
Fic hetero de Heiligtkt483
Capítulo 125
HAMBURGO
—Laia estamos bien como estamos, porque vamos a dar otro paso en nuestra relación, si así estamos bien —respondió Tom a la chica.
—No quieres pasar el resto de tu vida conmigo —susurró la chica con ojos aguados.
—Claro que lo quiero pasar, pero veo ilógico tener que firmar un papel para que podamos estar juntos si de todas formas lo vamos a estar —respondió Tom— Laia, yo te quiero pero no me hagas dar ese paso, ya sabes que lo he pasado muy mal con la separación de mis padres…
—Lo sé… pero… me gustaría casarme contigo —sonrió débilmente la chica— Yo te quiero, y quiero pasar el resto de mi vida contigo. Eres el único hombre que me ha tocado, y el único que me tocará.
—Laia no necesitamos un papel para demostrar nuestro amor —dijo Tom de nuevo a la chica— Tú siempre serás mi mujer, aunque no sea antes los ojos de dios y de la ley.
—Lo sé… —susurró un poco triste la chica— Te quiero…
—Yo también te quiero, nena —dijo Tom abrazando a la chica, para luego comenzarle a besar los labios intensamente— Quiero hacerte el amor de nuevo…
—Tomi… —se sonrojó la chica.
—Vamos a la habitación… —dijo Tom para luego levantarse del sofá y coger de la mano a la chica para luego arrastrarla al piso de arriba.
Los dos chicos entraron en la habitación, y se comenzaron a comer a besos. Tom acariciaba el cuerpo de la joven, provocando en su piel escalofríos placenteros de placer. Poco a poco las ropas de ambos jóvenes fueron desapareciendo de sus cuerpos, hasta quedándose solo con la ropa interior. Laia comenzó a acariciar el abdomen trabajado del chico, hasta bajar su mano para meterla por dentro del bóxer del chico, y comenzar a masajearlo sintiendo como iba creciendo poco a poco. Mientras tanto, Tom iba a acariciando cada centímetro del cuerpo de la chica, y para luego ir despojando a Laia de su sostén, mientras besaba el cuello de la chica, que poco a poco fue bajando por la clavícula, hasta besar uno de los pechos de Laia, mientras que las manos de Tom iban deslizando las braguitas de la chica, exponiendo su sexo al aire libre.
Se abrazaron, para luego caer sobre la gran cama matrimonial, que poseía la habitación. Laia comenzó a besar los labios del Tom, mientras que este acariciaba el trasero de la chica, para luego Laia posar los labios sobre el cuello del chico, para ir dejando besos húmedos al azar sobre la piel del chico, para luego bajar hasta el miembro del chico. Laia comenzó a jugar con este, metiéndolo en la boca haciendo círculos con su lengua mientras de la garganta de Tom grandes gemidos de satisfacción salían de esta. Cuando Laia se separó del miembro de Tom, este volvió a atrapar los labios de la chica, para luego comenzarla a penetrar intensamente, mientras que Laia comenzaba a gemir de placer, y pequeñas gotas de sudor comenzaba a estar presente en el rostro de la chica.
—Oh Tomi… —comenzó a suspirar Laia mientras que Tom la embestía intensamente— Sigue…
—Oh nena… —susurró Tom mientras seguía moviéndose sobre la chica— Como me gusta sentirte así, me vuelves loco.
Poco después Tom acaba en el interior de la chica, para luego besar los labios dulcemente y acariciarle la mejilla. Luego se separó de la chica, para luego tumbarse al lado de ella, y cubrir sus cuerpos con las sábanas que poseía la cama, y quedarse lentamente dormidos, después de haber hecho el amor con intensidad.
Los cuatro días pasaron, y los dos jóvenes se dispusieron a volver otra vez de regreso a Hamburgo. Cargaron sus cosas en la camioneta de Tom, y comenzaron el viaje de dos horas de duración, hacia casa. Laia quería ya llegar a Hamburgo, y así poder abrazar a su pequeño al cual echó de menos durante esos cuatro días que habían estado fuera de la casa. Durante los cuatro días, que habían estado fuera en la casa de los padres de Tom, reinaba la tranquilidad. Jake se había portado muy bien, y solo lloraba a las horas que tenía que tomar el biberón, y después ya se quedaba dormido. Simone era la encargaba de bañarle durante esos cuatro días, acompañada algunas veces por Bill y otras veces por Kayla. Se sentía la mejor abuela del mundo, y le hacía muy feliz poder cuidar de Jake aunque solo fuera unos días, porque sabía perfectamente que en cuanto llegará Laia se encargaría de su pequeño, y Simone quedaría en segundo plano.
Después de dos horas de trayecto, por fin, los dos jóvenes llegaron a casa. Tom metió el coche en el interior del garaje de la casa, y después se dispusieron a salir de este. Laia abrió el maletero del coche, y sacó las dos maletas que habían llevado. Para luego entrar por la puerta interior, que comunicaba el garaje con el resto de la casa.
—Ya habéis llegado —dijo Simone contenta de ver a su hijo y a su nuera— ¿Qué tal estos días de descanso?.
—Muy bien, aunque he extrañado mucho a mi pequeño —dijo Laia con ojos brillosos— ¿Dónde está ahora?.
—Está dormidito en la cuna, es tomar el biberón y quedarse completamente dormido —sonrió Simone.
—Voy a verlo, no puedo esperar ningún minuto más —respondió Laia para luego subir las escaleras y dirigirse a la habitación de ellos, que era donde estaba la cuna de su hijo.
Laia entró en la habitación, y se dirigió hacia la cuna donde dormía plácidamente su hijo, encontrárselo ya despierto, mientras movía su piernas y su brazos moviéndose. Laia sonrió al ver a su pequeño, fijo que había presentido que su mamá ya llegaba y se despertó para poderla saludar. Poco después, Laia tenía en brazos a su pequeño, el cual se pegó a su madre, al reconocerla por el olor que desprendía Laia.
—Hola mi vida, ¿Me has extrañado? —preguntó Laia a su pequeño mientras que lo acunaba en sus brazos— Yo si te extrañé muchísimo —sonrió Laia para luego besar la cabeza del pequeño, que aún no tenía suficiente pelo.
—Hola Jake —dijo Tom entrando por la puerta de la habitación, haciendo que el pequeño girará su cabeza buscando la voz de su padre— Está un poco más grande, que cuando lo dejamos.
—No exageres Tom, solo hemos estado cuatro días fuera, y ya lo ves más grande —dijo Laia mirando al niño, que ahora tenía el chupete puesto— No puedo dejarlo de mirar de lo hermoso que es.
—Claro, se parece a mí —dijo Tom con autosuficiencia— Como soy tan guapo.
—Tom… —puso los ojos en blanco Laia— No tienes remedio contigo…
Los meses fueron pasando, Kayla ya tenía su vientre más abultado. Había ido recientemente a su revisión con el ginecólogo y le dijo que todo estaba perfectamente, que su bebé estaba en perfectas condiciones. Kayla y Bill serían padres de un niño, lo cual emocionó muchísimo a Kayla porque así podría ponerle en nombre de su hermano fallecido a los pocos días de nacer. Todos estaban emocionados con la llegada del nuevo miembro a la familia Kaulitz. A lo largo de esos meses, Jake se había convertido en un niño de nueve meses, muy despierto que conseguía encandilar a sus padres con su sonrisa inocente e infantil. Ya había comenzado a gatear, y de vez en cuando daba algún pequeño paso apoyándose en los muebles y en las paredes de la casa. Laia había empezado con su trabajo de modelo parcial, ya que quería pasar el resto del día con Jake. Tom también pasaba su tiempo en la discográfica, aún no habían comenzado con la gira, pero esperarían a que Kayla diera a luz, y así Bill podría aprovechar y llevarse a su novia y a su hijo con ellos. A Tom le gustaría hacer lo mismo con Laia, pero esta al trabajar de modelo le era un poco complicado no hacer coincidir las fechas con los conciertos de los chicos.
Era una mañana, lluviosa de abril, Laia se había ido con Jake al pediatra, ya que tenía revisión de cada vez en cuando para ver cómo iba el pequeño. Ese día a Jake le tocaba ponerse la vacuna. Tom había ido a arreglar unos papeles que necesitaban para su próxima gira, y después saldría a buscar a Laia y Jake al pediatra. Por otro lado, Kayla se había despertado con algunas molestias normales del embarazo, Bill se encontraba en la cocina preparando un rico desayuno para su novia. Simone y Gordon habían salido muy temprano de mañana para visitar a una tía de Simone que se había puesto mala.
—Buenos días, cielo —saludó Bill a su novia, para luego darle un beso la mejilla— ¿Cómo has amanecido?.
—Bien… Aunque Alex no ha parado de moverse desde que me he levantado —dijo Kayla sentándose en la silla, para acariciar su vientre abultado.
—Seguro que quiere fiesta —se rió Bill mientras servía el desayuno a Kayla.
—¿Y tu madre? —preguntó la chica dándose cuenta de que no estaba en la cocina.
—Ella y Gordon han tenido que salir muy temprano, para ir a junto de una tía de mi madre que se ha puesto enferma —explicó Bill a la chica— Así que hoy estaremos los cincos solos. Laia fue al pediatra a llevar al Jake que tenía que ponerse una vacuna, y Tom fue a entregar unos papeleos que teníamos que mandar para la próxima gira y después le salía a Laia al pediatra.
—Genial —sonrió Kayla mientras daba un sorbo a su taza de desayuno— Oish…
—Cariño… —dijo Bill preocupado al ver a su novia quejarse de nuevo, y poner su mano sobre su vientre— ¿Estás bien?.
—Sí, no te preocupes. Solo es que el pequeño Alex se ha puesto más revoltoso —sonrió la chica contenta de sentir las pataditas de su pequeño en su vientre— Que ganas tengo de tenerlo en mis brazos.
—Hasta finales de este mes no sales de cuenta —dijo Bill a su novia, que también estaba ansioso de tener a su hijo en brazos.
—Sí —sonrió Kayla contenta.
Acabaron de desayunar, y después recogieron la cocina. Kayla se fue a sentar en al sillón, para luego Bill acompañarla también, era aún temprano, y no tenían realmente mucho que hacer, así que se pusieron a ver la televisión. Al cabo de una hora, Kayla se levantó para ir al baño tenía unas ganas tremendas de ir al baño. Se dirigió al baño, mientras que Bill se quedaba sentado en el sillón instalando algunas nuevas aplicaciones que había visto para su iPhone. Al poco rato, escuchó la voz de Kayla que lo llamaba, así que se levantó del sofá y se dirigió hacia el baño que era el sitio donde estaba en esos momentos Kayla.
—¿Qué pasa, cielo? —preguntó Bill a su novia con preocupación.
—Creo que el pequeño Alex tiene prisas por nacer —sonrió medio asustada Kayla.
—¿Por qué dices eso? —preguntó confuso el chico.
—He acabado de romper aguas —dijo finalmente la chica, haciendo que Bill abriera los ojos desmesuradamente.
—¡¿QUÉ?! —dijo Bill sorprendido— Pero si hasta finales de mes no sales de cuentas, eso aún no puede ser.
—Bill… tranquilízate —dijo Kayla intentando calmar a su novio que por momentos se sentía cada vez más nervioso— Es normal, romper aguas antes de que termine el periodo de salir de cuentas. Es normal que el parto se adelante, ya nos lo había dicho el médico.
—Oh dios —volvió a suspirar Bill con nerviosismo— ¿Sientes algún tipo de dolor?.
—No, por el momento no he empezado a tener contracciones —dijo Kayla con mucha calma— Pero debemos de ir al hospital. Yo voy a preparar la bolsa del bebé, y mis cosas mientras tú avisas a tu hermano y a Laia.
—Está bien —dijo Bill con nerviosismo para luego coger su teléfono móvil que tenía en el bolsillo del pantalón, mientras que Kayla iba a la habitación a preparar todo lo necesario para ir al hospital.
Bill caminaba por el salón nerviosamente de un lado para otro, mientras marcaba el número de teléfono de su hermano mayor. Se sentía tan nervioso, que no sabía lo que realmente hacer, y sentía que su hermano mayor que ya tenía experiencia en ese tema, debería de estar con él para aconsejarlo, para acompañarlo. Marcó con insistencia otra vez, pero Tom no le cogía el teléfono móvil, una voz automática le advirtió que el móvil se encontraba apagado o fuera de cobertura. Colgó el teléfono móvil y decidió llamar a Laia, ya que se suponía que estaría con su hermano Tom, así que en el caso de que su hermano no tuviera batería en el móvil, pues podría hablar con él a través del móvil de Laia. Marcó otra vez, pero obtuvo la misma respuesta. Laia debería de estar en el interior de la consulta del médico por eso tenía el móvil apagado, así que colgó el móvil rezando para que vieran las llamadas perdidas de él en los móviles de ambos.
—¿Conseguiste hablar con ellos? —preguntó Kayla cargando la bolsa con todo lo que necesitaba.
—No, tienen los móviles apagados —explicó Bill a la chica.
—Pues vamos a dejarles una nota avisándoles que nos vamos al hospital, y que cuando puedan que se acerquen al hospital —dijo Kayla su novio— No podemos esperar mucho rato más, no vaya a ser que empiece con las contracciones fuertes, y así allí me tienen más controlada.
—Sí —asintió Bill mientras observaba como Kayla cogía una libreta y bolígrafo, y comenzaba a escribir una nota dirigida a su amiga Laia.
Minutos después, ambos salían en dirección al hospital en el automóvil de Bill. Kayla iba mirando en su móvil por si recibía algún mensaje de Laia, que hubiera visto la nota que le había dejado pero nada, no recibía nada… Llegaron al hospital, y enseguida metieron a Kayla en una sala para controlarle las contracciones y si todo iba bien con el bebé. Mientras tanto, Tom y Laia salieron del pediatra, con Jake en brazos. Le había dolido bastante la vacuna, con lo cual, no dejaba de llorar intensamente y solo quería estar en brazos de su madre. Laia intentaba hacerle calmar, pero parecía que la vacuna le había hecho algo de reacción porque tenía la frente caliente, cosa que les advirtió la pediatra antes de salir del consultorio. Llegaron a casa, y encontraron todo en silencio. Sin ningún rastro de Bill y de Kayla. Subieron al piso superior, para ver si estaban en la habitación de ellos, pero tampoco los encontraron y volvieron a bajar, mientras que Laia acunaba a Jake entre sus brazos para calmarlo.
—Por favor, hijo cálmate —dijo Laia con un poco de desesperación, ya que Jake no paraba de llorar.
—Nos han dejado una nota —dijo Tom al ver un papel sobre la mesa.
—¿Qué dice? —preguntó Laia a su novio.
—No lo sé, está en castellano —dijo el chico frunciendo el ceño— Porque no la lees tú.
—Tom no seas vago, que tú ya entiendes perfectamente el castellano —dijo Laia frunciendo el ceño también— Además Jake está un poco pesado, y no puedo dejarlo.
—Está bien… —suspiró Tom para luego comenzar a leer despacio la nota— “Laia… Hemos ido al hospital. He roto aguas, y me he puesto de parto. Vamos al hospital central de Hamburgo”.
—¡¿QUÉ?! —preguntó de nuevo sorprendida Laia— Pero si aún le faltaba casi un mes…
—Pues se le debió de adelantar —dijo Tom a la chica.
—A ver déjame ver la nota, porque sabe dios lo que has leído —dijo Laia pasándole al niño a Tom y ella cogiendo la nota entre sus manos, para leerla mejor— Será mejor que nos vayamos lo antes posible al hospital, nuestro sobrino ya va a nacer.
—Y es lo que te dije, pero tú no me creíste —se picó Tom con Laia— La próxima vez que haya una nota en castellano, la lees tú.
—Deja de protestar y coge las llaves del coche, que nos vamos al hospital —dijo autoritariamente Laia mientras seguía con Jake en brazos— Va a nacer el primito Alex… —sonrió Laia a su hijo mientras lo acunaba entre sus brazos.
Tom cogió las llaves del coche, para luego salir junto a Laia y su hijo hacía el coche. Se metieron en interior de la camioneta y arrancó el coche en dirección hacia el hospital donde habían ido Bill y Kayla. Minutos después ya estaban entrando por la puerta del hospital, caminaron con prisa por el largo pasillo de este, para mirar al final a Bill que estaba afuera de una sala con cierto nerviosismo. Tom se acercó con sigilo a su hermano.
—Oh menos mal que habéis visto la nota de Kayla —dijo Bill aliviado a verlos ahí— Os estuve llamando a vuestros móviles pero no me lo cogías.
—Ya es que en la consulta del pediatra, no permiten móviles encendidos —explicó Tom a su hermano— ¿Cómo te encuentras?.
—Estoy nervioso —respondió Bill— Kayla lleva cerca de una hora y algo dentro de la sala. Los médicos no paran de controlarla, han dicho que dentro de poco ya podrá empezar a empujar. Oh dios mío… No sé si podré aguantar, y si me desmayo.
—No lo harás —animó Tom a su hermano— Eres mi gemelo, si yo pude aguantar cuando Laia estuvo dando a luz. Tú también podrás hacerlo.
—¿Cómo fue que se le adelanto el parto? —preguntó ahora Laia acercándose a su cuñado, mientras seguía sosteniendo a su hijo en brazos.
—Kayla fue al baño, y al poco rato me comenzó a llamar —comenzó a explicar Bill— Cuando llegué al baño, ya me dijo que había roto aguas, así que os llamé al móvil para avisaros de que veníamos para el hospital.
—¿Tiene dolores? —preguntó Laia preocupada por su amiga.
—No, muchos. Le han puesto ya un calmante y dentro de poco le pondrán la epidural —explicó Bill ya que minutos antes, de que llegara su hermano y la novia de este, había estado dentro de la sala donde estaba Kayla.
Minutos después, una enfermera salió de la sala en busca de Bill. Este entró al interior de la sala, mientras que Tom y Laia se quedaban afuera con Jake esperando a que naciera el nuevo miembro de la familia Kaulitz.
—¿Cómo te sientes, cariño? —preguntó Bill acercándose a su novia, mientras que esta comenzaba a respirar entrecortadamente.
—Cómo quieres que me sienta. Me siento hinchada parezco una pelota que poco a poco se va ir desinflando —respondió Kayla a su novio— Joder… cuando me van a poner a dar a luz ya, siento que el niño va a salir disparado.
—Tranquila, cielo —intentó calmar Bill a su novia.
—Demonios Bill, ¡no sabes lo que se siente!, creo que voy a partirme o algo así —dijo con desesperación Kayla mientras respiraba entrecortadamente.
—¡Quisiera evitarte esos dolores cielo! —intentó empatizar Bill con su novia.
—Lástima que tú no puedas parir porque aquí estarías en mi lugar —respondió Kayla poniendo una mueca de dolor, ya que sentía las contracciones más fuertes— Creo que las contracciones son más fuertes cada vez, aahhh.
A los pocos minutos, entró una comadrona acompañada por varias enfermeras que empezaron a colocar bien el instrumental sobre una mesa con ruedas. La comadrona palpó a Kayla, comprobando que había dilatado ya completamente, así que la hora de empujar ya había llegado.
—El momento de empujar ya ha llegado —explicó la comadrona a Kayla— Quiero que saques todas las fuerzas, para empujar.
—Sí —asintió Kayla mientras respiraba hondamente— Bill… —llamó la chica a su novio, para que viniera a agarrarle la mano.
—Aquí estoy mi princesa —sonrió Bill agarrando la mano de la chica, para luego sentir como esta se agarraba fuertemente a su mano— Dentro de poco seremos unos felices papás.
—Muy bien, Kayla —dijo de nuevo la comadrona— Cuando diga que empujes quiero que empujes muy fuerte —Kayla volvió a asentir con la cabeza, mientras cogía aire— ¡EMPUJA!.
—Aahhhh —empezó a empujar Kayla haciendo fuerza con la cabeza— Aahh…
—Venga, un poco más —animó la comadrona.
—Aahhhh… —volvió a empujar Kayla mientras apretaba con fuerza la mano de su novio— No puedo más…
—Venga un poco más, ya se ve la cabecita —animó la comadrona— Solo un poco más…
—AAAAHHHHHHHHHHHHHH… —emitió un grito desgarrador Kayla, para luego escuchar el llanto de su hijo, que inundaba toda la sala— Creo que te hará algún día la competencia, cariño —sonrió la chica al ver a su hijo completamente sano y rosadito. La enfermera se lo puso sobre su pecho— Hola Alex, soy tu mamá —lloraba intensamente Kayla al sentir el pequeño cuerpo de su hijo.
—Vamos a limpiarlo, y te lo traemos de nuevo —informó la enfermera para luego desaparecer con el pequeño entre los brazos. Kayla estaba respirando entrecortadamente mientras descansaba del esfuerzo ejercido.
—Me has hecho el hombre más feliz sobre la tierra —besó los labios de la chica Bill— No puedo estar más orgulloso de ti. Me has dado a un hijo hermoso.
—Gracias… —susurró Kayla mientras comenzaba a llorar intensamente— Gracias por haberme dado la oportunidad de poder tener una cosita tan pura y tan bella.
—Te quiero… —susurró Bill besando los labios de la chica.
Continúa…
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