Fic hetero de Heiligtkt483
Capítulo 118
BARCELONA
Cuando cruzaron ya había dos chicas abordándoles, pero no para pedirles un autógrafo si no una foto. Se tranquilizaron al saber que eran chicas que trabajaban en el recinto y sacaban fotos a todos los recién llegados, luego podrían comprarla si querían.
—Espero que pases desapercibidos… —dijo Tom.
—Hay muchos extranjeros alguno seguro que os conoce. Aunque habéis cambiado mucho… —contestó Laia mientras caminaban hacia la zona de picnic.
—A Bill no le reconocerán a no ser que sean muy fans y sigan su cambio de estilo, pero a Tom sí que lo reconocerán segurísimo —dijo Kayla siendo realista.
—Aunque suene egoísta no pienso hacerme fotos con nadie, y menos así… —dijo Bill.
—¿Ni si quiera conmigo? —hizo un puchero Kayla.
—Tom ni se te ocurra mirar a las tías o te corto la polla —amenazó Laia cuando Tom empezó a mirar a su alrededor y ver a cientos de chicas en ropa de baño.
—Pues tú tampoco mires a los chicos —le recriminó Tom sabiendo que Laia observaría los cuerpos de los chicos también.
—Hey aquí hay taquillas ¿lo dejamos aquí? —preguntó Bill.
—Aish cielo… como se nota que eres un pijo famoso. Aquí se hacen las cosas a lo cutre —le dijo Kayla.
—Se ponen las cosas sobre la mesa y se tapan con las toallas —explicó Laia.
—¿Y si nos roban los móviles o algo? —preguntó Tom preocupado.
—No te preocupes por eso —le aseguraron las chicas.
Llegaron a la zona de picnic donde había mesas en fila bajo los grandes pinos que daban sombra. Tal y como sus novias le habían explicado en algunas mesas habían cosas tapadas con toallas y nadie se acercaba a la que no fuera la suya.
—¿Qué os parece aquí? —preguntó Laia— Estamos en un buen sitio, tenemos la basura y las escaleras cerca —con la aprobación del resto colocaron todas sus pertenencias encima de la mesa. De los bolsos sacaron las toallas y la dejaron en un lado de la mesa— ¿Tom me ayudas por favor? —preguntó Laia para que le ayudara a quitarse la camiseta.
—Claro —Tom cogió el final de la camiseta de Laia y la alzo hasta pasarla por sus brazos y cabeza. Laia se quedó con la parte de arriba de su bañador.
—Gracias —sonrió Laia.
—Estás preciosa —dijo Tom acariciando el vientre abultado y a la vez dándole un beso en los labios.
Por otro lado Kayla también se había despojado de sus ropas quedando en bikini y Bill de su camiseta. Y empezaron a darse besitos mientras que Tom ayudaba a Laia.
Kayla permanecía sentada sobre el regazo de Bill viendo la foto que le había hecho a Tom y riéndose de ella. Luego cogió la cámara e hizo algunas fotos del momento que tenía la parejita. Tom acariciaba el vientre de Laia y la besaba con mucho amor.
—Menos besitos y más cremita en la espalda —les cortó el rollo Kayla, si no jamás se irían.
Realmente no le hicieron mucho caso, si Tom empezó a aplicar crema a la espalda de Laia pero cada vez que podía se besaban. Cuando termino de ponerle en la espalda y brazos le aplico sobre la barriguita.
—¡Mira que obra de arte! ¡Se merece una foto! —gritó Tom. Laia rió y Bill y Kayla observaron esa obra de arte. Tom cogió la cámara y le hizo una foto a la pancita de Laia. La supuesta obra de arte era una carita muy sonriente. Después de hacer la foto empezó a pasar la mano por encima aplicando la crema bien por toda la superficie.
—Te toca —dijo Laia. Se levantó y fue Tom quien se sentó en el banco para que su novia le aplicara la crema. Le puso mucha y empezó a esparcirla por los brandes hombros de su novio, luego por el resto de la espalda y sus musculosos brazos. Cuando termino hizo a Tom levantarse y ponerle crema por delante, Tom dijo que lo hacia él, pero Laia insistió en ser ella. Aplicó crema sobre el pecho de Tom y por el resto, sintiendo los músculos bajo su tacto— Sigue tu yo no puedo —dijo al sentirse excitada, Tom rió por eso.
Kayla se aseguró de ponerle bastante crema a Bill por todo el cuerpo ya que era muy pálido, a pesar que desde que vive en Los Ángeles algo de color a cogido, pero no lo suficiente como para no quemarse.
—Me encanta tu nueva apariencia… —dijo la chica tocando en trabajado cuerpo de su novio.
—Tom me obligó a ir al gimnasio con él por lo del tatuaje —le explicó Bill.
—Ahora la ropa y el bañador te sientan mucho mejor con esos músculos —le susurró Kayla. Seguidamente Bill procedió a ponerle crema también a su novia, aprovechándose de meter las manos más allá de donde solo ponía crema, Tom se dio cuenta y decidió molestar.
—Como aprovechas para meter mano eh hermanito —dijo con rintintín.
—¿Tienes algún problema? —cuestionó sin detenerse.
—Sí, que no me apetece ver porno en directo. ¿Nos vamos ya u os grabo? —dijo bromeando.
—Vámonos —dijo Kayla, porque si no jamás se irían y tampoco quería que alguien los reconociera y por alguna razón del destino haya indicios de que Bill le metía mano descaradamente.
Guardaron sus pertenencias dentro de los bolsos y luego lo taparon bien con las toallas que llevaron. Dejaron los zapatos bajo la mesa y caminando descalzos fueron hacía el primer lugar donde se mojarían.
Laia y Kayla decidieron llevarlos a la zona infantil, allí recibirían su primera ración de agua.
—Aquí no podemos entrar es para niños —comentó Tom.
—A los toboganes no, pero aquí sí. Tú solo quédate quieto y espera —le dijo su novia. Tom alzó la mirada hacia donde Kayla y pudo ver un gran cubo con una bandera pirata, dentro caía un gran chorro de agua. Laia se acercó a Tom, Kayla a Bill y este a su hermano, estando todos muy juntos tocándose los unos a los otros. Más gente empezó a llegar poniéndose a su alrededor alocados, deseando que el cubo cayera sobre ellos.
—Cariño, prepárate para despeinarte —le dijo Kayla a Bill viendo que el cubo gigante pronto se inclinaría cayendo sobre el tejado inclinado y luego hacia ellos creando una cascada de agua. Segundos después el cubo cayó mojándolos por completo con gran presión, haciendo que gritaran sorprendidos ellos y el resto de gente que había alrededor.
—¡Que fría! —dijo Laia.
—¡Ha sido increíble! —dijeron a la vez los gemelos.
—¿A dónde vamos ahora? —preguntó con emoción Tom.
—Vamos los que están aquí arriba en la entrada. Creo que son flojos para ir preparándonos para los mejores —dijo Laia.
—Genial vamos —respondieron.
Caminaron hacia arriba y fueron a la parte trasera de los toboganes para ir hacia la cola. Se pusieron en ella y lentamente iban avanzando. Eran tres toboganes pero para no ir impares se lanzarían dos y dos. Al llegar a lo alto los primeros en colocarse fueron Tom y Laia, cuando el chico socorrista les dio la señal se lanzaron. Pronto se perdieron de vista, el primero en caer a la piscina fue Tom y poco después Laia que reía al igual que su novio. Cuando salieron de la piscina el socorrista de la piscina dio la señal al de arriba para dejar que Kayla y Bill fueran los siguientes.
—Voy a ganarte, cariño —dijo Bill.
—Eso lo veremos. Tú no lo sabes pero me he cogido el más rápido —el chico les dio la señal y se lanzaron. Tal y como Kayla dijo la primera en llegar fue ella, que eligió el más rápido, luego le siguió Bill.
—Eres una tramposa, tienes ventaja —se quejó Bill al salir.
—Que rencoroso Billi —se rió Tom abrazado a Laia que le había dado frío al salir. Su hermano le fulminó con la mirada y se encaminaron a la siguiente atracción.
En una hora se habían subido en varias cosas, disfrutando de las bromas, de los momentos juntos y en parejas.
—Uish… necesito ir al baño —dijo Laia tocándose el vientre.
—Te acompaño yo también necesito ir —dijo Tom.
—Está bien os esperamos aquí sentados, no tardéis —les avisó Bill. Él y su novia se sentaron en la terraza de una cafetería para esperar a sus amigos.
—¿Estás disfrutando? —le preguntó a su chico sentándose encima de él y Bill le rodeó la cintura con sus manos.
—Si, como un crío. Es bueno ser básicamente anónimo entre tanta gente y poder disfrutar sin estar pendiente de si alguien me conoce —respondió feliz.
—Bill… ¿Me quieres? —preguntó recostándose sobre su pecho y apoyando la cabeza junto la de su novio.
—Te amo —respondió estrechando entre sus brazos el cuerpo de su novia— Cuando te dejé lo pasé muy mal… Tom quería matarme, no me hablaba, ni me miraba. Laia era la única que podía venir y hablarme sin que yo le gritara, creo que no podía hacerlo al saber que estaba embarazada, si no lo hubiera estado no sé qué habría hecho…
—Bill… —dijo con tristeza.
—Cada noche llamaba a algún conocido para salir a tomar algo, me emborrachaba, incluso le pedí a una amiga si podía conseguirme algo de droga… Cuando llegaba a casa más de una vez Tom me esperaba en el salón y me gritaba, incluso una vez nos pegamos. Dejé de ir al estudio. Me pasaba el día encerrado en mi habitación mirando tu Facebook u otras páginas para saber que era de tu vida y ver tus fotos —explicó— Laia insistía en que debía volver y pedirte disculpas por cómo me puse, pero yo no quería, hasta que un día no pude más.
—Yo no quería hacerlo, Bill… pero debía —dijo— Pensé que no lo querrías, que sería un estorbo en tu trabajo y en mis estudios, sin contar con la opinión de mi familia…
—Debiste haberlo consultado de todos modos —dijo— Estaría a punto de nacer nuestro bebé —sin poderlo remediar tocó el vientre de Kayla.
—Lo sé… —puso la mano encima de la de Bill…— No volverá a pasar lo prometo —juró besando a Bill.
—¿Cómo fue? —preguntó— El momento en el que te deshiciste de él.
—Muy mal… Me obligaron a escuchar latir el corazón del bebé… Fue la peor experiencia de mi vida —recordó— Y cuando me dejaste, todo fue de mal en peor. Malas compañías, alcohol, tabaco, droga, peleas continuas en casa… Pero ahora ya todo está como siempre, como debía de ser —le miró sonriendo dando por zanjado el tema de las amarguras— ¿Se puede saber dónde se han metido Tom y Laia?.
—Estarán haciendo manitas en el lavabo —se rió Bill.
Tom y Laia habían ido al baño ya que el pequeño Jake hacía que Laia fuera a menudo.
—A lo mejor has tragado demasiada agua —se rió Tom por el camino.
—Es culpa de Jake, está contento de que estemos aquí pasándolo bien —dijo Laia— Seguro que cuando sea más mayor le encantará venir aquí en verano.
—Estoy seguro de ello —respondió Tom— Nos reunimos aquí fuera —Tom fue al baño de hombres y Laia al de mujeres. El primero en salir fue Tom así que se sentó en un bordillo que había a la espera de que Laia saliera. La chica salió y pilló distraído a Tom mirando a la nada.
—¿Estás bien? —preguntó Laia.
—Por supuesto, ¿Por qué no habría de estarlo? —dudó.
—No sé por eso pregunto —dijo.
—Estoy muy feliz. Tengo conmigo a la chica más perfecta del mundo y con un hijo precioso dentro de ella —Tom le besó dulcemente.
—¿Alguna vez te imaginaste así con veintidós años? —preguntó Laia.
—Con veintidós años me imaginaba follando como un conejo, borracho todo los días y recorriendo el mundo. Pero me gusta más el presente —sonrió.
—Tengo miedo del parto Tom… —confesó Laia.
—No tienes porque, todo ira perfecto y tendremos al pequeño Jake en brazos y seremos más felices aun —intentó tranquilizarle.
—Y si no quiere salir y tienen que hacerme cesárea, luego quedara una cicatriz y ya no te gustará mi cuerpo… buscaras a otra persona que me sustituya —dijo con tristeza y miedo.
—Eso jamás pasara porque será un parto natural, lo presiento. Y aunque así fuera tú me gustas por ser tú, no por tu cuerpo, me gustarías igual —dijo Tom dulcemente para tranquilizar a Laia.
—¿Me lo prometes? —preguntó inocentemente.
—Por supuesto que si princesa —volvieron a besarse.
—¿Cómo ves tú a Kayla y Bill? Yo no los veo igual que antes… Creo que Bill está más pervertido. Ya lo has visto antes, prácticamente tenía la mano dentro del bikini de Kay… —dijo Laia.
—Es cierto. Creo que tanto tiempo lejos les ha afectado carnalmente. Pero no creo que tengamos que preocuparnos —le quitó importancia Tom— Poco a poco será como antes.
—¿Bill le pedirá que se vaya a vivir con él? Bueno con nosotros —preguntó Laia.
—No tengo ni idea. Tal vez —respondió. Emprendieron camino para volver con sus amigos. Al llegar a la esquina los vieron juntos riendo, dándose besos como dos tortolitos.
—Ya estamos aquí —dijo Tom rompiendo el momento.
—Menos mal ¿Qué hacíais? —preguntó directamente Kayla.
—Cosas sucias para mayores de edad —bromeó Tom.
—Solo hablábamos —corrigió Laia— ¿Y vosotros?
—También —respondió Bill— ¿Seguimos?
Una vez todos juntos de nuevo volvieron a ir a algunas atracciones más. Al finalizar decidieron que era hora de ir a comer algo, ya eran casi las tres del mediodía y tenían hambre.
Llegaron a la zona del picnic donde dejaron sus cosas Bill y Tom casi corrieron a asegurarse que sus teléfonos móviles estaban a salvo si no tendrían un gran problema con todos los videos y fotografías privadas que habían hecho.
—Están aquí —dijo ya más calmados. Quitaron las toallas y sacaron la comida. Por la mañana Bill y Kayla se habían despertado antes para hacer una ensalada de pasta para los cuatro y unos sándwiches. Sacaron el recipiente con la ensalada y unos cubiertos para poder comer.
—Empezáis a poneros rojos —comentó Laia mirando a Tom y a Bill. Las mejillas de los chicos estaban sonrojadas al igual que sus hombros.
—Por la noche tendréis que echaros más crema sino queréis pelar —dijo Kayla a los chicos, mientras sacaba los bocadillos de la nevera que habían llevado— Y bien… ¿Qué os está pareciendo este día?.
—Genial, nos lo estamos pasando bomba —sonrió Tom como un niño pequeño— Ya no recuerdo haberme divertido tanto…
—La última vez que nos lo pasamos genial, fue cuando alquilamos el parque de atracciones en Alemania y nos fuimos con nuestros familiares a celebrar nuestro veinte cumpleaños —recordó Bill— Había sido muy emocionante…
—Sí, recuerdo que había tenido problemillas con un chubasquero transparente que nos habían dado para ponérnoslo antes de subir a una atracción de agua —recordó Tom sonriendo— No encontraba por dónde meter la cabeza.
—Es que siempre has sido muy cabezón —se rió Bill metiéndose con su hermano mayor.
—Lo mismo que tú —dijo Tom molesto.
—Chicos, estamos pasando un día agradable. No quiero discusiones… —dijo Laia intentando mediar entre los dos hermanos.
Estuvieron unos minutos más descansando, y comiendo tranquilamente mientras recordaban los hermanos algunas otras anécdotas de su vida, haciendo que Kayla y Laia se rieran por las cosas graciosas que contaban. Más tarde, guardaron todo y cuando ya hicieron la digestión decidieron irse a dar un par de chapuzones más, cuando ya empezó a caer la tarde sobre las siete de la tarde decidieron que era hora de regresar, ya que estar mucho tiempo en ese parque de atracciones acuático era bastante agotador. Recogieron todas sus cosas, y se dirigieron al exterior del parque para luego ir a la zona de parking donde habían dejado aparcado el coche desde primera hora de la mañana. Después se montaron en el coche, y Kayla condujo rumbo a Barcelona, de nuevo.
Continúa…
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