Fic hetero de Heiligtkt483
Capítulo 127
CUATRO AÑOS MÁS TARDE
LOS ÁNGELES (EE.UU.)
Han pasado cuatro años, Laia y Kayla son unas chicas de 22 años, los gemelos ya tienen 26 años. Jake y Alex ya tienen 4 años y tres años respectivamente son unos primos muy unidos los cuales siempre se alían para hacer travesuras, haciendo desesperar a sus padres. Laia es una modelo muy conocida, y Kayla es relaciones públicas de Tokio Hotel. Los gemelos junto con Georg y Gustav siguen triunfando y vendiendo discos.
—¿Ya te vas? —preguntó Tom a Laia que se estaba maquillando frente al espejo, que había en la pared de la habitación.
—Sí, hoy tengo una sesión de fotos —respondió Laia mientras delineaba sus ojos con un lápiz negro.
—¿Volverás temprano? —preguntó Tom a su novia.
—No lo sé, depende como sea la sesión de fotos —respondió Laia otra vez— Ya sabes cómo son los fotógrafos siempre quieren fotos de diferentes planos.
—¿Desde cuánto tiempo hace que no tenemos una noche con intimidad? —preguntó Tom mirando fijamente a Laia— Hace tiempo que no estamos juntos…
—¡Oh por dios! No empieces otra vez con lo mismo de siempre —dijo Laia molesta— No tengo ganas de discutir, voy a llegar tarde al trabajo.
—Laia desde que te has convertido en una modelo reconocida, pasas menos tiempo en casa —recriminó Tom a la chica— Tu hijo no te va a reconocer un día, no pasas tiempo con él.
—¿Y tú qué? —espetó Laia a Tom— Tú también haces lo mismo, se pasa todo el día en casa de tu madre junto con Alex, así que no tienes por qué recriminarme nada, porque solo estoy trabajando para traer dinero a casa.
—Sabes que no necesitas trabajar, con mi trabajo es suficiente, gano lo suficiente para mantener a Jake y nuestros caprichos —replicó Tom a la chica.
—Seguimos hablando en otro momento, llego tarde —dijo la chica cogiendo su bolso para salir luego por la puerta, dejando a Tom en la habitación con una mala mueca.
La relación entre Laia y Tom se había enfriado a lo largo de esos cuatro años, el detonante fue el trabajo de modelo de la chica, que la hacía pasar muy poco tiempo en casa, por motivos de desfiles tenían que viajar constantemente solo estando unas semanas al año en casa. Tom había tratado por todos los medios volver a hacer que la relación fuera como antes, un par de enamorados que se comían con los ojos, del amor que se profesaban. Ahora solo aparentaban ser la pareja perfecta en actos públicos, pero detrás de las paredes de la casa eso era otra cosa.
Tom se quedó un rato sentado en la cama deshecha pensando. ¿Qué había pasado en su relación? ¿Por qué Laia había cambiado tanto, de ser una chica dulce y atenta, ahora se había convertido en una chica fría y calculadora? ¿Por qué ya no existía ese amor que se profesaban hacía cuatro años?. Tom se levantó poco después con rabia de la cama, para luego dirigirse hacia su armario y buscar una camiseta y unos pantalones que ponerse. Se dirigió hacia el baño, y se dio una rápida ducha, para luego dirigirse a la habitación de su pequeño hijo.
—Jake… cariño —dijo Tom moviendo con delicadeza a su hijo, para despertarlo— Hay que despertarse… dormilón…
—Papi… —dijo el pequeño abriendo los ojos azules, característicos de su madre— Quiero dormir un poquito más… —se giró de nuevo sobre si mismo para taparse con la manta y seguir durmiendo.
—Venga campeón, hoy tienes que acompañarme al estudio —volvió a decir Tom a su hijo para que se despertará— Sabes que no te puedes quedar solo en casa…
—Mami estará conmigo —dijo muy convincente Jake.
—Mami se ha ido a trabajar —dijo Tom con seriedad— Venga enano, no me hagas decírtelo dos veces.
—Está bien… —susurró el pequeño levantándose de la cama— Me comprarás el coche teledirigido que vi el otro día en la tienda de juguetes.
—Bueno, ya veremos. Ahora vamos a vestirte —dijo Tom mientras se acercaba al armario del pequeño, y cogía una camiseta, un jersey, unos pantalones, calcetines y una muda limpia de ropa interior.
—Casi nunca mami me viste —dijo Jake con voz triste— Ahora siempre lo haces tú.
—Bueno, mami tiene cosas que hacer —disculpó Tom a Laia ante su hijo.
—¿Por qué siempre os escucho hablar muy alto? —preguntó inocentemente el niño a su padre— A veces me dais miedo.
—¿Por qué dices eso? —preguntó Tom a su hijo.
—Es que a veces tengo miedo de que me dejéis solito, de lo fuerte que habláis —dijo el pequeño a su padre— No quiero que me dejéis solito.
—No vamos a dejarte solo, Jake —dijo Tom tranquilizando a su hijo, para luego abrazarlo entre sus brazos— Mami y yo te queremos mucho, como para dejarte solo. Eres nuestro pequeño tesoro.
Tom acabó de vestir a su hijo, para luego bajar juntos a la cocina, donde le preparo un gran tazón con leche y cereales y un zumo natural de naranja. Mientras tanto, Tom se tomaba una taza de café recién hecho con una tostada. Poco después, padre e hijo salían del interior de la casa, para dirigirse al garaje donde Tom tenía su camioneta. Abrió la puerta, y sentó a su hijo en la sillita de coche, que tenía habilitada para su pequeño hijo, y luego se metió en la parte delantera del coche, para luego arrancar el coche, y marcharse en dirección al estudio de grabación.
Hacía varios meses que estaban en proceso de creación de un nuevo disco. Gustav y Georg se habían quedado en Alemania, porque no querían estar separados de su familia mucho tiempo, sobre todo Georg que tenía novia, así que para los arreglos del disco hablaban por videoconferencia. Minutos después, padre e hijo llegaban al estudio de grabación. Tom desató a su hijo de la sillita del coche, y lo puso en el suelo para luego ambos caminar hacia el interior del estudio.
—¿También está mi primo Alex? —preguntó el pequeño a su padre.
—Sí, podréis jugar a los coches, mientras que el tío Bill y yo trabajamos —respondió Tom a su hijo— La tía Kayla estará también pendiente de vosotros.
—¡TIO BILL! —corrió el pequeño al ver a tu tío preferido.
—Hola grandullón —saludó Bill a su sobrino, revolviéndole el pelo cariñosamente.
—¿Dónde está Alex? —preguntó el pequeño a su tío.
—Está en una sala con la tía Kayla —respondió Bill al niño.
—¡Genial! Voy a jugar con él a los coches —sonrió el pequeño para luego corretear hacia el interior del estudio de grabación.
—No sé de dónde saca tanta energía —sonrió Tom con tristeza— Es igual de intranquilo que tú.
—Algo tendría que sacar de mi —sonrió Bill a su hermano mayor— ¿Cómo te encuentras, Tom? —preguntó ahora que se habían quedado solos a su hermano, ya que sabía la situación por la que vivía día a día su gemelo.
—Cómo quieres que me sienta, me siento impotente —respondió Tom con desesperación— Mi felicidad se va destruyendo poco a poco, y aunque pongo los medios para remediarlo no hay forma.
—Quizás Laia y tú necesitéis daros un poco de tiempo en vuestra relación —aconsejó Bill a su hermano— Después saldréis más fortalecidos.
—No lo creo, Bill —dijo con sinceridad Tom— Presiento que esto es el fin, o cambia mucho Laia o no creo que podamos volver a ser tan felices como antes.
—Seguro que habrá alguna solución —dijo Bill con esperanza.
—Llevamos más de dos meses sin mantener relaciones sexuales —susurró Tom avergonzado— Desde cuando yo, que soy todo un hombre en la cama, tengo que vivir está situación.
—¿Has intentando hablar con Laia? —preguntó Bill a su hermano.
—Sí, y siempre es lo mismo. “Tengo que irme a trabajar…”, “Llego tarde…” —imitó Tom la voz aguda de su novia— Siempre tiene alguna excusa para no sentarse a hablar conmigo.
—No te desanimes hermanito —animó Bill a su hermano, ya que estaba con el ánimo por el suelo— ¿Qué te parece si después tú y Jake os venís a comer a mi casa?.
—Está bien, será mejor que estar en mi casa solo, con la compañía de mi hijo —dijo con resignación Tom.
Los dos hermanos entraron al interior del estudio de grabación, yendo hacía la sala donde se encontraba Kayla revisando unos informes, mientras vigilaba que Alex y Jake no hicieran ninguna travesura. Kayla levantó la miraba de sus informes, para ver a su cuñado y a su novio entrar en la sala.
—Hola Tom —se levantó del asiento para luego darle un abrazo y un beso en la mejilla cariñosamente— ¿Cómo te encuentras?.
—Más o menos, no te voy a mentir —susurró con tristeza Tom a su cuñada.
—Voy a tener que hablar muy seriamente con Laia —dijo Kayla acariciando la mejilla de Tom— Esto no puede seguir así.
—Ánimos, a ver si lo consigues porque yo ya estoy cansado un poco de toda esta situación de que me huya todos los días cuando intentamos arreglar las cosas —le dijo Tom a la chica.
Bill y Tom se fueron a la sala de grabación, para realizar varias maquetas de algunas canciones que se le habían ocurrido a lo largo de la semana. Kayla seguía con su trabajo, mientras vigilaba a los pequeños de la casa de que no hicieran nada malo, o simplemente no se pelearán entre si. A las dos horas, Tom y Bill volvieron a entrar en la sala, para luego ponerse a jugar con Alex y Jake, mientras que Kayla iba a hacer unas llamadas telefónicas importantes, para eso se fue al despacho que poseía en el edificio del estudio de grabación.
Sobre el mediodía los tres adultos y los dos pequeños salieron del estudio de grabación, en dirección a la casa del gemelo menor, que se encontraba al lado de la casa de Tom. Entraron en el gran jardín que poseía la casa, que se interconectaba por una puerta interna con el jardín de la vivienda de Tom. Bill abrió la puerta de su casa, y entraron todos en el interior. Kayla se fue a la cocina, para acabar de preparar la comida que había dejado media hecha el día anterior, mientras que Tom y Bill ponían cinco servicios sobre la mesa. Jake y Alex seguían jugando con sus coches.
—Niños venir aquí que vamos a comer ya —avisó Kayla a su sobrino y a su hijo que estaban jugando tranquilamente con los coches.
—¿Qué hay de comida? —preguntó Jake a su tía.
—Sopa de pescado, y después he preparado unos macarrones con queso —dijo Kayla a su sobrino mientras cogía a su hijo y lo ponía bien en la silla que estaba situado al lado de la suya, para así darle mejor la comida.
—No me gusta la sopa de pescado, sabe asquerosa —se quejó Jake poniendo morros— No quiero comerla.
—Jake no hagas un numerito que vas a comerla, ¿Me has entendido? —regañó Tom a su hijo.
—Tonto del culo —dijo Jake a su padre para luego echarle la lengua.
—No se dice eso Jake —regañó otra vez Tom a su hijo— ¿Dónde has aprendido a decir eso?.
—Supongo que lo oiría a amiguitos de su clase —dijo Kayla a su cuñado— Venga Tom no riñas más a Jake.
—Es que a veces se está comportando como un niño malcriado —respondió Tom a su cuñada.
—En cierto modo lo es —sonrió Kayla mirando al niño, que ya se había sentado en su silla— Tú y Laia lo habéis acostumbrado a ser de esa manera, así que no te quejes. Y ahora vamos a comer que si no se nos enfría la comida.
Todos comenzaron a comer en silencio, más tarde aprovecharían para ir a dar una vuelta con los pequeños y llevarlos al parque infantil, para que los niños se relacionaran con otros niños, ajenos al mundo que rodeaba a sus padres de glamour y chismes.
Salió de la habitación, y comenzó a bajar las escaleras con algo de prisa. Como siempre iba a llegar tarde a su trabajo por culpa de Tom, siempre buscaba el momento oportuno para hablar con ella, sin darse cuenta que ella apenas tenía tiempo para pararse. Abrió su bolso, para rebuscar en este las llaves de su coche, un Audi R8. Al llegar al trabajo Laia se dirigió a la sala donde se llevaría a cabo la sesión fotográfica que tenía ahora. Al entrar los estilistas la saludaron y pocos minutos después se pusieron a peinarla y maquillarla acorde con la vestimenta que llevaría. Esta vez como otras muchas fue contratada para lucir ropa interior.
—¿Estás lista para la sesión de hoy? —le preguntó su fotógrafo.
—Sí, aunque no me siento con ánimos —sonrió la chica.
—¿Problemas con Tom? —le preguntó una vez solos.
—Los mismos de siempre. Busca los momentos menos indicados para que hablemos… —dijo Laia a su fotógrafo.
—¿Por qué no quedáis solos y lo habláis con tranquilidad? —sugirió Erik.
—La verdad tampoco tengo ganas… ya no me siento como antes… —susurró.
—Tienes la sensación de que lo habéis vivido todo muy rápido, ¿Me equivoco? —preguntó.
—Sí, creo que es eso… Fue muy efusivo todo al principio ahora es monotonía… el trabajo me alivia… —explicó.
—¿Desde cuándo lleváis juntos? —preguntó el fotógrafo de nuevo a Laia interesándose.
—Desde hace cuatro años, yo tenía 18 años cuando lo conocí y él tenía 21 años, pero le faltaba unos meses para cumplir los 22 años —explicó Laia.
—Eras muy joven —miró Erik a la chica.
—Sí, después me quedé embarazada de mi hijo Jake… —susurró la chica.
—Has tenido suerte de que se hiciera cargo del niño —dijo de nuevo el fotógrafo— Si fuera otro igual no se hacía cargo.
—Lo sé… pero últimamente no me siento llena con él. Nos pasamos el día discutiendo —dijo Laia bajando la cabeza.
—No sé qué decirte, pero habla con él o en el mayor de los casos deberías de tomarte un tiempo sin él, para poder pensar todo lo que sientes ahora —dijo el chico a Laia— Bueno, será mejor que nos pongamos con nuestro trabajo.
—Sí —sonrió Laia para luego quitarse la bata que tenía puesta, mostrando un conjunto muy sugerente de ropa interior.
La chica se posicionó en su lugar y empezó a posar como una profesional, cambiando por completo su rostro de tristeza a por semblante serio y seductor y a sonrisas provocativas. El fotógrafo de decía cosas para ayudarla a reír y sacar buenas fotografías.
—Te ves genial con ese conjunto —sonrió el fotógrafo mientras se mordía el labio inferior, pasando desapercibido por la chica.
Para las primeras fotos Laia se había puesto un conjunto de ropa interior color rosa pálido, resaltado su piel, y dando volumen a sus pechos.
—Muy bien, nena puedes ponerte en otra posición —sugirió el fotógrafo haciendo que la chica se pusiera en una postura más sensual— Será una foto muy sensual.
—No exageres, Erik —sonrió la chica mientras el fotógrafo la miraba atentamente.
—Puedes irte a cambiar de conjunto, ya tengo suficientes fotos con este que tienes puesto ahora —dijo el chico a Laia.
Continúa…
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