Fic hetero de Heiligtkt483
Capítulo 121
HAMBURGO
Bill y Kayla estaban en la habitación de Bill en la cama charlando mientras esperaban la llegada de Tom, Laia y el pequeño Jake. Hablaron de diferentes cosas cuando de repente el gemelo menor se acordó de una conversación que tenían pendiente.
—Oye Kay sobre cuando nos reconciliamos, tú y yo lo hicimos en el hotel nos dimos cuenta de un pequeño fallo. ¿Te hiciste una prueba de embarazo? —preguntó Bill temiendo un poco la respuesta de la chica.
—Sí… —susurró la chica temerosa a su novia.
—¿Cuál fue el resultado? —preguntó Bill intrigado.
—Bueno… —comenzó a tartamudear la chica.
—Kayla… —miró con ojos penetrantes Bill.
—Dio positivo —dijo la chica bajando la mirada.
—¿Enserio? —preguntó Bill con una sonrisa en los labios— ¿Seremos padres?.
—Sí… si tu quieres tener al bebé —susurró Kayla un poco incomoda.
—Claro que quiero tener al bebé —dijo emocionado Bill a la chica— Dame la oportunidad de demostrarte que seré un gran padre.
—Oh Bill me alegra tanto que podamos tener este bebé —dijo Kayla quitándose un peso de encima— Este bebé remplazará al otro bebé que perdimos.
—Nuestro otro hijo nunca tendrá remplazó —dijo Bill poniéndose serio.
—Lo sé… pero tenemos que cerrar página e intentar ser los mejores padres del mundo con nuestro nuevo hijo —dijo Kayla con tristeza— Yo intentaré ser la mejor madre que nunca fui de mi otro bebé…
—Kayla no te atormentes más, de los errores se aprenden —dijo Bill a su chica— Sé que ahora tomarás consciencia de esto, y cuidarás de nuestro hijo.
Poco después salieron de la habitación, para bajar al salón para ver si Laia y Tom habían llegado ya del hospital. Se sentaron en el sillón, y poco después aparecieron Tom y Laia bajando por las escaleras, habían dejado al pequeño Jake metido en su cuna durmiendo.
—¿Dónde habéis dejado a Jake? —preguntó Bill a su hermano y a la novia de este.
—Está en la cuna durmiendo —respondió Laia.
—Se nota que es un bebé muy bueno —dijo Kayla a sus amigos.
—Bueno, en el hospital no lloraba mucho pero a saber por las noches ahora —dijo Laia— Me parece a mí que no voy a dormir bien por las noches.
—Te acostumbrarás —dijo Simone a su nuera— Todas las mujeres pasamos alguna vez en la vida por eso.
—¡Qué remedio! —suspiró Laia.
Al poco rato, se pusieron a preparar la comida y después comieron mientras hablaban de otras cosas. Cuando Laia acabó de comer, se fue a la habitación para ver cómo se encontraba Jake y de paso darle el pecho al bebé. Por la tarde, Andreas, Gustav y Georg vinieron a visitar a los chicos, y especialmente para conocer al pequeño Jake ya que no habían podido ir al hospital.
—Venimos a ver a nuestro sobrino —dijo Andreas todo orgulloso— Tienes mucha suerte, Tom. Lástima que Laia no quisiera nada conmigo.
—Sigue soñando Andreas —dijo Tom frunciendo el ceño— Mi novia es mía y de nadie más.
—Bueno, podremos ver al retoño —dijo Georg a su compañero de grupo— Tenemos que ver a quien más se parece.
—Indiscutiblemente se parecerá a mí —dijo Tom todo orgulloso.
—Bueno, también tendrá algo de la madre —dijo Gustav dándole también el mérito a Laia, ya que había sido ella quien lo había cargado durante nueve meses para luego darle a luz.
—Bueno algo… —rectificó Tom— Pero lo otro se parecerá a mí.
Tom subió con Andreas, Gustav y Georg donde se encontraba el pequeño Jake dormitando en su pequeña cuna. Laia los siguió poco después, ya que tenía miedo de que despertaran al pequeño, ya que lo había dejado bien dormido una vez que tomo el pecho, y no quería que lo despertaran tan bruscamente, y conociendo a Andreas y a Georg fijo que despertaban al bebé.
—Hay que decir que ha salido más guapo que tú —dijo Georg al observar al recién nacido— Hola enano, soy tu tío Georg, cuando seas más mayor te llevaré por ahí a que conozcas lindas señoritas.
—De eso nada hobbit —dijo Tom a su amigo— Para eso tiene a su padre, que es un experto en ese tema.
—Siempre andáis pensando en lo mismo —se quejó Laia que había llegado a la habitación— Solo tiene dos días de vida, y ya le estáis organizando la vida.
—¿Puedo cogerlo? —preguntó temeroso Gustav mientras observaba al pequeño dormir tranquilamente en su cuna.
—Sí —respondió Laia— La verdad es que me fio más de ti Gustav, que de Georg y Andreas…
Laia se acercó a la cuna y con cuidado sacó al pequeño del interior. Este al sentir movimiento se fue desperezando y abrió sus ojos que aún no tenían un color definido. Laia se lo puso con cuidado a Gustav entre los brazos, mientras que Georg, Andreas y Tom conversaban observándolos.
—Hola pequeño, soy tu tío Gustav —dijo el chico emocionado. Gustav era muy sensible a veces— Cuando seas grande te puedo enseñar a tocar la batería…
—Eso me gusta más, a que me lo lleven por ahí a buscar putas —dijo Laia mirando a Tom y Georg mientras arqueaba las cejas.
Bajaron al salón para no quedarse en la habitación y así estar todos juntos. El pequeño Jake iba pasando por los brazos de todos ya que era la nueva sensación en la familia.
—Ya queda menos para que mi pronóstico se haga realidad —dijo Georg.
—¿De qué pronóstico hablas? —preguntó Andreas.
—Que Tom acabaría pagándole la manutención de su hijo —respondió.
—Eso jamás pasará melenas —le dijo Tom— He madurado y me voy a quedar con Laia. Las demás chicas no se le pueden comparar —Kayla le miró a Tom con las cejas alzada — Sin ánimos de ofender cuñadita —entonces Kayla sonrió satisfecha.
—Uff… creo que a este niño hay que cambiarle los pañales… —dijo Andreas cogiendo al niño y alejándolo todo lo que daban su brazos.
—Caga que da gusto —comentó Tom— Si no fuera porque sé es mi hijo diría que es de Georg —todos en la sala rieron ante el comentario menos el nombrado. Tom cogió a su hijo y se fue con él hacia la habitación para cambiarle el pañal. No iba a dejar que Laia lo hiciera todo, entre los dos se iban turnando.
—Pues te recuerdo que sin mis cagadas los conciertos serian una mierda, literalmente —dijo muy orgulloso.
—Queremos dejar de hablar de cacas, por favor —pidió Kayla algo disgustada.
—Somos tíos, los tíos hablamos de cosas guarras —dijo Andreas— Y vosotras ahora sois parte de la pandilla os tenéis que acostumbrar.
—Eso ni hablar —dijo Laia— Sois todos unos cerdos.
—Joder… vaya noviecitas os habéis buscado… —comentó por lo bajo Andreas pero más alto de lo que esperaba.
—Acéptalo Andreas hemos perdido a dos compañeros de fiesta. Bueno a uno por lo menos —dijo Georg mirando con ojitos a Bill, manteniendo la esperanza en él.
—¿Quién está hablando de fiestas? —apareció Tom una vez que cambió el pañal a su primer hijo.
—No te emociones tu no puedes, señor padre primerizo —se burló Andreas.
—¡Hey! Que Laia y yo algún día podremos salir. No aún… pero en un tiempo —dijo Tom con rapidez.
—Eso será si yo os dejo —apareció Simone uniéndose a la conversación.
—Sabes que nos dejaras. ¿Y sabes por qué? Porque eres la mejor y te queremos mucho —se acercó a su madre con Jake en brazos y se abrazaron.
—No me hagas la pelota, Tom —dijo Simone riendo.
—Tom, déjame coger a mi sobrino, ha pasado por todos los brazos menos por los mías —se quejó infantilmente. Prácticamente le arrebató de los brazos al pequeño y se sentó con él al lado de Kayla.
Tom y el resto empezaron a hablar con Simone para convencerla que más a delante les dejara salir con ellos a tomar unas copas. Mientras, Bill observaba a su pequeño sobrino en brazos y tocaba su suave e infantil piel.
—¿De qué color crees que se le quedaran los ojos? —preguntó Bill mirando los ojos color gris del bebé ya que aún no se le habían definido.
—El gen del color oscuro siempre predomina sobre el gen más claro —explicó Kayla fácilmente lo que había aprendido en sus clases de biología en el instituto— Pero creo que se le quedaran de un color verdoso, no sé.
—Que inteligente eres… —dijo con recelo Bill que ya no se acordaba de nada de lo que aprendió en la escuela— ¿Quieres cogerlo? —preguntó.
—No —dijo casi de inmediato.
—¿Por qué? —preguntó el chico— Tienes primos pequeños, seguro los has cogido muchas veces.
—Sí, pero… ahora tengo miedo… —confesó Kayla.
—Vamos… quiero ver cómo te queda un bebé en brazos… —dijo Bill con nostalgia— Sé que no debo echártelo en cara… pero ahora nosotros hubiéramos tenido un bebé antes de que naciera Jake. Por favor…
—¡No! —gritó la chica haciendo que todos le mirarán ajenos a todo lo que había sucedido. Kayla sin decir nada salió del salón y se marchó a la calle empezando a caminar sin rumbo fijo, lo más lejos posible de Bill.
—¿Qué ha pasado? —preguntó Tom a su hermano al ver que estaba un poco desconcertado por la reacción de Kayla.
—Nada… creo que le he hecho recordar algo —dijo Bill con cara triste.
Después cada uno volvió a su conversación normal, que estaban llevando anteriormente a lo que pasará lo de Kayla. Bill seguía absorto en sus pensamientos, y Kayla había comenzado a caminar sin rumbo fijo. Necesitaba alejarse de un poco de ellos, sumirse en su mundo y poder pensar tranquilamente. No se podía creer que a pesar de que Bill y ella lo hubieran arreglado, en cada palabra el chico le recriminaba indirectamente haber matado a su hijo no nato. Pasaron varias horas y Kayla seguía sin aparecer, los chicos se empezaron a preocupar un poco por la chica, así que salieron a la calle a buscarla pero a la hora regresaron sin ninguna noticia de Kayla, ya que parecía que se la había tragado la tierra.
—¿Dónde pudo haberse metido? —preguntó Laia con desesperación— ¡Dios! Tengo miedo de que haga alguna locura, que se vuelva a drogar como hacía hace unos meses…
—Cariño, Kayla estará bien solo que a lo mejor quiso recluirse en algún sitio para pensar —dijo Tom a la chica intentando tranquilizarla— Ya sabes que a Kayla le gusta muchas veces caminar por ahí y estar sola para pensar.
—¿Y si no es así? ¿Y si realmente le ha pasado algo? —volvió a decir Laia muy preocupada y con más desesperación que antes.
—¡¡ESTÁ EMBARAZADA!! —se escuchó la voz de Bill histéricamente de repente.
—¡¿QUÉ?! —preguntó confusamente Tom— No me lo puedo creer…
—Será mejor que vayáis a buscarla —dijo esta vez Laia más desesperada— Puede que haga alguna locura.
—Cuida de Jake, princesa —dijo Tom a su novia para luego darle un beso en la frente y desaparecer juntos a los demás para ir a buscar a Kayla.
Georg, Andreas, Gustav, Gordon y los gemelos salieron de la casa para ir en busca de Kayla, mientras que Laia se quedaba con Simone y Jake esperando a que Kayla regresara o llamará por teléfono. Nada más salir de la casa, se dividieron en grupos de dos personas, y se fueron cada uno por una calle diferente, quedando en mandar un mensaje al móvil de los otros si la encontraban para no seguir buscándola. Estuvieron durante cerca una hora buscándola por varios sitios, hasta que finalmente Tom y Georg la encontraron sentada en un banco de un parque completamente solitario. Se acercaron hacia ella con paso decidido pero lento, para luego sentarse cara uno al lado de la chica, que salió de su ensimismamiento dándose cuenta de que Tom y Georg estaban sentados en el mismo banco donde estaba ella.
—Kayla… —susurró Tom llamando la atención de la chica— ¿Por qué te fuiste así de repente? Nos asustaste…
—Necesitaba pensar, ordenar mis ideas —respondió la chica mientras mantenía su mirada fija en un punto incierto.
—Será mejor que le mande un mensaje a los chicos para que no la sigan buscando —añadió Georg mientras sacaba su móvil de su bolsillo del pantalón, para luego mandarles el mensaje a su amigo Bill diciéndole que le llamara a Laia y a Simone para que estuvieran más tranquilas.
—Sí, hazlo para que no estén preocupados —respondió Tom a lo que había dicho su amigo— Kayla… debemos regresar a casa.
Minutos más tarde, los tres se levantaron del banco y comenzaron a caminar en dirección a la casa de los gemelos. Durante el camino, Georg recibió un mensaje de Bill, diciéndoles que los esperaban en la casa ya. Pasados unos veinte minutos, llegaron a casa, entrando en el interior de esta.
—Kayla… —dijo Laia con angustia abrazándose a su amiga— No vuelvas a hacer esto. Nos tenías muy preocupados.
—Lo siento… Necesitaba pensar, nada más… —susurró Kayla a su amiga.
—Kayla, mi amor —dijo Bill acercándose a ella para abrazarla pero ella en un instante se separó de Bill, para luego desaparecer por las escaleras que daban al piso superior.
—¿Qué le pasa? —preguntó Laia extrañada por la reacción de su amiga.
—No lo sé… Creo que no quiere tener ningún contacto conmigo —dijo con tristeza Bill.
—¿Si quieres voy a hablar con ella? —se ofreció Tom a su hermano— Quizás me cuente que es lo que se le está pasando por su cabeza ahora mismo.
—Sería un milagro, que te abriera sus pensamientos… —susurró Bill apenado.
Continúa…
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