It’s just a dream 119

Fic hetero de Heiligtkt483

Capítulo 119

BARCELONA

Una vez que ya estuvieron en Barcelona, Kayla y Bill fueron a dejar a Tom y a Laia al hotel, para luego ellos irse a la casa de los padres de Kayla, ya que Bill había ido a pasar los días a casa de la chica, y así evitarse pagar el hotel. Kayla y Bill llegaron a la casa, y se fueron a sus respectivas habitaciones para coger una muda limpia de ropa y darse una ducha cada uno por separado, para luego echarse crema corporal para después del sol. Laia y Tom, por otro lado, habían subido a su habitación en el hotel, y habían optado, por darse una ducha juntos, para luego irse a la cama y dormir hasta el día siguiente y reposar sus cuerpos cansados.

A la semana siguiente los cuatro se marcharon a LA. Kayla solo iría a pasar el resto del verano luego volvería para cursar el segundo curso de universidad, esos en teoría eran sus planes. Al llegar Bill y Tom tuvieron unos días de descanso para acostumbrarse de nuevo al horario y una vez hecho empezaron a ponerse a trabajar duramente para terminar lo poco que les quedaba del disco.

Una vez terminaron empezaron a hacer algunas sesiones fotográficas. Al terminar el verano los cuatro volvieron a Europa, Kayla a España y Laia, Tom y Bill a Alemania. Tenían que empezar a promocionarse en entrevistas y programas de televisión para luego empezar una nueva gira.

HAMBURGO

Los gemelos se habían alojado en la casa de sus padres, que también habían regresado a Alemania unas semanas antes.

—Laia, cielo —llamó Simone a la chica— Es hora que te tomes tus vitaminas…

—Está bien —susurró la chica bajando al piso superior para luego acceder al interior de la cocina.

—He pensado que podíamos irnos de compras, y comprar cosas para el bebé —dijo Simone emocionada, ya que iba a ser su primer nieto— También habrá que pensar en el cuarto de mi nieto, ya es hora de que le compréis la cuna y sus cositas. Ya estás entrando en el noveno mes de embarazo, y en cualquier momento se te adelantará.

—Aún quedan varias semanas, además para la semana que viene los chicos empiezan con la promoción del disco, y Tom estará lejos —dijo Laia con miedo— No quiero estar sola en el parto.

—Y no lo estarás cielo, sabes que te ayudaremos en todo lo que necesites —dijo Simone con sinceridad.

Pasaron los días, Simone y Laia se habían ido de compras comprando la cuna del bebé, y ropita de recién nacido, hasta habían preparado una bolsita con todo lo necesario para el bebé por si se le adelantaba el parto en cualquier momento siempre había que estar preparada para todo. Pero Laia se sentía sola, ya que Tom y Bill se pasaban varios días a la semana promocionando el disco, y se pasaba la mayor parte del día en casa con Simone y Gordon, y realmente se aburría muchísimo. Un par de veces había ido a visitar a sus tíos que vivían cerca de la casa de los gemelos. Samuel la había visto varias veces, pero no le había dirigido la palabra, ya que seguía enfadado con Tom, sobre todo por haber dejado a su prima pequeña embarazada.

Respecto a los gemelos, sus días se habían vuelto muy ajetreados. Cada día iban a diferentes sitios de Alemania para promocionar su disco, y pronto empezarían con los ensayos de su próxima gira. El cumpleaños número veintitrés de los gemelos se iba a celebrar en la más estricta intimidad. Laia al sentirse tan sola había propuesto a los gemelos que Kayla se fuera vivir con ellos, y que trasladará su expediente académico a una universidad de Hamburgo, que daban la misma carrera que Kayla estaba estudiando. Después de que Bill hablará varias veces con Kayla, y poderla convencer y esta hablará con sus padres, por fin Kayla viajó rumbo a Alemania, justo a tiempo para celebrar el cumpleaños de su novio y el hermano gemelo de este.

—Me alegro tanto de que estés aquí conmigo —dijo Laia abrazándose a su amiga que había acabado de llegar del aeropuerto, Bill la había ido a buscar. Laia se tuvo que quedar en casa, porque el médico le había mandado guardar reposo ya que estaba en la recta final del embarazo.

—Yo también —sonrió Kayla acariciando el vientre abultado de la chica— Estoy deseando que nazca ya mi sobrino.

—Será mejor que subas tu maleta a mi habitación —dijo Bill sonriente— Después podremos ir a cenar por ahí todos juntos.

—Está bien —dijo Kayla subiendo a la habitación de Bill, acompañada por este.

Los dos jóvenes subieron a la habitación de Bill, para luego entrar en ella y entre beso y beso fueron acomodando la ropa de la chica en el armario de Bill. Laia se había quedado abajo, sentada en el sillón acariciando su vientre, no sabía que le pasaba pero se sentía un poco rara desde primera hora de la mañana, pero no vio nada anormal en ello. Al poco rato, Tom llegó al poco rato que había ido a ultimar unos detalles de lo iban a hacer en la gira.

—Hola cielo —dijo Tom al entrar en la casa, para luego acercarse a su novia y darle un dulce beso en los labios— ¿Cómo te encuentras?

—Bien… —susurró Laia no muy convencida.

—¿Ya llegó Bill con Kayla? —volvió a preguntar Tom sentándose en el sillón, que también estaban sus padres.

—Sí, acaban de llegar hace nada. Han ido a dejar el equipaje de Kayla a la habitación de Bill —informó Simone a su hijo— Después iremos a cenar por ahí todos juntos.

—Genial… —sonrió Tom para luego pasarle su brazo por encima del hombro de su chica— Laia te notó un poco rara… ¿Te encuentras bien de verdad?.

—Sí… —respondió la chica intentando mantener la compostura. La verdad es que notaba unas pequeñas contracciones, pero no se preocupaba porque el médico le había dicho si no eran con frecuencia no pasaba nada.

—Está bien cielo —dijo el chico para luego darle un beso en la sien izquierda.

Más tarde, cuando Kayla y Bill bajaron de la habitación, y ya completamente preparados todos se fueron al restaurante donde habían reservado una mesa para cenar. El fin de semana siguiente los gemelos celebrarían su cumpleaños número veintitrés, pero ahora iban a disfrutar un momento en familia con sus padres y sus novias. Montaron en la camioneta que tenía Tom, para luego dirigirse al restaurante, metiéndose en el interior del parking que poseía el restaurante. Luego por una puerta que había en el interior del establecimiento accedieron al salón del restaurante. Cuando llegaron se acercaron a un empleado para pedir la mesa que habían reservado, y luego se fueron a una mesa que estaba en el fondo del salón un poco apartada de las demás personas que estaban cenando en esos momentos en el restaurante.

Una vez que se sentaron en la mesa, un camarero se acercó a ellos para entregarles la carta de menú y de bebidas. Después de varios minutos de decidir que iban a tomar, el camarero tomó nota, y poco después trajo unos aperitivos para pasar un poco el rato mientras esperaban a que les sirvieran los platos pedidos. En menos de quince minutos, ya estaba el camarero sirviéndole a cada uno lo que habían pedido, para luego comenzar a comer mientras hablaban sobre temas triviales, y del trabajo de los gemelos. Laia tenía una sonrisa fingida en los labios, la verdad es que había comenzado a notar unos dolores en su vientre, pero no quería estropear la cena, ya que era la única vez que coincidían todos juntos después de varios meses. Otra punzada hizo que posará su mano sobre su vientre, y que empezará a respirar entrecortadamente, sintió como su parte baja se mojaba.

—Laia, cielo —dijo Tom asustado al ver como la chica hacía una mueca de dolor en la cara— ¿Te encuentras bien?.

—No lo sé… —dijo Laia con ojos vidriosos a punto de llorar.

—Cielos, santo —dijo Simone al acercarse a la chica, y observar que el suelo estaba un poco mojado— Creo que has roto aguas.

—No… aún es pronto —dijo Laia asustada mostrando un poco de histerismo.

—Laia, mi amor tenemos que irnos al hospital —dijo Tom intentando tranquilizar a su novia— Todo saldrá bien —besó la frente de la chica.

Bill se encargó de pagar la cuenta del restaurante, mientras que los demás ayudaban a Laia a moverse. Poco después montaron todos juntos en la camioneta de Tom, Bill conduciendo, ya que Tom se estaba poniendo un poco nervioso como para ponerse a conducir, y se sentó con Laia detrás mientras que Kayla se sentó también al lado de la chica para darle su apoyo. Laia había comenzado a respirar más intensamente ya que las contracciones eran cada vez más fuertes aunque aún espaciadas en el tiempo.

—No creo que vaya a aguantar… —susurró Laia con voz inaudible mientras se concentraba en respirar hondamente.

—Todo va a salir bien —dijo Kayla a su amiga intentando calmarla.

—No… no sabes lo que me está doliendo —comenzó a llorar Laia, mientras agarraba la mano de Tom y comenzaba a apretarla.

—Auch… cielo no aprietes tanto —se quejó Tom a su chica.

—Haz que salga ya… —gritó la chica a su novio— Tengo ganas de empujar…

—Espera a que lleguemos al hospital —dijo Tom a la chica— Bill no puedes ir un poco más rápido.

—Ya voy, no puedo saltarme los semáforos —dijo el chico con desesperación.

—Pues como vayamos a este ritmo, Laia da a luz en el coche —se quejó Tom a su hermano.

Al poco rato, mientras Laia gritaba como una histérica por los dolores que el causaban las contracciones llegaron al hospital. El primero en salir fue Bill, y sus padres que estaban en unos de los asientos del coche, ya que la camioneta de Tom tenía cavidad para siete personas. Gordon se dirigió al interior del hospital para solicitar una silla de ruedas, y así poder transportar fácilmente a la chica, ya que con los dolores de las contracciones le era imposible caminar decentemente. Entre Kayla y Tom ayudaron a Laia salir del coche, y a los poco minutos regresó Gordon con la silla de ruedas, y un celador que lo acompañaba. Tom ayudó a sentarse a Laia en la silla de ruedas, y el celador comenzó a llevarla al interior del hospital, mientras que los demás los seguían.

—¡TOOOM NO ME DEJES! —gritaba Laia desesperada intentando buscar la mano de su novio, el cual se la agarró poniéndose al lado de la silla de ruedas mientras caminaban.

—Ya estoy aquí cariño —dijo Tom con paciencia y muy dulcemente.

—ME CAGO EN LA PUTA… —se quejó Laia otra vez mientras comenzaba a coger aire más intensamente— ¿Por qué tiene que doler tanto?.

—Aguanta cielo —volvió a decir Tom a su novia infundiéndole ánimos— Pronto nuestro hijo estará entre tus brazos…

—No voy a volver a tener sexo más en mi vida, lo juro… Si salgo de esta —dijo Laia con desesperación.

—Nooo… eso ni hablar —abrió los ojos desmesuradamente Tom— No puedes hacer eso…

Entraron en el interior del hospital, mientras que Gordon y los demás se encargaban de rellenar el formulario de ingreso de Laia, Tom y Laia fueron con los médicos a una sala donde prepararía a Laia para dar a luz. Después a los demás los guiaron a una pequeña sala de espera hasta que Laia diera a luz y fuera trasladada a una habitación donde allí ya podría verla a ella y al bebé. Un tocólogo de guardia entró en la sala de partos para examinar a la chica, que ya había comenzado a dilatar, ya que las contracciones eran cada vez más frecuentes haciendo que la chica se quejará cada rato por el dolor que padecía. Enseguida una enfermera llegó a la sala, y le pusieron unos cables que iban conectados a una máquina para monitorizarla, y ver los latidos de Laia y los del bebé y comprobar que todo estaba bien. Después hicieron que Laia se pusiera en posición fetal, para así ponerle a epidural y así no sentir tanto dolor en el parto. Tom estaba muy nervioso, era un manojo de nervios que no hacía más que de ir de un lado para otro haciendo que Laia se desesperada más de lo que estaba.

—Como sigas caminando de un lado a otro, vas a hacer un zanja en el suelo —dijo Laia un poco irritada— Me pones de los nervios puedes estarte un poco más quieto.

—Lo siento cariño, pero es que también estoy nervioso —dijo Tom a su novia— Voy a ser padre primerizo.

—Y eso que importa, la que se va a llevar trabajo fuerte voy a ser yo que lo tengo que echar para fuera —dijo Laia con desesperación— Si supiera que iba a dolerme tanto, no tendría en mi vida sexo, así evitaría quedarme embarazada.

—No seas tan exagerada, que ahora con lo que te pusieron seguro que ya no te duele tanto —dijo Tom a su chica para luego sentarse en un silla al lado de la cama donde se encontraban tumbada la chica.

Las horas fueron pasando pero Laia aún no había dado ningún indicio de que el bebé quisiera salir. Iba dilatando poco a poco con las contracciones que se iban sucediendo, pero aún no había llegado el momento álgido en el que Laia tenía que empujar para traer a su bebé al mundo. En la sala de espera, los demás se estaban impacientando bastante ya que no sabían nada de Laia ni de Tom. Ya habían pasado varias horas y nadie les había ido a informar de nada. Mataron el tiempo yendo a la cafetería del hospital a tomarse un café bien cargado, ya que sería una noche demasiada larga.

En la madrugada, cuando los primeros rayos de sol de la aurora empezaban a despuntar en el cielo oscuro de la noche, por fin el pequeño Jake decidió salir. Enseguida la sala se llenó de gritos por parte de Laia empujando con fuerza para que ese niño que llevaba metido en su vientre por fin saliera y conociera su padres y demás familiares. Tom no se despegó ni un solo momento de Laia, agarraba su mano con fuerza con peligro de que lo dejara lesionado de por vida, y no poder tocar más la guitarra, pero todo dolor era anulado al saber que pronto vería la carita de su primer hijo varón. Tom había deseado desde hacía meses, que llegará ese momento en el que por fin podría conocer a su hijo, a su primogénito.

—Vamos corazón —dijo la matrona que estaba atendiendo el parto— Un empujoncito más, ya se le ve la cabecita.

—No puedo más —susurró Laia exhausta. Estaba siendo un parto bastante difícil y el pequeño Jake se resistía a salir por fin del vientre de su madre, donde había estado protegido y calentito durante los nueve primeros meses de su vida.

—Venga un poco más —animó esta vez Tom que sujetaba la mano de su novia.

Laia entre gemidos de dolor, y respiración entre cortada comenzó a empujar nuevamente. Sentía todo su cuerpo romperse del gran esfuerzo que estaba haciendo, no sentía sus piernas, ya que se le habían quedado dormidas al estar tanto tiempo en la misma posición. Hizo un esfuerzo sobrehumano otra vez cuando un grito más desgarrador que los otros hizo que por fin la cabeza del pequeño recién nacido saliera por completo del interior de Laia. Enseguida la comadrona acabó de sacar al pequeño, que rebosaba de salud y ya había comenzado a llorar escandalosamente cuando la comadrona le pegó unas cuantas palmadas en la nalga del bebé, para así se le abriera las vías respiratorias y comenzar a respirar por sus propios pulmones.

Después le tendió unas tijeras a Tom para que le cortara el cordón umbilical. Tom se sentía muy nervioso y a la vez emocionado. Laia se sentía muy cansada, había hecho un gran esfuerzo en traer al mundo a ese niño, y ahora lo único que quería era dormir y descansar. Cuando Tom ya cortó el cordón umbilical de su hijo, lo arroparon en una toalla y se lo pusieron a Laia en sus brazos, para que así la chica comenzara a tener el primer contacto con su hijo.

Continúa…

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por Heiligtkt483

Escritora del Fandom

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