susurró Laia bajando la mirada— Pero de todas formas ya es hora de que pongáis los puntos sobre las íes, parecéis niños pequeños.
—Da igual aunque yo quiera poner todo de mi parte para hablar con ella —dijo Bill con tristeza— Nunca lo va a hacer ella.
—Claro que sí lo hará —dijo Laia esperanzada— Solo tienes que intentarlo.
—Laia no quiero discutir, me he levantado de buen humor —dijo Bill con voz cansina— Podemos cambiar de tema, y hablar de mi futuro sobrino o sobrina. ¿Ya habéis pensado en los nombres del bebé?.
—No… —susurró Laia al chico— Aún hay tiempo, faltan cuatro meses para que nazca.
—Ya estoy en casa —se escuchó la voz de Tom desde la entrada, luego fue donde estaban su hermano y novia— Justo a tiempo. ¿Estás lista para irnos? —preguntó.
—Más o menos —Laia salió y fue a terminar de arreglarse para seguidamente irse con Tom a la visita con el médico. Se despidieron de su hermano que aprovecharía de ir al estudio y se marcharon.
Montaron en el interior del coche de Tom, y este emprendió el viaje hacia la consulta privada del médico que atendía a Laia. Durante el camino, iban un poco silenciosos, Laia observaba por la ventana mientras acariciaba su vientre abultado, y Tom iba prestando atención en la carretera.
—Te noto muy callada —dijo Tom a su novia— Estás muy pensativa.
—Es que… —suspiró Laia.
—¿Qué te pasa? —preguntó Tom preocupado.
—Echo de menos a mi familia… —susurró Laia bajando la cabeza— Sé que mi padre no me quiere ver ni en pintura, pero echo de menos los abrazos de mi madre, y sobre todo a Kayla…
—Ya… Te entiendo —dijo Tom a su novia— Yo también echo de menos a mi familia que está en Alemania.
—Podíamos ir a España antes de que nazca el bebé —sugirió Laia a su novio.
—No creo que sea apropiado ir —dijo Tom a la chica— Además estamos con la grabación del disco, y en unos meses empezaremos con la promoción del disco, yendo a entrevistas.
—Ya… —susurró Laia— Pero ir a España…
—Quizás cuando nazca el bebé —volvió a decir Tom a Laia.
Se quedaron en un silencio extremo, durante todo el camino. Tom seguía mirando atento a la carretera, mientras que Laia se había enfrascado en sus pensamientos, observando otra vez por la ventana. Hasta que por fin llegaron, a la zona donde estaba la clínica privada en donde iban. Tom aparcó el coche, para luego abrir la puerta y salir de este, acompañado por Laia. Entraron en el interior de la clínica, y se dirigieron a la salita de espera, para esperar su turno. Estuvieron esperando durante veinte minutos, hasta que el médico salió del consultorio para darles paso al interior de la consulta.
—Hola chicos, ¿Cómo están? —preguntó el médico a Tom y a Laia haciéndolos entrar en el interior de la consulta.
—Bien… —susurró Laia— Un poco nerviosa… —confesó Laia al médico.
—Hoy podremos ver que sexo tiene el bebé —sonrió el médico a Laia mientras que ella y su novio se sentaban en unas sillas que estaban enfrente de la mesa del escritorio.
—Estoy muy emocionada —dijo Laia con felicidad.
—¿Qué preferencias tenéis del sexo del bebé? —preguntó el médico a los jóvenes.
—Yo quiero que sea niña —sonrió Laia.
—A mí me gustaría que sea niño, como va a ser el primogénito —opinó Tom.
—Bueno, pues será mejor que te tumbes en la camilla para hacerte la ecografía —sonrió el médico, mostrándole la camilla a la chica.
Laia se dirigió hacia la camilla, y se tumbó. Al momento, el médico se acercó a ella, y le dijo que se levantará la camiseta, para dejar al aire su vientre abultado. El ginecólogo echo el gel acuoso con su mano sobre el vientre de la chica para luego poner su vientre el doppler del ecógrafo y así mediante sondas ver en el monitor de la máquina como estaba en bebé. Comenzó a mover el doppler por el vientre de la chica, primero por un lado después para el otro intentando buscar la mejor posición para poder ver al bebé, que se formaba en el interior de la chica.
—A ver si hay suerte —dijo el ginecólogo igualmente tan emocionado como Laia— Vamos a girar un poco… Ya está —se fijó en la pantalla— ¿Qué ves Laia?.
—No sé, es todo gris aunque puedo distinguir la silueta del bebé —sonrió Laia al médico.
—Bien, aquí están las piernas, los brazos… Tu bebé está completamente formado, solo le falta engordar para coger peso y así pueda nacer bien —explicó el doctor— Se puede ver los genitales…
—¿Qué va a ser? —preguntó intrigado Tom para luego acercarse a la camilla, ya que estaba sentado en una de las sillas que habían en la consulta.
—Creo que está vez ha ganado Tom —sonrió el médico— Tendréis un niño.
—Voy a ser padre de un niño —dijo emocionado Tom— Vamos a tener un mini Tom en casa, cielo.
—Sí —sonrió Laia contenta pero decepcionada porque quería una niña— Aunque yo quería tener una niña…
—Para la próxima vez, te prometo que pondré todas las ganas para que sea una niña —dijo Tom a su novia.
—No tienes remedio —suspiró Laia.
—Bueno os imprimiré la ecografía —dijo el médico muy amablemente.
Después de darles la ecografía, les dio unas indicaciones de última hora. Laia a partir de ahora tendría que guardar más reposo, así el bebé no se estresaría. También les dijo, que fueran pensando en ir a clases de preparto, en donde enseñarían a Laia a respirar para cuando tenga que dar a luz. No obstante, le dio vez para dentro de tres semanas para controlar como iba Laia.
Los dos jóvenes salieron del consultorio, para luego montarse en el coche. Ambos iban muy contentos, y se notaba que había mucho amor entre ellos, ya que desde que salieron del consultorio no dejaban de abrazarse, y darse algún que otro beso, para luego montar en el interior del automóvil de Tom. El chico arrancó el coche, y se fueron a casa de los gemelos, ya que estaban deseosos de contarle la noticia de que sería tío de un niño.
Llegaron al apartamento, y estaba en completo silencio. Bill aún no había llegado del estudio, así que Laia se sentó en el sillón del salón, mientras mirada algunas revistas que había encima de la mesa, con decoraciones especialmente para niños. Tom se sentó al lado de ella, y se pusieron a ver ambos la revista. Tendrían que empezar a preparar la habitación del bebé, que sería la habitación que tenían como cuarto de guardar cosas que no utilizaban, así que les tocaría hacer limpieza dentro de esa habitación, y tirar lo que no necesitaban para vaciar y empezarla a decorar.
—Tenemos que pensar en nombre de niños para nuestro hijo —dijo Tom a Laia.
—Ya… —susurró Laia a su novio— Pero no soy muy buena para buscar nombres.
—Bueno… alguno encontraremos, y si no tenemos a Bill que seguro que nos busca un nombre para nuestro hijo —sonrió Tom abrazando a su novia— Me has hecho tan dichoso. Te quiero…
—Yo también te quiero —dijo Laia mirando a su novio a los ojos para luego darle un beso en los labios, que el chico profundizó— Eres lo mejor que me ha pasado en mi vida.
Los dos jóvenes se estuvieron abrazando mientras se mostraban todo el cariño, que sentían ambos. Tom aportaba en Laia una tranquilidad, que no sentía cuando vivía en España, y eso hacía que Laia estuviera de muy buen ánimo, sin duda ambos se complementaban como el día y la noche. Se pusieron a ver un poco la televisión ya que aún era pronto para empezar a hacer la comida, y tenían que esperar por Bill que aún no había regresado del estudio de grabación.
—¡Dios a mí me da algo como tenga que hacer eso! —dijo Laia con miedo y asustada, ya que estaban viendo un capítulo de pregnant at 16, que echaban por el canal de la MTV.
—Me temo que tu momento del parto será igualito que eso —dijo Tom a su chica que veía como ponía cara desagradable, al escuchar los gritos de la chica.
—Eso es un montaje, no va a doler tanto, ¿Verdad? —preguntó esperanzada Laia.
—No lo es, pero supongo que cada mujer a la hora de dar a luz es diferente —explicó Tom a su chica— No te ralles, aun te quedan varios meses para dar a luz, además yo estaré contigo en el momento del parto para darte apoyo moral.
—Más te vale —dijo Laia frunciendo el ceño— Porque tengo este bombo gracias a ti.
—Ahora no nos pongamos a discutir, Laia —dijo Tom con voz cansina— Esto cansado, solo quiero disfrutar el tiempo que estamos solos contigo.
Laia y Tom dejaron de discutir, y se abrazaron mientras continuaron viendo la televisión. Pasadas dos horas, Bill aún no había llegado, y ellos iban a empezar a hacer la comida para ellos, pero el timbre sonó con insistencia, haciendo que Tom saliera de la cocina para abrir.
—Fijo que Bill se ha olvidado las llaves —comentó Tom a su chica, que se había quedado en la cocina vigilando lo que estaban haciendo— Bill te dije que metieras las llaves en tu bolso —dijo Tom abriendo la puerta— ¡Mamá!.
—Hola hijo —saludó Simone a su hijo mayor, para luego acceder al interior de la casa con su esposo.
—Hola Gordon —saludó confuso Tom a su padre— ¿Qué diablos hacéis aquí?.
—Buena pregunta hijo —dijo Simone mirando severamente a Tom.
—Cariño, ¿Quién es? —dijo Laia saliendo de la cocina, que estaba un poco apartada de la entrada de la casa, por eso no sabía quién había llegado— Simone… Gordon… ¿Qué tal?.
—Oh cielo… —se acercó Simone a abrazar a la chica— ¿Cómo estás?.
—Bien… —susurró Laia tímidamente, ya que no había tenido mucha relación con Simone en el tiempo que había estado en Alemania.
—Mamá no me has contestado mi pregunta —insistió Tom a su madre.
—Crees que voy a hacer aquí, vengo a ayudar a mi nuera y a mimarla —dijo Simone abrazando a Laia— Que seguro que vais a comer por ahí, y necesita de comida casera. Además a aconsejarla, que he sido madre de gemelos, y supongo que Laia tendrá muchas dudas que yo si sabré responder.
—Mamá… No hace falta —dijo Tom a su madre.
—Como que no, mira Tom me parece muy mal que no me hayas dicho nada del embarazo de Laia y que me tenga que enterar de esto por revistas —dijo Simone a su hijo con dolor.
—Queríamos llevarlo en secreto —susurró Laia bajando la mirada.
—Pero cielo, eso es imposible —dijo Simone con cariño a Laia— Sobre todo en el mundo que viven mis hijos, que cada dos por tres están rodeados de paparazzis que parecen buitres, que quieren coger la mejor exclusiva.
—Lo sé… —susurró Laia con tristeza.
—Bueno dejémonos de charla —dijo Simone poniendo orden en la casa— ¿Ya sabéis el sexo del bebé?.
—Sí —sonrió Tom muy emocionado— Serás abuela de un niño, así que tendrás otro mini Tom correteando por la casa.
—Espero que no salga a ti, y que se parezca un poco más a Laia —dijo Simone poniendo los ojos en blanco— Laia tiene más sentido que tú.
—¿Habéis pensando en compraros otra casa? —preguntó Gordon a su hijo— Ahora que va a aumentar la familia necesitareis más habitaciones, este apartamento no tiene tantas habitaciones.
—Además cuando nazca vuestro bebé, me vendré a pasar temporadas aquí, para consentir a mi nieto —dijo Simone toda emocionada— Y claramente en este apartamento no cabemos todos.
—Ya… Bueno eso lo pensaremos con calma —dijo Tom a su madre.
—¿Dónde están vuestras maletas? —preguntó Laia al darse cuenta que los padres de Tom venían sin maletas.
—En el hotel, cielo —respondió Simone— Sabemos que este apartamento es muy pequeño para estar todos aquí, así que nos hemos ido a un hotel. Pero todas las mañana vendré a cuidarte, y a cocinarte cosas ricas, que necesitas recuperar fuerzas para cuando llegué el momento del parto.
—Ya… —susurró Laia nerviosa. La verdad es que pensar en el parto le estaba poniendo muy nerviosa.
Continúa…
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