
Fic hetero de Heiligtkt483
Capítulo 120
HAMBURGO
Enseguida se lo llevaron para limpiarle, y ya subirían a Laia y al bebé a la habitación donde estaría un par de días, hasta que les dieran el alta. Tom salió de la sala de parto, con una alegría eufórica, para luego dirigirse a una pequeña sala de espera que había contigua a la sala donde Laia había dado a luz. Simone, Gordon, Bill y Kayla estaban impacientes de saber noticias, y cuando vieron a Tom acercarse a ellos no dudaron en irle a preguntar.
—¿Cómo está Laia? —preguntó Kayla interesando por la salud de su amiga.
—¿Ya nació mi nieto? —preguntó Simone impacientemente por saber una respuesta por parte de su hijo.
—Calmaros, tanto Laia como el niño están en perfecto estado —informó Tom con una sonrisa de oreja a oreja— Dentro de un rato pasarán a Laia y nuestro hijo a planta a la habitación y podréis verles.
—¿A quién se parece más? —preguntó ahora Bill a su hermano.
—La verdad es que no fije, estaba muy arrugado y todo manchado —explicó Tom— Ahora cuando salí lo iban a medir y a pesar… Eso sí, le ha costado salir.
—Me alegro mucho de que todo haya salido perfectamente —dijo Simone aliviada— Estoy deseando conocer a mi nieto, seguro que se parecerá a vosotros dos cuando eráis unos bebés.
Después de más de media hora por fin trasladaron a Laia a la habitación con su bebé recién nacido. Laia se sentía cansada y agotada, ya que le había costado dar a luz a su bebé, ya que el recién nacido había pesado cuatro kilos, y medido cincuenta y tres centímetros. Ciertamente, había salido con un pan debajo del brazo, de lo hermoso que había salido el niño. A las pocas horas de haber nacido, ya mostraba un aspecto más rosadito y no tan arrugado como cuando había salido del vientre de su madre. Ahora el pequeño Jake se concentraba en chupar el chupete que le había puesto mientras que dormitaba sin dar ningún sonido, se había quedado tranquilo.
—Os presento a Jake, el nuevo miembro de la familia Kaulitz —dijo Tom orgulloso a sus padres, su hermano y a la novia de este. Laia se había quedado profundamente dormida, y Tom había aprovechado para coger al pequeño en brazos, que estaba puesto en la cuna— ¿A qué es bonito?.
—Sí… Has hecho un buen trabajo hermanito —dijo Bill emocionado— Por lo menos ha salido más guapo que tú.
—No empecéis —regañó Simone a sus hijos, al ver que Tom iba a replicarle lo que había dicho— Quiero coger a mi nieto —se acercó a Tom y cogió al bebé entre sus brazos— Hola tesoro, soy tu abuela Simone nos lo vamos a pasar muy bien juntos.
—Creo que acabas de perder a un hijo —dijo Gordon a su hijo Tom al ver que Simone se había apoderado y adueñado de Jake— Ahora será difícil que se lo puedas quitar fácilmente de los brazos, lo tiene como un águila que coge a su presa.
—No te pases Gordon —dijo indignada Simone— Solo quiero disfrutar de mi único nieto. ¿A qué eres una preciosidad, sí?.
Los padres de los gemelos estuvieron durante un rato más en la habitación, disfrutando del pequeño Jake que se había quedado dormido en los brazos de su abuela paterna, y estaba completamente ajeno a lo que sucedía en su alrededor. Cuando ya era apenas el mediodía, Simone, Gordon, Bill y Kayla se fueron a la cafetería del hospital para comer algo, dejando a solas a Tom, Laia y el bebé. En un rato servirían la comida para Laia, pero esta, aún seguía dormida. Tom se sentó en el sillón que había en la habitación, y se puso a trastear con su móvil, para luego sacarle una foto a su hijo y ponerla en el fondo de pantalla de su teléfono móvil. Se sentía muy dichoso y muy pletórico. Estaba con la persona que más amaba en el mundo, y que por encima le había dado un hijo hermoso. Se quedó unos segundos observando como Laia y Jake dormían en sus respectivas camas. Al poco rato, una auxiliar entró en la habitación con una bandeja de comida. Cuando se fue de la habitación, Tom se dirigió a la bandeja y la destapó para ver qué era lo que habían traído de comer a Laia, vio que no era muy apetitosa pero posiblemente se podría comer. Luego se acercó a la cama donde dormía su novia, para despertarla.
—Cielo… venga despierta —dijo Tom a la chica dándole unos leves toques en la cara— Tienes que comer algo, y así recuperar fuerzas. Laia…
—Tomi… —susurró Laia desconcertada y desorientada— ¿Dónde estoy?.
—En el hospital… —sonrió Tom a su novia— Has dado a luz a un niño hermoso.
—Jake… —susurró Laia acordándose del momento del parto— ¿Dónde está?.
—En su cuna durmiendo plácidamente —sonrió Tom mientras acariciaba la mejilla derecha de Laia con su mano— Ahora usted debe tomar algo de la comida que le han traído, para que repongas fuerzas —dijo Tom en modo coqueto— Me has hecho muy feliz, ¿lo sabes? Te quiero…
—Yo también te quiero —susurró Laia con una sonrisa tonta en los labios, mientras se incorporaba de la cama— Estoy cansadísima…
—Pues ahora todos los males se te pasarán gracias a la ayuda del doctor Tom —dijo el chico mientras abría la bandeja de comida, y ponía la mesa de forma que Laia pudiera acceder mejor a ella.
—Eres un payaso… —sonrió Laia al ver a su novio decir eso.
—El más gracioso del mundo —sonrió de nuevo Tom para luego dejar que Laia fuera comiendo.
Estuvieron en silencio durante varios minutos. Tom observaba como Laia iba comiendo con atención, mientras que el pequeño Jake seguía dormido en su cunita, sin molestar a sus padres. Al poco rato, las auxiliares vinieron a buscar la bandeja de comida dejando nuevamente solos a los estrenados recientemente padres.
—¿Cuánto tiempo lleva dormido? —preguntó Laia extrañada a su novio.
—Se quedó dormido poco antes de que mis padres, Kayla y Bill se fueran a comer algo a la cafetería —explicó Tom a su novia— Es tan adorable. ¿Quieres cogerlo?.
—Tengo miedo… —susurró Laia al ver el cuerpo tan pequeñito de su hijo— ¿Y si le hago daño sin querer? Parece que se va a romper.
—No digas tonterías, yo antes lo tuve en brazos y no pasó nada —dijo orgulloso Tom— Mira que yo soy un patoso en cuestión de estas cosas.
—Entonces tendré que creerte —sonrió Laia para luego ver como Tom se levantaba de la silla y se acercaba a la cama donde dormía su hijo, y lo cogía con bastante destreza entre sus brazos.
—Vas ir a los brazos de mamá —sonrió Tom con mucha ternura, observando como el pequeño comenzaba a moverse y abrir la boca haciendo ruiditos desesperados— Me parece que a ti mocoso te está entrando el hambre ya. Toma…
—Oh eres el bebé más gordito y más bonito que he visto en mi vida —dijo Laia emocionada mientras acariciaba el cuerpo de su hijo. Al poco rato comenzó a llorar, haciendo que Tom y Laia fruncieran el ceño. No sabían dado cuenta que los bebés también lloraban, y cuando lo hacían podían alcanzar altos decibelios de ruido— Eh pequeñin… ¿Qué te pasa? No llores…
—Creo que tiene hambre —dijo Tom observando al bebé que no paraba de llorar.
—¿Y qué hago? —preguntó Laia confusa mientras intentaba calmar a su hijo.
—Dale de comer —dijo Tom mirando a la chica.
—No tengo ningún biberón… —susurró la chica mirando a su alrededor, para luego bajar un poco la cabeza avergonzada.
—Tienes tus pechos, supongo que ahora tendrán leche —dijo con obviedad Tom a su novia.
—Me da vergüenza —susurró Laia ruborizada.
—¡Por dios, Laia! Te he visto bastantes veces desnuda como para no saber cómo son tus pechos —respondió Tom a su novia— Así que apechuga teta, Jake tiene hambre. Míralo, está diciendo mami dame teta, que tengo hambre.
—Está bien —dijo Laia con resignación— Me ayudas a desabrocharme el camisón, es que lo tengo atado por detrás.
Tom se levantó de la silla para luego dirigirse hacia su novia y desabrochar los lazos que sujetaban por la parte de arriba el camisón, que tenía puesto la chica. Después se volvió a sentar y se quedó observando atentamente como Laia guiaba su pezón a la boca de su hijo, y este reaccionaba instintivamente y comenzaba a succionar por el pezón. Laia frunció el ceño un poco, tenía los pechos muy sensibles y el pecho Jake había comenzado a succionar con bastante fuerza y desesperación haciendo que le doliera un poco, ya que aún no estaba acostumbrada.
—¿Qué te ocurre cielo? ¿Por qué esa mueca? —preguntó Tom preocupado a la chica.
—Es que me está haciendo un poco de daño —susurró Laia cerrando los ojos mientras su hijo tomaba el pecho.
—Eso es porque le gusta comer de tu teta —sonrió Tom en plan de broma— Es un hombre. Será igualito a mí que ya le gustan desde pequeño las buenas tetas.
—Tom eso no me ha hecho gracia —se quejó Laia a su novio.
—Nuestro hijo sin duda tiene el gen Kaulitz —sonrió orgulloso Tom de ser tan buen semental.
—En fin… no tengo remedio contigo —dijo Laia suspirando para luego concentrarse en Jake que ya había separado su pequeña boca del pezón de su madre, completamente saciado— Creo que ahora será el momento de que vayas a dormir pequeño, ya te has quedado completamente saciado.
Al poco rato, Jake abrió su boca bostezando para luego volver a quedarse dormido en los brazos de su madre. Tom cogió a Jake en brazos, y lo metió en el interior de la cuna para que descansara mejor. Laia se acomodó mejor en la cama y se tapó bien para luego cerrar un poco los ojos. El cansancio volvía estar presente en su cuerpo.
Pasados unos días por fin dieron de alta a Laia y a Jake del hospital. Ese día Tom había llevado su Cadillac Escalade para ir a buscar a su novia, y su hijo. Aparcó el coche en el parking del hospital, y sacó una trona de los asientos traseros para poner a su hijo en él. Poco después se dirigió al interior del hospital, se fue a la zona de los ascensores y marcó el piso. A los poco segundos, se encontraba saliendo del ascensor caminando hacia la habitación, donde se encontraba su hijo y su novia.
—Ya estoy aquí —dijo Tom sonriente entrando por la puerta de la habitación— ¿Cómo están mis dos amores?.
—Estamos muy bien. Deseosos de regresar a casa —sonrió Laia para luego acercarse a Tom y darle un tímido beso en los labios, que finalmente fue profundizado por el chico.
—Será mejor que nos marchemos ya —dijo Tom un poco preocupado— Cuando entre en el hospital vi un poco de revuelo afuera, no sé si habrá fotógrafos y periodistas afuera.
—¿Tú crees? —preguntó Laia temerosa.
—Seguro que alguien del hospital se ha ido de la lengua, y ha dicho que hoy te daban el alta —dijo Tom para luego apoyar la trona en la cama y Laia puso en ella a Jake que se había quedado otra vez completamente dormido.
Una vez que colocaron a Jake bien en la trona. Laia y Tom salieron de la habitación. Laia llevaba una pequeña bolsa de viaje, donde llevaba su ropa y las cosas de Jake como pañales y otras cosas que le podría hacer falta durante el viaje de regreso a casa. Tom iba llevando la trona, ambos entraron en el ascensor poco después ya estaban saliendo de este en dirección a la puerta de salida del hospital.
—¿Cuál es el nombre del bebé? —dijo un periodista acercándose a Tom y a Laia rápidamente mientras que ellos seguían caminando sin responder— ¿Qué sexo es?.
—¿Vais a casaros? —preguntó otro periodista a los recién estrenados padres, mientras que varios fotógrafos tomaban instantáneas. Tanto Laia como Tom seguían caminando ahora con paso un poco apurado.
—¿Tenéis pensado tener más bebés? —preguntó otro periodista intentando sacar alguna exclusiva.
—Hasta luego —dijo Tom a los periodistas una vez que llegaron al coche, y metieron al pequeño Jake en la parte de atrás para luego Laia sentarse en el asiento del copiloto. Por último, Tom arrancó el coche, para luego desaparecer de la vista de los fotógrafos y periodistas.
Tom arrancó el coche y salieron en del recinto del hospital en silencio. Laia iba perdida en sus pensamientos mirando por la ventana, mientras que Tom prestaba atención a la carretera. Jake seguía durmiendo plácidamente en la trona, ajeno a todo el alboroto que se había formado a la salida del hospital.
—Te noto muy pensativa —observó Tom a su novia, que no hacía más que mirar por la ventana del automóvil.
—Solo estoy un poco cansada… —susurró la chica para luego acomodarse mejor en el coche.
—Pero algo también te preocupa —volvió a decir Tom a Laia.
—Es que no sé… como me voy a acostumbrar a esta nueva vida —dijo Laia mirando a Tom con confusión— No sé si seré capaz de cuidar a Jake como lo hace una madre.
—Cielo sé que aún somos novatos en esto, pero lo lograremos —sonrió Tom a la chica para quitar un poco de hierro al asunto— Siempre tendremos a mi madre que nos dará algún consejo, no te preocupes.
—Lo sé… —susurró Laia bajando la mirada— Tengo miedo de que por la noche le pase algo a Jake y que no nos demos cuenta de ello.
—No le va a pasar nada —aseguró Tom— Tiene a los mejores padres del mundo, que cuidarán de él.
Los dos jóvenes se volvieron a quedar otra vez silencio. Al poco rato, llegaron a la casa de los padres de gemelos. Ambos salieron del coche, para luego Tom sacar la trona en donde dormía su hijo recién nacido, para luego dirigirse al interior de la casa acompañado por Laia. Una vez dentro de la casa, se fueron al salón. Simone salió de la cocina, para recibirles.
—Ya habéis llegado —dijo sonriente Simone— Hola cosita linda. Oooh está dormidito.
—Lleva durmiendo plácidamente desde antes de que saliéramos del hospital —puntualizó Tom— Se nota que ha salido a su padre, y ya no quiere aguantar a su abuela por eso se ha dormido rápidamente.
—Tom no seas malo —se quejó Simone a su hijo— Eres un ingrato. Después no vengáis a decirme que me quedé con él cuando queráis ir por ahí de fiesta.
—Sabemos que te quedarás con él —dijo con obviedad Tom— Se te cae la baba por tu nieto, además es el único.
—Por el momento —sonrió Simone con malicia— Igual después tu hermano se anima también.
—Eso si no lo ha hecho ya —contestó Tom a su madre.
—¿A qué te refieres? —preguntó Simone alzando una ceja.
—Nada… no me refiero a nada —dijo Tom a su madre— Laia, cielo. Será mejor que lleves a Jake a la cuna.
Laia se fue con Jake a la habitación en donde dormían Tom y ella, ya que había puesto la cuna provisionalmente en la habitación de ellos. Más adelante cuando el niño tuviera un par de meses más lo trasladarían a otra habitación de la casa, pero por el momento dormiría en la habitación de Tom y Laia. Apoyó la trona sobre la cama, y con cuidado quito al pequeño que seguía durmiendo en esta. Lo tumbó sobre la cama de matrimonio, en la cual dormían ella y Tom, y se puso a observar a su pequeño. Aún no podía sacarle parecido, pero tenía una nariz muy chata y achinaba los ojos igual que su padre. Laia sonrió dulcemente, para luego volver a coger a su hijo y dejarlo sobre la cuna para que siguiera durmiendo tranquilamente. Se quedó en silencio unos minutos velando el sueño de su hijo, cuando sintió como unos brazos grandes y fuertes le rodeaban la cintura, y apoyaba su cabeza sobre el hombro de la chica.
—Ahora parece un pequeño angelito —susurró Tom a su novia al oído— Pero espera a que se despierte por la noche, entonces será un pequeño diablillo.
—Sí… —sonrió Laia— Lo que voy a llevar mal es tener que despertarme en medio de la noche, para darle el pecho.
—Bueno… Supongo que eso tendrá arreglo —dijo Tom a su chica— He oído a mi madre que hay unas cosas para extraer la leche, podrías extraerte la leche y después turnarnos para darle el biberón.
—Pero eso seguro que duele —dijo Laia haciendo una mueca de dolor. Sus pechos últimamente estaban demasiado sensibles.
—Tal vez te duela un poco, pero no tendrás que despertarte siempre para darle el biberón. Yo puedo dárselo —se ofreció Tom.
—Gracias, cariño —sonrió Laia para luego darse un beso corto en los labios.
Continúa…
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