Fic hetero de Heiligtkt483
Capítulo 12
Laia y Kayla se levantaron del sillón y se fueron hacia la cocina. Kayla estaba un poco enfadada con Laia porque se había ido de la lengua, ahora tendrían que ser más cuidadosas, porque Tom les estaba pisando los talones, para la mínima de cambio descubrir su secreto, y quizás les quitarían el habla y no volverían a confiar en ellas.
—Te has vuelto loca —susurró Kayla a Laia una vez dentro de la cocina— Eres una bocazas ahora Tom sospecha más que nunca de nosotras.
—Perdona se me escapó pero a ti también se te ha escapado algún detalle, cuando estábamos en el estudio de grabación, así que no puedes echarme las culpas de todo —se defendió Laia.
—Que no se repita otra vez. ¿Dejaste el cd en casa? —preguntó Kayla a su amiga.
—No… —susurró Laia temiendo de que Kayla le volviera a decir algo.
—Porque no lo dejaste en casa —volvió a decir Kayla con enfado.
—Es que… podíamos escucharlo por la noche en la habitación antes de dormirnos —contestó apenada Laia.
—Eres una inconsciente… —dijo Kayla cabreada.
Laia y Kayla se quedaron calladas, y a los pocos minutos llegó Bill a la cocina para enseñarles a las chicas donde estaban los utensilios guardados en la cocina. Bill muy amablemente se ofreció a ayudarlas a hacer la cena, mientras él cogía una sartén les indicó que cortaran media cebolla, para luego echar un poco de aceite en la sartén y echar la cebolla para sofreírla mientras que ponían a cocer los espaguetis en una olla, cuando la cebolla estaba ya bien sofrita, echaron unas cuantas cucharas de kétchup y unas cuantas de cucharas de mostaza, y removieron para que la salsa quedará uniforme y luego le echaron leche. Después por ultimo le añadieron una pizca de sal y orégano.
—Esto tiene muy buena pinta —se acercó Laia a oler la salsa que ya estaba en su punto.
—Es que no sabemos hacer otra cosa, pero esto nos queda muy rico —contestó Bill mientras removía la salsa— Creo que esto ya está casi listo. Será mejor que se vaya a poner la mesa con los platos, vasos y cubiertos.
—De acuerdo —dijo Kayla acercándose al mueble a coger cinco platos, y los cubiertos, mientras que Laia intentaba coger los cinco vasos, pero al final solo cogió tres que eran los que podía coger con las manos.
Las chicas se fueron al salón, y empezaron a poner todo sobre la mesa mientras que Tom y Sam seguían mirando la televisión sin mover ningún dedo para ayudar a las chicas. Cuando acabaron de colocar todo en la mesa se fueron a la cocina, donde echaron los espaguetis que ya estaban cocidos sobre una fuente y la salsa hecha sobre una salsera. Solo les faltaba poner el pan para poder acompañar la cena.
—Ya podéis sentaros para cenar —informó Kayla a Sam y a Tom— Sino os quedáis sin cena.
—Venga ya —dijo Tom altanero— Tú no eres nadie para darme ordenes, que aún por encima estás de invitada.
—Por eso mismo como invitada no tengo la obligación de hacer nada —respondió Kayla picándose con Tom.
—Kay no empieces —trató de poner paz Laia— Cenemos en paz, por favor.
Kayla y Tom dejaron de discutir y se sentaron todos a la mesa, para degustar los espaguetis a lo Tokio Hotel, como había fundado la banda en un programa de televisión en España, los espaguetis que habían hecho, haciendo que ese plato fuera famoso entre las fans de todo el mundo. Bill sirvió a cada uno de ellos, un buen plato de espaguetis para luego echarle la salsa y como último toque le espolvorearon un poquito de queso rallado. A las chicas les encanto tanto el plato, que quisieron repetir de nuevo, a la mierda los kilos que iban a coger, después tendrían que ir a correr durante varios días para poder bajarlos.
—No puedo más voy a reventar —dijo Laia tocándose el estomago— Creo que necesitaré varias sesiones de ejercicio para poder bajos los kilos, que he engordado comiendo esto.
—Sí, quieres te puedo ayudar a bajar esos kilos. Sé de un ejercicio que es muy bueno —contestó Tom mordiéndose el labio inferior donde tenía su piercing.
—Uy Laia —dijo Kayla a su amiga, ya que había entendido perfectamente a lo que se refería Tom— Me parece que alguien está interesado en ti.
—Cállate —dijo Laia a la vez que sus mejillas se ponían coloradas.
—Bueno —concluyó Kayla— Como Bill, Laia y yo hicimos la cena ahora veo lógico que Sam y Tom frieguen los platos.
—¡¿Qué?! —exclamó sorprendido Sam— Ni hablar yo no voy hacer eso.
—Pues nosotros no vamos a fregar —dijo Laia a su primo— Venga Kayla vamos a nuestra habitación.
—Un momento… —dijo Tom— ¿No vais a jugar con nosotros ni siquiera una partida a la Play Station?.
—No… esos juegos son aburridos, preferimos irnos a la habitación a cotillear, mientras escuchamos música de nuestro Ipod —contestó Laia a Tom— Así que divertiros pero antes tenéis que fregar menos Bill, que él sí ha ayudado a hacer la cena.
Laia y Kayla se levantaron de la mesa dejando a Sam y a Tom sorprendidos por los aires de grandeza que habían adquirido, mientras que Bill sonreí porque las chicas habían puesto en su sitio a Sam y a Tom. Laia y Kayla subieron las escaleras que daban a la segunda planta donde estaban los dormitorios. Se metieron en su habitación, y Laia cogió su Ipod, por un momento estuvo tentada en meter el cd de Tokio Hotel que había comprado por la tarde en el centro comercial, pero si lo ponía se metería en un problema. Laia y Kayla se tumbaron en la cama, ya que dormirían juntas en una cama de matrimonio, y se pusieron los audífonos en cada una de sus orejas, y empezaron a escuchar música al mismo tiempo que cotilleaban.
—Oye Laia, ¿Qué pasaría si Tom intentará liarse contigo? —preguntó Kayla a su amiga.
—No creo que Tom esté interesado en mí, recuerda que anda detrás de muchas faldas, hasta incluso algunas veces se debió de acostar con esa tal Susie, que me arregló el pie —contestó Laia.
—Pues no sé que pensar, porque hoy ha estado muy pendiente de todos tus movimientos, y esa propuesta de tener sexo contigo —dijo Kayla de nuevo— Perderías la virginidad con Tom, eso es tener mucha suerte.
—Noo… —dijo Laia tímidamente y ruborizándose— Ahora que conozco a Tom en persona tengo que decir, que es majo pero sé realista somos unas crías antes ellos. Nunca tendremos nada con ellos.
—Me sorprendes mucho Laia —dijo Kayla confusa— Hace dos semanas estabas muy ilusionada en conocer a Tom, y tener algo con él, y ahora que nuestro sueño se ha hecho realidad que por fin lo conoces, no intentas acercarte a él.
—Entiéndeme Kay, yo no soy demasiada buena con los chicos. De hecho que siempre eres tú la que encuentra lo chicos guapos —dijo Laia a su amiga con algo de envidia— No soy guapa… y Tom no se puede haber fijado en mí, es más te apuesto que mi primo le mataría si le pone un dedo encima.
—Bueno… no siempre serás una niña pequeña, eso lo tiene que entender Sam. Somos jóvenes y tenemos que experimentar —dijo Kayla de nuevo a Laia.
—Ya… —susurró Laia— ¿Podemos dejar de hablar de este tema? Me siento un poco incomoda.
Kayla y Laia siguieron escuchando música, y después más tarde decidieron tumbarse a dormir. Tardaron bastante en dormir ya que se podía escuchar de fondo la música del juego, que estaban jugando los chicos en el salón. Los sonidos persistieron hasta bien entrada la madrugada. Tan solo hacía un par de horas que las chicas se habían quedado dormidas, cuando Laia se despertó a causa de la sed que tenía. Tal vez… había sido las especies que tenía la salsa de los espaguetis. Con mucho cuidado se levantó de la cama procurando no despertar a Kayla, que ese encontraba plácidamente durmiendo en ese momento.
Laia abrió la puerta de la habitación con sumo cuidado, para luego volver a cerrarla también con mucha delicadeza. Empezó a caminar por el largo pasillo, hasta llegar al principio de las escaleras para comenzar a bajarlas, con cuidado procurando no caerse en el intento, ya que la casa estaba media oscura, solo iluminada por la luz de la luna que se colaba por las ventanas. Cuando llegó al salón pudo ver que estaba un poco desorganizado, varios botellines de cerveza se encontraban sobre la mesita que había enfrente del gran sillón, delante de la televisión. Sin hacer mucho ruido se dirigió a la cocina, el frio contacto de las baldosas sobre sus pies descalzos le hicieron sentir un escalofrío, que le recorrió desde la punta de los pies hasta su cabeza.
A tientas camino por la cocina, comiéndose literalmente en el intento un silla, que había al lado de una pequeña mesa. Con bastante suerte consiguió llegar a la nevera y abrirla, para luego elegir algo para beber. Al final se decidió por una botella de zumo de cristal, y se acercó a un mueble para coger un vaso donde vertió su contenido para luego beberlo. Cuando iba a meter la botella de nuevo en la nevera, algo la hizo sobresaltarse y que se le resbalará la botella de cristal de entre las manos, rompiéndose en el suelo por el impacto.
—¿Quién está ahí? —una voz grave inundó la cocina.
—Tom imbécil me has asustado —habló Laia desde el lado de la cocina, mientras observaba el estropicio que había ocasionado.
—¿Qué haces levantada a estas horas? —preguntó Tom acercándose a Laia.
—Tenía sed y me levanté a beber un poco —explicó Laia.
—Bueno… —contestó Tom— Menudo estropicio has hecho.
—Si no me hubieras asustado, no se me hubiera caído —replicó Laia.
—Cuidado no te vayas hacer daño en un pie —dijo Tom dándose cuenta de que Laia estaba descalza, para luego cogerla en volandas.
—Le has cogido el gusto de cogerme en brazos —puntualizó Laia, ya que era la segunda vez que Tom hacía lo mismo.
—Es para evitar que te claves un cristal en el pie —se excusó Tom mientras ponía a Laia en otro lado de la cocina.
Tom se dirigió hacia un mueble donde guardaba la escoba y la fregona. Primero, barrió los cristales para luego recogerlos con un recogedor y echarlos al cubo de la basura. Después con la fregona limpió el juego de naranja que se había dispersado en el suelo, hasta que lo dejó completamente limpio y seco. Luego recogió la escoba y la fregona poniéndola de nuevo dentro del mueble.
—¿Te apetece tomar helado? —preguntó Tom a Laia que estaba mirando como lo había recogido todo.
—Bueno… —contestó Laia un poco indecisa.
—Venga será divertido, así mientras comemos el helado podemos hablar de cosas —animó Tom a Laia.
—Está bien… —se rindió Laia, ya que le parecía un poco descortés no aceptar la invitación de Tom, ya que estaba tratando de ser hospitalario.
Tom se dirigió de nuevo a la nevera, y de la parte del congelador sacó una tarrina de helado. Después abrió uno de los múltiples cajones que había en los muebles de la cocina, y cogió dos cucharas, para luego tenderle una a Laia. Con la tarrina en la mano, se fueron al salón sentándose en el gran sillón mientras comenzaban a tomar el helado tranquilamente.
—¿Así que tienes 18 años? —preguntó afirmando Tom.
—Sí… —contestó tímidamente Laia.
—¿Cuándo los has cumplido? —preguntó de nuevo Tom interesándose.
—En mayo de este año—contestó Laia un poco cortada.
—Eres una enana —sonrió Tom de medio lado.
—Y tú eres un viejo —contestó Laia indignada— Dentro de poco empezarás a tener canas.
—Bueno a los chicas les gustan maduritos, así que no será ningún problema —se rió Tom por la actitud que estaba teniendo Laia.
—Pues sinceramente estoy muy contenta de tener aún los 18 años —dijo Laia con altivez— Tú dentro de poco cumplirás los 22 años.
—Cierto… —sonrió Tom— Veo que estás muy bien informada.
—Eso lo sé porque vi la fecha de nacimiento de tu hermano en internet, y como sois gemelos —explicó Laia.
—Estás muy convencida de que somos gemelos —dijo Tom— ¿Pero… y si realmente no lo somos?.
—Claro que lo sois —dijo Laia muy convencida— Tú eres diez minutos más viejo que tu hermano Bill.
—Me sorprendes. Veo que te has aprendido muy bien la lección —se rió de nuevo Tom.
—Me gusta informarme —contestó resueltamente Laia.
—Me alegro. ¿Cuál es tu grupo de música favorito? —preguntó Tom malintencionadamente, para ver si Laia caía en su juego y descubría si era fan o no.
—Tengo muchos, así que no sé cual decir —contestó Laia airosamente.
—Veo que eres dura de pelar —comentó Tom en voz alta.
—Sé que quieres tratar de sacarme información, porque piensas que somos fans de vuestro grupo Kayla y yo, pero en realidad no lo somos no conocemos ninguna canción vuestra —explicó Laia a Tom.
—Quizás sea una buena oportunidad de conocerlas, ¿no crees? —susurró Tom— Vaya estás manchada ahí.
—¿Dónde? ¿Aquí? —dijo Laia tocándose la mejilla.
—Noo… —sonrió Tom— Aquí…
Tom se acercó a la zona donde Laia tenía manchado de helado, para luego pasarle la punta de la lengua para limpiarla la cara a Laia, como si se tratara de un gato.
—Sabe más rico el helado en tu cara, que desde mi cuchara —dijo Tom mientras que Laia se sentía un poco descolocada por la acción que había hecho Tom.
—Estás loco —susurró Laia apartándose de Tom— Será mejor que me vaya a dormir.
—No te han dicho que tienes unos ojos muy bonitos —soltó Tom de repente.
—Gra—Gracias —tartamudeó un poco Laia— Será mejor que me vaya.
—Espera, ¿Por qué huyes? —preguntó Tom.
—Porque no me gustan los chicos que intentan de primeras ir a saco —contestó Laia.
—No opinaste lo mismo cuando te liaste con ese chico de 23 años en la discoteca —dijo con enfado Tom.
—No era mi ligue, fue Kayla quien lo buscó y quien se lió con él, aunque después el chico quisiera probar conmigo —contestó Laia con enfado.
—No dijiste que no y aceptaste liarte con él, así que no me des excusas —dijo Tom recriminatoriamente.
—¿Qué pasa? ¿Estás celoso? —preguntó Laia desafiante.
—No para nada —dijo Tom con indiferencia.
—¿Y qué tal con tu amiga Susie? —preguntó Laia intentando averiguar algo sobre ella— Al final quedasteis aquella noche.
—¿Estás celosa? —preguntó Tom a Laia.
—No, no te emociones solo siento curiosidad —concretó Laia.
—Pues sí, quedé con ella y pasamos una noche pasional de sexo —contestó Tom para ver como reaccionaba Laia ante esa información.
—Vaya… —dijo Laia un poco apenada, pero intentando mantener la compostura.
—Te notó disgustada —observó Tom.
—Nooo… —negó Laia— Será mejor que me vaya a dormir.
—Hasta mañana —se despidió Tom observando como Laia se levantaba del sillón para luego irse.
Continúa…
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