It’s just a dream 130

Fic hetero de Heiligtkt483

Capítulo 130

LOS ÁNGELES (EE.UU.)

—Porque no me gusta verte sufrir —dijo con voz seria el chico mirando intensamente a los ojos de la chica— Te aprecio mucho y no quiero ir un día de estos a tu funeral.

—¡Por dios Erik eres un exagerado! —sonrió la chica— Aunque ahora con Tom no esté pasando unos buenos momentos, no creo que lleguemos a ese extremo.

—Por algo se empieza, ¿no? —siguió mirando Erik a la chica— No quiero que te lastime más esos labios tan sensuales que tienes.

—Erik… —susurró Laia mirando al chico intensamente— Creo que… —los labios del chico rozaron castamente los labios de Laia fundiéndose en un beso dulce y apasionado. Un beso que los labios de Laia no habían recibido desde hace meses, por parte de Tom, ya que los besos de este siempre eran con brusquedad y con furia. Sin poderlo evitar, Laia fue siguiendo el beso que el chico le estaba dando, disfrutando de unos minutos de ese beso hasta que se separaron.

—No digas nada… —susurró el chico para volver a besar los labios de la chica.

Las manos del chico se paseaban por la suave piel de la chica, haciendo que Laia volviera a sentir esas sensaciones de placer que sintió hace un tiempo lejano, cuando todo iba perfecto con Tom. Las manos habilidosas del chico desabrocharon de nuevo el sostén de la chica mostrando los senos perfectos de esta, para luego comenzar a jugar con uno de los pezones. Laia comenzó a suspirar de nuevo, hacía tanto tiempo que no sentía tan viva. Poco a poco sus cuerpos cayeron sobre la cama, que tenía las sábanas revueltas, para luego dejarse llevar por las sensaciones que sentían en ese momento.

Laia volvió a sentirse llena y complacida. Siempre dijo que Tom sería el único, pero eso no fue así, ahora otro hombre había estado con ella, se sentía como probar algo nuevo y le había gustado, con Tom todo llegó a hacerse un poco monótono, pero ahora con Erik había vuelto a sentir esa llama del deseo por tener sexo.

Después de varios meses sin tener relaciones Laia se dejó llevar por su fotógrafo hacia el orgasmo, que lo sintió muy fuerte. De pronto se sentía como la tensión de su cuerpo se esfumaba de su cuerpo.

Una vez que ambos quedaron sobre la cama regularizando sus respiraciones Laia habló.

—No debimos de haberlo hecho —susurró Laia mientras que Erik acariciaba con sus yemas de los dedos el brazo desnudo de la chica— ¿Qué voy a hacer ahora?

—Laia no pienses en eso, solo disfrutemos de este momento —dijo el chico para luego atrapar de nuevo los labios de la chica, mientras acariciaba con sus manos el cuerpo de ella— He deseado tanto tu cuerpo, durante tanto tiempo, que sentía envidia de tu novio.

—Se ha hecho tarde… —dijo la chica un poco desconcertada por la situación vivida, ella se creía una chica decente, pero ahora todo eso lo había tirado por la borda y por encima le había gustado— Tengo que volver a casa.

—Está bien —sonrió Erik para luego besar la frente de la chica— ¿Nos vemos mañana?

—No lo sé… —dijo Laia levantándose de la cama para luego comenzar a buscar su ropa que estaba dispersa por el suelo de la habitación.

—Seguro que podrás escaparte un rato de tu novio —sugirió coquetamente Erik a la chica— Te aseguró que te vas a divertir mucho más conmigo que con él.

Laia sonrió ante el comentario del chico, sin decirle nada. Lentamente se comenzó a poner la ropa.

—Bueno, hasta mañana —se despidió la chica con un poco de timidez propia de cuando era una adolescente.

—Hasta mañana princesa —se despidió Erik de la chica— Espero verte mañana por aquí.

—Adiós —volvió a sonreír Laia para luego caminar hacia el ascensor, escuchando como Erik cerraba la puerta de su apartamento.

Laia llamó al ascensor, y marcó en el cuadro de número la planta baja del edificio. Minutos después ya se encontraba saliendo del ascensor, para luego abandonar el edificio caminando con un poco de prisa hacia su coche, que había dejado aparcado cerca del edificio. Montó en su coche, para luego meter las llaves en el contacto y comenzar a conducir el coche en dirección a su casa. Otra vez volver a la rutina de siempre… durante todo el camino Laia tenía una sonrisa bobalicona en sus labios, la verdad es que hacia mucho tiempo que no se sentía también. Al cabo de unos minutos, llegó a su casa. Aparcó su coche en el interior del garaje, y luego accedió a su casa a través de una puerta interior que comunicaba al hall de esta.

—¡MAMI! —saludó Jake a su madre con su voz infantil— Has vuelto pronto.

—Sí —respondió Laia a su hijo revolviéndole el pelo cariñosamente— Hoy me dejaron salir pronto.

—¡Qué bien! —exclamó el niño muy feliz— Entonces hoy no estarás tan cansada para leerme un cuento antes de dormirme.

—Hoy tendrás tu cuento —dijo Laia cariñosamente para luego coger a su pequeño hijo entre sus brazos— ¿No me vas a dar un gran beso?.

—Sí… —dijo el pequeño emocionado dándole pequeños besos en la cara a su madre.

Desde otro punto de la casa, Tom observaba como su novia estaba con su hijo, pero lo extraño es que se le miraba contenta y con un brillo en los ojos que otros días no había visto en ella. ¿Qué realmente era lo que estaba pasando? Tom no se iba a quedar con los brazos cruzados y averiguaría lo que pasaba. Le extrañaba tanto cariño de repente de Laia hacia su pequeño hijo, cuando hacía meses que ni siquiera le prestaba atención.

Laia se fue con su hijo a la habitación de este, ya que el pequeño ya había cenado porque se solía acostar sobre las nueve de la noche, así que ahora Laia acompañó al pequeño para ponerle el pijama y leerle el cuento para que este se quedara dormido.

—¿Qué cuento quieres que te lea cielo? —preguntó Laia a su hijo.

—No sé… —puso cara de pensativo el pequeño— Ya sé… El cuento de Pulgarcita.

—Está bien —dijo Laia abriendo el libro del cuento de Pulgarcita, para comenzarlo a leer.

Era tan diminuta Pulgarcita, que cabía en la cáscara de una nuez y no podía ir a la escuela.

Vagando, vagando, un día se perdió en el bosque, y un sapo la quiso casar con su hijo. Pulgarcita huyó de allí horrorizada.

Llegó el invierno, y se alimentó de bayas silvestres.

Un frío día encontró una golondrina desvanecida en la nieve.

¡Pobrecilla, se morirá si no la cuido! — pensó, y la abrigó con hojas secas y le dio semillas para comer.

Así aguantaron hasta la primavera Pulgarcita y la golondrina. Pero al llegar el buen tiempo, la niña se puso triste:

¡Todo el mundo tiene compañía, menos yo! — suspiraba.

La golondrina, que ya estaba muy respuesta, le dijo:

¿Quieres que te lleve a un país donde la gente es pequeñita como tú? ¡Súbete a mi espalda y volaremos!

Eso hicieron. Cruzaron los diez mares, atravesaron doscientas nubes y llegaron a una isla donde vivía gente como Pulgarcita. Allí se posó la golondrina y las dos amigas se despidieron.

¡Y Pulgarcita no se volvió a sentir sola jamás!”

Cuando Laia acabó de leer el cuento a su hijo, este ya estaba completamente dormido en su cama plácidamente. Laia cerró el libro de cuentos, para luego ponerlo sobre la estantería que tenía en la habitación del pequeño, donde había otros cuentos infantiles. Luego se acercó al pequeño para arroparlo con la sábana y mantas, y por último deposito un beso sobre la frente suave del niño. Poco después salía de la habitación, cerrando la puerta con cuidado para evitar que Jake se despertara.

Como se sentía un poco hambrienta, después de lo ocurrido por la tarde, Laia decidió bajar al comedor para cenar algo. Agatha, la asistenta de la casa, serviría en unos minutos la cena a las nueve y cuarto en punto. Bajó las escaleras que comunicaban el piso superior con el piso inferior, y se dirigió hacia el salón. Tom ya se encontraba sentado en su silla dispuesto a cenar.

—¡Vaya hoy te dignas a honrarme con tu presencia en la cena! —dijo Tom al ver que la chica se sentaba en la silla, que estaba enfrente a la de Tom.

—Tengo hambre, es lógico que baje a cenar —respondió Laia con frialdad, sin mostrar una ápice de su sonrisa dulce que años atrás había vuelto loco a Tom.

—Otras veces cenas fuera, o simplemente te vas a la habitación y le dices a Agatha que te sirva la cena allí —volvió a decir Tom a la chica.

—Si no quieres que cene hoy contigo, me voy a la habitación —dijo la chica molesta.

—No… por lo menos me haces un poco de compañía —dijo Tom a la chica— Últimamente solo te veo en contadas ocasiones, ni que viviéramos en casas diferentes —dijo con ironía el chico— Y bien… ¿Qué tal hoy en tu día de trabajo? ¿Quedaste satisfecha? Te he visto más feliz que otras veces…

—Ha sido perfecto —respondió Laia sin darse cuenta que las preguntas de Tom iban con segundas intenciones.

—Genial entonces hoy podremos tener nuestra pequeña sesión de sexo ¿no? —sonrió Tom a la chica—Como estás de buen humor.

—La verdad es que me siento un poco cansada… —susurró Laia no quería tener sexo con Tom por nada en el mundo— Solo he bajado a cenar porque tenía hambre, sino ya me hubiera acostado ya…

—Pero seguro que dormirás mejor después de tener sexo —volvió a insistir Tom a la chica.

—Es que tengo el periodo —confesó avergonzada la chica, rezando para que Tom no se diera cuenta de la pequeña mentira que le había dicho ella.

—Está bien, no voy a insistir más —dijo Tom derrotado— Cuando quieras algo de mí, ya sabes dónde buscarme.

Acto seguido Tom se levantó de la mesa, dejando sola a Laia para luego escuchar como la puerta se cerraba de la calle. Tom había cogido las llaves de la casa, su móvil y su paquete de tabaco, para encenderse un cigarrillo con desesperación, si seguía así, acabaría muy mal de los pulmones. Últimamente se fumaba dos cajetillas diarias de tabaco, a causa de todo el estrés que le causaba la situación entre Laia y él, no saber encauzar de nuevo su relación lo estaba consumiendo lentamente, hasta que un día se volviera loco y le hiciera cometer una locura.

Caminó por la fría noche, dando una vuelta por un parque cercano. Necesita pensar y reflexionar con lo que iba a hacer con su relación. Si esto no salía bien, tal vez que se tendría que separar de Laia y eso conllevaría no poder ver tan a menudo a su pequeño hijo. La culpa le reconcomía por dentro, no quería repetir la misma historia que años atrás sus padres habían vivido. No quería que Jake se sintiera culpable de que sus padres se separaran, y sobretodo no quería que se sintiera divido entre los dos. Pasada una hora volvió a retomar el camino hacia su casa, hasta que se paró delante de la casa de su hermano menor. Aunque no era muy temprano, necesitaba hablar con su hermano pequeño que le aconsejara. En esos meses de crisis entre Laia y él, Bill y Kayla se habían convertido en unos buenos consejeros para Tom y una forma de desahogarse con ellos hablando de sus inquietudes.

Tom se dirigió hacia la puerta de la casa de su hermano, y tocó el timbre con un poco de insistencia. Pocos minutos después, Bill abría la puerta observando la cara de su hermano, que en ese momento no demostraba que estuviera pasando su mejor momento.

—Tom… —dijo Bill a su gemelo— ¿Qué ocurre?.

—Puedo pasar… —susurró Tom dando un respingo.

—Sí —se apartó de la puerta Bill para dejar paso a su hermano.

Ambos hermanos entraron al interior de la casa, se sentaron en el sillón del salón. Al poco rato apareció Kayla, que había ido a la cocina a prepararse un café.

—Tom… —susurró la chica al verlo sentado en el sillón junto a su novio Bill— ¿Qué ha pasado?.

—Estoy hecho un lio —comenzó a susurrar Tom con desesperación— Estoy perdiendo a Laia…

—Todos pasamos por momentos críticos, no puedes darte por vencido Tom —animó Kayla a su amigo.

—Presiento que Laia me está engañando —susurró Tom con convicción— Está rara desde hace dos meses, ya no quiere estar conmigo, y me rehúye a cada momento.

—No sé Tom… —susurró Bill incrédulo— Quizás podrías contratar a un investigador privado, que la vigile.

—No creo que se una buena idea —dijo Kayla, ya que Laia era su mejor amiga, y no quería que saliera perjudicada— Tom tienes que tener confianza en ella, quizás solo es una crisis momentánea. ¿Si quieres hablo yo con ella?.

—Gracias Kayla, pero no creo que te escuche —dijo Tom con tristeza— No quiere escuchar a nadie.

—Yo sigo pensando que por ponerle un investigador privado no pierdes nada —volvió a insistir Bill.

—Bill, eres muy extremista —le dijo su novia— Déjame hablar con ella, tal vez consiga hacerla pensar, sino entonces haz lo que te sugiere él.

—Está bien —aceptó Tom.

—Mañana hablaré con ella y os digo. Ahora vuelve a casa y no hagas ninguna tontería como pelearte con ella o será peor —aconsejó Kayla a Tom.

Tom se despidió de su hermano y de Kayla, y luego salió de la casa de su hermano para dirigirse a su propia casa. Cuando entró en su casa, todo estaba oscuro ya que todos estaban durmiendo, así que conectó la alarma de seguridad, que estaba interconectada con la policía y subió a su habitación que compartía con Laia. Una vez en la habitación se quitó la ropa, y se metió en el interior de la cama. Laia dormía plácidamente, sin percatarse de que Tom había regresado ya a casa. Durante unos minutos, estuvo contemplado el rostro sereno de su novia, intentando quitarse de la cabeza la posible infidelidad de esta con algún otro chico que hubiera conocido.

Eran las ocho de la mañana, y Tom ese día se había levantado temprano. Hoy tenía que ir al estudio de grabación, para grabar algunas pistas de algunas canciones que ya tenían pensadas para el nuevo disco. Se levantó de la cama, y observó cómo Laia seguía durmiendo plácidamente en su cama. Se fue al baño, y se metió en el interior de la ducha, para quitarse rápidamente el sudor de la noche. Cuando acabó de ducharse salió de la ducha y enrolló una toalla sobre su cintura, para luego salir a la habitación y acabar de vestirse. Minutos más tarde, se encontraba sentado en la mesa en el salón, para tomar un desayuno completo y luego irse a trabajar. Poco después ya salía de la casa, para coger su coche e irse al estudio de grabación.

Continúa…

Gracias por la visita. Te invitamos a dejar un comentario.

por Heiligtkt483

Escritora del Fandom

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!